Buenas noches... siento no haber publicado antes pero la verdad es que mi tiempo está en números negativos estos días, aparte de que ayer no me encontraba bien... los virus de los niños se contagian que no veas. Y mañana trabajo. Así que espero que todas disfrutéis de un buen fin de semana, con Carnavales si los celebráis, y os traigo la actu correspondiente. Seguiré con la actu semanal, no doy para más...y espero que para menos tampoco.
De nuevo gracias a todas por vuestras palabras, en serio que sois el mejor estímulo para las ganas de escribir. Y gracias por vuestra paciencia con la vacilaciones de nuestra parejita ;).
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Sobre vuestras reviews:
ludgardita, como dice Anaidam, tu amor por Jacobo te delata, jajaja. Bueno, menos mal que Bella tiene dos dedos de frente, eh?
jeka cullen s, Charlie es policía, así que a ver qué empieza a sospechar ;).
bellaliz, veremos lo del desayuno ;).
v. cullen, a los hombres les gustan los delantales divertidos, y cuando busqué por internet vi ese, con esa frase pero en inglés, y me hizo mucha gracia, jajaja.
Patchmila Cullen Mellark, esta Alice no ve el futuro pero casi, eh? ;)
YoliCullen, gracias a ti por tus palabras, siempre son un regalo.
Ely Cullen M, me encantó lo de desenfundar el arma. Y el delantal es auténtico ;) "basado en un delantal real", jaja.
Leslycan, tranquila, habrá colaboración Bella-Edward ;).
Ginegine, sigue gustándome tu francés, jajaja. Y el UBICATEX, me encantó XDD.
namy33, gracias, no todo el mundo tiene la misma paciencia... y creo que sí, Alice ya lo sabe ;).
Esme Mary Cullen, conversaciones profundas donde las haya, no? Un hombre con su... eso :P
martuu341, nos leemos a tu vuelta, si FF nos deja. Un beso.
Mentxu Masen Cullen, no sé si "mini-Edward" estará contento con ese nombre que le has puesto, jajaja.
Cristal 82, hay tíos como Jake...he conocido alguno que otro...
CindyLis, sí eres mejor que Jasper, ¿quieres sustituirlo ayudando a Ed? jajaja, aunque espero que seas más discreta.
lobalunallena, bienvenida, y gracias. Jacob es un aguafiestas, no? Un beso.
Geri. Patter, bienvenida. Gracias por tus palabras. A mí me gusta mucho el Ed macho alfa, no te engaño, pero también disfruto del Ed inseguro... Edward es Edward ;). Un beso.
bars-9, para cuándo actu? Ah, no, que aquí no toca...jejeje, pero yo aprovecho el tiempo, ser madre te enseña a eso ;). El jefe Swan y Edward? Mmmm, duelo de titanes? jajaja. Un beso.
Isel, bienvenida. Puedo asegurarte que les escucho, y de ahí que no avance más rápido, jajaja. ¿He de sentirme culpable por tus deberes de matemáticas? Espero que al final te fuera bien ;). Un beso.
Milta Cullen, de nuevo gracias por todos tus comentarios, y tus palabras... un beso y espero seguirte viendo por acá.
Rocha, un besito y una tortita para ti. Gracias ;).
Capítulo 10
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La luz que entraba por el ventanal la despertó antes de oír la voz de Alice.
—Venga, Bella durmiente, arriba, o te pasarás el sábado durmiendo.
—Te odio... corre las cortinas—se puso la almohada sobre la cara.
—No. Tienes cosas que contarme. Muchas, muchas cosas. Aunque imagino que no habrá habido sexo desenfrenado a menos que seáis de los que les gusta follar y luego irse cada uno a una cama, que los hay.
—Ya no somos amigas—la voz de Bella sonaba como de ultratumba bajo el cojín con que se protegía del resplandor.—Olvídame.
—Bella, es más de mediodía—la morena se sentó en la cama.
La interpelada se sentó de repente como si su amiga hubiera apretado un resorte, pero seguía cubriéndose los ojos con las palmas de las manos.
—¿Ya?
—Ya. ¿A qué hora te acostaste ayer?
—No sé... eran más de las tres...
—¿Hasta las tres y sin follar?
—¡ALICE!
—¿Y dices que se lo explicaste todo?—la voz del rubio sonaba incrédula.
—Todo. Ayer se celebró el Día Mundial de la Sinceridad en esta santa casa—Edward le dio la vuelta a la crêpe sin mirar a su amigo, que estaba apoyado contra la encimera, contemplando la preparación del desayuno. Había dormido como un angelito y se había despertado como si pesara diez kilos menos, y en este momento no quería oír que lo que había hecho era un error.
—Joder... la verdad es que me parece genial. Increíble, y genial.
—¿En serio?—esta vez el cobrizo miró a su amigo de soslayo.
—Sí. No entiendo cómo tuviste tanta confianza de explicarle tu problema en una primera cita, o lo que sea que tuvisteis ayer, pero fue lo mejor. Es genial la forma en que reaccionó ella. Todo eso... demuestra muchísima intimidad... como si llevarais tiempo juntos—lo miró sondeándolo. Edward y Bella eran amigos, cierto, eso ayudaba en la confianza, pero... él era el mejor amigo del chico y había tardado un año en contarle su problema. Y Bella lo había conseguido como quien dice en una sola noche. Eso sí eran progresos.
—Supongo—Edward se concentró en la sacar la crêpe de la sartén y meter un cucharón de mezcla para preparar una nueva. No iba a explicarle al rubio que Bella era Roxana, y que estaba seguro de que eso había ayudado a fluir la confianza con mayor facilidad... aquél era su secreto.
—¿Y cómo fue? ¿Te sentaste y le explicaste que no se te levanta, así, sin más?
—De veras que tu psicología deja mucho que desear a veces, Jasper—Edward fulminó con la mirada a su amigo.
—De acuerdo. Sé que no hubo sexo, lo percibo aunque no me hables del tema. No sé qué es lo que te dejó tan agotada ayer, pero si no te levantas vas a perderte un maravilloso sábado. Vamos, arriba. Hace un calor que te mueres, luce el sol otra vez—señaló la gran ventana con la barbilla.
—Ya lo he notado, y no porque me hayas dejado ciega con ese resplandor matinal—se frotó la cara y miró a su amiga.—Dios, habría dormido dos horas más. Creo que llevaba demasiado sueño atrasado. Joder—parpadeó varias veces y se protegió los ojos—¿Puedes dejar de atacar mis retinas con esa luz? Parece que el sol se haya transformado en una supernova, leches.
—Menudo mal café gastas al despertarte, hija.
—Sólo cuando me queman las córneas, disculpa que te moleste—siguió con las manos sobre los ojos.
Alice bufó, se levantó y corrió un poco las cortinas.
—¿Mejor?
—Sí... gracias.—Se destapó. Aún tenía en la cara una marca de la sábana en el lado sobre el que había dormido.—Lo siento. Necesito un café.
—Te esperan en la cocina. El café, y... mi hermano.
El corazón de Bella latió más rápido al ser por fin plenamente consciente de dónde estaba y qué cadena de acontecimientos la había llevado a esa cama de matrimonio, y sintió que se ruborizaba bajo el escrutinio de la morena. Apretó los labios, intentado ponerse seria.
—Alice, sabes que no te voy a contar nada. No es un ligue cualquiera, es tu hermano. No me pongas carita de perrillo abandonado, que no cuela.
—¿Entonces no me explicarás nada de nada? ¿Y ahora a quién le harás las confidencias de amiga? ¿A quién le dirás que tu nuevo chico besa como los ángeles? –se puso las manos en las mejillas, con expresión teatralmente extasiada—. O al revés, que para follar necesita que estés atada a...
—¡Por favor, Alice!—las mejillas le ardían.
—Ah, se me olvidaba—continuó en tono casual.—Charlie ha llamado. Edward ha hablado con él.
—Mierda...—sonó más como un lamento que como una palabrota.— Voy a vestirme.—Saltó de la cama y tomó su ropa.—Ya me ducharé en casa.
—En serio, Bells. Tienes veintidós. Ya es hora de que tu padre deje de protegerte tanto. Me parece que has superado lo de Mike antes que él.
—Supongo...pero de momento no le voy a explicar nada—se quitó la camiseta de Edward y la arrojó sobre la cama. Se vistió rápidamente y tomando su móvil del bolso llamó a Charlie.
—Es una gran noticia que hayas tenido una erección con ella, Edward. Aunque lo de recordar a Jessica fue una putada. Tu mente te traicionó de mala manera.
—Y que lo digas. No sé qué hacer para que no vuelva a pasar—se estremeció tan sólo de pensarlo. ¿Aparecería en su mente esa voz nasal cada vez que quisiera desnudar a Bella y...? Otro estremecimiento le sacudió, como si estuvieran en pleno enero y no en un verano excesivamente caluroso—¿Alguna idea?
—Bueno, yo creo que ayer ganaste confianza tan rápidamente que te fiaste demasiado. No os apresuréis. Sois bastante amigos, pero no es lo mismo que empezar como pareja. Intentad conoceros mejor.
—Sí, ayer más o menos ya llegamos a esa conclusión.
—Además, sabes que puedes darle placer de otras formas, Edward. No te obsesiones tanto con el tema de la erección, seguro que sabes usar las manos o la lengua, ¿no?
Edward se mordió el labio inferior... parecía mentira pero seguía encontrándose un poco violento hablando de ese tema con su amigo. Se sonrojó un poco, miró a los ojos azules de su psicólogo y tomó aire para hablar, pero de repente exhaló y volvió a mirar la sartén.
—¿Qué?—instó el rubio.
—Nada—murmuró dándole la vuelta a la crêpe.
—Qué, Edward, tío, parece mentira que seas médico. Habla tranquilamente, sabes que soy una tumba—insistió. En la tumba terminaré si te enteras de que se me escapó lo de tu problema, pero no volverá a suceder.
El cobrizo dudó un instante y por fin volvió a tomar una gran bocanada de aire y soltó una retahíla de palabras sin apenas pausa.
—¿Y si tampoco sé satisfacerla así? Jessica habló en general cuando decía lo de fingir todos sus orgasmos.
El bufido del psicólogo resonó por toda la cocina. Jasper apartó la sartén de la vitrocerámica y puso las manos en los hombros de Edward, obligándole a mirarle de frente.
—Ya está bien de atormentarte con eso. Ni siquiera estás seguro de que hablaran de ti, amigo. Olvídalo ya. Empieza de cero con Bella, como si jamás hubieras tenido relaciones... y deberás confiar en ella, porque no va a fingir. Puedes estar seguro de eso. Y si no lo estás, si no confías en ella de verdad, no empieces nada. Le harás daño, y también a ti.
—¡No! Sí confío... plenamente—era cierto. Maldita inseguridad, que le hacía dudar de la realidad.
Por las palabras de Alice, una de las cosas que podía tachar de su lista de cosas a temer era que Edward se hubiera arrepentido de todo lo que había hecho y dicho la noche previa. Decía que parecía feliz, y le había preparado el desayuno. Miró la hora en el móvil. Bueno... la comida. Su estómago se animó ante la idea y se escuchó un sonoro rugido en el cuarto de baño.
—Joder...qué discreto—guardó el peine. No sabía si su estómago estaba tan movido sólo por el hambre o también por los nervios que le provocaba volver a ver a Edward.
—Vale, nada de preguntas—Alice contempló a Bella salir del baño ya peinada y vestida.—Aunque...—de pronto su expresión cambió y se puso seria— no sé qué habrá pasado anoche, pero mi hermano hoy vuelve a parecerse al que no veía hacía demasiado tiempo—sonrió agradecida. La castaña le devolvió una sonrisa tímida.
Alice la miró de hito en hito, sondeándola. Normalmente era buena juzgando las expresiones de su amiga, pero ahora no sabría decir ¿Le habría hablado Edward sobre su problema? Quizá sí... Sea como fuera, esperaba que eso se solucionara pronto. Quería seguir viendo esa feliz expresión en el rostro de su amiga y de su hermano.
—Bien—prosiguió la morena tras el momentáneo silencio, viendo que Bella no añadía nada.—Que conste que a Rose tampoco le puedes contar nada íntimo sobre mi hermano y tú—la apuntó con un dedo amenazante.—No quiero que ella sepa más que yo, ¿entendido?
Bella puso los ojos en blanco y gruñó la respuesta.
—Mejor será que cave un agujero en la tierra y hable dentro de él, para luego enterrar las palabras.
—Eso será perfecto—se levantó de un saltito.—Por cierto, no sé cómo hará otras cosas, pero lo de cocinar... mi hermano lo hace de muerte—guiñó un ojo y Bella no pudo evitar reírse.
Si cocina la mitad de bien que besa, voy a engordar... mucho.
—Y otra cosa que ayuda es saber de antemano lo que le va y que no le va a cada uno. Quiero decir, que si te pones a hablar sucio en la cama vas a estar dándole vueltas al tema de si le va o no... y tendremos las mismas. Mejor si lo sabes de antemano.
—Genial, ya tenemos tema de conversación para nuestra segunda cita—bromeó el estudiante de medicina.—Oye, Bella, por consejo de mi terapeuta necesito saber qué piensas del sexo oral, el sexo anal, hablar sucio y todo eso—pronunció con voz circunspecta. De pronto recibió un pisotón de Jasper y se tensó.
—Buenos días, Bella—la voz de Jasper sonaba alegre, pero él no pensaba volver la vista atrás para ver qué cara ponía la castaña. ¿Podría ser más bocazas? ¿Podría sentirse más violento? Estaba seguro de que ahora su piel competía en color con el de una langosta hervida. ¿Le habría oído Bella? Seguro que sí. Dios... esperaba que no pensara que estaba cotilleando o algo así.
—Buenos días...—Bella también se sentía violenta por haber sorprendido a los dos amigos en medio de lo que parecía ser una sesión improvisada de terapia... sólo había podido oír la última frase pronunciada por Edward pero habría pagado una parte sustancial de su sueldo por no haber sido testigo involuntario de esas palabras.
Un silencio denso envolvió la cocina, mientras un rápido vistazo al lenguaje corporal del cobrizo le indicaba que Edward sentía lo mismo que ella. De pronto se vio contemplando la situación desde fuera y se le antojó bastante cómica. Rió entre dientes, pensando que podría anotarlo para usarlo una de sus historias, pero no llevaba su libretita a mano.
Alice exhaló aliviada al oír la risita de su amiga y reaccionó rápida.
—Bueno, nosotros sólo veníamos a coger algo para el fin de semana.—No era el momento para decir en voz alta que se había dejado su caja de juguetes eróticos en el armario y que la necesitaba para el fin de semana, pero desde luego en otras circunstancias lo hubiera hecho.—Lo recojo y nos vamos. Hasta mañana, Edward, Bella.
Jasper murmuró una despedida y ambos desaparecieron por la puerta en menos tiempo del que se tarda en decir adiós. Edward seguía mirando la sartén, todavía deseando que la tierra se lo tragara o, puestos a pedir, que se abriera una grieta en el continuo espacio tiempo y lo llevara a cinco minutos antes.
—Por más que lo intentes no te vas a hacer invisible—la voz de Bella sonó divertida y muy, muy cerca.—Eso huele delicioso, Edward. Creo que es la primera vez que alguien que no es de mi familia cocina para mí—murmuró su suave, tranquilizadora voz.
Una cálida y ligera mano se apoyó en su hombro y entonces se le olvidó todo. Quería verla, besarla, y abrazar su menudo cuerpo. El chico se sentía intensamente feliz pero al mismo tiempo bastante asustado. Llevaba tanto tiempo en actitud defensiva, protegiendo su ego a base de apartarse a sí mismo del contacto con las chicas que ahora se sentía muy vulnerable. Pero ese momento era casi sagrado. Era la primera mañana que compartía con Bella, la chica que le gustaba desde hacía meses, la chica que lo había forzado a salir de su estado vegetativo, con la que había sentido conexión incluso mientras hablaba a través del ordenador, la chica que sabía a fresas con nata, la chica que sabía la verdad sobre su problema y lo había aceptado con una naturalidad increíble... Apartó la sartén a un lado y se giró, encontrándose con un par de cálidos ojos y una sonrisa preciosa.
Tenía pensadas un montón de tonterías intrascendentes para decirle, pero cuando se volteó y la vio tan cerca de él se vio irremediablemente atraído por aquella boca jugosa. Se inclinó y apoyó sus labios tiernamente en los de ella, y entreabrió su boca para encontrarse con la lengua de ella en un beso lento y dulce. Sabía al mentol de la pasta dentífrica y a su propio sabor... deliciosa. Fresas con menta.
—¿Has dormido bien?—dijo Edward suavemente, cuando sus labios perdieron contacto con los de ella.
—Sí, muy bien—sonrió perdiéndose en aquel verde intenso. Le encantaba estar entre sus brazos. Era una sensación nueva a la cual se había acostumbrado muy rápidamente.
—Lo siento. Yo no te habría despertado, pero al llamar tu padre... –torció involuntariamente el gesto. Le había parecido que Charlie Swan le había hablado más como un oficial de policía que como el padre de una amiga.
—¿Qué te ha dicho?—Bella frunció el ceño, separándose un poco de él para observarle mejor. Edward pudo ver la preocupación en su mirada, e instintivamente afirmó el agarre sobre su cintura y sonrió tranquilizador.
—Oh, nada, sólo ha preguntado por ti y le he dicho...—dudó un momento— Bueno, no sé por qué estaba tan serio. No le he mentido, tan sólo le he dicho que dormías aún, y me ha dado las gracias. –De pronto pareció confuso.—Pero me he sentido como un criminal y aún no sé por qué.
Bella no pudo evitar reír suavemente al ver la expresión del chico.
—Charlie consigue ese efecto sin apenas proponérselo, créeme—lo miró con dulzura.—Son muchos años de práctica, Edward. El tema es que para él los pocos chicos que se me han acercado nunca han sido lo suficientemente buenos para mí...—de pronto bajó la mirada. No quería seguir con ese tema. Quería disfrutar del desayuno-comida con él.
—¿Pocos chicos?—él alzó una ceja, incrédulo. También se daba cuenta de que ella estaba evitando el tema. Bueno, ya tendremos tiempo de hablar.— Yo creo que se te acercaban pocos chicos por miedo a tu padre, Bella Swan. Y en eso estoy con él... ninguno era –remarcó la palabra— lo suficientemente bueno para ti—bromeó engreído y ella rió. Los contrastes en el comportamiento de Edward eran tan desorientadores como sorprendentes.
—Será mejor que desayunemos... mis tripas están a punto de desgarrar mi barriga y saltar sobre esas crêpes al más puro estilo Alien.
—Joder, Bella, qué imagen más desagradable me acabas de regalar—agitó la cabeza y sonrió.—Siéntate donde quieras. ¿Quieres comer en la cocina o en el salón?—O en la cama... Noooo, eso no. Contrólate Edward.
—Aquí está bien—se sentó y desde su posición devoró con la vista la impresionante espalda del cobrizo, concentrado en sacar cosas de la nevera para poder rellenar el alimento.
—He pensado hacer crêpes porque así podemos rellenarlas con cosas saladas y dulces. Plato único—se volteó sonriente,—me alegro de que te gusten.
—Huelen deliciosas. —No tanto como el cocinero. Lo metería dentro de una de esas tortas y... Dios... cómo estoy a primera hora de la mañana. ¿Qué me hace este hombre—¿Te ayudo con algo?—comentó, contemplándolo ir y venir de la encimera a la mesa de la cocina. No estaba acostumbrada a tantas atenciones.
—No... ya está todo—le sonrió y se sentó a su lado en la pequeña mesa rectangular.—¿Qué planes tienes para hoy?—se concentró en rellenar la comida, intentando no parecer ansioso. Quería pasar el día con ella, pero no agobiarla. Ella contemplaba sus hermosas manos moviéndose con destreza y se le fue el hilo de pensamientos.—¿Bella?—La castaña lo miró parpadeando—¿Tienes planes para hoy?
—Sí...—se sirvió un enorme café... lo necesitaba.—Esta tarde mi padre y yo vamos al cine.—Pareció un poco avergonzada.—Es que durante la semana no nos vemos mucho, y mañana se va de pesca con sus amigos.—Él la contempló pensativo.
—Estás muy unida a él—afirmó, comprensivo.
—Sí... siempre me he llevado mejor con él que con mamá, pero cuando se separaron me quedé con ella porque él por su trabajo no podía cuidar de mí.—Se encogió de hombros y bebió un gran sorbo de la reconfortante bebida. Esperaba que Edward no pensara que sufría una especie de complejo de Electra o algo así.— ¿Quieres quedar por la noche? ¿O mañana?—murmuró tentativa.
—Eso será genial. Mañana tengo guardia durante el día—comentó apenado.—Pero la noche la tengo libre...—la esperanza teñía su voz. Hubiera querido pasar todas las horas del fin de semana con ella, pero no quería parecer un loco adicto incapaz de estar solo.
—Vale... esta noche y mañana.—Sonrió al ver la expresión de felicidad del dios griego que tenía ante sí.
Bebió otro sorbo de café, pensando en cuándo le diría a su padre que estaba saliendo con un chico. Aún es pronto, se dijo.
Nos leemos la semana que viene... si queréis ;). Un beso a todas y gracias.
