Buenas noches. Os traigo este capítulo prontito como os prometí, y os comento vuestras reviews más abajo. Os lo dedico a todas las lectoras que me habéis seguido hasta aquí, aguantando pacientemente las indecisiones de nuestro protagonista, que no las mías. Gracias por leerme y dejarme vuestras opiniones.
Gracias a mis betas y pre-lectoras, Anaidam, Nurymisu, Pegn y Maria José. Todas contribuís a mi paz interior ;). Gracias en especial a Nurymisu por la frase del amanecer... ya sabes cuál es, nena.
Disclaimer: gracias a Bleriana, del Blog The cold shower, por su idea de que Bella fuera escritora y Edward su beta en secreto, sobre la que he montado toda la historia. Los personajes de Twilight no son míos, obviamente, o en Amanecer no habría habido sólo plumas (lo sé, lo he dicho mil veces en Cambio de destino, pero es una fijación ;))
Advertencias:
-Gran parte de este capítulo se merece la M de la clasificación por razones obvias. Si eres menor y lees estás advertida.
-Tomaos vuestro tiempo. Es el doble de largo que uno de mis capis habituales, más de 7.500 palabras, sencillamente porque si lo corto me matáis y con motivo. Pero no es un regalo... no voy a publicar nada más hasta dentro de dos semanas, necesito tiempo para escribir con calma y tengo muy poco de eso.
-El capítulo empieza un lunes, recordad que el viernes anterior fue la noche en que Edward y Bella se "lanzaron". Llevan tres días saliendo, pero se han visto cada día desde entonces.
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Sobre vuestros comentarios:
Leslycan, aquí tienes el capítulo esperado, y veamos si Edward supera sus miedos.
Ludgardita, a ti gracias por partida doble ;). Yo no tenía pensado que Emmet fuera pediatra pero fue una revelación, jajaja como la suya. Y sí, esta pareja no paran de pensar, a ver si actúan ^^.
Milita Cullen, gracias por tus palabras. Veremos cuando rotes por pediatría, a ver si tienes buen "feeling" ;).
Rocha, gracias por tu paciencia, a ver si te sientes compensada...
V. cullen, eres un cielo, y gracias por tus buenos deseos...
Yoli Cullen, tú ya lo has leído... gracias, pero este capítulo lo escribí sin música y aunque la que me sugeriste es preciosa no la "veo" aquí. Un abrazo y gracias a ti por tus palabras :-*.
jamlvg , gracias guapa. A ver si este también te gusta. Un beso.
Nurymisu, tú sí eres un amor. "Me encantaría ver q le haría Charlie a Jacob si se llega a enterar del acoso al q está sometiendo a Bella.". Pues... creo que la futura paternidad de Jake peligraría, jajaja. Un besote y gracias por tus completas reviews y por repasarte los capis ¡5! veces.
bars-9, gracias por tus palabras. Veamos si nos explota o no la TSNR, jejeje.
Ely Cullen M , me encantó esta frase: " cuando se decidan no van a saber ni que maquina los arrollo!" jajaja.
eli, hay hombres así, la mitad de las frases que Bella repite en el capítulo las he oído por mí misma o a través de una amiga. En fin... aquí tienes el nuevo capítulo ;).
bellaliz, las hormonas y otras cosas ayudan... veremos ;).
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Capítulo 12
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Lunes
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—Hay que hacer el nuevo pedido para las editoriales... los estudiantes siempre esperan a una semana antes para venir en tropel a buscar los libros del curso siguiente.—Alice se acercó a su amiga, que acababa de dar su cambio y el libro al último cliente de la tarde.
Bella estaba casi decepcionada. Había esperado un día de interrogatorios, comentarios con doble sentido, bromas... y no hubo nada. Alice estaba tan formal que estuvo a punto de preguntarle aquello de quién era y qué había hecho con su amiga. Por supuesto, ella no iba a sacar el tema, así que las preguntas sin hacer ni contestar flotaban en el aire, que Bella percibía cada vez más denso.
Quizá sólo era su sensación.
Terminaron el aburrido trabajo burocrático y cuando salieron tomaron un café en el local de al lado de la librería, charlando de todos los temas posibles menos del que Bella tenía entre ceja y ceja. Sí, era mejor no hablar con la morena de nada, pero... ¿y si sólo, tan sólo comentara un poquito por encima cómo iba su relación con Edward? Quizá ella, que era su hermana, le podía orientar un poco más, aún sin saberlo, sobre cómo ayudarle...
La vibración del móvil interrumpió su hilo de pensamiento. Lo miró un instante y siguió hablando con Alice.
Ya se cansará. Coñazo de tío.
—¿Otra vez, Bella?—la morena alzó una ceja.—Si no hablas tú con Charlie lo haré yo. Al final tendrás que cambiar de móvil.
Bella le había explicado durante el desayuno el resultado de su fallida cita con Jake y la verdad sobre éste. Alice, en su nuevo estatus de "cuñada", había sido más prudente de lo que ella esperaba y no le recalcó el "te lo dije", aunque su mirada lo gritaba a voces... pero claro, Alice era muy expresiva.
—No te preocupes. Se cansará si no le hago caso.
Alice volvió a ser prudente y no dijo el "nunca me haces caso" que estaba pensando, pero volvió a ser tan expresiva que, como una viñeta de comic, podría haber tenido un globo de diálogo sobre su cabeza con esas palabras escritas.
Martes
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Bella contempló la hermosa vista de la ciudad que se divisaba desde el ático de los Cullen. Aquella semana Charlie tenía turno de día y llegaba a casa tarde. Sin embargo, Bella no se atrevía a llevar a Edward a su casa por temor a que su padre apareciera de sopetón y los pillara juntos. Por su parte, la buena de Alice había anunciado que iba a pasar todas las la tardes en casa de Jasper. Su amiga, sin necesidad de preguntar, parecía que les estaba dando la privacidad que necesitaban, pero entre que Edward no parecía querer pasar de unos cuantos besos, caricias y abrazos, y que Bella se agobiaba por llegar a casa antes de que Charlie empezara a hacer preguntas, la relación física entre ellos estaba en un punto muerto.
Muerta de ganas, así estoy yo. Bella se mordió el labio con fruición. Añoraba el tacto de sus manos sobre su cuerpo, como la primera noche... se sonrojó sólo recordando lo que él le había hecho sentir. El día anterior se habían dedicado a pasear por el parque de cerca de su casa cogidos de la mano, y después fueron a tomar algo al Pub que les gustaba. Y ahí se acabó la cita.
Sí, definitivamente estaban teniendo una relación digna de un fic para menores de 17, uno de esos que ella jamás escribía...
—¿En qué piensas?—sus brazos rodearon la cintura de la chica dapto esde atrás y su aliento le hizo cosquillas en la oreja. Jadeó bruscamente y él la volteó.—No quería asustarte—sonrió, los ojos verdes brillándole traviesos.
Dios... esto era demasiado para ella. Edward acababa de ducharse. Había salido de sus prácticas de interno "con olor a desinfectante" según sus propias palabras, aunque a ella le parecía que olía tan gloriosamente bien como siempre, y ahí lo tenía. Con el pelo húmedo y revuelto, y recién duchado y... tan apetitoso. Inspiró con ansias y enseguida se arrepintió de hacerlo. Se sintió como uno de esos insectos que, atraído por el delicioso olor de una planta carnívora caía en su trampa... claro que aquí la que tenía ganas de comerse a alguien era ella.
—En que hace un verano precioso... lo voy a echar mucho de menos cuando termine.
—Entonces tendremos la lluvia y más excusas para refugiarnos en casa...—los sensuales labios del chico se posaron en los suyos por un tiempo demasiado corto. Cuando iba a alzar los brazos y cruzarlos tras su cuello él se apartó y, tomándola de la mano, la llevó hasta el sofá. —¿A qué hora tienes que estar en casa?—Se sentó y ella a su lado. Demasiado cerca, demasiado lejos.
—No muy tarde. Tengo que terminar un trabajo para la Facultad—sonrió ella, centrando su mirada en los hermosos ojos. Edward frunció el ceño, sin comprender.
—¿No habías terminado ya y estabas mandando curriculums?
—Oh, sí.—Explicó, contenta de encontrar un tema de conversación que enfriara un poco sus anhelos.—De eso se trata. En el Departamento de Literatura inglesa necesitan a alguien que haga una sustitución de una baja maternal. Los que hemos presentado el curriculum y hemos pasado la primera selección tenemos que presentar una especie de trabajo sobre un tema de nuestra elección.
—Y el tuyo es...—la calidez de su voz la envolvió. El interés que demostraba por cada una de sus palabras era tan encantador...
—Bueno, un poco aburrido. Repaso los cambios en la última década sobre cómo Internet ha afectado a la forma de publicar y vender historias.
—No estoy de acuerdo... suena muy interesante—los labios se curvaron de una forma tan atractiva que volvió a sentirse un pobre y miserable insecto.— Entonces no podrás ver "Abierto hasta el amanecer" conmigo.
—¿Qué?—ella se sintió idiota. Por un momento le había oído decir "Entonces no podré hacerte gritar hasta el amanecer". Hasta su cerebro de mosquito intoxicado se daba cuenta de que no podía haber dicho eso.
—"Abierto hasta el amanecer". La pasan esta noche por la tele. La peli de vampiros—explicó en secuencia, viendo que ella no reaccionaba.
—No... no podré.—Se sonrojó de nuevo, y notó que él la miraba con curiosidad. Mejor que no me leas los pensamientos, Edward. Dios. Estoy fatal.
Miércoles
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—Tío, ¿no te parece que nos observan?—los dos futuros médicos estaban en la cafetería del hospital, sentados a una mesa y apartados de los residentes y del resto del personal. Los internos eran el último escalafón en la jerarquía hospitalaria, los parias, y lo tenían asumido.
—Emmet, sufrimos el síndrome del cristal, ¿recuerdas? Los internos somos transparentes.
—Tú nunca padeces ese síndrome, Cullen. Bueno, nunca cuando se trata de mujeres...
—O del "hombre invisible". Ojalá sí fuera transparente para él—Edward terminó la frase de su amigo, ignorando la alusión a su atractivo para el sexo opuesto.
—En serio, tío... Mujeres. Hay como una niebla de estrógenos en el ambiente. —Gesticuló con los brazos como si apartara humo.—¿No lo notas? Hasta cuesta respirar—hizo una divertida mueca.
Tomando un sorbo de su bebida, el cobrizo miró alrededor disimuladamente. Pues era verdad... de repente se sentía observado. Lo que hacía años le había hecho feliz, llamar la atención de las mujeres, había pasado a no significar nada para él hacía exactamente un año. Y así había sido hasta que conoció a Bella.
Dios... ¿voy a echar de menos mi fama de gay?
—No me importa—se encogió de hombros. No le interesaba el tema, e intentó cambiarlo.—¿Sabes que Hessling estuvo el otro día en la librería y le preguntó a Alice por la especialidad que yo quería hacer?
—No le dijo nada, ¿no?
—No. Mi hermana es muy discreta cuando quiere. Si Hou... Hessling se entera de que quiero hacer Medicina Interna me va a machacar el resto de mi estancia en el Hospital. ¿Rose ya sabe que quieres ser pediatra?
—No... si temes a House no te imaginas a Rose en un mal día.
Edward no pudo evitar sonreír ante la cómica cara de pánico que expresó su amigo.
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Bella y Alice habían salido a buscar comida al Burguer que tenían cerca de la librería. Normalmente no cerraban a mediodía pero nadie se acercaba a esas horas y decidieron por una vez salir y seguir disfrutando del maravilloso verano al aire libre. El plan era ir al parque y comer al sol.
Cuando llegaron instalaron su pequeño picnic sobre el césped y se sentaron a lo indio, repartiéndose la comida.
—He encontrado un nuevo fic en el foro.—Alice tomó una patata frita.—Ya te pasaré el link, ese Anthony es el vampiro más pervertido que he leído jamás.
Oh, no. Sólo me faltaba eso. Alice en plena conversación cachonda. Bella se sonrojó. ¿Se podría estar más necesitada? Adoraba a Edward y le encantaba conversar con él, pero su relación empezaba a parecerse a aquella leyenda, el suplicio de Tántalo. Tenía al hombre más deseable del mundo al alcance de su mano, pero apenas podía tocarlo. O no como ella quisiera.
Se estaba transformando en un trauma.
—¡Bella!
—¡Ah! –dio un respingo.—¡Qué susto me has dado!—la regañó.
—¡Es que no me escuchas! ¡Ni ahora ni desde hace horas... días! ¡Es como ir sola por la calle! Ay, nena... perdona pero últimamente estás más en las nubes que nunca...
Bella sintió el rubor teñir su cara y el resto de su cabeza, hasta las orejas.
—Lo siento...—inspiró y exhaló con fuerza, negando. Ya estaba bien. O hablaba con Alice o reventaba.—Alice... ¿recuerdas lo de no hablar de mi relación con tu hermano?
—¿Qué he hecho? ¡No he hablado de él en ningún momento!—la morena la miró con los ojos muy abiertos.
—¡Lo sé, y ya no aguanto más!
—¿Qué? ¡Por dios!—la morena jadeó con fuerza, como si hubiera estado aguantando la respiración durante minutos.—¡Ya era hora! No quería que te enfadaras conmigo y he cumplido mi parte, pero creo que he perdido tres kilos estos días, de tanto esfuerzo por morderme la lengua.
Ambas se miraron y estallaron en risas.
—Venga, se terminó la ley seca. Vamos a ver ¿de qué se puede hablar?—sonrió la morena, con una mezcla de cautela y curiosidad.
—Bueno...—Bella le dio un mordisco a su hamburguesa, mientras pensaba bien en lo que podía decir y lo que no.—Sobre todo que no salga de aquí—la miró fijamente.
La morena levantó una mano solemne.
—Que me quede sin orgasmos para el resto del año si se me escapa algo.—La observó curiosa.
—Bien...—la castaña bebió un sorbo de cola. Sabía que podía confiar en Alice.—Edward y yo estamos en una fase... tranquila. Sexualmente hablando, digo.
—Veamos, Bella. Puedes ser más explicita. Tengo más de dieciocho años, y puedes usar otros términos. O si quieres seguimos en plan "su abejita no viene a libar en mi flor".
—Joder, Ali...—la regañó sofocada, pero prosiguió, midiendo sus palabras. Por nada del mundo querría defraudar la confianza de Edward. Sólo quería poder hablar de cosas de chicas con una amiga, pedirle algún consejo... Quizá sintiera un poco raro que justo esa amiga fuera la hermana de su chico, pero de veras necesitaba hablar del tema.— Yo no le quiero presionar, sé que no es bueno hacerlo... en ningún caso, claro. Pero...verás... nos besamos, y todo eso, pero... nada más.
—Nada más... –Alice estudió la expresión de su amiga... ¿hasta qué punto sabía?—Bueno, está muy bien que vayáis poco a poco, Bella. Lleváis juntos menos de una semana—razonó suavemente.
Bella se atragantó con su hamburguesa y Alice le dio unos golpes en la espalda.
—¿Qué? Tampoco es tan raro lo que te digo.—Alice le tendió la bebida de cola.
Bella tragó varios sorbos y por fin habló.
—Que si nuestra historia fuera un fic y yo estuviera leyendo nuestro diálogo, me parecería que la autora se había equivocado al poner los nombres. Tú piensa. –Alice sonrió, asintiendo.—Yo... no quiero parecer una desesperada. El problema es que... me da la sensación de que... si no hago algo este período se puede prolongar durante mucho tiempo.—Qué difícil era hablar sin decir demasiado.
Alice salió al rescate de su amiga, que parecía un poco apurada.
—No pasará. Seguro. Conozco a Edward. Mira... yo puedo parecer la que se ha llevado toda la libido de la familia, pero no lo creas. Mi hermano no habla tanto como yo pero... te aseguro que cuando se desate vas a tener serios problemas para caminar—se carcajeó viendo la cara de Bella alcanzar tonalidades rojo rubí. Siempre le hacía gracia que una persona que escribía lo que ella fuera capaz de sofocarse tanto. —Vale, paro antes de que te dé un algo. Ah, y de esto que te acabo de contar no tiene que enterarse, ¿eh? No tiene por qué saber que yo lo sé —su cara adoptó el gesto de un duende misterioso.—Dale tiempo. Confía en mí.
—De acuerdo, Alice... supongo que estoy haciendo una montaña de un grano de arena—se encogió de hombros. No podía explicarle nada más. Qué frustrante.
—Es normal que estés preocupada, estáis al principio de la relación, y os estáis conociendo.—La tranquilizó.—Oye, cambiando de tema... ¿cómo va el fic?—se le acababa de ocurrir una idea.
—Bueno...—la castaña frunció ligeramente el ceño por el cambio de tema.—Ahora que lo dices, tengo que escribir el capítulo de la semana que viene...Cyrano ya me dio el visto bueno para el de esta semana—en este momento su cara se había puesto nuevamente de un tono sonrosado.
Alice la contempló por unos segundos. Seguía dudando si Bella sabía quién era en realidad su beta, pero al fin y al cabo para lo que estaba planeando eso no importaba.
—Ya hace muchas semanas que no escribes un capítulo de los que más me gustan—sonrió pícara. Acto seguido pestañeó repetidas veces mientras su cara se transformaba en un tremendo puchero y juntaba ambas manos en actitud de oración.—¡Por favor! ¡Ya toca! Anthony y Marie te lo están suplicando...
Bella pareció confusa. Pensándolo detenidamente, Alice tenía razón. Le tocaba escribir un capítulo erótico, pero de pronto su corazón se agitó... la idea de que Edward leyera algo erótico escrito por ella no dejaba de ser... excitante, aunque al mismo tiempo se moría de vergüenza. Bah, le estoy dando demasiada importancia. El alter ego de su chico, Cyrano, siempre había sido de lo más profesional en su trabajo. Seguramente lo leería y le daría el visto bueno sin más. Aunque no negaba que resultaría como mínimo un poco... raro escribir algo a partir de ahora sabiendo que era Edward quien lo iba a repasar. ¿Y si cambio de beta? No, vaya tontería, no tengo ningún motivo.
Alice miraba la expresión de su amiga mudar por segundos según los pensamientos que se le ocurrían. Aguantó unas ganas tremendas de saltar gritando "¡Hurra!" porque vio que su amiga le iba a hacer caso. Quizá eso fuera la chispa que faltaba para que Edward se pusiera en marcha. Alice conocía a su hermano demasiado bien y sentía que, tras su paso agigantado yendo a por Bella, había vuelto a replegarse un poquito. Seguramente con el tiempo iría abriéndose de nuevo, pero... ¿qué mal había en intentar acelerar un poco el proceso?
—Vale, supongo que podré inspirarme...—Desde luego que sí. Pensaría en él y en todas las cosas que podían llegar a hacer si él no estuviera traumatizado.
—Oh, estoy segura de que no me defraudarás, amiga—sentenció con un brillo especial en la mirada, y le dio un nuevo mordisco a su hamburguesa.
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—¿Cómo lo llevas con Bella? ¿Hay más progresos?
Edward bebió un sorbo del morro del botellín de cerveza y estiró las piernas sobre la mesa. Seguía pensando que no era buena idea hacer sus reuniones de terapia bebiendo alcohol, pero necesitaba relajarse un poco. La noche anterior con Bella había sido una tortura. Verla de espaldas mirando a la ventana... cada una de las curvas de la perfecta silueta de su cuerpo delineada por el contraluz ...había sentido un incendio en su interior y se había puesto duro. Se había acercado a ella con las peores... o mejores intenciones, pero no se había atrevido a nada más que a abrazarla. Y lo peor es que su erección no había desaparecido en toda la tarde y cuando ella se marchó había estado tentado de golpearse la frente y lo que no era la frente contra la puerta del piso.
Le explicó a su psicólogo lo que había pasado.
—No hay progresos, ya ves.—Terminó.— Soy un acojonado. Me da terror que me vuelva a pasar lo mismo.
—Edward, sólo hace apenas cinco días que salís. No hay prisa. Sucederá cuando menos lo esperes. No le des tantas vueltas. Y recuerda... No me estás haciendo caso y sigues centrado en ti y en las reacciones de tu cuerpo. Olvídate de ti y de tu erección. Piensa en su cuerpo, en cómo puedes darle placer, hacer que gima y se retuerza bajo tus caricias...¿Qué pasa?—la ceñuda mirada de su amigo lo hizo callar de repente.
—Que lees demasiados fics eróticos, tío, eso pasa. Que con esas palabras no me das precisamente paz, y además que no voy a hablar de los gemidos de Bella contigo, ¿entiendes?—le apuntó con la botella de cerveza.
—Ok, amigo—el rubio asintió con una sonrisa pícara.
Jueves
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—Esta noche voy a terminar el capítulo de la semana que viene. Te lo mando por mail en cuanto lo tenga listo, ¿te parece?—Bella agarraba el teléfono, acercándoselo a la boca como si quisiera besar a Edward a través de él.
—Creí que ya no me querías de beta. Como no habíamos vuelto a hablar del tema...—su voz sonaba insegura y feliz al mismo tiempo.
—Estoy muy contenta con mi beta—repuso, coqueta—¿Por qué tenía que cambiar? Que yo sepa no hay ninguna norma que impida a las autoras liarse con sus correctores.
—Pues debería haberla ¿Cómo puedo mantener la objetividad ahora? ¡Es imposible! Todo lo que me pases me va a parecer perfecto.
—Bromeas, ¿verdad? Quiero decir... ¿me he de buscar otro... digo otra beta?—preguntó, insegura.
—¡No! Claro que es broma. Te prometo intentar mantener la imparcialidad. Mira, mañana por la tarde podemos ir a casa cuando salgas del trabajo. Se me ha ocurrido que si lo leo contigo y te comento en ese mismo instante en persona lo que pienso y hago las correcciones quedará menos frío. Sabes, no quisiera que malinterpretaras alguna de mis expresiones por mail, o algo, porque quiero seguir con espíritu crítico. Sí—su voz sonó como si estuviera hablando consigo mismo.—Mejor en persona.
—¿Qué?—la voz sonó ahogada.
—¿No te parece bien?—Pasaron unos segundos en silencio—¿Bella?
—Ah, sí. De... acuerdo—la voz era vacilante.
—¿Estás segura?—¿Por qué vacila? ¿Quizá a ella no la parece tan buena idea?
—Sí...sí.
Madre mía, ahora es demasiado tarde para cambiar el capítulo. Me voy a morir de vergüenza.
Viernes
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"En el silencio de la noche, Anthony contemplaba como el pecho de su amada subía y bajaba rítmicamente en paz. De pronto bajo los suaves párpados los ojos oscilaron con rapidez, indicando el inicio de un sueño.
Sonriendo travieso, se acercó a ella bajo las sábanas, y exhaló su dulce aliento a escasos centímetros del hermoso rostro dormido. Jugaba con ventaja, lo sabía, pero ¿por qué no aprovechar las armas que la naturaleza le había dado?
Marie inspiró profundamente como si fuera consciente de su aroma y emitió un suave suspiro. Él sintió una oleada de deseo al comprobar que, incluso dormida, tenía poder sobre ella. Sólo había querido probarla, pero sus reacciones siempre le empujaban más allá... apoyándose sobre un brazo, se inclinó de nuevo para aproximarse a su rostro y exhalar suavemente sobre él. Esta vez el suspiro fue un gemido profundo, visceral. Marie se movió un poco y entreabrió la boca.
—Anthony...—murmuró, y él supo que seguía dormida.
No había vuelta atrás. La sonrisa traviesa había desaparecido de su rostro, sustituida por una expresión anhelante. Se movió un poco y acercó sus labios a la delicada piel de la oreja.
—Marie...—susurró, apenas audible.
De repente se sintió un egoísta por no respetar su humana necesidad de sueño y a su pesar se apartó, esforzándose por ignorar la llamada del cuerpo de su amante.
Los párpados de la joven prosiguieron su movimiento y pareció que la paz había vuelto a su sueño. Anthony decidió marchar de caza. Sus ojos oscuros delataban la sed que comenzaba a castigarle, y aunque estaba seguro de que jamás haría daño a Marie no quería arriesgarla innecesariamente. Se vistió rápidamente y, cuando estaba a punto de saltar por la ventana, un movimiento en la cama le hizo voltearse. Y un inconfundible aroma lo atrapó como una garra de acero, arrastrándolo hacia atrás como una fuerza tan invisible como invencible.
Marie estaba dormida pero ahora frotaba sus muslos uno contra el otro, y se retorcía ondulante sobre el lecho. De su garganta salió otro sonoro gemido pronunciando su nombre, y Anthony ya no pudo contenerse más. Se acercó de nuevo al lecho y se desnudó de nuevo, recostándose al lado de la deliciosa mujer que le buscaba incluso en sueños. Apartando la sábana con lentitud, descubrió su cuerpo por completo y la admiró de arriba abajo. En su rostro brillaba el rubor que el placer que estaba obteniendo le brindaba. La respiración era corta y rápida, sin rastro de la antigua serenidad.
El vampiro tomó el dobladillo del camisón de su amada y, lentamente, lo deslizó hacia arriba por su cuerpo, hasta descubrir los muslos. El deseo ardía en su garganta y en su vientre, pero estaba acostumbrado a controlarlo. Despacio, muy despacio, deslizó su mano entre la fina tela de las braguitas y la suave piel de Marie. Esta continuaba profundamente dormida, perdida en las sensaciones de su sueño erótico, y en la inconsciencia sus muslos buscaban conseguir la máxima fricción. Los hábiles dedos de Anthony encontraron su objetivo, y la cálida y acogedora humedad los atrapó. Su acción se vio recompensada por un nuevo gemido, y siseó de puro placer al sentir el néctar del cuerpo de su amada fluir por entre sus dedos."
Los ojos verdes de Edward no se levantaron ni un solo segundo del portátil durante todo el capítulo. Bella lo observaba con atención, sintiendo arder sus mejillas, aunque la expresión de él era de pura concentración, sin nada más. Estaban sentados en el enorme sofá de su casa, el mismo donde aquella vez... Para, Swan. No es una buena línea de pensamiento en este momento.
Por fin, el cobrizo levantó la mirada del portátil y la fijó en los ojos chocolate. Bella no supo leer su expresión... parecía forzadamente calmada. De pronto se preguntó si quizá no le habría gustado y se olvidó de la timidez que estaba sintiendo porque su chico acababa de leer una escena erótica que ella había escrito.
—¿No te ha gustado?—su voz era vacilante, como su confianza en su capacidad de escribir.
Edward la observó durante unos segundos como dudando qué contestar, y eso no ayudó nada a su inseguridad. En realidad el portátil sobre su regazo ocultaba la prueba evidente de su estado. Sus intensos deseos e inseguridades se debatían con fuerza en su interior.
Y de pronto el chico olvidó todos sus miedos.
A la mierda las vacilaciones. Lentamente dejó el portátil sobre la mesa, lo cerró y se encaró a ella.
—¿Te lo digo o te lo demuestro?—la mirada abrasadora hizo parpadear a la chica y las palabras viajaron por el aire, haciéndola vibrar hasta la médula. Sin que ella hubiera sido consciente de ello la cara de él estaba cerca de la suya... muy, muy cerca. —No me has contestado—sintió la calidez de su respiración en la piel.
Un brazo se enroscó en su cintura mientras una mano se flexionaba en su nuca, acercándola más a sus labios. Cuando unos eternos segundos más tarde la mente de Bella se reinició y volvió a funcionar recuperó la capacidad de hablar.
—Demuéstralo—susurró entrecortada contra la boca de él.
Se separó tan sólo un poco, la mínima distancia para sondear qué Edward estaba ante sí, el atrevido o el temeroso, el que la miraba como si fuera a devorarla viva o el que decía que había que tomar las cosas con calma. Pero al parecer Cyrano había invocado al Edward audaz, y el deseo no reprimido la contemplaba tras el cristal de los ojos verdes.
Sin perder de vista los ojos marrones la mano de él se movió con lentitud desde su nuca hasta la garganta y hacia arriba, rozando la sensible piel hasta llegar a la redondeada mejilla. Sus rostros estaban tan cerca que la calidez de sus agitados alientos se fundía con el calor que ardía en sus rostros. Cautivada por el fuego verde que desprendía su mirada Bella alzó las manos y las colocó a ambos lados de su cara, acunando el perfecto rostro. Aún se le escapaba cómo un hombre tan bello podía haberse fijado en ella, pero aquella mirada no daba opción a dudas.
—Te deseo, Bella—susurró, los párpados entornados, como si le hubiera leído el pensamiento.—Deseo acariciarte, probarte, besarte, saber a qué hueles, a qué sabe tu cuerpo, poco a poco y sin prisas. ¿Quieres que lo haga?
La chica pareció confundida por la intensidad de su mirada y sus palabras y tragó saliva. Él no estaba hablando así por la excitación... realmente le estaba pidiendo permiso para hacer todo eso. Asintió pero él se quedó quieto, sin variar su expresión. Oh, por dios. Si apenas puedo pensar y quiere que hable.
—Quiero que lo hagas... si me dejas hacerlo a mí también contigo—pronunció con esfuerzo.
—Puede que en otro momento—la sonrisa traviesa de él transformó su respiración ya acelerada en una especie de jadeo superficial.
El Edward juguetón era demasiado para sus fuerzas. Bella se lamió de forma inconsciente los labios, que sentía tan secos como la boca, y él se fijó en su gesto. Atraído por aquella llamada involuntaria ladeó la cabeza y acercó sus labios a los de ella. Bella entreabrió la boca para recibirle. Sin mirarlo pudo sentir su sonrisa sobre su piel, y sabía exactamente qué tipo de sonrisa. Ese que hacía que su ropa interior se mojara. Inspiró profundamente, buscando el aire que le faltaba. Él ni siquiera la besó, sus labios pasaron de largo, apenas un leve contacto alrededor de la boca que lo buscaba hambrienta, y el ardiente aliento fue su único contacto con él, un suave roce, para dirigirse a su barbilla y a su cuello, sólo acariciándola con su nariz, oliendo su piel, y calentándola con el ardiente aire que salía de sus pulmones. El gemido de Bella vibró en su cuello y las manos de la chica se escaparon con voluntad propia enredándose en su cabello, acercándolo más.
—Déjame ponerme encima de ti—murmuró... Ella también pedía permiso. No quería hacer algo para lo que él no estuviera preparado.
—Aún no...—la voz contra su cuello era puro terciopelo, cálida, suave. Atento a todas sus reacciones, sintió que Bella se estremecía, y su pulso golpeaba con fuerza su cuello.
Jamás se había sentido así con una mujer... sencillamente disfrutando del momento, de todas las sensaciones que tenía al explorar con ella ese camino, y de lo que le despertaban sus reacciones. Los dedos enredados en su cabello le acariciaron la cabeza, la nuca, el cuello y los hombros trazando pequeños y placenteros círculos como masajeándole, despertando aún más su deseo, y bajaron por su espalda tirando de él, instándole a acercarse más a ella. Su erección ejercía una presión considerable en su pantalón, pero la ignoró... había descubierto por fin que cuanto más atención le prestaba a esa parte de su cuerpo menos respondía. Prefirió centrarse en las placenteras reacciones del cuerpo femenino.
Ignorando las demandas de Bella se separó un poco de ella y, bajando sus manos suavemente por el delicado cuello y las curvas de los hombros, contempló embelesado la lisa y suave piel erizarse bajo su tacto. La chica llevaba una blusa escotada sin mangas y unos shorts vaqueros que había deseado quitarle en cuanto la había visto. El tacto de él se hizo más delicado conforme las yemas de sus dedos viajaban hacia el escote, como si temiera ser demasiado brusco, o quizá sólo deseaba atormentarla de alguna forma extrañamente retorcida. Ella cerró los párpados, cruzó sus manos tras la nuca de él y se centró tan sólo en sentir, dejándole hacer. La tocaba como si nunca hubiera tocado a una mujer, o por lo menos ella lo sentía así. Y eso la hacía sentirse deseada de una forma especial.
—¿Puedo quitarte la camiseta?—el susurro ahogado la sorprendió y abrió los ojos, encontrándose con los de él. Una corriente de lujuria le recorrió la columna al ver la expresión de su mirada, ardiente e implorante. Asintió con la cabeza y entonces él negó, el brillo juguetón de nuevo en sus ojos. Ella estuvo a punto de gimotear de desesperación pero se contuvo. En realidad la excitaba que él se comportara así.
—Sí, quítamela—pronunció lentamente y con esfuerzo, la voz ronca.
Aquella voz hizo que él sintiera un fuerte tirón en su entrepierna pero continuó ignorándolo. Le quitó la camiseta y casi al mismo tiempo y sin que ella se diera cuenta de cómo se encontró recostada en el enorme sofá sintiendo parte del peso de él sobre sí.
Uao... eso sí es destreza. Si en algún momento la forma maravillada en que él la miraba la había hecho olvidar que él no era virgen ahora este movimiento le había hecho recordar que Edward tenía mucha, mucha experiencia.
Seguramente ha estado con mujeres mucho más hermosas que yo. El pensamiento fue deprimente y bajó un poco su nivel de excitación.
—¿Qué sucede? Siento haber sido tan brusco... ha sido un impulso—inquirió preocupado, y se apartó, rozándole la mejilla con el dorso de la mano. Quizá le había hecho daño o ella no quería seguir...
—No, no es eso... es...—se mordió el labio y dudó si continuar. Por fin se decidió.—Mis pechos... no son nada del otro mundo—musitó sin apenas voz, como disculpándose.
Los ojos de él se abrieron al máximo, incrédulo. No era posible que hubiera oído lo que acababa de oír. La miró atentamente y recordó otros comentarios que ella le había hecho sobre su aspecto físico. Su gesto cambió y frunció el ceño, negando levemente con la cabeza.
—Bella... eres una mujer preciosa...—declaró pronunciando lentamente las palabras—y ninguna parte de tu cuerpo desmerece el resto, estoy seguro—afirmó.
Clavó su mirada en los ojos oscuros, se colocó sobre ella apoyado en uno de sus brazos para no aplastarla con su peso y su mano libre se movió hacia uno de los pechos de la chica. Lucían llenos contra un sujetador de encaje azul marino, y la suave y pálida piel que la prenda dejaba al descubierto le hizo ahogar un gemido.
—Son perfectos, Bella... ¿no lo ves? Mírate con mis ojos, preciosa... —rozó la piel con su índice, deslizándolo de un lado al otro del escote, siguiendo las curvas de su busto. La piel de gallina, la respiración cada vez más superficial de la chica y los pezones endurecidos le demostraban lo que sentía la chica, pero quería escucharla. Esa voz ronca era como una caricia íntima para él.—¿Te gusta que te toque?—susurró.
—Me vuelve loca que me toques, Edward—lo miró fijamente a los ojos y él casi perdió el control... la mirada de deseo en los ojos chocolate provocó un incendio en sus venas y en lo más íntimo de su ser. No quiero ir deprisa... se repitió varias veces como una pequeña oración, controlando su alocada respiración.
Acercó su boca a la de ella que lo buscó hambrienta. Apretó los labios contra los suyos, sintiendo cómo cedía la carne tierna de ella y se abría. Su lengua rozó los labios, los dientes y buscó la de la chica, tentativa, acariciadora, bebiéndose el prolongado suspiro que salía de lo más profundo del pecho de Bella. Las manos de la chica se lanzaron a acariciar el cuello y la espalda de Edward hasta llegar a las nalgas, que tomó con ambas manos y apretó contra sí misma. Él sintió su erección presionando el muslo de la chica y profundizó el beso. Buscó aumentar el roce en aquella zona que tanto lo pedía, mientras su lengua y la de Bella se saboreaban y se supo a punto de perder todo control.
Y de pronto sus temores se hicieron realidad y sin que pudiera evitarlo aquella voz nasal resonó de nuevo en su mente:
"Tenías razón, Lauren, está buenísimo pero en la cama es un desastre. Creo que de todos los orgasmos que he fingido me podían dar un Oscar."
Se detuvo, temiendo lo que iba a llegar, y cortó el beso, separándose un poco de la chica.
Bella lo miró y reconoció la expresión. No sabía qué pasaba por su mente, pero se dio cuenta de que había vuelto el Edward inseguro, e imaginó la razón. Y esta vez reaccionó rápidamente. Movió sus manos hasta la cara de él, acunándola de nuevo entre sus palmas, y le miró profundamente a los ojos.
—Edward... Edward,—hizo una breve pausa hasta que vio que él salía de sus pensamientos y volvía a ella—te deseo. Te necesito. Ahora.—Él la miró, sin reaccionar aún, y ella hundió sus dedos en su cabello y lo miró con pasión.—Me parece increíble estar así contigo, y jamás nadie me ha hecho sentirme así. Tan deseada. Y tan... caliente. Mírate ahora con mis ojos.
Él parpadeó como si despertara y la miró como ella le había pedido. Y por fin la vio y se vio a sí mismo. La entrega, el deseo, la confianza y... la lujuria más intensa. Y pensó que quería más de esa expresión. Quería verla estremecerse bajo sus manos, y sus labios. Ella le guiaría. Y si no... habría más días para descubrirse el uno al otro.
Pero ya no podía esperar más.
— ¿Puedo quitarte esto también?—la miró a los pechos y luego a la cara, y ella sintió que se le cortaba la respiración. La magia había sucedido y su amante estaba de nuevo con ella... con fuerza renovada. Sus dedos apenas rozaron el encaje del sujetador y ella se estremeció. —Quiero verte—la voz baja y ronca y aquella mirada devoradora provocaron que se notara más húmeda si era posible.
— Sí...—Esperaba que él se conformara con esa escueta respuesta porque su boca no podía pronunciar nada más.
—Esto...—acarició la copa del sujetador y sonrió travieso— es muy seductor, pero estoy seguro de que lo que hay debajo aún es mejor.—Mientras decía esto desabrochaba el sujetador pasando la mano tras la espalda de la chica, que no pudo dejar de admirar su destreza.
Con una sola mano, madre mía.
Él sofocó una sonrisa al ver su expresión de sorpresa y le fue retirando la prenda con cuidado, deleitándose en cada uno de los gestos de la chica, atento a cada respiración, al rubor que teñía sus mejillas y al mínimo pestañeo de aquellos dilatados ojos, cálidos como el chocolate, que lo contemplaban fascinados.
El pecho de Bella se movía agitado mientras era despojado de la última prenda que lo vestía y él bajó la mirada. Los pechos de la castaña eran tan bonitos como había imaginado. No sabía por qué Bella tenía ese pobre concepto de su cuerpo pero supuso que tenía que haber sido un ex quien le había hecho ese daño. Los miró con una explosiva mezcla de adoración y lujuria y, abarcando con su mano uno de ellos, tomó el pezón entre su índice y su pulgar, dándole vueltas con suavidad. La respuesta de la joven fue más intensa de lo que él esperaba... arqueó la espalda y el cuello hacia atrás y cerró los párpados con fuerza, gimiendo fuertemente. Estaba tan excitado como maravillado por esa reacción y siguió estimulándola, disfrutando de sus respuestas. Bajó su boca hacia el otro pecho e introdujo el pezón en su boca, pasando la lengua también en círculos alrededor.
—Joder, Edward... ¿quieres matarme?—exhaló ella sin más fuerza. Sintió que él sonreía contra su piel.
—Me encanta esto... déjame un poco más.—Sin esperar respuesta volvió a lamer el pezón, succionando mientras lo rodeaba con la lengua.
Bella le acariciaba la cabeza y el cuello mientras se retorcía bajo sus caricias y eso le hacía sentirse bien... mejor que bien. Estaba disfrutando del momento tanto como ella. Comprobar todo el placer que le estaba provocando le dio ganas de más. Pero no sabía si pasar adelante, y antes de que se lo preguntara ella habló.
—Edward... te necesito.—Él levantó la cara y la miró, sin dejar de acariciar el otro pecho. Su boca estaba entreabierta, los ojos también y su rubor se había extendido por el cuello hasta el escote... estaba deshecha, excitada... tan bonita.—Por favor...—tomó la mano de él y la movió hacia abajo, hacia sus muslos. Él se incorporó respirando pesadamente y, sin separar la mirada de sus ojos, bajó la cremallera de los shorts y los desabotonó. Bella alzó las caderas para facilitarle la labor y él tiró de la prenda hacia sus pies, dejándola tan solo con sus braguitas.
Verla recostada en su sofá, casi desnuda, la piel pálida y satinada, en algunas zonas brillante por el sudor... esperando, anhelando, fue casi demasiado para él. Su pene protestaba, tenso y duro, y estaba seguro de que el mínimo roce haría que descargara toda la presión que sentía en su bajo vientre. Pero se centró en el cuerpo femenino y se dispuso a complacerla.
Volvió a recostarse sobre ella a medias apoyándose sobre un codo, y su mano se introdujo entre ambas piernas, por encima de la delicada tela de las braguitas. Estaban completamente empapadas y gimió al sentir sus cálidos fluidos en la palma de su mano, en sus dedos. Bella se estremeció al sentir los dedos de Edward donde más lo necesitaba, y movió las caderas buscando algo de fricción.
—Joder. Sí... así...—siseó.
Flexionó una de sus piernas hasta que el muslo rozó la entrepierna del chico. A Edward se le escapó un gruñido de placer y ella lo tuvo claro. Él situó la palma de la mano sobre sus braguitas a la altura del pubis y comenzó a hacer pequeños movimientos de presión que estimulaban su clítoris mientras ella movía su muslo friccionando la erección del chico. Él se lanzó sobre la boca de ella y la besó vorazmente, recibiendo con placer todos los suspiros y jadeos que se le escapaban, hasta que ella se separó y gritó fuerte, el cuello hacia atrás, los ojos apretados y la cara cubierta de rubor. Y no necesitó más. Verla en la cumbre de su placer bastó para lanzarle a él también arriba, y gritó el nombre de ella en medio de su clímax.
Se dejó caer a su lado y la tomó colocándose a su espalda y abrazándola fuerte contra su pecho, esperando que sus respiraciones volvieran a un ritmo normal. Ella se acomodó entre sus brazos y puso los suyos sobre los de él.
—Gracias—el susurro le hizo cosquillas en la nuca, y ella sonrió sin abrir los ojos.
Hasta dentro de algo más de dos semanas. Decidme lo que pensáis ;). O no...
