Buenos días. Os traigo el nuevo capítulo, porque ya está listo y beteado. El siguiente no antes del fin de la próxima semana, entre viernes y domingo.

Gracias a Maria José y Pegn por su ayuda inestimable, y a todas las lectoras por estar ahí... Me alegro de que os gustara el capítulo anterior, a ver qué me decís de este. También gracias a Milita Cullen por su ayuda con mis dudas sobre Fanfiction.

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Sobre vuestras reviews:

v. cullen, ya ves, han pasado dos semanas volando. Aquí estoy de nuevo.

Milita Cullen, gracias por tus palabras, y no, no es bueno eso de "combustionar", eso dejémoslo para esta pareja ;).

Nessa610, bienvenida y gracias. Espero que te siga interesando.

Patchmila Cullen Mellark, sí, FF es un dolor de muelas, a veces. De todas formas salvo problemas (que avisaría en mi perfil) o esta vez, suelo actualizar una vez a la semana. Y sí, soy un poco cruel como todas las autoras pero no sádica, jeje.

Leslycan, te explicas perfectamente... pero también lo has dicho, pasito a pasito :)

jamlvg, no te desesperes... toma aire y respira profundo. Un beso!

namy33, eso se llama "no hay mal que por bien no venga". Tienes razón.

Mentxu Masen Cullen, gracias, a mí también me gusta ese momento (aunque quede mal que lo diga :P).

YoliCullen, gracias hermosa. Te debo un mail. Un beso grande.

CindyLis, gracias por tu confianza en mí ;). Un beso.

Ludgardita, "cuando llegue el momento de entrar a matar puede ser bestial" esta frase me mató, jajaja.

Ely Cullen M, veamos cómo van los problemas para andar de Bella... ;)

Rocha... qué labia, nena, jajaja. De nada.

Vikkii Cullen, me alegro de hacerte sonreír!

Alexz Darcy Black, pues diría que sí, le gustó...un beso.

Esme Mary Cullen, habrá segundo asalto hoy? Qué crees?

Nurymisu, gracias mil por tu review, tú sí haces que se me acelere el corazón, nena. Un beso baboso. Te debo un morreo, pero si nos llega a pillar mi marido... LOL

Dra. Laly, felicidades por tu ascenso a tercero! :)) Y mira, si el tiempo pasa volando...

Ginegine, gracias cariño. Lo de desbolado me encantó, no lo había escuchado nunca.

martuu341, rebienvenida! Sí, han hecho "algo"... te lo prometí antes de irte, no? ;)

eli, gracias por tus piropos! Un beso.

titiscaya, rebienvenida a ti también. Ves, llegas y besas al santo, como se dice aquí... capítulo ya. Un beso!


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Capítulo 13

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En el espacioso comedor sólo se escuchaba la agitada respiración de las dos personas que yacían abrazadas sobre el sofá, sosegándose y tornándose rítmica de forma gradual.

Bella no recordaba haber estado tan excitada ni haber tenido una liberación tan rápida con tan sólo unas caricias y besos, y no es que el sexo con Mike hubiera sido malo. De hecho, fue casi lo único bueno que hubo en su relación. Pero lo que acababa de pasar con Edward había sido algo que incluso a ella la había tomado por sorpresa. Quizá había pasado así por el subidón de libido que arrastraba desde hacía días, o por los deseos reprimidos por fin liberados, no lo sabía, pero... dios, una cosa sí sabía, y era que ese hombre la había tocado como nadie antes, y aquella voz, su voz, susurrándole esas palabras... se tragó el gemido que estuvo a punto de escapar de su garganta.

Si alguna vez había tenido la más mínima duda sobre lo que Edward había escuchado de forma involuntaria, aquello que había amargado al chico durante un año, ahora se había esfumado de forma radical. O era mentira o hablaban de otro. No podía creer que hablaran de él, nunca lo había creído y menos aún ahora que tenía la prueba de lo que sus manos y sus labios podían hacer. No era un mal amante ni lo había sido jamás. La había acariciado, besado, y con cada uno de sus actos, de forma experta, la había ido subiendo alto. Y lo que no quería ni pensar, porque se sentía muy bien así con él abrazándola, era lo que podía lograr de otras formas... a dónde podía llevarla. Sintió un placentero estremecimiento dentro de sí.

Vale ya, Bella. Eres una obsesa sexual.

Sí, esa era otra... disfrutaba con el sexo, siempre lo había hecho, pero lo que sentía por Edward era especial... le parecía que si estuviera toda la noche con él y realmente la hiciera "gritar hasta el amanecer" no tendría bastante. Necesitaba más de él. ¿Y qué haría él ahora? ¿Qué pensaría? No había tenido ningún problema para tener una erección, lo había notado duro contra su muslo, y parecía que había encontrado su liberación. ¿Cómo debe sentirse ahora?

Edward estaba más relajado de lo que recordaba haber estado en meses. Incluso le parecía que en años. Sentir el suave cuerpo de Bella pegado al suyo era algo sedante ahora que se sentía liberado, no sólo de la presión sexual que había sentido los últimos días, sino lo más importante, del peso de su fracaso. Había conseguido hacerla gozar, de eso estaba seguro. Ella no le había mentido, y cada uno de los movimientos de su cuerpo, cada una de sus palabras, sus gemidos y cada brillo de sudor sobre su preciosa piel... todo, todo eso le había gritado su placer. Esa dulce mujer que tenía entre sus brazos era la mujer que estaba esperando, la que necesitaba. Ella le había liberado de sus dudas, y sus miedos. No sólo había estado duro todo el tiempo sino que tan sólo con unos pocos roces de su muslo contra su pene había conseguido que él también se corriera. No era algo que planeara, él sólo quería darle placer, verla disfrutar. Y había sido tan maravilloso contemplarla en la cumbre de su éxtasis que su propio orgasmo le había cogido desprevenido. Y luego estaba la forma en que había reaccionado cuando él había recordado aquella voz nasal... las palabras de Bella resonaron de nuevo en su mente, ocultando para siempre el desagradable recuerdo: Me parece increíble estar así contigo, y jamás nadie me ha hecho sentirme así. Tan deseada. Y tan... caliente. Mírate ahora con mis ojos. Y eso despertó en él una sensación de nuevo bienvenida. La agradable presión en su pantalón estaba volviendo. Y también le hizo recordar que necesitaba una ducha... y cambiarse ropa.

Bella abrió los ojos como platos cuando notó aquella dureza contra sus nalgas. ¿Cuánto tiempo habían estado así? Quizá cinco minutos, no llegaba a diez, seguro. Se mordió el labio inferior y no pudo evitar recordar las palabras de Alice "tendrás problemas para caminar". ¡Sí, sí, quiero tener esos problemas! El pensamiento saltó de pleno dentro de su consciencia, inesperado y espontáneo, y no pudo evitar que se le escapara una breve risita ante su grado de necesidad, algo no comparable a nada que hubiera experimentado antes.

De pronto sintió un movimiento detrás de ella y luego los tentadores labios de Edward en la curva de su cuello. A pesar del calor de su boca un delicioso escalofrío la recorrió de arriba abajo desde la zona besada pasando por la columna hasta situarse entre sus piernas. Las juntó más y notó que estaba muy sensible en aquella zona, además de la desbordante humedad que había traspasado de sobras la barrera de sus braguitas.

Se sintió desconcertada de nuevo por la entusiasta reacción de su cuerpo ante un solo beso.

—¿Qué te divierte?—el aliento ardiente chocó contra la piel de su hombro y luego de nuevo notó el roce de sus labios.

Ups. No se lo puedo decir.

—Nada...—decidió que era mejor cambiar de tema.—¿Estás... bien?

—No...—Escuchó la sonrisa en la voz de terciopelo y supo que estaba bromeando.—Estoy mejor que bien. Estoy... genial. No he estado tan bien en muchísimo tiempo. Y... ¿tú?

—¿Necesitas preguntármelo?—esta vez fue él quien escuchó la sonrisa en la voz femenina.—Soy yo quien te debería dar las gracias.

—No estoy de acuerdo.

El tono de voz era profundo y vibraba en su espalda, y la respiración en su cuello encendía su deseo de nuevo como si no hubiera estado saciado en ningún momento. No ayudaba a su calma que estuviera completamente pegado a ella, su espalda contra el duro pecho del chico, y que "aquello" que comprimía su trasero no parara de... crecer. Él la abrazó por las caderas y la acercó más aún. Bella tomó una rápida inspiración cuando sintió que él volvía a moverse sin soltarla lo más mínimo y, apartando con dulzura la ondulada melena castaña posaba sus labios en la nuca, justo en el nacimiento del cabello. Le escuchó olerla y gemir.

—Podría estar oliendo tu piel, tu pelo... todo el día—murmuró él.

Joder... oírle decir eso es como una droga.

De pronto el beso suave se tornó en un beso húmedo que le recorrió el cuello y la espalda hasta llegar a la curva desnuda del hombro. Notó la punta caliente y húmeda de su lengua viajar de nuevo desde el hombro hasta el cuello, parándose en el lóbulo de la oreja. Edward lo mordisqueó con suavidad y tironeó de él, y a ella se le escapó el aire de golpe en un largo sonido de placer, sintiendo cada vez más calor.

—Creo que me he hecho adicto a ese sonido—susurró Edward en su oído. Bella intentó moverse para encararse a él, pero la tenía abrazada y bien sujeta.

Así que quieres jugar... sonrió para sí misma, recreándose en las sensaciones que le provocaban sus labios, sus dientes y su lengua sobre su piel.

Ella también sabía jugar. Puso su mano justo sobre la del chico, entrelazando sus dedos con los de él y suavemente tiró de ella. Él se dejó hacer, y continuó repartiendo besos por su espalda hasta que una corriente eléctrica le detuvo en seco. Bella acababa de introducir uno de sus dedos en su boca.

—Joder—exhaló al sentir la cálida humedad envolver su índice. La lengua de Bella trazó el contorno del dedo humedeciéndolo, saboreándolo, y sorbiendo como si fuera lo más delicioso del mundo.— Para, por favor—o te follaré aquí mismo... si puedo... si me dejas...Bueno, mejor no pienso en eso ahora. Ella hizo caso omiso de la súplica y siguió lamiendo el dedo, mordisqueándolo ligeramente... recordando lo que ella había sentido cuando él lo hizo la primera noche que pasaron juntos—Bella...—la voz sonó baja y ronca, con un leve tono de advertencia que la encendió más aún, pero esta vez le hizo caso. De momento le dejaría llevar a él la iniciativa... de momento. Sacó el apetecible dedo de su boca y lo besó.

Entonces él la sorprendió con una petición.

—Hazlo con este otro—le acercó el dedo corazón, rozándole los labios.

—¿Qué?

—Este dedo. Póntelo en la boca—pidió suavemente.

Mierda. Este hombre me va a volver loca. Esto no me lo esperaba. Su respiración comenzó a agitarse de nuevo mientras hacía lo que él le pedía. Introdujo el largo dedo corazón del chico en la húmeda cavidad y lo chupó con fruición, sintiendo cómo los placenteros espasmos en su vientre se acompañaban de más fluidos en sus braguitas. Por favor, me estoy poniendo jodidamente caliente tan sólo chupándole un dedo... ¿cómo será tenerle en mi boca? No, no, Bella, céntrate en lo que haces. Jugueteó con él como había hecho hacía un momento, disfrutando de su sabor y de escuchar la cada vez más superficial respiración del chico tras ella. Lo mordisqueó un poco, y metió de nuevo el dedo índice en la boca. Escuchó el siseo de placer y se removió un poco... quería volverse, mirarle y arrancarle la ropa, a mordiscos si hacía falta, pero él la sujetó con el brazo que tenía bajo su cuerpo.

—Déjame hacer, Bella—la voz era grave, sugerente y sensual—Abre la boca—pidió.

Cuando ella liberó sus dedos, un tanto aturdida, él retiró la mano y sintió sus labios de nuevo recorriendo la curva de su cuello.

¿Sería posible llegar a tener un orgasmo tan sólo escuchándole hablar así? Bella no lo sabía, sólo era consciente de que sentía su piel arder bajo aquellos sensuales labios, y de que la presión en su bajo vientre era tan intensa, la necesidad de tenerle dentro era tal, que empezaban a ser difíciles de soportar. Parecía que si él la tocaba un poco más podía sufrir una combustión.

Cuando Edward bajó su mano, los dedos húmedos de su saliva introduciéndose entre la piel del pubis y la ropa interior, se arqueó contra el cuerpo de él, que jadeó por la presión que su apetecible trasero ejercía contra su endurecida entrepierna. El chico no sabía cuánto tiempo iba a durar esa erección, pero no le preocupaba. No ahora. Quería escucharla gritar otra vez mientras se corría.

El brazo que la sujetaba por la cintura bajo su cuerpo subió hacia su torso y alcanzó uno de los endurecidos pezones, pellizcándolo con suavidad al principio, luego un poco más fuerte. Observaba, sentía y hasta olía sus reacciones y su excitación, y... quiero estar dentro de ella, pero aunque su cuerpo lo pedía a gritos evitaba pensar en eso. Ansiaba volver a darle placer, saber que su reacción de hacía unos minutos no había sido fruto de alguna especie de casualidad sino que realmente podía hacer que ella se sintiera derretida. Recordó a Jasper por un momento: "No hay que ir a buscar el orgasmo, el erotismo es fundamental... es disfrutar del camino, no importa si llegas o no." La teoría estaba bien, pero ahora que le había subyugado ver a Bella en su clímax sabiendo que él la había llevado hasta allá quería volver a hacerlo. Le hacía experimentar cierta sensación de poder, después de tanto tiempo sintiendo su fracaso, ver todas las sensaciones que podía despertar en el cuerpo de la mujer que deseaba.

Y para él, en esos momentos, no había nada más embriagador y adictivo que eso.

—Edward...—la voz de la chica era casi implorante.—Quiero...

—¿Qué?—la voz era un suspiro en su oído y su aliento una caricia.—¿Qué quieres, Bella?

—Quiero verte... acariciarte... por favor.—Rogó. Escuchó que él inhalaba con profundidad.

—Todavía no...—las manos de largos, apetecibles y diestros dedos se extendieron por su cuerpo, una acariciando, pellizcando y rodando sus pezones con suavidad, la otra deslizándose aún más abajo por la curva de su pubis hacia sus pliegues.—Oh... Bella, no hacía falta humedecerme los dedos... estás tan mojada...

—¡Joder, Edward!—siseó la chica al escuchar aquellas palabras a la vez que sentía la invasión largamente deseada.

Al mismo tiempo, él gruñía de placer. Estaba tan mojada que su dedo se deslizó sin ninguna dificultad dentro de su acogedor cuerpo. Gimió al ser atrapado por las estrechas y cálidas paredes. Había olvidado lo bien que se sentía al tener a una mujer deshecha de placer. Si es que alguna vez lo he conseguido. Pero ahora eso le daba igual. Ahora estaba seguro de que le estaba dando placer a Bella. Y ya no sólo por la forma en que gemía y se retorcía, o por su jadeo superficial... las paredes de su vagina se apretaban contra su dedo como quisieran absorberlo dentro de su cuerpo. Dios, la sensación era... alucinante, y no pudo evitar pensar en qué sentiría si en vez de su dedo fuera su pene... entonces la presión en su bragueta aumentó a niveles casi intolerables.

Oh, oh... pensamiento erróneo, Edward. De pronto se encontró buscando alguna idea que le rebajara la excitación, y no encontró una mejor que acordarse de Jessica y su voz nasal. Sí, eso funciona. La excitación bajó lo suficiente como para sentirse más cómodo, pero no tanto como para no permitirle disfrutar de lo que estaba haciendo.

Flexionó y giró su dedo en el interior de la chica y el cuerpo de esta respondió contrayéndose de nuevo. Su otra mano abarcó un pecho y lo masajeó, deleitándose en la firmeza del tacto y la textura de su piel... sí, un año era mucho tiempo. Él desde la adolescencia había sido un hombre sexualmente activo y ahora se sentía tan hambriento de Bella que no quería que se escapara de sus manos.

—Edward... esto no va así—protestó la voz débil de Bella interrumpida por deliciosos gemidos.— Yo... ¡ah!—el grito se le escapó al sentir otro dedo más dentro de ella. La boca del chico alcanzó el suave hombro y lo recorrió con la lengua y los labios de nuevo hacia el cuello, y ella sintió que se derretía por completo... el estado de la piel entre sus piernas atestiguaba que parecía algo literal, porque si no no se explicaba toda aquella humedad. Por un breve momento pensó si no iba a estropear el sofá de los Cullen, pero estaba ya en un nivel de excitación que ni siquiera esa idea bajó una décima de grado su fiebre.

—Bella—exhaló sobre su oído.— Estás... es... increíble cómo me aprietas los dedos, cariño.

Edward le mordió el lóbulo de la oreja, y luego le chupó y mordisqueó el cuello... sus dedos se movían en su interior y la otra mano le acariciaba ansiosa los pechos, sin ceder ni un momento, enardecido por los lujuriosos sonidos de respuesta de ella, hasta que por fin el orgasmo de Bella estalló de forma violenta e inesperada haciéndola gritar de nuevo. Edward sintió las violentas contracciones sobre su mano, reflejo de las oleadas de placer que sacudían a la chica, y se maravilló de la fuerza de aquellos músculos íntimos. Iba a retirar los dedos pero los espasmos no cesaban, y decidió no dejar la íntima caricia, aunque con más suavidad... Bella volvió a gritar de nuevo arqueándose contra él y la presión de sus redondeadas y casi desnudas nalgas en aquella zona tan necesitada fue casi demasiado para él. Estaba seguro de que si tan sólo se movía un poco podía llegar a correrse con el leve roce de la ropa, y no quería volver a hacerlo. No con la ropa puesta.

Volvió a recordar la voz de Jessica, pero ahora apenas le funcionó.

Retiró sus dedos empapados de los fluidos íntimos de la chica. Uao... esto se lo he hecho yo. No pudo evitar un cierto sentimiento de orgullo y notó que se aceleraba aún más. Se obligó a controlarse y dominar su ritmo respiratorio: inspiró y espiró profundamente, varias veces, lentamente, y se le ocurrió pensar en House, recordando que tenía que terminar un caso clínico para el lunes. Ahora sí, se calmó un poco la presión dolorosa en sus testículos. Casi sonrió al ver la buena utilidad que les podía dar a los monstruos de su vida.

—¿Estás bien, Bella?— la besó en la nuca. Estaba muy quieta.

Aún con el deseo latiendo furiosamente en su bragueta se sentía muy bien al ver el gozo que podía regalarle a su chica. Aunque lo otro no funcionara... ¿Y por qué no tiene que funcionar? Se preguntó a sí mismo casi enfadado por su obsesión.

—Eeeh... sí. Muy bien—musitó.—Pero no sé si moverme.

—¿Por qué? ¿Te duele algo?—Ya le has hecho daño, burro. Y luego dicen que esto es como andar en bicicleta. Pues si es así me acabo de cargar el pedal, por lo menos... Vale, Ed, desvarías.

—No, no. Sólo es...—pareció dudar unos segundos—que tengo miedo de mancharte el sofá.

La risita ahogada fue más por la felicidad del alivio, aunque también le hacía gracia la situación.

—Tranquila, es una funda lavable.—La calmó con humor.

Ella se removió un poco y entonces él sí soltó su cintura. Cuando se vio libre Bella se giró en un movimiento rápido y se encaró a él. Parpadeó cuando se encontró su cristalina mirada verde, las pupilas dilatadas contemplándola con embeleso. Tomó aire para hablar pero se quedó como hipnotizada durante unos segundos... más bien idiotizada, por aquellos ojos, hasta que se obligó a reaccionar.

—Edward, esto no es limpio—el tono de voz y la mirada marrón eran dulces, pero le estaba regañando. Ahí estaba esa bonita arruguita que se formaba en su ceño cuando estaba enfadada.

—¿Por qué?—arqueó las cejas.—Se pone en la lavadora y ya está.

Lo miró atentamente y vio el humor en sus ojos... no pudo evitar sonreír.

—Joder, quería decir que no es jugar limpio. Lo que haces.—Habló con paciencia, como si él fuera un niño travieso.

—Sólo quería saber cómo me sentía al verte. Era importante para mí.—Ahora hablaba muy en serio, apasionado.

Me vas a volver loca con tus cambios ¿Y cómo te has sentido? No... pregunta errónea. No iba a decirle eso, si aquellas esmeraldas la miraban de aquella forma. Mejor pasar a la acción.

—Yo también quiero verte. Y tocarte—la voz era de nuevo suplicante mientras la mano de la chica se lanzaba a la bragueta de él, pero la detuvo por el camino.

—No, espera. Estoy... mojado—repuso un poco tímidamente.

—Ja —bufó.— Lo tuyo parecerá un charquito en el desierto comparado con mis cataratas del Niágara —la mirada de la chica brillaba mientras contenía la risa, y ahora fue su turno de no poderlo evitar. Soltó una carcajada y ella también.

—Me encanta que me hagas reír.

—Me encanta que te rías.—Y de pronto se acordó de una cosa. Algo en que, aunque pareciera increíble, aún no había pensado.—¡Alice! –Abrió mucho los ojos, presa de un repentino pánico, pues en su mente acababa de aparecer la imagen de la morena entrando en su casa y encontrándolos en el comedor de esa guisa.

Edward levantó un poco la cabeza y miró para todas partes en la habitación.

—¿La has oído entrar?

—No... pero ¿cuándo tiene que venir?

—No vendrá. Me ha dicho que se queda con Jasper otra vez todo el fin de semana—le acarició la mejilla con el dorso de un dedo y curvó los labios.— Bueno, en realidad se me ha quedado mirando fijamente y ha silabeado muy lentamente "to-do-el-fin-de-se-ma-na".

—Me dejas más tranquila.—Sonrió.—La verdad es que Alice es lo contrario de inoportuna. Por eso habría sido raro que hubiera aparecido esta noche. Parece que tenga un sexto sentido.

—Es muy observadora. Cuando llegue a casa y vea que he cambiado la funda del sofá voy a tener que aguantar unas cuantas bromas—rodó los ojos.

—Bueno, yo no le pienso contar nada, dejemos que imagine lo que quiera—sonrió.

—Sobre eso... ya sé que sois muy amigas pero supongo que no... no habláis de... —pareció violento.

—No hablamos de cosas íntimas, Edward—lo tranquilizó. —Por lo menos no demasiado íntimas...—se sonrojó. —Sobre eso... Edward, he notado que se te ha puesto... —la intensidad de los ojos de él le hizo bajar un momento la mirada y se sonrojó más aún. ¿Cómo podía escribir lo que escribía y en cambio no acertar a terminar esa frase? Alice tenía razón. Pero no podía evitar sentirse tímida estando tan pegada a él, sintiendo esos ojos esmeraldas atentos a cada uno de sus pestañeos.

—¿Cómo se me ha puesto? —inquirió con un tono de humor.

Perfecto. Y ahora él me toma el pelo. Creo que ya ha superado el problema, definitivamente.

—Se te ha puesto dura, Edward. Mucho. Lo he notado. —murmuró levantando la mirada de nuevo.

Eso había sonado jodidamente sexy. Y el que su piel estuviera del color de una fresa madura aún lo hacía más sexy todavía. Asintió con una ¿involuntariamente? tentadora media sonrisa. Le acariciaba un mechón de pelo distraídamente mientras la miraba a los ojos y la boca. Seguían recostados en el sofá, uno frente a otro, y Bella comenzaba a plantearse cuánto tiempo podía reprimirse las ganas de hacer lo que él le había impedido. Y cuánto tiempo podía durar ese silencio. Y sentía el aire cada vez más denso entre ellos, vibrante, húmedo, cálido... No podía aguantar mucho tiempo si él seguía mirándola así, y si lo seguía teniendo tan, tan cerca. Percibía su dulce aliento y su aroma personal, mezclado con el más íntimo del sexo.

Decidió que tenía que lanzarse un poco... por última vez, al menos esta noche.

—¿Vienes a la ducha conmigo?—Se preparó para recibir una negativa.

Él la miró, y sus ojos ardían de deseo.

—Sí.


Esto... bueno, hasta la semana que viene. Qué calorcito con la primavera... A mí me han entrado ganas de ducharme ^^.