Buenos días, queridas lectoras. Como véis os traigo el capítulo antes de lo esperado, pero bueno, ya estaba beteado y para qué esperar. De todas formas el siguiente va a tardar, os aviso, calculo que 10-14 días, pero os prometo que en cuanto lo tenga escrito y beteado lo publico. De todas formas no hay prisa, ¿no? Quiero decir que la historia es corta (comparada con mi otro fic, claro) y le queda poco para terminar, ya dije que serían menos de 20 capítulos.

No voy a extenderme que voy con prisa. Muchas gracias a todas por leerme y hacerme saber vuestras opiniones, me encanta leerlas. Y ya paro. Sólo deciros que tengáis una ducha a mano (por desgracia no creo que Edward Cullen esté dentro de ella) y que no os dejéis engañar por la primera parte del capítulo... la acción sigue donde la dejamos el otro día.

Gracias a Pegn y Maria José por su opinión.Y a Anaidam por enseñarme la palabra "bocachancla" (bocazas, chismoso).


.

Capítulo 14

.

—¿Quieres salir a cenar o pedimos comida china?—sonrió el rubio, inclinándose sobre la cara de su chica.

Alice se estiró sobre la cama e hizo un sonido semejante a un maullido de placer.

—¿Y quién tiene ganas de salir de la cama?—lo miró pícara.— Por cierto, tu actuación ha estado fenomenal. ¿No se puede pedir un bis?—compuso un mohín.

—Ya has tenido un bis. Sólo soy un pobre ser humano. Deja que me recupere un poco, mujer insaciable—rió.

—Apuesto a que puedo animarte a seguir—entornó la mirada, desafiante.

—No lo dudo, tigresa.—Jasper se recostó a su lado y le apartó dulcemente un mechón de la cara.—Pero nos queda mucho fin de semana por delante. ¿O es que quieres ganar algún tipo de olimpiada sexual?

—Mmmm, no es mala idea.—Quedó unos segundos pensativa, como considerando la posibilidad.— ¿Tú crees que Bella y Edward podrían competir contra nosotros?

—No sé... Edward ha perdido mucha práctica, pero diría que todo este año de abstinencia más bien le daría ventaja.—Asintió convencido.—De Bella no puedo hablar porque él no me cuenta nada de ella que sea demasiado íntimo.

—Y hace bien, cariño. Hay que reconocer que a veces eres un poco bocachancla.—Asintió convencida.

—¡Eh! ¡Sólo por tu culpa!—Protestó indignado.— No sé cómo te lo haces pero casi siempre consigues sonsacarme lo que no quiero decir.

—En eso estoy de acuerdo—sonrió coqueta y petulante.—Tengo mis armas y las uso bien.—Se puso de lado encarándole y lo miró a los ojos.—¿Tú crees que el problema de Edward se va a solucionar pronto?—le acarició la mandíbula con un dedo.

—¿Lo ves? Ya lo estás haciendo. Eso es una opinión profesional, y por tanto privada.—Entornó los párpados.

—Bueno, pues yo creo que están a punto de caramelo y sólo necesitan un empujoncito— ella frunció los labios, fingiendo enfado.

—Edward se lo va a tomar con calma. Le he aconsejado eso—la miró desafiante.

—¿Qué le has aconsejado exactamente?—canturreó. Su mano bajó lentamente por el desnudo pecho del chico hasta llegar a su bajo vientre. Jasper contuvo la respiración y de pronto soltó un bufido cuando los gráciles dedos se desviaron a la cadera antes de llegar a la entrepierna.

—Alice...—protestó.—En serio, bastante mal me siento por haberte explicado demasiado. Si tu hermano se entera algún día no le va a gustar nada.

—Oh...— hizo un puchero y su mano se desvió hacia las nalgas del rubio, acercándose más a él y mirando en el fondo de los ojos azules.—No te pido que me digas nada de él. Sólo qué le aconsejarías a una persona con ese problema y con una relación en el mismo punto en que está la de Bella y Edward.

El chico la observó dubitativo y al final hizo una espiración profunda, dándose por vencido.

—Lo que le aconsejaría a ese supuesto paciente es que disfrutara lo más posible del erotismo sin obsesionarse con su problema. Que probara las reacciones del cuerpo de la otra persona... sin pensar en nada más. Y por supuesto nada de coito.

La morena abrió los ojos desmesuradamente al escuchar la última frase.

—¿Nada de coito?

—No—negó lentamente.—No en los primeros momentos, hasta que toda la confianza esté recuperada. Si se precipitan las cosas podíamos... se podía ir marcha atrás con la terapia. Piensa que en general estamos muy obsesionados con que el sexo es sólo coito, y hay muchas más cosas—afirmó convencido.

—Ajá—Alice parecía enfadada y lo miraba con los párpados entornados.—Pues mira, si es así, creo que este fin de semana vamos a explorar todas esas posibilidades sin coito.

—¡Eh! ¡Que nosotros no tenemos ningún problema! ¿Por qué te pones así?—inquirió confuso.

—Porque lo que creo es que estos dos necesitan follar y ya, déjate de largas.

—¿Quién es aquí, el psicólogo, tú o yo?

—Nadie. Que yo sepa aún te falta una asignatura para aprobar la carrera.

—Ali...—suspiró con paciencia.

—Vale, vale. Pero no sé, es como si yo llevase tiempo sin comer y me dijeras que disfrutara de masticar y demás rollos. Joder. Yo creo que preferiría llenarme el estómago primero y luego ya saborearía los placeres de la "nouvelle cuisine".

—Dicho así tiene bastante lógica—se burló el rubio.

—Si ya sabes que siempre tengo razón—le siguió la corriente.

—No, eso no lo sé. Pero por alguna razón que se me escapa eres muy convincente.

—¿Ah, sí? Hablemos de mis razones... —la voz era insinuante y sin que Jasper pudiera ni quisiera evitarlo, Alice se colocó a horcajadas encima de él gracias a un rápido movimiento.

.


.

—¿Cómo?—Bella abrió mucho los ojos, incapaz de creer lo que acababa de oír.

—Que sí—Edward estaba casi divertido al ver su reacción.

Ella lo contempló durante unos instantes y luego dejó escapar una larga bocanada de aire con alivio, como si la hubiera estado reteniendo durante unos segundos.

—¿Así, sin trampas, ni nada? ¿No te vas a duchar vestido, ni te referías a que primero te duchas tú y luego yo? ¿Me... dejarás tocarte?—miró en el fondo de los ojos verdes, suspicaz.

La mano que estaba acariciándole el mechón de cabello se movió hasta su cara. Los largos dedos rozaron la piel de su rostro por la frente, la mejilla, y se posaron en sus labios, despertando un agradable hormigueo entre sus piernas. Sus ojos se centraron en la tentadora boca de la chica, cuya respiración comenzó a acelerarse al mismo ritmo que la suya.

—No son trampas, Bella.—Curvó apenas los labios en una lenta sonrisa.—Sólo necesitaba saber que podía darte placer.

La volvió a mirar a los ojos. Ella distinguió en sus iris deseo, amor y algo más que había vislumbrado en fugaces momentos durante los días que llevaba con él. Confianza... eso es. No pudo evitar sentirse feliz de pensar que ella había contribuido a eso. Pero... ¿hasta dónde llegaba esa confianza que Edward había recuperado? ¿Era lo suficientemente fuerte?

¿Y a quién le importa eso ahora? Se contestó a sí misma. Se imaginó la confianza de Edward como una semilla recién germinada que había que regar. Y ella se iba a encargar de eso.

—Lo entiendo. Pero debes dejarte llevar un poco. No intentes controlarlo todo. —El tono de su voz era agradablemente grave, sensual — Ya has visto lo que puedes conseguir de mi cuerpo... lo que haces con él y la forma como responde a ti me tiene maravillada. Jamás me había sentido así.

El la miraba, bebiéndose todas y cada una de sus palabras como si realmente fuera una planta sedienta, necesitado de ellas. Bella puso su mano sobre la de él, pues aquellos largos dedos cerca de sus labios la estaban distrayendo demasiado, y tomándola besó su dorso.

—¿Qué te pide el cuerpo ahora?—lo miró con pasión y él parpadeó. Se mordió el labio, perdido por unos segundos en la fuerza de los oscuros ojos.

Quiero estar dentro de ti. De pronto recordó las palabras de Jasper. "Ve poco a poco hasta que tomes confianza. No te obsesiones con el coito..."

Bella lo vio dudar y aprovechó el momento para inclinar de nuevo la balanza de su lado.

—De momento vamos a hacer esto un poco más democrático—sus manos fueron hacia la camiseta del chico, tirando de ella hacia arriba sin que él reaccionara. Exhaló con paciencia.—Yo llevo un buen rato medio desnuda y tú tienes demasiada ropa encima. No es justo— le sonrió y él pareció despertar. La cálida mirada de Bella y aquella sonrisa sensual derritieron algo en su interior, un pedacito de hielo, quizá el último resto de inseguridad.

—Quiero que me toques, Bella—murmuró incorporándose y quitándose la camiseta.

La chica tragó aire de golpe cuando contempló aquel torso de proporciones clásicas que sólo había visto en museos. Bueno... en fotos de museos. Se quedó estúpidamente sin habla, admirando las perfectas proporciones del cuerpo de Edward.

De la parte que estaba al descubierto.

Y aún me queda quitarle el papel a la mitad del regalo... ay, madre mía.

Edward apretó los labios para sofocar una sonrisa al darse cuenta de cómo su chica se lo comía con los ojos. Las mujeres siempre le habían hecho ser consciente de su aspecto. Nunca había presumido de físico y a veces incluso lo había llegado a odiar por la ingente cantidad de chicas superficiales que atraía, y porque mucha gente lo juzgaba también superficial simplemente por su aspecto. Realmente, muchas más veces de las que nadie creería había deseado ser un chico del montón.

Pero no ahora, no viendo la mirada de deseo de la preciosa Bella. Sabía que ella no sólo apreciaba el envoltorio.

—¿Te gusta lo que ves?—alzó una ceja hacia ella, divertido, y rió por lo bajo cuando ella se sonrojó otra vez, mirándolo de nuevo a la cara.

—Oh...—se había quedado sin palabras para contestarle y se sofocó aún más, pero la cara de diversión de él era contagiosa.—Chico, eso—se sentó a su lado en el sofá, intentando ignorar la humedad entre sus piernas, y señaló el torso masculino con un gesto de la mano—debería ser Patrimonio de la Humanidad. Deberías recibir una subvención, o algo—aseguró con toda seriedad, y acto seguido ambos rieron.

Cuando pararon de reír un denso silencio se esparció por al aire a su alrededor, mientras él miraba el semidesnudo cuerpo de la chica. Por vez primera Bella se sintió plenamente consciente de su desnudez y tuvo vergüenza. Se comparó con el ejemplar de belleza masculina que tenía al lado y se sintió el más feo de los patitos feos al lado de un cisne.

Sin que lo pensara, sus brazos se alzaron de forma automática para cruzarse sobre sus pechos.

Él buscó con la mirada los ojos oscuros, frunciendo el ceño, confuso.

—¿Qué haces?

—Es...—Bella se quedó de nuevo muda, pues no quería sonar patética. "No me gusta mi cuerpo" no sonaba precisamente como el canto a la alegría. Toda su inseguridad la invadió como una explosión. ¿Había demasiada luz en aquel comedor o se lo parecía a ella? Bajó la cara hacia su cuerpo, y sus pechos cubiertos por sus brazos parecían tan pequeños... su piel demasiado pálida, descolorida, y sus caderas... Exhaló un suspiro.—No me siento cómoda así, casi desnuda.

La mano de él se acercó a su barbilla y la levantó, instándola a mirarle.

—¿Por...?—la voz era suave pero firme.

Y no es que él no sospechara lo que le pasaba a ella por la mente, le había dado señales claras sobre eso desde que la conocía pero él siempre había pensado que eran los típicos complejos de chicas: que si tengo el culo gordo, o caído, o las tetas grandes, o pequeñas, o separadas... las mujeres se exigían demasiado a sí mismas, y muchas veces no se valoraban en lo que debían, aunque otras veces esas palabras eran meras excusas para que el hombre les dijera algo bonito.

Pero lo de Bella era más profundo que eso. Realmente no le gustaba su hermoso cuerpo.

—Bella Swan, mírame y escúchame bien—habló al ver que ella continuaba callada, sujetando firmemente su barbilla y mirándola con intensidad. — Quiero que tengas muy claro que te deseo. Tu piel es suave y hueles y sabes deliciosa. Tu pelo—deslizó sus dedos por un mechón, desde la raíz hasta la punta— es precioso. Y tu cuerpo... dios, las cosas que me despierta tu cuerpo—el tono de voz era más profundo y el apetito carnal brilló en sus ojos.—Por favor, baja esos brazos. ¿No me crees?

Ella asintió sin perder contacto visual y bajó lentamente los brazos, descansándolos sobre sus muslos. Él la tenía hipnotizada por completo, y si le hubiera pedido que hiciera el pino probablemente lo habría intentado, aunque luego tuvieran que llevarla a urgencias con un brazo roto.

—Son perfectos – miró sus pechos con lujuria.— Te lo repetiré las veces que haga falta hasta que me creas. Y luego seguiré diciéndolo. –Tomó uno de ellos con la mano libre y la que sujetaba su barbilla la liberó para dirigirse al otro pecho. Los acarició con suavidad al principio, y luego cada vez con más firmeza.

Bella le creía. La deseaba de verdad, se lo había demostrado una y otra vez. Se sintió hermosa, por lo menos para él sí lo soy, y su cuerpo vibró de nuevo por la necesidad de él. De pronto recordó que Edward no había tenido ninguna liberación esta vez y sus ojos se fijaron en la bragueta del chico.

Dios, eso tiene que doler. Una importante erección pedía a voces, a gritos, ser liberada de los confines del pantalón vaquero. Y ahí estaba ese hombre adorable, que se había creído un mal amante, convenciéndola con palabras de que la deseaba. Sus palabras eran como caricias para su ego, pero su cuerpo le estaba gritando te deseo. Gimió y cerró los ojos, perdida en las caricias de sus expertas manos, pero recogió todos los restos de su maltrecha voluntad, hizo un montoncito con ellos y por fin agarró ambas muñecas del cobrizo.

—Me has prometido una ducha. Y en serio, si no nos movemos de aquí tu sofá peligra, a pesar de la funda—fijó sus ojos en los iris verdes. Una sonrisa perezosa surcó el radiante rostro del chico.

—Vamos—se levantó y la tomó de la mano. Tirando de ella la ayudó a levantarse y la condujo hacia la habitación de sus padres.—Este baño, es... más grande.—Explicó, la voz enronquecida. Ella no le veía la expresión porque iba tras él, pero desde su posición admiraba el felino movimiento de su espalda y de su perfecto culo.

El deseo y los nervios vibraban y revoloteaban juntos, mezclándose en el vientre de la chica y haciendo latir su corazón precipitadamente, temblar su cuerpo y arder su sangre. La respiración superficial amenazó con no aportar el suficiente oxígeno a su cerebro y temió marearse.

Se obligó a respirar pausada y profundamente mientras entraban en el baño.

Voy a tocarle. Y a ver su cuerpo desnudo. Intentó no pensar en que él también la vería por completo.

Cuando se dio cuenta él había cerrado la puerta del baño y se apoyaba en ella, mirándola de frente, aún tomándola de la mano. Bella tragó en seco al recibir de golpe el impacto de su sofocante mirada, que la recorría de arriba abajo calentando cada centímetro de piel que tocaba. De nuevo fue plenamente consciente de su desnudez, pero esta vez no le importó. Sentía el calor de su deseo, y eso le daba fuerzas.

Dio un pequeño paso adelante, acortando la ya breve distancia entre ellos, sin dejar de mirarle a los ojos.

Sin mediar palabra acercó sus manos a la cintura del vaquero y comenzó a desabotonar la bragueta con cuidado. Primero un botón. Lentamente, tanteando su reacción, esperando que en cualquier momento él le dijera, como la primera noche que se habían besado, si no iban demasiado rápido. Era cierto que con Mike, su primer y único novio, había ido más poco a poco, pero ahora era distinto. Ella era algo más madura, y más experimentada. Y, para qué negarlo, el hombre que tenía ante sí le atraía cien veces más que Mike Newton en su mejor día.

Dios... me siento emocionada como si de veras estuviera abriendo un regalo de cumpleaños. Sonrió de nuevo a esa mujer desesperada que había en su interior, y mientras calibraba la importante erección que presionaba contra la bragueta y dificultaba su tarea se dispuso a desabotonar el siguiente.

—¿Otra sonrisa misteriosa?—el susurro hizo que alzara la vista. Él la contemplaba con curiosidad además de excitación—Tienes que decirme qué es tan gracioso.

Se sonrojó, pero no le iba a explicar nada. No quería parecer patética. Ella podía reírse de sus propias ansias de él, pero si él lo hacía... no era lo mismo.

—Nada... —Le sonrió.

—Ah no. Esta vez me lo tienes que decir—tomó sus manos por las muñecas.—Entiéndeme, que una mujer se sonría divertida mientras le mira la bragueta a uno no es como para dar confianza. Yo también tengo mis inseguridades, ¿sabes?—Alzó una ceja. Bromeaba, pero sólo a medias.

Bella se mordió el labio y decidió hablar. No quería dañar su ego, que en ese punto era un poco frágil.

—Me río de mí misma—se sonrojó más aún ante el escrutinio de los ojos esmeralda.— Contigo me siento un poco... ¿cómo te diría?...desesperada.—Tragó saliva.

—Yo también lo estoy, Bella. Por ti. —La voz era suave y acariciadora, como el terciopelo. Él deslizó sus dedos desde las muñecas hasta las manos de la chica y, colocándolas encima de las suyas, las presionó contra su entrepierna. La chica dejó escapar un jadeo cuando sintió aquella dureza bajo sus palmas. — ¿No lo notas?

Como no podía hablar, ella asintió. Edward liberó sus manos, terminó de desabotonarse el pantalón él mismo y se deshizo de la prenda con un movimiento fluido. Los ojos marrones lo miraban con ardiente pasión y el rubor brillaba en la piel de alabastro.

Sintiéndose deseado por aquella preciosa mujer se sintió cómodo para el paso siguiente. Los boxers terminaron junto al resto de su ropa en el suelo y se irguió cuan largo era ante ella.

Los grandes ojos de la chica lo recorrieron desde su hermoso cabello cobrizo revuelto, su cara artísticamente cincelada, sus anchos hombros, el pecho y los abdominales cuidadosamente definidos. Bajó los ojos y la visión de aquel pene apoteósicamente erecto la hizo humedecerse los labios con la punta de la lengua, de forma inconsciente.

Los labios de Bella estaban entreabiertos, la respiración irregular y superficial, los ojos completamente oscurecidos. Su mirada, que lo había recorrido de arriba abajo, se había detenido en su erección. Por un momento se sintió de nuevo inseguro, pensando qué pasaría ahora si ésta desapareciera. Si Bella reaccionaría como las pocas chicas con las que se había besado después de dejarlo con Jessica, y lo miraría con mal disimulada decepción.

Fue solo una décima de segundo. Un atisbo de recuerdo que no le afectó. No, con ella no era así. Hechizado, la contempló deslizar las braguitas por sus largas piernas y apartarlas con un pie. Aquel triángulo bien definido de delicado vello púbico era tan atractivo como el resto de su cuerpo. Era deliciosa, por completo. Quería besar cada parte de ella.

Pero antes necesitaban una ducha.

En silencio le tendió la mano y se metieron juntos dentro de la gran bañera. Abrió el grifo bajo la atenta mirada de la castaña, y una nube de agua de agua tibia y vivificante cayó sobre ambos. Edward se volvió hacia Bella, cuyo cabello oscurecido por la humedad se alisó hasta alcanzar su estrecha cintura. Sus manos se juntaban nerviosamente a la altura de la cadera como si no supiera qué hacer con ellas, pero no se cubrió.

Estaba preciosa... erótica y sensual. Devoró con la mirada cada centímetro de piel de Bella y deseó ser una de esas gotas que recorrían su cuerpo, se metían entre sus senos, se deslizaban por su abdomen y después de hundirse en su ombligo terminaban entre sus pliegues íntimos. Sentía su erección pesada y el dolor de testículos estaba volviendo. Se imaginó empalando a Bella contra la pared de la ducha y eso agravó la situación.

Nada de follar de momento. Y menos en la ducha, sin condón...¡Joder!... Se le escapó un siseo cuando la mano de ella envolvió su pene y acarició la suave piel. La sensación fue tan agudamente excitante que le pareció que habían saltado chispas. Su piel estaba hambrienta del tacto de una mujer, y las actividades en el sofá habían estimulado aún más esta necesidad. No ayudó nada el gemido profundo que se filtró por la garganta de la chica.

—¿Te gusta?—murmuró, acercándose aún más a él, hasta adherir su pecho al del chico. Sus pezones rozaron el torso desnudo de Edward y un violento temblor de placer lo sacudió desde la médula espinal, provocando que en vez de contestar soltara una especie de gruñido profundo.

Bella alzó la cara para observar la expresión de Edward. Un espasmo de deseo recorrió su vientre cuando vio la expresión de crudo placer y se animó a dar un paso más. Dirigió su mano libre a los testículos del chico, aunque apenas los rozó. Sabía que había hombres a quienes disgustaba eso. Había leído mucho, por interés y para documentarse sobre lo que escribía — ¿Puedo?

Edward tomó una aguda bocanada de un aire que le pareció más denso que el agua, cerró los párpados con fuerza, y asintió. Bella acarició aquella delicada zona, comprimiéndola con cuidado. Su pene respondió endureciéndose más aún. Las caricias de la chica se hicieron más insistentes, deslizando su mano arriba y abajo del miembro, disfrutando de la suave piel y de la firme consistencia, y aún más de los jadeos de aquel dios griego a quien estaba dando placer. El pecho del chico subía y bajaba agitado y por fin conservó todo el aire que pudo para poder hablar.

—Para, Bella—murmuró, poniendo sus manos sobre las de ella. La castaña lo miró, confusa y temerosa de haberlo hecho mal— No quiero... no así. Espera... Quiero tocarte.

Bella estuvo a punto de recordarle que en la cuenta de orgasmos iban dos a uno, pero se le ocurrió otra cosa.

—Está bien...—tomó una de las manos de Edward y la levantó hasta su pecho. Acto seguido comenzó a masajear los testículos del chico. —Muéstrame cuánta presión quieres... ¿así?—apretó los dedos de él contra su pecho de forma intensa y prolongada—¿o así?—aflojó la presión sobre su mano masculina y la hizo girar, rozando el pezón a cada vuelta.

Alzó la cara para encontrarse con el hermoso rostro de su chico, el cabello húmedo coronando su cara transformada por el deseo y el placer.

Joder... podría correrme sólo mirando esa cara..

—Enséñame a darte placer, Edward.—Susurró.

Comenzó a recorrer la dura erección del chico desde la punta a la base con suavidad, esperando instrucciones. Por toda respuesta él dejó su pecho, la tomó de la nuca y se abalanzó sobre su boca, su lengua hambrienta explorándola por completo, bebiendo de ella, absorbiendo sus gemidos. Se vio acorralada entre la fría, rígida y mojada pared y el caliente, duro y húmedo cuerpo del chico apretándose contra ella. Los largos dedos masculinos se movieron sobre su mano, indicándole la presión y el movimiento preciso, y los eróticos gemidos que escapaban de su garganta irrumpiendo en el prolongado beso le dieron la señal de que lo estaba haciendo bien. Siguió con el movimiento mientras él soltaba su mano y, afortunadamente para su precario equilibrio, enroscaba su fuerte brazo por su cintura, sujetándola fuerte y amarrándola a su cuerpo.

—Bella, cariño... estoy a punto...—jadeó contra su boca, mirando los ojos oscuros que ardían de lujuria.

—Hazlo, Edward... Córrete encima de mí, cariño—ronroneó la chica.

—¡Joder, Bella!—Gritó momentos antes de besarla con fuerza. Entonces Bella sintió deslizándose por su abdomen y sus muslos el cálido líquido y se sintió jodidamente bien.

Tanto que estuvo a punto de llorar de emoción, y se sintió un poco tonta por eso.

Edward la abrazó con fuerza al cabo de unos instantes e, inclinándose, besó su coronilla con dulzura.

Ninguno de los dos podía hablar. Y no por las gotas de agua que caían sobre ellos, ni por la respiración jadeante, ni por timidez. Simplemente en aquel momento no necesitaban hablar. Porque sus cuerpos lo habían hecho por ellos.

Y lo que se habían dicho había sido perfecto.


*Blushes* Me he sonrojado, en serio. Bueno, y ya van tres capis con elevación de temperatura. Habrá que descansar un poco, no?

Besos!