Buenas tardes, chicas. He tardado pero este es un poquito más largo que la media de mis capítulos. Intentaré tener el otro para finales de la semana que viene, y será el penúltimo. O sea, que sin contar este quedan un par de capis y el fic se termina.

Os quería recordar que los papis Cullen no llegarán (no en este capítulo), están aún de "segunda luna de miel". Eso del viaje lo decía allá por el primer capi. No os preocupéis por ellos.

Gracias a Pegn y Maria José por su ayuda, a Nurymisu por el título (el otro que me decías, del fick al fuck, era definitivamente demasiado gráfico, jajaja) y a Meryjo por esas siglas que le he tomado prestadas.

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Comento rápido vuestras reviews:

Pegn, lo de la fregona es buena idea jejje. Gracias por todo.

Alysa Cullen, gracias ;). Sí que iba a descansar de escribir hot, pero ellos no estaban de acuerdo... Besotes.

Lore562, gracias! Tranquila, Ed recuperará el tiempo, si Bella le deja... y creo que le dejará. Un beso.

ludgardita, sí, yo creo que Edward le va a coger de nuevo el gustito al tema ;). Gracias y un beso.

Esme Mary Cullen, concisa y directa, jajjaa. Gracias.

Bydanny, gracias, sí, creo que Ed se lo merecía ;).

Leslycan, gracias. Creo que Edward se habrá quedado contento ;). Un beso.

Rocha, tú has leído Cambio de destino, y si me dices que este es de los mejores que he escrito me sacas los colores. Gracias!

V. cullen, tienes razón, mejor agua que fuego, jajaja. Un beso.

CindyLis, me alegra que te haya gustado y te haya dado ideas. Un beso y gracias!

Ely Cullen M, espero que te sentara bien la ducha fresquita ;). Un beso.

Mentxu Masen Cullen, como dice Edward, no es nada que no tenga arreglo ;). Gracias.

tityscaya, sabias palabras. La calentura es la calentura. Gracias!

Patchmila Cullen Mellark, gracias, y sí, me ha quedado claro que te gustó ;).

Isel, espero que hayas revivido de la combustión ;). Es que nuestro Edward se lo tenía muy escondido, jejej. Un beso y gracias.

anamart05, es que yo no pensé en eso y una de mis betas me dijo "muy bueno el hot pero no he podido evitar pensar en todo mojado" jajja. Creo que si un hombre leyera esto no lo habría pensado. Besos y gracias!

Iga Emo - 12, sip, Bella sabe dar empujoncitos... lo que le hacía falta al chico. Un beso y gracias.

Nurymisu, tú también me has hecho pasar un buen rato leyendo tus rayadas, jajjaa. Un beso con lengua ;).

YoliCullen, gracias y no te disculpes. Me encanta que las pilles todas, sí, el OMG de Janice y la frase de Mike. Bravo por ti, y me gusta que te guste ;). Ah, tenía pensado ver ese video pero no te leí en casa y luego se me pasó, tengo que verlo. Bueno, me has espoileado un poco de quién va a ser la pareja de John pero por lo demás voy a disfrutar de ese video seguro. Te diré algo luego ;).

Milita Cullen, gracias, guapa. Si yo los quería dejar descansar, pero no quisieron! Gracias por tus recomendaciones, no eres la primera que me recomienda esos libros. Lo anoto. Ah, tu enorme en mayúsculas me llegó al alma, jajaj. Un beso.

Eli, gracias. Sí, después de un año esperando el pobre Eddie no podía más ^_^.

martuu341, me alegro de que te gustara el capítulo! Y sí, creo que ellos no están muy preocupados por eso en este momento, jajaja. Un beso.


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Capítulo 16

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Bella se abrazaba al cuello de Edward todavía jadeante, sus piernas aún alrededor de las caderas masculinas. No era una postura cómoda, pero no quería separarse de él demasiado pronto. Percibía la calidez de su piel contra la suya, el golpeteo de su corazón, su respiración tan agitada como la de ella en su cuello... La trepidante sensación que momentos antes había estallado dentro de ella sacudiendo su cuerpo desde su propio centro de gravedad iba poco a poco retirándose, como las olas en la marea. Ahora sentía aún una dulce sensación ondulante acompañada por paz.

Abrazada a él se sentía como si nada fuera a hacerle daño jamás. Como si nada más le fuera a hacer falta. Segura. Amada. ¿Era esto amar a alguien? No se parecía a nada de lo que había vivido hasta el momento. Fóllame, le había dicho ella. Y sí, él la había follado, y muy bien por cierto, pero al mismo tiempo habían hecho el amor. Había habido una conexión especial a través de sus cuerpos, algo nuevo para ella. Todo lo que él le hacía experimentar no se parecía a nada que recordara. ¿Sentiría él lo mismo? Le había dicho que estaba enamorado de ella. Y a Bella no se le escapaba que ella misma le había llamado "amor" sin pensarlo. Una vez había leído que las confesiones de sentimientos tras el acto sexual no eran fiables, porque las personas se podían dejar llevar por la mera lujuria y confundirse. ¿Y no sería al revés? ¿No sería en ese momento, donde se es más vulnerable, cuando se dice la verdad?

Qué manera de calentarte la cabeza... piensas demasiado, Bella Swan. Déjate llevar.

—Yo también estoy enamorada de ti, Edward—suspiró.

Hundió una de las manos en el húmedo cabello de la nuca masculina y lo acarició. Era una sensación deliciosa. Recordaba las incontables veces que había querido hacer eso, a lo largo de todos los meses desde que le conocía. Sus rebeldes manos siempre parecían tener voluntad propia y más de una vez se había tenido que sujetar a sí misma para no acariciarle el cabello. Pero siendo amigos como eran, eso habría sido algo inapropiado ¿no?

Él se apoyó en sus antebrazos y alzó la cara, que tenía apoyada en la almohada al lado de la de ella, para mirarla. Los ojos verdes tenían las pupilas dilatadas y parecían más oscuros, y el aliento cálido aún estaba acelerado. No contestó con palabras pero acercó sus labios a los de ella y los derritió en un prolongado y cálido beso.

Edward no tenía palabras. ¿Cómo podía expresar todo lo que sentía? De todas las experiencias sexuales que había tenido, esta había sido la más íntima. No sólo el momento de estar dentro de ella, sino todo lo que habían hecho antes. Porque que un cuerpo y otro estuvieran adheridos y chocando entre sí no hacía que la cosa fuera íntima, sino lo que uno sentía. Saboreó la boca de Bella, su lengua, sus labios suculentos, relajadamente, sin prisas. Ella también estaba enamorada. Sintió que la felicidad llenaba cada célula de su cuerpo. Ella había conseguido borrar un año de inseguridades en un tiempo récord, casi de un plumazo.

Aunque eso no era del todo cierto. Había algo que ansiaba escuchar de su boca. Todo su cuerpo le había demostrado su entrega y su placer... las contracciones de ella alrededor de él habían sido obvias. Pensando en eso... ¿podía fingir eso una mujer? Porque no era la primera vez que lo sentía. No vayas por ahí, chaval. Temió que la magia negra, la maldición de las brujas Jessica y Lauren volvieran a hacer su efecto en él si las recordaba demasiado. Pero entonces Bella respondió con más fuego a su beso y sintió una vibración en su entrepierna.

Vale, estoy fatal. Se ve que aún no has tenido suficiente, ¿eh? ¿Quieres dejarla irritada o qué? Le habló a su pene mentalmente, entre exasperado y divertido. Por supuesto, este siguió a lo suyo. Pues vas a tener que esperar. La verdad es que se estaba muy bien rodeado por los brazos y piernas de Bella, pero de ninguna manera era una postura que ella pudiera mantener mucho rato sin estar incómoda.

Al cabo de unos pocos minutos, a desgana y con cuidado, Edward se retiró del cuerpo de la chica. La sensación fue como salir de casa en un día terrible, helado, gris y tempestuoso... Ansiaba volver a su refugio, dentro de ella, con ella... Quedó con su pecho pegado al de Bella, las piernas entrelazadas, sintiendo como ella aún acariciaba su cabello y su cuello. Y de nuevo sintió la necesidad de escuchar esas palabras. Su cerebro quería procesar lo que su cuerpo ya había hecho hacía rato. Que para ella había sido una experiencia tan increíble como para él.

—¿Estás bien, Bella? Quiero decir... ¿Te... ha gustado?—Maldita inseguridad... pero necesitaba preguntarlo. Si una chica podía preguntarle a su pareja si estaba guapa, o mejor aún, recibir un espontáneo elogio... ¿Por qué estaba mal que él pidiera un poco de apoyo para su ego?

—¿No he gritado lo suficiente?—escuchó la sonrisa en su voz y levantó la cara para mirarla de nuevo a los ojos. En efecto, una amplia y perezosa sonrisa surcaba su preciosa y sonrojada cara, y los párpados le tapaban la mitad del iris. Era la viva imagen de la satisfacción— Edward, ha sido... joder, ¡ha sido el mejor polvo de mi vida!

—Me encanta cuando te pones poética—rió por lo bajo y le recorrió el labio inferior con el pulgar.—Sabes... He sentido tus contracciones... tan fuertes—la miraba maravillado.—Y dios, qué preciosa estás cuando te corres.

—Vaya, en un concurso de poesía no sé quién de los dos ganaría—apretó los labios para no reír pero el humor le bailaba en los ojos. A pesar de eso se sonrojó... no se acostumbraba a la forma en que él la miraba, tan cálida e intensa. Ni a su manera de hablarle... sólo escucharle decir esas cosas hacía que su cuerpo comenzara de nuevo a entrar en ignición y despegar. Houston, tenemos un problema. Soy una jodida obsesa en lo que concierte a este hombre.—Pero no te olvides que aquí la licenciada en letras soy yo —Continuó en tono de broma.

—Oh... lo sé—se acercó a la chica y acarició la nariz de ella con la suya.— Yo sólo soy un aprendiz—murmuró cerca de su boca, sus ojos anclados en ella.

Y Bella volvió a quedarse sin respirar. ¿Cómo coño hace eso? ¿Cómo un hombre así puede sentirse tan inseguro de sí mismo?

—Edward... —Bella tomó su dedo y le dio un mordisquito juguetón.— ¿A qué vienen las dudas? Además, si no hubiera llegado no pasaría nada... seguro que sabrías ponerle solución, me lo has demostrado unas cuantas veces esta tarde —susurró pícara, elevando las cejas repetidas veces.

Él no pudo evitar reír. Con ella todo era tan natural...

—No tengo dudas... sólo es que me gusta que me lo digas. Me hace sentir bien. Y lo sé... Soy un jodido inseguro.

Bella suspiró y miró aquellos increíbles ojos verdes. La fantástica sesión de sexo había sido perfecta. Pero no había borrado de un plumazo las inseguridades masculinas. ¿Qué esperabas, tonta? Bastante habéis avanzado en pocas horas. Y era cierto. Cuando había llegado a casa de Edward esa tarde con el capítulo en un lápiz de memoria jamás habría esperado terminar así. Y si tenía que repetirle varias veces que la había llevado más alto que ningún chico antes... lo haría.

Levantó la mano y hundió los dedos en el suave cabello de él, rastrillándolo y alborotándolo más. Aquel sedoso material era como un jodido imán para sus manos. Luego pasó rozando con las yemas la frente, ambos pómulos y el ángulo de su mandíbula, disfrutando del tacto de su piel.

—Edward... lo que oíste aquella tarde fue muy desagradable. Pero ¿sabes? La próxima vez que vea a esas dos guarras les daré las gracias. Porque gracias a ellas estamos juntos. Piénsalo así. Y voy a poner tal SBF que se van a poner verdes de envidia—entrecerró los párpados, pronunciando las palabras con vehemencia.

Edward aún estaba riendo para sí al escuchar el adjetivo que su en apariencia dulce chica acababa de dedicar a sus ex cuando la miró con curiosidad.

—¿SBF?—frunció el ceño.

—Sonrisa de bien follada—lo miró sin pizca de recato.

—Eres adorable—los labios del cobrizo se curvaron, la abrazó con fuerza y en un rápido movimiento volteó sobre sí mismo, quedando ella apoyada sobre su pecho y él de espaldas sobre la cama.

—No he dicho nada que no sea cierto. Edward... no puedo comprender cómo las creíste. Ellas... no son gente legal. Y tú... tú eres increíble. Hace meses ya sabía que lo eras como persona, pero ahora sé que también como amante. Cualquier chica me envidiaría y estoy segura de que ellas no son la excepción —murmuró Bella muy seria, sintiendo en su oreja el fuerte palpitar del corazón masculino. El suave vello del pecho del chico le hacía cosquillas en la piel y levantó la mano, jugueteando con los rizos rubios con la yema de sus dedos.

—Bella...—la voz del chico hizo que la parte de su cara que estaba en contacto con su tórax vibrara. Edward hizo una breve pausa y tomó aire. Sus brazos se cerraron alrededor de ella.—No sé por qué aquello que escuché me hizo tanto daño. No sé por qué no pensé "vaya montón de mierda" y volví a empezar con otra chica, sin más. De pronto me pareció que todo lo que había tenido hasta aquel momento era nada... sólo una enorme nada. Y me sentí...—hizo una nueva pausa, como si no supiera cómo seguir. Bella trepó por su cuerpo hasta alcanzar la hermosa cara del chico, y le dio un suave beso en los labios, mirándolo expectante.— Me sentí parte de esa nada. Y de repente todo lo que había tenido hasta el momento, incluida mi confianza con las mujeres, se esfumó. Fue... una especie de revelación. Me vi como una mierda pero al tiempo fue una especie de liberación, ¿sabes? –Le besó los labios y la nariz, la barbilla y los pómulos, con ligereza.—Hasta que te conocí a ti. Eras tan distinta a todas las mujeres que hasta entonces había dejado entrar en mi vida, como un soplo de aire fresco—le sonrió con dulzura y Bella tuvo que parpadear para poder sostenerle la mirada.—Eso hizo que me atrajeras de inmediato. Desde el primer momento en que te vi mirarme y sonreír de aquella forma. Desde que te oí decir mi nombre. Pero no podía permitir que te dieras cuenta. Ni tú ni nadie. Sólo de pensar en una situación como esta me hacía sudar y temblar las manos.

—Siento el daño que te hicieron—le acarició la mejilla y de pronto él le tomó la cara entre sus manos.

—Y yo el que te hicieron a ti—la miraba profundamente, sondeándola, queriendo meterse en su mente.

Ella parpadeó y retuvo la respiración, los labios apretados. Pero no era por su pregunta, sino por los recuerdos que esta le había evocado. Pero él se había sincerado desde el primer momento. Al fin y al cabo no soy la única de la relación a quien un exnovio ha puteado, pero sí la única que no habla de ello. Y ya es hora.

La chica se quedó mirando aquellos ardientes iris por unos instantes, pensando en lo que le había dicho, y de pronto recordó unos ojos azules que la miraban con desinterés.

—No... ahora ya está olvidado— contestó sin pensar. Cuán distinta era aquella mirada verde de la de Mike.

Edward no creía esta afirmación, aunque no la discutió.

— ¿Cuánto tiempo estuviste con él?— se interesó.

— Demasiado—exhaló.—Cinco años.—Frunció un poco el ceño.

Edward hizo sus cuentas. Bella tenía veintidós, a punto de cumplir los veintitrés, y había llegado a Seattle en enero. Dedujo que aquel chico había sido un novio de la adolescencia, probablemente el primero, y quizá el único.

Las manos de la chica acariciaban detraídamente la cara del cobrizo de forma laxa, apoyada sobre las caderas masculinas, y mientras se dejaba acariciar la espalda de arriba abajo por las diestras manos del joven tenía la mirada perdida en sus recuerdos.

—No lo comprendo... entonces... ¿nadie te ha dicho nunca lo bonita que eres?—insistió él.

La castaña dejó escapar una risita como si él le hubiera explicado una cosa muy graciosa. Pero había sonado un tanto amarga.

—No, para él yo era del montón. Me hacía creer que podía considerarme feliz de que alguien como él, el chico más popular del Instituto y luego de la Universidad, se hubiera fijado en una chica tan anodina como yo. Lo más bonito que me decía era que le gustaba mucho como follaba. Hasta que encontró a otra que follaba mejor. Y además era mucho más guapa. El pack completo. Ya ves... una historia de lo más vulgar—Se encogió de hombros, restándole importancia. No quería que sonara tan amargo pero su propia voz la traicionó.

—No es vulgar, porque es tuya. Lo siento... no debería haber sacado el tema—su voz sonaba triste. Le rodeó la cintura con un brazo, la espalda con el otro y la ciñó fuerte, intentando expulsar del aire que había entre ellos aquellas palabras que habían quedado flotando.

Bella sintió el cálido cuerpo del chico rodeando el suyo, la barbilla apoyada sobre su cabeza, y se sintió bien. Los recuerdos de Mike, de sus desprecios, sus engaños... todo pasó por su mente como si viera una película.

Y se dio cuenta de que todo aquello era pasado. Que Mike era pasado, nada más que eso. Era así. De pronto se preguntó por qué había tardado tanto en hablar con Edward de eso. Fue como hacer un exorcismo.

—No te preocupes—le afectaba mucho sentir la tristeza de Edward. Tomó aire con dificultad por la fuerza con la que el chico la apretaba, pero no quería que la soltara. Quería sentirse así, en sus brazos... en su hogar.— Llevaba tanto tiempo con él que todo parecía normal. Hasta que en la Universidad me aficioné a leer novela romántica. Y un día me animé y empecé a escribir fanfics. Y otro día, viendo una película romántica... tuve una especie de iluminación.—La voz salía monocorde, limpiando la toxicidad de los sentimientos, el resquemor que aún quedaba en el fondo de su alma.— Llevaba tanto tiempo con él, toda mi adolescencia, que me estaba pareciendo normal todo aquello. Hasta que de pronto decidí que lo que tenían las heroínas de las historias que leía, las que escribía... yo lo quería. Que me merecía eso, un hombre que me respetara y me hiciera sentir amada, o no quería nada. Así que le dejé. Me persiguió durante un tiempo, porque su ego sufrió con lo de que fuera yo quien le abandonó. Eso no se lo había esperado jamás, me despreciaba demasiado como para pensar que fuera a tener la fuerza para hacer eso—soltó una risita silenciosa y amarga.—Incluso me hizo dudar. Hasta que me enteré de que me había sido infiel y eso, aunque me hizo daño, sólo hizo que terminar de convencerme de que había hecho bien y darme todas las fuerzas para mandarle a la mierda.

—Menudo imbécil... –Edward apretó la mandíbula con fuerza. Estaba furioso de pensar que alguien hubiera tratado de esa forma a la delicada criatura que tenía en sus brazos.

—Eso ni se le acerca. Bastardo cabrón de mierda sería su primer nombre, y no me hagas decir los apellidos—sonrió angelicalmente como si hubiera dicho que el cielo era azul y el sol brillaba.

Vale, una delicada criatura un poco deslenguada.

—Definitivamente estás hecha una poeta.— No pudo evitar reírse a pesar de seguir mosqueado con el ex de Bella. Ella se había vuelto a apoyar en su pecho, con la barbilla sobre las manos cruzadas, y lo miraba embelesada.

—Cuando vine aquí casi había decidido ser lesbiana. Hasta que Alice me presentó a su hermano. Pensé que me había hartado de chicos guapos. Pero...—se sonrojó—cuando te vi cambié de idea. No sólo eras increíblemente guapo... parecía que no te importaba. Cuando salíamos en grupo veía como las chicas se te echaban a los pies, y tú simplemente intentabas no herirlas. Creo que ahí empecé a enamorarme de ti.

Aunque pensaba que era un amor imposible porque creía que eras gay. No, eso no se lo puedo decir ahora... ni siquiera sé si él conocía los rumores.

Él la miraba con aquella intensidad que Bella no le había visto hasta esa misma tarde, aquella que le llegaba al alma.

—¿La piel de gallina es por la emoción o por estar en mis brazos?—bromeó el cobrizo.—Porque no quiero que te pongas enferma.

De pronto Bella se dio cuenta de que tenía algo de fresco. Aunque era verano, la temperatura estaba bajando pues el sol ya se había puesto.

—¿Qué hora es?— Bella abrió mucho los ojos, siendo consciente por primera vez de que ya era de noche. Se sentó en la cama frotándose los brazos, y buscó un reloj por la habitación.

—Las ocho—Edward se había estirado hacia un lado de la cama para mirar el reloj despertador de sus padres.

—¡Joder! ¡Charlie! ¡Mierda!—se lo quedó mirando en shock, y él se sentó, tomándole la barbilla entre su pulgar e índice.

—¿Qué? ¿Qué pasa?—la observaba extrañado por su reacción.

—Eeh...—ella bajó los párpados un tanto avergonzada— Como tú y yo no habíamos hecho planes... para la noche... esperaba a saber algo para mandarle un mensaje. Y se me ha ido el santo al cielo. Por completo—le miró sonrojada.

—Bueno, mi ego masculino está muy feliz con eso. Pero no quiero que tu padre se preocupe. Mándale un mensaje y dile que te quedas con...—su expresión le detuvo y la miró de hito en hito.—¿Tu padre aún no sabe nada de mí?

Oh... mierda.

—No...—la respuesta fue casi inaudible.

Él la contempló con el ceño un tanto fruncido. Esme y Carlisle sabían que salía con Bella desde el día siguiente al viernes en el que se habían besado y lo habían hecho "oficial". Quizá se había precipitado, pero se sentía tan feliz por primera vez en muchos meses que había querido compartirlo con sus padres, y dio la casualidad de que Esme llamó aquel día desde Hawaii, su último destino antes de volver a Seattle.

—Ah...—repuso por fin, intentando procesar la información. Quizá lo raro era lo suyo. Eso de ir soltando a tus padres que salías con una chica a la primera de cambio no era normal. Pero llevaban una semana saliendo, y saliendo en serio. No era un ligue, para él Bella era algo más. ¿Quizá ella no pensaba lo mismo de su relación? Ahora comprendía el por qué de sus evasivas a la hora de ir a su casa.

No seas plasta. Te acaba de decir que está enamorada de ti. Cierto, ¿entonces? Pero joder, que ya no tenemos quince años. ¿Por qué se esconde? De pronto recordó las palabras de la chica.

"Charlie... El tema es que para él los pocos chicos que se me han acercado nunca han sido lo suficientemente buenos para mí..."

Se sintió un poco dolido. ¿Quizá el padre de Bella pensaría eso de él? Suspiró largamente.

—Está bien... –esbozó una rápida sonrisa mientras le acariciaba un húmedo mechón de cabello.—Voy al baño. Si quieres puedes aprovechar para hablar con él.

Bella contempló su espalda mientras él se metía de nuevo en el baño.

Mierda. Soy una imbécil.

Entonces Edward volvió a salir con un albornoz y se lo tendió.

—Toma, no quiero que pases frío.—Se volteó y cerró la puerta a sus espaldas antes de que ella pudiera contestar.

Se anudó el albornoz a la cintura mientras se dirigía hacia el comedor de la casa Cullen, y tomó el móvil de su bolso.

—Será...hijo de...—masculló mirando la pantalla.

Lo había silenciado mientras Edward repasaba el capítulo y por razones obvias había olvidado volver a conectar el sonido. En esas pocas horas Jake le había dejado diez mensajes de texto, y tenía un par de llamadas perdidas de él. Y un par de Charlie. Sintió la ira subirle por la cara, contrayéndola en una mueca. La estrategia de ignorar a ese cabrón era evidente que no funcionaba. Pero antes de decidir qué hacer tenía que hablar con Charlie.

—¿Papá?

—¿Bella?—parecía aliviado.—Te he llamado hace un rato... ¿todo bien?

Mejor que bien... No pudo evitar que el pensamiento penetrara por toda su conciencia. Estaba mejor que hacía meses. Charlie se alegraría de verla así, o tendría que esforzarse en hacerlo.

—Muy bien, papá. Sólo había silenciado el móvil, ya te contaré.

—¿Vienes a cenar a casa? Si no has cenado ya... He pensado que podíamos pedir comida del restaurante indio que te gusta tanto.

Se mordió el labio. Le sabía mal, pero prefería pasar la noche con Edward. Y el fin de semana completo. Se sintió una hija traidora y luego se dio un coscorrón mental por su sensación de estar abandonando a Charlie.

—Voy a pasar por casa, papá, pero no me puedo quedar a cenar.

—Ah...de acuerdo—su voz sonaba dubitativa.—¿Seguro que estás bien?

—Sí, papá—repuso con voz cansina. ¿Todos los papás policías serían tan protectores? De nuevo se sintió culpable. Ella también se sentía así con él... de ahí que le doliera dejarlo esa noche. Era un camino de doble sentido.

—¿Te marchas?—la voz, a pesar de ser suave, le hizo dar un respingo mientras cerraba el móvil. Y parecía más una afirmación que una pregunta.

—Sí...—se volteó y al mirarle tuvo que tomar aire bruscamente. El chico en cuyos brazos había pasado la tarde estaba apoyado en el dintel de la puerta, los brazos cruzados y la cabeza un poco ladeada, en una actitud casual que ya le había visto otras veces. La miraba con incertidumbre. Y ella pensó que jamás se acostumbraría a contemplar a Edward sin que su mandíbula tendiera a descolgarse de su cara. Su cabello rebelde volvía a tomar su perfecta no-forma habitual aunque seguía oscurecido por la humedad. Llevaba una camiseta roja que Bella anotó de inmediato como una de sus favoritas, y unos vaqueros oscuros.

La chica lo contempló de abajo arriba, devorándolo con la mirada. Por dios, Bella. Has follado con él. Sabes que es humano. Deja de mirarlo así o lo vas a asustar. Cierra la boca por lo menos, no vayas a babear. Respira.

Se dio cuenta de que él de alguna forma le había leído los pensamientos, porque esbozó su deslumbrante sonrisa torcida y los ojos se le iluminaron.

Vale, si llevara bragas se habrían desintegrado. Menos mal que aún no estoy vestida...

Como Bella no decía nada más él volvió a tomar la palabra.

—¿Te llevo a casa? Pero antes tendrías que ponerte algo de ropa—la señaló de arriba abajo con la mano extendida.—No creo que a tu padre le apetezca detenerte por escándalo público—apretó los labios escondiendo una sonrisa.

Ella sonrió y le sacó la lengua. Parecía que el ambiente entre ellos se había vuelto a aligerar.

—Claro... –se giró y se dirigió al sofá, donde había dejado toda su ropa tirada.—Escucha, Edward... le voy a explicar a mi padre lo nuestro. Y si quieres...—bajó el tono de voz—podemos pasar la noche juntos.

—Eso sería perfecto—. Bella se sobresaltó al escuchar la voz de él justo tras su espalda. ¿Cómo se había movido sin que lo oyera?

Sus brazos la rodearon por la cintura y sintió sus labios en su cabello. Se relajó de inmediato como por arte de magia y se apoyó contra el pecho de él, inspirando para llenarse de su olor.

—Puede que no le gustes. No, seguro que no le gustas. Ya te lo expliqué, es muy protector, y más aún después de lo de... aquél.

—¿Lo sabe?

—Oh, claro que sí. Fue uno de los motivos para que yo quisiera mudarme, y lo sabe. Escucha... no se lo tengas en cuenta, ¿vale? Te dirigirá una mirada en plan "como le hagas daño a mi pequeña te vas a arrepentir toda tu vida, chico", pero tú tranquilo, ¿eh? Es perro ladrador, pero no muerde.

—Jamás había estado tan tranquilo.

—¿Sí?

—Sí... de hecho no he escuchado nada más desde que has dicho que vamos a pasar la noche juntos—dijo muy serio.

Bella se giró y le dio un suave puñetazo en el hombro, aguantando la risa.

—¡Eh! Esto es serio.

—Por supuesto— compuso una expresión circunspecta.— Vamos... cuanto antes vayamos antes volveremos aquí.

—Qué impaciente...—alzó una ceja y lo miró de hito en hito.— ¿Tengo que preocuparme? ¿Pretendes que no salgamos de tu casa en todo el fin de semana?

Los bonitos labios del chico se fruncieron en una mueca encantadora y sus cejas se alzaron, componiendo una deliciosa expresión de inocencia.

—Oh, vaya, ni se me había ocurrido.

—Ya, ni a mí tampoco—la castaña sonrió y se dirigió hacia el baño de los Cullen con toda su ropa.

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—¿Seguro que no quieres que te acompañe?—Edward apagó el motor y giró la cara para mirar el perfil de su chica. Bella tenía la expresión nerviosa y se estaba mordisqueando los labios. Y estaba preciosa... no podía dejar de pensar en volver a estar dentro de ella.

Oh, dios... todo el fin de semana con ella... Sintió un tirón en su ingle. Eres un jodido salido. Deberías estar preocupado por lo que viene ahora.

—No... es mejor que lo haga sola— le sonrió con timidez.—Ya tendrás tiempo de aguantar miradas asesinas.

—De acuerdo... te espero aquí. Un momento. —Salió del coche y tras dar la vuelta abrió la puerta del lado del copiloto.

—Gracias...—aceptó la mano que él le tendía.—¿Qué tienes, ochenta años?—se burló.

—Sólo soy un caballero que sabe tratar a las damas—cerró la puerta sin soltarle la mano y sonrió engreído.

—Oh, desde luego que sabes tratar a las damas—le miró pícara. De pronto se vio arrinconada contra la puerta del coche, los brazos de él enjaulándola, sus caderas presionando su evidente erección contra su abdomen, y su cara... dios, esa preciosa cara transformada por la lujuria, cerniéndose sobre ella.

—No tardes, Bella—la besó con hambre y ella se colgó de su cuello, adherida a él como una segunda piel. Completamente rendida, abrió sus labios dejando que él profundizara la placentera invasión. Cuando cortaron el beso ambos estaban jadeantes.

—Lo intentaré—susurró contra su hombro.

De pronto algo cerca de ellos le llamó la atención. Era más una sensación que algo que hubiese visto. Apartó los ojos de él para mirar y su sonrisa se congeló en su cara.

Tragó saliva y enrojeció hasta la raíz del cabello.

—Hola, papá.


Bien, hacía falta que hablaran, no? Ay... esta juventud ardiente... aunque no sé si Charlie lo verá igual ;) . Un beso a todas!