Hola, preciosas lectoras. Bueno, voy a decepcionaros un poco:
Primero: Este NO es el último capítulo. Soy un completo desastre calculando cuántas palabras necesitaré para contar lo que quiero contar. Y quedaba bastante por contar, sorry. A todas las que me habéis comentado el previo (y que están registradas aquí ;)) os he mandado una respuesta de review donde decía que lo publicaría "aunque fuera largo". El tema es que llevo ya cerca de 16 páginas y más de 7000 palabras, y sin terminar. Y no es sólo eso. Lo más importante es que lo he releído dos veces y me da la sensación de que todo junto no pega, el texto me pide separación. Así que he decidido publicar la primera parte ya, y el final el viernes de esta semana. Ni siquiera está beteado, espero que me perdonéis si hay errores.
Segundo: sé que esperabais continuación de lo del coche, pero ellos me pedían un descanso. Y sabéis que soy su marioneta. Pero prometo compensar en el último, y... en el epílogo.
Gracias a Meryjo por enseñarme el término "viejos del visillo", cotillas. Gracias a todas vosotras, pacientes lectoras.
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Capítulo 18
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—En serio, Alice. A veces no sé por qué te amo. Creo que soy masoquista—la cara de sufrimiento de Jasper era épica.
—Un poco sí lo eres—le guiñó un ojo.—Vamos, piensa que puedes ganar 100 dólares y un favor sexual—exclamó al mismo tiempo que un par de ancianas pasaban por su lado.
Las mujeres se los quedaron mirando con los ojos como platos y aceleraron el paso. Alice les sonrió y saludó cuando ambas se voltearon para echarles otro vistazo, y todavía aceleraron más el paso, aunque parecía imposible dada su edad. Cuando se giró su novio estaba escarlata y miraba hacia otro lado como si no la conociera.
—Oh, vamos, no seas reprimido. No hay nada de malo en el sexo.
—Tampoco lo hay en quitarse mocos pero no lo vamos hablando en público—la miró ceñudo.
—¿Comparas quitarse mocos al acto sexual?—esta vez fue ella la que arrugó el entrecejo.
—Joder, Alice, deberías haber estudiado derecho, en serio... –resopló.—Vamos, haz esa llamada antes de que nos detengan por escandalizar a las abuelas del barrio y los Cullen no nos dejen volver a su casa jamás.
—Yo soy una Cullen.
—Precisamente.—Ella le ignoró y tomó su móvil del bolso.—Lo que no sé es qué hacemos aquí. Les podíamos haber llamado desde mi casa, o desde cualquier otro sitio de Seattle.
—¿Qué? ¿Y darles oportunidad de escapar? Ni hablar. Llamamos y si dicen que están en casa y que podemos subir subimos, echamos un vistazo y nos largamos.
Jasper negaba con la cabeza, incrédulo.
—¿En serio les vas a preguntar si han follado?
—Vamos... –se indignó. —¿Crees que no lo voy a saber en cuanto los vea?
—Si se enteran de que hemos hecho una apuesta se van a enfadar con nosotros.
—No se enterarán si tú no les dices nada.—Se aclaró la garganta y lo miró con aire suspicaz.—Espero que sepas ser discreto por esta vez.
—A veces creo que te odio—estrechó los ojos, mirándola. Ella le hizo un mohín y tomó su móvil.
—¿Bella? Verás, es que Jasper y yo vamos a pasar por casa, y no querríamos interrumpir nada...
—¿Cómo no vas a poder pasar por tu casa? Ven cuando quieras, Alice.
—¡Bien! Están juntos en casa —susurró a Jasper, quien no pudo evitar acercar la oreja al móvil, como si así pudiera escuchar algo.— Pues estamos llegando, así que en nada estamos ahí.
—...
—¿Bella?—hizo el gesto con el pulgar levantado, como indicándole a Jasper que era ella la vencedora.—¿Seguro que no... os molestamos?—sonrió radiante. Estaba segura de que sí, de que molestaban.
—Eh... no, subid cuando queráis. Edward y yo estamos viendo una película.—La decepción se pintó en la cara de la morena. ¿Una película la tarde de un domingo? ¿El segundo fin de semana que tienen para ellos solos? Estos siguen vírgenes.
Le sabía mucho más mal por su hermano y su amiga que por perder la apuesta. Quedó silenciosa tras colgar la llamada.
—Eh... yo creo que es lo mejor para ellos.—Jasper le frotaba el hombro, consolándola.—Están haciendo muchos avances. No es cuestión de ir demasiado rápido, un mal paso podría provocar un retroceso importante.
Adelantándose, le aguantó la puerta para que entrara y el portero del edificio les saludó.
—Ya... –apretó la mano que le ofrecía su chico.—Pero es que... no sé, les veía tan cerca...— Y yo que pensaba que les había dado un buen empujoncito con la idea del capítulo...
—Paciencia—le dio al botón de llamada del ascensor y le sonrió.—Cuando tenga que ser será.
—Supongo...—repuso la morena con un mohín de disgusto— que necesitan más tiempo. Pero ya sabes –miró los ojos azules de su chico— que tengo buenas intuiciones, y este fin de semana me daba buenas vibraciones.
—¿Seguro que esas buenas vibraciones no eran por algo que te has dejado puesto dentro?—se mofó Jasper.
—No sé si será eso—le fulminó con la mirada mientras daba un paso para entrar en el ascensor— pero tú te has quedado sin follar para el resto de la tarde y noche. Acabas de recordarme que eres fácilmente sustituible por un aparatito minúsculo.
Jasper no pudo evitar reírse a pesar de que sabía que Alice en ese momento estaba hablando en serio.
Desde la puerta abierta del recibidor se escuchaban voces que venían del televisor.
—¿Otra vez esa peli de los clones?— preguntó la morena, elevando el tono de voz mientras se dirigía al comedor.
—No son clones, son replicantes. ¿Qué problema tienes con Blade Runner?—la voz de Edward sonaba... relajada. Absoluta y completamente relajada, suave como la seda... y feliz.
Lo sabía. Era su hermano, le conocía bien, y lo sabía.
Jasper se quedó cerrando la puerta con llave. Alice se plantó en el comedor y escaneó a la pareja. Edward estaba sentado con los pies desnudos encima de la mesa, vestido con vaqueros y una camiseta negra, con su pelo tan revuelto como siempre, y Bella estaba estirada a lo largo del sofá, con la cabeza apoyada en el pecho del chico, quien pasaba uno de sus brazos por la cintura de ella.
Y ambos la miraban con cara de no haber roto un plato en su vida.
Alice parpadeó, sin poder apartar la vista de la pareja. Sí, han follado, y mucho.
—¿Vosotros dos estáis demasiado mayores para salir un domingo por la tarde?—se mofó la voz de Jasper en su camino hacia el dormitorio de los Cullen, donde estaba el baño más cercano.
—Lo que están es demasiado cansados—murmuró Alice.— Creo que no habéis salido de casa en todo el fin de semana.—Se acercó a ellos lentamente, mirándolos tan ufana como sorprendida, como si fueran el feliz resultado de un experimento de laboratorio. De pronto bajó los ojos hasta el sofá y señaló el mueble. —Lo habéis hecho ahí. Esa funda estaba recién cambiada, y ahora hay una distinta.
A estas alturas del monólogo de Alice Bella ya estaba escarlata, y Edward seguía componiendo la misma expresión inocente.
—Se derramó el café.
—¡Ja! No me hagas decir lo que se derramó ahí.—La morena se cruzó de brazos, sonriendo con expresión triunfante.
—¡Alice!—exclamó su amiga, en una especie de quejido afónico.
—¿Se puede saber qué ha pasado en la habitación de tus padres, Edward?—Jasper apareció de repente en el umbral del comedor, la mirada confusa.—¿Hubo un escape de agua o qué? El colchón está apoyado sobre una pared con manchas de humedad.
Alice se tapó la boca ahogando un gritito, los ojos muy abiertos, fingiendo estar escandalizada.
—¿En la habitación de papá y mamá? Ni siquiera yo me he atrevido a eso, pequeño pervertido. ¿O me vas a decir que ahí se derramó la sopa?
—¿Qué? ¿Lo habéis hecho?—Jasper miraba a Edward incrédulo.
Bella se había sentado y se tapaba la ardiente cara con ambas manos. Alice estaba tan feliz que parecía a punto de despegar y dar botes contra el techo como si fuera Roger Rabbit con una copa de más. El único que permanecía sereno era Edward. Tomó aire con fuerza y suspiró largamente antes de hablar. Será mejor que lo acepte o este par de viejos del visillo no nos van a dejar tranquilos. Joder, con lo bien que estábamos Bella y yo.
—No lo habréis hecho también en mi habitación...—Alice de repente parecía preocupada.
—Tu habitación es el único sitio de la casa que hemos respetado—declaró muy serio.
—¡Edward!—Bella le golpeó en el hombro no demasiado cariñosamente, sin terminar de creer lo que estaba presenciando.—¿Por qué no lo publicáis en el Cullen News? Seguro que vuestros padres estarán encantados de saberlo.
—Oh, y tanto, espera a que mamá se entere de lo de la cama—repuso maliciosa con la vista clavada en su hermano.
—Le enseñaré tu maletín de juguetitos, esos que fabrican los elfos pervertidos de Santa Claus, a ver qué le parece—contraatacó Edward.
Alice entrecerró los párpados. Aunque hablaba con sus padres sobre sexualidad con bastante libertad su confianza no llegaba a tanto.
—Oh, por dios, me largo y cuando resolváis vuestros conflictos me avisáis, ¿vale?-hizo ademán de levantarse.
—¡No, Bella!—exclamaron ambos hermanos al unísono y eso la detuvo. Miró a Edward y después a Alice. Por fin habló la menor de los Cullen.
—Son bromas entre hermanos... ¿De veras crees que sería capaz de decírselo a mi madre?—Entonces la castaña arqueó una ceja, demostrando duda.—Bella, yo soy discreta, y lo sabes—se indignó la morena.
—Ahora era yo quien bromeaba...—sonrió Bella. La morena le correspondió con alivio. De pronto se dio cuenta de que su novio estaba mirando a Edward con expresión triste.
—Ehh... Bells, ¿qué te parece si vamos a la cocina a tomar un café?—hizo un gesto con la cabeza señalando el lugar y compuso un gesto cómplice. Bella se quedó mirando a Jasper, sorprendida por su reacción.
—Ah, vale.
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...
Jasper se acercó a su amigo y, tras sentarse en el sofá a su lado, le palmeó el muslo.
— Edward...— exhaló lentamente y contempló la cara de felicidad de su amigo.—Eres mi primer paciente y también mi primer fracaso. Ya veo el caso que me haces... En serio que me están dando ganas de cambiar de profesión... aunque a falta de una asignatura para terminar es demasiado tarde, ¿no?– Se lamentó el rubio.
—¡No! Escucha, tío, no seas idiota. Esto es lo que hacen la mayoría de pacientes, lo sabes, ¿no? Buscan tu ayuda pero casi nunca siguen tus consejos ciegamente. Prueban cosas distintas. Deberías tenerlo claro. Yo...—se miró las manos entrelazadas— sencillamente, he seguido mis instintos. Sólo eso.
Tras una breve pausa en que ninguno de los dos habló, Edward volvió a fijar sus pupilas en su amigo. Seguía con aspecto decaído pero sonrió. Jasper estaba viendo a su amigo recuperado, era obvio, y la felicidad que Edward transpiraba por todos sus poros era altamente contagiosa. Le dio un puñetazo cariñoso en el hombro.
—Me alegro por ti, tío.
—En serio, Jazz, no sabes cómo te agradezco todo... tus consejos, tu ayuda... todo... incluso te debo agradecer cosas que ni te imaginarías.
—¿Qué?—el rubio arrugó el ceño y su amigo lo miró con complicidad.
—Bueno... no creo que Bella se moleste porque te lo diga.—Sonrió con aspecto soñador.
El rubio no pudo evitar sonreír ante esa expresión de alelado. Dios, este está hasta las trancas.
—¿El qué? ¿Qué quieres decir con eso?—inquirió, interesado. El cobrizo se le acercó un poco más, aumentando su aire de secreto de estado.
—Bella es Roxana —susurró.
—¿QUÉ?—gritó el rubio.
—Joder, tío, sin gritar... se supone que te estoy haciendo una confidencia, ¿o no?
—Pe...perdona, es que no sé si he oído bien—farfulló.—¿Puedes repetirlo?
Edward suspiró. Su amigo estaba muy raro. Demasiado sexo con mi hermana le ha alterado las neuronas. Encontró divertida la situación.
—Que Bella es Roxana, la autora del fic que yo estaba beteando. ¿No te parece una casualidad genial?—sonrió de oreja a oreja.
Jasper lo miraba como si le hubiera salido un tercer ojo en la frente. Parecía a punto de entrar en estado catatónico. Hasta Edward se empezó a preocupar. El psicólogo comenzó a hablar de nuevo, midiendo cuidadosamente las palabras.
—¿Quieres decir que uno de los fics favoritos de Alice... bueno, y mío, que por eso te lo recomendé, está escrito por... Bella? ¿Bella Swan?—mientras el psicólogo hablaba Edward no paraba se asentir, como si tuviera un tic nervioso en el cuello.—. –De repente en su mente se hizo la luz, tan potente como un flash.— ¡Eso explica muchas cosas!—casi gritó de nuevo.
—No te entiendo, Jasper—el estudiante de medicina lo miraba con aspecto confundido.—Y en serio que me estás empezando a preocupar.
El rubio ignoró sus palabras y se quedó mirando al vacío, silencioso, mientras su cabeza comenzaba a unir piezas del puzzle, una tras otra.
—Bella compartió el fic con Alice. Alice conmigo. Yo contigo. A ti te gustó tanto que te ofreciste a betearlo... Eso sí que fue algo del destino... —entrecerró los párpados, pensativo, sumergido en su monólogo.— ¡Entonces cuando charlabas con Roxana por Messenger era Bella!—miró a su amigo de pronto.
Unas palabras hacían eco en sus neuronas una y otra vez, un recuerdo que ahora aparecía iluminado con focos potentes y hasta con música de fondo. Recordaba una conversación, no hacía mucho, en el coche. Era la voz de Alice diciendo: "Está bien, no hace falta que me lo digas. Yo te lo diré y así no rompes ningún secreto. Roxana es la autora del fic "Hechizo de sangre", ¿sí o no?"
—Sí...—repuso el cobrizo. Continuaba mirando a su amigo con cautela, como si este fuera a tener una crisis mental aguda.
—Alice...
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—Siéntate, anda. ¿Quieres tomar algo?
—Sí, una cola iría bien.
Alice se dirigió a la nevera mientras Bella se sentaba a la mesa de la cocina. Le echó un vistazo y se rió entre dientes.
—¿Qué pasa?
—Que estás dolorida y se te nota al sentarte. Ya te dije que conocía a mi hermano. Y después de un año de reposo...—acentuó su sonrisa, sin terminar la frase. Abrió un par de coca colas y se sentó enfrente de una sonrojada Bella.—No habéis salido de casa en todo el fin de semana, ¿verdad?
—Alice, se vuelve a abrir la veda para hablar de mi vida sexual con tu hermano—intentó aparentar enfado mientras le daba un sorbo a la bebida. La morena compuso uno de sus pucheros y Bella suspiró, sus mejillas completamente coloreadas— No... Casi no hemos salido de vuestra casa. Sólo un rato el viernes por la tarde para ver a Charlie, y el sábado para comer con él—explicó pacientemente.
La menor de los Cullen abrió los ojos como platos.
—Uao, ¡entonces ya es oficial! ¿Y cómo reaccionó el inspector Swan?
Bella le explicó a su amiga con pelos y señales lo que pasó el viernes por la tarde con Charlie, contenta de desviar la atención de Alice a temas con los que se sentía más cómoda.
—Bueno, se puede decir tu hermano va bien encaminado—curvó sus labios al terminar de relatarle la escena.—Mi padre me dejó KO el sábado cuando me pidió que él viniera a comer con nosotros, si le apetecía. Y el pobre aceptó—soltó una risita.
—Mi hermano te ama—puso los ojos en blanco.
—Oh, no es que lo dudara, pero ahora estoy segura. Soportó casi dos horas de interrogatorio policial durante toda la comida. Y he de decir que ha superado la tercera prueba.
—No lo dudaba—Alice fingió gran seriedad.— Los Cullen somos así.
—¿Cómo somos?—la voz de Edward las sobresaltó a ambas. Se encontraba parado en el umbral de la cocina con Jasper detrás, quien parecía estar haciendo una detallada inspección del techo. El tono sonaba suave como la seda pero afilado.— ¿Metomentodos? ¿Manipuladores? ¿Maquiavélicos? Anda, mira, todo empieza por "m"... como Mary Alice.
Bella miraba sin comprender y Alice clavó sus ojos verdes en los de su hermano con toda tranquilidad.
—Edward, qué mal concepto tienes de ti mismo. Creo que deberías valorarte más.
El cobrizo se inclinó hacia delante y se apoyó sobre la mesa, cerniéndose sobre su hermana como un ave de presa, clavando los ojos en los de ella, quien le devolvía el gesto sin apenas un leve pestañeo. Los iris verdes refulgían con ira. Bella pasaba los ojos de uno a otro, aún sin comprender. Jasper ahora estaba estudiando los interesantes cordones de sus zapatos.
—Mary. Alice. Cullen. Aún no sé si matarte o darte las gracias. Igual que a este—señaló con el pulgar hacia atrás sobre su hombro y Jasper se sonrojó, su gesto y todo su cuerpo expresando a gritos lo incómodo y avergonzado que se sentía.
—¡Jasper! ¿Qué coño pasa contigo?—se indignó la morena.— ¿No tienes capacidad para guardar un secreto?
—¡Contigo no! ¡Fue un error pensar que podía tratar a tu hermano y mantener el secreto profesional! —El rubio dio un paso adelante, ya más enfadado que avergonzado. Bella ahora paseaba sus ojos entre los tres, no atreviéndose a interrumpir pero sumamente interesada en lo que se hablaba, pues intuía que tenía que ver con ella.— Él ya sabe que Bella es Roxana, tú lo sabías y ahora por fin lo sé yo. –Escuchó un gritito de la castaña pero la ignoró y prosiguió.— Se lo he contado todo, Alice... No podía más con el remordimiento, no sólo rompí el secreto profesional, traicioné a un amigo. Y que eso al final haya tenido final feliz no me hace sentir mucho mejor...—su voz se apagó y miró a su amigo con cautela.—Tenía que habértelo contado hace tiempo.
—Menos mal que ya no me hacen falta tus servicios, porque te juro que de lo contrario te echaba a patadas—repuso Edward, sofocando una sonrisa.— Eres el peor psicólogo del mundo, pero de alguna manera jodidamente retorcida me has ayudado.—El rubio sonreía, aliviado al verse perdonado.—Y tú—señaló a su hermana con dedo acusador— espera a mañana. Ahora tengo cosas más interesantes que hacer—los ojos verdes se posaron en Bella, cálidos y acariciadores— como llevar a mi chica a cenar.
—Y explicarle qué cojones es todo esto—Bella seguía con cara de confusión extrema.
—¿Tu crees que sin la ayuda de tu hermana ahora estaríamos juntos?—Bella se ponía un pedazo de tarta de chocolate en la boca y Edward seguía hipnotizado el movimiento de sus labios y de su lengua.
Dios, era un jodido obseso en lo que a esa mujer concernía. Todo el fin de semana conociendo centímetro a centímetro el cuerpo de ella no le había dejado saciado. Necesitaba más. Ansiaba más.
La había llevado a cenar a su restaurante favorito, y ella se había arreglado para la ocasión. Estaba preciosa con el pelo recogido mostrando su largo cuello, aquel vestido con amplio escote que insinuaba el nacimiento de sus pechos y se pegaba a su delicioso cuerpo de aquella forma... Necesito salir de aquí. Pronto.
—Yo creo que tú y yo habríamos terminado juntos. Ambos nos gustábamos a pesar de todo lo que habíamos pasado con nuestros ex.—Ladeó la cabeza, mirándola detenidamente. Cuánto le gustaba aquella mujer.—Como mucho ha acelerado las cosas, así que a pesar de todo no estoy enfadado, ni con ella ni con Jasper—sonrió.—¿Pedimos la cuenta?—su mirada brillaba y no pudo evitar que sus ojos se posaran en el mínimo pedacito de tela del sujetador que asomaba por el generoso escote. Se moría por ver qué escondía ese vestido. Bella no le había dejado mirarla mientras se vestía, y eso estaba estimulando demasiado su ya potente imaginación.
—¿Impaciente por volver a casa, doctor Cullen?—alzó una ceja, sonrojada a su pesar. Saboreaba el placer de verse tan deseada por un hombre, y más uno como él... la hacía sentirse hermosa, especial. La hacía brillar.
De repente sintió algo extraño, y sin pensarlo se giró.
Mierda.
En una mesa cercana a la suya, Jessica, la ex de Edward, se había sentado en compañía de su nueva pareja. Y su expresión era como si estuviera oliendo algo desagradable, haciendo su cara mucho más... asquerosa.
—¿Qué pasa?—Edward estaba levantando la mano para hacer una seña al camarero cuando de pronto su brazo se quedó congelado en el aire. Había girado la cabeza de forma automática para ver qué había llamado la atención de su chica y se encontró con la rabiosa mirada de su ex. Sus gélidos ojos azules iban alternativamente de Bella a él. El cobrizo bajó la mano lentamente, enfocando sus iris esmeralda en los marrones.—Vámonos.— musitó.
Y bueno... el jueves por la noche o viernes tenéis el final. Espero que me perdonéis por ser un poco mala, pero... vale, no tengo perdón. Pero os compensaré, prometido.
