El libro de Luka
En este negocio debes tener en cuenta dos cosas: primero, que toda la privacidad que gozabas antes de tener fama se va directo a la basura y el momento más íntimo que tendrás a lo largo del día será la hora de dormir o cuando viajes en avión; y segundo, que en algún momento de calma, después de escapar de reporteros, admiradores, paparazi y demás, de cumplir con sus responsabilidades escolares y con los ensayos de canto y baile, las pocas horas de tranquilidad que tienes a la semana pueden tornarse muy aburridas. Por fortuna, cada quien ha encontrado la forma de aprovechar su tiempo; algunos hacen cosas de provecho: tenemos a Thelma, que dedica cada segundo de su tiempo libre a investigar nuevas recetas de cocina y las pone en práctica, muchas veces con ayuda de Luka y Miku; Gumi es una gran dibujante y puede pasar horas bosquejando en su libreta, incluso ha diseñado varios de los vestuarios que usa el grupo en los conciertos; Gakupo no deja de entrenar ni un solo día, dice tener una herencia samurái que preservar, pero aun así suele perder el tiempo con Kaito y sus videojuegos, admito que ambos son unos maestros y le han dado una paliza a todos, excepto a Rin; Meiko podrá parecer la más irresponsable del grupo, y de hecho lo es, pero es una maestra resolviendo sudoku; Luka es una ávida lectora, siempre está leyendo algún libro nuevo; Miku no deja de tomar fotografías ni de hacer origami y yo… bueno, yo escribo este diario.
Nuestros entretenimientos no molestan a nadie, ni hacen daño (aunque admito que Gakupo es un peligro en espacios reducidos); lo que nos lleva a las ovejas traviesas del grupo, que matan el tiempo libre solo planeando como haceros sufrir, como divertirse a expensas nuestras y a veces a meternos en problemas. Len es el chico más noble, tranquilo, sincero y amable que he conocido, contrario a su gemela que es un desastre: caprichosa, escandalosa y hasta egoísta, solo comparte con su hermano. Y aunque admito que sin ellos no sería lo mismo, que las cosas serían muy aburridas y que los quiero como no se imaginan, ellos tienen el peor pasatiempo de todos: travesuras.
Lo normal en el mundo de la farándula es tener cuidado de las drogas, el alcohol, los desnudos, los líos amorosos, los crímenes, la compra de objetos o propiedades de gran valor, las fiestas, la imagen y que no te atrapen en un momento intimo con tu pareja. Eso se aplica para todos y cada uno de los artistas, actores y cantantes de toda la faz de la Tierra… menos para mis muchachos. Ni siquiera la debilidad de Meiko por el licor ha sido un problema, logramos usarlo a nuestro favor. No, nuestro problema son las bromas y travesuras de los gemelos Kagamine. Es difícil de creer, pero he recibido una cantidad increíble de quejas por su comportamiento, todas por la gerencia de hotel, los otros huéspedes, los empleados del hotel, pilotos de avión, coreógrafos, bailarines, empresarios, oficinistas y básicamente toda persona que conviva con ellos más de quince minutos. Pero estas personas no saben que son muy afortunados y las travesuras de las que son víctimas no son nada comparadas con las que sufrimos nosotros. Desde perseguir a Kaito con una aplanadora que les regalo el presidente de una constructora, o teñirle el cabello negro a Luka, somos sus objetivos frecuentes.
¿Y todo eso que tiene que ver con la privacidad? Pues es sencillo. Muchas veces los gemelos se quedan sin ideas para bromas y recurren a espiarnos o revisar nuestras cosas, lo cual puede crear problemas entre nosotros. Y lo de hace unos días no fue para menos.
—Master —me llamó Rin desde su asiento en la mesa del comedor. Era la una de la tarde y ellos apenas estaban "desayunando" —. ¿Sabes qué libro está leyendo Luka?
—Me parece que es uno de Murakami.
—No, ese ya lo terminó hace una semana —dijo Len.
—Oigan… trabajo hasta cuando duermo, de milagro recuerdo mi nombre; ¿en verdad creen que voy a recordar que está leyendo Luka?
—Perdón, no queríamos molestarte —se disculpó Rin, mostrando una mirada inocente, exactamente la misma que utiliza al momento de disculparse por una de sus jugarretas—; es solo que nos da curiosidad saber.
—¿Tan difícil es ver la portada o preguntarle?
—Ese libro no tiene portada —comentó Len—. Solo es de una pasta gruesa y negra.
—Y cuando le preguntamos, no quiere decirnos —agregó Rin—. Siempre desvía el tema o se va.
—Tal vez no lo considera una lectura para ustedes.
Ese fue mi gran error. Los vi con detenimiento y me asusté. Sus ojos brillaron con malicia y una tosca sonrisa se dibujó en sus labios; murmuraron algo que no logré distinguir y sin terminar su comida, se levantaron y salieron corriendo hacia las habitaciones. En verdad pude haberles detenido en ese momento, pero como siempre, mi oportuno teléfono sonó. Creí que podía ignorar la llamada, pero al mirar el número respondí de inmediato. Era Thelma y de nuevo, Gakupo rompió una vasija extremadamente cara.
¿Cuántas horas pasamos negociando el pago de esa vasija? La verdad no lo sé. Estuvimos a punto de ser demandados por miles de dólares, querían meter a Gakupo a la cárcel… y todo para que al final, se tratara de una réplica sin valor, pues la verdadera estaba siendo lustrada desde la noche anterior y el encargado olvidó cambiarlas. Nos salvamos. Y gracias a este incidente, ya había olvidado todo el escándalo por el libro de Luka; también me daba curiosidad saber que leía, pero no era algo que me quitara el sueño.
Ya estaba relajado, sentado en un sillón mirando las noticias, cuando un mechón de cabello dorado y un moño blanco se asomaron por ambos descansabrazos y me dejaron un libro gordo, de pasta negra, sin letras o imágenes en su portada.
—¿Y esto que es? —pregunté.
—Como siempre, olvidas todo —reclamó Rin.
—Es el libro de Luka —dijo Len—. Salió de casa, entramos a su habitación…
—Y lo tomamos sin dejar huellas —presumió Rin.
Tardé unos segundos en reaccionar. Las negociaciones, los gritos de los empleados del museo, las noticias sobre un becerro bicéfalo y una canción de Lady Gaga no me dejaban concentrarme.
—¿Qué hicieron qué?
—¡Nos robamos su libro! —exclamaron ambos con un aire de triunfo.
—¡Enanos malcriados, eso no se hace! —les regañé, pero al parecer no les importó, toda su atención estaba en el libro. Y la mía también.
—¿Y bien? —murmuró Rin.
—Vamos a ver —agregó Len.
—¿Por qué tengo que hacerlo yo? —les pregunté.
—Tú también quieres saber qué es lo que lee, ¿no? —dijo Rin—. Además, dijiste que puede ser una lectura no apta para nosotros. Si es así podrás decirnos.
—No creo que Luka lea cosas así…
Abrí el libro. Primera página y estaba toda en blanco; seguí pasando las paginas una por una, había un par sin nada escrito, otras tenían dibujos de Luka y Miku juntas, otras solo eran notas del autor. Al llegar a la página veinte, me di cuenta de que eso era un doujinshi protagonizado por las dos cantantes. El dibujo era muy limpio y estilizado, ambas habían quedado idénticas a como son en realidad. En cuanto a la historia, se situaba en un salón después de los ensayos, las dos vestían con ropas holgadas y estaban sudadas; en verdad no se veía para nada interesante, solo una charla sobre la coreografía nueva y el atractivo escode de la pelirosada.
—¿Qué? —dije al leer esa parte.
Seguí pasando las páginas y lo que comenzó como un halago se convirtió en un beso, en un abrazo, en caricias. No era cualquier clase de doujin, ¡era una historia yuri! Tenía en mis manos varios dibujos de mis dos clientes, completamente desnudas, teniendo relaciones sexuales; para colmo de males, no importaba cuentas paginas pasara, una historia terminaba, daba inicio otra y otra y otra y otra. ¿Por qué Luka leía cosas así? Aunque meditándolo un poco, ella y Miku tienen una amistad bastante cercana…
Cerré de pronto el libro, lo volví a abrir, lo cerré una vez más. Ya no sé qué era lo que más me alteró, si la existencia de tales obras o que Luka las estuviese leyendo. Mi impresión era tan grande que incluso olvidé a los gemelos, al parecer también estaban perplejos ya que no decían nada (y eso es bastante raro en ellos). No tengo idea de cuánto tiempo pasamos así, me precio una eternidad pero dudo que superara los diez minutos. De pronto, la puerta principal se abrió, dejando entrar a Kaito y Luka que acompañaron a Miku a comprar unas cosas para la cena.
—¡Luka-chan hentai! —gritó Rin al verla.
—No creí que te gustaran esas cosas —dijo un decepcionado Len.
—¿De qué hablan? —preguntó Luka sin entender nada.
Le mostré el libro negro, luego lo abrí y comencé a pasar las páginas.
—De esto… —dije—. ¿Por qué tienes una cosa así?
Ella mi miró un segundo, luego a los gemelos. Suspiró tranquila.
—No es mío.
—¡Pero estaba en tu habitación! —exclamó Len.
—Y es igual al que has estado leyendo toda la semana —completó Rin.
—Ese no es mío —Luka abrió su mochila y sacó un libro idéntico al que tenía en mis manos—. Este es el mío.
—¿Y esta cosa de quién es? —pregunté. Ya estaba confundido.
—Es mío, Master —dijo Kaito, con una sonrisa nerviosa, el rostro colorado como un tomate y temblando de pies a cabeza—. Luka me vio leyéndolo, se enojó y… me lo quitó hace una semana.
Ahora las cosas tenían sentido. Lo que hizo Luka era castigar a Kaito por leer doujins yuri de ella y Miku, y lo que ella había estado leyendo era en verdad una libreta llena con sus apuntes para la escuela, pues tenía examen en unos días. En cuanto a Kaito, a decir verdad no había mucho que decir, no nos sorprendió que leyera tales cosas, así que deje que él y Luka se arreglaran solos.
—¡Todos ustedes! ¡Pervertidos! —gritó de pronto la voz de Miku al ver sus dibujos en aquel libro que olvidé cerrar.
Lo último que recuerdo de esa noche es un fuerte dolor en la cabeza y que todo se puso negro mientras oía gritos de dolor a mí alrededor. Desperté dos días después, a las cinco de la mañana, en un hospital. Desde ese día, no dejó que los gemelos me involucren en sus travesuras, aunque les agradezco en cierto modo; hacía mucho tiempo que no descansaba tanto.
Es curioso… la única que no golpeó Miku fue a Luka. No voy a pensar en eso, mejor me voy a dormir.
