Intercambio de regalos
Feliz Navidad. Feliz Navidad. Feliz Navidad, prospero año y felicidad. Ayer fue Navidad, ese día tan esperado por los niños que esperan recibir de regalo todos los juguetes… bueno, más bien todos los videojuegos y aparatos que quieran (en la actualidad, conozco a personas mayores de veinte años que aun compran juguetes), encontrar una pila de regalos bajo el árbol decorado con esferas llamativas y pequeñas luces de colores, aunque temiendo encontrar entre los regalos alguno indeseable como, por decir, un par de calcetines que nunca usaran o una bufanda tejida por la abuela que solo se pondrán cuando la visiten. Y para los adultos, es más una época de preocupación; comprar regalos, hacer llamadas para desear una feliz Navidad, hacer la cena o pagar por la cena, y esas cosas que solemos hacer a fin de pasar un rato agradable con la familia. Pero en Japón, las cosas cambian un poco. Navidad es una fecha un tanto (bastante) comercial, que se llena de mercadotecnia y decoraciones típicas que se usan en el resto del mundo. La diferencia más grande sin duda, es que es un fecha para compartir el tiempo con la pareja e ir a cenar a un exclusivo restaurante, o bien, pasar una noche de diversión con los amigos después de un día de trabajo o aprovechando el descanso de la escuela. Contrario es el caso del Año Nuevo, una festividad sumamente importante para los nipones y por lo mismo se celebra en familia. Teniendo esto en cuenta, la disquera se portó amable con nosotros; después de haber negociado con mis superiores pidiendo un tiempo de descanso para mis jóvenes representados, y alegando un exceso de trabajo, conseguí que nos ofrecieran treinta días de vacaciones, empezando el día de hoy, justo después de la última presentación del año en un concierto navideño. Sobra decir que fue un rotundo éxito y compartieron escenario con Supercell, ViViD y Kalafina (Thelma casi se muere al verlas. Es una gran fanática del grupo y más de la compositora Kajiura Yuki). Un duro golpe para quienes no creían que VOCALOID duraría o nos quedaríamos en Nico Nico. ¡Toma eso Justin!
Como ya sabíamos que no estaríamos juntos durante un mes, lo cual me daba un pequeño periodo para poder dormir como se debe, y tanto a Thelma como a mí nos gusta la Navidad, pensamos que era una buena idea tener nuestra tradicional cena siguiendo la costumbre japonesa de pasarla con los amigos, dígase, los vocaloids. Por supuesto que no compraríamos ninguna cena ya preparada; mi querida chef planeó la cena con dos semanas de anticipación, sabiendo que el tiempo se nos vendría encima, y durante todo el día hasta que faltaban tres horas para el concierto, los diez estuvimos ocupados en la cocina preparando los platillos que solo tendríamos que recalentar después del concierto. Pero de lo que quiero hablar no es de la cena, deliciosa por cierto; sino de lo que nos pasó unos días antes de Navidad. Dado que ya no podemos vivir sin un poco de caos, Thelma y yo decidimos incluirlo en las fiestas navideñas y organizamos un intercambio de regalos.
—Muy bien chicos, esto es lo que vamos a hacer —dije con toda mi autoridad. Me hacían caso solo porque prometí darles pokys—: en un intercambio de regalos cada quien saca un papel de este frasco y le debe regalar algo a la persona que escribió su nombre en ese papel. No se pueden cambiar los papeles, decir quien les tocó ni dar el dinero; ¿entendieron?
Todos respondieron que sí. Los pockys funcionan muy bien. Tomé el frasco de la mesa, lleno de papelitos doblados y se los mostré. Por más que lo intentaran no había forma de leer los nombres escritos hasta desdoblar el papel. Le ofrecí el frasco a Thelma y tomó un papel que de inmediato abrió, sonrió ligeramente y volvió a doblarlo para guardarlo en un bolsillo de su pantalón. Así hice con los demás en este orden: Gakupo, Gumi, Kaito, Len, Rin, Luka, Miku y Meiko; dejando para el ultimo un papel para mí. No, ahora que recuerdo, primero estaba Kaito y luego Gakupo… algo así… qué más da, no es importante. Por cierto, el ultimo trozo de papel que era para mí tenia escrito Meiko. ¡Más fácil no podía ser! Pero no a todos les fue bien, aun conociéndose desde hace años, siempre hay algo que no podemos saber de las personas y, por alguna razón, siempre nos complica la vida al momento de tener que regarles algo, ya sea cumpleaños o en Navidad.
—Disculpa Master —llamó mi atención Gakupo. De todos, él parecía estar más confundido—; ¿tenemos algún límite en el regalo? ¿Un precio?
—No pensé en eso… procuremos que no pase de 50 dólares. Sé que podemos pagar regalos costosos, pero esa no es la idea —y en verdad no quiero eso para mis chicos. Sí, tenemos dinero de sobra pero no quiero verlos convertidos en unos famosos engreídos que compren todo lo que vean—. No quieran deslumbrar a nadie, se trata de mostrar cariño.
—Master se preocupa mucho por eso —dijo Miku—. No olvidamos que aun somos un grupo de jóvenes de preparatoria —agregó con una sonrisa.
—Y no quiero que lo olviden. Ahora todos a ensayar, ¡que el 24 tenemos un gran concierto!
Toda la semana anterior a Navidad fue todo un caos, el habitual que vivimos cada vez que hay un concierto importante en puerta: ensayos de canto, coreografías, pruebas de vestuario. No sé cómo se le ocurrió a Rin, pero tuvo la brillante idea de presentar un coro a ocho voces de Magnet, lo cual les gustó a todos y el resultado fue maravilloso; en los ensayos se me ponía la piel de gallina al oírlos cantar juntos, con tanto sentimiento. Y bueno, otras canciones en el programa eran The first Chrismas, Snow Song Show y no estoy seguro de porque incluimos Panda Hero y Cendrillon, pero eso ya no importa. Sin embargo, a esta agitada agenda faltaba añadir varias cosas; y es que mientras eran los ensayos, Thelma y yo teníamos que buscar los ingredientes necesarios para la cena navideña. Confiando por completo en los vocaloids, y delegando la responsabilidad de mantener la disciplina a Luka (es la única que puede calmar a Meiko… sin usar licor). Eso me dio tiempo de acompañar a mi novia a comprar todo lo necesario para Navidad; solo faltaba programas una cosa más. Intensificando un ensayo, y pagándole un día doble a los músicos, pude liberar toda la mañana del 20 de diciembre para ir a comprar los regalos del intercambio. A las nueve de la mañana estábamos listos para ir directo a los distritos comerciales.
—Muy bien chicos, el plan de esta mañana es el siguiente. Iremos directos a comprar los regalos para el intercambio. Tenemos exactamente tres horas para elegirlos, pagarlos y envolverlos; cada quien ira por su cuenta y procuren esconder tanto su regalo como su identidad. Nos veremos en el estacionamiento en punto de la una, ¿de acuerdo?
—¡De acuerdo! —respondieron los ocho cantantes.
En estas ocasiones es un tanto extraño ver a otras personas en lugar de los alocados chicos con quienes convivo a diario. A fin de mantener la calma y evitarnos incidentes de toda clase, los vocaloids optan por ocultar su identidad con gafas, gorros, bufandas, capuchas y hasta pelucas, aunque para Miku siempre es un problema ocultar esas enormes coletas de cabello que tiene. No sé cómo lo hace, pero siempre logra ocultar su llamativo cabello. Una vez listos, salimos directo a nuestro destino sin hacer escala alguna, en dos auto diferentes. Faltando cinco minutos para las diez, llegamos al barrio especial de Shibuya, el barrio comercial más importante después de Shinjuku. Nos detuvimos frente al centro comercial más grande que vimos y bajamos de los autos. Tras recordares una vez más las instrucciones, sincronizamos los relojes y pusimos una alarma al quince para la una de la tarde. Ya organizados, cada quien se fue a una sección diferente de aquel enorme edificio.
¡Vaya que tenían de todo! No sé cuánto tiempo perdí admirando las tiendas de ropa, gadgets, electrónica, cosméticos, libros y hasta katanas. Por todas partes había algo que llamaba mi atención y me hipnotizaba al ver todas aquellas novedades. Afortunadamente, ya sabía que iba a comprar y antes de ir a ese lugar, me cercioré de que tenían lo que buscaba. El regalo de Meiko estaba asegurado. Caminé sin rumbo aparente por los pasillos llenos de tiendas de todo tamaño y variedades irreales de productos, incluso me compré una sombrilla con mango de katana (y que nunca usare, Len me puso a ver Another y juro que en mi vida volveré a cargar una sombrilla) y tomé una taza de café en un maid café que encontré por casualidad. Lo raro es que pensé que solo había de esos en Akihabara. Con hora y media de mi tiempo gastada, me fui directo a una pequeña tienda de artículos coleccionables, en específico réplicas de automóviles, y pregunté al encargado por un bonito Cadillac 67 tamaño escala. Con una amplia sonrisa de oreja a oreja, y frotando sus manos, entró a la trastienda. En su ausencia caminé un poco por el lugar, mirando la amplia variedad de réplicas que tenía en u estantes y repisas. Tenía desde clásicos Mustang y Packard, hasta los modernos Ferrari y Lamborghini, pasando por una serie de autos de cine y televisión: el auto de los Cazafantasmas, varios modelos del Batimovil, y el famoso DeLorean de Volver al futuro. ¡Juro que ese DeLorean será mío algún día!
El extraño sujeto regresó aun con su sonrisa en los labios, cargando una caja que dejaba ver una perfecta replica de un Cadillac 67 de color rojo sobre una base de plástico negra con una placa metálica que señalaba el modelo del auto. Como ya no quería pasar tiempo con el pintoresco encargado, le pagué de inmediato y salí cuanto antes de ese local, directo a una tienda de regalos para que lo envolvieran. ¡Ya tenía todo listo, con una hora para poder caminar con calma por todo el centro comercial! Aun así, sentía curiosidad por saber cómo les iba a los demás. Caminé por los pasillos sin rumbo alguno, solo mirando las mercancías de los diferentes locales y a un sinnúmero de gente ir y venir, cargados de bolsas con productos nuevos, o cajas de regalos ya envueltos y listos para ser entregados, aunque aún faltasen algunos días. En un par de ocasiones, vi a mis vocaloids de lejos. Luka estaba en una tienda de ropa mirado suéteres, pero ya tenía consigo su regalo; Len corría por el pasillo del área de comidas rumbo a envolver su paquete; Kaito tenía dos cajas consigo, la primera de buen tamaño envuelta y la segunda de paletas de hielo, abierta y ya faltando la mitad de su contenido; Gakupo había olvidado mantenerse en anonimato y repartía un par de autógrafos a las empleadas del local en donde estaba comprando su regalo, y por ultimo distinguí a Miku en una juguetería cargando una pequeña bolsa y una caja pequeña envuelta en papel de corazones. De los demás ni sus luces, hasta que pasé junto a una cafetería y vi a Thelma platicando tranquilamente con Meiko y Rin. Como ya no tenía nada que hacer, fui a pasar el rato con ellas mientras las alarmas sonaban.
Debo decir que este pequeño viaje a Shibuya resultó muy tranquilo, una completa novedad para nosotros. Quiero decir, siempre experimentamos toda clase de inconvenientes, como estampidas de fanáticos, persecuciones policiacas, explosiones de hornos de microondas y llaves de lucha libre; pero en esta ocasión todo fue calma y paz, regresamos a los automóviles justo a la hora pactada, regresamos a casa y colocamos los regalos debajo el árbol ya decorado. Ahora solo restaba presentar el concierto.
VOCALOID fue el penúltimo grupo en presentarse, después de ViViD y antes de Kalafina. Lo chicos estaban nerviosos como nunca les había visto, supongo que debido a compartir el escenario con semejantes agrupaciones. No sé cuántas veces tuvimos que peinar a Miku que se arruinaba las coletas por jugar con ellas, escondimos el licor de Meiko y algunas botellas de cerveza terminaron en el inodoro, Kaito se la pasaba tomando agua y corriendo al baño cada media hora, Gumi no era capaz de dibujar una línea recta que midiera más de diez centímetros, Rin y Len no paraban de equivocarse de vestuario, hasta Thelma estaba nerviosa por conocer a Kalafina, y yo no paraba de caminar en círculos. Los únicos tranquilos eran Luka y Gakupo, ella por manejar bien el pánico escénico y sentarse en un rincón a leer, mientras que él meditaba en medio del camerino frente a su katana. Esta noche era importante, muy impórtate, estábamos entre conjuntos famosos y debíamos hacer todo lo posible para estar a su altura. Después del tema Hikari de ViViD, llegaron los miembros del staff para llamar al escenario a mis muchachos. Ninguno se sentía listo, pero fue mi labor pararme frente a ellos y animarles a dar la cara en este momento, no era la primera vez que daban un concierto, y si habían logrado un éxito en todo el mundo, si Miku se presentó con Lady Gaga, esto no tenía por qué asustarlos. Creo que mis palabras tuvieron un efecto positivo en ellos, se animaron y salieron al escenario con ese ímpetu muy propio de ellos. Y bueno… no estoy seguro de como actuaron, por las criticas todo salió a la perfección, y la actuación de Miku y Luka en Magnet fue sublime a pesar de tratarse de un coro a ocho voces; pero no pude ver casi nada por tranquilizar a Thelma que trataba de acosar a Kalafina en los camerinos. No sé cómo pude llevarla a nuestros asientos de primera clase cuando se presentaron ellas.
En resumidas cuentas, la presentación fue un éxito. Incluso recibimos elogios de Kajiura Yuki que estaba ahí. Y un gran concierto requiere de una gran celebración, en cuanto Kalafina terminó su presentación mi fanática novia consiguió un autógrafo de todo el grupo (y la siembre bienvenida ayuda de Meiko), pudimos irnos a casa a disfrutar de la cena navideña. ¡Y vaya que era una cena! Teníamos un tradicional pavo relleno, una pierna de cerdo mechada con almendras y, a petición de Luka, un platillo de bacalao, todo esto acompañada por una ensalada de manzana, una crema de puerro con pistache y zanahoria, y unas cuantas berenjenas rellenas. Y para beber, un poche de frutas y algo de vino, que casi no nos tocó, pues Meiko se bebió media botella sola. Y como no podía faltar el postre, teníamos desde galletitas de jengibre, un pastel de crema y fresas, y unos llamativos cupcakes (muffins) con forma de pino navideño. ¡Como comimos! Algunos hasta repetimos uno o dos platillos, y dos de cada postre. Tuvimos que esperar un poco para abrir los regalos, como una hora aproximadamente; pero no sentíamos ni cansancio ni las consecuencias de semejante comilona, al contrario, los ánimos estaban altos y la euforia por el concierto de hace unas horas aún estaba encendida. Cuando oficialmente ya era Navidad (para ser específico, a las cuatro de la mañana) hicimos el intercambio.
—¿Quién va primero? —pregunté con alegría. Era una velada perfecta.
—¡Yo! —gritó Miku de inmediato. Se levantó de su asiento y corrió al árbol, tomado su regalo—. Este es para Luka —sonrió feliz.
Luka se limitó a sonreír. Se levantó de su silla y caminó directo al decorado pino. Se agachó y tomó en sus manos otro regalo; se acercó a Miku y se lo ofreció.
—Qué curioso —dijo—, mi regalo es para Miku.
Yo sospecho de una trampa aquí, y que somos testigos de algo más que una linda amistad (¡Thelma! Deja de babear mi diario!). Sin embargo, esto ya no importa. Luka tomó la caja que Miku le ofrecía con una sonrisa, se sentó en el sillón y rompió el papel de envolver estampado en corazones. Bajo este apareció una caja blanca, de un tamaño considerable, la abrió y sacó un atún de felpa. Aquello era una cosa increíble, parecía un verdadero atún, con la diferencia de que este estaba hecho para abrazarse. A la pelirosa esto le pareció un gesto enternecedor, en ese instante comprendimos que ella adora al atún en todas sus formas y no solo como un alimento; tomó en sus manos al peluche y lo abrazó con gran emoción. Sin embargo, no era todo. Sacó otra caja, más pequeña y envuelta igual que la otra, la misma que vi aquel día; la abrió y adentro había un brazalete plateado con una nota musical adornándolo.
—¡Adoro este atún! —dijo entusiasmada—. Y el brazalete es hermoso, gracias Miku. Ahora tú.
Como si se tratase de la orden de un militar, Miku abrió el regalo que le dio Luka. Retiró el papel de gatitos Pushen con sumo cuidado y de la caja sacó, en efecto, un peluche de Pushen del tamaño de una almohada. Miku no pudo evitar gritar de gusto al verlo y al instante lo estrujó en sus brazos mientras sacaba de la misma caja una más pequeña con un collar también plateado y una clave de sol como dije.
—¡Es hermoso Luka! —la abrazó de inmediato, con todo y Pushen en sus brazos.
—No pensamos muy diferente —sonrió Luka abrazando a la chica de las coletas.
—Nuestros regalos hacen juego —agregó Miku. ¿Por qué Thelma sacaba fotos a lo loco en ese momento?
En seguida, me puse de pie y pasando de largo a la mejores amigas de Japón, tome mi regalo y llamé a Meiko. Ella se acercó a mí y tomó la caja. El papel era un simple envoltorio rojo con la frase "Merry Christmas" escrita por todos lados.
—Espero te guste —le dije.
Meiko lo abrió lentamente por una esquina, pero dejó la sutileza en el olvido al ver de qué se trataba. Con ansiedad arrancó el papel rojo, dejando caer los pedazos por el suelo; no recuerdo haberla visto así de ansiosa desde aquella vez que Triple H nos llamó, o cuando hizo su primer comercial de cerveza. Sus ojos brillaron con auténtica felicidad y como si fuera Link, levantó sobre su cabeza para que todos pudiéramos verlo.
—¡Un Cadillac 67! ¡Un hermoso Cadillac 67! ¡Como el de mi abuelo!
—Sí. Recordé cuando nos contaste sobre ese auto, lo mucho que te gustaba y cómo fue que se lo robaron a tu abuelo —dije sonriendo—; no puedo conseguir uno real, pero como coleccionas autos a escala… me pareció buena ide… ¡ah!
No terminé de hablar, pues la poderosa Meiko me atrapó en un fuerte abrazo que, aunque cariñoso, casi me parte el cuello en dos.
—Gracias Master, ¡gracias! —dijo al soltarme—. Adoraba ese auto, como no tienen idea, y cuando se lo llevaron… fue un día muy triste para mí —suspiró, estaba conmovida. Sin darle importancia a sus ojos llorosos, tomó su regalo—. ¡Oye, Len! Esto es para ti —y sin decir agua va, la ruda cantante arrojó una pequeña caja envuelta en un papel de bananas navideñas… la cosa más rara del día—. Espero que los disfrutes enano.
El pequeño rubio estiró los brazos desde su silla, evitando que se estrellara con el muro. Parecía ser un dvd, o tal vez un videojuego. Algo temeroso de que aquel paquete explotara, o le arrojara tinta a la cara, o cualquier cosa que pudiese esperarse de Meiko. Lentamente retiró el papel para revelar una caja brillante en la que relucía la cara de la famosa princesa Peach; Len reconoció al instante aquella portada y de un tirón arrancó la envoltura, revelando que su regalo era un videojuego.
—Es… es… —tartamudeó—. ¡Es el Super Smash Bros for WiiU! Pero creí que estaban agotados; le he buscado por semanas.
—No fue nada Len —respondió Meiko aun admirando su Cadillac—, solo una pequeña charla con los de almacén, nada que estos chicos malos no puedan hacer —señaló sus bíceps. Normalmente son indetectables, pero cuando hace fuerza, estoy seguro que hasta el más musculoso de los fisicoculturistas temblaría de miedo.
—Mei-chan siempre tan linda —ironizó Kaito en voz baja, pero no lo suficiente.
—¿Qué dijiste? —agregó ella furiosa.
—¡Que es el turno de Len! —gritó Kaito en un intento por sobrevivir a un próximo ataque de Meiko, que por suerte nunca llegó.
—Ah, claro, claro, me toca —reaccionó el rubio de pronto. Ya estaba sentado junto a Rin y a punto de insertar el disco nuevo en la consola. Dejó el mando a un lado y tomo su regalo, una caja cuadrada de unos setenta centímetros, envuelta con un papel que simulaba la ramas de un pino lleno de esferas—. Thelma, en todo este tiempo, has sido como una hermana mayor para mí, que a veces hace el papel de madre. Y para recompensar eso, te regalo esto.
Le entregó la caja y dio un salto atrás, esperando la reacción de Thelma al abrirlo. Y es que ella tiene una extraña costumbre por gritar cuando encuentra algo de lo que es realmente fanática. Retiró el envoltorio con calma, aunque esto no evitó que se rompiera en algunas partes, y rebeló el contenido. Era una figura de Miki Sayaka, de Maho Shojo Madoka Magica. Su personaje preferido.
—¡Sayaka! —gritó ella tan fuerte que esto seguro los vecinos escucharon—. ¡Es una Sayaka!
—Sí, desde que la viste en el catalogo en línea de la tienda, y reaccionaste así —agregó con son risita—, sé que la querías y por atendernos a nosotros no tenías tiempo para comprarla.
—Eso es muy lindo Len —dijo Thelma con una sonrisa y abrazándolo—. ¡Muchas gracias! ¡Es tan hermosa! ¡Mira! —y me restregó la figura en la cara. Estoy seguro que si por eso me hubiese rota la nariz y mi sangre la manchaba, ¡me hubiese golpeado por arruinar la caja! Sí, no hay duda de que me ama.
Recuperadas las gargantas de los gritos y los ánimos más tranquilos, Thelma tomó su regalo y se lo dio a Kaito que estaba descuidado comiendo galletas con ¡helado! Me da frio de solo verlo. Él tomó la caja con inocencia, sin recordar porque se la estaba dando, hasta que un chispazo en su cabeza le hizo caer en cuenta de lo que pasaba. Se disculpó con una sonrisa y rascándose la nuca, lo que causo un "aww" por parte de las chicas presentes. Con gran curiosidad, Kaito retiro el envoltorio de huskys con gorros navideños y descubrió una caja blanca, la abrió y arrojó la tapa a la mesa, impactando una vela que a su vez cayó en los restos de ensalada de manzana; con una expresión de agradecimiento y felicidad, sacó una gabardina blanca nueva, pero en vez de tener detalles negros, eran azules como su cabello. La extendió y se la puso en el acto, si, es su segunda prenda de vestir favorita; hacia juego con su bufanda también azul, misma que nunca se quita. En el acto se puso de pie y corrió a abrazar a Thelma como suele hacerlo cada que se siente feliz, tirando del bolsillo una pequeña carta con su nombre.
—Kaito —dijo Thelma recogiendo el sobre—, esto también es parte del regalo.
—Oh entiendo —sonrió el chico de cabellos azules—. Gracias por la gabardina, la adoro. Me gusta tanto que no pienso quitármela nunca —tengo el presentimiento de que dice la verdad. Tras esto, guardó de nuevo la cartita y tomo una caja envuelta en un papel con figuras de helados, misma que le dio a Gakupo. Parecía ser algo pesado—. Gakupo, este es para ti.
—¡Esta cosa pesa mucho! ¿Qué tiene dentro? —preguntó el joven samurái intrigado al cargar la caja.
—¡Ábrelo, ábrelo! —le apuró Kaito.
—¿Cuál es la prisa? Más te vale que no sea una broma, o helado. Sabes que no como helado en invierno —mientras seguía con sus advertencias, el joven samurái quitó el papel de regalo con cautela, esperando alguna desagradable sorpresa, pero lo que encontró fue un par de cajas—. Kaito… esto es… es un juego para la ceremonia de té —dijo conmovido.
—Un nuevo juego de utensilios para la ceremonia de té. No es como el que te heredó tu abuela —y que entre Kaito, Rin y yo rompimos al mudarnos—, pero se parece mucho al que tenían. Espero que te guste —comentó Kaito acercándose a su mejor amigo.
—¡Claro que me gusta! —abrió la caja que contenía los utensilios y los sacó de uno por uno—. Y está completo, al de mi abuela le faltaba el hishaku. ¡Es perfecto! Lo decorados son preciosos —lo dejó a un lado y abrió la segunda caja, mucho más grande que la anterior, en la cual había un jarrón de brillante cerámica con el delicado dibujo de un árbol de cerezos, el único defecto que tiene es el tamaño, ¡esa cosa era enorme! Media como un metro y medio. Gakupo se quedó asombrado por el perfecto detalle de aquella delicada pieza—. Es un hermoso jarrón, los colores y el árbol es tan real… pero… ¿por qué un jarrón?
—Ah bueno, es que… —Kaito rió por lo bajo—, primero compre los utensilios, pero en la misma tienda tenían es estos jarrones a mitad de precio ¡y compré el más grande!
Gakupo echó a reír de buena gana y poco después lo seguimos todos. No cabe duda, Kaito puede ser distraído y un poco infantil, pero su corazón es noble y siempre busca como hacer feliz a todos. Gakupo lo abrazó con afecto, agradeciendo ambos presentes. Luego de eso, fue a tomar un regalo envuelto en un sencillo papel dorado que carecía de decorados, pero tenía en el centro un gran moño plateado.
—Rin, esto es para ti.
Nuestra querida e inquieta rubia saltó de su asiento y tomó el regalo, corriendo a la sala para sentarse junto a su hermano gemelo. Se sentó en el suelo con gran entusiasmo y abrió la caja con gran ansiedad; los trozos de papel dorado volaron por todas partes, el moño plateado terminó sobre la cabeza de Len, la mitad de esa caja voló por los aires y cayó a un lado del televisor seguida por un grito de gusto por parte de Rin. Nuestros ojos solo vieron un destello blanco salir del paquete; acto seguido, la rubia usaba una chamarra blanca que tiene un gorro con un par de orejas de gato. Ella a veces era la más difícil de acertar en un regalo, pero en esta ocasión no cabe duda que Gakupo dio en el clavo. Rin saltó a sus brazos y lo abrazó con gran fuerza a la vez que le agradecía con palabras. Después de un par de vertebras rotas, lo soltó. Se fue a tomar un regalo y se lo entregó a Gumi.
—Yo sé que esto te será de gran ayuda —le sonrió. De inmediato regresó con Len, que estaba ansioso por estrenar su videojuego nuevo.
Todos quedamos sorprendidos. ¿Rin regalando algo útil? Si así era, estábamos ante un milagro navideño. No estoy hablando mal de ella, pero siempre obsequiaba dulces y peluches, cosas que a pesar de ser bienvenidas, no resultan muy útiles. Dominada por la curiosidad, Gumi retiró el envoltorio azul marino plagado de estrellas y reveló que bajo este había una caja con un maniquí articulado de cincuenta centímetros, algo utilizado por los dibujantes para simular la anatomía humana y así tener referencias para dibujar algunas poses, manteniendo la proporción adecuada. Gumi estaba asombrada, a punto de llorar pues recordó su maniquí anterior, mismo que desapareció en el aeropuerto cuando viajamos a Noruega y nunca fue encontrado. Lo sacó de su empaque, lo ensambló sobre la base de madera, dejándolo listo para ser usado y servir de modelo con una pose de victoria.
—¡Y lo será Rin! Muchas gracias por esto, ya no les pediré que posen para mí —comentó feliz, y nosotros aún más por dejar de ser sus modelos. Corrió a abrazarla y aprovechó para tomar el último regalo que descansaba bajo el árbol—. A final, pero no por eso menos importante —me dijo— está tu regalo Master. Gracias por siempre estar al pendiente no solo de mí, sino de todos nosotros y ser un hermano mayor, un gran amigo, o un segundo padre desde que nos conocemos.
Me entregó el obsequio. ¿De dónde sacan estos papeles de regalo? El que ella usó estaba cubierto de conejitos con gorros rojos, bufandas y trineos. Por un segundo estuve más interesado en saber el origen de tan llamativo envoltorio, hasta que recordé lo que había dentro. Por el tamaño, era obvio que adentro había alguna prenda de ropa, pero el peso me dejaba pensando, aquello era más que un simple suéter. Abrí la caja, encontrándome efectivamente con un suéter negro de cuello alto, con solo una larga cremallera para cerrarlo, es una prenda elegante, sin tejido alguno. Pero aquello no correspondía al peso. Agradecí el regalo y lo saqué de su caja, encontrándome bajo este con algo más. No podía creerlo, era justo algo que buqué desde hacía mucho tiempo y el cruel destino alejaba de mis manos. Miré a Gumi de reojo, ella solo sonreía. Tomé el segundo presente.
—Es una edición de Amrita. El libro que me faltaba de Banana Yoshimoto —dije al fin después de tenerlo en mis manos—. ¡Y es una primera edición!
—No fue fácil conseguirlo —me dijo dándome un abrazo—, tuve que revisar cinco librerías hasta que lo encontré al fondo de un estante. Ni los empleados sabían que lo tenían ahí.
—Muchas gracias Gumi, en verdad, muchas gracias —le regresé el abrazo. Estaba feliz porque al fin obtuve algo que buscaba desde hacía mucho tiempo y, aunque viviera en Japón, no podía encontrar.
No recuerdo que iba a decir, solo sé que estaba por hablar, cuando unas animadas Luka y Miku nos llamaron a todos.
—¡Miren! ¡Vengan! —dijeron—. ¡Está nevando!
Y como si se tratase de un misterio de la naturaleza, de un evento único en la vida que se repite cada mil años, todos corrimos a la ventana más grande. Afuera, desde el cielo blanco, caían sobre la luminosa ciudad de Tokio una infinidad de copos de nieve que cubrían las calles y edificios con un grueso, helado y níveo manto. Una blanca Navidad, como se dice popularmente en los villancicos, era un regalo que la naturaleza misma nos brindaba en esta noche. Desvié la mirada unos minutos, fijándome en todos los vocaloids y en Thelma. Que afortunado soy de tener a esta familia que ha creído en mí, que me apoya en mis planes de negocios y que me permite apoyarle en todo lo que puedo, ¡y vaya que si lo hago! Tal vez estén locos, o todos lo estemos, que les guste el caos, el ruido, el movimiento; ya no concibo mi vida sin ellos, lo que me hace apreciar más la unidad que tenemos, aunque me vuelvan loco y me saquen canas verdes. Los voy a extrañar en estos días, un mes, un largo mes sin mi grupo, sin mis representados, sin mi familia. Mis queridos VOCALOID.
Ahora estoy preocupado. Es medio día y desde la ventana veo a unos policías venir hacia acá. Parece que uno de ellos tiene una orden de arresto. ¿El mejor regalo que mi novia me hizo? No dejar que el desastre se aleje de mi vida y tenerme muy ocupado por los próximos treinta días, pues temo que aquello se trate de una denuncia en contra de ella por acoso sexual a Kalafina y Kajiura Yuki.
