Atrapados en el aeropuerto

Érase una vez una hermosa y tierna princesa rubia, de ojos azules, una sonrisa que encantaba a todos los jóvenes del reino, una voz melodiosa que era reconocida en todo el mundo, adoraba las naranjas y jugarle travesuras a sus estrictos tutores y a los guardias del palacio donde vivía. Un día, mientras hacia lo que más le gustaba en todo el mundo, que es cantar en su jardín junto a una fuente de chocolate, vio a lo lejos una figura humana que cargaba con un carrito de helados. Como hacia mucho calor, la princesa salió del palacio y corrió hacia el supuesto vendedor de helados; ya se imaginaba con un cono triple de nieve sabor vainilla y naranja en un dulce barquillo, era justo lo que necesitaba para refrescarse.

Inocentemente, como la linda princesa que era, se acercó al vendedor y ofreciéndole una moneda pidió el cono triple que había imaginado; pero no sabía que aquel no era un heladero común, sino un malvado villano.

—¡Caíste en mi trampa, princesa de las naranjas! —dijo el villano de cabello azul.

—¡Oh no! ¡Es el malvado Conde Helado! —gritó ella asustada.

—Así es princesa, y ahora te llevare a mi palacio, nos casaremos ¡y dominaremos el mundo! —exclamó con una risa que suponía ser malvada.

—¿En serio?

—Sí.

—Bueno… la parte de dominar el mundo suena genial, pero no pienso casarme contigo.

—¿Qué dices? ¿Por qué no? ¡Mirame! Soy muy apuesto, y esta bufanda —agitó su delicada prenda de color azul frente a la princesa— es hermosa, perfecta. Atrae a las chicas.

—A mí no —refunfuñó la rubia.

—Está bien, tú ganas niña. ¿Qué te parece esto? Vienes conmigo, nos olvidamos de la boda, y tú controlas la mitad sur del mundo mientras que yo me quedó con el norte, ¿de acuerdo?

—Muy bien Conde, me gusta esa idea.

—Entonces entra en el carrito de helados, lo acondicioné para poder transportar princesas dentro —abrió una de las laterales del carrito, dejando ver un sillón mullido de color rosa frente a una tablet instalada como televisor y una mesita con una copa de helado.

—¿Cómo metiste todo eso ahí?

—Es que también soy un mago, y no existen límites para la magia.

Y sin decir nada más, la princesa saltó al interior del carrito de helados, se acomodó en el sillón, entró a Nico Nico Douga desde la tablet y se dispuso a comer el helado, mientras que el supuestamente malvado Conde Helado cerró el carrito y huyó corriendo tan veloz como sus piernas se lo permitían. Todo esto era visto El único que vio todo Solo una persona en todo el palacio, el fiel sirviente rubio de la princesa, vio de lejos como la princesa era raptada voluntariamente, pero por la lejanía, no pudo ver se dio cuenta que ella misma se quiso ir y pensó que fue secuestrada por el malvado Conde Helado. Alarmado por los sucesos, entró al palacio tan rápido como pudo, corrió directo al cuarto de armas. Era un lugar inmenso, lleno de toda clase de espadas, pistolas, cuchillos, martillos y armaduras. Estaba por tomar un casco de su tamaño cuando fue interrumpido.

—¡Oye tú! —dijo una voz femenina, pero firme—. ¿Qué crees que haces aquí?

—¡AH!

El fiel sirviente gritó asustado, sintiendo que el corazón se le saldría del pecho por los fuertes latidos. Respirando agitado y sin color alguno en el rostro, se giró a sus espaldas y vio ante el a una guerrera de cabello castaño claro y corto, que sostenia un barril de cerveza con una sola mano. Vestía una ligera armadura carmesí y una espada ceñida a la cintura.

—¡Lady M! No me asuste así!

—Perdona por llamarte la atención en una habitación que yo cuido y administro. ¿Qué es lo que pensabas hacer enano? —preguntó ella dando un trago al barril.

—¡La princesa fue secuestrada por el Conde Helado! ¡Tengo que rescatarla!

—Momento… ¿quién te estas creyendo? ¡Ese es mi trabajo! —renegó ella señalándose con el pulgar—. Yo iré a rescatar a la princesa, y tú puedes quedarte a preparar la merienda o algo así.

—¿Merienda? ¡De eso nada! —reclamó el sirviente—. ¿Te parezco un sirviente? —hizo una pausa—, bueno, si lo soy, ¡pero esto es diferente! La princesa es mi responsabilidad y debo cuidarla.

Lady M lo miró unos segundos con unos ojos que no reflejaban nada más que la muerte y la misma frialdad que un tempano de hielo. Lo inspeccionó de pies a cabeza.

—Enano, se necesita mucho valor para hablarme así. Muy bien, vendrás conmigo como escudero —dijo al fin. Tomó de las repisas un casco y un peto de cadena, vistiendo con estos al sirviente; así mismo, lo cargó con una mochila con sacos para dormir, una tienda de campaña, municiones, granadas, espadas y una caja de vino.

—¿Para qué es todo esto?

—Eres un novato chico —respondí con orgullo Lady M—, es apenas suficiente para nuestra cruzada!

—El escondite del Conde Helado está a cinco minutos conduciendo.

Hicieron una pausa.

—¡Como sea! ¡Vámonos ya enano! —gritó Lady M, saliendo de la habitación con unos pasos llenos de furia y arrastrando al sirviente con su fuerte brazo.

Llegaron a los límites del reino, montados en la motocicleta de Lady M, hasta un puente levadizo que conectaba al país con los dominios del Conde Helado. Era una maravilla inexplicable; pasando el cauce del rio, estaban numerosos montes nevados cubierto por el blanco manto de nieve, escasos pinos que se mantenían fuertes ante las temperaturas heladas, y un extraño guardián en el puente, de cabello morado largo y sin mostrar su rostro por la enorme gorra en su cabeza.

—¡Alto! —dijo a los héroes—. No pueden pasar, lo siento.

—¿Qué ocurre oficial? —se exaltó Lady M, bajando de su motocicleta—, tengo todos los papeles en regla y acabo de hacerle una afinación.

—No es eso señorita. Lo que pasa es que hubo una avalancha y no hay paso. Tendrán que rodear por el camino largo.

—¡No me diga eso! —reclamó el sirviente—. ¡Es algo urgente!

—Nadie pasa por ahí niño, es ir por el camino largo o morir congelado.

—¡Arriesgare mi vida por…!

—Callate —Lady M lo interrumpió e hizo que se sentara de golpe en la motocicleta, pues estaba tratando de ponerse de pie—. Si no podemos hacer nada más… usaremos el camino largo. ¡Adiós!

Y con una carcajada eufórica, Lady M dio vuelta y siguió su camino como un caballo de acero que por poco tira al sirviente del vehículo. Su travesía había cambiado y ahora debían andar por un trayecto mas peligroso, misterioso, y sobre todo largo. Pero sin que se dieran cuenta, el guardia peli-morado permaneció mirandolos en silencio, con una sonrisa macabra de oreja a oreja; tomo su radio y lo encendió.

—Reúnan a los guminions, Lady M va en camino —dijo. Se quitó el casco y lo arrojo al agua, huyendo entre la nieve.

El sirviente, que llamaremos Ren, y Ladi M siguieron su camino a pie en motocicleta por los imites del reino hasta llegar a otro puente. A diferencia del anterior, este era de madera, y estaba construido sobre una parte más ancha del río, por lo que era más extenso. Ambos se mostraron decididos a seguir adelante y cruzaron el puente, pero a la mitad fueron testigos de un espectáculo singular. A sus oídos, aun sobre el rugir del motor de su vehículo, llego una dulce y melodiosa voz desde las rocas del río; se sintieron tan atraídos por aquel canto que se detuvieron a escuchar. Bajaron de la motocicleta y se acercaron al pasamanos del puente. Sobre las rocas vieron a una sirena de largo cabello rosado y una cola color esmeralda, adornada con joyería de oro y piedras preciosas, que cantaba sin ninguna pena mientras peinaba atendía su cabello con un peine blanco. Aquella canción era tan fascinante, que los héroes no pudieron evitar contagiarse y comenzaron a cantar también con todo el sentimiento posible, tal vez muy fuerte, pues sorprendieron a la sirena que de inmediato guardó silencio, dejando a aquellos dos seguir cantando. Al darse cuenta de que sus voces eran lo único que resonaba, se callaron de pronto, conservando unos rostros colorados por la pena, causando la risa de la sirena.

—Que graciosos son a veces los humanos —dijo entre risas.

—Sí, este chico es muy gracioso —se unió a carcajadas Lady M.

—Ella lo dice por nosotros dos —refunfuño Ren.

—¡Calla enano! —le reprimió dándole un golpe en la cabeza

—Pero él tiene razón —siguió riendo la sirena—, ambos son muy divertidos. Y es un halago para mí que se unieran al canto. Ahora, ¿quiénes son ustedes, viajeros?

—Mi nombre es Ren, soy un sirviente del reino vecino.

—Y yo soy Lady M, la guerrera más valiente y ruda del reino.

—Encantada de conocerlos, viajeros. Soy Kalu, guardiana del río. ¿Qué les trae por aquí?

—Nuestra princesa ha sido secuestrada por el malvado Conde Helado —dijo Ren al instante—, estamos siguiéndolo para rescatarla.

—Oh, ese Conde loco amante del helado —dijo Kalu mirando las aguas—, sí, pasó hace poco por aquí y hasta me regaló una paleta. Puedo ayudarlos con él, nos llevamos bien cuando no tiene planes para dominar el mundo.

—¿Harias eso por nosotros? —cuestionó Lady M

—Por supuesto, ustedes me agradan —sonrió la sirena—. ¡Al Mermovil, ahora!

Dicho esto, se arrojó al agua y desapareció ante la mirada atónita de los dos héroes, que esperaron unos segundos a que ocurriera algo. Tras un minuto, la mano de Kalu salió del agua y les pidió avanzar; así lo hicieron Lady M y Ren, montaron la motocicleta y avanzaron lentamente mientras eran perseguidos por la mano de la sirena. Al cruzar el gran puente y llegar a la orilla del río, de las aguas tranquilas surgió una pecera de gran tamaño con ruedas dignas de un jeep, dentro de la cual estaba la sirena Kalu.

—Síganme, los llevaré con el Conde Helado.

—Un momento… ¿qué se supone que es esta cosa? —interrumpió Lady M.

—Es mi Mermovil. Vivir en un rio a veces es aburrido, así que utilizo este vehiculo cuando quiero salir del agua y recorrer el bosque —dijo con toda tranquilidad.

—Creí que a las sirenas les brotaban piernas al salir del agua —comentó Ren.

—Sí, su cola se transforma en un par de piernas al secarse —completo la idea Lady M.

—Eso es un mito, puras mentiras hacia mi especie inventadas por esas ninfas envidiosas de nuestra voz melodiosa —se defendió la sirena con un gesto de enojo—, se creen tan superiores con sus piernas. ¡Ja!

A pesar de las quejas de Kalu, a las que se sumaron las frustraciones de Lady M (que consistían en corajes por que no le dejaban usar todas sus armas en el palacio), el camino por el bosque de hielo fue tranquilo y hasta rápido, menos para Ren que ya no podía cargar ni su alma a causa de la gran cantidad de suministros contenidos en su mochila. Al verlo tan cansado, sus compañeras pensaron que lo mejor era detenerse un momento a descansar. Se ampararon a la sombra de un gran árbol de naranjas y se dispusieron a comer con toda tranquilidad. El día ya no era caluroso y de las montañas cercanas soplaba una agradable y fresca brisa que volvía acogedor al ambiente, perfecto para tomar un respiro de su agetreada jornada. Estaban por comenzar con una ronda de chistes, cuando un sonido en los arbustos les asustó. Lady M tomó su espada, un garrote y se ajustó un par de pistolas a la cintura; se acercó al arbusto sospechoso y antes de poder amagar con sus armas, un pequeño ser amarillo, similar a una píldora con piernas y brazos, unos lentes rojos y cabello verde saltó a ella.

—¡Gumi! —gritó el personaje.

Lady M gritó del susto. No sabia que era ese extraño personaje, pero parecía ser inofensivo. De la nada, apareció otro, y otros dos, y otros cinco, y más, y más, ¡y más! Hasta que el claro donde descansaban nuestros héroes se vio plagado por aquellos curiosos personajes. Y lo único que sabían decir era "gumi".

—¡Cayeron en mi trampa! —rugió una voz femenina desde lo alto de los arboles—. Ahora mis guminions, ¡ataquen!

Al oir la orden, las capsulas andantes arremetieron contra los héroes, tomando sus armas, vehículos y haciéndoles cosquillas para sufrir de una desesperación. Pero no todos los guminions obedecieron, algunos se quedaron platicando en su extraña lengua, otros filmaban el momento y un grupo no paraba de comer zanahorias. El dominio de los extraños seres terminó cuando Lady M se libró de un par y los arrojó contra un árbol; a ver tal desplante de fuerza, los guminions corrieron en círculos tratando de escapar de la ruda guerrera, que solo los miraba.

—¡Oye tú! ¡Deja a mis guminions! —reclamó la voz misteriosa.

—Muéstrate cobarde.

—¿Cobarde, yo? —se escuchó de nuevo. Entonces, de la copa del árbol más alto de todo el bosque, bajó una chica de cabello verde y gafas rojas, vestida por completo con un atuendo negro y cargando con una pistola de rayos congelantes en sus manos—. No sabes con quien te metes, guerrera. ¡Soy la mente crimina más grande del mundo! ¡Gum!

—¿Quién? —preguntó Lady M.

—¡Gum! ¡La gran villana Gum!

—No te conozco —dijo al fin, mirando a Kalu y Ren.

—Yo tampoco he oído hablar de ella, ¿y tu Ren?

—No tengo idea de quien sea esa chica —concluyó el sirviente.

—¿Qué? Ah, eso no importa, mi trabajo no es reconocido por chicos buenos como ustedes —dijo algo indignada la tal Gum—. Y ahora, ¡rayo congelador!

Con el anuncio, la autoproclamada villana Gum disparó su pistola, liberando un rayo azul que se dirigía peligrosamente hacia los tres héroes, pero de pronto, fue interceptado por lo que parecía un anillo de luz dorada, afectando a un grupo de descuidados guminions.

—¡Ja! ¡Sabía que vendrías! —rugió complacida Gum.

Moon Pride

Anata no chikara ni nari tai

De entre las ramas de los árboles, saltando a gran velocidad, hace su aparición una hermosa joven en traje de marinera. Su largo cabello de color aqua estaba peinado en dos largas coletas que casi tocan el suelo; y armada con un pequeño cetro rosado con una luna en su extremo, planto cara a la villana.

—Tú, malvada. ¿Cómo te atreves a interrumpir a estos valientes héroes en su importante cruzada épica? No puedo permitirlo. ¡Te castigare en nombre de la luna!

—Siempre con tus líneas cursis, Sailor Mimoon —respondió Gum.

—Esto ya no tiene sentido… —dijo Ren.

—¿Quién escribe esta historia? -.-U —corroboró Kalu.

—Me las pagaras todas Gum, aún recuerdo cuando te robaste la luna.

—¡Sí! —gritó, acto seguido bajó del árbol con un atlético salto, quedando frente a Sailor Mimoon—, ¿y sabes qué? Lo siento.

—¿Qué dijiste? —se sorprendió la sailor scout—. ¿Qué artimaña planeas Gum?

—Ninguna. Me arrepiento de haber robado la luna, sé que es antiguo hogar y guardad muchos recuerdos. Por eso la devolví. Y además no cabía en mi casa.

—Gum…

—Así es. Organice todo esto para que vinieras y así disculparme contigo —dijo mostrando una cara de arrepentimiento—. Ya dejé atrás los crimines, ahora vendo zanahorias en escabeche.

—Gum, es increíble —dijo Sailor Mimoon, tomando sus manos—; pero… ¿tenías que montar todo esto?

—No sé planear las cosas para que no parescan una fechoría.

—¿Una villana disculpándose? —renegó Kalu.

—Yo me voy de aquí —aclaró Lady M, tomando sus armas y subiendo a su motocicleta.

—¿Pero a donde crees que vas? —le detuvo una voz.

—¿Ahora qué? —renegó. Ella ya estaba cansada y solo quería regresar a casa para beber un barril entero de cerveza —oye, que buena idea.

Los arbustos cercanos se estremecieron, algo que asustó incluso a los inquietos guminions. Tanto Lady M como Sailor Mimoon se prepararon para la batalla con aquel ser o máquina que se acercaba de manera amenazante. Una larga cabellera morada se dejó ver sobre las plantas, adornada con una corona plateada que mostraba con orgullo una gema morada en forma de berenjena. Ante los ojos de todos apareció un hombre alto, vestido con una armadura morada y una filosa katana en sus manos. ¡Era el Rey Berenjena!

—¡Lady M! Al fin estas a mi merced —dijo empuñando su espada.

—¿Lo conoces? —pregunto Sailor Mimoon asustada divertida muriéndose de risahorrosizada asombrada por el aspecto de aquel hombre.

—Él es el Rey Berenjena, mi más grande enemigo en el mundo.

—Así es mujer —rugió con coraje—, y ahora que eres rodeada por los guminions de mi hermana, ¡no tienes escapatoria!

—En verdad le tienen miedo, rey —dijo Kalu cargando a uno de los llamados guminions en sus manos.

—¡Oye! ¡Nunca me dijiste que esta mujer es una salvaje! —le reclamó Gum—. Le hizo daño a Owen y Kevin.

—Claro que lo hice —grito el Rey Berenjena—, que no me hagas caso es tu problema.

—Disculpe Rey Berenjena —interrumpió Ren jalándole el brazo con cuidado—; ¿que es lo que quiere con Lady M?

—Oh eso, disculpa —se aclaró la garganta—. ¡Esa mujer debe pagar! —la señaló enojado con su katana—. ¡Tienes una deuda conmigo y voy a hacerte pagar!

—¿Todo este lio por eso? —Lady M no le dio la menor importancia. Le entregó su espada al primer guminion que vio y se acercó al malvado rey. Llevó una mano a su pecho y de su sostén metálico sacó una cartera; la abrió y sacó unos cuantos billetes, entregándoselos al hombre de cabello morado—. Toma, son los cuatro mil yenes que me prestaste.

—¿Tan difícil era dármelos? —preguntó el rey guardando el dinero en su cartera.

—Pues sí, una tiene gastos, ¿sabes?

Y así, todos vivieron tranquilos y en paz para siempre.

—¡Un momento! —gritó Ren interrumpiendo al narrador en turno—. A ver, esto termina bien para el Rey Berenjena y Lady M, para Gum y Sailor Mimoon; y Kalu… bueno… —se giró a verla; ella estaba muy entretenida platicando con Sailor Mimoon (OMG! Yuri!) (No saquen ideas erróneas! .) —; em… supongo que también está bien. ¡¿Pero y la princesa Lin?! ¡Se supone que esta historia se trataba de ella!

—No te preocupes Ren, estoy bien —dijo ella apareciendo de la nada junto al Conde Helado y un carrito lleno de helados—, el Conde Helado es muy gracioso.

—Yo solo quería hablar con ella y ¡dominar el mundo juntos! —soltó una carcajada que intentaba ser malvada.

—¡Que villano! —interrumpió Sailor Mimoon.

—¡Espera! —saltó Lin—. Si, pensamos dominar al mundo, pero de una manera buena.

—¡Con helados! —grito el Conde Helado, tomando paletas heladas y ofreciéndolas a todos con una sonrisa—. Quiero que ambos reinos se unan para vender helado a todo el mundo.

—Y yo seré la imagen principal de esa línea de helados —sonrío triunfal la princesa Lin—. Todo esto fue un mal entendido.

¿Qué diablos acabo de leer? Así que por eso no encontraba mi diario. Y la única razón por la que no arranco esas páginas, es porque el cuaderno es de ese estilo italiano, que si arranco una hoja, se cae otra. En fin, al parecer esto les entretuvo un rato, no como Thelma y yo que nos dormimos. ¿Qué fue lo que ocurrió? Nos quedamos atrapados en el aeropuerto de Oslo, Noruega. Una repentina nevada cubrió las pistas y todos los vuelos se cancelaron (y eso me trajo más problemas de lo usual), dejándonos unas doce horas atrapados en las instalaciones del aeropuerto. Bueno, al menos este extraño y disparatado cuento infantil, por llamarlo de algún modo, les sirvió de entretenimiento. Fue divertido leerlo.

¿Quién escribió el nombre de Luka encerrado en un corazón con tinta rosa?