Después de una larga espera, de muchas cosas en la universidad, ¡he vuelto! Damas y caballeros, fans de VOCALOID, con ustedes el capítulo 11 del diario de Master. Gracias a mi amada novia por hacer la corrección ortográfica.

Día de playa

Yo sé muy bien que parece un desborde de pereza o una contradicción con lo que he escrito antes. Si tan ocupados estamos con los ensayos y grabaciones, ¿por qué parece que tenemos tanto tiempo libre? La respuesta es sencilla. Son ellos quienes tienen tiempo libre, yo soy quien trabaja hasta dormido; y aunque no han dejado de estudiar en ningún momento (esa fue una de mis condiciones) y que la temporada de conciertos y grabaciones se vuelve fuerte consumiendo veinte de las veinticuatro hora diarias ahogándonos en trabajo, los VOCALOIDS tienen unos cinco meses de descanso al año, no continuos sino esparcidos a lo largo del año.

Lo anterior gracias a las diversas propuestas que se reciben. Me explico. Si en enero grabamos coros y se ensaya a diario, en febrero solo tenemos grabaciones de Luka, Meiko y Gumi como solistas, en marzo es turno de Kaito, Gakupo y Rin, para abril salimos a las calles del país o del mundo a presentaciones en toda clase de eventos, y el ciclo se repite una y otra y otra y otra y otra vez. El trabajo permanente es para mí. Revisar contratos, atender demandas (la mayoría por daños materiales culposos), conseguir fechas, asistir a juntas y rendir cuentas a la disquera… y como no soy japonés, sino un extranjero a cargo de un exitoso producto nacional, solo esperan un error, un mínimo error, o cualquier situación polémica para echarme. Sin preocuparme por nada, ¿verdad?

Pero no vale la pena hablar de eso por ahora, no quiero estresarme después de un día tan divertido y lleno de emociones, porque justo esta noche terminan las únicas veinticuatro horas de vacaciones que tengo a mitad de año. Así es, eso duran mis vacaciones de verano. Lo normal sería que en tan corto periodo no alcanzara a hacer nada más que dormir tarde o tal vez ir a un spa a darme un día de relajación completa, lejos del bullicio. Ambas ideas eran buenas, pero optaba más por la primera. La noche anterior fue normal, excepto porque no revisé ninguna demanda, no tenía contratos que firmar y no había ensayos de nada programados. Cenamos, vimos una película animada sobre las vacaciones de Jesús y Buda, tomé una ducha y caí rendido en la cama. Cual va siendo mi sorpresa a despertar al medio día ¡en medio de una playa!

—¡¿Qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?! ¡¿Dónde?! —fueron mis primeras palabras al despertar tendido sobre una toalla, en traje de baño, a la sombra de una amplia y rosada sombrilla.

—Ya despertaste Master —me respondió Gakupo con suma calma, sacando un refresco de la hielera con un puerro dibujado. Tenemos como diez de esas.

—¡¿Pero qué está pasando?! —grité. Era obvio lo que hicieron mientras yo dormía, pero la sorpresa del momento no me dejaba pensar con claridad.

—Tranquilo, todo fue idea de mi hermana y Kaito —dijo sentándose a mi lado. Me extendió un refresco el cual tomé—. Pensaron que una buena forma de pasar tu día libre era en la playa.

—Pudieron despertarme.

—Thelma lo intentó cinco veces, los gemelos tres y Miku dos. Al final te sacamos dormido del apartamento. ¡Tienes un sueño tremendo! —había cierta admiración en esas palabras y lo entiendo. El joven Gakupo es una persona con un sueño tan ligero que basta con que una aguja caiga en su habitación para que despierte sobresaltado.

—Y decidieron darme una sorpresita.

—Eso mismo.

—Pues vaya que estoy sorprendido.

A pesar de tener un inicio único, el día se volvió especialmente divertido. Ahora que lo pienso bien, es posible que ese despertar tan inesperado fuera el que volvió todo tan agradable. Fuera del susto inicial, rápido me acostumbre al leve sonido de la brisa y el tranquilo oleaje del mar, el roce de sus dedos con mis pies sobre la arena. Nadamos un rato, jugando pequeñas carreras con cada estilo diferente (y es que los vocaloids se hicieron fans de Free!); hicimos esculturas de arena y… la más divertida de todas fue la de Miku, pues era de tako-Luka; y enterramos a Kaito en la arena. Un día de playa entre amigos, comiendo los platillos marinos de la zona en los pequeños pero numerosos establecimientos, probando el esquí acuático del cual todos nos caímos en los primeros veinte intentos y nos reíamos por nuestros accidentes; y como no podíamos ocultar la identidad del grupo en ese lugar, los autógrafos y fotografías no se hicieron esperar. Por fortuna no había mucha gente. Todo parecía felicidad hasta que ese sujeto se apareció de la nada.

Recuerdo muy bien que Thelma y yo estábamos aplicando gel antiquemaduras a los gemelos Kaganime, pues a los muy valientes se les ocurrió correr bajo el sol sin usar protector alguno. Miku estaba grabando el momento con su cámara nueva, alternando en momentos con el juego de voleibol que Luka y Gumi jugaban contra Meiko, mismo que era ganado por ella por más de diez puntos. Ya estábamos mareados por el aroma del aloe vera, cuando Kaito llegó corriendo muy agitado. Lo primero que vino a mi mente fue que tras él venían un par de policías o chicas molestas o bien, ambos, por su constante tendencia de desnudarse y solo portar su bufanda, pero la ausencia de gritos me hizo prestar atención a su traje de baño; aun lo tenía, así que el problema era otro.

—¡Master! ¡Master! —me llamó con el corazón saliendo de su pecho—. Tiene que venir ahora mismo, es urgente.

—¿Qué hiciste? —pregunté con tono tan frío como la Antártida.

—Yo no hice nada, es Gakupo.

—¿Qué hizo Gakupo? —cambié mi pregunta sin el mayor entusiasmo.

—Un tipo llegó de pronto y comenzaron a discutir —dijo tomándonos a Thelma y a mí de las manos—. Rápido, antes de que peleen.

No sé porque razón, pero mis piernas no tenían voluntad de moverse, solo respondían por el instinto de evitar la caída. Thelma aun cargaba con un tubo de gel refréscate, negándose a dejarlo caer; Miku por su parte nos seguía tan rápido como sus piernas delgaduchas lo permitían, sin dejar de grabar en ningún momento. Estoy seguro de que sentía una gran emoción por filmar una persecución, o al menos la noción de una. Gumi corría a la par de Kaito, sumamente preocupada por su hermano; y más atrás de nosotros, venían Meiko y Luka que cargaban una sombrilla para que los gemelos Kagamine pudieran acompañarnos. Por supuesto, era una imagen bastante extraña; imaginen a un par de enanos rubios con piel rojiza y manchas verdes corriendo bajo una sombrilla. Algo digno de un anime.

Corrimos por la orilla de la playa, justo en el punto donde el agua salada y las blancas arenas se unen, nuestras huellas se imprimían en el suelo y desaparecían con el mar. Al pasar de frente a una caseta un tanto destartalada, pudimos ver la larga cabellera morada de Gakupo, batiéndose con la brisa marina y sus arrebatos de ira. Frente a él había un sujeto alto, de penetrantes ojos verdes y cabello corto, completamente negro, con una sonrisa fanfarrona y con cinco chicas a cada lado. Aquel parecía divertirse con los enojos de Gakupo y, gracias a Luka, pudimos notar que el misterioso y presumido individuo también cargaba con una katana. Alrededor de ellos ya se había formado un puñado de curiosos que esperaban ver, tal duelo antiguo, un enfrentamiento armado entre los dos jóvenes samuráis. A pesar de solo usar palabras como armas, el odio y la tensión eran notables en ambos, solo que el enfoque de cada uno era distinto. Si aquel tipo solo se burlaba, Gakupo estaba más que frenético, y Gumi…

—¿Quién es él? —preguntó Luka.

—Se llama Honda Kyosuke —dijo con una voz tan apagada como molesta—, un exnovio…

Y eso lo explica todo.

—Oh mira, ya llegó tu hermana la loca y tus amigos cantantes. Que deshonroso.

—No hay deshonra en practicar el arte del canto —defendió Gakupo rechinando los dientes—, en cambio tú, eres un derroche de dinero, ¿consideras honorable gastar fortunas a diario?

—Es solo una forma más de demostrar mi poder, no hay nada vergonzoso en ello —aseguró el tal Kyosuke, seguido de un coro de risitas.

Yo no sabía qué hacer. Es de esos casos en que no importa lo que hagas, alguien va a salir perdiendo. Lo que más me preocupaba era la presencia de armas, no es bueno tenerlas cerca si vas a pelear con alguien. Si me metía en la disputa, podría terminar avergonzando a Gakupo, o estorbarle y que terminara herido, o bien, yo podría terminar muerto. Mientras media todas la posibilidades de intervenir, Meiko se adelantó a todos y cuando me di cuenta, ella ya estaba cargando a ambos jóvenes buscando calmarlos, aunque solo provocó que su frustración aumentara, junto con las burlas de Kyosuke. Tras un minuto de forcejeo, comprendió que aquello era inútil. Y claro, los ánimos no hicieron más que calentarse aún más.

—¿Qué les pasa a ellos? —al fin se animó a preguntar Rin, sin dejar la seguridad de la sombrilla.

Gumi se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro, llamando la atención de todos los espectadores de la confrontación entre los samuráis.

—Fui novia de Kyosuke hace unos años, no era la gran relación pero lo pasábamos bien —comenzó su relato, no parecía nada entusiasmada—. Nos conocimos en una exposición de pintura, le parecí atractiva y quiso ligarme en base a su dinero; claro que primero lo rechacé, pero ante su insistencia opté por darle una oportunidad. Al principio todo parecía ir bien, la típica pareja perfecta de estudiantes que pasaba las horas caminando por el parque, viéndonos en la estación de trenes y regalándonos dulces de vez en cuando. Pero cuando descubrió que Gakupo es mi hermano… comenzó a tratarme mal.

—¡Eres la hermana de mi acérrimo rival!

—Media hermana… —suspiró Gumi ya harta de esto.

—¡Lo que sea! La sangre es más espesa que el agua, y sus lazos no se pueden romper con nada. Ni la espada más afilada creada por los dioses podrá cortar el vínculo entre la mujer que ame alguna vez y mi enemigo mortal.

—¡Pagaras! —rugió Gakupo furioso—. ¡Cobrare un alto precio por la deshonra que cometiste contra mi hermana!

—¡No es para tanto! —intervino Gumi sacudiendo los hombros del samurái cantante—. Solo me dejó plantada en el baile, es todo.

—Lo de la sangre y el agua no tiene nada que ver —murmuró Rin.

—Yo creo que están sobreactuando —escuché a Len responder a su hermana.

—Mi maestra tenía razón, los japoneses son muy intensos —fue lo único que pude decir ante tal alboroto. Hace tiempo llevé una materia de teatro y, cuando veíamos una adaptación japonesa de Hamlet, eso dijo ella. Yo siempre dude de que hubiese algo de esa exageración fílmica en el pueblo nipón hasta bueno… esta tarde. Por cierto, esa película se llama Trono de sangre. Muy buena.

La situación ya pintaba en lo ridículo. La multitud se arremolinaba en torno a los dos rivales, mientras que Gumi jalaba del brazo a su hermano mayor implorando irse de aquel lugar. El número de chismosos ya era suficiente para llamar la atención de los vendedores de comida, que arrastraron sus carritos entre la arena y comenzaron a ofrecer sus platillos para amenizar el espectáculo; y como si no fuera suficiente, varios tomaban fotografías y video de la improvisada obra que ocurría frente a sus ojos. Sí, sentía que estaba ante una obra callejera, y una muy mala. Pero la diversión se esfumo cuando los dos samuráis desenfundaron sus katanas, retándose a un duelo a muerte.

—¡Master! —gritó Miku tirando de mi brazo—. Tienes que detenerlos, van a matarse.

—No sé… tal vez no hagan nada más que gritarse cosas.

—¡Master! —me recriminaron todos.

—¡Esta bien! Ya voy… y se suponía que es mi día de descanso… —murmuré molesto.

Pero en verdad, no puedo mentirme a mí mismo, no quería intervenir por temor a sus armas. Sentía que si me acercaba podía ser recibido por una estocada mortal al corazón o que mi cabeza saliera volando de un tajo. Vamos, esas espadas son muy peligrosas. He visto en algunos programas de televisión que pueden cortas hasta huesos. Con suma cautela, me acerque a ambos samuráis sin más protección que mi mano derecha y con la voz más potente que pude hacer, les hablé.

—¡Basta! Ustedes dos solo hacen el ridículo ante estas personas, y no puedo permitírtelo Gakupo. Esto es malo para la imagen del grupo.

—Master… —suspiró el conmocionado. Suspiró amargamente y enfundo su arma—. Lo siento, Master, chicos, no estaba pensando con claridad dejé que mis emociones me controlaran.

—¡Ja! Semejante samurái honorable serás con esa actitud.

—¡Y tú no te quedas atrás muchacho! —dije. No sé por qué lo hice, tal vez por no soportar que se burlara de Gakupo—. ¿Crees que gritándole de cosas a Gakupo llenas de honor a tu casa? Es un acto vergonzoso lo que estás haciendo.

Parecía que mis palabras le afectaron de verdad; dejó caer su espada a la arena y en su rostro se dibujó una inusual expresión de desconcierto y terror, recordándome a esas caras que salen en los animes cuando la chica que le gusta al protagonista lo rechaza de forma cruel. Sin embargo, en cuestión de segundos se llevó la mano a la cara y tras meditar unos segundos, señaló a Gakupo de manera desafiante.

—Tu representante tiene razón, no podemos seguir con estos vergonzosos actos. Así que resolvamos esto de una vez por todas demostrando nuestras habilidades en tres pruebas: velocidad, resistencia y precisión. ¿Qué dices?

—Acepto tu desafío.

Debí saber que en ese instante las cosas se tornarían más serias, que ese melodrama de pésimo guion improvisado seguiría un verdadero espectáculo para todos los que fuimos a la playa en esa tarde y que, por lo repentino en que ocurrió o la forma tan singular en que dio inicio, quedará grabado en la memoria para siempre. Y en las fotografías y videos tomados por los celulares. Entre la muchedumbre, los dos samuráis se abrieron paso lentamente y sin dejarse de mirar a los ojos con un odio que podía verse y sentirse. No sabíamos que pruebas iban a realizar, pero parecía que ellos se lo comunicaron con el pensamiento. Las chicas risueñas que acompañaban a Kyosuke coreaban su nombre como si se tratasen de su equipo de porristas personal, mientras que todo mi grupo expresaba palabras de aliento (algunas amistosas y entusiastas que venían de los gemelos y Kaito, otras muy violetas pronunciadas por Meiko) a nuestro querido pelimorado amante de las berenjenas. Ambos se detuvieron en la playa, Kyosuke señaló un pequeño muelle donde los aficionados de la pesca podían practicar sin ser molestados. Gakupo asintió con la cabeza y ambos se alistaron para correr. De improviso, una de las porristas de Kyosuke se paró frente a ellos y levantando su brazo derecho con una pañoleta entre los dedos, comenzó una cuenta regresiva del tres al uno. Y esos tres segundos se volvieron muy largos; los latidos de los corazones de todos los presentes latieron al mismo tiempo, los alientos se unieron en una brisa cálida y el mar detuvo su oleaje. Cuando aquella chica bajó la improvisada bandera, indicando la salida de los corredores, ambos samuráis comenzaron a correr entre un mar de gritos y vítores. Ambos corrían a la par, las zancadas eran parejas, las brazadas y hasta los granos de arena que sus pies levantaban. ¿Respiraban acaso? Parecía que no, que antes de correr tomaron una profunda bocanada de aire y no la soltarían hasta terminar. Poco a poco, la diferencia se hizo notar; los pescadores aficionados notaron el revuelo y abrieron paso a los dos competidores, cuyas melenas se sacudían en el aire. El primero en poner un pie sobre el muelle fue Gakupo, que levantó los brazos en un gesto triunfal mientras que un par de pescadores le felicitaban. De nuestro lado de la playa, los demás VOCALOIDS, Thelma, yo, y más de la mitad de los espectadores aclamamos la victoria de nuestro samurái favorito.

Pero la competencia estaba aún lejos de terminar. Apenas alcanzamos a los dos rivales mortales cuando Gakupo daba instrucciones a uno de los pescadores. Aquel amable hombre arrancó su bote y se internó al mar hasta llegar a unos cincuenta metros del muelle. Entendimos entonces que seguía la prueba de resistencia. Sin que ninguno lo acordara, cada quien elegiría uno de los desafíos, aunque no sabíamos quien idearía el tercero. Lo único seguro era que podría ver esta competencia cuando quisiera, pues Miku no paraba de grabar todo lo que pasaba. De nueva cuenta, los rivales se miraron entre sí, asintieron y se prepararon para saltar al agua. Ahora la encargada de dar la señal fue Meiko. "Tres", el público se paralizo, ahora nosotros contuvimos el aliento; "dos", ambos jóvenes flexionaron las rodillas, dispuestos a saltar; "uno", el tiempo se detuvo, Miku avanzó hasta detrás de los competidores entre un leve crujir del muelle, la brisa marina sopló fresca en los rostros de todos. "¡Fuera!" rugió la voz de Meiko. Al instante, Gakupo y Kyosuke saltaron al mar y comenzaron a nadar con toda su energía. La entrada de ambos fue limpia, casi sin salpicar; por un segundo ambas siluetas desaparecieron, surgiendo unos metros más adelante. Ambos iban parejos hasta los primeros veinticinco metros, pero de pronto Gakupo comenzó a ir más lento que Kyosuke, conservando una diferencia de más de medio cuerpo entre ambos. A diferencia de la carrera anterior, el entusiasmo se perdió poco a poco en esta ocasión por la marcada diferencia. Ya para la vuelta cinco, Kyosuke sacaba cuerpo y medio de ventaja a nuestro amigo de cabellos morados; ni que decir de la décima y última vuelta, Kyosuke llegó con la gran ventaja de unos diez segundo comparado con Gakupo. La competencia se puso uno a uno, entre las risitas tontas de las acompañantes del ricachón Honda, el desánimo de la mayoría de los espectadores y la lucha que Kaito y Luka libraban por sacar a Gakupo del agua.

Fue necesario hacer una pausa de media hora para que ambos pudieran recuperarse… aunque Kyosuke no se veía tan cansado como Gakupo. Aquí no sé si el cansancio de mi cantante se debiera a que el día anterior le tocó ensayo de coreografía por más de diez horas o solo es que no acostumbra a nadar mucho. Lo importante es que los ánimos de toda la gente, y yo me incluyo, no habían decaído. A pesar de la mala actuación de Gakupo en la prueba de resistencia, el cariño de la gente estaba con él, mientras que su rival solo era alentado por las chicas que lo acompañaban.

Con solo una prueba por definir, el sol poniéndose en el horizonte y un par de gemelos rubios bien cocidos, los rivales se pararon frente a mí.

—Master, necesitamos un tercer juez y queremos que seas tú —me dijo Gakupo con una seriedad que nunca le había notado.

—¿Están seguros de que soy el indicado? —dije con intensión de quitármelos de encima, pero recapacité y pregunté algo más importante—. O mejor dicho, ¿Qué rayos piensan hacer?

—Master-san —intervino Kyosuke con suma cortesía—, pensamos en usted porque es un hombre que, por su trabajo, no puede arriesgar su reputación. Y no se preocupe, solo cortaremos unas sandias para probar nuestra precisión.

—Lo que debes hacer es fácil —Gakupo me entregó unos letreros con flechas dibujadas—, aquí están dibujadas las direcciones en que puedes pedir el corte. Levanta uno de los letreros y cortaremos así la sandía.

—La gracia consiste en que el corte sea el primero y preciso —concluyó Honda.

—Supongo que puedo hacer eso… ¿y los otros jueces?

Ambos me mostraron donde se haría la última prueba, donde ya esperaban Luka y un tipo alto con lentes; cada samurái había elegido un juez para su rival. Supongo que esto les debía de garantizar la mayor imparcialidad posible, o eso pensaban; sé que los japoneses manejan mucho esto del honor y eso podía ser una garantía de unos jueces imparciales, pero bien sabemos que todo es posible por más honorable que seas. A diferencia de las pruebas anteriores, ahora subimos al área de los restaurantes, donde la gente se reunió a torno nuestro para ver la singular competencia. Uno de los pequeños empresarios cubrió el suelo con unos manteles, para evitar el desperdicio de fruta, mientras que la gente compraba bebidas y botanas para presenciar el desenlace de los "Tres desafíos del honor", nombre que Rin le dio a este espectáculo. Los seis nos colocamos en nuestras posiciones, los rivales al centro frente a unas cajas donde habían colocado las sandias, Luka a un costado de Kyosuke, el tipo de lentes junto a Gakupo, yo frente a ellos con una pequeña mesa donde puse los letreros, y Miku filmando todo a mi lado. Solo esperaban mi señal, yo tenía en mis manos el poder de acabar con esto de una vez. Suspiré y tome el primer letrero de los ocho que había; un corte sencillo, horizontal a la derecha. Lo levanté ante la vista de todos y apenas lo notaron, los dos samuráis empuñaron su arma y cortaron las grandes frutas verdes por la mitad. Tanto Luka como el sujeto ese certificaron que ambos cortes fueron correctos y se realizaron al mismo tiempo, ante el asombro de todos. Ahora nadie hacia ruido, ni exclamaciones de apoyo o asombro, el silencio era total en la playa excepto por un pequeño grupo de niños escandalosos. Aún resuena en mi cabeza los gritos de una madre a su hija. "¡Tsugumi, deja eso!". Lo anterior, al aire de tensión y los alientos contenidos, los susurros y las apuestas bajo la mesa, los quejidos de los gemelos por resentir las quemaduras y los suspiros de cansancio de Gumi, se extendieron por el resto de la prueba. No había forma de declarar un ganador cuando las últimas sandias, en un corte vertical ascendente, rodaron por el muelle. Al ver esto, una exclamación de desconcierto se apoderó de todo el público. El corte de ambos competidores fue preciso, limpio, como los nueve anteriores, y realizado al mismo tiempo. Los murmullos no se hicieron esperar y comenzó a especularse sobre quien fue el vencedor de la competencia. Por un lado, una pequeña cantidad de personas apoyaba a Kyosuke, su favorito desde la prueba de resistencia; pero aún más numerosos eran los que pusieron sus esperanzas en manos de Gakupo. Hasta yo estaba ansioso por el resultado, pero no podíamos determinarlo. Y claro, a otra fracción de los turistas les importó poco el vencedor y se marcharon antes de declararlo. No lo culpo, el día fue largo y agotador, queríamos que esto terminara de una vez por todas; sin embargo, ellos no se irían sin haber declarado a uno victorioso.

Pasamos alrededor de media hora deliberando, tomando un tiempo para bañar de nuevo en su crema contra quemaduras a los Kagamine. Fue algo repentino, pero la solución vino de Len, quien después de quejarse dolorosamente por su espalda rostizada, nos dio la solución.

—Si Miku grabó todo —dijo entre quejas—, y podemos poner el video en cámara lenta, se puede definir al ganador.

—Es cierto ¿Por qué no se nos ocurrió? —expresó Luka que comía junto a Miku y Kaito en un rincón de un puesto de curry.

—¡Oiga señor! —grité al dueño—. ¿Podemos conectar una cámara a su televisor?

La voz se extendió rápidamente. Ocupando los asientos más cercanos a la televisión de aquel pequeño restaurante estábamos los VOCALOIDS, Kyosuke y su sequito de modelos, Thelma y yo; a nuestras espaldas se apretujaban todos los curiosos y fanáticos del grupo, mientras que el frenético dueño del establecimiento preparaba platillos como nunca lo había hecho, aprovechando la gran cantidad de clientes. Miku puso el último video, adelantándolo hasta el momento en que se cortó la décima sandia.

—¿Nervioso Gakupo?

—No más que tú, Kyosuke.

La cámara lenta comenzó a funcionar, un segundo se transformó en tres; el subir de mi mano, que ocurrió en un pestañeo, se notó tan lento como la caída de una hoja del árbol. El momento esperado llegó, las espadas brillaron y comenzaron su ascenso; la mano de Gakupo tembló primero y avanzó antes de que su rival. Con una mínima diferencia, nuestro amigo partió por la mitad la fruta antes que su acérrimo rival. En cuanto vimos que la espada terminaba de recorrer el cuerpo de la sandía, las exclamaciones de júbilo inundaron la playa entera. Las felicitaciones no se hicieron esperar, primero por parte de nosotros y luego de mano y voz de los fanáticos del grupo; era una fiesta contagiosa que hasta Gumi, la más indignada por la competencia y que había tratado de estar al margen, se emocionó en gran medida, abrazó a su hermano y le felicitó por la victoria.

Ya era de noche, pasamos todo el día en la playa disfrutando de unas pequeñas vacaciones y envueltos en una extraña pero entretenida competencia. Kyosuke aceptó su derrota con buen ánimo, se disculpó con Gumi por haberla dejado plantada y felicitó a Gakupo por su victoria, sin embargo, le advirtió que no se quedaría así y la próxima vez que se vieran las cosas serían distintas. Lo último que supimos de él fue que desapareció en el nocturno horizonte marino, a bordo de un yate y acompañado por su sequito de sonrientes chicas. Por nuestra parte, agotados del ajetreo y con los gemelos urgentes de atención médica, subimos a nuestro camión emprendiendo el camino a casa. Ahora solo pienso en un detalle después de que Gumi nos dijo que ha salido con siete chicos; si uno es un corredor clandestino de autos y otro un samurái engreído… ¿qué serán los otro cinco?