Notre secret
¿¡Cómo no lo vi venir!? Carajo que soy lento, distraído, o ya para acabar, soy un hombre legalmente ciego que no ve ni lo que está frente a su nariz (y eso podría justificar el por qué cada que conduzco el camión termino estrellándome con un poste); aunque bueno, uno se distrae con tantas llamadas telefónicas y los kilos de preocupaciones que mis hombros cargan. Sí, sí, eso es, me distrae mucho el trabajo. ¡Con un demonio! ¡No me engaño ni a mí mismo! ¿Cómo es posible que teniendo todas las pruebas frente a mis ojos no me diera cuenta nunca? Desde que los gemelos robaron el doujinshi que Luka guardaba, los gritos de Miku al ver a Luka en las filmaciones de Kohkyo Sentai, el deseo de conducir de la pelirrosada, lo que la niña de las coletas quería decirme aquella madrugada del catorce de febrero, ¡todo eso debió ser una pista! Y yo, como un tonto, no me daba cuenta de la realidad. Hatsune Miku y Megurine Luka, dos de las idols más populares de Japón y del mundo, miembros del grupo VOCALOID, con quienes vivo bajo el mismo techo, ¡resultan estar enamoradas! No, eso es poco… ¡tenían cerca de un año como novias! ¿Saben de la publicidad que esto significaría? Por supuesto que no la necesitamos, y me niego rotundamente a caer tan bajo. Y es por eso que queremos, no, debemos mantenerlo en secreto no solo de los superiores de las disquera, sino también de todo el público y hasta de sus familias. Uno no sabe cómo van a reaccionar y mientras se nos ocurre una forma de decirlo, optaremos por mantener todo tranquilo.
Diablos. En verdad me siento un idiota. Más porque pensé que aquel secreto que Miku quería confesarme era pues… otra cosa, que le gustaba un chico, que le gustaba yo, que andaba en malos pasos con un tipo de la disquera. Aunque temía eso, no tendría sentido que Thelma insistiera tanto en que Hatsune misma me lo dijera a la cara.
¿Cómo me enteré? Bueno, Miku tardó cerca de dos semanas en decirme gracias a las numerosas interrupciones que se presentaron durante ese tiempo. No fue hasta ayer que por fin encontró el momento justo para confesarse… con ayuda de Luka… y las descubrí por accidente para rematar.
Ayer por la noche se celebró una pasarela de modas en la cual debutó una joven promesa en el mundo de la moda; la joven Mori Cho mostró su talento al mundo. Lo más gracioso es que pese al nombre, ella de japonesa tiene lo que yo de keniano: nada, parece más bien una chica inglesa. Y bueno, los modelos que promocionan a la joven son, en una terrible estrategia que incluye a mi persona, al padre de Gakupo y Gumi, y al señor Kunikida (un influente mangaka), todos los VOCALOID. Eso es absolutamente todo lo que sé al respecto de las personas con las que trabajamos. A ella la vi a diario, pero nunca cruzamos ni una palabra después de presentarnos (y por una gran casualidad del destino, resulta que ella es la chica que casi arroya Meiko aquella vez que me llevó junto con Kaito al estudio); y al tal Kunikida ni lo conocí ni me importó. De hecho, mi labor consistía en llevar al grupo hasta la pasarela, a que les tomaran medidas… y ya. Por primera vez, solo me dediqué a ver.
Miku intentó confesar su secreto cinco veces aquel mes, cuatro durante las últimas dos semanas. Ya había pasado un buen tiempo desde que perdió su oportunidad aquel catorce de febrero mientras preparamos chocolates. Después de eso, no volvió decirme nada más y yo solo tenía la noción de que guardaba un secreto junto a Luka. Y claro, yo le pregunté a la pelirrosada si podía decirme que era eso que secreteaban de pronto. Su respuesta fue un rotundo no, que era necesario que la misma Miku me lo dijera. Además de esto, Thelma también estaba enterada y cada tres o cuatro días me preguntaba si nuestra querida chica de coletas me había dicho algo MUY importante. Siempre le dije que no; ella se molestaba y se iba. ¿Qué pasaba? No tenía ni idea de la verdad.
La primera oportunidad se presentó antes de la reunión con el padre de Gakupo y Gumi. Como los Kagamine estaban enfermos de gripe por arrojarse globos de agua, el señor Kamui optó por ir hacia nuestro departamento y, de paso, conocer en qué lugar vivían sus hijos. Sobra decir, él es uno de los más influentes publicistas de Japón y muchos de los promocionales de VOCALOID son obra de su equipo (y también los comerciales del ramen instantáneo Nissin y las frituras de Calbee). Y por lo mismo, todos en casa estábamos ocupados limpiando un poco antes de que tan importante hombre llegara a nuestra desastrosa morada. Yo estaba recogiendo toda la ropa que teníamos, entre prendas de uso diario y vestuarios de las presentaciones; con lo que recolecté bastaba para llenar la mitad de una lavandería, pero lo peor era separar lo de uso cotidiano que podemos lavar nosotros mismos y los vestuarios especiales (entre ropas de gala y atuendos de conciertos) que requerían un manejo profesional. Me encerré en la habitación de lavado, separando la ropa y mandando calcetas y calzoncillos a la lavadora. Es fácil saber que le pertenece a cada quien, Meiko es la más atrevida, Gakupo muy tradicional, Rin y Miku algo infantiles, ¿por qué hablo de ropa interior? De la nada se abrió la puerta y entró la principal diva del grupo. Miku comenzó a ayudarme, primero preguntándome a que venía el señor Kamui, y ante mi ignorancia de un porqué comenzamos a divagar. Recuerdo bien que tenía en mis manos un atuendo de ninja usado por Luka hace tres meses cuando, mostrándose seria pero tímida, temblando de la voz y roja como una manzana recién cortada, Hatsune Miku me habló.
—Master… tienes que saber algo.
—Te escucho —le dije, aunque me sentía más preocupado por la montaña de ropa que se formaba a mi izquierda.
—¡Oye! Pero préstame atención —me reclamó. La obedecí y clavé la mirada en sus ojos… para que ella se girara nerviosa y se pusiera a juguetear con sus dedos—. Esto es algo vergonzoso.
—¿Qué hiciste Hatsune?
—¡Nada! Nada malo… Es solo que…
—Que…
—Es hora Miku… no seas una miedosa —la escuché murmurar. Fingí que aquello no llegó a mis oídos—. ¡Master! ¡Yo soy la…!
—¡Mi papá llegó! —interrumpió de pronto Gumi, actuando como si un tsunami se dirigiera hacia nosotros. Salté aquella pila de ropa y corrí a la puerta para salir, mientras que Miku se quedó ahí, petrificada.
La reunión con el señor Kamui fue sencilla. Se presentó ante nosotros vistiendo un modesto (pero caro) traje Versace de color gris y nosotros pues… algunos estábamos en jeans, otros en pijama, nada de glamour. Esto lo justifico con nuestro reciente regreso de una presentación en Corea. Nos reunimos en la sala, hasta los gemelos estaba ahí bajo sus cobijas y sus respectivos cubre bocas para evitar un contagio. En un principio, aquello parecía la visita normal que un padre le hace a sus hijos que recién están viviendo solos, aunque mostró interés en el bienestar de todos nosotros, de cómo nos sentíamos viviendo en aquel gran departamento y, en resumidas cuentas, como era la vida de unos exitosos idols. Hasta que llegó la hora de comer, nos dedicamos a ver fotografías de las presentaciones más recientes, de una escapada a la Ciudad Eléctrica y de nuestras vacaciones en México. Una vez que terminamos de comer, el señor Kamui por fin reveló el motivo de su visita.
—Verán, el motivo de mi visita es que necesito devolverle un favor a un amigo mío. Supongo que el nombre de Mori Cho no les es ni remotamente familiar —exacto. Nunca en la vida habíamos oído hablar de ella. Supongo que nuestros rostros bastaron para dar una respuesta—. Eso pensé. Ella aun es una desconocida, una joven promesa de la moda a quien se busca dar a conocer.
—Y supongo que ahí entran los chicos.
—Exacto Master.
—¿Ella va a diseñarnos atuendos para algún video o concierto? —preguntó interesada Gumi, se sintió amenazada.
—Oh para nada hija, al menos no por ahora —respondió su padre con una risa tranquila—. En poco tendrá un desfile de modas para promocionarse, pero la agencia de modelos que habíamos contactado afronta problemas legales y cancelamos el contrato. Fue mi idea que ustedes tomaran ese lugar y modelen la colección de Mori-san.
—A mí me parece un buen trato, y todos salimos ganando. Pero chicos, son ustedes los que deciden.
—¡Por supuesto que te ayudaremos! —saltó Gakupo—, así tenga que ser yo solo.
—Oye, ¿y yo que? —reclamó Gumi al sentirse ignorada.
—¿Tan malos amigos creen que somos? —les preguntó Luka, fingiendo sentirse dolida por aquellas palabras—. Por supuesto que lo haremos, somos un equipo después de todo, ¿no?
Esa es mi Luka. Bastó que dijera eso para que Gakupo perdiera la compostura y le agradeciera de rodillas, mientras que el resto del grupo mostró su acuerdo con un sonoro sí… y dos estornudos por parte de los Kagamine. ¡De inmediato nos pusimos a trabajar! A marchas forzadas porque solo teníamos un mes.
La segunda oportunidad se presentó trece días antes del desfile de modas. Estaba trabajando en mi oficina (es decir, el comedor) revisando los contratos que el señor Kamui me había entregado para revisarlos. Como de costumbre, debían estar listos a las ocho de la mañana, así que me pasaría la noche leyéndolos junto a una taza de café y Thelma durmiendo en el sillón. Afuera llovía, con una gran calma que lejos de asustar, resultaba como una nana cantada por las nubes, y hubiese caído dormido de no ser por la taza de café que bebía. Había que poner cuatro firmas, las dos primeras ya estaban: la del señor Kamui, estilizada y de líneas finas como pocas veces he visto en mi vida; la del señor Kunikida, fuerte y autoritaria, me intimidó al verla; por supuesto mi firma de niño de secundaria y la de cada VOCALOID. Despertarlos a las siete de la mañana para firmar un papel siempre es un reto.
Estaba leyendo el contrato de Gakupo, donde le prohibían cargar su espada la noche del desfile, cuando escuché que una de las puertas se abría. Las cuatro de la mañana con doce minutos y me faltaban tres contratos más. Ignoré aquello, pensando que se trataba de uno de los chicos con necesidad de ir al baño. Cuando firmé aquel documento, apareció frente a mis ojos Miku, tenía unas ojeras como las mías, vestía un pijama delgado con la palabra Popipo y su cabello estaba tan peinado como hacía tres horas cuando entró a su habitación. No había dormido nada.
—Miku —dije, buscando su contrato—. ¿No puedes dormir?
—Para nada —suspiró. Jugaba con sus dedos—. Master, el otro día iba a decirte que… bueno… ¿has leído Citrus?
—¿Qué es citrus? —pregunté automáticamente, las palabras me entraban y salían por los oídos—. Oye, aprovechando que estas aquí, ¿podrías firmarme tu contrato?
—Esto… bueno… sí —dijo recibiendo el documento algo decepcionada—. ¿Todo en orden?
—Sí, lo de siempre. Solo piden tu permiso para peinarte de otra forma.
—Me han pedido cosas peores… como aumentar mí…
—Busto. Te negaste y ahora Meiko es la cara de Victoria's Secret en Japón. Renovado hace dos meses —dije como robot. Actúo algo raro al trabajar a estas horas.
—Me gusta que nunca nos obligas a hacer algo que no queremos… bueno, al menos en cuanto a lo relacionado con anuncios y esas cosas —me entregó el contrato ya firmado. Y sí, la "i" de Miku es un puerro mordido—. Tenemos cada canción.
—Y ahí no podemos poner peros.
—Oye, oye, deja tu estado robótico y escúchame —me jaló un brazo y me quitó el contrato de las manos—. Master, esto es muy, muy importante.
—Te escucho —respondí, acomodándome en la silla. La miré con atención, sus dedos delgados temblaban nerviosos y sus brillantes ojos luchaban por verme.
—Etto… es algo confuso a veces ¿no? El amor pude ser a veces muy extraño, o mejor dicho, inesperado. Uno no puede saber a quién o como va a amar, ¿cierto?
—Sí, en eso tienes razón.
—Y bueno, para ser directa, yo…
¿Ella qué? No supe, sus palabras fueron interrumpidas por un repentino y estruendoso relámpago que cayó cerca de la ciudad. Su intensidad fue igual a la del sol, un breve momento de luz inundó Tokio. El susto acabó con aquel solemne momento y con la calma del departamento, como todos se despertaron (excepto Rin y Thelma), en breve nos vimos rodeados por todo el grupo so pretexto de necesitar un vaso de agua o un caballito de tequila. El lado bueno, firmamos los contratos a tiempo.
La tercera oportunidad se presentó diez días antes del evento. Por alguna divertida confusión, la asistente de Mori-san confundió las medidas de Miku y Rin, dando como resultado unos atuendos bastante disparejos y que volvían loca a la diseñadora. Así que tuve que llevarlas al taller para que les tomaran de nuevo las medidas. Y no voy a mentir en mi diario, me quedé a esperarlas en el auto ¡y me dormí! En otras ocasiones no me permitiría ni cerrar los ojos por medio minuto cazando a algún fanático o un paparazzi que se apareciera de pronto. Pero en ese lugar podía estar tranquilo. Mori-san no es famosa aun y estábamos en un sereno vecindario alejado de Tokio cuya única población parecían ser tres gatos. El ambiente era tan tranquilo en aquel lugar que solo me acomodé en el asiento y cerré los ojos, dejándome llevar por el leve susurro de la brisa y el canto de una cigarra. Sin darme cuenta, me quedé dormido con el periódico en las manos.
—¡Master! —me llamó una voz de pronto.
—¡Estoy solo! —grité de inmediato, mirando a todos lados—. ¡No hay VOCALOIDS aquí! ¡Me perdí buscando la casa de un utilero!
—Master, calma, calma. Soy Miku —me dijo levantando las enormes gafas que cubrían sus verdosos ojos y levantando la peluca negra que escondía su llamativo cabello.
—¡Ah! Ah. Perdón… ¿Cuánto me dormí?
—No tengo idea —sonrió algo nerviosa—. Acabo de salir.
—Sube —le abrí la puerta del copiloto. Ella entró al auto y se quitó las gafas—. ¿Y Rin?
—Mori-san aun le está tomando medidas —soltó una risita mordaz—. Su saco tenía unas mangas enormes que le llegaban hasta la rodilla. No sé cómo pudieron confundir las medidas.
—Bueno, a veces los errores ocurren. ¿Recuerdas cuando le di por error a Luka la letra de Venomania Kou no Kyouki? Cielos, me dio mucha pena que cantara eso —dije entre risas de ambos—. ¡Pero ella no reclamó nada y la cantó de forma magistral!
—¿No es increíble ella? —me preguntó con una amplia sonrisa que, ahora recuerdo, resplandecía como el mismo sol.
—¡Por supuesto! Es la única que no me ha dado problemas —le pellizqué la mejilla a mi representada.
—La favorita de Master —canturreó mofándose, tornando los ojos al cielo—. ¿Ya olvidaste el incidente con el atún en Aqua City?
—¡Cierto! La perfecta Megurine tiene un tache en su conducta por ponerse como loca cuando le dijeron que no había atún.
Reímos un poco más. Aquello fue una gran novedad porque Luka nunca se había prestado para algún escándalo. ¡Y hasta hicieron memes aprovechando su inusual cara furiosa! Otros la pintaban como un pequeño pulpo hambriento y… bueno, la imaginación no tiene límites.
—Y hablando de Luka —Miku jugó con los rizos de su peluca.
—¿Qué chismes vas a contar Hatsune? —intenté mostrarme severo.
—¡No es un chisme! Es algo muy importante… Luka es mí…
—¡Vámonos ya! —Rin saltó al asiento trasero con la peluca mal puesta y las gafas aun en la mano. Ni se terminó de acomodar la ropa cuando ya estaba tendida en el asiento cubriéndose el rostro—. ¡Anda! ¡Debemos irnos ahora!
—¿Pero qué pasó? —pregunté arrancando el motor.
—Una chica ahí dentro, una asistente o algo así, me tomó una foto a escondidas ¡y la subió a Facebook!
—Demonios, ¿hace cuánto? —el auto ya estaba abandonando los límites de aquel suburbio tan tranquilo.
—Veinte minutos más o menos, tiempo suficiente para que vengan por nosotros.
—¡Debí traer a Meiko!
Y así abandonamos el taller de Mori-san. Nerviosos por toparnos con algunos reporteros (que en efecto, llegaron) y con una Miku frustrada.
La cuarta oportunidad se presentó cinco días antes del evento. Los VOCALOID estaban ensayando como caminar en la pasarela mientras que yo los miraba desde la última butaca. En verdad es muy extraño no hacer nada más que ver y jugar con el celular (subí diez niveles en el juego de Los Vengadores). Pero también es aburrido. En días anteriores había cargado con unos cuantos mangas de Thelma, pero justo terminé de leerlos el día anterior y, mientras yo miraba a los cantantes caminar en círculo, Thelma y una amiga suya estaban en Akihabara comprando más cosas frikis.
Estaba por caer dormido mientras veía a Gakupo modelar por novena vez en media hora cuando una lluvia de cabellos verdosos cayó sobre mi cara. Eso fue lo más divertido del día.
—Despierte señor representante —cantó con una voz grave, si es que a eso se le podía llamar grave. Era como si una niña de cuatro años estuviera afónica.
—Estoy más despierto de lo que crees.
—Desde la pasarela pareces muerto.
—Este no es el trabajo más divertido que he tenido. Hasta me asusta lo bien que se están portando todos ustedes —y era cierto, estaba aterrado—. ¿Qué planean hacer diablillos?
—No estamos planeando nada. Es solo que… no queremos darle una mala impresión al padre de Gakupo y Gumi.
—Claro —no le creí—. Él sabe tan bien como yo como se comportan.
Miku se sentó a mi lado, estirando las piernas y masajeándolas con delicadeza. Al ser la estrella del grupo, cargaba con un número mayor de atuendos. Claro, en los ensayos solo veíamos algunas muestras de lo que iban a usar. Yo no sé mucho de ropa, y me da pereza investigarlo, pero por conversaciones que escuche, todos aquellos estaba inspirados en Coco Chanel, con un toque oriental. No tengo idea.
—Master, yo… —comenzó a balbucear la chica de las coletas.
—Despidieron a la asistente —le interrumpí. No había caído en cuenta que ella quería decirme su secreto—; la del otro día, ¿recuerdas?
—¿La de la fotografía de Rin?
—Ella misma. Aunque la foto fue retirada, claro, aun así la corrieron.
—Pobre chica.
Nos quedamos en silencio unos segundos, pensando en aquella desdichada asistente cuya única falta fue pensar que sería una buena idea presumirle al mundo con quienes estaba trabajando. Pero esas son las reglas para permanecer en este mundo. Al menos conseguí contratos muy flexibles para mis representados.
Miku se volteó hacia mí, queriendo decir algo. Sin embargo, una voz familiar le impidió hablarme.
—Que sorpresa, la idol del momento y el hombre que trabaja hasta dormido.
El señor Kamui apareció de pronto a nuestras espaldas, sentándose a mi lado para ver como sus hijos ensayaban. Para Gakupo resultaba muy fácil, pero Gumi parecía tener problemas para moverse con elegancia.
—Parece increíble que mi hija no pueda tener movimientos delicados, ¿verdad?
—Es una chica ruda como Meiko. Por su familia creí que esto le sería más sencillo —le dije.
—A Gumi nunca le interesó nada que tuviera que ver con una mujer tradicional de Japón. Siempre se inclinó más hacia las artes, en especial dibujo y canto.
—Y ahora es cantante en la banda más popular de Japón y diseñadora del cincuenta por ciento de los vestuarios. ¡Y no puede modelar!
—Esa niña es un desastre a veces, ¿no lo crees Miku-chan? —sonrió el señor Kamui a una Miku contrariada.
—¡Miku! —por otra parte, Kaito le gritó desde la pasarla—. ¡Te toca de nuevo!
—Ya voy… —suspiró desanimada, derrotada y decaída. Se levantó y, arrastrando los pies, se fue al centro del auditorio. El señor Kamui no pudo evitar sentir compasión por ella.
—Master… ¿Qué le pasa a Miku?
—Debe estar agotada con tanto ensayo y toma de medidas —me rasqué la barbilla solo para ver si se me ocurría algo que, evidentemente, desconocía—. Es mucho lo que se le exige por ser la principal idol del grupo. ¡Ja! En esos momentos adoro ser solo el representante.
—Pero ella no luce cansada.
—Bueno, también está frustrada por algo. No sé qué es, pero desde hace unos días —pero muchos días en verdad—, ella quiere decirme algo. Pero siempre es interrumpida por alguien.
—Entiendo… se trata de "eso" —dijo.
Se llevó la mano al mentón y fijó la vista en Miku, que era ataviada con un saco-kimono con flores bordadas en las mangas. En ese momento creí que el señor Kamui entendía la frustración que es tener que hacer algo y no poder hacerlo por capricho del destino. Pero no. ¡Él también sabía aquel secreto!
La quinta y última oportunidad se presentó diez minutos antes del evento. Y como todo evento en el que se presenta VOCALOID, no pueden faltar las enormes filas de gente queriendo entrar (se revelo que ellos serían los modelos doce horas después de que la asistente de Mori-san publicó la fotografía de Rin) para mirar de cerca a sus ídolos, aunque el evento tenía un cupo muy limitado. También se presentó el ya acostumbrado ajetreo de cualquier espectáculo: vestuarios, estilistas y maquillistas de un lado a otro, entrando a los camerinos, mejor dicho, a los tres camerinos que tenían disponibles, engalanando a mis representados para una corta caminata de unos dos minutos quizá. Abrirse el paso entre tanto caos era difícil, carritos de comida por un lado, carritos que cargaban con la ropa por el otro, el organizador mirando su reloj con impaciencia; aquello era peor que en un concierto.
—¡Deja de robarte la comida, mendigo! —me reprendió Thelma por tomar un bocado de sushi del carrito—. O mejor dame algo.
—Perdón, perdón —le dije ofreciéndole un bocado—. Tengo hambre y siempre me reclamas porque no como cuando me da hambre.
—Cierto, cierto —dijo mientras se comía aquel trozo de pescado sobre una cama de arroz—. Dame otro.
—Tragona —le entregué otro trozo de sushi, un rollito—. Espero que todo salga bien.
—El alcohol está resguardado de Meiko y el tal Kunikida mandó mucha seguridad —me respondió Thelma tomando mi brazo—. No te había visto tan tranquilo en una presentación.
—Sí, y me siento extraño —comencé a comer un cupcake de cereza—. Siempre estoy corriendo de un lado a otro durante cualquier presentación.
—¿De dónde sacaste ese cupcake?
—De ahí —señalé una enorme mesa llena de una infinidad de pastelillos de todos los colores y (supongo) sabores.
—Señor Master —se acercó a mi Kazuyo-san. Tampoco tenía nada de japonesa—. Disculpe señor, la señorita Miku quiere hablar con usted.
—¿Ella está bien?
—Eso creo, pero insistió en hablar con usted antes de la pasarela.
Sin nada más que agregar, le agradecí el mensaje. Miré hacia atrás, donde Thelma ya estaba comiéndose un cupcake y ocultaba a Rin que se robaba dos para escurrirse a su camerino. Terminé de comer y me limpié en la bolsa de mi pantalón, pues no había servilletas cerca. Llegué al camerino de Miku, que era compartido con Luka y Meiko, y llamé a la puerta. La perilla se abrió y pude ver el ojo verde de Miku, que me permitió entrar.
—Déjame adivinar —no le permití hablar—. Estás nerviosa.
—Un poco —dijo con una risita—, pero no es por eso que te llamé.
—¿Es sobre esa cosa importante que tienes que decirme?
—¿Cómo lo recordaste? —se sorprendió. Es muy raro verla con el cabello recogido, aunque le sienta bien—. Tú olvidas hasta lo que desayunamos.
—Sopa miso y pan francés… no vuelvo a combinar esas cosas en mi vida — suspiré. Ese desayuno ha sido una de mis peores ideas—. He estado muy relajado este mes y al parecer eso ayuda a mi memoria.
—Qué bueno que estés tan despierto. Así será más fácil que entiendas esto —y se llevó ambas manos sobre el corazón. Me confundí en ese momento, ¿que no tenía que ver con Luka lo que iba a decirme? Porque en ese preciso instante parecía que iba a confesarme su amor. Estaba muy nerviosa y no se decidía a hablarme.
—Oye… parece que es algo delicado.
—¡Y lo es! —saltó de pronto, tomando mis manos con una fuerza nada usual en ella. ¿Cómo es que esa chica tan delgada casi me rompe los dedos? —. Por eso tienes que prometerme que no le dirás nadie. Y los de la disquera no deben saberlo.
—¿Lo que vas a decirme va contra tu contrato? —dije lo más tranquilo que pude. Ya me estaba aterrando aquello que tenía que decirme.
—Tal vez.
Era el fin de su carrera sin duda, y con ello de todo VOCALOID. Al menos podíamos jactarnos de ser un éxito mundial y amasar una buena cantidad de dinero, aunque esta podría reducirse mucho si mis superiores quisieran desquitarse por incumplir el contrato.
Ella estaba roja, muy roja, creí que su cara iba a estallar en cualquier instante. Abrió sus labios pintados con un labial del mismo color que su cabello y… y… y todo se fue a la basura.
—¡Hatsune-san! —llamaron a la puerta—. ¡Es hora de salir!
—¡Diablos! —expresamos ambos, aunque ahogando el grito.
—Mira, después de esto todos van a estar muy ocupados celebrando y comiendo sushi y cupcakes —le dije autoritario. ¡La curiosidad me estaba matando! Pero más la preocupación de tener problemas legales con la disquera—. Nos vemos aquí, cuando acabe la pasarela, atoramos la puerta y me dices tú secreto, ¿de acuerdo?
—¡Sí! Tienes que saberlo todo de una buena vez —se despidió y tras desearle que se rompiera una pierna, salió caminando lo más rápido que sus pies lo permitieron.
¿Cómo fue el desfile? No sé. ¿Cómo eran los atuendos creados por Mori-san? No sé. ¿Estaba bueno el vino que ofrecieron? ¡Tampoco lo sé! De lo único que tengo certeza de aquel evento es que me daba vueltas por la cabeza el que Miku tuviera que decirme algo importante, tan importante que tal vez pondría en riesgo su carrera musical y de pasada la del resto del grupo y la mía como representante. Dulce estrés, ¡no te extrañaba! Caminé de un pasillo a otro, subí y bajé escaleras, comí todo lo que encontraba y hasta salí a la calle con deseos de fumar ¡y yo ni fumo! Esto era peor que procurar que todo un concierto funcionara bien a pesar de tener solo dos reflectores funcionando. La ansiedad me carcomía la cabeza y mis manos se torcían de forma espeluznante mientras repetía "estamos acabados" hasta que Thelma me encontró y, tras una docena de zapes y dos sacudidas salvajes, me hizo calmarme. Ah, y asegurándome que el dichoso secreto no era tan grave, pero si algo delicado para la sociedad actual. Esperen, eso no mejoraba mucho las cosas.
Escuché aplausos, números y ensordecedores, muestras sinceras de admiración y aprecio por el arte de la joven Mori. Dispuesto a cumplir mi palabra, tomé dos cupcakes, me dirigí sin perder el tiempo al camerino de Miku y fui retenido por el señor Kamui, llevándome, por la fuerza, para presentarme a algunos de sus asistentes. Ni hablaré de ellos porque no les puse atención y sus nombres me fueron insignificantes. ¡Yo quería ir con Miku! Miré hacia atrás y la vi entrando a su camerino sola, pero al ver que yo estaba secuestrado, bajó la mirada y su aura se puso triste. ¡Déjenme ir! ¡El futuro de VOCALOID se decidiría en esa habitación y me hablaban de propuestas informales sobre comerciales! Al menos la idea de que Gakupo y Kaito protagonizaran unos comerciales de Nissin era seria, pero todo lo demás era basura.
¿Y qué hacia Miku mientras yo estaba con el señor Kamui y su sequito de empleados? Esperarme en su camerino junto a Luka que entró sin que nadie se diera cuenta. Meiko las dejó solas, no perdió el tiempo y se fue directo a la fiesta, arrastrando a Kaito tras ella. Y aclaro que todo lo escrito desde este momento hasta que abrí la puerta del camerino lo sé porque ambas me lo dijeron.
—¡Soy una tonta! ¡Y cobarde! —chillaba Miku sentada frente al espejo lleno de focos—. Todas las oportunidades que he tenido para decírselo a la basura. Siempre me da miedo, me pongo nerviosa y no puedo decirle nada, pero cuando tomo valor alguien nos interrumpe —cubrió su rostro con ambas manos—. Soy una miedosa.
—Eso parece parte de una película de comedia o un fanfic —sonrió Megurine a espaldas de Miku.
—Pues el escritor se la debe pasar bomba haciéndome sufrir.
—No seas tan dura contigo —la abrazaron los níveos brazos de Luka. Ambas aun vestían con los últimos atuendos de la pasarela: unos vestidos estilo lolita solo que largos más allá de la rodilla y de un aspecto más serio—. Además, apenas se libre de esas personas vendrá para acá, no te preocupes.
—De seguro esta noche nos van a tener de fiesta en fiesta, y sabes lo que eso significa.
—Cuidar a Kaito y Meiko, dejar que nos tomen fotografías, charlar con personas interesantes y otras aburridas —apoyó su barbilla en el hombro de Miku, suspiro y seguido le dio un pequeño beso en la mejilla—. No digo que ser idol sea algo malo, lo pasamos genial y nos dedicamos a algo que amamos; pero —canturreó esa última palabra— a veces las fiestas son algo insoportables.
—Aun estas molesta con el productor italiano, ¿verdad? —se mofó la peliaqua.
—¡El tipo sigue mandándome correos! —abrazó más fuerte a Miku—. ¡Si supiera la verdad!
—La verdad… —y de nuevo, Miku se hundió en su depresión— ¿Por qué tiene que ser tan difícil decir la verdad? Ni siquiera pude confesarte que me gustas, tú me hiciste decirlo malvada —acaricio los brazos de su novia. Sí, y lo recalco: NOVIA—. Siempre he admirado eso de ti, no le temes a nada y controlas mejor tus emociones.
—No creas que soy así, que tenga un semblante serio no significa que no sea un manojo de nervios por dentro —volvió a besarle la mejilla—. También tardé mucho en decirle a Thelma sobre nosotras, hasta que la oportunidad simplemente se dio.
—No estas enojada, ¿verdad? —aquello lo dijo con una expresión, según lo describe Luka, que fundía en una sola cara la ternura, la tristeza y la timidez de una niña.
—¡Para nada! —le sonrió la pelirrosada—. Sé que es difícil cariño, y desde febrero hasta el mes pasado la pasamos viajando por todo Corea y Japón, los momentos para hablar de algo serio no se presentaron.
—Tampoco hemos tenido un momento a solas desde febrero —dijo Miku con picardía, al menos eso aseguró Luka.
—Solo aquella vez que quise exorcizarte tras la broma a los gemelos —respondió entre risas mal intencionadas, esto según Miku.
Sin liberarse de los brazos de Luka, Miku se levantó de su silla y, sorprendiendo a su chica, la beso en los labios con inocencia. Ambas se miraban a los ojos, perdiéndose en aquellas lagunas llenas de vida e ilusiones, tan enamoradas, felices por estar juntas y olvidando por completo la frustración por mantener aquel secreto. Sus manos se entrelazaron, con un tacto suave y firme. Ambas se acercaron y volvieron a besarse, primero con dulzura, un beso casto, que fue aumentando su intensidad. Y cuando se perdieron en sus labios, cuando sus corazones latían acelerados pero al mismo ritmo… se me ocurrió entrar.
—¡Perdón Miku! —dije arrepentido y cargando ambos cupcakes—, pero el señor Kamui me retuvo…
—Ma-ma-ma ¡MASTER! —gritó con la cara roja, rojísima, puedo jurar que hasta brillaba. Mientras que Luka solo me miraba tan asustada como apenada.
Pasaron al menos treinta segundos, treinta segundos de incomodo silencio entre los tres. ¡Estaba en shock! Acababa de ver como dos de las idols más populares del mundo, a las cuales representaba, a quienes quería como si fuesen mis hermanas menores se besaban con amor, pasión y lujuria (bien, eso último fue excesivo) mientras tomaban sus manos. De pronto, como si el campeón mundial de los pesos pesados de boxeo me diera su mejor golpe en la cara, todas las pistas, todos aquellos hechos o gestos que pudieron delatarlas, me bombardearon la cabeza en un solo ataque. ¡Qué ciego fui!
—Así que… eso es lo que querías decirme —fue lo único que pude articular.
—Ajám —masculló, aun colorada y con la voz temblando. En ningún momento soltó la mano de Luka—. Master… Luka es mi novia.
Sonreí, no sé si por nervios o por gusto, creo que las dos. Me quedé hecho piedra, mirándolas mientras seguían frente a mí, tomándose de la manos como si aquel gesto les diera el valor para enfrentarse a un enojo, a una desaprobación, a un ataque de mi parte, mismo que nunca llegó ni llegara.
—Genial —fue lo único que pude decir, sonriendo y aprobando la relación de ambas chicas con el pulgar hacia arriba, y sintiéndome el hombre más despistado del mundo.
¡Luka y Miku son novias!
