Este capitulo es un pequeño especial por el 16 de septiembre, fecha importante en mi natal México, que marca el inicio de la lucha por la independencia.
16 de septiembre
A veces el destino nos lleva a lugares desconocidos, otros son inesperados y no podemos olvidar la casualidad. Bueno, eso es solo si podemos llamar casualidad al hecho de perdernos en medio de la nada y pasar un par de días de nuestras últimas vacaciones en un pueblito que queda en no sé dónde, justo en el festejo de una fecha histórica… y de paso volver locos a todos mis jefes.
Por consenso general, y faltando un día para ir al aeropuerto, decidimos pasar nuestras vacaciones en el país natal de Thelma: México. ¿Por qué? Bueno, viviendo en Japón no le es muy fácil ver a su familia, ni se diga hablar por teléfono que requiere una coordinación tremenda. Además, por alguna alcohólica razón, Meiko tenía mucho interés por viajar a ese país. Tomada la decisión (que duramos diez minutos), Gakupo y los gemelos tomaron la primera laptop que tenían a su alcance (la de Miku) e ignorado su fondo de pantalla, ingresaron a Internet para comprar los boletos. Mientras ellos se encargaban de eso, apresuré a todos los demás para que comenzaran a hacer sus maletas mientras buscaba nuestros pasaportes. Soy muy precavido en esto, y desde que tuvimos que dejar a Kaito en el aeropuerto la segunda vez que viajamos a Inglaterra porque su pasaporte se había vencido un día antes, juré que nunca me volvería a pasar eso y siempre tendría nuestros papeles en orden.
Veinticuatro horas después ya habíamos pasado por la seguridad de la terminal, ocupado nuestros asientos y esperábamos que el viaje comenzara. Obviamente, todo el grupo estaba disfrazado para no ser reconocidos por nadie en el avión; solo se presentaban con su verdadera identidad ante las autoridades migratorias quienes pasaban por alto el disfraz al ofrecerles un autógrafo. Eso y que están conscientes de que la identidad de VOCALOID debe mantenerse en secreto en estas ocasiones. Y aun cuando viajamos en primera clase, en ningún momento les permití quitarse las pelucas, mucho menos cuando una chica que viajaba hasta enfrente me reconoció como el representante de VOCALOID. Sí, me quedé sorprendido. ¡En serio! Los fans de VOCALOID siempre me dibujan en sus fanarts como una sombra, sí, ¡como una sombra sin rostro!
En fin. Podría decir que el viaje fue tranquilo, que el servicio fue excelente y las películas me gustaron (una de estas fue la tercera película de Madoka Magica, y aun sueño la batalla final); pero como ni existe la calma con estos chicos, hubo un momento en que me dieron unos deseos enormes de atarlos a sus asientos y cubrirles la boca con cinta adhesiva para ductos de ventilación. En un punto del viaje, creo que estaríamos en medio del Océano Pacífico, el vuelo sufrió una turbulencia que nos tomó por sorpresa y aprovechando el momento, los traviesos favoritos de Japón decidieron jugar una broma. En cada sacudida, comenzaban a gritar "¡todos vamos a morir!" agitando los brazos con gesto frenético y pidiendo perdón por sus pecados. Como si no bastaran esos dos escandalosos, a Gumi se le ocurrió que sería bueno unirse a la broma… ¡y con eso Kaito y Gakupo se la creyeron! En menos de cinco minutos toda la primera clase estaba envuelta en caos, unos que cayeron redonditos en la broma de los Kagamine, otros molestos por el revuelo y un par exigiendo la calma. Thelma y yo fingimos demencia, igual que nuestra pareja yuri que aprovecharon la confusión para pasarlo abrazadas sin levantar sospecha alguna… eso o Miku también se creyó la broma, algo que no dudo ni por un segundo.
Tras ser regañados por todas las azafatas del avión, los Kagamine pasaron el resto del viaje en total calma, pues Meiko los amenazó con arrojarlos fuera del avión sin paracaídas.
Serian unas dieciséis horas de vuelo, o diecisiete, no lo sé, llegamos a nuestra primera escala: el aeropuerto internacional General Abelardo L. Rodríguez en Tijuana. Lamentablemente no existen vuelos directos a la capital mexicana, de donde es oriunda la cocinera de la casa VOCALOID. Todo fue perfecto hasta este punto, bajamos del avión y fuimos a comer; la escala debía durar unas dos horas, tiempo suficiente para estirar los músculos, buscar alimentos decentes y sobretodo descansar del terrible encierro. Pero como siempre, el autor de mi vida tenía reservado algo especial para esta ocasión. No sé por qué, ni cómo, pero en algún momento entre nuestra comida un niño de una mesa cercana alcanzó a tirar de la peluca rubia de Miku y la tiró al suelo, revelando su inconfundible cabellera turquesa. Pensamos que pocas personas en México sabrían sobre VOCALOID, y estábamos en lo cierto al pensar que eran pocos los fanáticos de la música nipona, ¡pero bastaban para llenar el restaurante! Ahí había al menos quince personas, que en cuestión de diez minutos se triplicaron una y otra vez, entre más fotografías se tomaban más gente venía y no quedó más remedio que revelar la presencia del grupo. Ya se imaginaran aquel escándalo, hasta la prensa se hizo presente. Después de cuatro horas pudimos salir, perdiendo el vuelo y con los oídos vibrando por los estruendosos gritos de la afición mexicana a VOCALOID. Que diferentes son al público japonés. Está más que claro que perdimos el vuelo, y nos quedamos atrapados en Tijuana.
—¡Tiene que ser una broma! —no pude evitar gritar.
—Lo siento señor, todo está vendido —respondió la vendedora de boletos—, es día festivo, las personas aprovechan eso y como los días inhábiles serán desde mañana jueves.
—Van a ver como hago espacio para nosotros.
—Por favor Mei-chan —le pedía Kaito tomándola de los hombros. Para ser sincero, él es la única persona del mundo que puede tranquilizar a Meiko—; no es necesario ponerse violenta.
—Tenemos un vuelo el día dieciocho a las nueve de la mañana —señaló—, es lo único que nos queda.
—Bueno, si no queda otra opción… reservare diez lugares.
Y así es como nos quedamos atrapados en Tijuana durante las fiestas patrias de México. Tras comprar los boletos de avión nos fuimos directo a buscar un hotel donde pasar las siguientes noches, además de urgirnos un lugar donde resguardarnos de los fotógrafos. Hacia el centro de la ciudad encontramos uno modesto, perfecto para pasar desapercibidos entre la multitud. Admito que la recepcionista se sorprendió un poco al ver a tan peculiar grupo frente a ella, pero nos atedio con suma amabilidad y nos entregó cinco habitaciones dobles que eran lo único que podían ofrecer. Tome las llaves y por parejas las entregué, con la advertencia de que nadie hiciera destrozos.
Apenas entramos a nuestra pieza, Thelma llamó a sus padres para explicar la situación, mientras que yo llamé al aeropuerto del D.F. para saber sobre el paradero de nuestro equipaje. Afortunadamente lo retuvieron y será guardado hasta nuestra llegada. Mientras hablaba por teléfono fui testigo de algo poco usual; la ventana de mi habitación tenía una vista directa a la de Kaito y Meiko. No se imaginan mi sorpresa al ver un gesto tan poco habitual en la ruda Sakine; por primera vez en mi vida soy testigo de la supuesta dulzura que Kaito le atribuye. Ella no solo abrazaba y besaba a su novio (porque es muy obvio que ellos son novios. No, no volverá a pasarme lo mismo que con Luka y Miku), sino también sonreía con una alegría enorme, desde lejos podía verse claramente lo enamorada que está. Fue un momento tan lindo que Thelma llegó a golpearme para que dejara de suspirar, aunque al ver aquella escena entre los dos enamorados se contagió del ambiente amoroso.
Poco después de las ocho de la noche comenzamos a escuchar un tremendo escandalo afuera del hotel. Lo primero que vino a nuestra mente fue un nuevo ataque por parte de los fanáticos enardecidos por saber de lo cerca que tenían a sus ídolos; sin embargo, tras esperar por más de quince minutos nos dimos cuenta que el escandalo no se debía a nuestra presencia, sino al festejo de la Independencia que se celebraba a unas calles de nuestro hotel. Claro, se hace durante la noche del quince de septiembre para recrear el famoso Grito de Dolores a la media noche del dieciséis. Y por lo que alcanzábamos a escuchar, la pasaban bien.
Luka y Miku preguntaron si podían ir, dos minutos después también preguntaron eso Kaito y Meiko, un minuto después se aparecieron los gemelos y Gumi pidiendo lo mismo. Antes de que Gakupo entrara a mi habitación, cedí a los deseos de mis representados y todos nos fuimos directos a la fiesta que se celebraba a unas calles de nuestro hotel.
Apenas llegamos y un mar de cámaras fotográficas nos atacó de nuevo. La banda decidió que era mejor mostrarse como son y no fingir ser alguien más ante los habitantes de Tijuana. Pero detrás de aquellos teléfonos y tabletas se escondía una visión aún más impactante. Abriéndonos paso entre la gente encontramos hileras interminables de luces amarillas que enmarcaban un camino lleno de pequeñas tiendas donde se vendía todo tipo de comida mexicana, artesanías, juguetes y muchas, pero muchas banderas. Enchiladas, gorditas, sopes y tacos convivían con hot dogs llenos de pico de gallo (una mezcla de cebolla, tomate y jalapeños) y hamburguesas asadas con jalapeños tostados en su interior; de un lado algodones de azúcar y barritas de coco pintadas con los colores de la bandera mexicana, del otro pasteles y frapes de frutas; pizzas enormes de pepperoni y carne mezclaban su aroma con el elote cocido en agua que servían muchos señores en pequeños vasos de unicel. Trajes típicos, blusas con tejidos indígenas, trajes de charro se vendían junto a grandes sombreros de paja con la leyenda "Viva México" pintada, cornetas y bigotes falsos, matracas y muñecos de felpa, todo un desfile de colores y destellos que nos marearon por la gran cantidad de personas presentes, que iban y venían por los improvisados pasillos. Al fondo, sobre una plataforma, un grupo de mariachi entonaba canciones tradicionales mientras varios señores ofrecían a los niños pequeñas espadas de luces, diademas con antenas destellantes. Al otro lado, más allá de la comida, un pequeño parque de atracciones en la calle cerrada por los juegos mecánicos. Antes de darme cuenta, me encontraba solo con Thelma recorriendo aquello mientras, lejos de mi alcance, los VOCALOID disfrutaban de la fiesta a su modo.
Yo me moría de ganas por probar cada platillo que tenía a mi alcance, pero antes de poder reaccionar ya estaba sentado en un juego mecánico llamado Caos (una rueda enorme) con los Kagamine a un lado y Thelma al otro. Después de girar cientos de veces como si estuviéramos dentro de una licuadora que se eleva por lo aires, de subir a una pequeña montaña rusa y a un barco que no hacía más que mecerse, pude realizar mi deseo de comer, aunque para ello tuve que esperar cerca de media hora para que mi cabeza y estomago se asentaran. El tiempo sirvió para buscar una mesa donde comer y ser testigo de las andanzas que mis representados vivían. Gakupo y Gumi no dejaban de acumular premios en los numerosos juegos: Gumi alteraba entre un estanque lleno de patos de hule (con el número de premio escrito en su inferior) los cuales tenía que pescar, y un tablero lleno de agujeros a los cuales debía arrojar unas canicas para acumular puntos. Gakupo no dejaba de ganar en la lotería y, cuando se cansaba de estar sentado, iba a arrojar dardos a unos globos que guardaban en su interior un número de premio. Rin y Len corrían de un lado a otro, parecía que la emoción de los juegos mecánicos no les afectó como a mí, sino que activó su adrenalina y se ponían a jugar con cualquier niño que se toparan. De un momento a otro se aparecieron con zarapes sobre su ropa, sombreros gigantes de paja y espesos bigotes falsos en sus rostros. Kaito y Meiko ofrecían un espectáculo aparte, no solo podían expresar libremente su relación, también se llevaron las ovaciones de todos los presentes durante la presentación de cada conjunto musical. Sin importar que fuera un género musical desconocido por ellos, rápidamente encontraron el ritmo y se lucieron con sus pasos de baile. En cuanto a Luka y Miku, las vi subir a los carros chocones, después de lo cual desaparecieron un buen rato, el suficiente para cambiarse de ropa, pues volvieron vestidas como "adelitas".
—¡Viva México! —vociferó Meiko al sentarse junto a nosotros. En respuesta, todos gritaron "¡viva!"
—Parece ser que ustedes dos la pasan muy bien —señaló Gakupo que buscaba donde guardar tanto juguete.
—Por alguna razón encajamos muy bien —respondió un risueño Kaito.
—Claro, son igual de escandalosos que todos en este país —dijo Thelma con marcado sarcasmo—, me alegra que la pasen bien. Ahora lo mejor… ¡las enchiladas!
Por fin había llegado el momento que más había esperado en la noche. Que cosas no comimos en aquella fiesta. Gakupo y yo comenzamos una competencia para ver quién podía comer más, no solo con un platillo, sino con todo lo que estaba a nuestra disposición. A Thelma la vi encantada con las enchiladas que tanto le gustan, mientras que Gumi y los Kagamine les pareció buena idea comer chiles jalapeños a mordidas aunque después tuvieron que salir corriendo a buscar agua. Como siempre, nuestra pacifica Meiko era el gran centro de atención, pues también llegó la hora de jugar con el tequila y ver quien aguantaba la mayor cantidad de alcohol en la sangre. De veinte personas, ella era la única mujer y ganó con suma facilidad tras beber una botella entera sin embriagarse. Todo lo anterior era documentado en video por Miku y Luka, con la intensión de subirlo a Internet. Es algo que Hatsune suele hacer siempre que viajamos, y a todos nos parece muy buena idea. Pero aun con la diversión, había personas que no disfrutaban de aquella velada.
De la nada se apareció un señor que no podía ser algo más que un vagabundo. Vagaba entre los puestos de comida con la esperanza de que alguien le obsequiara algo, pero nadie lo veía, las miradas de los vendedores se desviaban de él y las tornaban en los clientes con dinero. De pronto llegaron ante ese hombre Luka y Rin. La rubia se quitó su zarape y se lo entregó al vagabundo mientras que Luka le ofreció un gran vaso de agua y dos platos de comida. El agradeció tan bondadoso gesto y se fue a sentar a una mesa vacía. Tal vez no le solucionaron la vida, pero ya no pasaría hambre por una noche.
En punto de las doce se escuchó el repicar de las campanas mientras que un señor hablaba por micrófono diciendo "Viva México" y evocando una serie de nombres mientras ondeaba una bandera mexicana.
—¿Qué está haciendo ese señor? —preguntó con suma curiosidad Rin.
—Se recrea el Grito de Independencia del cura Hidalgo —explicó Thelma—, con el que dio inicio la lucha para que México se independizara de la corona española.
—Qué cosa tan extraña —dijo Kaito sin dejar de mirar a ese señor.
—Extraño o no a mí me gusta este ambiente tan festivo —comentó Luka con suma tranquilidad.
—¿Qué acabamos de escuchar? —rugió Meiko. El tequila ya le estaba afectando el cerebro—. Parece que la reservada Megurine Luka al fin acepta que le gusta la fiesta.
—Nunca me han disgustado, pero por lo general lo que ustedes hacen es destruir el hotel.
—¿Oh eso crees?
—Oigan, oigan, ya se podrán pelear en Japón todo lo que quieran —intervino Gakupo. Aún sigue protegiendo a Luka—, se supone que por ahora estamos de fiesta.
—¡Así se habla! —le apoyó Kaito de pronto.
—¡Chicos! —llegó Miku cargando su cámara—. Quiero terminar el video con todos gritando viva México.
Y en verdad no es que tengamos muchas opciones, solo podemos apoyarla con su pequeño proyecto que, a fin de cuentas, nos beneficia a todos. Nos juntamos todo lo posible para que nadie quedara fuera de la toma; Miku elevo la cámara y comenzó a grabar.
—La pasamos muy bien festejando la Independencia de México y espero que volvamos pronto. Y…
—¡Viva México! —gritamos al mismo tiempo.
Al final si tomamos el vuelo con rumbo a la capital, de hecho esto lo escribo durante el viaje. Miku subió su video un día antes de que partiéramos y mi maldición regresó, pues al final mi cara no aparece en ningún segundo de la grabación. Volví a ser una sombra. Lo malo es que siempre existe una excepción a la regla y en mi caso quienes siempre me ven son mis jefes, los superiores de la disquera. Apenas se enteraron del video me llamaron por teléfono con furia reprimida. El regreso a Tokio será bastante incómodo. Pero el festejo ya nadie me lo quita.
