La primera cita
¡Soy el mejor manager del mundo! Al menos eso me dijo Miku. Claro, le pregunté el por qué y, en su opinión, es porque en vez de comportarme como un frio hombre de negocios que solo busca ganar dinero, soy más como un hermano mayor… uno muy comprensivo. ¿Será? No lo sé. Aún estoy algo aturdido por la reciente revelación sobre su relación con Luka. No tengo nada en contra de que sean homosexuales, pero la forma en que me enteré es por demás impactante. Ahora, viéndolo de otro modo, ¿qué clase de representante toleraría que sus clientes compitan en carreras clandestinas, adopten a todo animal callejero que encuentran o hagan competencias por honor contra otro samurái? No sé por qué aun no me despiden.
Ha pasado una semana después del desfile de modas (que por cierto, Mori-chan dijo que con gusto podría diseñarnos atuendos para algún concierto) y he preparado algo especial para ellas. Dos o tres días después de saber su secreto, me entere de que estas enamoradas nunca han tenido una cita. Así que haciendo un milagro, convencí a coreógrafos, tutores, productores y músicos de olvidarse del trabajo por un día entero solo para que mis representadas pudieran pasar un día como la pareja que son. Solo me faltó hablar con mis superiores, pero ya encontraré que decirles… si es que se enteran.
Serían acaso las ocho de la mañana cuando irrumpí en su cuarto con una estruendosa canción de System of a Down; las dos dormían en la habitación de Luka, que ahora comparten, y esa cama les queda chica. Ya les conseguiremos una más grande. Abrí la puerta de par en par con una patada y, por si eso no bastaba para despertarlas, puse Deer dance a todo volumen. Ambas se asustaron con aquel ruido, y por sus caras, al ver mi seriedad el momento se volvió aterrador.
—Vengan conmigo —dije sin emoción alguna y abandoné la habitación. Oh Dios, ¡que malvado soy!
Corrí a la sala donde el resto del grupo, ya disfrazados con ropa de lo más aburrida y pelucas de los colores menos llamativos nos esperaban. También Thelma y Big C estaban listos, todos con gafas para sol y formados como si de una expedición militar se tratara. Y tal vez no planeábamos la toma de un edificio o rescatar a algún soldado, pero nuestra misión eran tan o incluso más delicada que la seguridad de todo Japón: que Miku y Luka pasaran de incógnitas entre toda la población de Tokio. Nada sencillo la verdad.
Se acercaron a la sala, con un aparente miedo por mi actitud inicial; mas al ver a todos formados y "uniformados" sus miradas se tornaron confusas. La sorpresa sí que funcionó.
—Muy bien niñas —dije con tu tono autoritario—, espero que aprecien lo que hicimos por ustedes. Tuve que cancelar toda nuestra agenda y sacar a Big C de su trabajo para que ustedes tengan una cita —y en efecto, el Big C también sabía de ellas mucho antes que yo.
—¿Qué dijiste? —preguntaron las dos sorprendidas. El miedo y el sueño debieron desaparecer de golpe.
—Es que nos dio un no sé qué cuando nos dijeron que nunca han tenido una cita —contestó Rin que usaba una peluca larga y risada de color castaño—. La vida que llevamos no deja muchas oportunidades para salir con tu novia, lo sabemos.
—Por eso quisimos darles un día para ustedes solas —agregó Len, también con una peluca castaña, a juego con la de su hermana—, seremos su equipo de seguridad.
—Así que vayan a vestirse ahora mismo, ¡no tienen tiempo que perder! —rugió Meiko mostrándonos las llaves de su auto—. Estaremos abajo esperándolas para su primera parada.
—Chicos… —murmuró Luka. Su voz casi se quebró y estaba muy sonrojada. ¿Acaso vi un par de lágrimas que casi se escapan de sus ojos? En cambio, Miku estaba llorando de la emoción, sumamente conmovida—. Gracias… muchas gracias por esto.
—Para eso están los amigos —sonrió Kaito. Se ve extraño con el cabello negro y sin bufanda.
—¡Vamos, vamos! ¡Que tenemos el tiempo encima! —tuve que intervenir, empujando a las tortolitas a su habitación para que se cambiaran.
Las llevé hasta la puerta de su habitación. Alguna de ellas dos (como si no supiera quien fue) colgó en la entrada un corazón con un atún y un puerro dibujados. Di la vuelta y camine un poco. Esto era arriesgado, muy arriesgado, pero con todos trabajando juntos podríamos salir adelante. Meiko y Big C estaban al mando de los autos que usamos, con la idea de que en algún momento tendríamos que huir, ellos podrían sacarnos en un instante. Mientras que la "Reina de Shuto" sería chofer de Luka y Miku, Big C nos llevaría al resto en una camioneta que alquilé para la ocasión. También conseguí binoculares y radios para cada uno y estar en todo momento pendientes de los alrededores. En ese momento solo esperaba que todo lo que pudiera salir mal no ocurriera.
Era el único que quedaba en el departamento cuando Luka y Miku salieron de su habitación. Megurine se puso una largo vestido sin mangas ni tirantes de color violeta y un delgado chaleco negro, ocultando su cabello rosa bajo una peluca castaña con mechas rubias; en tanto, Hatsune se apareció con unas largas medias hasta medio muslo, tan negras como la corta falda que eligió y una holgada blusa verde, por alguna razón, pensó que una peluca pelirroja sería buena idea.
—Si no fuera porque sé que son ustedes, llamaría a seguridad —le dije en broma, aunque si estaban irreconocibles.
—No exageres Master —respondió Luka poniéndose sus lentes. A veces es difícil hacerla reír.
—Qué carácter —refunfuñe fingiéndome molesto, provocado la risa de Miku. Tomé mi radio y llamé a Thelma—. ¿Despejado?
—Todo despejado, estamos listos para irnos —me respondió siguiéndome el juego del soldado. ¡La misión comenzó!
Salimos del departamento, cerrando la puerta con llave, bajamos por el elevador y llegamos hasta la recepción del edificio. Sin detener la marcha avanzamos con rumbo a la puerta de cristal para salir a la calle y cruzarla para entrar al estacionamiento de enfrente. Apenas pasé frente a Hideo, el portero, tuve que darle instrucciones precisas.
—Hideo, si te preguntan por mí, diles que salí desde muy temprano y no sabes nada más, ¿de acuerdo? Y mucho menos me pases llamadas.
—Sí Master-san —dijo obediente. Su complicidad me costó mil dólares.
Cruzamos corriendo la calle que separaba el edificio departamental del estacionamiento. Entramos y frente a nosotros estaba toda nuestra comitiva. Meiko esperaba ya con las manos en el volante, mientras que Kaito ofrecía atento su ayuda para que Miku y Luka subieran a los asientos traseros. A su derecha esperaban Big C y Thelma frente a la camioneta que renté; dentro estaban los gemelos, Gakupo y Gumi. En un cambio de último minuto y muy bien pensado por Gakupo, Kaito también acompañaría a Meiko para reforzar la seguridad de nuestra pareja yuri.
Ambos vehículos arrancaron al mismo tiempo, con sus rugidos solapados entre sí. Primero salimos nosotros, la camioneta blanca con unas franjas azules que la dividían a la mitad, alejándonos unos cinco metros del auto modificado de Meiko, ahora pintado de un verde oscuro que parecía un bosque al anochecer. Nuestro primer destino era ir a desayunar, pero no a un restaurante concurrido del centro de la ciudad, eso era bastante riesgoso. Por eso, optamos por un lugar más privado y lejos de los peligros de la urbe. A las afueras de Tokio hay un pequeño pero agradable restaurante que la familia de una amiga de Thelma (que hizo en Akihabara mientras compraban mangas yuri) atienden desde hace ya un tiempo. El camino fue largo pero entretenido, con Gumi cuidando el auto de Meiko y los gemelos actuando como agentes del Estado Mayor mirando a cada esquina por la que cruzábamos. Gakupo era el más callado, apenas y se escuchaba su respiración; Thelma mandaba mensajes a su amiga para asegurar que nuestro destino estaba despejado, y mientras, Big C y yo comparábamos nuestras estrategias de Fantasy Story. Cuando llegamos al restaurante, parecía estar cerrado. Thelma se bajó de la camioneta y llamó a la puerta, siendo atendida por una chica de cabello corto. Intercambiaron unas palabras después de las cuales ambas nos hicieron señas para entrar. Meiko las vio y aparcó frente al restaurante, dejando que Kaito, Luka y Miku entraran junto con Thelma. Los demás nos quedaríamos a vigilar los alrededores. La espera fue larga pero, a pesar de permanecer vigilando, me fue hasta relajante cambiar del ajetreo diario que vivo a estar solo sentado en la camioneta mirando el extenso campo y los escasos autos que pasaban a unos metros. Por supuesto, la amiga de Thelma (que hace una hora supe que se llama Kyoko) nos llevó también a nosotros el desayuno hasta nuestros puestos de vigilancia, un gesto que en verdad agradezco.
Tras esperar hora y media, el restaurante se abrió a todo el público mientras lo abandonábamos rumbo a nuestro segundo destino: el monstruoso centro comercial de Tokyo Solamachi. Y esto lo digo no porque sea un edificio de ocho pisos, ni que tenga centenares de tiendas, restaurantes y un acuario, sino porque dicen los rumores que uno se puede perder en aquel lugar. Y bueno, no soy quien para negarlo, porque sí me perdí la primera vez que lo visité.
Aparcamos lo más cerca posible y bajamos con suma cautela. Primero Gakupo y Kaito se internaron entre la gente para establecer un perímetro seguro; les siguieron Gumi junto a los Kagamine, que iban cargados con algunos de sus artículos de broma para ser una distracción en caso de ser necesario. Tras ellos iban nuestras protegidas, tomándose tímidamente de la mano, dando la sensación de no querer ser pilladas por nadie pero a la vez sintiendo algo de seguridad entre aquel mar de gente que se movía de un lado a otro sin reparar en lo que tenían frente a ellos. Luego íbamos Thelma y yo, sin apartar la mirada de Luka y Miku que se movían despacio, supongo, por la cantidad de personas. Al último se quedaron Meiko y Big C, cuya misión era esperarnos en la primera planta en caso de tener que huir. Entramos, separándonos para cubrir el mayor rango posible y siempre cuidando a Luka y Miku; esto fue muy difícil, porque por cada paso que dábamos teníamos que encontrar tiendas bastante llamativas, aunque ese pequeño espacio dedicado a Hello Kitty me dio escalofríos.
Ver a estas chicas en una cita en verdad que fue… ¿empalagoso? Sí, puedo ponerlo así, aunque también era tierno y hasta sentí envidia porque hace mucho que no salgo con Thelma, solo los dos y que sea a divertirnos. La primera tienda que visitaron fue una donde vendían gafas y solo eso; pasaron, sin exagerar, unos cuarenta minutos probándose diferentes modelos, entre gafas de sol y algunas de lectura (¿había mencionado antes que Luka necesita lentes para leer?). Desde cristales grandes y gruesos, gafas de aviador y otra cuyo armazón semejaba corazones y cabezas de gatitos, desfilaron en los rostros de nuestras queridas amigas hasta que se animaron a comprar un par cada una. Salieron como si nada ante mi mirada y se dirigieron a una tienda de ropa donde Gumi esperaba. Aquí pasaron más tiempo, supongo que por el extremo cuidado que debían tener en los probadores para no ser vistas sin peluca. Miku estaba más que emocionada combinando atuendos para ella y su novia de cabello rosa quien parecía más interesada en comprar ropa interior (translucida según me dijo Kaito) y dormirse en los pequeños sillones que estratégicamente se colocan para los hombres que acompañan a su pareja a estos lugares. No negare que también me aburrí mucho en ese momento, que intenté mantenerme despierto buscando alguna chaqueta, sin ningún resultado. Al cabo de treinta minutos abandoné la tienda dejando la labor a Gumi y Rin.
Cuando al fin dejaron esa tienda supe que en un futuro tendríamos problemas con los estados de cuenta bancarios, pues ambas salieron cargado con unas diez bolsas de ropa nueva que de seguro pagaron con la tarjeta de crédito. Bien, otro gasto que debo esconder junto a la dotación mensual de helado, el combustible para Roda-Roda y las partes del auto de Meiko. Pero hubo algo que me preocupó aún más que la cuenta bancaria. A espaldas de las dos enamoradas, un grupo de tres empleadas las señalaron mientras hablaban de algo que no podía adivinar de que se trataba por mi lejanía con ellas. En el mejor de los casos solo indagaban sobre la posible homosexualidad de ambas chicas, lo cual no era nada peligroso; en cambio, podían haber notado quienes eran sus verdaderas clientas y eso ponía en riesgo nuestra operación.
—Rin —la llamé por radio—, vigila a esas empleadas de la entrada, no me gusta que estén hablando.
—Veré de que hablan y luego los alcanzo —me respondió tomando muy en serio su papel de espía.
Con Rin ocupándose de aquellas empleadas (y todo para una falsa alarma), nos dirigimos al siguiente destino que no podía ser otro más que una librería. La idea no parecía emocionar mucho a Miku que prefería actividades más dinámicas, aunque nos había comentado más de una vez que su intención era comenzar a leer algo diferente a mangas, algo que no estaba cumpliendo. Luka la llevaba casi a rastras, mas por jugar que por no querer ir a la librería. A medio camino, junto a una aparatosa tienda Disney, Miku se detuvo en seco y emitió un agudo grito de ternura.
—¡Kawai! ¡Mira, mira esto! —insistía agitando un muñeco de felpa basado en Luka. Una pequeña tienda de muñecos coleccionables guardaba mercancía de VOCALOID, tan popular en Japón como en el extranjero—. Es tan linda, igualita a ti.
—Nunca creí que sería un muñeco de felpa —dijo con una sonrisa. Estiro el brazo y tomo otro peluche, solo que este era de Miku—; pero a mí me gusta más esta.
¡Estas niñas derraman miel y de la más empalagosa! La reacción de Hatsune fue emitir un agudo grito, más de lo normal. Todos pensamos que se arrojaría a los brazos de su amada novia de cabello rosa, incluso Luka se preparó para eso; sin embargo Miku hizo algo inesperado. Hizo que ambas muñecas se besaran y ante el gesto apenado pero alegre de Luka, fue a la caja para pagar por ambos juguetes. En verdad las cosas estaban mejor de lo que esperábamos, o eso creía en el momento. Ambas partieron rumbo a la librería con Gakupo siguiéndolas muy de cerca.
—Gakupo, ¿por qué la prisa? —escuché que Len le preguntó.
—Creo que alguien sospecha de ellas, voy a asegurarme.
Entramos en alerta. Con solo una persona que diera aviso de nuestra presencia estaríamos en muchos problemas. Mientras ambas estaban en la librería paseando entre libros de historia y novelas modernas, y sin percatarse de nuestro estado de alerta, Gakupo las vigilaba muy de cerca. Caminaba de un lado a otro frente a la librería, buscando a su sospechoso fingiendo que esperaba a alguien, incluso aparentaba llamar por teléfono a alguien con gesto desesperado.
Las enamoradas abandonaron la librería cargando dos bolsas llenas de libros nuevos, mismo que Luka terminara de leer en tres o cuatro meses, dependiendo de la agenda que manejemos. Subieron un piso más, rumbo a la cuarta planta donde se concentran las generaciones jóvenes de Tokio. De cerca tenían a Gakupo y Gumi tras ellas, y Kaito junto con Thelma ya las esperaban en la terraza. Apenas subí al primer escalón de la escalera eléctrica cuando un grito de emoción me aturdió por el resto del camino.
—¿Qué pasa? —pregunté asustado.
—¡Van tomadas de la mano! —gritó Gumi, como si nunca hubiera visto a una pareja antes—. Son tan lindas.
—¡Sí! ¡Aw cosas! —se le unió al escándalo Thelma—. Y Luka toda roja.
—Debe ser porque nunca habían hecho algo así en público —dijo Kaito. Estoy seguro que comía helado—, aunque nadie les presta atención.
Aquí el tiempo se fue como agua, antes de darnos cuenta ya habían pasado ¡cuatro horas! Nuestra pareja yuri o negitoro como les decía Rin, pasó gran parte del tiempo en un local de videojuegos probando todo lo que podían. Desde los clásicos juegos de peleas en los que Miku es muy mala, pasando por los de carreras en los que Luka es pésima, y los shooter en los que ambas son torpes; pero eso no es importaba en absoluto, aun cuando sus puntuaciones fuera bajas, todo lo que importaba era divertirse. Gastaron al menos veinte intentos en ganar un delfín de peluche para que, al final, solo pescaran un pingüino pequeño. Y como si se tratara de una presentación más, dejaron lo mejor para el final: los juegos de baile. Obviamente, eligieron uno con canciones de VOCALOID, y lejos de bailar los temas que ellas ya han interpretado, se pusieron a bailar al ritmo de las canciones de sus compañeros. Pero mientras ellas se divertían, siempre ajenas a nosotros, Gakupo se sacrificó por el bien de ambas.
Sí, suena muy exagerado, pero el punto es que lo hizo y se arrojó a las fauces de una hambrienta muchedumbre. Mientras las chicas bailaban, Gakupo descubrió que eran al menos tres personas quienes sospechaban de ellas y las seguían desde la librería. ¿Cómo podía detenerlos? La única solución que encontró fue arriesgada y lo dejaba a su suerte.
—Master —me llamó al radio, con una voz serena agregó—: tenemos a tres personas que sospechan de ellas.
—Demonios… ¿estás seguro?
—Sí…
—De acuerdo, llamaré a Meiko para que prepare el auto.
—No hace falta, yo me encargare de eso —dijo sumamente decidido.
—¿Qué dices? Gakupo, espera. Eso se soluciona llamando a un guardia.
—Los veo en el departamento chicos, ya me las arreglare para llegar.
Y se cortó la comunicación con él. Corrí a buscarlo de inmediato para evitar una locura de su parte, sin embargo llegué tarde. Gakupo ya estaba en el nivel tres, saliendo del baño de caballeros sin peluca ni gafas. Comenzó a caminar como si nada entre las tiendas, llamando la atención con su sola presencia. Primero fueron dos chicas, luego cuatro, seis y así hasta que se formó el caos. En un instante, el tercer piso del Tokyo Solamachi era un mar de cabezas humanas que clamaban a su ídolo. A mi lado, dos chicas y un chico bajaron corriendo para unirse a los fanáticos del piso inferior. Gakupo cumplió con su palabra y de alguna manera pudo escapar al segundo piso, llevándose consigo a casi todos los clientes del centro comercial. Cuando miré a mis espaldas, solo estábamos nosotros, los improvisados guardaespaldas y las dos enamoradas, comiendo un helado en la terraza mientras contemplaban la luminosa e imponente Tokyo Skytree. La imagen que tenía frente a mis ojos era el perfecto final de una película romántica, un paisaje majestuoso construido por el hombre al cual le faltaba ese sentimiento especial que solo la naturaleza nos puede brindar, y que era complementado por el amor de esas dos chicas que tanto quiero.
—¿No es hermoso? —me preguntó Thelma deteniéndose a mi lado. Instintivamente la abracé.
—Sí, lo es. Un hermoso secreto.
La torre brillaba en un color azul precioso que destacaba sobre el negro cielo carente de estrellas. Además de nosotros y algunos empleados obligados a permanecer en su área de trabajo, no había nadie más en el cuarto piso del centro comercial. Y así, a la luz tenue de la Nueva Torre de Tokio, Luka tomo de los hombros a su amada novia Miku, ambas se miraron a los ojos, pero la conexión iba más allá. Ambas cerraron los ojos y se dieron un beso que para nosotros fue solo un momento, pero para ellas de seguro el mundo se detuvo.
