Halloween.

No puedo mentir sobre esto. No me gusta, me parece sin sentido, es una fecha hecha para comer dulces y atacar las casas de los ancianos gruñones a costa de huevos podridos y papel higiénico, sin mencionar las famosas casas de terror que a mí nunca me han gustado. En lo personal, estas fechas pasaban muy inadvertidas para mí hasta que conocí el Día de Muertos gracias a Thelma. Ya sé que es diferente, pero esa festividad me dejó asombrado, ¿cómo pueden hacer una fiesta a la muerte tan colorida, llena de flores, comida típica, y esas divertidas calaveras? En muchos lugares nadie habla de la muerte, pero en México se les ocurre tener un día especial para esta. Pero viviendo en Japón, celebrarlo es un poco más complicado, además que aquí también tienen su propio día para conmemorar a los difuntos. Para mi desgracia, el Halloween es un día muy esperado por los nipones que están fascinados con lo sobrenatural y aun antes de octubre, como a mediados de septiembre, vi que ya comenzaban con fiestas de disfraces y pasarelas interminables de monstruos de la cultura pop o producciones hollywoodenses; a ellos les encanta este día, ¡tal vez más que a los estadounidenses! La diversión para los niños existe, pero parece que en este país la fecha va más dirigida a los jóvenes y adultos: concursos de disfraces, festivales sobre monstruos, fiestas de disfraces organizadas por bares, centros nocturnos, y cosas similares; aunque viendo el estresante mundo laboral en que están inmersos los japoneses, no me sorprende que cualquier fecha sea digna de celebración para descansar un poco a tanto trabajo.

Y como buenos jóvenes japoneses que son, sin importarles nuestra falta de simpatía por el día, en un ansia por pasar un rato agradable en compañía de amigos, familiares y fans considerados NO peligrosos (y sí, catalogamos a los fans en peligrosos y no peligrosos), viéndose en la posibilidad económica y las facilidades que otorga la disquera de conseguir un lugar para llevar a cabo su ambicioso plan, los VOCALOID me obligaron a organizar con ellos una fiesta de Halloween, que incluía comida y un concierto. Creo que les gusta demasiado cantar.

Lo peor del caso es que pasaron un mes planeando las cosas; desde inicios de septiembre ya tenían una lista de invitados que incluía a artistas, cantantes, músicos y productores, como vender los pases para los fans, el menú a ofrecer, las canciones a interpretar y los atuendos que usarían. ¡Qué empeño! Mientras Gumi, Meiko y Rin tomaban medidas, compraban telas y confeccionaban disfraces de momia, vampiro y hombre lobo; Len, Luka y Miku convencieron a Thelma de preparar la comida y postres para la fiesta, pasando largas horas buscando las recetas e ingredientes necesarios y, por supuesto, preparando los platillos a modo de prueba; yo, acompañado por Kaito y Gakupo, estaba encomendado a hablar con los altos mandos de la disquera para que nos ayudaran con el evento: negociaciones con hoteles, renta de un auditorio o salón o lo que fuera, la publicidad, la venta de boletos, en fin, todas esas cuestiones a las que estoy acostumbrado lidiar con aquellos que buscan una presentación. Tras rogar la última semana de septiembre, los siete días, y una amenaza de Meiko con un tostador (no entiendo cómo puede volver todo un arma), por fin se aprobó el evento y nos apartaron un foro cercano a los estudios donde filmamos "Kokyo Sentai". Su alegría y euforia no pudieron esconderse, estaban tan felices como aquel día cuando salí de la oficia de mi jefe y les dije que su primer disco había sido aprobado, o cuando lo vieron frente a ellos una vez terminado. Y bueno, los entiendo, este era el primer evento que ellos quisieron hacer por sí mismos, la idea fue de ellos y las cosas fueron realmente bien.

O eso creíamos.

Tal vez fue un presagio, un mensaje del más allá. Alguien o algo no quería que celebráramos nada, o que ocupáramos ese lugar. Las cosas raras comenzaron una semana antes del treinta y uno de octubre, mientras Thelma terminaba con un dulce de calabaza, la luz del apartamento se fue en varias ocasiones dejándonos sumidos en una profunda oscuridad. Pero lo extraño fue que con cada titileo desaparecían utensilios de cocina. Nadie le dio importancia, ni ella, pensando que con tantos problemas eléctricos había perdido la noción del espacio y puso las cosas en otro lugar, que al final aparecieron desperdigados por la cocina. También tuvimos problemas con mi computadora: una mañana al encenderla noté que estaba formateada; por suerte siempre tengo un respaldo y no perdí nada importante (creo). Todo esto, aunque extraño, no logro alarmarnos en nada, son cosas que pasan, y más cuando vives con unos gemelos traviesos. Pero la mañana del domingo veinticinco de octubre todo se puso peor. Fui al foro acompañado por Kaito y Luka para llevar unas lámparas de calabaza para que los empleados las acomodaran. El tiempo ya se nos venía encima, Gumi pasaba día y noche cosiendo en su habitación sin descanso, Gakupo estaba esclavizado por ella y tampoco solíamos verlos más que durante la comida, Thelma y Miku diseñaban el menú para la fiesta, y el resto conseguían más y más decoraciones para el foro que ya no sabíamos cómo ponerlas. A la par de esto, Thelma y yo teníamos que buscar las cosas para el altar de muertos (necesario para conmemorar a nuestros familiares fallecidos), pero ¿tienen idea de lo difícil que es encontrar pan de muerto y flor de cempaxúchitl en Japón? El pan lo tendríamos que hornear y las flores serían de papel. ¡El departamento era un caos! En fin, hasta ese domingo conocimos al viejo velador Yukio, un viejo de poca estatura, arrugado como una pasa y apestoso a tabaco; los demás empleados nos habían comentado sobre él y su demencia senil, pero no nos habíamos topado con él. Apenas de vernos, frunció el ceño arrugando aún más su cara y, aunque estaba lejos, su aliento de humo nos golpeó.

—Deberían de irse —nos dijo autoritario—, ustedes y todos sus juguetes. No es lugar para hacer una fiesta tonta.

—Usted debe ser Yukio-san —respondí lo más respetuoso posible—, no teníamos el gusto.

—Y ni lo quería —un tipo duro y de palabras secas—. Deben irse todos ustedes, este lugar está habitado por espíritus que no quieren ser molestados.

—¿Fantasmas? —la legua de Kaito se trabó al decir esto, en cambio, Luka permaneció sin expresión alguna.

—Bueno, eso le dará un incentivo a nuestra fiesta, ¿no cree? —no podía tomarme en serio a este anciano—. Si fuera peligroso no nos darían permiso.

—¡Esos empresarios que van a saber! Una actriz murió aquí en pleno rodaje y no les importó. Pero ya es cosa de ustedes.

—¡¿Murió?! —la voz de Kaito retumbó bajo los cuatro muros, ni en los conciertos gritaba así—. ¡¿Cómo que se murió?!

—No le hagas caso Kaito, eso no es posible —intentaba de calmarlo Luka.

—Como quieran, pero yo se los advertí.

Lo peor del asunto, y que provocó en Kaito un ataque de pánico en días siguientes, fue la desaparición del viejo Yukio. No volvimos a verlo y los trabajadores tampoco daban razón de él. Por si fuera poco, un par de técnicos más aseguraron que de noche se escuchan ruidos extraños sin razón alguna, lo que también alteró a Miku por un rato, pero no hizo decaer su emoción al ver los disfraces terminados.

Los disfraces estuvieron listos dos días antes, fue un gran trabajo por parte de Gumi el diseñarlos y confeccionarlos casi por completo, tratando a su medio hermano peor que un esclavo. El resultado era asombroso, la calidad era igual o superior a los vestuarios usados para los conciertos, y digo que es asombroso porqué solo dos personas trabajaron en ellos en vez de diez como suele ser, además de tener problemas porque la máquina de coser se descompuso dos veces. Así, teníamos un atuendo de bruja lolita para Miku que mezclaba telas negras y moradas; Gakupo era nuestro vampiro refinado y Kaito quiso sorprendernos con su disfraz de pirata, algo que no logró por ser atormentado por Meiko que era una novia fantasma. Rin y Len eligieron algo más acorde a su personalidad y eran un par de diablillos (lo gracioso es que originalmente Len iba a ser un ángel); Luka se disfrazaría de mujer lobo, con pelaje rosado y un desgarrado traje, y Gumi hizo una versión chibi de monstruo Frankenstein (así le decimos por su baja estatura). Y tomando en cuenta nuestra preferencia por el día de muertos, Gumi nos hizo a Thelma y a mí trajes de la Catrina y el Catrín. Nos dejó admirados con ambos atuendos; ambos eran tan elegantes que no parecían hechos en unos días. Así fue como nos convencieron de participar en la fiesta.

Cuando todo parecía ir a la perfección, ocurrieron más incidentes. Meiko y Big C casi arrollan a un extraño niño y terminaron por derribar un poste, una espada de Gakupo se partió en dos durante su entrenamiento y YouTube suspendió nuestro canal por supuesta violación de copyright. Semejante tontería. Por si no fuera suficiente, Kaito culpaba de todo a los fantasmas que según Yukio-san habitan en el foro. No quiero adelantarme en el relato, pero es muy posible que el peliazul tuviera razón.

El día de la fiesta teníamos que estar temprano en el foro, para supervisar los últimos detalles y estar listos para recibir a los invitados. También era necesario interrogar los Kagamine e inspeccionar todo para evitar una mala broma. La idea era no llamar la atención de nadie y viajar en tres autos, el mío y los de Gakupo y Kaito, pero cuando quisimos arrancarlos ninguno respondió. ¿Qué estaba pasando?

—¡Son los espíritus! —gemía Kaito; un pirata muy miedoso—. Están molestos por la fiesta.

—No digas tonterías, tal cosa no existe —le recriminó Gakupo—. Lo más seguro es que estos dos diablillos nos quieran jugar una broma.

—¿Eh? Esto no lo hicimos nosotros —respondió Len—. Somos incapaces de averiar sus autos.

—¿Entonces que les pasó?

—Chicos, no tenemos tiempo para discutir —les reprimió Gumi. Últimamente, la relación entre Gakupo y Len ha sido algo tensa.

—Tendremos que irnos en el camión —no quería usarlo, pero el tiempo apremiaba.

Aún más difícil que conducir un camión por las calles de Japón, es conducir el camión de VOCALOID. A nuestro paso se acercaban toda clase de personas para tomar fotos y saludar a la banda que, atreves de los cristales reforzados, les saludaban con amistosos gestos. El único que no daba señales de vida era Kaito, que estaba detrás de mi asiento, hecho una bolita temblorosa de cabello azul. En fin, no arrollamos a nadie, llegamos a tiempo y los disfraces llegaron enteros. Teníamos una hora para dar los toques finales y disfrazarnos… o más bien para dar las instrucciones finales, porque todo lo acomodaban los empleados del foro. Basta decir que todo quedó listo justo a tiempo, teníamos una linda recepción llena de calabazas, una fuente de chocolate que brotaba de un cráneo, una pequeña casa de terror obra de los Kagamine y muchos, pero muchos pasteles y golosinas.

Si había un lugar en todo Japón donde un reportero de espectáculos quisiera estar, sin duda era en esta fiesta. Teníamos desde productores y músicos, hasta innumerables artistas que hemos conocido a lo largo de esta aventura. Pero también un pequeño número de fans que ganaron un pase mediante un concurso, unos cuantos deportistas y hasta estudiantes de gastronomía. Un abanico bastante llamativo. Lo mismo encontré a medio elenco de One Piece comiendo junto a los protagonistas de Shigeki no kyojin, como a mi buen amigo Otoya charlando con las chicas de YuruYuri. De la casita de terror salieron los músicos que siempre graban con los VOCALOID, mientras que Yuu y Haruka de Sakura trick esperaban su turno junto a Gintoki y Kagura. ¿En que otro lugar puedes ver a Miku charlando con el jardinero derecho de los Yomiuri Giants e Ichigo de Bleach? No había nadie que no se divirtiera, ya fuera pescando manzanas o solo bailado, y por supuesto no podía faltar el karaoke, tan solicitado por todos los asistentes. Imaginen a un beisbolista y un cocinero cantando mientras los chicos de Free! bailaban. Estar aburrido era imposible. Pero no todos se divertían, había una sola persona en toda la fiesta que no podía encontrar lo divertido sin importar que Gakupo estuviera en una batalla de rap contra Tomoko (WataMote).

—Master —me dijo Meiko muy contrariada… y sorprendentemente sobria—, ¿puedes hablar con el capitán miedoso? Su paranoia ya me está cansando.

—Sigue con la idea de los fantasmas… Bien, a ver si puedo hacerlo entrar en razón.

Kaito es buen chico, pero se asusta muy fácil. Toda la fiesta la pasó alerta, por si algo extraño pasaba, y rebuscaba en los techos por algún peligro próximo. Simplemente estaba aterrado por las palabras de Yukio-san. Cuando lo encontré, estaba comiendo un chocolate pero con bocados del tamaño de una hormiga. Su mirada viajaba de un extremo a otro del salón, como si buscara desesperado a alguien. Ya me imagino que tan nervioso estaba que, al verme, se estremeció y ahogo un grito.

—Cielos Kaito, ya cálmate.

—¡No puedo! Sé que ella está aquí Master, nos quiere fuera, puedo sentirlo —su voz temblaba, no sé si por el miedo, la cantidad de azúcar que había comido o por los dos.

—Relájate un poco, ese viejo solo quería asustarnos —le tome del hombro y le quité la barra de chocolate a medio comer. Por las envolturas a su lado, deduzco que al menos se había comido cinco chocolates, tres paletas, un caramelo de menta y cinco galletas—. No hay tal fantasma.

—En eso te equivocas, ya la han visto —replicó de inmediato.

—Kaito…

—La estoy buscando, no sé qué haré cuando la vea, pero vigilo que no aparezca de nuevo. Dicen que hay una chica que nadie sabe quién es, no ha ido al baño ni comido nada. ¡Tiene que ser un fantasma!

—O que no tenga ganas de nada, en serio Kaito —esto ya era ridículo—, todo eso tiene una explicación lógica. Deja de pensarlo y diviértete un poco.

Y como una respuesta a mis palabras, se fue la luz en todo el edificio por unos segundos, regresando entre un mar de quejas. Lo de menos era encender el karaoke, el reto era calmar a Kaito que se puso histérico e intentó correr al camión. Entre Luka y Len pudieron someterlo (sí, someterlo, como los policías a un anarquista) y obligarlo a dirigir un pequeño concurso de baile solo para distraerse. Funcionó, hasta él se puso a bailar una vez olvidado el asunto del fantasma.

Alrededor de la media noche, calculo que faltarían unos cinco minutos, las luces se apagaron de nuevo y así se quedaron. Mandamos a los empleados a solucionar este problema en cuanto antes, pensando que se trataba de un fusible malo o un cable roto, que se yo, algo que no tuviera que ver con fantasmas y muertos. Sin embargo, Kaito no pudo evitar volver a su paranoia y culpar a la mujer fallecida hace no sé cuánto tiempo. Lo peor es que su alarma causó molestias de algunos por una parte (el elenco de Kyoukai no Rinne pensó que era una broma hacia ellos) y a otros mucha curiosidad (¿cuántos no se acercaron a preguntar qué diablos estaba pasando?). No recuerdo con quien hablaba cuándo, gritando como una alarma de auto, Kaito interrumpió y señaló el techo con su celular. Sobre nuestras cabezas flotaba (¡¿flotaba?!) una silueta femenina de cabello descuidado y ropas maltratadas. Muchos gritaron, otros se admiraron, los ojos de cada presente estaba fijo en aquella silueta misteriosa, cuyos ojos brillaban amenazadores y su rostro no era el más amistoso. Tras contemplarnos, se arrojó al vació acompañada por un desgarrador chillido que taladraba los oídos. Antes de caer sobre alguien, de manera inexplicable levantó el vuelo y fue a estrellarse contra una ventana, haciéndola añicos mientras desaparecía en la penumbra. ¡Que susto! Apenas esa cosa se esfumo, las luces se encendieron de nuevo.

Los gritos de terror no se hicieron esperar, creo que hasta lloraban del miedo, pero de la nada y no entendemos por qué, la gente comenzó a aplaudirnos como si se tratara de un concierto. "¿Se volvieron locos?" pensé, el susto fue tan horrible que muchos perdieron la cordura o bien, ese fantasma come cerebros, una cosa así. Comprendí la razón de dicha reacción hasta que Otoya se acercó a felicitarnos por el montaje que hicimos.

—Tremendo espectáculo Master —dijo Otoya. Su traje de cirquero estaba manchado de refresco—. Que ingeniosos al usar hologramas, y ese sonido tan envolvente. ¡Me la creí!

—¡Claro! ¡Claro! Tenemos que dar lo mejor que podamos en cada presentación —mentí—. Aunque sea solo una fiesta. No sabes lo difícil que fue montar esto.

—Oye… ¿Estás bien?

—¡Por supuesto! De maravilla —con las luces encendidas me di cuenta de que el cristal de la ventana no estaba destrozado, lo que me hizo sudar más que frio—. Si me disculpas… debo ir al baño.

¿Qué rayos acababa de pasar? Nadie sabía con exactitud. Tuve que reunir al grupo para decirles que después de la fiesta investigaríamos que pasó, aunque todos señalábamos como culpables a Rin y Len. Es decir, el año pasado fingieron un suicidio, son capaces de todo.

El resto de la noche pasó en paz, sin más incidentes que un Kaito encerrado en el baño. Serían ya las tres de la mañana cuando el foro quedó vacío. Los únicos que quedamos dentro fuimos nosotros, recogiendo el equipo de karaoke y lo que quedó del gran pastel. Cuando los gemelos desmontaron su casa de terror, los primero en encararlos fueron Meiko y Miku. Escuché como los interrogaban, ellos se quitaba toda culpa.

—¡Esa mujer no fue truco nuestro! —gritó Rin desesperada.

—Pensamos que era una broma de ustedes —dijo Len—, lo único que pusimos nosotros fue el monstruo de baba en el baño de mujeres.

—Ni quien les crea enanos —Meiko los amenazó con sus puños, pero ellos seguían firmes en negarlo todo.

—Aunque es verdad que no tuvieron tiempo para montar un proyector… —murmuró Miku comenzando a temblar. Y yo la seguí.

—Entonces… —Rin no pudo terminar de hablar. Las luces se apagaron de nuevo.

Una vez más, la mujer flotaba sobre nuestras cabezas, con un aire amenazador nos miraba. El aire a nuestro alrededor se sentía tan pesado y frio; el corazón me latía violento y sudaba helado, estoy seguro que los demás también. En cuanto aquel espectro se lanzó hacia nosotros, corrimos despavoridos al camión y huimos del foro. ¡Nunca había manejado tan rápido el camión! Entre gritos y tropiezos, llegamos a nuestro departamento. No pudimos dormir ni un poco aquella noche, solo esperábamos la llegada del amanecer, esperanzados de que no ocurriera nada malo.

Y no ocurrió.

Hoy es Día de muertos, dos de noviembre. En México no hay labores escolares ni gubernamentales, pero como estamos en Japón, eso poco importa. Tenemos que grabar un nuevo material y el tiempo apremia, la repentina vuelta a la rutina nos hace olvidar aquella mala experiencia en Halloween. Y mientras Gumi está en la cabina grabando sus nuevas canciones, nosotros ponemos una pequeña ofrenda en mi oficina, en honor a mis difuntos abuelos. El aroma del incienso inunda los pasillos, y el color de las flores falsas alegra mi lúgubre oficina. Por supuesto que en casa tenemos otro altar, en memoria a nuestros familiares ya fallecidos y a nuestras mascotas también. Pero el de mi oficina tiene algo especial. Kaito no descansó hasta saber de quién era aquel espíritu que nos atormentó y, ahora, en el altar de mi oficina tengo una foto de la actriz que murió en el foro donde hicimos la fiesta, con la esperanza de que esa mujer pueda descansar en paz.