Muy buenas madrugadas fans de VOCALOID. Al fin, después de una larga ausencia he vuelto a trabajar en este fanfic. La Uni apenas me dejó tiempo, pero he vuelto y aprovecharé las vacaciones para avanzar lo más que pueda.
Sin más, les dejo el capítulo nuevo.
Detective Rin
En el mundo de las celebridades, la seguridad es de vital importancia. Ahora, sumemos que no se trata de cualquier celebridad, hay niveles entre unos y otros. En un grupo musical no es lo mimo ser el bajista a ser el guitarrista estrella o el cantante; tampoco es lo mismo ser un actor con papeles secundarios a ser el protagonista de cada serie. Ahora, si se trata del grupo de idols más popular en Japón, entenderemos que me tomo muy, MUY en serio la seguridad de estos chicos. Menos de Meiko, todos sabemos que ella sola puede vencer a toda la Yakuza sin derramar una sola gota de sudor.
Como es de suponer, VOCALOID es bastante vigilado, tenemos multitudes de guardaespaldas en cada concierto, a cada viaje que hacemos, hasta para ir al centro comercial se necesita pedir un permiso especial y conseguir escoltas (aunque la mayoría de nuestros paseos por Tokio son clandestinos) para evitar cualquier incidente. Por supuesto, aun con tanta vigilancia nos hemos visto superados en varias ocasiones y varios fans han logrado acercarse a una distancia peligrosa. Y creo que esos fanáticos eran peligrosos. Como aquel chico que de algún modo se metió al hotel donde nos hospedábamos y corrió directo a Luka en cuanto la vio; de no ser por Meiko (que uso a Kaito como escudo) aquel tipo hubiera puesto las manos sobre la pelirrosa. En otra ocasión, una chica se infiltro a los camerinos, durante un concierto, y se robó una bufanda de Kaito. La encontraron veinte minutos después del concierto y pasó una noche en prisión. El caso más raro había sido el de un chico o chica, no sabemos bien, que entró a las lavanderías del hotel cuando estuvimos en Rusia y robó toda la ropa interior de los cantantes. Pero lo que ocurrió hace unos días fue tan raro como alarmante. ¡Se robaron algo del departamento!
—¡Se robaron mi kigurumi de pollito! —reprochó la voz enfadada de Rin frente a mi cara. ¿Qué me dijo? No lo comprendí en ese momento—. ¡Se robaron mi kigurumi de pollito! —repitió al ver que no comprendí a la primera.
—¿Tú qué?
—¡Mi pijama de pollo! La dejé sobre mi cama y desapareció.
—¡¿Se la robaron?! —repetí alarmado. Hasta ese momento comprendí lo grave del asunto—. ¿Insinúas que algún extraño se metió al departamento y se robó tu pijama?
—¡Eso es posible! —gritó. Ella estaba enojada, yo asustado.
—Pero Rin, tu kigurumi desapareció entre el desayuno y los ensayos, no creo que algún extraño pudiera entrar —intervino Len. El chico no había podido hablar ante su impulsiva hermana—. Lo hubiésemos visto en algún momento.
—Los únicos que fueron a ensayar hoy fueros ustedes dos y Miku. Sí alguien entró aquí tuvo que ser muy cuidadoso —murmuré. El pensar en un intruso me ponía muy nervioso.
—Bien, será mejor ponernos a trabajar y resolver este misterio —dijo Rin con energía. ¿Acaso estaba jugando? —¡Este es un caso para la detective Rin Kagamine! Y mi primera deducción es que todos aquí son sospechosos menos yo.
—Eso solo te hace la primera sospechosa —le dijo Len.
—¿En serio? —de pronto intentó hacer su voz más seria, como si en verdad se tratara de un detective. Hasta se puso sombrero y capa al estilo Sherlock Holmes—. Pero dígame joven Kagamine, ¿por qué me robaría a mí misma?
—Para jugarnos una broma —respondimos ambos.
—¡¿Cómo pueden decir eso?!
—Te conocemos muy bien pequeña. Ni tu hermano se escapa de tus jugarretas.
—Duele que piensen… ¡Solo quiero que me ayuden a encontrarlo! Adoro mi kigurumi y es muy importante para mí.
En ese momento supimos que no era una broma. Su mirada se nubló con auténticas lágrimas, entre la frustración y nuestros comentarios debía sentir un fuerte dolor en su pecho. Len, en ese momento, me dijo que la dichosa pijama si era importante. Según él sabía, el kigurumi de pollo fue un regalo que una prima de ellos le dio a Rin justo antes de embarcarse en su aventura como idol. Era un recuerdo de la persona a la que más admiraba nuestra inquieta rubia, de su prima mayor que tanto le ayudó cuando pequeña. La encubría en sus travesuras o participaban juntas, le ayudaba con las tareas de la escuela o cuando los niños la molestaban. Y ahora no podía verla con la misma frecuencia de antes, por eso el kigurumi es tan importante.
—Está bien Rin, te vamos a ayudar.
—Perfecto, porqué usted es el siguiente sospechoso señor Master.
—¿Qué? ¿Y yo por qué?
—Elemental señor Master —esta era una faceta desconocida de Rin. Su seriedad era algo que nunca había visto. Quiero decir, no era la Rin tranquila y bien portada de las juntas o ceremonias de premiación, que aun con su porte mantenía esa energía y mirada maliciosa que todos le conocemos. La Rin detective estaba enfocada en encontrar la preciosa pijama sin distraerse en el proceso—, todos sabemos que usted está encargado de llevar a lavar la ropa. Todas las mañanas antes de ir al estudio pasa a cada habitación y se lleva la ropa sucia a la lavandería. Tal vez, por error tomó el kigurumi.
—Me sorprendes Rin, pero esta mañana no pude recoger la ropa porque desperté muy tarde —como ocurre cada dos meses, me quedé dormido—. Pero le pedí a Gakupo que se hiciera cargo.
—Muy convincente señor Master, Len, táchalo de la lista de sospechosos.
—Ni siquiera tengo una lista de… —pero el rubio no pudo terminar de hablar, su hermana le dio al instante una libreta donde estaban escritos todos nuestros nombres.
—¡Vamos por nuestro siguiente sospechoso!
Sin decir agua va, Rin nos tomó del brazo y nos arrastró hasta la habitación de Gakupo. Ni se molestó por llamar a la puerta, de una patada la abrió y entramos a un cuarto lleno de cuadros de samuráis, katanas y bambú en las esquinas. Frente a la ventana, tirado a la basura un retrato de Luka, estaba el samurái bailarín que no se molestó por nuestra irrupción, más bien se sobresaltó por lo que nuestros ojos pudieron ver. Hicimos como si nada hubiese pasado.
—Señor Kamui Gakupo —articuló Rin dándose aires de rudeza—, creo que llego en el momento justo.
—¡Ah! Chicos… deberían tocar antes de entrar a cuartos ajenos… ¿Qué tanto vieron?
—Nada que te culpe del crimen que estamos investigado —respondió Rin a secas. Entendí en ese momento que ella miraba el mundo, al menos en este momento, como en una película o un programa de detectives.
—¿Crimen? —el semblante de Gakupo cambió de súbito. Ya no importaba si el aún estaba enamorado (u obsesionado) de Luka, ahora se sentía desconcertado ante las palabras de Rin—. ¿Qué pasó?
—Verá, en el transcurso de esta mañana alguien entró a mi habitación y se llevó un objeto muy valioso para mí —Rin se paseaba por la habitación, mirándolo todo y nada. Nunca la había visto tan atenta. Por su parte, Len solo quería irse de ahí—. No queremos hacer un escándalo con la policía, así que investigamos a los primeros sospechosos.
—Un robo… ¿qué se robaron?
—Un kigurumi —dije.
—Y ocurrió durante nuestro ensayo de esta mañana. Señor Gakupo, usted se hizo cargo de la ropa sucia de hoy, tal vez tomó por error el kigurumi o lo vio antes de su robo. Si usted sabe dónde está o que pasó, agradeceré que nos diga todo.
Gakupo parecía creer que esto se trataba de una broma más, pero al ver que yo estaba ahí dudó. Lo miré fijamente y moviendo los labios le dije que esto era en serio. Ahora, seguro de que no era una broma más, se acercó a Rin y al fin le contestó.
—Oh, te refieres a un pijama de pollo. Sí, lo vi cuando recogí tu ropa sucia. Estaba doblado sobre la cama, pero no lo toqué.
—¿Y a qué hora recogió la ropa sucia de mi habitación? —instigó Rin.
—En cuanto Master me dijo. Ustedes aún no se iban cuando empecé.
—Muy convincente señor Kamui, parece que dice la verdad —Rin se detuvo en los cajones de Gakupo y los abrió para buscar su preciado pijama—, espero que no le moleste que investigue un poco más.
—¡Rin! —gritó Len para intentar detener a su hermana, pero ella ya estaba arrojando la ropa de Gakupo por todas partes.
—¡Oye, ten cuidado! —y Gakupo solo veía como sus prendas volaban por los aires. Intentó atrapar la mayoría, pero fue un esfuerzo inútil—. ¡Gumi entro a tu habitación! Ahora deja de arrojar mi ropa… ¡Debajo de la cama no!
Pero fue muy tarde, Rin ya tenía la mitad de su cuerpo bajo la cama del samurái y salió arrastrando un dakimakura con la imagen de Luka. Un silencio incomodo inundó la habitación. ¡Qué pena para Gakupo! ¡Qué trauma para los Kagamine! Y yo… creo que necesito conseguir ayuda profesional para que se encarguen de este chico y aceleren su etapa de desenamoramiento. Rin regresó la gran almohada a su lugar.
—Siga con lo suyo señor Kamui —estaba toda roja, no podía ver al chico a la cara—. ¡Gracias por su ayuda! —y salió corriendo junto a Len.
—Gakupo —dije serio, no sabía cómo tomar la existencia de esa cosa—. Tengo que hablar contigo luego.
¡Qué incomodo momento! Nunca le diré a Luka sobre eso, a menos que lo considere prudente. Sabrán aquellas paredes cuanto tiempo tiene ese dakimakura en poder de Gakupo. Pero el tema de hoy no es eso, sino la investigación de la que soy parte. Si Rin iba a inspeccionar todas las habitaciones de esa manera, ya me imaginaba cuantos secretos revelaría por accidente. Esperaba que Gakupu fuera el único caso.
Nuestra siguiente parada fue la habitación de Gumi. Como la vez anterior, Rin abrió la puerta de una patada y entró sin pedir permiso. Len recogió amable el letrero que dice "Gumi's Room" y lo colgó en su lugar. Aquello era un pequeño estudio de manga; había una gran mesa de dibujo llena de restos de borrador y virutas de lápiz que servían de marco a un boceto. Había varios dibujos colgados a la pared y una computadora encendida con los datos de una convocatoria para jóvenes mangakas en pantalla. Por eso nuestra dibujante se negaba a salir de su habitación últimamente. Ella no estaba, y Rin aprovechó para buscar su amado kigurumi de pollo. Incluso Len y yo le ayudamos buscando en el armario con resultados nulos. El pijama no estaba ahí.
—¿Qué hacen aquí chicos? —preguntó Gumi al entrar en su habitación. Cargaba con una charola llena de papas fritas.
—Ah Gumi, veras… Rin perdió su pijama y piensa que alguno de nosotros la tomó —explicó Len con cierta pena. Y bueno, esta situación si da algo de vergüenza.
—Oh entiendo. ¿Y creen que yo la tomé?
—Señorita Megpoid, estamos aquí porque su hermano Gakupo —intervino con suma seriedad la rubia, lo que borró la expresión divertida de Gumi— nos informó que usted entró a mis aposentos cuando fui al ensayo de esta mañana.
—¿Por eso piensan que yo la robé? —sonrió alegre de nuevo. Miró al suelo mientras jugaba con su cabello—. Bueno, la verdad es que sí entré a tu habitación, pero fue para llevarme el manga de Sailor Moon que te presté y ustedes acababan de salir del departamento.
—Algo no encaja señorita. Ese tomo estaba en mi habitación cuando volví.
—Es que lo regresé apenas terminé de usarlo —se dirigió a la pared y tomó uno de los dibujos—. Solo quería usar de referencia a Makoto para el peinado de este personaje.
—¡Woow es hermoso! —Rin dejó su papel de detective serio por unos segundos; al percatarse de ello sacudió la cabeza y regresó a la investigación—. Entonces debió ver mi kigurimi en la cama.
—Sí, estaba cuando entré por el manga— casi canturreó la peliverde—. Pero cuando fui a devolverlo ya no estaba.
—Bien señorita, su declaración coincide con las evidencias.
—¿Y no sabes si alguien más entró a la habitación de Rin? —pregunté. De pronto me sentí emocionado por resolver este misterio y de seguirle el juego a la pequeña rubia.
—Bueno, Kaito le ayudó a mi hermano repartiendo ropa limpia. Y creo que escuché a Meiko y Luka platicar en el pasillo.
—Entonces debemos ir con Kaito —murmuró Rin. Se dio la vuelta y salió de la habitación de Gumi. Len y yo estábamos por seguirla cuando volvió a entrar, pero ahora no era la detective, sino simplemente Rin, la joven cantante de VOCALOID—. Gumi… ya casi acabo ese tomo, ¿me prestarías el que sigue?
—¡Claro! Puedes tomarlo cuando gustes —le respondió con una amplia sonrisa.
—Gracias señorita, en cuanto resuelva el robo vendré —recuperó su semblante serio, pero ahora era más una broma.
Salimos del cuarto de Gumi. De momento, ni ella ni Gakupo eran culpables del robo; la lista de sospechosos se reducía y Kaito era nuestro nuevo siguiente objetivo. Dar con él no fue difícil; estaba en la ducha cuando buscamos. De manera ridícula, nos sentamos en el suelo frente a la puerta del baño a esperarlo. ¿Por qué? No estoy seguro. Durante la espera los Kagamine jugaron gato varias veces y yo revisaba la agenda con nuestros próximos proyectos. Por fortuna no tenemos conciertos hasta abril del próximo año. La puerta del baño se abrió. Kaito, cubierto solo con una toalla, salió con toda la calma del mundo y se detuvo frente a nosotros.
—Perdón si me tardé mucho —se disculpó. No se imaginaba que sería interrogado—. Ya pueden pasar. Linda capa Rin.
—Gracias —respondió ella con una risita—. Quiero usarla en un video del nuevo disco y tal vez… ¡Eh! ¡No quiera distraerme señor Shion!
—¿Distraerte? ¿De qué hablas? —Kaito dio un salto. Miró confundido a todos lados y agitó las manos a modo de defensa ante la mirada severa de Rin—. No entiendo, ¿qué pasa?
—Señor Shion, el día de hoy ocurrió un robo en este departamento —la voz fría y seria de Rin volvió. Hasta Len esta asombrado por el cambio en su hermana— y usted es uno de los sospechosos.
Esperábamos un sobresalto, una sorpresa. Esperábamos que Kaito reaccionara como nuestros anteriores sospechosos, pero no fue así. Se dejó caer de rodillas al suelo, comenzó a llorar desconsolado y pedía perdón con sumo desespero. ¿Él tomó el kigurumi de Rin y lloraba por qué lo descubrimos? Nos miramos en silencio, sin saber que debíamos hacer con el peliazul. Era obvio que él era el ladrón, no tenía razón para ponerse así en cuanto supo que investigábamos el robo. Rin estaba por encararlo cuando Kaito dijo algo que nos sacó del error.
—Tenía hambre y era el único helado. ¡Lo siento! Prometo que voy a pagarlo, no sabía de quien era.
—¿Helado? —nos preguntamos Rin y yo al mismo tiempo.
—¡Era mi helado! —respingó Len, siendo ignorado por nosotros.
—Señor Shion, usted está confundido. Estamos buscando un kigurumi de pollo que me robaron esta mañana —le dijo Rin de inmediato mientras acariciaba la espalda de Kaito. Poco a poco, él se incorporó de nuevo dejando los sollozos—. El helado no es importante ahora.
—¡Oye!
—Creo que es obvio que Kaito no lo hizo, ¿verdad? —dije tratando de consolarlo. Él es, a pesar de su aspecto, un niño en muchos aspectos.
—Ni sabía que tienes un kigurumi —alcanzó a murmurar—. ¿Por qué nunca te lo he visto?
—¡Las preguntas aquí las hago yo! —respondió con agresividad Rin, pero su rostro colorado nos dio la razón. Ella sentía vergüenza de usar un pijama como ese frente nosotros—. Señor Shion, ¡responda! Usted ayudó a Gakupo a repartir la ropa limpia en las habitaciones de todos. Así que debe saber que le pasó a mi kigurumi.
—Rin, yo no sé nada. Tu cama estaba ordenada cuando entré y no había ningún traje de pollo.
—Yo dejé mi cama desordenada —dijo Rin.
—¿Quién se encargó de eso? —pregunté.
—Esto… Thelma y yo limpiamos la sala. Meiko y Luka se encargaron de las habitaciones, pero no se quien estuvo en la tuya.
—Entonces iremos con ellas dos. ¡Vamos con el matrimonio Megurine! —gritó Rin emocionada y jalando a su hermano.
—¡Espera! ¡¿Y mi helado?!
—Eso no importa ahora.
—Master… —me dijo Kaito—. ¿La habías visto así antes?
—Yo debería preguntarte eso hombre. La conoces desde hace más tiempo que yo.
Corrí tras los gemelos, antes de que hicieran alguna tontería. Tal vez irrumpirían en la habitación que Luka y Miku comparten, incomodándolas hasta el punto en que Luka se tornara agresiva. ¿Sabían que tiene un atún de acero que usa como cachiporra? Cuando alcancé a Rin y Len estaban con los oídos pegados a la puerta. Los dos tenían la cara en extremo roja y apenas se movían. Con señas me indicaron que hiciera lo mismo y los obedecí. ¿Acaso nuestra pareja yuri estaba…? No, no era eso. Escuchaba música a alto volumen, unos golpes y quejas, pero ¿botonazos? Distinguí varios gritos desconocidos y a Pikachu. Eso fue bastante extraño. Llamé a la puerta dos veces y tras una breve espera, Miku abrió.
—¿Master? —estaba vestida. Nos miró con asombro—. Rin, Len, ¿qué pasa?
—Perdonen la molestia pero le robaron algo a Rin y queremos hablar con Luka —me anticipé a que la enérgica Rin hablara—. ¿Podemos pasar?
—Claro, claro —y nos dio el pase.
Pude ver la causa de los ruidos. El televisor estaba encendido y las chicas jugaban una pelea de Smash Bros la cual sin duda estaba ganando Luka, pues nos miró algo molesta. Eso explica las quejas y los golpes, Miku es muy inquieta cuando juega. Entramos y vaya que me admiré con lo limpio que estaba el cuarto, nada fuera de su lugar. La cama de tamaño matrimonial arreglada y con peluches de atún y puerro sobre las almohadas. El aire olía a lavanda, contrario al olor de papel y tinta del cuarto de Gumi. Y las paredes solo eran decoradas por cuatro carteles enmarcados: el promocional del sencillo Magnet, un poster de Citrus, el cartel del primer concierto de VOCALOID y un poster Final Fantasy IX. Desordenar ese lugar iba a ser una pena.
—Y ¿qué se robaron? —preguntó Miku.
—Alguien tomó mi kigurumi de pollo mientras estábamos ensayando. Y el ladrón debe estar en esta casa.
—Y piensas que yo lo hice —dedujo Luka. Era muy obvio que la teníamos como sospechosa—. ¿En serio me creen capaz de hacer eso?
—Usted es de quien menos sospecho, pero las sorpresas siempre pueden darse y por eso no está libre de culpa, además —Rin, como quisiera que fuera así de determinada en todo momento— el señor Shion mencionó que usted limpió las habitaciones del departamento junto a Meiko.
—Sí, es verdad. Y me encargué de tu cuarto.
—¿Y no vio el kigurumi?
Luka se llevó la mano a la barbilla, en un gesto de reflexión.
—Tal vez lo pusiste bajo la almohada —intervino Miku de forma inocente—. Los primeros días que compartimos habitación no podía encontrar mi pijama porque Luka la guarda bajo las almohadas.
—Sí, hago eso. Pero no recuerdo ningún pijama de pollo. No había nada sobre tu cama cuando entré.
—¿Está segura? —insistió Rin.
—Sí. Hasta cambié tus sabanas porque había unas manchas. Imposible que no lo viera.
—¿Manchas? —preguntó Rin desconcertada—. ¿Manchas de qué?
—No lo sé, parecían de alguna fruta. Deberías dejar de comer en tu cama.
—Pero hace mucho que no lo hago. No debería haber manchas…
—Tal vez es una mancha que dejaste hace tiempo —comentó Len de pronto—. A veces no te das cuenta.
—O tal vez el ladrón las dejó. Y si eran de comida… pudo ser Thelma.
—¿Y ella por qué haría eso? —me sobresalté.
—Una venganza por algo que hice en el pasado. ¡Debe ser eso! ¡Es nuestra siguiente sospechosa!
—Chicos —la voz de Luka detuvo el paso de la detective rubia, que ya enfilaba hacia la puerta—. No sé qué tan útil sea pero Meiko desayuno tarde y hoy le tocó también ayudar con la comida.
—¡Muchas gracias por su información señora Megurine! —gritó Rin alzando los brazos en señal de triunfo—. Lamento haber molestado a un matrimonio joven con estas cosas. Pasen linda tarde.
Parecía que la Rin que todos conocemos regresaba poco a poco conforme sentía más cerca su pijama. Salimos de la habitación de las chicas dejando a una Miku sonrojada que se arrojó a los brazos de Luka. ¿Tengo que explicar por qué es Megurine y no Hatsune? No lo creo necesario.
Caminábamos por el pasillo, la cocina estaba frente a nuestros ojos y podía percibir el aroma de la comida, pescado y verduras. Tenía hambre, no comí nada durante los ensayos y no pude merendar por ayudar a Rin con su investigación. Al menos faltaba poco para encontrar el kigurumi o que la comida estuviera lista, lo que pasara primero. Aun no llegábamos a nuestro destino cuando Meiko se acercó aprisa.
—Len, te llamaron de recepción. Llegó un paquete para ti.
—¿Un paquete? —pregunté esperando una respuesta del chico, pero desvió la mirada.
—Yo no esperaba nada —dijo con un tono extraño.
—Bueno, entonces iré a ver de qué se trata —dije y me propuse a salir del departamento hasta que Len saltó frente a mí y me detuvo.
—¡Ya recordé! —dijo nervioso—. Debe ser… eso. Sí, un juego que compré en línea hace poco. Mejor voy a recogerlo.
—¿Un juego nuevo? —preguntó Rin emocionada—. ¿Cuál es? ¿Por qué no me dijiste nada?
—Es una sorpresa Rin. Bueno… ¡suerte! —y se fue corriendo. Algo estaba raro en aquel comportamiento. Tan raro que Meiko lo notó.
—¿Y ese disfraz a que viene? —señaló el atuendo de la joven Kagamine. Una capa de detective no pasa desapercibida—. Hasta donde sé, Halloween ya pasó y no tenemos que probar vestuario hasta el próximo mes.
—Estoy vestida así porque soy una detective y busco al ladrón de mi kigurumi. Y venía a interrogarte junto a Thelma por el robo.
—¿Qué robo? —se acercó mi novia dejando de lado un cuchillo con el que acababa de picar cebollín. Quise colarme a la cocina a robar alguna galleta, un poco de arroz, lo que fuera, pero Thelma me arrojó su delantal para que me detuviera.
—Alguien en este departamento entró a mi cuarto y se llevó mi pijama de pollo mientras estábamos ensayando —repitió por enésima vez la rubia—. Y ustedes dos son las últimas sospechosas del delito. Luka dice que encontró manchas de fruta en mis sabanas, y las dos están a cargo de la cocina hoy. Pero Meiko desayunó tarde. Eso te vuelve…
—Yo no desayuné fruta —respondió la aludida—. Me hice unos hot cakes y… y media cerveza.
—Los únicos que desayunaron fruta fuimos Gakupo, Miku, Master —no sé porque, pero Thelma me llama también Master desde hace uso meses—. Len y yo.
—Len… —murmuró Rin. Se ajustó el sombrero y miró hacia el pasillo que conduce a toda las habitaciones—. Él fue a despertarme esta mañana y llevaba un plato con frutas.
—Antes de irnos al ensayo dijo que tenía que ir al baño y regresó aquí —recordé de pronto. Len llevó una mochila, nada extraño la verdad, pero se la llevo consigo al subir al departamento cuando solo iba a baño.
—Len no entró al baño. Entró a tu cuarto —dijo Thelma señalando a Rin.
—Y recibe un paquete de pronto —de nuevo Rin se acomodó el sombrero—. ¡Fue él! Las manchas, el repentino paquete. Gakupo y Gumi vieron mi kigurumi pero nosotros aun no nos íbamos. Kaito y Luka no lo vieron porque él ya lo había tomado.
Y como una invocación, el ahora inculpado abrió la puerta. Intentó escabullirse sin llamar la atención mientras abrazaba contra su pecho el misterioso paquete que fue a recoger. Era una bolsa translucida con lo que parecía el dibujo de una lavadora, dejando ver algo blanco dentro de esta. Rin corrió hacia él más rápido que una bala y lo tacleó con tanta fuerza que Len cruzó volando la sala. El pobre rubio quedó tendido frente al televisor, temblando por el dolor que semejante golpe le causó, mientras que su hermana tomó el paquete y lo abrió al instante. Un agudo grito de felicidad se escuchó (estoy seguro) en todo el edificio, llevándose la seriedad y frialdad de la detective Rin; ahora brincaba por toda la sala sacudiendo y abrazando su amado kigurumi de pollo.
Después de comer, Len nos explicó el robo. ¿Quién diría que el ladrón estuvo investigando su propia fechoría? Y bueno, aunque nos pareció algo inútil y exagerado, Rin amarró a una silla a Len para que confesara su crimen. Todo comenzó en la mañana, cuando él fue a despertarla tardando solo quince minutos de insistentes llamadas. Cuando al fin pudo hacerla reaccionar, de su plato de frutas cayeron unas rebanadas de fresa y mancharon tanto las sabanas como el kigurumi. Al verlo, no quiso decirle sobre lo ocurrido por temor a hacerla enojar; en cambio, se quedó para darle su cambio de ropa y fue él quien dobló el pijama para que Rin no viera la mancha. Justo cuando nos íbamos, fingió su deseo de ir al baño para tomar la ropa y mandarla a una lavandería con las encargadas de la recepción del edificio. Su plan parecía perfecto, pero no contaba con que la lavandería se retrasaría, que Rin comenzaría la búsqueda del amado kigurumi y que Meiko respondería la llamada de recepción. Al final, todo quedó en paz. Rin dejó de lado su faceta de detective y volvió a ser la inquieta niña; su enojo con Len pasó rápido y hasta le agradeció que lavara (más bien, mandara lavar) aquella prenda tan importante para ella, no sin antes propinarle una buena serie de bofetadas. Desde entonces, perdió la pena de usar su traje de pollo frente a nosotros y ahora lo difícil es convencerla de que se cambie de ropa.
Eso es todo la que puedo decir sobre nuestro primer y único caso. Ahora mismo tengo que irme, Gakupo tiene su primera sesión con un psicólogo.
