¿Qué hiciste?

Ahí estaban, fuera del departamento. Gakupo, cruzado de brazos y reposando su espalda contra la pared; Gumi, con las manos enlazadas en su espalda y pateando ligeramente el suelo. Kaito parecía deprimido, sentado en el suelo frente a la puerta, abrazando sus propias piernas. Len, con las manos en las bolsas de su pantalón y la mirada fija en el peliazul; y Miku jugueteaba con sus coletas. Thelma y yo regresábamos del cine, de esas raras veces que podemos salir y tener una vida amorosa normal… y lo fue hasta que llegamos al departamento.

—Sé que nos extrañaron pero esto es raro —ironicé la situación. Me debatía entre preguntar qué pasó o entrar como si nada.

—¿Qué paso? —Thelma se adelantó—. ¿Por qué están aquí afuera?

—Meiko echó a Kaito del departamento —respondió Len con total naturalidad.

—¿Eh? ¿Por qué? —pregunté. Esto se puso más raro. ¿A tal grado llegó una discusión de novios?

—¡No lo sé! —sollozó Kaito abrazando con más fuerza sus piernas—. ¡No tengo idea de porqué está tan enojada conmigo!

—Estábamos en la sala cuando de pronto Meiko apareció furiosa —relató Gumi. Sus manos temblaban, como si el recordar a la castaña fuese un relato de terror, y así lo creo—. Tomó a Kaito del brazo, lo golpeo un par de veces gritando "¿cómo pudiste?" y luego lo arrojó aquí.

—Se puso muy feo, hasta vinieron los tipos de seguridad al oír los gritos —agregó Len.

Guardamos silencio un momento, esperando a que Kaito recuperara el aliento. Es imposible evitar las peleas, no importa si esos roces son con tus padres, tus hermanos, tus amigos o, en este caso, tu pareja. Toda convivencia llega a un punto en que debe haber un conflicto cuyas consecuencias pueden ser muy variadas. Es algo que depende de la gravedad del asunto y, más que nada, de las personas que peleen y las actitudes que tomen ante la situación. Ahora, que Meiko echara fuera del departamento a su novio y, peor aún, que él no sepa el motivo de tal acción, deja las cosas muy difíciles de resolver.

—¿Qué hiciste? —pregunté al ver más tranquilo a Kaito. Era posible que pensando con claridad recordara su falta.

—No tengo idea —suspiro queriendo contener un sollozo—. No sé por qué está tan enojada conmigo.

—¿Dónde están Luka y Rin? —preguntó Thelma.

—Adentro, calmando a Meiko —dijo Miku. Ironías de la vida, justo cuando dijo eso, escuchamos como algún objeto de vidrio se rompió en miles de pedazos. La puerta se abrió y Rin salió dando un salto para no tropezar con Kaito. La rubia tenía el rostro tan pálido como una hoja de papel.

—Y parece que les va muy bien —ironizó Gakupo a ver el semblante de Rin.

—¡No quieren entrar ahí! —advirtió a gritos. Todo su cuerpo temblaba y no soltaba el brazo de su hermano.

—¡¿Y Luka?! ¿Está bien?

—Solo puedo decir que tiene armas para defenderse.

—¿Y qué sugieres que hagamos? —pregunté—. ¿Qué nos quedemos aquí afuera hasta que sea seguro entrar?

No me creerán, ¡pero así pasó! Nos vimos obligados a permanecer en el pasillo al menos por dos horas más. Que suerte que todo el edificio tiene sistema de calefacción o la estancia hubiera sido un verdadero martirio. Escuchamos dos o tres cristales rotos más, seguidos por la imperante voz de Luka "¡basta Meiko!" seguida por un silencio total. Kaito ya ni siquiera sollozaba, ni temblaba o se movía, se quedó como de piedra abrazado a sus piernas mientras miraba el suelo con gesto derrotado. Nuestra curiosidad era grande, todos nos moríamos por preguntarle hasta el cansancio (o hasta que recordara) la razón de aquel arrebato furioso de Meiko; sin embargo, tampoco queríamos torturarlo más y preferimos dejarlo en paz. En cambio, bajamos a la primera planta a comprar algunas golosinas y varias latas de jugo y café para matar el rato un tiempo. Gumi se escabulló a una tienda cercana y compró una baraja para jugar poker, Black Jack y cuanto se nos ocurriera para amenizar la espera. Fue una noche de apuestas intensas, caramelos iban y venían de un lado a otro con cada mano ganadora. ¿Qué más podíamos hacer?

Sería alrededor de las dos de la madrugada cuando la puerta se abrió de nuevo. Luka se asomó con un gesto agotado, despeinada y manchas de sangre en su brazo derecho. Una gran batalla se libró en nuestro departamento ¿Qué pasó ahí dentro con exactitud?

—Ya pueden pasar —su entrecortada voz nos invitó a entrar. Respiraba con dificultad y se apoyaba en su atún de metal. ¿Quién fabrica esas cosas?

—¡Luka! —gritó Miku al ver su mano ensangrentada—. ¿Qué te pasó? ¿Estás bien?

—Solo muy cansada, tranquila —sonrió o eso intentó. Miku sin dudarlo tomó la mano de su novia para buscar alguna herida.

—¿Oye, no necesitas ir al hospital? —preguntó Len también preocupado.

—No, no, estoy bien. Meiko se cortó con uno de los vasos rotos y me manchó —le dio un beso delicado en la frente a Miku, que seguía buscando una herida—. Ella está dormida, así que puedes entrar Kaito.

—¿La herida de Mei-chan es grave? —murmuró Kaito con una voz casi gutural, sin levantar la vista. Era muy triste verlo así, parecía un zombie recién levantado de su tumba. Nunca lo habíamos visto tan derrotado, ni siquiera cuando le negaron su helado gratis porque la promoción había terminado dos días antes.

—No, un pequeño corte en su pulgar, nada grave —respondió tranquilamente Luka.

Entramos a las ruinas de nuestro departamento. Está bien, exagero con eso. No eran los restos de una invasión mongola pero el desastre era mucho más que evidente. Los cojines de los sillones esparcidos por toda la sala, cocina y pasillos, las cortinas descolgadas y enroladas sobre la mesa de centro, discos compactos y libros revueltos por el suelo, cosas normales en toda rabieta hasta que encontramos una charola partida a la mitad, una bocina incrustada en la pared y todas las bufandas de Kaito remojadas en el retrete. Sí, la ira de Meiko era evidente, la depresión de Kaito lo era mucho más y quien sabe cuánto tiempo nos llevaría arreglar aquel desastre. Por supuesto, optamos por dejar las cosas así e ir a dormir cuanto antes.

La armonía en un grupo es algo que siempre debe existir, para que un equipo pueda trabajar con un máximo desempeño es muy importante que todos sus miembros procuren tener buenas relaciones con lo demás a fin de evitar cualquier conflicto, y si este es imposible de eludir, se le debe buscar una solución rápida. ¿Y esto a que viene? Bueno, necesitábamos que Meiko y Kaito se reconciliaran antes del concierto en Shibuya y solo teníamos una semana para conseguirlo. Una labor nada fácil considerando que Kaito no recordaba su error y Meiko no se mostraba de buen humor con nadie, en especial con su novio (o exnovio, nunca aclaró eso). El desayuno al día siguiente fue callado, solo sonaban los ecos del el noticiero y los segmentos de publicidad. Meiko y Kaito, que siempre se sentaban juntos, ahora ocupaban los asientos más lejanos el uno del otro. Mientras que él apenas tocaba la comida, ella comía a mordiscos furiosos. La tensión generada por ambos podía respirarse como cualquier perfume, o cortarse con un cuchillo sin filo; así de delicado era el asunto.

Después de comer, Luka y Miku se llevaron a Meiko directo al gimnasio para liberar energía y bilis, mientras Gakupo arrastró a Kaito a una heladería cercana con la esperanza de obtener una respuesta a la pregunta más importante: ¿qué hiciste? El resto nos quedamos en el departamento para limpiarlo y reparar el boquete donde la bocina estaba clavada. Espero que el dueño del edificio nunca descubra ese desperfecto. Salí a comprar algo para reparar el agujero mientras el resto del grupo se dedicó a limpiar.

Cuando volví a casa las cosas ya estaban en orden. Thelma zurcía un par de cojines que fueron violentamente destripados la noche anterior, Gumi reordenaba los libros por tamaño y autor, y los Kagamine arrastraban bolsas de basura hasta la puerta. En cuanto me vieron, temerosos, desviaron la mirada y se murmuraron algo al oído. Lo primero que pensé ante tal reacción fue una broma aguardado por mí en los alrededores, aunque no escuchaba sus usuales risas inocentes ni nada que los volviera sospechosos. Preferí ignorarlos y mantener la esperanza de no toparme con ninguna broma pesada, pero en estos casos uno nunca sabe que esperar.

Con todos los daños reparados solo quedaba descansar y disfrutar de la momentánea paz que reinaba en el departamento. Había un programa de concursos, los participantes debían atrapar a una gallina que correteaba por un improvisado corral que armaron en el estudio mientras que una botarga de Tanuki bailaba al ritmo de una canción country. La televisión japonesa y sus programas, uno se acostumbra a estas cosas. Los gemelos se acercaron a mí, temblorosos como gelatinas en medio de un concierto de rock, y sin decir una palabra permanecieron de pie hasta que el corte comercial inició. Era uno de esos momentos incomodos en que debes decir algo muy importante y no tienes palabras para explicarlo.

—Master —corearon al mismo tiempo.

—¿Qué hicieron par de diablillos? —uno se vuelve indiferente a esas cosas, me acostumbré a sus travesuras así que una más ya no era problema.

—¡No hemos hecho nada! —saltó Rin.

—Aun no —completó Len.

—¿Entonces qué pasa? ¿Por qué me miran como borregos en matadero?

—Es que… creo que encontramos la razón de la ira de Meiko —tartamudeando, mirando a todos lados menos a mis ojos, Len habló con la mayor seguridad que pudo.

—Y es muy importante que lo sepas —igual de temerosa pero con mayor confianza, Rin tomo la palabra—. Tal vez aun estemos a tiempo de hacer algo al respecto.

—Recogíamos la basura de la habitación de Meiko cuando encontramos esto…

Len sacó de su bolsillo una cajita arrugada, color rosa, muy delgada, que me llenó de terror. En el acto se la arrebaté, temblando tanto como ellos. Apagué el televisor. Me atreví a abrir la caja y sustraer ese objeto temible. Este era el fin de VOCALOID, el contenidos de ese caja tan pequeña era la prueba irrefutable que se había violado más de una cláusula del contrato; a diferencia de los noviazgos, de las carreras de autos, de las locas ideas de Gakupo o los paseos de incognitos, el contenido de esa caja no podía esconderse por mucho tiempo. Esto iba a ser muy difícil de manejar.

—Esto es…

—S-sí Master —Rin temblaba de pies a cabeza.

—Por eso Meiko se enojó tanto —alcanzó a decir Len con un hilo de voz.

—¡Una prueba de embarazo positiva! —grité—. ¡Meiko está embarazada!

—¡¿Qué?! —gritaron Gumi y Thelma desde el otro lado de la sala. De inmediato corrieron hasta nosotros para ver la prueba de embarazo. Al igual que yo, se quedaron de piedra al ver una cruz azul en el centro de aquel pedazo de plástico.

—Bueno, creo que era inevitable —dijo Gumi con un tic en el ojo y una sonrisa algo forzada—. Desde las vacaciones en México se han portado muy cariñosos.

—No como otro… —canturreó Thelma. ¡Qué malvada!

—¿En serio vas a reclamarme eso en este momento?

—¡Oigan no discutan su vida privada ahora! —reclamó Len.

—¡Esto es muy grave! —completó Rin.

—Cierto… lo primero es destruir esta prueba de embarazo —dije tajante—. Sin esta cosa, nadie sospechará de lo que ocurre.

—Sí, y en tres meses será imposible ocultarlo —ironizó Thelma en un suspiro.

—¿Este es el fin de VOCALOID? —preguntó Rin llevándose las manos a la cabeza.

—No es el fin de nada, bueno, tal vez solo de la carrera musical de Meiko —dije tratando de guardar la calma (sí, como no)—. Y a mí me van a despedir si esto se sabe. ¡Tenemos que hacer algo!

—Existe una opción… —murmuró Gumi. Su mirada se tornó sombría. De inmediato entendimos a que se refería—. Mi padre conoce a alguien que se especializa en esto.

Dicen que tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, y ese era un momento muy desesperado. Aunque la sola idea de un aborto me erizaba los cabellos de la nuca, podría ser la solución. El señor Kamui comprendería la situación a la perfección y mantendría el silencio necesario para no afectar al grupo de idols al que pertenecen sus hijos. Pero antes de siquiera considerar la llamada al señor Kamui, debíamos escuchar la voluntad de Meiko y Kaito al respecto. Aun podrían negarse, tal vez aceptarían tomar la responsabilidad de criar una nueva vida y alejarse del mundo de la farándula. O podría ser que Meiko se animara a ser madre soltera. ¡Todo era posible en estas situaciones! Y hasta ahora me doy cuenta de algo muy curioso… ¿por qué el padre de Gumi y Gakupo tendría contacto con una clínica abortiva?

Como una invocación, la puerta se abrió de pronto y entraron Gakupo y Kaito, riendo y bromeando como suelen hacerlo. Los dotes de galán samurái de Gakupo le valieron dos números de teléfono y un perfil de Facebook (mismos que perdió por error al tirar su servilleta) mientras Kaito recuperó sus ganas de vivir y sonreía de nuevo como un niño después de comprar su dulce favorito. Aunque básicamente eso pasó, porque fue a comer helado. En cuanto vieron nuestro rostros, severos y oscuros, el semblante de ambos chicos cambió en un instante. Era muy evidente que algo andaba mal y Gakupo se dio cuenta de ello antes que su amigo de cabello azul, pues palideció tanto como una nube y sus ojos se abrieron llenos de pánico.

—¡Shion Kaito! —gritó Rin más que molesta—. ¡¿Cómo pudiste hacerlo?!

—¿Eh? —la miró perplejo. No entendía la acusación de la pequeña rubia—. ¿Ya saben por qué Mei-chan está enojada?

—¡Claro que lo sabemos! —recriminó Gumi—. Fuiste muy descuidado en tus acciones.

—¿De qué están hablando? —alcanzó a decir Kaito, más confundido con cada palabra que escuchaba en su contra—. ¿Mei-chan ya les dijo que hice?

—¡Descubrimos lo que hiciste! —señaló Len extendiéndole la prueba de embarazo. En un primer momento, Gakupo se alteró más que Kaito quien solo miró el instrumento perplejo.

—Kaito, has puesto en peligro a todo el grupo con tu irresponsabilidad. ¡Esto es muy grave! —le dije.

—¿Eh? —este chico reacciona despacio a veces, aunque creo que cualquiera reaccionaria así en caso de decirle de manera tan… tan… sorpresivamente agresiva, que su novia está embarazada. Y más si lo hace alguien que no es esa novia—. ¡¿EH?!

—¡Meiko está embarazada! —dijo al fin Thelma sacudiendo al sorprendido muchacho.

—¡Eso es imposible! —gritó sacudiendo la cabeza en feroz movimiento—. Siempre nos cuidamos.

—Pues esto dice lo contrario.

Kaito se quedó paralizado, contemplando la prueba de embarazo en su mano. ¿Qué pensaba en ese momento? Difícil saberlo. Su rostro palideció hasta un tono espectral, sus piernas temblaron y su boca se abrió en repetidas ocasiones sin dejar salir ningún sonido. Era imposible ver algo más allá de la sorpresa, y una poco agradable. Por otra parte, y tratándose de Kaito, pudo ver el lado positivo de las cosas, o aceptar el nacimiento de su hijo, y aquella palidez se debía a la sorpresa tan repentina por la que se enteró. Uno no puede saber que piensan las personas hasta que lo expresan en voz alta. A esto debemos sumar que el peliazul puede pasar mucho tiempo dándole vueltas a un asunto.

—Bien —como sucede en pocas ocasiones, Kaito habló en serio—. Tengo que afrontar las consecuencias de mis actos.

Para ser sincero, no me sorprendió la actitud con que nuestro querido peliazul decidió afrontar la situación. En este asunto, él tendría una salida fácil, podría huir sin ningún problema, negarlo todo y, de ser cínico, alardear de su hazaña ante los medios; pero quien tendría que soportar todo el reproche social sería Meiko. Vino a mi mente aquel caso de una cantante que pasó por algo similar (aunque ella no se embarazó), pasó la noche con un tipo y por ello se vio en la necesidad de hacer un video donde pide disculpas. Ah, y tuvo que raparse; ideas de nipones. El caso de Meiko era igual o más serio: había un embarazo, eran dos miembros del grupo, eran pareja; solo unas cuantas violaciones (más) al contrato con la disquera. La carrera de ambos idols y la mía estaban en la cuerda floja. Pese a todos estos problemas, no podía hacer más que aplaudir a Kaito por decidirse a ser responsable por su descuido. Lo más complicado venia ahora.

El peliazul estaba más que ansioso. Sentado en el sillón individual, se mecía buscando algo de calma mientras que los demás íbamos y veníamos por todo el departamento, intentando seguir con la vida normal.

Recuerdo que los Kagamine miraban un programa de bromas muy pesadas cuando la puerta del departamento se abrió y por el umbral cruzaron Meiko, Luka y Miku, avanzando la primera con largas zancadas que le llevaron directo a la cocina. Nadie pudo reaccionar para detenerla, solo atinamos a seguirla con miradas de ansiedad, por miedo o la delicadeza del asunto; lo importante es que la castaña llegó a la cocina, tomó su tarro hecho en Alemania y sacó del refrigerador una botella de cerveza. Al verla como llevaba la bebida a sus labios, todos gritamos un estridente "No" que asustó a las tres recién llegadas. Gakupo logró detener la mano de Meiko y le arrebató el tarro.

—¡Oye! ¡¿Qué les pasa?! —reclamó Meiko con la mirada encendida—. ¿Por qué me ven tan raro?

—No deberías beber nada del alcohol, Meiko —le regañó el samurái—. Es muy peligroso en tu estado.

—¿Mi estado? No estoy enferma ni nada por el estilo.

—Sabemos que no estás enferma —Gumi le tomó de las manos para llevarla junto a Kaito—, pero tu condición es igual de delicada.

—¿Mi condición? —su frente se llenó de gotitas heladas—. ¿De qué hablan chicos?

—Meiko, ya sabemos por qué sacaste a Kaito anoche —la miré a los ojos, tenía que demostrar mis intenciones de apoyarle en todo lo que llegara a necesitar, que no estaba sola en la cruzada que habría de llegar—. Es algo muy delicado de tratar, pero si todos ponemos de nuestra parte encontraremos una solución adecuada.

—¿Master? Oigan, creo que están exagerando —claramente estaba confundida. Ella esperaba que le diéramos la espalda, o nuestra indiferencia ante aquel problema que se presentaba en su apenas consolidada carrera musical. Pero no, somos más que un producto de la mercadotecnia—. Hasta yo exageré por arrojar a Kaito por la puerta, pero estaba muy molesta…

—Mei-chan —Kaito me hizo a un lado. ¡Hey! ¡Kaito me empujo en ese momento! Y tomó las manos de su novia. La miró directo a los ojos, con una expresión profunda, reflejando su sentir y con la intención de ver más allá del alma de su amada—. Sé que me equivoqué, que me descuidé, pero tomes la decisión que tomes sobre ese hijo, estaré contigo en todo momento.

—¡¿Hijo?! ¡¿De qué carajo hablas?!

—¡De tu embarazo! —estalló Rin, la más impaciente en todo este barullo—. Querías ocultarlo, pero Len y yo encontramos la prueba que te hiciste.

Esperábamos llanto, abundantes lágrimas rodando por su mejilla y sollozos desconsolados ante el inminente peligro. O un arrebato de ira destructora disfrazando una enorme frustración. En cambio, la reacción de Meiko fue la menos esperada por todos. Ella miró a Rin extrañada, sus labios se torcieron despacio dibujando una sonrisa, conteniendo una sonora carcajada que estalló al cabo de pocos segundos. Los perplejos en ese momento éramos nosotros. ¿De qué se reía?

—¿En serio? ¡Yo no estoy embarazada! —logró decir entre su risotada—. Esa prueba de embarazo no es mía.

—¿Cómo qué no? Estaba en tu cesto de basura —señaló Len.

—Lo sé, pero no es mía. Kaito siempre usa condón y tomo pastillas anticonceptivas para evitar accidentes —mencionó más tranquila. Pero había muchas cosas que no encajaban en todo esto—. Pueden hacerme los análisis que quieran y todos serán negativos.

—Y si esta cosa no es tuya, ¿entonces de quién es? —fue Gakupo quien se animó a hacer la pregunta.

—De Sachiko, la secretaria de Hanakoganei-san —no sabemos en qué momento recuperó el tarro de cerveza. De un solo trago se bebió la mitad y lo dejó a un lado para explicar cómo terminó en su poder la prueba de embarazo de Sachiko—. La encontré en el baño, estaba mirando la prueba positiva frente al lavamanos cuanto entré. En cuanto me vio se arrojó al suelo y me pidió no decirle absolutamente a nadie sobre eso. Creo que no quiere decirle a su familia ni en el trabajo hasta hablarlo con su novio, cosas de ella, no quise saber más. Prometí guardar el secreto y para no levantar sospechas yo guardé la prueba en mi bolsa. Pero con el enojo de anoche se me olvidó tirarla al depósito de afuera —concluyó con una risita algo penosa y terminó de beber su cerveza.

—Así que no existe ningún hijo —dije al fin con un suspiro de alivio. Kaito parecía estar feliz y decepcionado al mismo tiempo, algo muy extraño. La verdad le trajo tranquilidad, seguridad de seguir en el mundo de la música; pero creo que la idea de ser padre no le disgustaba del todo.

—Al menos no el nuestro.

—¿Entonces por qué estabas enojada con él? —preguntó Gumi señalando al peliazul.

—Porque ese hombre… ¡es un destructor de objetos valiosos!

—¡¿Yo qué?!

—Rompiste mi botella AurumRed Gold Series. Ese vino no es nada fácil de conseguir.

—Oh, así que por eso estas enojada —respondió ingenuo nuestro Kaito—. Pero fue un accidente, no vi que la caja estaba ahí.

Meiko se levantó en el acto. Frunció el ceño y dejó escapar un amargo suspiro.

—Está bien… solo tengo que buscar otro.

Sin agregar ni una sola palabra, la VOCALOID más ruda se fue arrastrando los pies hasta su habitación y se encerró por el resto de la tarde hasta que fue hora se cenar.

—Creo que es mucho escándalo por un vino —escuché que Miku dijo desde la cocina—. ¿Qué tiene de especial ese vino?

—Su costo es de unos 17,000 euros —respondió al instante Kaito. Su rostro, normalmente sonriente y hasta infantil mostró una expresión madura, firme y segura en sus palabras—. Solo se hacen 300 botellas al año, firmadas por el creador del vino, en una caja de madera y una joya de oro con certificado de autenticidad.

—Vaya… un tesoro invaluable para Meiko —murmuró Gakupo. Todos nos quedamos mudos al escuchar semejante precio.

—Sí. Y Mei-chan lo guardaba para una ocasión especial.

Meiko recuperó los ánimos con el tiempo. En un par de días volvió a ser la misma chica ruda y segura de sí misma, ganó un par de carreras e incluso perdonó el descuido de Kaito; aunque admito que no era la misma. Dejó de beber por tres días enteros. Ni cerveza o sake, su dieta dejó el licor en cualquier presentación, hasta el cuarto día que solo tomó un vasito de sake. Al menos el asunto del embarazo había quedado aclarado, solo faltaba recuperar el tesoro de nuestra querida Meiko.

Pasaron exactamente dos semanas, tres días y quince horas desde el incidente. Después de ese tiempo, Kaito llegó al departamento acompañado por una caja de madera negra. Sin saludarnos siquiera, entró a la habitación de Meiko. De inmediato escuchamos un grito por parte de ella, a lo que respondimos corriendo a su puerta.

—¿Eso es… eso es…? —balbuceaba Sakine temblando de pies a cabeza.

—No fue fácil conseguirlo, ni barato, pero Otoya-san me ayudó a comprar esta botella —dijo Kaito. Las cosas que un hombre enamorado puede hacer—. Mei-chan, estabas muy triste por mi culpa, rompí algo muy valioso y no podía estar tranquilo. Así que… tenía que reparar el daño.

—Kaito… —sollozó Meiko—. Esto es… es… ¡eres asombroso!

Oh sí, el buen Otoya tiene también muchos contactos y uno de ellos pudo conseguir aquel vino tan especial, ¡y directo desde España! No sé cómo o por qué a Kaito se le ocurrió hablar con Otoya, pero que bueno que los puse en contacto. El problema ahora es justificar un gasto de 17,000 euros (alrededor de unos 2,217,000 yenes), algo de lo que nos haremos cargo más adelante. En ese preciso momento solo queríamos escuchar como la pareja se reconciliaba; Gakupo, Rin, Len y yo estábamos con los oídos pegados a la puerta de Meiko, escuchando cada palabra. Gakupo hasta usó un vaso para recibir mejor el sonido. De pronto, un estruendo nos tumbó al suelo.

—¡Dejen de espiarnos! —ordenó Meiko. Golpeó la puerta para que nos alejáramos.

—¡Lo que hagamos no es de su incumbencia! —le secundó Kaito.

Y ahí terminamos los cuatro, tirados en el suelo y con un fuerte dolor de oído. Miku pasó a nuestro lado, creo que le quitó el vaso a Gakupo. Nos miró y dijo:

—Eso les pasa por metiches.