¡MUY BUENAS! Después de una esperar horrenda de muchos meses, logré escribir el capitulo 22 del diario de Master. Solo puedo disculparme por demorarme mucho, pero entre la uni, el servicio social y que originalmente tenia otro tema para este capitulo y decidí cambiarlo, me retrasé demasiado. Pero bueno, mi propósito es tener el final de este fic para septiembre. Así que sin mas, les dejo con:


Estado de emergencia

La vida en el mundo de la farándula parece un sueño para aquellos que no la conocen en verdad. No voy a mentir, tiene muchos beneficios. Pero por esos beneficios que vuelven la existencia tan cómoda y divertida, tienes que sacrificar algo, principalmente tu privacidad y despedirte de una vida normal. Hay muchos peligros a los que un deportista o un actor famoso se expone día con día. De ahí viene la importancia de la seguridad, de los guardaespaldas que llegan a causar muchas quejas entre la gente porque los medios solo hablan de las ocasiones en que uno de estos hombres les tira la cámara al piso o los empujan para que sus protegidos puedan pasar de un edificio a su vehículo. Pero no hablan del lado bueno que estos valientes (aunque admito que si llegan a ser prepotentes en exceso) hombres realizan por sus clientes.

Ocurrió hace dos semanas, días más o días menos, no importa. A nuestro departamento llegó una carta misteriosa, sin firma, escrita con recortes de periódico y una fotografía del grupo quemada en sus orillas. Ah, y Miku fue quien la encontró. Se armó un escándalo a las siete de la mañana.

—¡Master! —rompió su voz el milagroso silencio que había en el departamento—. ¡Master, Master!

—¡¿Qué pasa?! —pregunté asustado. Tiré al suelo mi taza de café y un par de documentos del seguro médico de Gakupo. Otro mes sin poder arreglar eso—. Miku, ¿Qué tienes?

—¿Vas a comenzar de escandalosa tan temprano? —renegó Meiko. Tenía resaca.

—Ella no es una escandalosa —reclamó Luka de inmediato.

—Oigan, calma. ¿Y tú qué tienes ahí?

Tuve que acercarme a Miku, estaba tan asustada que no podía moverse del marco de la puerta. Luka y Gumi acudieron a su auxilio mientras que yo miraba el sobre que le había alterado tanto. El empaque era un sobre amarillo sencillo, sin firma alguna ni datos de destinatario ni remitente, algo doblado de un borde. El contenido, por su parte, era espeluznante. Lo primero que llamó mi atención fue la fotografía, recortada de alguna revista; tenía las orillas quemadas y los rostros de los tres chicos de la banda carcomidos por una colilla de cigarro. Al reverso de la misma estaba escrito con tinta roja "la banda perfecta". El contenido de la carta era igual de perturbador; estaba escrita con recortes de periódico viejos (la tonalidad amarillenta del papel lo revelaba), en su mayoría letras sueltas, pero al centro de la hoja se leía "decepción". Era la primera vez que nos pasaba algo así, nunca habíamos tenido algún tipo de amenaza por parte de un fanático y, seré sincero, aquí en Japón se han vivido varios incidentes en lo que una idol es atacada por un admirador desquiciado. Lo más preocupante del asunto fue que esa persona pudo llegar sin problema alguno hasta el departamento.

—¡Rin! ¡Len! ¡Vengan ahora mismo! —ordené. Ya una vez nos pusimos como locos por un robo dentro del departamento que resultó ser culpa del shota rubio.

—¿Qué pasa, Master? —preguntó Len al llegar y ver el estado de Miku.

—Hoy no tenemos planeado nada —refunfuñó Rin esperando un regaño, pero su semblante cambió el mirar a su alrededor—. ¡¿Qué tiene Miku?!

—Está asustada por esa carta —dijo Gakupo.

—Esta cosa estaba pegada en la puerta —tomé la palabra. Antes de comenzar un operativo policial es mejor descartar las posibilidades—. Esto es algo serio, así que díganme la verdad, ¿se trata de una de sus bromas?

—¡Nosotros no hicimos eso! —respondió Len al instante—. A veces podemos ser pesados, pero somos inocentes.

—No tenemos nada que ver en esto, Master, no jugamos así —agregó Rin temblorosa de manos. Creo que escuché un grito ahogado de Miku cuando los gemelos hablaron.

—Thelma, llama a la policía —mi temor no estaba infundado, esto era una amenaza real y si algo he aprendido, es que en este país te las debes tomar muy en serio—, y yo llamaré al estudio para cancelar el ensayo de hoy.

La policía llegó en menos de treinta minutos, cerraron el acceso al departamento y pidieron que el elevador se pagara; a fuera las cosas lucían normales, salvo por las cinco patrullas estacionadas frente al edificio. Adentro, los policías buscaban las huellas del responsable de la amenaza, sin éxito alguno; interrogaron a los vecinos, a la recepcionista y al personal de limpieza, pero nadie vio a ningún sospechoso acercarse a nuestra puerta. También nos interrogaron a nosotros, uno por uno, para saber si alguna persona en específico no resultaba sospechosa. La verdad es que tenemos a muchas personas como potenciales agresores, desde los exnovios de Gumi y los corredores rivales de Meiko, hasta fanáticos, otakus obsesionados con toda la banda o sólo con un miembro. Mientras nosotros pasábamos por eso, un par de oficiales revisaron las cintas de seguridad del edificio. Cuando acabaron, subieron hasta nuestro departamento y nos mostraron un fragmento de grabación. En este, el sospechoso (o sospechosa) se aparecía de la nada en el pasillo, completamente vestido de negro y la cara escondida detrás de un cubrebocas, lo recorrió libremente como si de un parque se tratase. Llegó a la puerta, la acaricio con cariño y pegó el sobre con un movimiento violento. Inmediatamente después regresó por donde llegó y se perdió de vista. La hora de la grabación eran las 4:53 a.m.

—Lo raro es que no sabemos cómo llegó a este piso —comentó el oficial que lideraba la investigación—. No hay grabaciones suyas en escaleras o elevadores, en ningún lugar más que este piso. No entiendo.

—¿Y algún vecino o empelado? —sugirió Meiko.

—Ninguno dijo algo que resultara sospechoso.

—¡Por favor, sean más imaginativos! —intervino uno de los oficiales. Su mirada sombría y violenta intimidaba más que el paquete que recibimos. Nunca creí que un tipo con un corte de bowl me asustaría—. Está claro que su acosador planeó esto con mucha antelación y debe ser alguien que vive o trabaja en este edificio —sus palabras eran acompañadas por una sonrisa maliciosa—, conoce los puntos ciegos de cada cámara de vigilancia o tal vez entró por el sistema de ventilación. De hecho, encontré un punto ciego apenas llegué al pasillo. Y si ese es el caso, requieren vigilancia permanente o él podría entrar en cualquier momento y acabar con ustedes.

—Akuta… —murmuró el jefe entre dientes, tan nervioso como nosotros.

¿Qué demonios con ese tipo? Se supone que debe brindarnos seguridad, ¡no paranoia! Miku casi se desmaya en los brazos de Luka, Kaito destrozó el vasito de café que estaba tomando y Rin estaba asfixiando a su hermano. Los demás nos quedamos petrificados de miedo; la mirada perturbada de ese extraño policía nos hizo sentir más amenazados que la carta. Luka incluso me susurró que él era el acosador. Le creí.

—¡Es broma! —canturreó de pronto. Su gesto amenazante se convirtió en una sonrisa de niño inocente y su mirada perdió toda maldad—. Pero sí deberíamos investigar a todos los empleados, el que dejó ese paquete conoce el edificio.

—Akuta, deja de hacer tus bromas frente a la gente —le reprendió el jefe entre molesto y asustado—. Pero tienes razón, todos los empleados son sospechosos en estos casos. Master-san —se dirigió a mí con un semblante más solemne. Era evidente que el oficial Akuta lo había asustado con su teoría—, le aseguro que vamos a atrapar a ese acosador antes de que haga algo en contra de VOCALOID.

La policía se fue después de tres horas de investigación y muchos autógrafos repartidos entre libretas, fotografías, gorras, playeras y un celular. Se llevaron copias de los videos tomados por las cámaras de seguridad y una lista con todos los empleados del edificio para investigarlos con detenimiento. También dejaron a media docena de oficiales para vigilarnos las 24 horas del día, de los cuales dos permanecían fuera del departamento y los otros cuatro en la recepción del edificio. Y claro, desde la disquera recibí la orden de pedir escolta policiaca cada vez que nos dirigiéramos al estudio para ensayar. Por primera vez en su carrera musical, ninguno de los VOCALOIDs renegó por esta medida.

Y hablando de autógrafos, por culpa del acosador tuvimos que cancelar un par de firmas de autógrafos, una entrevista en la radio y una visita al distrito de Akihabara. ¿Por qué? Porque a los viejos de la disquera les dio miedo que su más grande mina de oro se viera amenazada por un fanático enloquecido, aun cuando la policía se comprometió a montar un operativo de seguridad en cada uno de esos eventos. En verdad y aunque ni yo pudiera creerlo, estaba de acuerdo con ellos por dos razones: primero, la presencia de tantos policías armados podía tener un efecto negativo en la imagen del grupo pues, como no revelamos al público la existencia del acosador, sería extraño que de la noche a la mañana se presentaran decenas de oficiales y quien sabe, la gente podría interpretarlo como un acto de soberbia; y segundo, yo tampoco quería exponerlos a ningún peligro. No sabíamos que tramaba ese criminal pero su mensaje era directo: deshacerse de los tres chicos de VOCALOID. ¿Con que razón? Crear la banda perfecta. Por lo que escuché murmurar al tal Akuta, el acosador podría ser un hombre obsesionado con las idols que no soportaba verlas compartiendo el escenario con tres hombres, o bien, que ellos fueran parte del grupo de idols. El mundo está lleno de gente loca.

Como era de esperarse, mis representados no iban a quedarse de brazos cruzados ante tal amenaza. Durante los cuatro meses, dos semanas y tres días que duró el estado de emergencia, los VOCALOIDs se alistaron para un posible enfrentamiento. Gakupo y Gumi fueron los primeros en preparar su defensa. Sacaron todas las armas familiares que tenían para decorar la sala y sus habitaciones, les sacaron filo si lo requerían y todas las mañanas en punto de las seis entrenaban el antiguo arte que su padre les enseñó. Len retomó sus clases de boxeo después de unos meses de descanso y ahora también le enseñaba a Kaito (o eso intentaba, el peliazul no es una persona hecha para pelear). Por último, Meiko tuvo un pretexto perfecto para volver a practicar lucha junto a Luka y de paso tratar de enseñarles algo a Miku y Rin. De vez en cuando los acompañaba, cuando no tenía que rendir informes a la disquera o hablar con policías; en cambio, Thelma estaba con ellos en cada entrenamiento y hasta comenzó a practicar el uso de la katana. Pero prepararos para un combate mano a mano no era lo único que hicimos. La ventaja de tener conocidos en el bajo mundo de las carreras clandestinas es que se consigue una infinidad de contactos, y unos muy útiles aunque sus métodos o actividades lleguen a ser… ilícitas.

—Hermano, tengo a los mejores hackers de este país buscando al acosador —me dijo Big C una tarde cuando, en medio de una lección de box, le llamé—, pero debemos entender que se trata de VOCALOID, la banda del momento. Ni te imaginas la cantidad de fanáticos obsesionados que han encontrado o el material que guarda esta gente.

—Yo sé qué el 99% del país tiene una obsesión con ellos, entiendo que es un trabajo difícil aun para los especialistas —hice una pausa. Recordé aquel doujinshi que Rin y Len robaron de la habitación de Luka hace mucho. La distribución de estos libros es algo que no puedes frenar, pero en cambio, sí puedes destruir sitios web que ofrecen fotografías trucadas — y en verdad lo agradezco.

—Tranquilo hermano, lo que sea por el hombre que ayuda a la reina con su carrera musical. Si la policía no puede, nosotros atraparemos a ese pervertido, te lo juro.

—Gracias Big C. No tienes ni idea de lo tenso que está el ambiente. ¡Hasta Thelma y yo somos registrados antes de entrar al departamento!

—Hay que soportar estas incomodidades por el bien del grupo, hermano. Debes estar tranquilo, recuerda que tienes a la reina a un lado y no existe persona que le pueda poner un dedo encima.

—Me sentiría más tranquilo si supiera quien es el agresor.

—Al menos puedes confiar en el personal del edificio. Mis muchachos ya los investigaron y están limpios —que curioso que los amigos de Big C trabajaran más rápido que la policía—, ni una sola multa en su vida. Creo que podrías relajarte un poco.

Sin duda, me hubiese gustado relajarme un poco. Pasaron las semanas y la amenaza del acosador era algo que parecía lejano. No hubo otra amenaza después de la visita de la policía y los oficiales encargados de nuestra seguridad no reportaban actividad sospechosa cerca del departamento, aunque casi arrestan a uno de los muchachos de Big C que reparo el auto de Meiko.

Ante la aparente calma, todos nos confiamos. La policía redujo el número de oficiales en el edificio donde vivimos, la disquera retiro a la mitad de los guardaespaldas, los "subditos" de Meiko también se retiraron y, en general, todos nos relajamos con este asunto de actuar con precaución. Todos menos Gakupo. Él estaba convencido que este silencio era estrategia del acosador, no tenía sentido que su primer mensaje fuera tan fuerte y luego guardara silencio. Para nuestro samurái de cabello morado, este descuido era justo lo que este criminal quería.

Y tenía razón.

El miércoles llegamos de un ensayo y lo que encontramos en el departamento nos aterró a todos. Para algunos, no existe lugar más seguro para las personas que su propia casa, es refugio, es tú propio universo. Pero a veces puede ser invadido.

—¿Qué se cree Akuno-P al hacer esas canciones? —renegó Rin. Aunque está encantada con The daughter of Evil y llora desconsolada con Servant of Evil, cada vez que Akuno-P nos manda una canción, ella sufre tratado de explicar la historia de la llamada "Saga de los 7 pecado capitales"—. ¡Derribó mi teoría sobre tú hija! —señaló a Kaito con dedo acusador.

—Tranquila Rin-chan —trató de calmarla—. ¿Y yo que culpa tengo?

—¡No decirme que tú hija era una muñeca!

—¡Yo tampoco lo sabía!

Todos nos reímos. Era muy divertido ver como Rin no dejaba de culpar a Kaito por el error en su teoría, señalándolo con su dedo cada tres palabras mientras el peliazul trataba de refugiarse detrás de un cojín. Gumi y Len dejaron la cocina, se dirigieron al pasillo y en ese momento se acabó la diversión. Un par de estruendosos gritos nos helaron la sangre. Sin dudarlo, Gakupo tomó su espada y corrió en auxilio de su hermana, seguido por todos nosotros. A medio pasillo encontramos a Len tirado en el suelo con una terrible expresión en el rostro y señalando la puerta de su habitación; a su lado, Gumi solo lo abrazaba y temblaba aterrada.

Miramos la causa de su pánico.

Cada puerta tenía pegada en el centro la fotografía de su respectivo ocupante, pero estas se encontraban tachadas por una cruz negra que cubría el rostro de cada uno, así como mensajes de odio escritos por toda la puerta. Esto era grave, no, ¡más que grave! Teníamos que abandonar el departamento en ese instante, no sabíamos si ese loco seguía adentro, esperándonos en alguna habitación para llevar a cabo su plan. ¡El acosador había entrado en nuestra ausencia, aun con la vigilancia de los policías!

Aun estábamos petrificados por el susto cuando se escucharon golpes en la puerta principal. Kaito y Rin dejaron escapar un agudo grito de terror que sofocamos de inmediato (y no me pregunten como es que Kaito sonó más agudo que Rin); Gakupo y Meiko fueron los primeros en correr por el pasillo con el sonido de los golpes de fondo, mismos que se hacían más fuertes a cada segundo. Pensamos que se trataba del acosador, que venía a ejecutar su plan de formar a la banda perfecta. Cuando los dos valientes cantantes llegaron a la sala, los golpes dejaron de escucharse y la puerta se abrió poco a poco ¡y yo había cerrado con llave! Al instante, Gakupo empuñó su katana, alistándose para dar una estocada mortal.

—¡Hola! ¡Es la policía! —se escuchó una voz terriblemente familiar. La puerta se abrió por completo y el oficial Akuta se presentó ante nosotros, mostrando su bobalicona sonrisa—. Oh, están en casa —miró a Gakupo—. ¿Qué pensabas hacer, Kamui?

—Lo siento oficial —se disculpó el joven samurái—. Pensé que era el acosador.

—¿Eh?

—¡Oficial Akuta! —chilló Kaito al reconocerlo.

—Oigan, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué se ven tan alterados?

—¡Tiene que ver esto oficial! —le grité.

Una por una, abrió de una patada las puertas marcadas por el acosador, siempre apuntando su pistola y revisando cada rincón. No había nada extraño en el interior de cada habitación, las cosas estaban ordenadas. Al ver que estaban vacías, nos reunió en la sala para poder vigilarnos mejor y pidió refuerzos. Habría que investigar las habitaciones en busca de pistas que nos llevaran a revelar la identidad del agresor y buscarlo de inmediato en los alrededores del edificio; quien sabe a qué hora entraría al departamento, pero se mantenía la esperanza de que estuviera cerca. Akuta llamó a la recepción y pidió un listado de las personas que habían entrado al edificio durante nuestra ausencia. Mientras él estaba ocupado en ello, Gakupo se escabulló al baño y Len y Luka fueron a la cocina a servir varios vasos con agua. Gumi se acercó a mí, vigilando al oficial Akuta. Desde el primer día lo miró con suma desconfianza.

—Master… ¿no te parece raro que Akuta tuviera una llave del departamento?

—Con el susto ni pensé en eso. Pero ahora que lo dices…

—Y justo aparece él después de que encontramos esas señas en las puertas. ¿Será el acosador?

Akuta tenía un llavero en sus manos, mismo que reconocí después de verlo con detenimiento. Era propiedad del edificio, de esos llaveros que utilizan los empleados de vez en cuando para hacer la limpieza o dar mantenimiento cuando los departamentos están vacíos. Por seguridad solo existen dos copias: la mía y la del personal del edificio. Pesé que Gumi tenía razón al acusar al perturbador policía, lo cual nos dejaba en una situación aún más delicada. Había que actuar con calma aunque fuese casi imposible.

El oficial colgó el teléfono y se dio la vuelta. Había escrito una lista con todas las personas que entraron al edificio, parecía pensativo mientras repasaba su apunte. Miró las llaves y nos preguntó:

—¿Cuántas copias existen?

—Dos —le dije—. Una la tengo yo y la otra se guarda en las oficinas de administración.

—Esa llave es propiedad del edificio —dijo Gumi con decisión—. ¿Por qué la tiene usted?

Akuta la miró unos segundos, desconcertado por su actitud.

—Estaba tirada frente a la puerta, por eso entré a ver si estaban aquí. Sin duda el agresor la usó para entrar y hacer eso —dijo mirando la llave. ¡Era imposible confiar en este tipo! Desde el primer día que lo conocimos, nos inspiró temor, pero ahora…

—¿Cree que ese acosador esté cerca? —preguntó Miku.

—Sí, no, tal vez, quien sabe —canturreó mientras jugaba con las llaves—. Depende de la hora en que hizo eso. Tal vez siga aquí adentro, esperando un descuido para atacar —dijo de pronto, mostrado la misma expresión aterradora de la primera vez que lo vimos; sus ojos afilados mirando el infinito, la sonrisa malintencionada de oreja a oreja mostrando los dientes, su voz grave—. ¡Es broma! —Y de nuevo, su expresión bobalicona—. Dudo mucho que esté por aquí.

—¡Oficial! —gritó Luka, señalando al policía.

Todo pasó muy rápido. Estábamos tan centrados en nuestras sospechas que no nos dimos cuenta. Un hombre apareció detrás del oficial Akuta y le golpeó en la cabeza con un bate. El impacto lo dejo en el suelo, inconsciente, ¡tal vez muerto! Cuando nos dimos cuenta de nuestra situación, el agresor ya le había robado la pistola al oficial Akuta y se acercaba hacia nosotros. ¡Qué instantes tan angustiosos! Los segundos que se van en un parpadeo se volvieron una eternidad; todo ocurrió en cámara lenta para mis ojos, pero fue tan rápido que no entendía la situación. Len, que era el más cercano al agresor, se volvió su objetivo. Le apuntó con la pistola, calculé que a la cabeza, mientras que el chico se quedaba petrificado ante la inminente amenaza de muerte. Estábamos a su total merced, cualquier movimiento podría sacarlo de control, cualquier palabra podría causar su ira y con un arma de fuego en sus manos no sabíamos que tan fatales podrían ser las consecuencias.

—¡Aléjate de él Luka-chan! —gritó el agresor a través de su cubrebocas—. No quiero que salgas herida.

—¡No! ¡No voy a permitir que lastimes a mi amigo!

—¡Luka! —le llamó Miku, apretando el brazo de Kaito tan fuerte que se veía morado—. ¡Ven, es muy peligroso!

Muy a su pesar, Luka se alejó de la cocina y se sentó entre nosotros, mirando directamente al agresor. Aunque la mano de aquel tipo temblaba, no soltaba el arma y seguía avanzando ante nosotros. Su cabello sucio y delgado cuerpo paliducho dejaban ver que no salía mucho de su casa. Un hikikomori maniático. Qué raro que los hackers de Big C no lo encontraran.

—Oiga, usted es el representante de VOCALOID, ¿verdad? —me dijo. Era difícil entenderle por el cubrebocas.

—Sí.

—Despida a los hombres —dijo. Sudaba copiosamente y su mirada no se centraba en un punto fijo—. Yo sé lo que te digo. ¡Solo así tendrás un grupo perfecto!

—Oye, eso es más difícil de lo que crees —¿por qué me molesté en intentar razonar con él?

—¡Que los despida! —gritó al borde de las lágrimas—. Si usted no los saca de VOCALOID, ¡yo mismo lo haré! —se preparó para disparar, a pesar del constate temblor en sus manos.

Avanzó hacia Len con un paso tan tembloroso como decidido, ¡¿estas personas son nuestro público?! Gumi estuvo por correr contra el agresor, pero Meiko logró contenerla en su asiento. Con ese pulso y la adrenalina a tope, quien sabe que sería capaz de hacer aquel sujeto. Solo podíamos ver como Len retrocedía unos pasos, acorralándose en la cocina.

—¡Espera! Podemos negociarlo —dije, en un intento por hacer tiempo. Para nuestra mala suerte, al fondo se escucharon las torretas de las patrullas. Parece que al perder comunicación con el oficial Akuta, la policía se dio cuenta de la emergencia.

El tipo me miró molesto y volvió a apuntar a Len. Estaba por jalar del gatillo cuando escuchamos un terrible estruendo. En vez de escuchar el disparo, el sonido de una tabla rompiéndose llegó a nuestros oídos. Astillas diminutas volaron alrededor del agresor y la mitad de una katana de madera voló por los aires hasta chocar con una de las ventanas. Nuestro atacante cayó de rodillas al suelo, solo para recibir una patada en la mano que cargaba la pistola. Desarmado y víctima del dolor por ambos ataques, fue fácil que Gakupo lo sometiera. ¡Quién diría que Gakupo sería el héroe del día!

El agresor forcejeaba con todas sus fuerzas (que no eran muchas a decir verdad), pero el agarre de Gakupo era más efectivo que cualquier sacudida. Como el oficial Akuta no despertaba, Luka tomó sus esposas y se las pusieron al hikikomori criminal; y para evitar que huyera, Kaito y Thelma le amarraron los pies. Rin y Miku seguían aterradas, y con su abrazo me estaba asfixiando; pero sin duda, el más asustado fue Len, que vio la muerte de cerca. Gumi intentaba hacerle recuperar el color de la piel, pero obviamente iba a requerir atención médica.

Cuando la policía llegó, nos encontraron en una escena bastante curiosa. El oficial Akuta seguía tendido en el suelo, inconsciente; a unos metros de él, Gakupo y Meiko permanecían sentados sobre el agresor, yo tenía a Rin y Miku prendidas a mis brazos, mientras Thelma y Luka trataban de separarlas; en la cocina, Gumi seguía tratando de hacer reaccionar a Len y Kaito… bueno… Kaito estaba comiendo una paleta helada para bajar el susto ¡y les ofrecio una a los policías! Tras esta pintoresca situación, los oficiales hicieron su labor y unos minutos más tarde llegaron un par de ambulancias, una para Len y otra para el oficial Akuta.

Y a todo esto, ¿quién era ese agresor? Según el informe que nos rindieron, se llama Fujimaki Katsuhiro, un repartidor de comida que trabajaba en un negocio de la zona. Ah, y sí era un hikikomori obsecionado con VOCALOID, específicamente con las chicas. Según el oficial en jefe, cuando entraron a su habitación encontraron los muros tapizados por posters, fotografías, dibujos y cuanta mercancía existe del grupo, con el detalle de que los rostros de los tres chicos del grupo estaban tachados o arrancados. En su declaración, Fujimaki dijo que a su modo de ver, el mezclar a chicos y chicas en un grupo de idols era muy molesto y la presencia de los tres hombres le impedia concentrarse en la belleza de las mujeres. Hay cada loco.

Pero lo más interesante fue su modus operandi. Fujimaki era el encargado de llevar todos los jueves su comida a uno de nuestros vecinos, Kusama-san, que vive tres pisos abajo del nosotros. Todo era normal para él hasta que una vez coincidió su entrega con nuestra llegada de un ensayo. Desde ese momento comenzó a "acosarnos", se escapada de su trabajo para ir a visitar el edificio o aprovechaba las entregas a Kusama-san para explorar los alrededores y planear su infiltración a nuestro departamento. La teoría del oficial Akuta (que por cierto, despertó después de una hora en el hospital y actualmente sigue activo) resultó ser cierta. Las expediciones del agresor fueron para detectar los puntos ciegos y, al presentarse como un repartidor, no resultó sospechoso para los guardias de seguridad. El mismo Fujimaki confesó haberse escondido en los ductos de la ventilación, cosa fácil gracias a su delgada complexión. Actualmente enfrenta una condena de diez años en prisión. Y sigue siendo fanático de VOCALOID.

Una vez resuelto este caso, la extrema vigilancia nos fue retirada. ¡Qué bien se siente no tener custodios! Bueno, más de los acostumbrados. En ese momento, todos pensamos que bastaba con que Gakupo tuviera a la mano sus armas de samurái para estar a salvo de cualquier agresor.