Aguas termales
—¡Ah! ¡Ya quiero llegar! —rugió Meiko—. No hay nada mejor que beber una botella de sake después de un baño en aguas termales.
—No todo en la vida es alcohol, Mei-chan —rio Kaito a su lado.
—¡Exacto! Las aguas termales son para que tu cuerpo elimine toxinas, no para que consumas más —renegó Miku.
—Entonces… ¡las elimino de nuevo antes de irnos! —respondió Meiko con una sonora risa que se nos contagió a todos.
—Nunca vas a cambiar, ¿verdad? —logró decir Luka entre risas.
Resulta que unos tíos de los gemelos son dueños y administradores de un onsen (así se les llama a las fuentes de aguas termales en Japón) muy cerca de Kyoto. Desde hacía tiempo que los VOCALOID querían ir, pero con tantos pendientes en las agendas (porque están, por un lado, las fechas en que ellos se ocupan con ensayos, grabaciones, conciertos y demás cosas de idols famosos; pero por el otro, yo tengo mis propios asuntos que arreglar) no era fácil encontrar un espacio para descansar fuera del departamento.
—Al fin vamos a conocer el famoso negocio de sus tíos —dijo Gakupo. Aunque todos estábamos entusiasmados por el viaje, había algo que lo tenía muy interesado en llegar a la posada—. Pero, ¿es verdad que sus tíos guardan una reliquia samurái?
—Claro, claro. En la antigüedad, esa zona era muy visitada por los samuráis de todo Japón —respondió Rin de inmediato, tan segura de sí misma que cerró los ojos y agitó su mano en gesto despreocupado—. Mis tíos lo aseguran.
—Eso suena como una trampa para turistas —murmuró Thelma a mi oído. Conociendo a los Kagamine y su imparable sentido del humor, no lo dudé ni pude reprimir mi sonrisa cómplice.
—Extraño… pero supongo que siempre quedara alguna pieza perdida por ahí.
—¡Oh, Gakupo! Es una semana de vacaciones —Kaito se sentó a su lado y por poco le mancha su impecable camisa con su paleta de helado—, no te incomodes por cosas que le corresponden a los museos —hizo una pausa. Fijó su mirada en el suelo del camión y frunció el ceño meditabundo. El silencio se hizo total de pronto, como si esperáramos que el peliazul hiciera alguna revelación—. ¿Qué tipo de helados venden en la posada?
O bien podría ser una preocupación propia de Kaito.
—Eso lo vas a descubrir pronto —dijo Len.
—¡Ya llegamos! —interrumpió Rin el mar de risas—. ¡Aquí es!
—¡Y son nuestras por toda una semana! —agregó Len.
Detuve el camión frente a la posada. ¡Era algo asombroso! De la calle pavimentada se desprendía un camino empedrado que se dirigía a una especie de villa construida con madera y papel. Había un muro blanco que medía aproximadamente metro y medio de alto, rodeando la posada entera. Parecía una pequeña aldea construida sobre los manantiales. Detrás del rojo arco que servía de portal entre el ajetreo del mundo y las paradisiacas fuentes, se extendía el camino empedrado y lograba distinguir tres edificios de tres pisos, con sus paredes de papel blanco y los techos triangulares de teja, todo rodeado por arboles cuyo nombre no recuerdo.
Un chico vestido con una especie de yukata holgada salió de aquella pequeña villa y me hizo señales para seguirlo. Con todo el cuidado posible, giré el volante y dirigí el camión por el camino empedrado, siguiendo las indicaciones de aquel chico. "Es nuestro primo Kii", escuché decir a Rin. Me detuve frente a la entrada de la posada, tal como el chico me indicó y apagué el motor. Apenas abrí la puerta y todo el grupo salió a empujones del camión. Como si las aguas termales fueran a huir de nosotros.
Nos recibió el primo Kii (que tiene un parecido terrible con sus primos, solo que en vez de rubio, su cabello es castaño) y un par de empleados, también uniformados, que ya superaban por mucho la edad de mis jefes. Estos últimos nos pidieron el equipaje para llevarlo a nuestras habitaciones, mientras el primo Kii nos dio la bienvenida.
—¡Rin! ¡Len! ¡Cuánto tiempo sin verlos! ¡Aun no puedo creer que soy primo de dos idols!— bueno, primero abrazó a sus familiares—. Mamá también está muy entusiasmada por su visita.
—¡Te dije que llegaríamos a ser muy famosos! —fanfarroneó Rin. Aunque es verdad, cuando inició VOCALOID, ella me dijo que desde niña quería ser famosa—, ¡y lo hemos cumplido!
—Escuchamos los gritos de la tía Emiko cuando Master le confirmó que vendríamos —dijo Len. Mis oídos aun retumban por esos gritos de emoción.
—¡Oh, es verdad! Discúlpenme, me emocioné por ver a mis familiares —Kii se dirigió a nosotros. Se aclaró la garganta de una forma innecesariamente escandalosa y extendiendo los brazos hacia la villa, exclamó—: ¡Bienvenidos a Yatsumura onsen!
Nos hizo pasar de inmediato. Un tercer empleado, que nos esperaba detrás de los muros, me pidió la llave del camión y con gusto se la di. El tipo salió y las puertas se cerraron, ya teníamos privacidad total. Nos esperaba una semana de vacaciones, sin ningún tipo de presión por parte de la disquera, los coreógrafos, compositores, fotógrafos, reporteros y demás variedades de personajes con los que convivimos a diario. Éramos solo nosotros en esa villa de madera.
Ese era el gran atractivo visual del onsen. Si desde afuera el lugar lucia como una pequeña villa del Japón antiguo, por dentro era un viaje al pasado, un regreso al Japón feudal (o al menos a como dicen las películas que era). Los tres edificios que se distinguen desde la carretera se multiplicaron. Detrás de estos había más casas esparcidas por el suelo de piedra, cada una con un número diferente en el muro frontal y sus respectivos arboles como guardianes de las puertas. El blanco de las paredes de papel hacia un contraste hermoso con las hojas verdes de todos los árboles y plantas que daban vida al onsen, y el rojo opaco de los techos daba una sensación de fuerza en medio de toda esa tranquilidad. ¿Equilibrio? No sé mucho de esas cosas, pero toda la villa era por demás acogedora.
—Como pueden ver, nuestras habitaciones para los huéspedes son pequeñas casas. No se preocupen, tienen todo el espacio necesario para que dos personas puedan ocuparlas sin problema —dijo el primo Kii. Vi que los empleados llevaban el equipaje de Kaito y Meiko a la misma casa.
—Y ¿por qué el onsen tiene pinta de pueblo? —preguntó Gumi. Desde que llegamos no había parado de tomar fotografías.
—Porque queremos ofrecer a nuestros huéspedes un lugar donde relajarse y mantener total privacidad —respondió una voz de mujer madura a nuestras espaldas.
—¡Tía Emiko! —chillaron los gemelos. Arrojaron a su primo a los brazos de Meiko y corrieron a abrazar a su tía—. ¡Cuánto sin verte!
—¡Rin-chan, Len-kun! —y los abrazó como si fueran las más inocentes criaturas del mundo, cosa que no son—. Por fin pudieron aceptar mi invitación.
—Tenemos una agenda muy apretada, tía —respondió Rin sin dejar de sonreír.
—Pero gracias a Master tenemos esta semana libre —agregó Len.
La tía Emiko nos recibió acompañada por un par de empleadas jóvenes, creo que de la edad de Meiko, que luchaban por mantener la seriedad, aunque era notorio que en el fondo deseaban abalanzarse sobre el grupo o al menos pedir un autógrafo. En cuanto a nuestra anfitriona, era como ver una versión adulta de Rin con cabello negro. ¿Es que esa familia es la excepción a la genética?
—Espero que disfruten su semana de vacaciones. Hicimos todo lo posible por mantener su visita en secreto, así que no se preocupen por otros huéspedes o paparazis, pueden descansar sin preocupaciones —dijo con una gran sonrisa que, a diferencia de sus sobrinos, inspiraba total serenidad.
—Un momento, tengo que preguntarle algo importante —intervino Gakupo de forma abrupta. Sus manos temblaban y tenía el celular listo para tomar fotografías—. Me dijeron que en este onsen guardan una antigua reliquia samurái y… yo quiero verla.
Todos sabíamos que iba a preguntarlo apenas pudiera hablar. La tía Emiko lo miró un tanto confusa al principio, pero después de unos segundos, le dirigió una sonrisa inocente.
—La estás mirando.
—¿Eh? ¿Usted? —balbuceó Gakupo. Ni yo entendí a qué se refería con eso, ¿se refería a ella misma como una reliquia, o era su ropa?
—Todo el onsen es una reliquia. Los edificios principales datan de la era feudal y todo este terreno era frecuentado por los maestros samurái y sus discípulos para purificarse en los manantiales —explico la tía Emiko con entusiasmo, aunque Gakupo se notaba más decepcionado a cada segundo—. No tenemos un objeto que le perteneciera a algún samurái, si es a lo que te refieres, pero toda esta zona fue muy visitada por ellos.
Oh sí, todos estábamos en lo cierto. Gakupo cayó directo en la broma de los Kagamine. No pudimos evitar reírnos ante su desgracia y mientras la tía Emiko se retiraba sin comprender el daño que le había hecho a nuestro amigo, nosotros hicimos lo mismo y cada quien se fue a la casita que le habían preparado.
Como acostumbramos en la mayoría de los hoteles, ocupamos las habitaciones en pareja. Thelma y yo en la primera casa, la más cercana al edificio donde está la recepción del onsen; frente a nosotros pusieron a Kaito y Meiko, perfecto para evitar que ella exagere en su consumo de alcohol. Después estaban Gakupo y Gumi, Luka y Miku detrás de ellos y al fondo, donde no podían molestar ni ser una amenaza para el resto del grupo, alojaron a los Kagamine. Así comenzó nuestra semana de vacaciones. "Vacaciones" debería decir.
Los primeros días fueron tranquilos, muy diferentes al ritmo de vida al cual ya nos habíamos acostumbrado. Fue raro cambiar la rutina, pero también era algo necesario en nuestras ajetreadas vidas. Nada de llamadas molestas por parte de mis jefes (aunque en esto influye el hecho de que olvidé mi celular en el departamento), nada de ensayos de canto o coreografías complicadas, lejos de los nutriólogos que controlan la dieta de los VOCALOID, sin una sola cámara de la prensa o un reportero impertinente, total paz en nuestras vidas. Aunque no tardó en volverse una rutina. El primer día consistió en desempacar, dormir hasta la hora de la cena y ocupar las aguas termales por una hora. Al día siguiente, despertamos tarde, almorzamos, jugamos ping pong, paseamos por la villa, comimos, nos fuimos a bañar, cenamos y el ciclo se repitió por dos días más.
Al quinto día de nuestra estancia en Yatsumura onsen me di cuenta que había un par de acosadoras. Los manantiales están divididos en dos grandes áreas: una para mujeres y otra para hombres. Las chicas solían bañarse antes que nosotros, siendo Miku y Luka las ultimas en salir. En cuanto las veíamos atravesar el sendero a su casa sabíamos que era nuestro turno de bañarnos. Pero ese día me entretuve viendo en la televisión un programa sobre las ruinas mayas y dejé que los chicos se adelantaran. Cuando me dirigí a las aguas termales escuché un par de risas cómplices y unos susurros algo libidinosos. Me acerqué lo más sigiloso que pude y vi a las dos empleadas que suelen acompañar a la tía Emiko. Estaban asomándose al área de hombres con ayuda de una escalera de madera; se murmuraban algo que no pude entender y logre distinguir un teléfono celular. ¡Estaban fotografiando a los chicos! Me acerqué al pie de la escalera y les llamé la atención golpeándola. De inmediato miraron hacia abajo y casi se caen del susto al verme. Qué bueno que eso no pasó, o esto hubiera tomado un curso muy feo para mí. Bajaron cubiertas por un velo de vergüenza y arrepentimiento, se detuvieron ante mí y con la mirada clavada al suelo me entregaron el celular con el que tomaban las fotografías. ¿Solo uno?
—También el tuyo —dije.
—Solo hemos usado ese, Master-san —respondió la mayor (ella tiene 19 y la otra apenas llega a los 17).
—Oigan, yo lidio con cosas así a diario y sé que si reviso tu teléfono —señalé a la menor— voy a encontrar fotografías de los chicos de VOCALOID desnudos.
—Es verdad, solo tenemos ese teléfono. El mío se descargó —dijo la menor. Parecían sinceras.
—Más les vale no mentirme. Podríamos demandarlas, ¿saben? —lo dije para asustarlas un poco. Mientras las "amenazaba", miré las fotografías que habían tomado. No había nada especial o escandaloso, aunque no es difícil encontrar a Kaito desnudo. También me percaté de quien es su favorito: Gakupo. La mayoría de las fotos eran de él—; esto es acoso sexual.
—¡Lo sentimos! —chillaron ambas al mismo tiempo, bajaron la cabeza aún más, casi rogando para que les perdonara—. ¡Borraremos todo de inmediato!
—Tranquilas, tranquilas, no voy a demandarlas. Es más, haremos esto: pueden conservar las fotografías, pero dejen de acosar a los muchachos y ni se les ocurra compartir esas fotografías en ningún lado. ¿Entendido?
—S-sí, entendido.
—Bien. Ahora váyanse, ya mañana les conseguiré autógrafos.
Me miraron confundidas por unos segundos, sin saber qué hacer. Al final me agradecieron y huyeron corriendo hacia la villa. Solo espero que no se pusieran a espiar a las chicas. En verdad no las culpo, a veces los fans hacen cosas raras, como aquella vez que por azares del destino nos hospedamos en el mismo hotel que Metallica y no podíamos controlar a Meiko. ¿Qué pasó al final? Bueno, ella aun conserva un mechón de cabello que le cortó a Kirk Hammett. Algo similar pasó cuando Miku y Rin conocieron a las chicas de AKB48, o cuando Gumi se volvió la sombra de Adele en un aeropuerto y ni mencionar el incidente con Kalafina. Por supuesto, nunca le dije a los chicos que eran espiados por las dos empleadas de la tía Emiko, preferí comentárselo a Kii para que las vigilara.
—Tardaste mucho —dijo Len al verme entrar.
—Perdón, me quedé viendo televisión —respondí.
—¿Master ve televisión? En casa nunca tienes tiempo de verla —comentó Kaito apenas asomando su cabeza sobre el agua.
—Ya saben, el cambio de rutina. Voy a aburrirme mucho en el retiro —dije mientras me metía al agua. Esta, sin duda, es de las mejores experiencias de la vida.
—¿Ya pensando en el retiro, Master? —Gakupo me acercó un vaso de té.
—Claro que no, por más cansado que sea cuidarlos. Aunque si me he preguntado qué haré cuando VOCALOID termine —suspiré. En verdad no tengo idea de que sigue después de esta aventura, por lo que espero que dure mucho—. ¿A ustedes que les gustaría hacer después de esto?
—¡Yo quiero fundar mi propia fábrica de dulces y helados! —gritó Kaito de inmediato. Ese chico si sabe lo que quiere—. Inventar nuevos sabores o nuevas formas de comer dulces —terminó con una sonrisa de alegría, tan típica en él—. ¿Y tú Gakupo?
—Bueno a mí no me preocupa ese aspecto. En algún momento me encargaré de la empresa de mi padre. Aunque me gustaría estudiar más la historia nacional.
—Especialmente la época feudal, ¿verdad? —agregó Kaito. Gakupo levantó su pulgar en aprobación—. Y tú Len, ¿qué piensas hacer?
—Yo… no tengo ningún plan —suspiró—. Por eso espero que VOCALOID dure mucho más, no sé qué hacer después de esto.
—Eres más joven, es normal que no tengas un plan aun —dijo Gakupo.
—Y yo soy el más viejo pero pienso igual que Len —mencioné—. ¡Que VOCALOID no termine pronto!
—¡Sí!
—Ah por cierto Gakupo —agregué. Esto iba a ser interesante de ver—. Creo que les gustas a las empleadas de la tía Emiko. Las escuché murmurar algo sobre ti cuando venía para acá.
—¡¿Qué?! ¡¿De verdad?! —asintió.
De un salto salió del agua, tomó sus cosas y abandono el baño. Parece algo desesperado, pero tengo que recurrir a estas cosas para que Gakupo supere a Luka y al hecho de que prefiere a Miku. Como le ha pesado eso a nuestro "Dancing samurai".
Las cosas iban muy tranquilas, tal vez demasiado. Fue la primera semana que pasamos libres de una broma marca Kagamine, en gran parte porque ellos preferían pasar tiempo con Kii, a quien no veían desde hace muchos años. Creo que deberíamos relajarnos un poco y negociar la posibilidad de unas verdaderas vacaciones o pedir un año de descanso para recordar lo que es una vida normal o lo más parecido a eso.
¿Cuál es el problema de VOCALOID? Que es VOCALOID y por ello no puedo aspirar a tener una noche normal. Era nuestra sexta noche en el onsen y recuerdo muy bien que eran las 2:24 a.m. cuando unos golpes desesperados llamaron a la puerta de nuestra casa. Me levanté y entre tambaleos llegué a la entrada y abrí.
—¡Master! —era Meiko. Asumí que estaba pasando un rato agradable con Kaito, pues solo vestía la bata que nos regalaron en la posada—. ¡Kaito se perdió!
—¡¿Cómo que Kaito se perdió?! —en cuanto escuché eso, lo siguiente en desaparecer fue mi sueño.
—¡¿Qué dijiste?! —gritó Thelma acercándose a la puerta.
—¡Sí! —gritó desesperada, como pocas veces la he visto. Será muy ruda, pero cuando se trata de su novio cambia por completo—. Estaba en la casa, entré al baño un minuto y cuando salí ¡ya no estaba! ¡Lo he buscado por los alrededores y nada!
—Calma, calma, lo vamos a encontrar —puse mis manos en sus hombros para tranquilizarla y evitar que me rompiera el cuello al agitarme—. No debe ser difícil…
—No debimos tomar tanto sake…
—¡¿Está ebrio?! —preguntamos los dos.
—Bueno… él no soporta mucho el alcohol —rio aún más nerviosa, jugando con sus dedos y sin mirarme a los ojos.
—Ok… despierten a los demás, yo iré por la tía Emiko.
Nos separamos. Ellas fueron a cabañas diferentes y yo corrí al edificio principal. Al llegar a la entrada dudé en entrar. No era la pena por despertar a sus ocupantes o crear un mal entendido, no, para nada. El maldito lugar estaba sumamente oscuro. No se veía nada por dentro y no tenía mi celular. Solo podía adentrarme a las penumbras y esperar no estrellarme con nada. Así lo hice y me llegó otra duda: ¿Dónde estaba la habitación de la tía Emiko? En seis días no había entrado a ese edificio para nada. Vagué a ciegas no sé cuánto tiempo hasta que encontré una habitación iluminada. Me acerqué y pude escuchar voces murmurando. Oh sí, ya sabía quiénes eran. Abrí la puerta de golpe y vi a las dos empleadas acosadoras sentadas a la mesa, con sus celulares en la mano e intercambiando sonrisas perversas, o supongo que eso hacían, pues se asustaron cuando entré.
—¡Mastar-san! —gritó la mayor. La otra escondió en el acto los celulares bajo la manga de su yukata.
—Chicas, es una emergencia. ¡Necesito a tía Emiko ya!
—¿Qué pasa? —preguntó la menor asustada.
—¡Se perdió Kaito!
¿Qué paso después? Recuerdo un grito de terror por parte de las chicas, un tirón de mi brazo izquierdo y cuando me di cuenta, estaba detrás del edificio principal buscando a Kaito junto a la empleada mayor (que, a todo esto, se llama Yumiko). Pude ver que el primo Kii y los gemelos corrieron al muro que rodea la villa. Si Kaito lo saltó, estábamos en serios problemas. Yumiko me llevó al edificio de oficinas y lo recorrimos por completo. Aun dentro, pude escuchar diferentes voces llamando a Kaito sin cesar. Salimos del edificio sin resultado alguno y un manojo de nervios atorado en la garganta. No estaba en ninguna casita, edificio ni los baños. La única opción eran los techos o que había salido de los límites de la posada. Tenía la vaga esperanza de encontrarlo en uno de los tejados hasta que Gumi apareció con la bufanda de Kaito en las manos. No podían ser buenas noticias.
—¡Master! Mi hermano encontró esto en el muro, cerca del pie de la montaña —dijo entrecortada por la falta de aire.
—¡¿Abandonó a posada?! —fue lo único que me vino a la mente mientras seguía a Gumi—. Entonces se internó al bosque.
—¡Eso creemos! Gakupo ya lo está buscando allá.
En el camino se nos unieron Meiko, Luka, la tía Emiko y uno de sus empleados. Atravesamos toda la villa hasta su último extremo, donde el muro es más pequeño y rosa con los límites de una montaña. Caminamos unos 40 o 50 metros coreando los nombres de Kaito y Gakupo en medio de la noche. Ya pensábamos que sería necesaria la intervención de la policía cuando el empleado, cuyo nombre no puedo recordar, distinguió la voz de Gakupo. Lo seguimos entre el mar de árboles y penumbras hasta que llegamos frente a una pequeña cueva donde los dos cantantes nos esperaban. Kaito estaba dormido, tumbado bocabajo y sin una sola prenda de ropa, mientras que Gakupo estaba sentado frente a la cueva, notoriamente frustrado.
—¡Lo encontraste! —gritó Meiko. De inmediato se dejó caer de rodillas frente a su novio y lo cargó con suma facilidad—. ¡Gracias Gakupo!
—De nada. No fue difícil encontrarlo por sus ronquidos —dijo sin mostrar el mayor interés en su mejor amigo. Su mirada permanecía fija en la cueva.
—Oye… ¿Qué tienes? —preguntó Gumi al notar la frustración de su hermano.
—Quiero entrar a esa cueva; no sé porque, pero algo me llama la atención —suspiró. Miró con atención la placa de roca que cubría la entrada de la cueva. Se levantó en silencio y caminó hacia nosotros—. Pero es imposible entrar.
—En todos estos años, nunca habíamos caminado por esta parte de la montaña —explicó la tía Emiko—. No sabía que esa cueva estaba aquí.
—¿Cree que tenga algo importante? —pregunté.
—No lo sé… pero Gakupo-kun parece muy interesado.
—Debe ser solo la curiosidad por entrar —se estiró para desperezarse. Había sido una larga noche para todos—. Además, es muy posible que esté vacía.
—Ya pasaron muchas cosas por hoy. ¡Mejor vamos a dormir! —expresó su hermana mientras lo abrazó—. ¡Aún nos queda un día por disfrutar aquí!
Gumi tenía razón, nuestro último día en el onsen debía ser algo agradable y revitalizante. Sin duda así lo fue, menos para el pobre Kaito. Tuvo que lidiar con una resaca todo el día. Podríamos decir que él se quedó con la parte revitalizante y lo agradable no llego en ningún momento. Al menos pudo disfrutar la cena de despedida que la tía Emiko nos ofreció. En verdad me gustaría pasar otra semana como esta, sin bromas de los Kagamine por estar divirtiéndose con su primo ni preocupaciones por cumplir con los horarios de los ensayos. Solo una semana dedicada a nosotros. Claro, es imposible librarte de los problemas cuando acompañas a VOCALOID, pero esos detallitos no arruinaron esta experiencia tan renovadora.
Nos fuimos del onsen como llegamos, solo que nos acompañaba un nuevo pasajero: el primo Kii. Su madre pensó que sería buena idea dejarlo convivir con sus primos unos días más, aproximadamente tres o cuatro meses. Nosotros aceptamos gustosos. Librarse de las bromas Kagamine es algo que no se medita, solo se acepta. No sabemos dónde dormirá o que haremos con él, pero el camino a Tokio es largo y ya se nos ocurría algo. Por último, solo queda agregar que esa cueva descubierta por Gakupo es en verdad la tumba de un samurái. La tía Emiko me mandó la fotografía del interior de la cueva y todas las reliquias en su interior. Por supuesto, esto lo sabrá Gakupo en uno o dos años.
Qué curioso, en esta fotografía la tía Emiko tiene la misma sonrisa malvada de Rin.
