-Es un placer conocerte, ¿Me dejarías acompañarte?- le preguntó el castaño con amabilidad.
-Está bien…- le respondió con cierto nerviosismo en su voz, ni siquiera ella sabía por qué aquel castaño le provocaba esas sensaciones.
-Gracias- dijo Eren tomando asiento.
-Dijiste que te habías mudado aquí hace poco, ¿De dónde vienes?, digo, si no te molesta decirme- le preguntó ocultando la curiosidad que sentía.
-Bueno, yo vengo de un pequeño pueblo que se encuentra a 45 kilómetros de esta ciudad, estudié los años básicos y de prepa en mi pueblo natal, pero a mis padres les preocupa mucho mi educación, así que nos mudamos aquí y me inscribieron en este instituto- le contó la azabache, después dio un pequeño sorbo a su jugo.
-Vaya, yo también provengo de un pueblo, mi familia tiene dinero y podía tener a los "mejores" profesores en casa, solamente que yo quise venir a este lugar por mi amigo Armin- le comentó el castaño a la chica mientras sonreía un poco nostálgico.
-¿Hiciste eso sólo por tu amigo?- le preguntó Mikasa un poco sorprendida.
-Sí, Armin no ha tenido una vida fácil, lo conocí cuando éramos niños, desgraciadamente sus padres…bueno…ellos murieron- al decir estas palabras la chica se llevó una mano a la boca por la impresión.
-Eso…es muy triste- atinó a decir asimilando lo que acababa de escuchar.
-Sí, se quedó casi solo a los 15 años, y tuvo que mudarse aquí con su abuelo, antes de que él se fuera de nuestro pueblo le prometí que estaría con él, es como un hermano para mí, cuando por fin llegué aquí me enteré de que su abuelo había muerto un año antes, todo ese tiempo salió adelante él solo…- finalizó Eren mientras se quedaba pensativo unos instantes.
-Vaya…es alguien que ha sufrido mucho, pero a pesar de ello es afortunado- le dijo la azabache logrando llamar su atención.
-¿Por qué lo dices?- preguntó confuso.
-Porque tiene a un buen amigo que se preocupa por él… me gustaría tener a alguien como tú- lo último lo dijo sin pensar y cuando se dio cuenta se ruborizó.
-D…Digo, un amigo c…cómo tú…- balbuceó nerviosa, después bebió un poco más de su jugo.
Eren sonrió divertido por la reacción de la chica y la miró con ternura, ella se dio cuenta y enseguida desvió su mirada.
-Bueno, Mikasa… ¿Cuántos años tienes?- le preguntó para calmar los obvios nervios de la mencionada.
-Yo tengo 21 años, ¿y tú?- le dijo la chica ya más calmada.
-¿De verdad?... no lo aparentas, yo tengo 20- le respondió un poco incrédulo.
-Eeh, ¿gracias?- le contestó la azabache sonriendo.
A lo lejos sus amigos observaban el transcurso de la conversación, uno de ellos más que nada.
-Ese tonto de Eren, siempre queriéndose ligar a las mejores chicas del instituto- dijo Jean sin quitarle la mirada de encima al castaño.
-No sé de qué te quejas, si tú haces lo mismo después de que Eren las deja- comentó Marco mirándole con reproche.
-No es mi culpa que se refugien en alguien tan guapo como yo- alardeó mientras se arreglaba el cabello.
-Con esa cara de caballo está difícil que hasta tú te la creas- le dijo Connie riendo divertido.
-¿Otra vez con eso?, desde que hicimos aquel viaje a caballo no han parado de decir esa tontería- le reprochó Jean al chico rapado.
-Tampoco está muy errada que digamos- pensó Marco tratando de ignorar las tonterías de su amigo.
Mientras tanto cerca de la nevería…
Armin tenía clavada su fría mirada en Annie, y ella simplemente se había congelado, quería tratar de acercarse a él pero por alguna razón, no podía. Los segundos parecieron convertirse en horas ante esa mirada que el rubio le dedicaba, pero finalmente él le dio la espalda y retomó su rumbo inicial.
-¿Por qué no puedo moverme?…tengo que hablar con él, no puedo dejar las cosas así… ¡No puedo!- pensaba mientras lo veía alejarse lentamente, de alguna manera logró salir de ese trance y se acercó a él.
-¡Armin!- le gritó ella alcanzándolo, el mencionado detuvo su paso pero no le dirigió la mirada.
-¿Qué quieres?- le preguntó el rubio en un tono nada amable, en su lugar era seco.
-Tenemos que hablar, quiero saber, ¿qué te ha pasado?- le respondió ella sintiendo una extraña sensación. Un silencio incómodo se apoderó del lugar unos breves segundos, todos los que antes habían llenado ese pasillo se habían ido, era como si solo ellos dos estuvieran en ese instante.
-Tú y yo… no tenemos nada de qué hablar, no me hagas perder el tiempo- le respondió el rubio con la intención de seguir su camino una vez más, Annie pudo sentir cada una de esas palabras clavarse en su corazón como estacas de hielo.
-E…espera, ¡eso n…no es verdad!- le gritó ella para que no se fuera, él giró un poco para mirarla por el rabillo del ojo.
-¿Intentarás darme una explicación de lo ocurrido aquel día?, Je, apostaría mi alma a que ni siquiera tienes una- le dijo dejando de mirarla.
-Y…yo…Armin, P…por favor- decía la rubia con lágrimas rogando por salir.
-No te preocupes, no tienes que explicarme nada, ya deberías saber que… ya no somos nada, eres libre de hacer lo que te venga en gana, ya no me importas…- le dijo mientras retomaba su camino a la nevería.
"Ya no me importas", esas palabras resonaban una y otra vez en la mente de Annie, se dejó caer de rodillas al piso dejando salir sus lágrimas, colocó sus manos en el suelo y lloró amargamente, Ymir, quien tenía un tiempo buscándola, al verla en esa situación corrió para apoyarle.
-Annie, ¿Qué te pasa, qué tienes?- le preguntaba con preocupación al verla en tan mal estado.
-Y…yo…lo arruiné…- le dijo luchando por controlarse.
-¿De qué hablas?- le volvió a preguntar al no entenderle nada.
-Ymir…Lastimé…al único chico q…que me ha amado- le respondió abrazándola y cubriendo su rostro en los hombros de la mencionada.
-Annie…solo desahógate, yo estaré contigo- le dijo su amiga acariciándole su espalda con suavidad.
De vuelta con Jean y los demás…
-Ya estoy harto, iré y le interrumpiré su momento- dijo Jean levantándose de su asiento.
-No creo que sea buena idea…- comentó Marco tratando de detenerle.
-A ver inténtalo si tanto te crees- le retó Connie con toda la intención de ver a Jean en ridículo.
-¡Lo haré!- exclamó con seguridad, así que se puso en marcha a donde se encontraba el castaño con la chica nueva.
-¡Hola querido amigo qué…- se quedó en blanco al ver a Mikasa de cerca, su rostro, sus ojos grises, sus labios, quedó embobado por unos instantes cosa que Eren quiso aprovechar al descubrir las intenciones de Jean.
-¡Hola caballín, que bueno verte!- le dijo el castaño con una gran sonrisa, ante el comentario la chica rió tapándose la boca, por su parte, Jean se puso colorado por la ira.
-¡Ya te dije que no me llames así!- le gritó irritado mientras tanto la chica como el castaño reían.
-Disculpen, iré un momento al baño- dijo la chica levantándose de su lugar, cuando estuvo lejos, Jean quiso golpear al castaño pero este lo detuvo mientras reía.
-¿Por qué te molestas?, tú empezaste- dijo Eren riendo aun.
-Quiero a esa chica- por primera vez Jean estaba siendo directo con el castaño.
-¿Qué?, olvídalo viejo, yo la vi primero- le respondió en un tono burlón.
-Eso no me interesa- dijo el caballo siendo altanero.
-Tú sabes que no puedes competir conmigo- comentó con tranquilidad el castaño.
-¿Con que eso crees?, hagamos una apuesta, a ver quién de los dos la conquista primero- propuso Jean, el castaño lo meditó unos instantes, sabía que era algo un poco estúpido, pero era la única manera de quitárselo de encima.
-De acuerdo, acepto la apuesta- le dijo, y para sellar el trato se dieron un apretón de manos.
De pronto los demás chicos se acercaron, incluso Armin ya estaba de nuevo con ellos, el rubio le dio su bebida a Jean y luego se fue rumbo al salón sin decir palabra frente a la mirada de sus amigos, el receso terminó y las clases continuaron, el día transcurrió aparentemente normal, al salir de la escuela todos partieron rumbo a su casa, Eren quería aprovechar ese momento de la salida de la escuela para hablar tranquilamente con su amigo, pero él se le perdió de vista.
-Maldición, ahora solo lo podré ver hasta mañana, primer día de escuela y tenían que dejarnos tanta tarea- se dijo el castaño a sí mismo.
Al día siguiente…
Todos ya se encontraban en el salón, todos excepto Armin, algo raro en él siendo tan responsable, las clases estaban a punto de comenzar cuando el rubio apareció con un cambio de look, más bien, solo se había cambiado el peinado y desde el día de ayer notaron que ya no usaba sus típicos lentes. Su cabello simplemente se lo había peinado todo hacia atrás, de esa manera resaltaban más sus profundos ojos azules, más de una se quedó con la boca abierta, el cambio le había sentado bastante bien, incluso sus amigos debían aceptarlo.
