FLASHBACK – Casa de Armin 8:45 PM

Eren y Armin se encontraban en el garaje, recogiendo y ordenando todo después de haber estado ensayando la nueva canción que el rubio había escrito, la cual, planeaba tocar en la presentación del sábado.

-Armin, ¿podemos hablar?- pidió Eren a su amigo, mientras dejaba la guitarra en su estuche.

-Claro- respondió él, después tomó dos sillas y le ofreció una a su amigo castaño. Ambos tomaron asiento, Jean y Connie hacía minutos que se habían ido, quedando solo ellos dos.

-¿De qué quieres hablar?- preguntó el rubio.

-Iré directo al grano, quiero saber el motivo de tu cambio tan radical, ¿qué pasó entre tú y Annie?- dijo, mirándolo con total seriedad.

Armin no dijo nada por unos breves instantes, después desvió la mirada con cierta pesadez y suspiró.

-No puedo mentirte a ti que eres como mi hermano…- pausó momentáneamente, después volvió a mirar al castaño. – Durante las vacaciones iba a darle una sorpresa a ella, así que fui a su casa sin avisar y… cuando llegué…– su voz se apagó ligeramente ante la atenta mirada de Eren. – La encontré con Bertholt en la cama, a punto de tener sexo…

El lugar se quedó en silencio, el castaño estaba totalmente el shock, suponía que las cosas estaban mal, que quizá habían discutido, pero no se le había pasado por la cabeza algo como lo que acababa de escuchar.

-Mierda…- atinó a decir, tratando de salir de la sorpresa.

-Je, lo sé… es una mierda…- comentó Armin, sonriendo amargamente.

-Diablos, Armin, yo… no sé qué decir- dijo Eren, dándole vueltas al asunto sin encontrar una razón lógica.

-Está bien, tranquilo, no quiero agobiarte con mis problemas- el rubio le tocó el hombro, sonriendo con cierta nostalgia. – Después de todo, tú siempre te has molestado en resolverlos por mí…

-Hey, no digas tonterías, no es ninguna molestia para mí ayudarte, recuerda que somos hermanos, tal vez no de sangre, pero sí por el lazo de amistad que nos une- dijo, en señal de apoyo incondicional.

-Te lo agradezco, pero ha llegado el momento de que yo me encargue de mis problemas- respondió el rubio, frunciendo el ceño ligeramente.

-Armin… ¿Qué piensas hacer respecto a ella?- le preguntó, con cierto aire de preocupación.

-Simplemente no quiero volver a tratar con ella, ya he tenido suficiente de muchas cosas…- decía, retomando su lugar, mientras aquella rabia volvía a aflorar dentro de él. – No pienso dejarme pisotear por nadie más, por eso he adoptado esta actitud tan fría.

-No cambies por eso, tú siempre has sido alguien gentil, amable, risueño y demás, ¿por qué cambiar así?- preguntó Eren, tratando de hacerlo reaccionar.

-Porque me cansé… nadie más me volverá a tener de su idiota, nunca más- dijo, escupiendo la ira y frustración de tantos años a través de sus palabras.

-Armin…- pensó Eren, sintiéndose mal por la situación de su amigo.

-Y te desahogas por medio de las canciones… ¿no es así?- dijo el castaño.

-Sí… - asintió. – supongo que la que escribí es muy obvia de donde salió- rió ligeramente, tratando de ocultar la tristeza.

-Así es… cambiando de tema, quería preguntarte algo más…- comentó Eren, sorprendiendo ligeramente a su amigo.

-Adelante- dijo, alentándolo a que continuara.

-¿Desde cuándo sabes pelear?, y más intrigante aún, ¿quién te enseñó?- le preguntó, esperando con ansias la respuesta.

-Siempre observé a Annie cuando entrenaba, alguna vez quiso enseñarme también pero me negué… pero después de un tiempo decidí que no sería mala idea, y entrenaba en secreto- decía, como si tratara de recordarlo.

-¿Con quién?- insistió Eren.

-Con un maestro cualquiera- dijo, sonriendo como si se burlara.

-¿En serio?- preguntó una vez más, sin creerle en lo absoluto.

-Eh, Sí…- respondió, desviando la mirada.

FIN FLASHBACK

El fin de semana transcurrió rápidamente, nuevamente el lunes había vuelto y por ende, todos debían volver a la escuela.

Annie caminaba rumbo a la escuela, se había quedado el fin de semana con Ymir a partir de lo que había ocurrido el sábado, sin embargo, su compañera se negó a despertar para ir a la escuela, por lo que salió ella sola, una vez más estaba completamente perdida en sus pensamientos, recordando la mirada de Armin aquel día.

-Aún me quieres, ¿no es así?- pensaba, aunque esa idea se esfumaba cada vez que él la despreciaba de algún modo.

Soltó un pesado suspiro y dirigió su mirada al cielo, como si este fuera a darle una señal de qué hacer, una señal que nunca llegaría, la realidad era demasiado cruel.

-Si supieras, que yo tampoco me explico mi comportamiento de aquel día, no mentía cuando te decía un te amo… ¿cómo podría hacerlo?, si yo siempre he sido alguien a quien le cuesta tanto expresarse…- tan sumida en sus pensamientos estaba, que no pudo notar que alguien se le acercaba.

-Annie- le llamaron, sobresaltándose ligeramente, después buscó a quien le llamaba con la mirada.

-¡Creí haberte dicho que nunca me volvieras a buscar, infeliz de mierda!- amenazó la rubia al toparse con Bertholt.

Él tomó el cigarrillo de sus labios y sonrió cínicamente. – ¿Aún sigues molesta conmigo por lo del niñito ese? – dijo sarcásticamente, notando como ella apretaba los puños con fuerza.

-Será mejor que te largues, o juro que aquí mismo voy a dejarte tan mal que irás a parar al hospital- le dijo, conteniendo las ganas de asesinarlo.

-¿Quieres lastimarme, pequeña?- se burló, con el único propósito de amargarle la vida.

-¡Estás muerto!- gritó Annie, a punto de lanzarle un puñetazo.

-Bertholt- escuchó la chica tras de sí. Era Reiner, el mejor amigo del chico al que quería asesinar en esos instantes.

-Qué bueno que te encuentro, ven, necesitamos hablar- dijo el fornido chico.

-De acuerdo…- respondió Berth, tras breves instantes de silencio. – Nos vemos, preciosa – se despidió de Annie, riendo divertido.

Ella sólo observó cómo se alejaban ambos chicos, respirando profundamente para calmar su ira, desearía no volver a toparse con él, pero el hecho de estudiar en la misma escuela no ayudaba.

-Vaya mierda, empezar el día de esta forma…- pensó, después prosiguió su andar hacia la escuela.

Minutos después…

-Maldición, otra vez tarde- decía Annie, corriendo hacia su aula con la esperanza de que el profesor se hubiera atrasado con cualquier tontería. Al llegar, abrió la puerta con lentitud esperando no ver al profesor, pero para su desgracia él ya se encontraba dentro.

-Genial…- pensó, mientras todos la miraban sin inmutarse, por su parte, el profesor observó su reloj.

-Señorita Leonhardt, ¿tiene idea de qué hora es?- preguntó Pixis, esperando su excusa.

-Disculpe, profesor, tuve un desagradable inconveniente, pero no volverá a suceder- respondió, conservando la típica calma que la caracterizaba.

El profesor lo meditó breves instantes, pero finalmente accedió. – Está bien, pase, que sea la última vez – le advirtió.

-Sí, profesor- dijo, entrando a tomar su lugar.

-Y bien, como les decía…- continuó Pixis, dando sus clases.

Annie observó a sus alrededores hasta fijar la mirada en Armin, con molestia pudo ver que nuevamente se encontraba al lado de Historia, sin embargo, justo en esos instantes el chico rubio la miró, ella se sobresaltó y desvió su mirada sintiendo en calor en sus mejillas, por su parte, él le dedicó una mirada despectiva antes de volver a prestar atención a las clases.

-Si quiero acercarme a él, tengo que quitarle a esa pequeña garrapata de encima, pero… si le hago algo, es seguro que la única esperanza que me queda se esfume…- pensaba, sin dejar de observar a su pequeña rival.

Hasta que finalmente una idea se le cruzó por la cabeza. – Creo que… hay una solución a ese problema – pensó, sonriendo con malicia.

EN LA HORA DEL RECESO

-¡Te fumaste una de la buena!- exclamó Ymir, roja como un tomate.

-Vamos, es un excelente plan en la que ambas salimos ganando- dijo Annie, mientras ambas desayunaban en una de las mesa bancas de la escuela.

-¿No lo entiendes?, ni siquiera puedo hablarle, ¿cómo demonios pretendes que se la quite de encima a él?- decía la castaña, avergonzada de solo pensarlo.

-No seas tímida, ¿Qué tal que se encariñara contigo y anduviera a tu lado todo el tiempo?- dijo la rubia, tratando de alentar a su amiga.

Ella se lo imaginó, pasando el tiempo a lado de la pequeña rubia, aspirando el momento para besar sus labios, acariciarle su hermoso cabello y perderse en sus celestiales ojos azules.

-¿Ymir?…- llamó Annie, al ver que su amiga se perdía en sus pensamientos, además de que el rubor no desaparecía de su rostro.

-¿Eh?- atinó a decir, regresando de su mundo de fantasía. – E…Es ridículo, ¿no se te ha cruzado por la cabeza que ella no tenga esos gustos?- preguntó, desviando la mirada.

-¡Por favor!, ¿cómo aspiras a saberlo si no lo intentas?- agregó la rubia, cruzándose de brazos.

Debía admitir que tenía razón, mientras ella no la rechazara no había nada seguro, realmente tenía miedo de que todo saliera mal, pero por otro lado, la ilusión de tenerla para ella la impulsaba a aceptar la propuesta de Annie.

-¿Y bien?- insistió la rubia.

Ymir soltó un suspiro resignada y después la miró. – De acuerdo, pero con la condición de que tú me ayudes a acercarme a ella de alguna manera – dijo, no muy convencida.

-Muy bien, aunque si soy yo quien trata directamente con ella levantaría sospechas, creo que Mina nos puede ayudar con ello- decía la oji azul, pensando en su siguiente jugada.

-Oye, ¿ya estás mejor?- preguntó su amiga con seriedad.

-Un poco, no puedo dejar las cosas de la manera en que se quedaron… - le respondió, bajando la mirada.

-¿Qué piensas hacer?- continuó Ymir, tomando un poco de jugo.

-Por ahora debemos hacer que Historia se fije en ti, nos tomará algo de tiempo, pero será el suficiente para que reúna las fuerzas para hablar con él- le dijo, mientras apretaba los puños con fuerza.

-Tranquila, estaré contigo para lo que necesites, incluso en este descabellado plan que hiciste de la noche a la mañana- dijo la castaña, riendo un poco.

-Te lo agradezco- respondió Annie, sonriendo ligeramente.

El receso continuó sin ninguna novedad relevante hasta que el timbre tocó, avisando a los estudiantes que era momento de volver a sus clases, ambas amigas entraron al salón junto con todos sus demás compañeros, la siguiente clase era nada más y nada menos que biología.

-Mina, necesito hablar contigo- dijo la rubia, sentándose al lado de la mencionada junto con Ymir.

-Claro, ¿Qué sucede?- dijo la chica, con mucha curiosidad.

-Necesito que me hagas un favor, bueno, nos…- decía Annie.

-¿Eh?- atinó a decir Mina, sorprendida.

Ambas le explicaron la situación y en plan que habían ideado, aprovechaban el hecho de que la siguiente clase aun no comenzaba para idear alguna forma de conectar con la chica rubia, por supuesto Mina había aceptado ayudarlas, aunque bien no sería cosa sencilla alejar a la pequeña de Armin.

-¡Buenos días, pequeños!- exclamó la profesora Hanji Zoe, entrando con una ancha sonrisa al salón.

-Buenos días, profesora- respondieron todos, casi como zombis.

-Muy bien, mis queridos alumnos, hoy haremos un trabajo en binas y precisamente aquí tengo los equipos- decía, mientras echaba un vistazo a su lista.

-Mikasa, usted trabajará con el señor Kirschtein- anunció.

-¡Excelente!- pensó Jean, emocionado ante la idea, mirando a Eren con un aire de superioridad.

-Mierda, sólo espero que…- pensaba Annie

-La señorita Leonhardt con el señor Arlert- continuó la profesora.

-Mátenme-


Hola queridos lectores, espero les haya gustado esta nueva entrega, admito que me tomo un poco mas de tiempo actualizar este fic debido a que olvide unos detallitos por ahi pero bueno, ya está :3 gracias por leer y nos leemos el siguiente cap!

Pd: gracias a los que se toman la molestia de dejarme su sensual review, saben que son muy importantes para mi, un saludo a todos ustedes! n.n/