Era un idiota. Tenía que disculparse con él. Tenía que disculparse con él y Bakugo tenía que perdonarlo; sino Izuku no podría vivir con eso. ¿En qué estaba pensando? ¿Qué se supone que quería escuchar? Definitivamente no esperaba escucharlo decir que se preocupaba por él, ni escucharlo pedir que confiara en él. Bakugo confiaba en él, ¿No? Uno no duerme junto a un desconocido si desconfiara de él. O tal vez sólo era confiado en si mismo y sus reflejos. Pero era igual o peor que Izuku si no se daba cuenta que, apenas subió con el al dragón la primera vez, estaba dejando la vida en sus manos.
Tomó aire. ¿Cómo podía disculparse por eso? "Lamento haber dicho eso, y lamento que hayas dicho eso también.Sé que no querías decirlo". Maldición. "Lamento que tu propio dragón se pusiera de mi lado". "Lamento este estúpido viaje". "Lamento lo del ciervo".
No sabía ni siquiera por donde empezar.
Volvió a la tienda, en donde Bakugo estaba acostado, pegado al costado, dándole la espalda a su lado de la tienda. Obviamente.
Ya era difícil hablar con él cuando estaba de buen humor.
Y sabía que estaba despierto. Su respiración era diferente cuando estaba dormido, e Izuku lo tenía claro. Se había dormido todas las últimas noches escuchando esa respiración calmada a su lado.
Gateó para entrar en la tienda, y se recostó a su lado. Se aclaró la garganta. Era un buen comienzo: aún no le gritaba que se fuera.
―Lo siento.
Comenzó con eso. Sonó mil veces peor que como sonaba en su mente. Bakugo no se movió.
―No voy a irme. ―sabía que su voz sonaba extraña, pero realmente estaba tratando de sonar lo menos patético posible. O menos de lo que se sentía. ―Si confío en ti.
Lo que quería decir era que jamás se sintió tan mal por hablar de más en su vida, y que no quería irse nunca, y que confiaba en él más que en nadie. Pero no pudo. Su pecho estaba presionado, y no podía explicar la razón.
Mientras veía su espalda marcada elevarse levemente al ritmo de su respiración pausada, recordó algunas cosas que le decía su madre, cuando él era un niño, y lo molestaba a diario con su mejor amiga. "Ella es linda. Deberías decírselo". Él, por supuesto, pensaba que lo era. Pero no quería decírselo. "Si no te atreves a decirle algo como eso, es porque te gusta". Y recuerda haberle preguntado, qué sentías, cómo te dabas cuenta cuando te gustaba alguien. "Bueno, lo sabes cuando tu estómago siente cosquillas. Y te vas a dar cuenta. Vas a querer ponerle más atención. Ojos, forma de hablar; todo se ve distinto. Pero no te preocupes por ello. En realidad, en el momento tal vez ni siquiera lo notes, pero luego te darás cuenta, que era tan evidente, tan obvio, que no creerás que estuvo todo el tiempo frente a ti. Es diferente sentirlo a entenderlo, ¿sabes? No deberías preocuparte por ello aún. Sólo asegúrate de presentarme a la afortunada cuando lo entiendas".
Y al contrario de lo que creyó que se sentiría cuando su madre le dijo esas palabras, la mezcla de sensaciones era completamente distinta en ese momento. Pero algo si era cierto: su estómago cosquilleaba, y nunca se había fijado tanto en la forma de actuar de una persona. La forma que tenía de gesticular; captada vagamente en algunos bocetos en sus papeles…
Estaba seguro que esas ganas de llorar no se las había descrito su madre, pero no podía pensar al respecto ahora mismo. No sabía en qué pensar en cualquier ámbito, ahora mismo.
Cerró los ojos, y suspiró. Le gustaba Katsuki.
La luz sobre ellos ya era casi nula. No había ningún fuego, ni olor a leña o a humedad, ni los dragones entre ellos. Sólo los dos.
No necesitaba luz.
Se acercó lentamente, se aprovechó de la situación, e hizo el primer intento.
Su brazo derecho de deslizó por encima de su cintura, para dejar caer su mano en frente de su estómago. Su cuerpo casi tocando el suyo, y su nariz pegada a su nuca.
Pudo sentir su cuerpo acercarse aún más a él, y su estómago contraerse cuando su mano helada rozó su piel. Pero no se alejó.
Izuku sonrió, resoplando.
―Eres un idiota, Deku.
Entonces rio. Y Bakugo, con su mano derecha, sujetó su mano.
Inhaló hondo. Podía quedarse ahí por siempre. Su mente y emociones eran un lío en ese momento, pero no necesitaba entender nada. Tal cual como estaba, con el calor inhumano que ese chico irradiaba y su mano sujetando la suya, era suficiente.
―¿Perdonado, entonces? ―tuvo que preguntar.
―Cállate. Trato de dormir.
No dijo nada, pero seguía sonriendo. Y no se durmió. No hasta que escuchó la respiración calmada de Bakugo; sólo entonces pudo quedarse dormido.
.
Era la primera vez que despertaba adolorido. Tanto los muslos que aún tenía llenos de moratones como su cuello por no poner nada debajo de su cabeza al caer dormido.
Se incorporó, pasando el dorso de su mano por su mejilla para eliminar un hilillo de saliva. Se sentía más cansado que en la noche anterior, y se fijó en que su ropa estaba hecha un desastre. Ni siquiera se había cambiado para dormir.
No iba a dormir, cuando entró en la tienda. Ni siquiera creía que podría quedarse otra noche, y el recuerdo de el abrazo que Bakugo le correspondió le hizo sonreír.
Ni siquiera sabía por qué lo hizo: tenía claro que Bakugo no estaba interesado en él… en ningún aspecto. Pero se dejó abrazar por él, y eso dejaba una sonrisa permanente en el rostro de Izuku.
Tal vez por esto despertó de buen humor a pesar de todo.
Gateó fuera de la tienda para estirarse, y los gritos lejanos de Bakugo lo invitaron a buscarlo entre los árboles.
―…y encima campesinos de mierda, como si uno fuera a robarles su mierda de-
Deku se aclaró la garganta, y sólo entonces Bakugo se fijó en él. Estaba amarrando el cuchillo en la punta de un palo de unos dos metros, y ni siquiera le dijo nada antes de bajar la vista y continuar en ello. Tuvo la sutil idea de que ya había estado tratando de meterse a la fuerza por algún lugar.
Tampoco es que Deku esperara un "buenos días", pero…
―Hoy vamos a volver.
―¿Qué? ―el aviso lo tomó por sorpresa. ―Dijiste que me acompañarías a robar verduras y granos dentro de las tierras del reino.
Bakugo levantó la vista y le sonrió. Sólo entonces Izuku se sintió mal de haber dicho tal cosa como si fuera un nuevo hábito adquirido por él. No le orgullecía en absoluto.
―Sí. También iremos hoy.
Estaba conforme. Estaba preocupado, en verdad, por los dragones. Sentía que debía volver a picar frutas para ellos, e incluso extrañaba quedarse dormido viendo a los tres dragones dormir sobre el pecho y los brazos de Kacchan, aunque eso significara no poder volver a pasar una noche como la anterior.
Sintió un cosquilleo en el estómago al recordarlo. Estaba feliz, y a la vez estaba avergonzado. ¿No había significado nada para él? Tampoco es como si necesitara hablar sobre ello, pero le daba vueltas en la cabeza.
Sus cabellos se alborotaron de pronto, y ese aliento caliente que ahora reconocía estaba sobre su espalda. Miró hacia arriba para encontrarse con la cabeza del dragón rojo, que parecía tratar de que su sofocante respiración alcanzara a Bakugo.
―Oh. ―Bakugo ya había terminado su improvisación de lanza, y se levantó para apuntar con ella al dragón de forma bastante confiada. ―¿Ahora me buscas? Habla con Deku. Ya ni te quiero. No te conozco. Ni siquiera voy a mirarte. Eres un traidor.
No lo decía en serio. Claramente su tono de voz era un juego; fingía estar ofendido. Izuku se rio de la escena, ya que a pesar de eso, el dragón parecía realmente afectado buscando su atención.
Entonces cayó en cuenta, por primera vez, de algo: no se sentía fuera de lugar.
Desde que había llegado, todas las cosas que Kacchan hacia, todo lo que los dragones hacían, y todas las interacciones entre ellos las veía como un espectador. Como si no estuviera junto a ellos; como si mirara desde lejos. Pero ahora, mientras veía a Bakugo alejarse, hablando tonterías sobre la familia y la confianza, y al dragón rojo detrás suyo gimoteando, estaba riendo. Y sentía que era parte de aquella extraña familia, y sobre todo, sentía que Bakugo ya no era un chico extraño con el que se encontró en el bosque, sino que era su compañero. Y quería significar lo mismo para él.
.
―¿A las tres? ―preguntó Bakugo.
―No estoy seguro de cómo este plan podría realmente-
―¡Tres!
No tuvo tiempo de pensarlo siquiera. Apenas Bakugo lanzó las pieles dobladas sobre la cerca frente a ellos y entrelazó los dedos de sus manos a la altura de sus rodillas, Izuku puso su zapato y se sujetó de sus hombros para que lo impulsara hacia arriba. Se afirmó de la parte de arriba y con un último empujón que hizo Bakugo en la planta de sus zapatos, pudo sentarse y pasar finalmente al otro lado.
Su corazón latía a mil por hora, y aún incluso los iluminaba la luz del día. Eran definitivamente los peores ladrones de toda la isla. Aunque este pensamiento lo cambió en un segundo, cuando vio a Bakugo darle la demostración más hermosa de lo que eran realmente su agilidad y su fuerza. Dio un solo salto y sus manos ya estaban sujetadas con fuerza a la parte de arriba, y bastó darse impulso sólo con una pierna para saltar al otro lado, cayendo perfectamente de pie. Izuku podría jurar que hizo un puchero al verlo.
―A esta hora ya deberían haber guardias, pero no demasiados. Los que están por la noche son los peores. Hay que avanzar entre los arbustos más grandes, y luego llegaremos a los árboles que a ti te interesan. Trata de no morir, ¿está bien?
Asintió, y Bakugo posó su mano en su nuca e hizo que sus frentes se tocaran suavemente, durante un segundo, antes de alejarse y comenzar a correr hasta perderse entre los montones de hojas verdes.
―Pisa donde yo piso; hay trampas escondidas.
Le tomó un rato procesar lo que Bakugo acababa de hacer, y otro en procesar lo que acababa de decir. Sólo entonces comenzó a correr tras él.
No fue demasiado; Izuku lo sabía, pero sintió que corrió demasiado. Estaba tan asustado de que los atraparan o Bakugo quedara atrapado en una trampa que se le hizo eterno cada segundo.
Otra cerca, esta vez con espacios por los que podían pasar si eran cuidadosos. Los alambres estaban lo suficientemente sueltos como para poder abrirlos un poco y pasar entre ellos. Así lo hicieron; primero Bakugo, y luego se preocupó de mantener el espacio para que él pasara. Izuku se sintió inútil y agradecido en proporciones iguales.
La luz cada vez era menor, así que aprovecharon la situación y se pusieron a colectar.
Bakugo tenía razón, como siempre. Era un espacio gigantesco lleno de árboles frutales, verduras plantadas con cuidado bajo tierra siguiendo un patrón parecido al que usaban en su aldea pero en mayor escala, y un sistema de riego que Izuku definitivamente iba a copiar.
Estaba tan entusiasmado recolectando cosas del suelo que no se dio cuenta, hasta que se levantó, de la espada que apuntaba directo a su cuello.
―¿Te perdiste? Un idiota como tú no podría evadir la seguridad del reino.
Era una chica. Por la voz, definitivamente era una chica, pero la armadura que llevaba hacía que apenas se notara. Era más alta que él; eso era evidente. Como también lo era el hecho de que estaba jodido, y que su corazón muy probablemente ya se hubiera detenido.
―Te estás sobreestimando demasiado, ¿no? Digo, podrían poner un árbol en tu lugar y no haría diferencia.
Bakugo. Izuku sintió que iba a morir; definitivamente algo le iba a dar en ese mismo momento.
La chica ni siquiera volteó a verlo. Bakugo tenía la punta de la lanza lista para clavársela por él espacio que quedaba entre su torso y su cintura, y ella de seguro ya lo sabía.
―Cómo no. ¿No te aburres de arruinar mis turnos?
―Digamos que me agrada pasar a verte. ―dijo, e Izuku se fijó en que acercó un poco más la lanza. ―Ahora baja la jodida espada.
Ella obedeció, y apenas lo hizo se quitó su yelmo y volteó a encararlo. Era muy hermosa, y su largo cabello negro cayó hasta la altura de su cadera. Bakugo no bajó la lanza, y con eso Izuku entendió que la chica era más peligrosa de lo que aparentaba.
―Qué gusto verte. Lárgate.
Bakugo le sonrió; esa sonrisa de medio lado que a Izuku le hacía arder las mejillas.
―¿Ya tienes todo? ―Lo estaba mirando a él. La chica también volteó a verlo.
Izuku titubeó. Luego asintió nervioso.
―Entonces nos vamos. Gracias por la comida, nos vemos pronto.
Le hizo un gesto con la mano a Izuku, y no hizo falta más. Corrió a su lado, y dejó que Bakugo pusiera su mano en su espalda para guiarlo a que esta vez caminara delante de él.
¿Esa chica era guardia? ¿Realmente debían preocuparse? ¿Qué tan seguido Bakugo entraba allí?
Se estaban alejando cuando la chica volvió a hablar.
―Sí sabes que el príncipe te está buscando.
Izuku se detuvo de golpe, y al voltear a verla se dio cuenta de que Bakugo también se había detenido.
―Lo espero.
―No seas embustero. Está furioso, y cuando sepa que estuviste aquí se va a enojar aún más.
―Entonces no se lo digas.
Ella le sonrió, de manera fría y distante, sin dejar de verse hermosa.
―Tienes tres horas. Toma tu dragón y vete.
―Eres mi guardia favorita.
―Claro.
Bakugo volteó una vez más, también sonriendo. Izuku siguió caminando, tratando de entender, desde su punto de vista, que clase de extraña relación de amistad/rivalidad/odio tenían ambos.
El bolso cargado ya era una cosa; y si a eso le sumaba lo mal que iba caminando a oscuras por la tierra, sentía que llegaría al otro día.
Al llegar a la cerca alta, luego de pasar sin su bolso de la misma manera que entró , Bakugo se lo lanzó por arriba, e hizo lo mismo con el suyo, antes de saltar él mismo. Al final Izuku descubrió que la lanza era para cortar las frutas más altas de los árboles a los que había ido.
El silencio entre ellos era poco usual, pero sin llegar a ser incómodo.
Izuku casi se duerme y muere cuando subió al dragón, y de todos modos estaba dispuesto a no dormir esa noche. Necesitaba respuestas, y no dejaría a Bakugo en paz hasta que lograra que le contara sobre ella y lo que le había dicho.
Y esa noche obtuvo un nombre: Todoroki Shoto.
05/02/18
Mordor
