¡Hola gente! No he podido aguantarme las ganas, y aquí estoy. A partir de la próxima semana actualizaré el martes. La cosa va a buen ritmo, creedme. Esto de tener vacaciones laaaaargas da mucho tiempo libre. Bueno, en el prólogo habíamos visto cómo Lansdale empezaba a mover hilos desde la cárcel para organizar un ataque contra la B.S.A.A. En este primer capítulo empezamos a ver un poco ese proceso de reconstrucción y examen que Chris comentaba al final de RE Revelations. ¡Disfrutadlo!
El gimnasio de la B.S.A.A. estaba vacío. Los únicos inquilinos a esa hora eran Chris Redfield y Jill Valentine. Desde la decimoquinta planta había unas vistas maravillosas de la ciudad de Nueva York, y sobre todo ahora que ya había caído la noche. Pero Jill sabía que no podía distraerse ahora con eso. Miró directamente a los ojos al hombre que tenía enfrente.
Se desplazó un poco hacia la izquierda con los brazos flexionados, esperando en cualquier momento un ataque. La camisa se le quedaba pegada por el sudor. Chris lanzó un puñetazo a su izquierda. Jill se echó hacia atrás esquivándolo con habilidad. Levantó la pierna derecha al ver que su contrincante pretendía darle una patada en la espinilla. Apoyó el pie en el suelo y casi pisó la línea. El círculo en el que estaban medía poco más de dos metros y medio. Si pisaba la línea o se salía, sabía que había perdido… y no estaba dispuesta a hacerlo.
-Vamos, Valentine, ¿eso es todo lo que sabes? –se burló Chris moviendo los brazos con energía. Sabía que su compañera era muy táctica, y aunque él podía ganarle por fuerza, en un combate no todo eran los músculos.
Continuaron desplazándose unos instantes sin dejar de observarse fijamente. Jill se pegó al cuerpo de Chris y le pasó la pierna por las caderas. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de derribarlo por la fuerza… así que tendría que usar palanca. El problema era que ese contacto… la ponía taquicárdica. Pocas veces sus cuerpos habían estado tan juntos. Y qué decir de él… Esos contactos lo volvían loco. Le generaban un profundo deseo.
Jill se despistó un segundo, el suficiente para que Chris la barriera y la tirara al suelo de espaldas. La ex miembro de S.T.A.R.S. apenas tuvo tiempo a reaccionar. Chris le inmovilizó los brazos. Sus rostros estaban cerca, demasiado. No podían dejar de mirarse a los ojos.
-No se descuide, señorita Valentine… -murmuró Chris con sorna sin aflojar lo más mínimo.
-Lo mismo digo, señor Redfield.
Y sorprendiéndolo, le dio un puntapié en la cabeza que mandó a su compañero lejos de su alcance. Cogiendo enormes bocanadas de aire dio un salto y se puso de pie observando cómo Chris se llevaba una mano a la cabeza. Jill sonrió satisfecha.
-¡Vamos, que sólo te estoy dando cuartelillo! –gritó levantando los brazos. Ese juego de provocación siempre les ayudaba a esforzarse al límite. Chris se quedó observándola y le devolvió la sonrisa.
-Los del sur tenéis mucha guasa…
-Un poquito…
Consultó su reloj digital. Eran cerca de las diez. Se quedó boquiabierto. ¿Las diez? ¡Llevaban allí más de una hora! El tiempo pasaba volando. Había sido una pelea muy disputada. Siempre que tenían un hueco se escapaban para entrenar en el gimnasio del cuartel. Era una buena forma de mantenerse activo, y había aprendido muchas cosas útiles luchando contra Jill.
-Lo dejaremos en empate… Ha estado interesante –dijo Chris cogiendo su toalla blanca que estaba junto al círculo. Se quitó el sudor de la frente y del cuello mientras observaba a Jill beber agua. Ambos estaban para irse directos a la ducha… Aunque no juntos precisamente.
Su compañera le tiró la botella de agua y Chris la cogió al vuelo. Quedaba prácticamente la mitad de la botella de dos litros. Casi de una tacada se la bebió entera. Estaba realmente sediento. Dejó el plástico al lado de su bolsa y empezaron a recoger sus cosas en silencio. Chris se quitó la camiseta empapada en sudor y sacó otra que tenía limpia.
Jill no perdía ojo mientras veía cómo su mejor amigo se quedaba sin camiseta. Tenía un cuerpo muy musculoso. Se había machacado sin parar todos los días desde hacía siete años, desde que terminó toda la pesadilla de Raccoon City. Sabía que Chris quería estar preparado para el encuentro que, tarde o temprano, tendrían con Wesker. Ese cabronazo escurridizo no paraba de desaparecer siempre que le seguían la pista. Ya habían fallado dos veces… esperaba que no hubiera una tercera.
-¿Estás bien? –le preguntó Chris echándose su bolsa al hombro y observándola con curiosidad. Jill afirmó en silencio rápidamente, y se dio la vuelta para coger lo suyo poniéndose roja como un tomate. La había pillado.
-Vamos… Yo no puedo pavonearme tanto como tú… -bromeó caminando hacia la puerta. Chris sonrió y la siguió negando en silencio.
-Venga ya… Tampoco es para tanto…
-¿Quieres que el próximo día coja un tarro y recoja las babas que dejan todas las tías cuando pasas? Podríamos sacar una buena tajada de eso… Treinta dólares el litro.
Se detuvieron junto al ascensor. Chris soltó una carcajada mientras Jill pulsaba el botón.
-¡Qué exagerada! Hace mucho que no tengo una cita.
Las puertas del ascensor se abren y acceden al interior. Chris, que está más cerca, pulsa el número ocho, donde está el despacho que ambos comparten. Tenían que recoger algunas cosas antes de irse, aunque él pasaría primero por los vestuarios para darse una ducha.
-Si hace mucho te refieres a… -continuó con la conversación Jill como si nada los hubiera interrumpido - una semana creo que habría que incluirlo en el libro Guiness de los récord…
-¿Y qué me dices de Jordan, el de mantenimiento? ¡Te pidió el número de teléfono! Se os veía muy acaramelados…
-Simplemente estaba intentando ser simpática… No es mi tipo –respondió Jill con una leve sonrisa en el momento en el que el descenso terminaba.
Caminaron por el pasillo en silencio. Hacía ya ocho años que se conocían, y Chris había notado desde el primer momento que entre los dos había una conexión especial. Con el paso de los años habían formado una relación que no sabía muy bien cómo explicar: eran muy buenos amigos, excelentes compañeros de trabajo… Pero parecía que faltaba algo. Chris nunca haría nada que pudiera poner en peligro su relación, y sabía que Jill tampoco.
Muchas veces se había preguntado eso de: ¿qué pasaría si decidimos dar un paso más? Pero el miedo y el respeto siempre lo bloqueaban, y prefería pasar el tiempo con una y otra para olvidar un poco el tema. A veces funcionaba a las mil maravillas; otras no.
Jill abrió la puerta del despacho y la luz se encendió automáticamente. Todos los fundadores habían decidido apostar por las energías renovables para dar ejemplo ahora que estaban empezando a implantarse. El coste había sido muy elevado, pero estaba convencido de que, a la larga, les resultaría muy económico.
Hacía casi cuarenta ochos que habían vuelto de su misión en el Mediterráneo. Aún notaba un poco el Jet Lag, pero el efecto poco a poco se iba pasando. Habían conseguido descubrir la verdad sobre lo ocurrido en Terragrigia y encarcelar a una de las personas que estaba detrás de todo: Morgan Lansdale, antiguo comisionado de la F.B.C. La B.S.A.A. tenía ahora un dilema: la organización que dirigía Lansdale había quedado disuelta, y en el gabinete de crisis mundial contra el bioterrorismo habían decidido que todo lo que tuviera que ver con la F.B.C. pasara a ser potestad de la B.S.A.A.
¿Y qué suponía eso? Pues si no tenían bastante con la restructuración de su propia organización ahora encima tenían que calentarse la cabeza en colocar a todo el personal que se había quedado de patitas en la calle. Ellos dos se iban a encargar de organizarlo todo en los próximos días, sumando además que tenían que someterse a las pruebas de acceso una vez más. Tras lo sucedido con O'Brian y Jessica, todos los fundadores de la B.S.A.A. habían decidido que todos los agentes, antiguos y nuevos, tuvieran que volver a pasar las pruebas de selección.
Y mañana les tocaba a Chris y a Jill, como una forma de hacer ver al resto que ellos también estaban por la labor del cambio y el progreso. Chris resopló al ver la pila de documentos que tenía sobre la mesa. Jill tampoco se quedaba corta. Tomó asiento y se llevó las manos a la cabeza.
-Mañana nos espera un día agotador… -se quejó su compañera quitándose el moño que llevaba recogido. Se lo volvió a coger sin dejar de observar los papeles que tenía delante -. Estoy pensando en cortarme el pelo…
-¿Por qué? Creo que te queda muy bien… -opinó Chris dejando su bolso sobre la mesa y apoyando su trasero en el filo -. Aunque la Jill de pelo corto siempre será la loca aventurera.
La aludida sonríe. Abrió su cajón y sacó una carpeta donde metió todos los documentos que tenía sobre la mesa. Iría a darse una ducha y a la casa. La sesión de lucha la había exhausta. Aunque seguía disfrutando mucho esas clases de contacto ya notaba que cada vez aguantaba menos. ¿La edad? ¿Quién sabe? A sus treinta años consideraba que estaba en uno de los mejores momentos de su vida a pesar de que la suerte no le sonriera mucho en el amor.
-En fin… Me voy a dar una ducha –anunció recogiendo su mochila de deporte y su bolso -. No me gusta nada la sensación de estar pringosa… El caballero al menos está algo más despejado.
-Hoy estás muy guasona… ¿Qué te pasa?
-Intento no pensar en todo lo que tenemos que hacer. Eso es todo.
Chris asintió en silencio convencido de la respuesta. Lo que menos le apetecía esos días era ponerse a entrenar a reclutas y supervisar a compañeros que llevaban prácticamente el mismo tiempo que él en la B.S.A.A. Él también se daría una ducha y se iría a descansar para el agotador día que tenía mañana.
Eran las diez de la mañana. En la sala de conferencia eran alrededor de ochenta. Y eso que sólo era el primer día… Jill se ajustaba la gorra echando un rápido vistazo a la multitud mientras Chris examinaba detenidamente unos papeles que tenía en la mano. Aún no lograba entender cómo le habían asignado ese trabajo tan pesado y tedioso. Y qué decir de pasar examen a compañeros que llevaban el mismo tiempo que ellos en la organización. La verdad era que no le apetecía absolutamente nada dejar en el camino a los suyos.
Puede que lo hicieran mejor o peor, pero si estaban allí era porque realmente lo merecían. Las pruebas iban a ser las de siempre: nadar cien metros en un minuto para los hombres y un minuto quince para las mujeres, correr cuatrocientos metros en cincuenta segundos los hombres y un minuto las mujeres, disparar a varios objetos en posición estática y dinámica desde diferentes ángulos, lanzar el balón medicinal y por último una carrera de obstáculos que todos debían hacer en menos de un minuto y medio.
Los que pasaran esas pruebas se enfrentarían al test psicotécnico, y ahí ya ni Chris ni Jill tenían nada que decir.
-¿Quién prefieres que empiece? –interrumpió el silencio Jill cruzándose de brazos y con una leve sonrisa en el rostro.
-Las damas primero… Siempre… -respondió Chris sin poder evitar sonreír también. Su compañera negó en silencio varias veces.
-No quiero quejas si te machaco –bromeó Jill sin dejar a un lado su buen humor. ¿Por qué siempre que estaba Chris sacaba a relucir su mejor parte? ¿Qué tenía que la atraía tanto?
A eso me parece que se le llama amor, guapa. Así que si no te espabilas… ¡te lo quitan de las manos!
Pero Jill sabía que mantener una relación sentimental con su mejor amigo era algo prácticamente imposible. Podían salir muchas cosas mal, y llevaban tanto tiempo trabajando codo con codo que no se imaginaba a alguien que no fuera Chris a su lado para luchar contra el bioterrorismo. ¿Y le merecía la pena arriesgarlo todo? Nunca lo sabría.
-¿Empezamos? –interrumpió sus pensamientos el moreno. Jill se quedó unos instantes procesando la información y asintió lentamente, en silencio. Suerte que ya venía preparada para pasar las pruebas. El bañador lo llevaba debajo de la camiseta de la B.S.A.A. y los pantalones grises.
Vio cómo Chris se acercaba al micrófono. Decidió quedarse en un segundo plano. A decir verdad, siempre le había gustado estar a la sombra de su compañero, y esta vez no había ser menos. Chris era el líder perfecto, la persona en la que más podías confiar. La mayoría, al ver que se disponía a hablar, guardaron silencio. Allí había gente que Jill conocía de vista, otros que no tenía ni idea de quiénes eran y algún que otro peso pesado. Ésos eran los más complicados de valorar. ¡Por el amor de Dios! ¡Qué ella misma iba a tener que evaluar a Chris!
-Buenos días, aspirantes. Como ya saben, la B.S.A.A. está siendo evaluada. Necesitamos incorporar savia nueva y asentar a los que ya llevamos un tiempo aquí –hizo una breve pausa observando por encima los rostros de los que estaban allí. Había más hombres que mujeres, pero no había demasiada diferencia -. Las pruebas serán las siguientes: una carrera de 400 metros, una vuelta a la piscina, lanzamiento de balón medicinal, una prueba de tiro y, por último, una carrera de obstáculos –hubo un murmullo general que se apagó en cuento Chris levantó una mano -. En el tablón de la entrada tienen las marcas a superar. Ni que decir tiene que un solo fallo es descalificatorio, o si la señorita Valentine o yo vemos alguna actitud sospechosa, también será motivo de descalificación. ¿Alguna pregunta?
Una joven que estaba sentada de las primeras levantó la mano. Chris la señaló.
-¿Son ustedes los únicos encargados de supervisar las pruebas?
-Sí… La señorita Valentine se encargará de las mujeres, y yo de los hombres… ¿Algo más?
Y Jill detectó cierto gesto de decepción en la chica. Arqueó una ceja sorprendida. ¿Ahora iban allí a ligar o qué? Estuvo tentada de advertir a Chris de algunas conductas sospechosas, pero prefirió callar. Tenían un día largo por delante, y no era plan empezarlo con el pie izquierdo.
Un joven situado a la mitad levantó la mano esta vez.
-¿Cuándo sabremos quiénes han superado las pruebas?
-Dentro de tres días –respondió Chris con seguridad. Jill seguía observando atentamente a los presentes. Algunas chicas no le daba muy buena espina… Esperaba que los hombres supieran comportarse como tal… Aunque eso no quería decir que todas estuvieran cortadas por la misma tijera. Ella misma era el principal ejemplo -. Cuando terminemos con todos los aspirantes colgaremos un listado con los que deben pasar por la prueba psicotécnica…
Silencio. Chris echó un rápido vistazo a su reloj. No podían perder más tiempo. Nadie más parecía dispuesto a decir nada más. Bien. Había llegado el momento.
-Si son tan amables de seguirnos a la señorita Valentine y a mí, les mostraremos el lugar de las pruebas… Y para que conste, involucrándonos en la causa y simpatizando con el personal, nosotros vamos a ser los primeros en someternos a dichas pruebas…
Hubo una risa general. Jill sonrió tímidamente y Chris le devolvió el gesto. Los convocados empezaron a levantarse y caminaron hacia la salida. Los fundadores de la B.S.A.A. los siguieron pocos después, en silencio al principio. Sin saber por qué, a Jill empezaron a entrarle esos nervios que suelen acompañarla al partir hacia una misión. Pero esta vez era algo completamente diferente. Se sentía como la vez que pasó las pruebas para ingresar en los S.T.A.R.S.
-Mantente alerta –murmuró Jill cerca del oído derecho de su compañero. Nadie se dio cuenta de nada; estaban tan pendientes de sus nervios y sus pensamientos que no se percataban de absolutamente nada.
El moreno asintió lentamente. Sabía perfectamente que debían vigilar a todos y cada uno de los que estaban allí. Llevaron a los ochenta participantes a la zona donde iban a realizar las pruebas. La B.S.A.A. no había escatimado en gastos a la hora de construir el complejo. Era el más moderno que existía. Poco a poco se estaban expandiendo por África y Asia, que eran lugares donde su presencia era escasa por no decir nula.
Esa parte, situada al aire libre, tenía más de mil kilómetros cuadrados. Tenía una pista de atletismo, una piscina, una zona donde afinar la puntería y un pequeño circuito. De momento no habían hecho las cosas bien, pero para esos estaban allí, para reconducir a una organización en la que habían depositado todo su dinero y esperanza.
Muchos observaban la instalación asombrados, otros hacían comentarios en voz baja. Era una suerte que les hubiera pillado un tiempo tan bueno. Jill se alejó un poco y empezó a calentar. Empezó a trotar suavemente moviendo los brazos de un lado a otro. Vio a Chris decirles algo al resto, pero estaba tan lejos que no se enteró. Repitió el ejercicio varias veces hasta que se quedó completamente parada.
Estiró los brazos hacia delante y aguantó varios segundos en la misma postura. Aún no estaba preparada, y sabía que la estaban esperando… ¡Pero es que no había tenido tiempo de nada! Estiraría las piernas un poco y ya está. Esperaba que fuera suficiente. Pasados un par de minutos, se acercó al grupo y anunció que estaba lista. Iba a empezar por la carrera de 400 metros. Quería la prueba más dura para el principio, aunque la natación tampoco se quedaba atrás.
No se le pasó desapercibida la mirada que le lanzaban algunos hombres. Lo cierto era que siempre había sido el foco de atención del otro sexo en las fiestas, y más de alguna vez se había escapado con alguno de ellos. Encuentro casual y poco más. Antes podía ser un estilo de vida. Ahora ya no. Cuando llegó a la meta completamente exhausta cogió grandes bocanadas de aire e inclinó un poco el cuerpo hacia adelante apoyando las manos en las rodillas.
-Estás perdiendo la forma amiga… -bromeó Chris acercándose a su lado con un cronómetro y una carpeta -. Un minuto y un segundo.
-¿Qué? –exclamó su compañera alterada olvidándose casi de respirar. ¡Era imposible que hubiera tardado tanto en dar la vuelta! Y eso significaría que estaba fuera. Las pulsaciones volvieron a aumentar -. Déjame ver…
Y al ver la marca no supo si reírse con su amigo o darle un guantazo. ¡Cincuenta y un segundos! Nueve por encima de la marca exigida. Chris no podía parar de reír.
-Ésta me la pagas, cabronazo… -murmuró Jill alejándose hacia la zona que habían puesto para lanzar el balón medicinal. Necesitaba relajarse un poco después de ese momento de tensión.
La bola pesaba tres kilos, y debía lanzarla más allá de cinco metros. Puso los pies casi rozando la línea y situó el balón por detrás de la cabeza. Cogió aire un par de veces, y con un suave movimiento de muñeca, lanzó el balón. La fuerza nunca había sido su mejor virtud, pero estaba convencida de que podía llegar a los cinco metros sin necesitar otro intento.
Cinco metros y diez centímetros. Se quitó el sudor de la frente suspirando. Los aspirantes rieron. Estaba segura de que habían tomado el gesto como una broma… Pero Jill no estaba para bromas. Estaba sufriendo más de lo previsto. Se acercó luego a la zona de tiro. Ahí estaba segura de que no iba a fallar… y no se le escapó ni un objetivo. Hasta los asistentes aplaudieron entusiasmados al ver su actuación. La puntería era algo que nunca perdía.
Ya sólo quedaban el circuito y la piscina. Dejaría ésta última para el final. El circuito era bastante sencillo, pero había que estar muy atento. La primera parte consistía en reptar bajo una malla. Luego escalar por un rocódromo. Una vez arriba, tirarse por una tirolina para dejarse caer en un pequeño estanque de agua. Desde allí había que subir por una escalera y mantener el equilibrio en una barra metálica. Para finalizar, había que dejarse caer rodando.
La principal preocupación de Jill era que el pelo no se le quedara enredado en la cuerda… y afortunadamente no pasó. En poco más de cuarenta y cinco segundos consiguió completar el circuito sin apenas sobresaltos. Ya sólo le quedaba la piscina.
-¿Cómo voy, capitán? –le preguntó Jill a su compañero mientras caminaban hacia la piscina. Chris sonrió.
-Nadie puede detener a Valentine…
-Así me gusta…
Y con la sonrisa aún en los labios se despojó de la camiseta. Chris se quedó unos instantes observándola detenidamente. Cuántas veces había fantaseado con ese cuerpo… Era tremenda. Estaba en muy buena forma… y seguro que, sin los efectos del alcohol, lo iban a pasar realmente bien. Chris negó en silencio intentando quitarse esa idea de la cabeza.
Observó que algunos se quedaban mirando demasiado a su amiga. Estuvo por decirles cuatro cosas, pero no quedaría demasiado profesional. Jill estaba esperando a que le hiciera la señal. Ese biquini le sentaba genial. Se había puesto también un gorro en la cabeza que todos por motivos de higiene debían llevar. A Chris le estaba entrando de todo de verla así, tanto que pulsó sin darse cuenta el cronómetro.
-¡Vamos! –exclamó al darse cuenta de su error. No pasaba nada. Ya le restaría los segundos que había perdido.
Jill decidió no complicarse mucho la vida y utilizó el estilo Crol para ir y volver. Nada más poner la yema de los dedos en el borde de la piscina la recibió una gran ovación. Pero ella, a la que no le gustaba que se la reconociera tanto públicamente, saludó tímidamente con la mano y utilizó la escalerilla para salir. Chris se acercó a ella y le chocó la mano.
-Un minuto. Excelente.
-Gracias, compañero –y le guiñó un ojo -. Ahora es tu turno. Ve calentando mientras voy a cambiarme.
El resto del día pasó sin demasiados problemas. Algunos desde luego no daban la talla, pero había otros de los que se podía sacar bastante partido. Jill se había fijado en que había varias de las chicas que no paraban de fijarse en Chris, y eso, a decir verdad, la ponía un poco alerta. ¿Pero qué demonios le pasaba? Si no querían pasar las pruebas porque estaban distraídas con otras cosas, allá ellas… Pero lo que sin duda pudo quitarse de la cabeza fue el momento en el que Chris se quedó en bañador.
Tenía un torso y unos abdominales envidiables. Jill había deseado más de una vez perderse entre ellos… Y no era porque no habían tenido ocasiones, porque habían estado muchas veces solos en casa o fuera. Pero sabían que entre ellos existía una gran amistad y, sobre todo, respeto. No podían cometer errores otra vez.
Chris estuvo la mayoría del tiempo distraído, sin poder quitarse de la cabeza esa imagen de Jill en bañador. Algunas de las presentes tampoco estaban tan mal, pero no le llegaban ni a la suela del zapato. Tanto es así que cuando fue a cambiarse tuvo que controlar seriamente su erección. Joder… Menos mal que nadie se había dado cuenta.
Eran las siete de la tarde cuando todos los aspirantes de ese día terminaron las pruebas. Suerte que aún no tenían que recoger nada, porque quedaban dos días más. Jill estaba metiendo unas cuerdas en una bolsa cuando Chris se acercó a ella.
-He oído que encontraron a Parker cerca de Malta… Cuánto me alegro por él…
-Sí… Es un buen tipo… -cerró la bolsa con un fuerte nudo y la dejó junto a una caja de madera donde estaban guardados los balones medicinales -. Espero que la B.S.A.A. le guarde el puesto una vez que se recupere.
-Estoy convencido… Y si no es así, hablaré con quien sea necesario…
Jill lo miró boquiabierta.
-¿De verdad que harías eso?
-Por gente que merece la pena… por supuesto. ¿O acaso no recuerdas cómo defendí tu candidatura para ser fundadora de la organización?
Jill sonrío sin poder evitarlo. Como si hubiera ayer. Muchos, a pesar de que sabían quién era, se mostraban algo reacios a que tuviera un papel destacado en la toma de decisiones. O'Brian, y sobre todo Chris, me defendieron con uñas y dientes delante de los demás acreedores. No hizo falta demasiado para convencerlos. Nuestros actos hablaban por sí solos.
-¿Sabes? Creo que después de este día nos merecemos una cervecita bien fría… -opinó la morena de buen humor. Era una de las cosas que más le apetecía en ese momento, y había un bar por allí cerca que traía cervezas exportadas a un buen precio -. ¿Qué dices?
-Suena genial. Vamos a ponernos algo más presentables y vayamos a ahogar penas.
Jill rio al oír su comentario. Le dio un puñetazo amistoso en el hombro y le revolvió el pelo a Chris, algo que sabía que odiaba profundamente. Pero Chris no podía enfadarse con ella. Imposible. Los comienzos nunca eran fáciles, pero los cartuchos se estaban acabando.
Qué pique llevan estos dos... ¡Si es que se nota una tensión sexual no resuelta a kilómetros de distancia! Siempre tan correctos, tan políticos... (pero no será eternamente muajaja). Y esa cervecita suena muy bien :o
Xaori: amiga, de verdad, ya no tengo palabras para agradecerte tu apoyo historia tras historia. Y tranquila, que Caos Europeo continuará... En mis ratos muertos en Chiclana empecé a escribir la siguiente parte. La dejé en el capítulo 2, y seguirá, tranqui. En cuanto encuentre de nuevo la inspiración me voy a por él que este año estaré "un poco más tranquila". Tiene pinta que Jessica y Neil aparecerán en algún momento dada su conexión con la F.B.C. y Lansdale... aunque no prometo nada :D Aparecerán muchos personajes; voy a intentar hacer un popurrí; a ver cómo sale xD
Nicole Redfield: muchas gracias por tu comentario. Me alegra saber que te ha gustado el comienzo. Espero que este primer capítulo te haya dejado con ganas de más.
En el próximo capítulo nos pondremos en la piel de Leon, y preparaos, que empieza fuerte el capítulo :D ¡No digo más! See you!
