Muy buenas a todos! Bienvenidos a un capítulo más de esta historia. Me alegra ver que el capítulo anterior os gustó. Lo hice con todo mi amor :D. Llega el momento de continuar, ahora con Chris y Jill... ¿qué pasará? ¡Disfrutad!


Lansdale sonreía mientras hablaba por teléfono. Todo estaba a punto de ponerse en marcha. Al otro lado estaba otro de sus fieles contactos, alguien que no le había fallado desde que se fundó la F.B.C.

-¿Los fuegos artificiales están preparados? –preguntó Morgan de buen humor. Últimamente no podía dejar de sonreír pensando en la venganza.

-En cuanto lo ordene, empezará la fiesta –respondió una voz masculina con un tono bastante convincente. Le encantaba tener el control de la situación. Siempre le había gustado mover los hilos a su antojo… y ahora iba a conseguirlo una vez más.

-Asegúrese de que no queda ningún cabo suelto. La última vez dejamos demasiadas pistas, y tuvimos a la B.S.A.A. todo el rato persiguiéndonos…

-Tranquilo, Morgan. Esta vez nos aseguraremos de mantener la compostura.

-¿Qué hay de nuestro otro amigo?

-Ha decidido irse de vacaciones una temporada… Tu ayudante es muy sagaz.

Lansdale no pudo evitar reír al oír el comentario. Sí, todo estaba marchando según lo previsto. La partida de ajedrez había comenzado. Ellos habían hecho el primer movimiento, y les había dejado en una posición más que ventajosa. Era hora de sacar partido a esa ventaja antes de que el rival se percatara.

-Imagino que a estas alturas todos estarán alerta. Recuerda… Todo lo que hacemos es por el bien de la humanidad, por la evolución. No podemos permitirnos otro fracaso como el de Terragrigia.

-No, señor. Hemos aprendido de nuestros errores. Todos estamos bien alertas y preparados para cualquier inconveniente que surja.

-Bien… Me alegra oírlo –guardó silencio unos instantes antes de proseguir con la conversación -. Ve pues la excelsitud y la grandeza del eterno poder, puesto que tantos espejos hizo en que multiplicarse, permaneciendo en sí uno como antes.

-Muy sabias palabras, señor. Pronto todo volverá a ser como antes…

-Proceda pues, entonces. Manténgame informado.

-Sí, señor.

Lansdale soltó el auricular satisfecho con el rumbo que estaban tomando los acontecimientos. Iban a pillar al enemigo con la guardia baja, y no había nada que le gustara más que eso. Ojalá tuviera un paquete de palomitas y un televisor para contemplar la desesperación en la que iba a sumirse la B.S.A.A.

Chris y Jill habían decidido sentarse en la barra. Sólo iban a tomar unas cañas. Estaban agotados de las pruebas… y eso que aún quedaban dos días. Debían tomarse las cosas con calma, o al menos eso era lo que pensaba Chris. Por mucho que desearan que todo terminara no podían hacer nada para avanzar. Era momento de relajarse y desconectar.

-¿Qué te ha parecido la camada de hoy? –preguntó el moreno antes de darle un sorbo a su cerveza. Jill sonrió sin apartar la mirada de su bebida. Estaba algo distraída.

-No sé… Creo que nosotros estamos hechos de otra pasta –respondió observando a su compañero -. Los jóvenes de hoy en día no tienen nuestro aguante.

-¿Nos estás llamando viejos?

Jill no pudo evitar reírse. Bueno, no había querido decir eso exactamente, pero ahora que lo pensaba, sonaba así.

-No, es sólo que nosotros nos esforzábamos mucho más para conseguir lo que nos proponíamos. Los jóvenes de hoy en día están muy acostumbrados a que se lo pongan todo por delante, y cuando tienen que esforzarse un poco… Desisten.

-Tienes razón –asintió Chris estando de acuerdo con su compañera -. Recuerdo cuando empecé a prepararme para entrar en las fuerzas aéreas, mi instructor me decía que si no me buscaba yo mismo las habichuelas me iba a comer una mierda.

-¿Así? ¿Tal cual? –preguntó Jill arqueando una ceja sorprendida.

-Ya te digo… En el fondo se lo agradezco, porque me abrió los ojos. Ese comentario me sirvió para esforzarme más. Pero también lo necesitaba por Claire: no podía abandonarla, no podía privarla de algo tan importante como los estudios… Así que hice todo lo posible, como decía mi instructor, para buscarme las habichuelas y no comerme una mierda.

-Eres una gran persona… Lo que hiciste por tu hermana… Es increíble…

Chris sonrió. Estaba a punto de ponerse colorado. La cercanía de Jill y sus palabras le estaban haciendo mella. Sus manos estaban bastante cerca. Sólo tenía que estirarla un poco para tocarle los dedos. Pero sabía que no sería apropiado. No estaba seguro de cómo reaccionaría.

-Lo hice con mucho gusto. Mi hermana es lo más importante que tengo.

-Mi padre me dijo una vez que debía esforzarme al máximo en todo lo que hiciera, porque seguro que había alguien en algún otro lugar que estaba haciéndolo igual o mejor que yo…

-Tu padre al menos fue más sutil que mi instructor… Te animó a no rendirte pasara lo que pasase.

-¿Sabes? Ahora que lo pienso… -se detuvo unos segundos. No sabía muy bien cómo decirlo, pero cada vez lo tenía más claro. Se sonrojó ligeramente, aunque Chris no se dio cuenta -. Creo que esa persona… eres tú.

Chris fue a darle un buche a su cerveza y se quedó a medio camino, sorprendido. Se quedó en blanco, y el hecho de que Jill se tragara casi la mitad de su cerveza no ayudaba en absoluto.

-¿Por qué… dices eso?

-Desde que te conozco siempre me has apoyado, me has animado a que fuera a más, y he querido estar a tu altura… porque eres un gran líder.

Chris no sabía muy bien qué decir. Jill le estaba abriendo su corazón, ¿y él se estaba comportando como un auténtico gilipollas? Siguió guardando silencio. La boca se le estaba empezando a secar a un ritmo alarmante. Necesitaba hacer algo. Acercó su mano a la de Jill unos milímetros. Dudó. Las veces que se habían dado abrazos y besos no había ocurrido nada extraño. ¿Por qué iba a suceder ahora?

¡Al cuerno!

Cogió la mano de Jill y la acarició. Ella no se la apartó. Eso era buena señal. Se miraron sin decir nada. Chris estaba tan nervioso que las palabras eran incapaces de salir de su boca.

-Eso es porque estoy rodeado de un buen equipo que me cuida y me apoya –consiguió decir sintiendo la necesidad de beberse dos o tres vasos de cerveza. Le temblaba todo. Pocas veces habían hablado de forma tan distendida de sus sentimientos -. Un hombre no se hace solo. Necesita a alguien que esté a su lado pase lo que pase… Y tú has cumplido ese papel a la perfección.

Su móvil empezó a vibrar en la barra. Apartó la mano con desganas de la de Jill y frunció el ceño al ver que le estaba llamando desde la línea de emergencia. ¿Qué podía haber ocurrido?

-Cógelo. Puede ser importante –lo animó su amiga también preocupada. Sí, tenía razón. Como fundadores de la B.S.A.A., debían estar siempre operativos.

-Claro… Lo siento… -¿Por qué se disculpaba? Rayos… ¡Qué complicado era todo! Aceptó la llamada -. Redfield.

-Señor Redfield –la voz de esa mujer le sonaba, pero no lograba identificarla -. Soy Stefani Grey, del departamento de I+D… Ha ocurrido algo muy grave.

-¿Qué ha pasado? –su tono no le gustaba ni un pelo… y lo que menos necesitaban ahora eran problemas. Jill permanecía atenta a la conversación, aunque no sabía de qué estaban hablando.

-Han pirateado nuestro sistema –a Chris casi se le cayó el teléfono al oírlo… Se llevó la mano libre a la cabeza y se rascó el pelo distraídamente. Aquello no le gustaba ni un pelo a Jill -. Todos los datos de nuestros agentes, nuestras operaciones, nuestras cuentas… Todo ha sido saqueado.

-¿Qué? –exclamó apretando el puño con fuerza -. ¿Cómo han podido derribar todos nuestros sistemas de seguridad?

-No lo sabemos aún… Quint Cetcham está haciendo todo lo posible por solucionar el problema. Llamaré a la señorita Valentine para informarla. Es una situación de emergencia.

-No se preocupe… -respondió el moreno echando una rápida mirada a su amiga, que seguía con el gesto serio -. Yo mismo me encargaré de transmitírselo. Vamos para allá.

-¿Es cierto… lo que he oído? ¿Los sistemas…? –preguntó Jill sin dejar de salir de su asombro. Si sus sistemas habían caído, tenían un problema grave con mayúsculas.

Chris asintió en silencio emitiendo un suspiro de resignación. ¿Cómo lo habían conseguido? La B.S.A.A. disponía de uno de los sistemas de seguridad más seguros. Quint se había encargado de probarlo varias veces, y cada cierto tiempo cambiaban las contraseñas para evitar ese tipo de problemas.

Jill sacó la cartera de su bolso, pero Chris le sujetó la mano negando en silencio.

-No sería un caballero si no invito –Jill intentó sonreír, pero su rostro estaba completamente inexpresivo, al igual que el de Chris. Pagaron las consumiciones y cogieron sus coches para volver a la sede de nuevo. Los problemas no terminaban.

Chris y Jill cogieron el ascensor en silencio, sin dirigirse la palabra, cada uno centrado en sus propios pensamientos. Lo que había pasado era una gran putada en toda regla. Jill pulsó el botón de la planta cinco, donde estaba todo el sistema informático del edificio, y las puertas se cerraron poco después. Había poco movimiento a pesar de que a esa hora había bastante personal de noche. Estarían casi todos intentando arreglar la caída del sistema.

Chris miraba de forma ausente a través del cristal, viendo cómo poco a poco ascendían. Desde que la B.S.A.A. se había formado no paraban de enfrentarse a crisis, y eso que pensaba que con la caída de Umbrella sus problemas se verían reducidos considerablemente. Pero día a día surgían nuevas pequeñas Umbrellas que pretendían continuar con el legado que habían dejado.

Y el principal causante de todo seguía en paradero desconocido. Spencer seguía en algún lugar, escondido, librándose de toda la culpa y de los cargos que caerían contra él. Chris tenía la esperanza de llevarlo ante la justicia, tal y como hizo con su querida corporación, pero ese viejo era más listo de lo que se imaginaban.

Las puertas del ascensor se abrieron, y el moreno fue el primero en salir a buen ritmo hacia la sala de control. Era una enorme sala situada en el centro del pasillo llena de monitores que mostraban diferentes datos. Ahora todas estaban como apagadas salvo por unas letras rojas bien grandes con la palabra "Error". Chris abrió la puerta casi de un tirón, y no se sorprendió al comprobar que la mayoría de los que tenían el turno de noche estaban allí.

El ir y venir de agentes era incesante. No había respiro. Jill se situó junto a su compañero. Todos los terminales estaban fuera de servicio. No había nada que hacer. Observaron a un grupo de personas que estaban aglomeradas en la parte trasera. Quint debía estar por allí. Los fundadores se acercaron a buen ritmo y fueron sorteando a todos los que estaban congregados por allí que, al reconocerlos, se echaban a un lado.

Chris fue el primero en llegar. Quint y un par de agentes más movían sin parar los dedos por los teclados de sus ordenadores. Salían muchas letras verdes y rojas que Chris no lograba entender, pero esperaba que la situación se estuviera normalizando.

-¡Quint! –exclamó para llamar la atención de uno de los hombres que había ayudado en la operación de Valkoinen Mokki. Jill y él le habían propuesto ascender, pero lo había rechazado alegando que estaba muy cómodo en su puesto -. ¿Tenemos alguna novedad?

-Capitán Redfield, agente Valentine –se levantó de su asiento saludándolo militarmente. Al ver a Jill hizo otro tanto. Ambos respondieron con el semblante serio -. Estamos haciendo todo lo que podemos. El ataque se ha producido hace menos de quince minutos, pero aún no hemos conseguido ninguna huella de ese capullo… Pero lo haremos –confirmó con una leve sonrisa -. Tenemos a los mejores informáticos aquí presentes. O'Brian estaba de camino. Creí oportuno llamarle en calidad de asesor…

-Hiciste bien, Quint. Gracias.

-Necesitaré los códigos de acceso de uno de los fundadores cuando restaure el sistema.

-Entendido. Avisa cuando lo tengas listo y Jill o yo te los facilitaremos.

-Sí, señor.

Jill seguía cruzada de brazos observando sin demasiadas esperanzas los esfuerzos que hacían sus hombres para recuperar todos los datos que se habían perdido. Casi se mareó al pensarlo: información privada de los agentes, salarios, misiones especiales, mapas de rutas… Estaban metidos en un gran lío.

Eran cerca de las doce cuando O'Brian llegó a la sede de la B.S.A.A. Lo del ataque le había pillado completamente por sorpresa. Imaginaba que pasaría un tiempo hasta que la organización se enfrentara a una nueva amenaza… pero no había pasado ni una semana del incidente con Lansdale y ya estaban de nuevo metidos en faena. Saludó a los de seguridad y pasó el control sin ningún tipo de problema. Caminó hacia el ascensor saludando a más integrantes de la plantilla.

La verdad era que le hubiera gustado despedirse de otra forma, no salpicado por algo que había puesto en peligro la integridad de dos de sus mejores hombres. Chris y Jill le habían insistido muchas veces para que permaneciera en el cargo, pero O'Brian quería tener la conciencia tranquila. Aunque ya no formara parte en las operaciones seguía teniendo voz y voto como fundador.

Pulsó el botón de la octava planta al entrar en el ascensor. Lo más seguro es que Chris y Jill estarían en su despacho hablando sin parar con unos y otros intentando dar explicaciones. O'Brian suspiró cansado. Ahora mismo no le gustaba ni un pelo estar en la piel de ninguno de ellos. No tenían la culpa de nada, por supuesto, pero allí eran la máxima autoridad, y todas las quejas irían a ellos.

El ascensor llegó a la octava planta. Las puertas se abrieron. Todo estaba en silencio a excepción de unas voces que sonaban lejanas, más o menos por el centro del pasillo, donde quedaba el despacho de sus colegas. Conforme se fue acercando distinguió la grave voz de Chris y la serena voz de Jill. Eran tan diferentes y tan iguales al mismo tiempo… O'Brian intuía que entre ellos podría haber algo.

Miró por la ventana. Chris estaba sentado en su silla hablando por el teléfono interno, y Jill estaba hablando por su móvil apoyada cerca de la ventana. Sus gestos eran serios, incluso desesperados. Les habían asestado a todos un gran golpe. Abrió la puerta despacio, sin querer interrumpir. Chris le dedicó una rápida mirada, pero Jill ni se inmutó. De vez en cuando miraba al techo, suspiraba o cambiaba de postura.

-No se preocupe, señor Richardson. Esta noche procuraremos tenerlo todo arreglado… -prometió Chris intentando sonar convincente. Lance Richardson era un hombre de principios, y estaba costando bastante trabajo tranquilizarlo.

-Eso espero… ¡Las pérdidas han sido millonarias! ¡Mañana convocaremos una reunión de emergencia!

-Por supuesto… No lo dude.

Y el tipo colgó sin siquiera despedirse. Chris dejó el auricular en su sitio resoplando. Jill aún seguía en línea con Fred Mayo, otro hueso duro de roer. Apenas hablaba. Se limitaba a escuchar y a poner muecas.

-Vaya nochecita llevamos… -dijo Chris echándose hacia atrás en su asiento -. Gracias por venir, O'Brian. La situación se está descontrolando por momentos…

-Me lo imagino… ¿Estáis tras la pista? -Jill salió de la habitación negando constantemente con la cabeza. Dio un portazo sin ni siquiera mirar atrás -. ¿Con quién está hablando?

-Con Mayo.

O'Brian soltó una carcajada.

-Ese tipo se toma demasiado en serio su trabajo… Aunque todos deberíamos hacerlo. La B.S.A.A. es nuestra responsabilidad.

-No sabemos aún qué ha podido pasar –continuó hablando Chris sin alterar lo más mínimo su gesto -. Quint y el resto del equipo están intentando dar con alguna pista que nos lleve al culpable.

-Quien quiera que haya sido… Es un experto –O'Brian se detuvo unos instantes -. No me preocupa tanto el hecho de que haya pirateado la web como el que hayan conseguido nuestras contraseñas sin más.

-Sí… eso mismo es lo que me estaba preguntando…

En ese momento la puerta volvió a abrirse. Jill entró bastante seria. Parecía enfadada. Dejó su teléfono sobre la mesa y cogió su silla para situarse junto a Chris.

-Hola, O'Brian. Me he quedado sin batería. Se pensará que le he colgado… -comentó la morena encogiéndose de hombros. Miró a Chris -. Me tenía la cabeza como un bombo… ¡Pues no dice que va a hacer todo lo posible para suprimir nuestras acciones!

-En caliente todos decimos cosas que no pensamos… Se le pasará…

-Deberíamos convocar una reunión para mañana –aconsejó O'Brian mirando alternativamente a sus compañeros -. No podemos permitir que vuelva a ocurrir algo semejante.

-Sí… es lo menos que podemos hacer… -asintió Chris algo resignado. No le apetecía nada estar codeándose con tanto chupatintas.

-Deberían revisar también nuestros teléfonos –opinó Jill poniendo las manos sobre la mesa de Chris -. Allí guardamos muchos documentos importantes… y las claves. Sé que están igual de protegidos que nuestros sistemas informáticos… Pero nunca se sabe.

-Le pediré a Quint que los examine mañana –dictaminó Chris estando de acuerdo. Le ponía enfermo la idea de que le hubieran robado el móvil y hubieran cogido todos los datos desde allí.

-¿Estabais aquí cuando ocurrió el ataque? –se interesó O'Brian cambiando de postura en la silla.

-No… -respondió Jill antes de que lo hiciera su amigo -. Estábamos… tomando algo.

Se levantó de la silla y se dirigió hacia su bolso, que estaba su mesa, para simular que buscaba algo. Pero en realidad lo que quería era que no la vieran ponerse colorada. ¡Santo cielo! ¿Qué le pasaba? ¡Ya era una adulta hecha y derecha! Cogió un chicle y se lo metió en la boca para disimular.

-Me quedaré por aquí para echaros un cable por si lo necesitáis –les dijo O'Brian levantándose de su silla -. Voy a ver cómo está la situación en la sala de control.

-Gracias de nuevo, O'Brian –le agradeció Chris levantándose también de su asiento. Le tendió la mano, y su antiguo jefe se la estrechó con una leve sonrisa.

-Sois los mejores. No lo olvidéis. Esto es sólo el principio de los problemas, pero estoy seguro de que conseguiremos salir adelante.

Y abandonó el despacho con las manos metidas en los bolsillos de su abrigo. Jill volvió a colocar su silla en su lugar y se quedó observando la noche de Nueva York desde la ventana. Les esperaba una noche muy larga.


Bueno, bueno... ¡la cosa se está liando cada vez más! Esto, sin duda, constituye un palo gordo para la B.S.A.A., que ahora tendrá otros problemas más graves a los que enfrentarse.

Nicole Redfield: veremos qué ocurre entre Leon y Claire, pero se llevan maravillosamente bien... Aunque veremos si nuestro agente consigue quitarse a cierta asiática de la cabeza... Para Chris, desafortunadamente, los problemas no han hecho más que empezar.

Xaori: Él lo disfruta, así que dejémoslo... mientras pueda. Y efectivamente, Claire no va a perder el tiempo, así que pilla al c$* de su jefe y, venga, ¡a retozarse! No voy a adelantar más :O. La verdad que por la cabeza se me están pasando un montón de ideas, y esto, te lo digo, va a ser una auténtica locura... Ya lo verás.

Stardust4: Muchas gracias por seguir mis historias tan fielmente. De verdad, sin vosotros esto no sería posible. Como ya dije, se me están viniendo a la cabeza un montón de ideas que pueden ser interesantes de explotar, y van a aparecer muchos personajes conocidos que van a dar mucho juego. Pero mientras... ¡toca esperar!

Hasta aquí por esta semana. En la próximo capítulo, Leon intentará conseguir alguna pista sobre la muerte del juez, y tendrá una conversación seria de tú a tú con el Presidente... hasta que los interrumpen! Nos vemos la próxima semana!