¡Hola a todos! ¿Cómo lo lleváis? Espero que genial. Bueno, ya hemos visto que los problemas no han hecho más que empezar, y la B.S.A.A. en fin... le va a tocar sufrir, y mucho. Hoy volvemos con Leon, que nos va a dar claras evidencias de ciertas carencias que rodean a la Casa Blanca y que, a la larga, pueden ser muy importantes. Sin nada más, os dejo el capítulo.


El viaje había durado poco más de una hora, pero Leon estaba agotado. Había llegado algo pasadas de la una, y decidió ir primero al lugar donde había sucedido el crimen. Hunnigan le había puesto al corriente de toda la información que disponían hasta el momento. El Presidente tenía suficiente vigilancia, pero le había pedido expresamente que fuera él quien se encargara de su protección.

Leon sabía que le estaba muy agradecido por haber rescatado a su hija, y confiaba ciegamente en él. Tras pasar los controles pertinentes y entregar su acreditación como agente del Gobierno, le dejaron marchar sin problemas. Cogió un taxi y le dio al conductor la dirección. Hunnigan le había dicho que la policía aún seguía por allí intentando conseguir pistas, así que no llegaba demasiado tarde.

La muerte del juez le había puesto en completa alerta. El siguiente objetivo podía ser cualquier alto cargo, y su trabajo precisamente era evitar que ocurrieran ese tipo de cosas. ¿Quién iba a pensar que iban a atacar a un juez a pleno día, sin testigos? Leon le había echado un vistazo por encima al informe preliminar, y como solía ocurrir la mayoría de las veces, no había nadie que hubiera presenciado el ataque.

Tardaron poco más de quince minutos en llegar desde el aeropuerto hasta Marbel Street, uno de los barrios donde los padres no dejarían a sus hijos solos cuando empezaba a caer la noche. Pagó al taxista, que se quedó al lado de los cordones policiales. Había algunos guardas vigilando y echando a los curiosos. Si había algo que Leon odiaba eran las multitudes deseosas de cotillear y cuchichear sobre el incidente.

Observó cómo el coche se alejaba calle abajo. Había cuatro coches de la policía aparcados haciendo de barricada. Se acercó a los dos policías que estaban junto al cordón policial.

-Buenas noches –saludó el rubio sacando su identificación -. Leon S. Kennedy, agente secreto del Gobierno. Vengo en representación del Presidente. ¿Quién es el responsable de la investigación?

-Es el detective Brown –respondió el tipo que estaba a su izquierda. Se giró un poco y le señaló a un hombre vestido con una camisa blanca y unos pantalones marrones -. Él podrá ponerle al corriente de lo sucedido.

El otro guarda observó su tarjeta y, devolviéndosela, le dejó pasar. Con una leve sonrisa avanzó en silencio observando cada detalle de la calle. El asesinato había ocurrido en un callejón trasero, cerca de un restaurante. El único lugar por el que los asesinos podían haber huido era la calle donde el taxista le había dejado. Era muy extraño que a las nueve de la noche no hubiera caminantes ni coches por allí.

El detective Brown estaba a mitad del callejón, leyendo lo que parecía un informe. Algunos agentes hacían fotografías. Leon observó que había varios rastros de sangre que procedían de la calle de al lado. No quería precipitarse, pero parecía que el juez había ido caminando desde la calle adjunta hasta ese callejón, y allí había encontrado la muerte.

-¿El detective Brown? –le preguntó Leon situándose a su lado. El hombre dejó de observar los papeles que tenía en las manos y le dedicó una rápida mirada -. Soy Leon Kennedy, agente secreto del Gobierno. Vengo de parte del Presidente.

Era decir esas palabras y el gesto de la otra persona cambiaba automáticamente. Esa era una de las pocas cosas buenas que tenía trabajar para el Gobierno. La gente al principio no te tomaba demasiado en cuenta, pero luego te trataban como a un rey. Le tendió la mano y Leon se la estrechó.

-¿Qué puedo hacer por usted, agente Kennedy?

-El señor Lynch era muy amigo del Presidente. Tememos que el próximo ataque pueda ir dirigido contra su persona… Nos sería de gran ayuda que nos facilitara toda la información posible sobre lo sucedido…

El detective se quedó unos instantes en silencio. Algunos policías seguían yendo y viniendo. Algunos recogían muestras, y otros hacían fotografías. Leon permaneció en silencio, esperando. Parecía que no iba a ser tan fácil sonsacarle información… pero tenía que hacer todo lo posible para conseguirlo.

-El señor Lynch fue encontrado muerto en este callejón a eso de las nueve de la noche –comenzó a explicar el detective mientras caminaba. Leon empezó a seguirlo de cerca -. Un vecino avisó a la policía al oír gritos, y poco después algunos agentes se presentaron aquí y confirmaron la muerte del señor Lynch. La hora de la muerte fue aproximadamente a las veinte cuarenta y cinco.

-¿Causa de la muerte?

-El señor Lynch recibió tres puñaladas –se detuvieron a pocos metros de una lona blanca que cubría el cadáver. Leon no pudo evitar mirarlo de reojo -. Dos en la espalda y una en el costado. Parece que lo atacaron por la espalda, y en un intento desesperado por huir, salió corriendo hacia aquí, pero la pérdida de sangre era tal que no hubiera podido durar mucho sin la asistencia oportuna.

-¿Qué se sabe del asesino?

-De momento nada. Estamos analizando algunas muestras, pero quien quiera que fuera, es un profesional. No hemos encontrado armas, restos corporales, ni huellas que nos permitan identificarlo. Todo lo que hemos encontrado hasta el momento pertenece al señor Lynch.

-Entiendo… -asintió Leon de forma distraída. Tal y como sospechaba, la policía tenía una mierda. Y si estaban tratando con un terrorista que pretendía buscarles las cosquillas a las máximas autoridades debían andarse con mucho cuidado. Sacó una tarjeta de su chaqueta marrón y se la entregó al detective -. Llámeme si descubre alguna novedad. El Presidente quiere que este asunto se resuelva cuanto antes.

-Por supuesto. Cuente con ello.

Volvieron a estrecharse la mano y Leon se marchó a paso lento no sin antes echarle un último vistazo al bulto tapado. Todos los días morían personas inocentes, y le ponía furioso no poder hacer nada para evitarlo. Pero ahora sabía que una nueva amenaza acechaba, y que la seguridad del Presidente era su máxima prioridad en ese momento. Sin más, volvió a cruzar el cordón policial y caminó en silencio por la calle buscando otro taxi que lo condujera a la Casa Blanca.

Las dos de la mañana. Leon a esa hora estaría ya en el quinto sueño, pero esa noche era completamente diferente. Los miembros de seguridad le dejaron pasar en cuanto lo vieron. Ni se molestaron en mirarle la documentación ni nada. Se detuvo poco después de cruzar el arco de seguridad; esos tipos debían mantenerse en constante alerta ante lo que había pasado… y ni siquiera se molestaban en mirar un papelito.

Pero decidió seguir adelante. Ya hablaría con el Presidente para recomendarle que endureciera las medidas de seguridad. Vale que lo conocían y sabían por el tiempo que llevaba allí trabajando que no iba a hacer nada peligroso… ¿Pero quién sabía? Había muchos locos por ahí sueltos.

Las primeras visitas a la Casa Blanca lo habían impresionado bastante, porque era un edificio tan grande y con tantas habitaciones que perderse allí era muy fácil. Ya estaba tan acostumbrado que era capaz de realizar el recorrido con los ojos cerrados. Cogió el ascensor e introdujo su tarjeta de visita en una ranura. Con ello iría directamente al pasillo donde se encontraba el despacho del Presidente. Leon se apoyó contra la pared en el momento en el que comenzó al ascenso. Se cruzó de brazos. No sabía por qué, pero presentía que detrás del asesinato había algo más retorcido, más preocupante.

Su móvil vibró en el bolsillo de su chaqueta. Lo cogió y comprobó que era un mensaje de Claire.

Espero que hayas llegado sano y salvo a Washington. Mis compañeros me han invitado a unas copas… ¡y aquí seguimos!

Leon sonrió. Vaya… Desde luego que a la pelirroja no se le escapaba una. Era tan diferente a su hermano que a veces dudaba de que tuvieran algún tipo de relación. En las pocas tomas de contacto que había tenido con el fundador de la B.S.A.A. le había parecido un tipo serio y con el que era mejor no meterse en líos. Claire lo adoraba, y eso era suficiente para Leon. Su amiga le había contado todo lo que había hecho por ella cuando eran niños y adolescentes, y no podía dejar de asombrarse por ello.

La vida no había tratado demasiado bien a los Redfield, pero parecía que la situación estaba cambiando un poco.

Todo perfecto. ¡Diviértete y bebe con moderación! Te mantendré al tanto de nuestra próxima quedada.

Guardó su teléfono en el bolsillo negando en silencio. Mujeres… Las puertas se abrieron. Leon avanzó hacia la izquierda y allí, justo enfrente, estaba la puerta que daba al despacho del Presidente Graham. La puerta estaba entreabierta. Se detuvo, suspiró y pegó. La respuesta no se hizo esperar.

-Adelante –anunció la voz apagada del Presidente. Leon giró el pomo y abrió la puerta por completo.

Ante él había una enorme mesa de madera. Detrás estaba el Presidente custodiando los cuadros de los Presidentes anteriores, y a la derecha y a la izquierda había estaban las banderas de los Estados Unidos. Desde las ventanas se podía ver una parte de Washington, aunque de noche era casi imposible distinguir nada.

-Gracias por acudir a mi llamada tan pronto, agente Kennedy –lo saludó el Presidente levantándose y saliendo a su encuentro. Le estrechó la mano con brío y le pasó el brazo por los hombros -. Siéntese. Tenemos mucho que comentar…

Leon asintió en silencio y se sentó en una de las sillas que estaba enfrente de la del Presidente. Leon le echó un rápido vistazo: su rostro denotaba una preocupación extrema. Tenía unas marcadas ojeras, y su tono de voz tampoco era demasiado alentador. Llevaba una camisa blanca con una corbata gris y unos pantalones a juego. Muy informal para como solía ir. Se notaba que había tenido que acudir allí por una emergencia.

-¿Cómo están la señora Graham y Ashley? –se interesó Leon sin poder evitar acordarse de su misión en España, de cómo la hija del Presidente le había tirado los tejos cuando emprendían el camino de vuelta. Leon había decidido no comentar nada al respecto; no era ningún chivato.

-No les he comentado nada de lo sucedido. Simplemente les he dicho que mi jefe de seguridad me había llamado porque le había parecido ver algo sospechoso por las cámaras… No quiero alarmarlas tan pronto…

-Entiendo… -Leon asintió distraído -. Siento mucho lo del señor Lynch… Era un buen hombre…

-No podemos parar hasta encontrar al culpable… ¡El siguiente podía ser uno de nosotros! –exclamó el Presidente alzando la voz. Desde luego que estaba histérico, casi al punto del pánico -. ¿Ha hablado con la policía?

-Me he personado en el lugar de los hechos –le explicó agente apoyando los brazos en el respaldo de la silla -. De momento no hay mucha información. Creen que el señor Lynch fue atacado un par de calles antes de donde lo encontraron muerto. Tenía heridas de arma blanca en la espalda y el costado…

-¿Y no hay testigos?

-Nadie parece haber visto nada, señor. La policía está haciendo todo lo posible por recopilar pistas y sacar conclusiones más claras sobre este asunto.

-Bien, en ese caso hablaré con el personal de seguridad para aumentar los protocolos. No podemos permitir que esos terroristas sigan aterrorizando a la población…

-Por supuesto, señor. De eso precisamente…

El teléfono interno empezó a sonar. Leon frunció el ceño. Qué extraño. ¿Sería la policía que tenía novedades sobre el asesinato? Esperaba que fuera eso, porque no tenía cuerpo para más problemas. El viaje, lo que no era el viaje, y la preocupación por el asesinato estaban acabando con él.

-Disculpe, agente Kennedy. Debo atender esa llamada.

-No tiene ni qué disculparse.

El Presidente se llevó el auricular a la oreja. Leon aprovechó para levantarse y estirar un poco las piernas. Y pensar que hace unas horas estaba tan tranquilo disfrutando de una buena sesión de sexo… Cómo podían cambiar las cosas de un momento para otro.

-Señor Graham –era su secretaria. Esperaba que le diera alguna buena noticia, para variar -. El jefe del personal de seguridad quiere hablar con usted. Dice que es muy urgente.

-Adelante…

El Presidente permaneció a la espera unos segundos hasta que instantes después su jefe de seguridad empezó a hablar al otro lado. Leon caminó distraídamente hacia la puerta, observando un jarrón blanco que había cerca de la entrada. Nunca se había fijado en él hasta ahora.

-¿Qué? ¿Cuándo? –exclamó el señor Graham con los dientes apretados y levantándose de su asiento. Dio un puñetazo en la mesa y gritó -. ¡Me importa una mierda quiénes sean! –Leon arqueó una ceja sorprendido. ¿Desde cuándo había oído al Presidente hablar así? Algo muy malo estaba pasando -. Arréglenlo de inmediato…

El agente decidió sentarse de nuevo. Observó el rostro de su jefe, que se estaba empezando a poner rojo. Tenía pinta de ser un problema muy gordo… y eso era precisamente lo que tenían que evitar. Leon se pasó una mano por el flequillo sin poder evitar pensar en la racha que llevaba.

-¡Ahora mismo voy a hablar con ellos! ¡Manténgame informado! –y el Presidente colgó el teléfono con rabia, con los dientes apretados y la cara completamente roja. Respiraba con dificultad. Se tomó unos instantes para centrarse en Leon, que seguía esperando una respuesta -. Esto es de locos…

-¿Qué ha ocurrido, señor? –se aventuró a preguntar el rubio sin saber muy bien cómo iba a reaccionar su superior. Lo que estaba pasando no tenía buena pinta en absoluto. Se quedó en silencio, como si estuviera meditando lo que iba a decir, hasta que finalmente habló.

-La B.S.A.A. ha pirateado nuestro sistema…

-¿Qué? –ahora le tocó exclamar a Leon. Creía no haber entendido bien. Se levantó de su asiento completamente sorprendido -. ¿La B.S.A.A.?

-Sí… No sé qué demonios pretenden, pero si quieren cabrearme, lo han conseguido… ¿A qué viene ese juego? ¡Les damos confianza, nuestro apoyo… y nos la juegan así! ¡Esto es inaceptable!

Leon seguía sin saber qué decir, pero lo único que tenía claro es que debía tratarse de un error. Si había alguien que siempre estaba velando por la seguridad y el cumplimiento de las normas era Chris Redfield, y ni qué decir que todos los fundadores de esa organización eran personas competentes y respetadas en todo el mundo. ¿Y por qué cojones iba a cometer un delito por el que le podía caer la perpetua? Había algo que no encajaba.

-Señor… con el debido respeto… -consiguió decir cuando más o menos se había recuperado de la impresión -. Creo que aquí está pasando… algo extraño. Conozco a esa gente, y sería en los últimos en los que pensaría como culpables…

-¿Algo extraño? –repitió el Presidente Graham con un tono seco. Se levantó también de su asiento apretando los puños -. ¡Voy a disolver la organización! ¡Están cometiendo un delito contra mi persona y el país! ¡Por el amor de Dios! –se detuvo unos instantes y se quedó boquiabierto. Se dio una palmada en la frente; había empezado a atar cabos -. Ellos han matado al señor Lynch… Está clarísimo.

-Señor… Tranquilícese… -Leon no sabía cómo afrontar este asunto, porque creía ciegamente en que la B.S.A.A. no tenía nada que ver con ese ataque. Tenía que hacer algo antes de que la situación continuara desmadrándose -. Tengo contactos en la B.S.A.A. que me podrían informar sobre ese ataque… Estoy seguro de que si me deja hacer una llamada puedo arreglar en unos minutos esta situación.

Tenía que hablar con Redfield de inmediato. Daba igual que fueran las dos y pico de la mañana. Si la B.S.A.A. estaba siendo atacada lo más seguro era que estuviera en la sede arreglando los desperfectos y apoyando a su equipo. El Presidente seguía dudando. Respiraba entrecortadamente. Si su equipo no conseguía recuperar el control, todos los datos referentes a la Casa Blanca, proyectos, misiones, cuentas bancarias… Todo quedaría al descubierto.

El Presidente volvió a tomar asiento llevándose las manos a la cabeza. ¡Esto no podía estar pasando! Leon se quedó con su teléfono en la mano, a la espera de que el Presidente lo autorizara a hacer la llamada. A veces el señor Graham era desesperante por muy buenas que fueran sus intenciones. Pasaron unos segundos, y todo seguía en silencio.

-Señor… Déjeme hacer esa llamada… Estará haciendo lo correcto.

El Presidente le dirigió la mirada en esta ocasión. Lo observó fijamente, como si estuviera intentando leer su mente, su propósito. Leon lo tenía claro: si no accedía por las buenas ya se encargaría él de ponerse en contacto con Chris en cuanto abandonara el despacho. Más silencio. Leon se estaba desesperando…

-De acuerdo. Haga esa maldita llamada… ¡Y espero respuestas convincentes!

Leon no pudo evitar sonreír. ¡Por fin estaba actuando del modo correcto! Abandonó la habitación antes de que el Presidente cambiara la opinión. Cerró la puerta del despacho y se alejó unos pasos para que absolutamente nadie pudiera interrumpirle. Localizó el teléfono de Chris y realizó la llamada. Cerró los ojos. Lo único que esperaba de corazón era que la B.S.A.A. no tuviera nada que ver en el asunto.

Pasaron tres o cuatro tonos hasta que respondieron al otro lado.

-Kennedy… -sin duda era Redfield -. No sé a qué debo el honor de tu llamada, pero me pillas en un mal momento.

Tal y como suponía, la B.S.A.A. estaba en problemas.

-Chris… Necesito que me atiendas en par de minutos. Hay algunas cosas que quiero comentar contigo en referencia a un ataque informático que…

-¿Cómo te has enterado que la B.S.A.A. ha sido atacada? –le interrumpió el moreno al otro lado de la línea muy incómodo. Aunque el sistema ya casi estaba recuperado, habían perdido todos los datos, y todos los empleados habían tenido que dar de baja sus cuentas bancarias. Leon se quedó unos instantes en silencio.

Lo sabía…

-Porque tu organización ha quebrantado los sistemas de seguridad del Presidente –respondió el agente apoyándose contra la pared. Suspiró cansado. ¿Cómo podían ocurrir tantos problemas seguidos?

-¿Qué? –exclamó Chris al otro lado completamente atónito -. ¡Nosotros jamás haríamos algo así! ¡Leon! ¡Tú lo sabes!

-Sí, Chris, tranquilo…

-Joder…

-Estoy intentando convencer al Presidente de que vosotros no tenéis nada que ver, pero la persona que ha entrado en vuestro sistema ha utilizado vuestra identidad para inmiscuirse en la Casa Blanca…

-Estamos en un buen lío… Ya tenemos casi todo el sistema recuperado, pero lo hemos perdido todo…

-Dios, qué putada… Si hay algo que pueda hacer por vosotros…

-No, de momento no las estamos apañando con el personal que tenemos. Toda nuestra información anda por ahí, en alguna parte, en manos de algún terrorista que tiene ganas que aguarnos la fiesta… No va a ser fácil recuperar el control.

-Mantenme informado si ocurre cualquier novedad.

-Lo haré…

-Oye, ¿te has enterado del asesinato de Samuel Lynch?

-No he tenido ni tiempo de leer las noticias… ¿Qué ha pasado?

-Alguien ha decidido dar un toque de atención al Presidente. El señor Lynch era uno de los jueces más respetados y reputados del Senado… Tenía una gran amistad con el Presidente. Estamos intentando averiguar qué es lo que ha podido ocurrir, aunque… -se detuvo unos instantes cambiando de postura-. Todo lo que está pasando me hace pensar que hay un denominador común.

-¿Tú crees? ¿Qué tiene que ver el juez con el ataque a la B.S.A.A. y a la Casa Blanca?

-No lo sé, pero espero averiguarlo pronto…

-Leon, debo colgar –le interrumpió Chris viendo cómo le reclamaban desde la sala de control -. Disculpa al Presidente de nuestra parte aunque no hemos tenido nada que ver con ese ataque.

-No te preocupes, le haré entrar en razón.

Y la llamada se cortó. Leon se quedó unos instantes en el mismo lugar, procesando toda la información que Chris le había proporcionado. Seguía muy convencido de que allí había un denominador común. ¿Pero quién? ¿Cómo? Tenía pinta de que algún grupo terrorista estaba detrás de todo eso, pero hasta que no tuviera más pistas no podía sacar una conclusión clara.

Decidió volver al despacho. Debía hablar con el Presidente para ponerle al corriente de lo que había descubierto. El Presidente Graham siempre se había caracterizado por su silencio en asuntos peliagudos, pero ese silencio presidencial no podía durar eternamente. Había que llegar al final del asunto pasara lo que pasase.


Pero, pero, ¿la B.S.A.A. infiltrándose en la Casa Blanca? ¿Esto que eeeees? Si es que los pobres no ganan para disgustos. Los están puteando pero bien.

Xaori: detrás de los ataques tiene que haber alguien muy bueno, porque como dices, superar esos sistemas de seguridad... No es nada fácil... O bien es alguien que está dentro, o un jodido hacker que prefiere estar en el anonimato ayudando desinteresadamente al mal... ¿Quién sabe? O'Brian va a tener papel importante en las decisiones, ya que aunque ya no es director es uno de los fundadores, y sus decisiones son igual de importantes. Además, creo que es un buen apoyo para Chris y Jill, que están ahora mismo dando palos de ciego. En cuanto a Neil... mmm... puede que pronto sepamos algo. Claire... qué mal gusto tienes jajaja

Nicole Redfield: Pues sí, la verdad. El pobre entre una cosa y otra no gana para disgustos... Ahora mismo parece bastante difícil que puedan solventar los problemas que tienen, pero bueno, ya sabemos que Chris tiene una voluntad de hierro, y que hará todo lo posible por encontrar al culpable cueste lo que cueste.

Stardust4: Para una vez que se iba a lanzar... ¡Maldito hacker! Y créeme, como ya has visto, esto es sólo el comienzo de lo que está por venir, porque la cosa se va a complicar... y mucho.

Queridos lectores, esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado el capítulo. La semana que viene será como una especie de flashback de algo que ocurrió días antes del ataque. Ese capítulo la verdad que me gusta bastante, y creo que a vosotros os gustará también. Habrá sorpresas :O ¡Hasta la próxima!