¡Buenos y lluviosos días! Aquí os dejo el siguiente capítulo, que, desde mi punto de vista, es bastante bueno. Me gusta. Espero que a vosotros también. Se me ha ido un poco la mano con la extensión, aunque creo que lo agradeceréis. Estad atentos a todos los detalles, porque quizá os puedan dar pistas. ¡Disfrutadlo!
El edificio de la B.S.A.A. se había puesto de gala para la ocasión. Limusinas, luces, cócteles, aperitivos, invitados de todo el mundo… Todo estaba preparado para celebrar la caída de Veltro y honrar a dos de sus héroes. Pero Chris aún seguía esperando el aviso de Jill. Había quedado en recogerlo a eso de las ocho y media, y ya eran casi las nueve menos cuarto. Negó en silencio sonriendo. Mujeres… La cena y la ceremonia empezaban a eso de las nueve y media, pero era mejor ir con tiempo para coger un buen sitio.
Claire se había ido hacía más de media hora con Fisher. Había también algunos invitados de Terrasave; la B.S.A.A. quería formalizar su relación con esa pequeña organización que había surgido para luchar contra el bioterrorismo, y todos los fundadores habían estado de acuerdo en contribuir firmando un acuerdo de asesoramiento y financiación.
Su hermana estaría muy contenta con el trato, y eso les ayudaría a estrechar aún más la relación que los unía. La B.S.A.A. necesitaba expandirse, y qué mejor que colaborar con una organización que iba en la misma dirección que ellos. Chris miró por la ventana de su apartamento de forma distraída. Aún no había señal de Jill. Miró su teléfono. Ninguna llamada ni ningún mensaje. Empezaba a ser desesperante.
Se ajustó un poco más la corbata. Estaba empezando a tener un poco de calor. Eso de ir de etiqueta no era lo suyo, pero hoy era lo que tocaba. ¡Demonios! ¡Cómo odiaba las cenas con gente que le importaba una mierda lo que pasara a su alrededor mientras se llenara el bolsillo de dinero! Pero bueno, se lo tomaría como una cena para estar con los amigos y celebrar la caída de Veltro.
Estaba convencido de que O'Brian había movido todos los hilos para que celebraran esa cena a pesar de que ya no iba a ser más el director de la B.S.A.A. Su dimisión le había pillado en parte por sorpresa, pero él quizá habría hecho lo mismo si un hecho tan importante le hubiera salpicado de tal forma. O'Brian les había puesto en peligro por haber ocultado la verdad sobre Lansdale, y eso iba a costar mucho arreglarlo.
Su móvil vibró en la mesa. Se acercó, lo cogió y comprobó que era un mensaje de Jill.
Te espero abajo. Ma faute.
No pudo evitar sonreír. Aún no acababa de acostumbrarse a las expresiones francesas de Jill, pero ya le iba pillando el truco un poco. Su padre era francés, y su compañera le había contado que siempre hablaba con él en francés para no perder la práctica. Algo muy admirable, la verdad.
Chris cogió la chaqueta negra que estaba sobre la silla y comprobó antes de salir que lo llevaba todo: cartera, teléfono y llaves de la casa, lo más importante. Cogió el ascensor y salió al exterior donde soplaba una suave brisa primaveral sin ser demasiado desagradable. El coche de Jill estaba aparcado en la otra acera, con las luces intermitentes encendidas. Miraba en su dirección.
Cruzó la calle echando un vistazo de un lado a otro. No había tráfico a esa hora por su calle, lo cual era bastante extraño. Se acercó a la puerta del asiento del copiloto, y al abrir la puerta no pudo evitar quedarse boquiabierto. Jill estaba espectacular. Llevaba un vestido verde que le llegaba hasta las rodillas y que dejaba en muy buen lugar a su escote. Chris tragó saliva con dificultad… Se estaba excitando muchísimo.
-Vaya… Me has dejado sin palabras… Estás… -logró decir el moreno cuando más o menos recuperó el habla. Su compañera sonrió un poco. Iba un poco maquillada, lo que le daba un aspecto mucho más formal y bello.
-Gracias, Chris. Tampoco se ve a un modelo de pasarela todos los días –bromeó poniendo en marcha su coche. Chris rió.
-¿Modelo de pasarela? Es lo más extraño que me han dicho nunca…
-Tú también estás muy guapo… -dijo Jill girando a la izquierda en la siguiente calle -. Hoy voy a poner a prueba mi teoría.
Chris frunció el ceño.
-¿Tu teoría?
-Voy a comprobar si tu hermana es la única que no se queda babeando cuando pasas por su lado.
Chris no pudo evitar reírse al escucharla. Sabía que su amiga hacía esos comentarios sin ninguna clase de maldad, pero había veces que se pasaba un poquito. Él sabía de sobra que la mayoría de las tías se le quedaban mirando cuando estaba cerca, pero tampoco era que fueran detrás como perritos falderos.
-Oye, lo siento si me pongo muy pesada –se disculpó Jill mientras el coche se detenía ante una señal de stop. Miró a un lado y a otro. Esperó y cuando no venía nadie, aceleró -. No me gustaría que lo pasaras mal por ninguna tía. Te aprecio demasiado como para verte sufrir.
Chris la miró de reojo sin saber muy bien qué responder a aquello. Jill se había puesto un poco colorada. Carraspeó un poco y volvió a centrar su atención en la carretera. Se quedó mirándola un poco más. ¿Pero qué le pasaba? Habían pasado muchísimas cosas juntos, siempre habían estado uno al lado del otro, cubriéndose las espaldas… y no podía evitar tener la sensación de que su corazón quería algo más… algo que parecía inalcanzable.
-El sentimiento es mutuo… No me gusta ver sufrir a mis amigos –consiguió responder aunque sin demasiado convicción.
¿El sentimiento es mutuo? ¿Pero qué mierda es ésa, Redfield?
Su compañera sonrió ligeramente quitándose un mechón de pelo de la cara. Era una suerte que la noche estuviera tan apetecible. Si hubiera hecho demasiado frío, viento o lluvia la velada hubiera tenido que acortarse. La comida y la ceremonia iban a ser dentro del edificio, pero la recepción y demás se iba a celebrar en el exterior, ante cientos de fotógrafos y la prensa local y nacional.
Cómo odiaba Jill toda aquella parafernalia. Lo suyo era que la dejaran trabajar y punto. Demasiado con que había accedido a que reconocieran su labor en Terragrigia delante de todos los presentes. Pero bueno, iban a estar todos los fundadores y directores de otras organizaciones con las que tenían algún tipo de relación, así que no podía hacer quedar mal a la B.S.A.A.
Chris se había quedado muy callado de pronto. No sabía si su broma le había sentado mal. Sabía que siempre estaba dándole la tabarra con ese tema… Pero es que no podía evitar sentirse un poco… celosa. Veía muchas veces cómo chicas caían rendidas a los pies de su amigo con facilidad y accedían a todos sus caprichos. Entre ellos no había secretos, aunque la verdad era que Jill se moría por hablar abiertamente de ciertos temas que sabía que no llegarían a ningún puerto.
La vida era así. El trabajo no permitía tener una vida serena y tranquila, donde tus únicas preocupaciones serían la casa, los amigos y la familia. No, aquí lo principal era tu vida, estar arriesgándola constantemente. Y no todo el mundo estaba dispuesto a rodearse de alguien que estuviera las veinticuatro horas del día sacrificándose por el bioterrorismo.
Pero bueno, ella sabía a lo que se enfrentaba desde el momento en el que aceptó el trabajo, y decidió dejar a un lado su vida por el bienestar del mundo. Ya estaban llegando a la sede de la B.S.A.A. Había algunos coches parados.
-Me encanta… Cola hasta para ir a la oficina… ¿Hasta dónde vamos a llegar? –bromeó deteniendo su Ford detrás de un coche rojo. Chris sonrió mirando distraídamente por la ventana.
-Eso es porque nos están preparando un recibimiento de cojones.
Esta vez le tocó a Jill sonreír. Dios, ¿por qué siempre que estaban de buen humor había algo que lo estropeaba? Segundos después llegaron a la entrada. Un aparcacoches se acercó a la ventanilla del conductor. Jill se quedó sorprendida. Pues sí que habían montado la fiesta por todo lo alto. Bajó el cristal con las manos aún puestas en el volante.
-Buenas noches, señorita Valentine –eso lo sorprendió aún más. ¡Si hasta sabía quién era! Aunque bueno, no habían parado de salir en las noticias en las últimas horas -. Si me permite puedo aparcarle su vehículo.
Tardó unos segundos en reaccionar por la sorpresa.
-Sí, claro. Un momento… -miró a Chris -. ¿Podrías acercarme los zapatos que están bajo tu asiento? No me pegan nada los tenis con el vestido.
Su compañero asintió divertido y buscó a tientas los zapatos hasta que rozó con la yema de los dedos uno de ellos. Jill se quitó el cinturón y cogió de la parte trasera su bolso. Miró por el retrovisor. Estaba formando una cola monumental, pero no le importaba. Estas cosas nunca empezaban a su hora afortunadamente. Chris la observó arqueando una ceja mientras se quitaba los tenis y se ponía unos zapatos negros que iban a juego con el bolso que tenía entre las piernas.
-De verdad… Eres increíble… Creo que eres de las pocas que prefiere ir sencilla antes que muerta.
Jill rio al entender la vuelta que le había dado al refrán.
-La comodidad… Es lo primero de todo… -respondió abrochándose el zapato derecho. Tenían bastante tacón, pero esperaba aguantar un rato más con ellos. Llevaba en el bolso otros de repuesto por si acaso. Se terminó de ajustar el izquierdo y ya estaba preparada -. Lista. ¡Vamos a liarla!
Salieron a la agradable noche. Jill le pasó las llaves al aparcacoches.
-Gracias. Que pasen una buena noche –se despidió el tipo tocándose ligeramente la gorra antes de meterse en el coche.
Jill pasó por delante y se situó junto a Chris. Ambos observaron cómo el vehículo se alejaba hasta que lo perdieron de vista.
-Es simpático… -comentó la ex miembro de S.T.A.R.S. con una sonrisa en el rostro. Chris negó en silencio. De pronto, los periodistas, al ver que estaban en la entrada, empezaron a acercarse en tropel -. Oh, oh… Demasiado tarde.
Cientos de flashes empezaron a cegarles. Intentaron mantener la compostura, pero tanta luz era desconcertante.
-¡Eh! ¡Un poco de respeto! ¡Qué acaban de llegar! –oyeron una voz familiar que se acercaba a ellos.
Chris vio a O'Brian abrirse paso entre los periodistas. Iba vestido con un traje gris que le daba un aspecto muy formal. Hasta se había peinado un poco y todo. Chris agarró a su compañera del brazo y consiguieron reunirse con el antiguo director de la B.S.A.A. esquivando a los periodistas que se habían acercado para tener una instantánea de ellos.
-¿Cómo estáis? –les preguntó O'Brian teniendo primero la mano a Jill y por encima del sonido de los flashes de las cámaras.
-Genial. Sienta muy bien estar de vuelta –respondió Chris cuando le tocó su turno. Desde que habían vuelto de Europa no habían pisado la oficina. El informe lo habían enviado por correo electrónico, y les habían dado un par de días libres para que descansaran.
-Ya estamos casi todos… -anunció Clive abriéndoles paso entre los periodistas que seguían haciendo fotos -. Vayamos a la puerta para que puedan hacer dos o tres fotos en condiciones y entramos.
Esta vez fue Jill la que se agarró al brazo de su compañero. Se abrieron paso entre la multitud y se detuvieron en la entrada, donde los flashes continuaban cegándolos y saltando sin parar. O'Brian se apartó un poco para que los periodistas pudieran centrar su atención en Chris y Jill, que posaban ante las cámaras intentando poner buena cara, aunque él sabía que odiaban todo aquello.
Chris le pasó un brazo por los hombros a Jill, y ésta le pasó el brazo por la cintura. ¿Qué demonios estaba pasando? Ese contacto, esa cercanía… Si seguían mucho tiempo así no iba a ser responsable de sus actos. Les tomaron unas cuantas fotos hasta que O'Brian se interpuso en el camino de los periodistas.
-¡Vale! ¡Es suficiente! Dejemos a los chicos disfrutar –apartó a unos cuantos que intentaban colarse en el interior del edificio.
-¡Señor O'Brian! ¿Qué hace ahora que no colabora con la B.S.A.A.?
-¡Señor Redfield! ¡Señorita Valentine! ¿Esperaban la dimisión del señor O'Brian?
Un guarda de seguridad les abrió la puerta al verlos. Chris y Jill entraron rápidamente seguidos de O'Brian. Los periodistas seguían en la puerta tomando fotos e intentando conseguir alguna declaración, pero de allí no iba a salir nada.
-Qué pesados… Llevan haciéndome la misma pregunta desde el lunes –se quejó O'Brian quitándose la chaqueta gris que llevaba.
-Será mejor que nos alejemos de aquí –aconsejó Chris sintiendo la misma necesidad de quitarse su chaqueta -. No quiero ser la comidilla de esta gente.
La entrada estaba decorada con luces de colores y adornos. Hasta había un enorme cartel en el que se podía leer: "La verdad de Terragrigia al descubierto. Nuestros héroes vuelven a hacerlo". Chris no pudo evitar al sonreír al leerlo, y de pronto, una ola de aplausos inundó la gran sala de recepción. La mayoría de los asistentes estaban allí, aplaudiéndoles mientras caminaban con lentitud.
-¡La B.S.A.A. no sería lo mismo sin vosotros! –exclamó una voz de mujer desde el fondo.
-¡Los que derrotaron a Umbrella vuelven a la carga! –le acompañó otro hombre que llevaba una copa de champán en la mano.
Nuevos aplausos. Jill no sabía dónde mirar, y Chris se estaba empezando a sentir un poco incómodo. Tanta efusividad y tanto recibimiento no iban con él. Había muchos que no conocían, e imaginaban que serían de Terrasave. Chris buscó con la mirada su hermana, pero no la vio por ninguna parte. Tendría que estar por allí con su jefe. Algunos de los fundadores se empezaron a acercar. Menos mal. Un poco de tranquilidad.
-Redfield, Valentine. Un placer verles –les saludó Justin Rogers, uno de los doce. No habían coincidido muchas veces, pero las suficientes para hacerles ver el respeto mutuo que se procesaban. Rogers siempre estaba buscando terroristas y lugares donde se vendiera armamento ilegal -. Deberían tomarse unas vacaciones. Tanto trabajar no puede ser bueno.
-No suena nada mal… Pero que ese lugar no sea ni un crucero ni haya agua, por favor –bromeó Jill mientras le estrechaba la mano. Justin sonrió, y Chris no pudo evitar reírse. Habían sufrido lo suyo en el Zenobia, sí… Él tampoco quería saber nada de cruceros y agua durante un tiempo.
Continuaron saludando a los otros fundadores y algún que otro invitado de algunas de las organizaciones con las que colaboraban. Algunos se presentaban como trabajadores de Terrasave, pero no había rastro ni de su jefe ni de Claire. Chris se alejó un poco de la zona donde estaban hablando los fundadores y sacó su teléfono y su cartera de su chaqueta. Se lo guardó todo en el pantalón y se acercó al guardarropas improvisado que habían colocado casi a la entrada.
Dejó allí su chaqueta y le dieron un recibo que guardó en su cartera. Suspiró aliviado. Eso era otra cosa. Con la camisa blanca y la corbata tampoco estaba tan mal. Se observó en una ventana que daba al exterior. Se aplastó un poco más el pelo. Se había acostumbrado a tenerlo corto, aunque la verdad es que echaba de menos poder jugar con él a su antojo.
-Quién te ha visto y quién te ve… -escuchó una voz femenina a su espalda. A través del reflejo vio que quién le hablaba era su hermana -. ¡Estás guapísimo!
Se giró con una amplia sonrisa y abrazó a la mujer más importante de su vida, la que de vez en cuando le daba algún que otro quebradero de cabeza pero a la que adoraba con todo su ser. Se fundieron en un intenso abrazo. Hacía casi una semana que no se veían, y a veces las esperas se hacían demasiado largas para Chris. Se apartaron un poco sin dejar de sonreír.
-Voy a tener que andarme con ojo… Hay mucho tiparraco suelto por aquí, y mi hermana es un bocado bastante apetitoso –bromeó Chris dándole una palmada amistosa en la mejilla a la pelirroja. Ésta rió dándole un puñetazo en el hombro.
-Tendrías que estar más pendiente de lo tuyo… -murmuró con tono misterioso lanzando una rápida mirada hacia un grupo de hombres que hablaban con una mujer que llevaba un vestido verde -. Esos tiparracos, como los has llamado, no pierden el tiempo…
Y Chris comprendió que se refería a Jill. Estaba hablando con algunos miembros de la B.S.A.A. Todos le prestaban atención, y parecía estar diciendo algo divertido, porque todos se partían el pecho. Una sensación que no tenía nada que ver con el calor empezó a aflorar en su interior.
-Ven, voy a presentarte a Neil… -le interrumpió su hermana cogiéndolo de la mano y guiándolo por toda la sala. No debía quedar mucho para que abrieran la sala de conferencias, donde se iba a celebrar la ceremonia.
-¿Neil? ¿Quién es Neil? –preguntó frunciendo el ceño. ¿Claire tenía un novio nuevo y no se había enterado hasta ahora?
-Mi jefe… -contestó sonrojándose ligeramente.
Si tú supieras, hermanito…
Neil y ella se conocían desde hacía más de un año, desde que se empezó a fundar Terrasave gracias al apoyo del Gobierno de los Estados Unidos, que había donado una generosa cantidad para que la organización se encargara de proporcionar soporte moral y humanitario a las zonas que habían sido atacadas por el bioterrorismo. De momento, habían intervenido con gran éxito en el pánico de Terragrigia. Habían conseguido proteger y poner a salvo a los pocos supervivientes que habían quedado.
Se acercaron a un hombre con el pelo castaño que tenía una copa de champán en la mano. Iba vestido con una camisa vaquera y unos pantalones negros. Tenía barba de varios días, y un reloj que debía haberle costado una pasta. Sin saber por qué, a Chris no le dio buenas sensaciones ese tipo… y eso que ni siquiera sabía quién era.
-¡Neil! –lo llamó Claire. El aludido se dio la vuelta y le sonrió -. Deberías estar haciendo amigos en vez de aislarte.
-Vamos, Claire – le pasó el brazo por los hombros divertido. Claire soltó una carcajada y ni se atrevió a mirar a su hermano -. La noche es joven. Estoy seguro de que estos chicos de la B.S.A.A. no nos han invitado para hacernos perder el tiempo…
-Hablando de perder el tiempo… -murmuró Chris soltándose con delicadeza del brazo de su hermana.
-Oye… ¿No me digas que éste es el gran Chris Redfield? –le preguntó Neil sorprendido al darse cuenta del parecido de Claire con el hombre que la acompañaba.
-Neil Fisher, te presento a Chris Redfield, que, además de ser el mejor hermano del mundo, es uno de los fundadores de la B.S.A.A.
Chris no pudo evitar sonreír al oír a la pelirroja mientras le estrechaba la mano a su jefe.
-Encantado de conocerle al fin, señor Redfield –lo saludó Neil intentando ser cordial. Ante todo, había que mantener la compostura y la serenidad -. Sus hazañas nos han inspirado a muchos en la lucha contra el bioterrorismo.
-Eso espero, señor Fisher. La B.S.A.A. siempre está dispuesta a derrotar a cualquier amenaza que ponga en peligro el bienestar del mundo.
-¡Eh, Jill! –exclamó Claire a su lado antes de perderse de vista.
Chris miró hacia otro lado y suspiró aliviado. No le apetecía nada tratar con un tipo tan enigmático como ese Fisher. Había algo en él que no le terminaba de cuadrar: ¿sus buenos modales? ¿Su seguridad? ¿El hecho de que parecía querer cepillarse a su hermana? Tendría que averiguarlo.
El ex miembro de los S.T.A.R.S. vio cómo las dos mujeres que más estaban a su lado se saludaban. La verdad era que Claire y Jill se habían llevado muy bien desde que se conocieron. Aunque no coincidían mucho, sabía que de vez en cuando intercambiaban algún mensaje. Fisher empezó a mirar su teléfono y dejó de prestarle atención, así que Chris no sabía qué hacer.
Dudó unos segundos, y finalmente decidió unirse a su hermana y a su mejor amiga.
-Me alegra ver que estás bien… -decía Claire poniendo una mano en el hombro de Jill -. Algún día me tendrás que enseñar a perfeccionar mi habilidad con la ganzúa.
-Cuando quieras –sonrió la morena viendo que Chris se acercaba -. ¿Dónde estabas? Mayo y Knight estaban preguntando por ti.
-Fui un momento a dejar la chaqueta… -se excusó su compañero poniéndose al lado de su hermana -. Además, Claire ha tenido la amabilidad de presentarme a su querido jefe.
-¿Ah, sí? –interrogó Jill curiosa -. ¿Está soltero? ¿A qué esperas para presentármelo?
Claire rio al oír el comentario.
-No hay que mezclar el placer con los negocios –respondió la pelirroja guiñándole un ojo. ¿Cuándo se lanzarían esos dos? Allí estaban comiéndose con la mirada y no se decían nada. Tal vez era hora de pasar al plan B -. Ven, te presentaré a Neil.
Chris se quedó boquiabierto. ¿Pero de qué iban esas dos? ¡Qué estaban en una fiesta para celebrar la caída de Veltro y la justicia por Terragrigia, por el amor de Dios! Las puertas de la sala de conferencias se abrieron, y por ella apareció un tipo que Chris había visto por allí en alguna ocasión, aunque no sabía su nombre.
-Los invitados pueden ir pasando por aquí –anunció con un micrófono en la mano que amplificaba su voz por la amplia entrada.
Poco a poco, los casi sesenta invitados accedieron a la sala de conferencias. Claire se alejó de su hermano y Jill para ir a buscar a los suyos. Los fundadores dejaron entrar primero a los invitados, y en último lugar lo hicieron. Chris no pudo evitar quedarse sorprendido al ver cómo había cambiado la sala de conferencias: el escenario era lo único que permanecía intacto.
Habían decorado las paredes y habían puesto varias mesas distribuidas por la habitación. Cada una tenía un cartel, y podían sentarse alrededor de diez o doce personas. Los mismos camareros que se habían encargado de servir bebidas y aperitivos ahora esperaban a un lado, esperando la orden para empezar a servir las mesas. Chris no sabía qué sería primero. La mesa de la B.S.A.A. estaba justo en el centro. Chris se sentó entre O'Brian y Jill, a la que no quería perder de vista ni un momento. Al menos tenía a alguien con quien pasar la velada de forma más amena.
El mismo que había anunciado la entrada se acercó al atril que había en el escenario. Cuando los presentes vieron que se proponía a empezar guardaron silencio. Chris echó un rápido vistazo a la sala, y vio a su hermana sentada con más gente de Terrasave casi a la entrada. Su jefe seguía pendiente del teléfono. Chris frunció el ceño. Sabía que como máxima institución de la organización debía estar siempre pendiente de las llamadas, pero eso ya era excesivo.
-Buenas noches a todos los representantes de las diferentes organizaciones que colaboran con nosotros, a Terrasave, a los diferentes miembros de la B.S.A.A. que hoy se reúnen aquí y, por supuesto, a nuestro doce fundadores –hubo un aplauso general al que Chris respondió sin demasiado entusiasmo. Estaba pendiente de otras cosas -. Bien, lo primero de todo es darles las gracias a cada uno de los asistentes, porque nos encontramos ante una ceremonia especial. Me atrevería afirmar que la más importante desde la caída de Umbrella –Jill rio, y algunos de los fundadores también. Chris hizo una mueca que simulaba una sonrisa -. Por fin hemos podido llegar al final del asunto de Terragrigia, una ciudad que fue condenada por el bioterrorismo y por la traición de un respetado líder como era Morgan Lansdale –O'Brian se movió incómodo en su sitio. Chris lo vio por el rabillo del ojo -. Todo esto no hubiera sido posible sin la actuación de dos de nuestros mejores agentes: Chris Redfield y Jill Valentine. Por favor, acercaos al escenario.
Hubo aplausos y vítores desde todas partes. Jill miró rápidamente a su amigo, que asintió lentamente. Se levantaron de sus asientos y caminaron uno junto a otro hasta llegar al escenario, donde continuaban aplaudiéndoles. Jill no pudo evitar acordarse del día en el que anunciaron la creación de la B.S.A.A., en aquélla misma sala rodeados de cámaras y periodistas que querían inmortalizar el momento. Ahora estaban, por así decirlo, entre amigos.
-Gracias a ellos Terragrigia no quedó en el olvido, y voy a pedir al nuevo director de la B.S.A.A., Timothy Ryan, que traiga las condecoraciones para nuestros valientes agentes –más aplausos. Jill miró sorprendida a Chris, que sonrió. ¡Iban a darles su primera medalla! ¡Guau! Cuando Umbrella cayó la B.S.A.A. aún no estaba formada, así que habían tenido que conformarse con celebrarlo a solas… y vaya que si lo hicieron.
No pienses ahora en eso. Vamos…
Chris y Jill habían recibido esa misma mañana un mensaje anunciándoles que la B.S.A.A. tenía nuevo director dada la renuncia de O'Brian, y que habían elegido a Timothy Ryan como sucesor. Ellos estaban encantados mientras pudieran seguir participando en misiones. Timothy sacó dos medallas de un pequeño estuche. Eran de oro, y dentro tenían el escudo de la B.S.A.A. grabado. Se la entregó primero a Chris y le estrechó la mano, y luego hizo lo propio con Jill.
El improvisado presentador le pasó el micrófono a Chris, que lo miró atónito. ¡Hasta le iba a tocar hablar y todo! Carraspeó un poco y miró al frente, e intentó centrarse en la mirada de felicidad que le lanzaba su hermana.
-Gracias –consiguió decir cuando el murmullo se fue apagando -. Para mí es todo un honor representar a esta organización y combatir el bioterrorismo. Pero no estoy solo. Tengo a mis espaldas a un gran equipo que me respalda. Y como dicen, detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer –y miró a Jill directamente a los ojos. Se quedó sorprendida, como si estuviera intentando volver a respirar. Eso… sí que no lo esperaba -. Conozco a Jill desde hace más de ocho años, y siempre ha estado a mi lado –se estaba empezando a poner nervioso. Joder. ¿Por qué había tenido que decir eso? -. Lo que quiero decir es que no eres nadie si no tienes al equipo adecuado a tu lado. Muchas gracias.
El público aplaudió entusiasmado. Algunos estaban tan atónitos como Jill, que al recibir el micrófono casi ni se dio cuenta de que lo tenía en la mano. Negó con la cabeza unos instantes provocando alguna que otra risa. ¿Chris se le había insinuado o era su imaginación?
-Bueno, no quiero alargarme mucho porque imagino que estarán hambrientos –más risas -. Pero simplemente quiero decir que para mí es placer formar parte de una organización que ha crecido tanto en tan poco tiempo gracias a nuestro sacrificio, esfuerzo y trabajo. Nunca estaremos a salvo del bioterrorismo, y tal y como ha dicho Chris, tener el compañero adecuado es lo que marca la diferencia entre el éxito y la derrota… -guardó silencio. ¿Le devolvía el dardo? -. Juntos hemos pasado muchas cosas, y ésta es una de las más importantes y de las que más orgullosa me siento. Quiero acordarme también de un compañero de la B.S.A.A. Europea: Parker Luciani. Espero que puedan encontrarle pronto. Muchas gracias.
Devolvió el micrófono a su lugar y regresó junto a Chris entre aplausos. Debía estar roja como un tomate, lo sabía… ¿A qué habían venido esas palabras? Tendría que hablar con Chris sobre ello… No quería albergar esperanzas, pero sus ritmos de vida eran muy complicados.
La comida había sido deliciosa. Claire se había hartado de pastel de carne, costillar y un sinfín de verduras. La B.S.A.A. había preparado todo un banquete para honrar a su hermano. Lo apreciaban mucho. Sólo había que ver cómo todos se paraban a hablar y el tono con el que se le dirigían. El vino estaba empezando a hacer mella. Necesitaba ir al servicio cuanto antes.
-Chicos, ahora vuelvo –se disculpó a sus compañeros, que charlaban entretenidamente. No tenía ni idea de dónde estaban los cuartos de baño, pero ya habría alguien para preguntar. Alguien de seguridad posiblemente.
Se acercó a la puerta y echó un vistazo atrás. Chris tenía una copa de vino en la mano y charlaba con Jill y otro hombre más que estaba a su lado con un traje gris. Parecían hablar de un tema serio. Sus rostros estaban concentrados. Salió a la recepción, que en ese momento estaba vacía a excepción de algunos miembros de seguridad y algún que otro agente.
-Disculpe –se acercó al tipo que tenía más cerca, cuyo uniforme indicaba que pertenecía a la seguridad del edificio -. ¿Podría decirme dónde están los servicios?
-Justo detrás de las escaleras –le indicó señalándole las escaleras que estaban detrás del mostrador de bienvenida.
-Gracias.
La decoración que había al principio había desaparecido como por arte de magia. Claire imaginaba que querían volver a darle ese aire de organización mundial comprometida con la lucha contra el bioterrorismo. Pasó junto a las escaleras y vio una puerta metálica con un letrero que indicaba que eran los servicios. Abrió la puerta y vio que había dos más. Una para chicos y otra para chicas. Se dirigió a la derecha cuando de la zona de los hombres salió Neil.
-Claire… -la saludó algo sorprendido. Era una casualidad que se hubieran encontrado allí. Pero él ya había terminado y no tenía de qué preocuparse -. ¿Todo bien?
-Perfecto, Neil… ¿y tú? –sonrió sin poder evitarlo. Su jefe tenía un no sé qué que la atraía como un imán. Su mirada penetrante, sus labios sellados, su corte… Debía mantener la compostura si no quería ponerse a babear delante de él.
-Maravilloso… -murmuró acercándose un más a ella. La arrinconó contra la pared y puso su boca cerca del oído de su aliada. Las pulsaciones de Claire estaban aumentando por segundos -. Aunque creo que podría ir mucho mejor…
Le pasó un dedo por su hombro desnudo. Claire tragó saliva con dificultad. No, allí no… ¡Podían pillarlos! Neil continuó bajando hasta su pecho. La pelirroja contuvo la respiración. ¡Esto no podía estar pasando! Introdujo un dedo por su canalillo. Se le erizaron los vellos. ¡Madre mía!
-Puedo parar… -volvió a susurrar su jefe entrando cada vez un poco más, acercándose a su pezón izquierdo -. Pero sé que no me vas a detener. El lavabo de hombres está ocupado. Vayamos al de mujeres.
Claire asintió como un muñequito. Neil abrió la puerta y la cerró sin hacer ruido. Había cuatro habitáculos. Irían al del fondo. Era una suerte que la B.S.A.A. los hubiera puesto individuales. Él entró en primer lugar y la empujó contra su cuerpo. Deseaba volver a saborear ese cuerpo. Claire era puro morbo. El vestido que llevaba era de lo más sugerente, y estaba deseando quitárselo.
Dejó la puerta entreabierta para escuchar el ir y venir. No convenía que los pillaran allí, en mitad de una fiesta, en actitud muy cariñosa. Neil se quitó la camisa vaquera completamente excitado. Se acercó a Claire y la besó con posesión. Tenían muy claro cuál era su juego, y nada ni nadie podía impedirles lo que estaban haciendo. Buscó con ansias su lengua, y jugó con ella.
Claire cerró los ojos y le pasó las manos por el cuello a Neil. Adoraba ese contacto… La volvía completamente loca. Interrumpió el beso y le bajó la cremallera del pantalón. No tenía mala pinta lo que veía. Neil volvió a acercarse a ella y pasó una mano por su muslo izquierdo. Claire sintió un escalofrío y gimió de placer. Se estaba acercando a su deseo.
Neil tocó con los dedos el tanga. Sonrió. La cosa se ponía interesante. Lo echó a un lado e introdujo dos dedos en la vagina. Claire volvió a gemir, esta vez sorprendida. Su jefe empezó con movimientos suaves. Se estaba lubricando muy rápido. Y aumentó el ritmo; quería matarla de placer. Claire puso su boca en el hombro de Neil y le mordisqueó para amortiguar sus gritos.
El director de Terrasave continuó metiendo y sacando los dedos del interior de Claire sin descanso, y luego lo hizo con tres. Entraban perfectamente. Ella le mordisqueaba el hombro, pero sus gemidos debían escucharse con toda seguridad. Su pene estaba ya completamente erecto, pidiendo guerra.
-Vamos a corrernos juntos, preciosa… -murmuró a su oído deteniendo la masturbación -. No creo que tengamos mucho tiempo, así que será rápido.
Sacó un preservativo de su bolsillo. Claire respiraba entrecortadamente, pero arqueó una ceja sorprendida. ¿Hasta allí venía preparado? Neil era una auténtica caja de sorpresas. Se bajó los pantalones y los calzoncillos, y se observó con orgullo. Era un auténtico donante de placer. La pelirroja pasó una mano por el pene erecto de Neil, y lo agarró. Empezó a agitarlo con tanta fuerza que su compañero de juegos tuvo que apoyarse contra la pared para no caerse.
Intentó controlar sus gemidos de placer, pero era imposible. Esa mujer sabía cómo buscarle. Claire siguió moviendo la muñeca a buen ritmo durante unos instantes más hasta que decidió que había sido suficiente. Sabía que debía pararse si no quería que el juego terminara tan pronto.
-Me tienes como una moto… -volvió a susurrar Neil con la respiración entrecortada. Abrió con la boca el envoltorio y se colocó el preservativo -. ¿Cómo quieres que te folle? Dímelo.
-Contra la pared… -ronroneó Claire sintiéndose cada vez más acalorada y excitada. Su vagina pedía a gritos un orgasmo.
Sin darle tiempo a nada, Neil la empotró contra la pared ante su sorpresa y se introdujo en su interior de una estacada. Le subió un poco el vestido y jugueteó con su tanga… Siempre le encantaba hacerlo con ropa interior de por medio. Le dio un fuerte cachete en el culo y empezó a embestirla con furia, con fuerza. Claire era suya; ambos buscaban su propio placer.
Después de todo la cena no estaba yendo tan mal. Estaba disfrutando de una amena velada en compañía de los mandamases de la B.S.A.A., que se habían mostrado bastante educados y amables. Acababan de terminar el postre, una tarta de turrón casera que estaba chuparse los dedos. Dios, ¿cuántas horas de gimnasio necesitaría para eliminar todo lo que había comido?
Aún quedaba firmar el trato con Terrasave, e imaginaba que eso no tardaría en suceder. Consultó distraídamente su reloj de pulsera. Eran casi las once y media. Suerte que al día siguiente se incorporaba por la tarde. Abrió su bolso y miró su teléfono, pero no tenía ninguna llamada ni ningún mensaje. Lo tenía desbloqueado. Qué raro. Lo mismo se le había olvidado. Nadie había tocado su bolso, así que no se preocupó.
-Voy al servicio –le comunicó a Chris dejando su bolso en la silla. Éste asintió mientras charlaba con otro fundador.
Chris la miró de reojo mientras se perdía de vista. Estaba espectacular. Esa mujer… era increíble. No quería ni imaginar qué hubiera pasado si se hubiera contagiado con el T-Abyss en el barco mientras buscaba la clave para piratear el ordenador central y detener la propagación. Estaría muerta. Ya habían visto los rápidos efectos que causaba ese virus.
Chris se quedó sorprendido cuando Jill le contó todo lo que le había pasado en Raccoon City, y de cómo se había quedado infectada con el virus T. Al principio no supo cómo reaccionar; no quería que se sintiera como una marginada o una enferma. Jill era su amiga, y la apoyaría siempre al cien por cien. Si no se había convertido quería decir que la vacuna había sido de éxito.
De todos modos, y para salir de dudas, habían consultado con Rebecca Chambers los posibles efectos que eso podía tener. Rebecca trabajaba en un laboratorio químico en Australia. Habían dado con ella hacía casi dos años, en una conferencia mundial sobre enfermedades causadas por virus. Había sido un placer saber de ella.
La bioquímica les explicó que la vacuna había actuado correctamente, que no había ninguna posibilidad de que se transformara. Le habían hecho también un análisis, y todo parecía estar en orden. Sin embargo, Rebecca le recomendó que utilizara medidas siempre que mantuviera relaciones sexuales, porque el virus se había adaptado a su cuerpo, y había una pequeña posibilidad de que pudiera infectar a otros.
Y por supuesto, el tema del embarazo. De momento no era recomendable, aunque según Rebecca, estaban trabajando con los datos de Jill para buscar una solución que le permitiera disfrutar de su vida sin tener que estar siempre dependiendo del virus. En fin, mirara por donde se mirase, Umbrella les había puteado a todos a pesar de que ya era historia.
Jill salió de la habitación y caminó hacia el cuarto de baño sumida en sus pensamientos. ¿Debía decirle algo a Chris o continuar como estaban? La verdad era que se sentía muy cómoda con la relación que tenían, pero ella a veces sentía que quería algo más, y no sabía qué pensaría él al respecto. Aunque claro, lanzarse a una relación con alguien que llevaba la misma vida que tú… No era muy aconsejable.
Con todas esas dudas abrió la puerta del servicio. Oía unos gemidos procedentes del último habitáculo. Sonrió. Dos que estaban pasándolo bien… aunque un poco indecente en mitad de una reunión importante. Ella hacía mucho que se divertía, bien porque no encontraba tiempo o porque no encontraba a nadie con quien echar el rato. Entró en el primer servicio intentando no hacer ruido. Los gemidos sonaban cada vez con más intensidad.
Joder… Así no hay quien se concentre.
Hizo un pis rápido y se acercó al lavabo. Se lavó las manos y se observó en el espejo. Esos dos seguían dale que te pego… Madre mía… La puerta estaba entre abierta. Con curiosidad, se desplazó unos centímetros a la izquierda. Se llevó las manos a la boca. Había reconocido un vestido rojo. ¡Claire estaba allí dentro con su jefe! No los había visto en un buen rato.
¿Y ahora qué? De pronto, los gemidos cesaron. Joder. Pronto saldrían. ¡Menudo momento para echar un polvo! Jill se escondió rápidamente en el habitáculo que tenía más cerca. Cerró la puerta sin hacer ruido, y esperó. Poco después los oyó salir con rapidez. Se quedó unos instantes encerrada, recuperando más o menos la compostura. Aunque le costaba reconocerlo, le había excitado mucho lo poco que había visto. ¿Cuánto hacía que no se acostaba con un tío? ¿Meses?
Y esa idea inmediatamente fue sustituida por otra. ¿A qué leches jugaba Claire con su jefe? Debía hablar con ella. Salió del cuarto de baño a buen ritmo y volvió a la sala de conferencias. Había algunos invitados que estaban en el exterior fumando, pero la mayoría estaba dentro. Claire y su jefe estaban en la mesa de Terrasave, charlando cada uno con otros compañeros como si no hubiera ocurrido nada.
-¿Estás bien? –le preguntó Chris cuando se dejó caer en su silla -. Estás… pálida.
Mierda. ¿Tanto se me nota que me ha impresionado?
-Sí… Es sólo que mi amiga de todos los meses ha decidido quedarse en mi casa unos días –se apresuró a mentir un tanto nerviosa. Aún no le tocaba la regla… ¡y que Dios la librara! Chris arqueó una ceja sorprendido, sin entender absolutamente nada. Jill no sabía si reírse o dejarlo con la duda -. La regla, Chris, la regla…
-¡Ah! –exclamó sorprendido al darse cuenta.
-De verdad, para algunas cosas eres un hacha, pero para otras… ¡habría que hacerte un manual!
¡Toma ya! ¡Ahí lo llevas!
-Damas y caballeros –volvió a hablar el encargado del micrófono. Todos los presentes guardaron silencio -. Para terminar con esta excelente velada, la B.S.A.A. quiere hablar sobre un nuevo acuerdo que van a firmar. Por favor, si los fundadores son tan amables de venir…
Habían puesto una mesa bastante larga detrás del atril. Había varios documentos mecanografiados. Chris sabía que era el acuerdo que iban a firmar con Terrasave. Nadie sabía nada, ni siquiera su hermana. El nuevo director de la B.S.A.A. se colocó en el atril, y los demás a su espalda.
-Bien. Como ya saben, nuestro principal compromiso es garantizar la seguridad mundial, y hay muchas organizaciones dispuestas a luchar a nuestro lado. Una de ellas es Terrasave –las miradas de todos se centran en la mesa que está al final, donde sus componentes se quedan asombrados -. Es por ello por lo que, a partir de hoy, la B.S.A.A. se compromete a financiar sus proyectos e investigaciones en la lucha contra el bioterrorismo –hubo un aplauso general. Chris y Jill también se unieron con una sonrisa -. Y para hacerlo efectivo, quiero pedirle a su director y a un par de trabajadores que vengan para firmar el acuerdo.
Chris observó a su hermana charlar de forma animada con algunos de sus compañeros. Y el mundo se detuvo cuando vio darle un abrazo a Neil, que respondía gustosamente. Jill carraspeó a su lado divertida.
Si él supiera…
-Odio a ese tipo… -murmuró el moreno sin dejar de aplaudir.
-Están contentos. Déjalos que disfruten del momento…
Aunque ya lo han hecho…
Uno a uno los miembros de Terrasave fueron estrechando la mano de los fundadores de la B.S.A.A. Al llegar a su hermano, Claire le dio un abrazo, e hizo otro tanto con Jill. Ella sabía que ellos dos habían tenido mucho que ver en esa decisión. Cuando le tocó el turno a Neil, Chris se quedó observándolo unos instantes, frunció el ceño y le estrechó la mano unos segundos.
El director de la B.S.A.A. y Fisher fueron los primeros en firmar los documentos. Luego fueron pasando el resto de fundadores. Jill estampó su firma en las dos copias y volvió a su sitio, aunque procuró ponerse cerca de Claire, que no paraba de sonreír.
-No sé qué te traes entre manos con tu jefe… -susurró bajo para que sólo su amiga pudiera oírla. Claire la miró boquiabierta. Echó un rápido vistazo a los alrededores por si había alguien pendiente, pero todos estaban centrados en las firmas.
-¿Tú… nos… has…?
-Tranquila, tu secreto está a salvo conmigo –se apresuró a decir la morena moviendo ligeramente los labios -. Pero, por favor. Procura que no te haga daño. No es fácil llevar una relación sentimental y laboral.
Claire no sabía qué decir. Estaba por soltarle que eso mismo es lo que ella debería hacer con Chris, pero decidió callar. Sabía que Neil no le haría daño. Sabía muy bien diferenciar entre el trabajo y el momento de placer. No había de qué preocuparse.
Señorita Redfield, señorita Redfield... ¡Qué mala es usted! ¡En el trabajo no hay que distraerse (aunque realmente no es trabajo xD)! Espero que este capítulo os haya divertido. Como habéis visto, esta gala ha dado para mucho, muchísimo.
Xaori: buenos no,buenísimos. ¿Quién estará detrás? ¿Lo descubrirán? Puede que sí... o puede que no. Todo se andará sobre la marcha :D Leon el pobre no sabe dónde meterse: tiene incompetentes por todos lados... pero eso cambiará, tarde o temprano. Y como vemos aquí... nuestra pequeña Redfield no pierde el tiempo... ¡Si las paredes y Jill hablaran... ardía Troya! jajaja.
Stardust4: creo que en cada entrega que han aparecido los Redfield se ve claramente las diferencias entre los dos: Chris es muy serio (demasiado), siempre pensando en el trabajo y en salvar el mundo, mientras que Claire es más alegre y más positiva. Creo que por ello son mis hermanos favoritos :D
Nicole Redfield: la B.S.A.A. va a estar siempre en el ojo del huracán: organización nueva, el bioterrorismo como fondo y como algo novedoso... No todos van a llevar bien su creación... y si no... tiempo al tiempo.
Esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado. La próxima semana vuelvo a mi rutina (¡por fin!), pero tranquis, que no faltaré a mi cita. La historia la llevo ya más o menos por la mitad, y está siendo una auténtica locura. En el próximo capítulo vamos a descubrir un poquito más sobre nuestros malos malísimos, y Leon se va a llevar alguna sorpresa :o ¡Hasta la próxima!
