En ese momento, justo frente a él, Izuku vio cómo todo se desmoronó, de forma lenta, silenciosa y violenta.
Su corazón estaba detenido. Todoroki lo miró, alarmado, y cambió su vista desde el a la chica, sin decir nada. Entonces se acercó a él, e Izuku se alejó.
―¡Espera!
Dio la vuelta y corrió. Corrió para dejarlo atrás, para escapar de él, y para llegar a Bakugo.
Su respiración estaba agitada, y sus piernas ardían por las pisadas fuertes. El viento frío golpeando su cara, haciendo que sus ojos se secaran e irritaran.
No podía creerlo.
Llegó a la cueva. No estaba el dragón rojo. No estaban los dragones pequeños, y no estaba Bakugo.
La cueva estaba vacía, y su respiración hacía eco contra los muros. Hacía frío, estaba húmedo, y la leña estaba apagada.
Comenzó a llorar. Sollozó, gritó, frotó sus ojos y volvió a salir corriendo.
Se internó en el bosque lo más que soportaron sus pies, y cayó de rodillas. Trató de regular su respiración, de detener sus lágrimas, de pensar en algo, pero no podía.
Iban a matarlo.
Era la primera noche que pasaban en la cueva luego de la aldea. Lo habían hecho. Bakugo le dijo que estaba cansado. Le pidió que durmiera con él. E Izuku… Izuku salió a hablar con Todoroki.
Le comenzó a doler la cabeza por la fuerza que hacía al tratar de no llorar.
Bakugo estaba en manos del reino, quienes lo habían tratado de capturar por años, e Izuku no podía hacer nada.
Y Bakugo pensaría que lo había traicionado. Que lo dejó.
Su pecho volvió a apretarse ante la idea.
Se levantó. Inhaló hondo y se sacudió la tierra de las rodillas.
Las cosas estaban así, y no podía quedarse esperando lo peor. Sabía usar la espada, sabía dónde quedaba el Reino y conocía demasiado bien el rostro del príncipe.
Le dijo una vez que estaba dispuesto a matar por él, y estaba dispuesto a probarlo ahora.
Una ráfaga de aire lo cubrió, levantando tierra y obligándole a cubrir sus ojos con sus brazos.
Entonces vio hacia arriba, y el dragón rojo movió sus enormes alas para avanzar hacia el río.
Izuku no fue capaz de procesar nada. Sólo lo siguió; pues era lo más sensato que podía hacer por el momento.
Y al llegar a la orilla del río, donde el dragón pudo aterrizar, Izuku divisó nadando hacia ellos tres bultos en el río.
―Oh. ―cubrió su boca con ambas manos, y no tardó su rostro en llenarse otra vez de lágrimas. ―¿Los estabas buscando? Yo creí que… oh.
Se agachó y esperó a que los tres dragones le saltaran encima.
―No puedo creerlo. ―No dejaba de llorar, y los abrazaba mientras le mordían los brazos y se metían entre su ropa.
Claro. Bakugo debió haberlos sacado por la parte de atrás, y el dragón rojo los debe haber seguido río abajo para comprobar que estuvieran bien.
Por eso lo atraparon. Claro. La cantidad que fuera a buscarlo, Bakugo habría podido con ellos. Con quien fuera, pero salvó a los dragones, y salió por la entrada principal.
El sólo imaginar lo que Bakugo pensó al despertarse y no verlo alrededor… Izuku no podía imaginarse nada peor que podría haberle hecho. Nada peor que eso.
Secó una última vez su cara, se levantó y encaró al dragón rojo.
―Vamos por él.
.
Mientras surcaba el cielo se preguntaba si realmente iba a morir de esa manera. No le preocupaba ese detalle en absoluto; sólo era un pensamiento que no lograba sacar de su cabeza.
Antes de salir, improvisó un refugio para los dragones, y los ocultó entre los árboles.
Cuando se subió en el dragón rojo, no hizo falta decirle nada. Tampoco iba a entenderlo, pero ambos pensaban lo mismo e Izuku se dio cuenta enseguida.
También debía sentirse mal. Llevaba años cuidando de Bakugo, y al lanzar a los dragones al rio no le dejó más opción que abandonarlo… y eso le debía pesar. Eran familia, después de todo.
Aterrizaron frente a la cerca. Izuku bajó, se estiró y se puso de pie frente a él antes de saltarla.
―Tienes que irte. ―le dijo, tratando de endurecer su voz. ―No es necesario que haya más muertes hoy.
El dragón parecía entenderlo. Pero no lo hacía, ¿cierto? Bakugo le había dicho que respondía a su tono de voz. Izuku esperaba que realmente se fuera.
En efecto, el dragón bajó la cabeza por un momento, y luego se alejó volando.
Tal vez aún no lo veían; tal vez los del reino ya sabían que estaba allí. A Izuku le daba igual: no pensaba salir del reino sólo.
Saltó la reja, y apenas sus pies tocaron el suelo, se internó corriendo entre las matas enormes que había cosechadas a lo largo del terreno.
Cuando llegó al primer camino, se desvió, y lo siguió hasta llegar a la siguiente cerca: las casas.
Pero antes de saltar, una voz interrumpió su infiltración.
―Oye. ―Susurró.
Se sobresaltó al desconocer la voz. Volteó, y por reflejo retrocedió unos pasos.
Era Momo. Izuku estaba listo para correr de ella, pero volvió a hablar.
―Fueron órdenes directas del rey. No tuve elección. ―seguía susurrando. ―Te llevaré con él.
―¿Por qué debería confiar en ti?
―Porque Bakugo dijo que antes de morir iba a matarte por dejar la cueva, y pienso cumplir su ultimo deseo.
No le hizo gracia hasta que ella sonrió. Eso era algo que definitivamente había dicho Kacchan. Realmente ella era grandiosa.
―¿Cuándo hablaste con él?
―Cuando volvimos aquí. Dijo también que eras idiota y vendrías de todos modos, así que salí a buscarte.
Se emocionó. No sabía cómo reaccionar. Bakugo estaba bien, por ahora, y esa chica genial estaba de su lado.
―¿Te dijo que me llevaras con él?
―Claro que no. Dijo que te noqueara y te lanzara del otro lado de la cerca, pero me caes bien. Y Bakugo no merece morir.
Sentía un afecto demasiado grande por esa chica ahora, y no lloró sólo porque se prometió mantener la mente fría y no hacerlo hasta que todo eso hubiera terminado.
―¿Cuándo?
―En unas horas. El mismo rey informó que acabarían con él en una ejecución pública.
―¿Van a quemarlo?
Ella asintió, y luego sonrió.
―Como si a los dragones los quemara el fuego, ¿eh? ―le sonrió. Estaba tratando de calmarlo, e Izuku lo agradecía. ―Tengo que presentarte con alguien.
―¿Qué?
―Sígueme.
La chica se metió entre los pastos, y el ni siquiera se lo cuestionó antes de meterse tras ella. Y a unos dos metros, había un corte en la cerca, por el cual ella pasó, y sostuvo para que él pasara también.
―Hay un chico. Vive aquí y me debe un favor. Además conoce a Bakugo.
Izuku no podía imaginar qué tipo de persona que viviera en el Reino podía conocer a Bakugo y salir con vida, pero apenas estuvieron en el umbral de la puerta, y ella tocó, y aquel chico abrió, supo el porqué.
Su cabello era rojo intenso, al igual que sus ojos. Su ropa era bastante llamativa y tenía una cicatriz en el párpado izquierdo. Además, cuando le sonrió, notó que todos sus dientes eran en punta, como los de un tiburón. Claramente no lo debió haber visto dos veces para darle una oportunidad.
―Oh. ¡Hola! ―Le dijo a ambos. ―¿Van a pasar?
Izuku miró a Momo, y esta negó con la cabeza.
―En realidad tengo que cubrir su rastro en las tierras, pero necesito tu ayuda. ―lo miró a él. ―Él es Kirishima Eijiro. Kirishima, él… no tengo idea de cómo se llama. Necesito que lo lleves a la ejecución.
―Oh. Eso es… ouch.
―Si.
―¿Y luego qué?
―Bueno… depende de él. Sólo le hago un favor a un amigo, y ayudo a un conocido.
Ese era él, obviamente. Y le hizo sentir bien el escuchar la palabra "amigo" para referirse a Bakugo.
―Gracias… por todo. ―le dijo.
―Descuida. Estás en buenas manos, ¿si?
Asintió, y luego ella se dirigió a Kirishima.
―Te lo encargo. ―Dicho esto, dio media vuelta y se fue. El sonido que hacía la armadura con cada paso que daba era imponente, y su larga coleta terminaban por darle esa apariencia femenina y valiente. No dejaría de estar en deuda con ella.
Izuku miró a Kirishima; sólo su animo lograba que se cortara, y ni hablar de su apariencia.
―Bueno, pasa. ¿Cómo te llamas?
Obedeció, y cuando la puerta estuvo cerrada a sus espaldas respondió.
―Midoriya Izuku.
―Está bien, Midoriya, necesitas cambiarte esa ropa.
No quería. ¿Qué tenía de malo su ropa?
―¿Por qué?
―Llamas la atención. Pareces un espíritu del bosque. Debes… verte más apagado.
Lo aceptó: porque quería irse rápido y porque no tenía opción.
Y mientras se quitaba los abrigos, decidió que ese chico le caía bien. Izuku amaba las historias sobre el bosque, y todo lo que incluyera seres mágicos. Y el hecho de que lo mencionara, le tocó un punto sensible al recordarle sus conversaciones con Bakugo sobre ello antes de dormir.
Kirishima volteó cuando se quitó los pantalones, y no pudo evitar hacer una mueca de dolor al agacharse. Sus muslos estaban adoloridos aún, por estar tanto tiempo en aquella posición la noche anterior.
Recordarlo sólo le hizo marear y entrar otra vez en pánico, y Kirishima lo notó cuando le entregó el montón de ropa doblada.
―¿Todo bien?
Negó con la cabeza, por reflejo, pero acabó diciendo que si. Kirishima se rio de él.
―¿Cómo lo conoces? ―preguntó. Necesitaba escucharlo hablar para no pensar en su situación actual.
―¿A Bakugo? ―hizo memoria antes de responder. ―Creo que en el bosque… ¡Ah, no! Aquí mismo en la cerca. Esa fue la primera vez que lo vi. Yo estaba saliendo y el estaba entrando. Fue muy divertido, porque yo creí que era del reino y estaba regresando. Después en el bosque me confesó que estuvo a punto de matarme.
Izuku se puso pálido. ¿Eso era divertido? A el aún se le revolvían las tripas al pensar en Bakugo apuntándole con el arco.
―¿Qué hay de ti? ―le preguntó. Izuku no sabía cómo responder a eso. ―¿Están juntos?
Se terminó de abrochar sus zapatillas y se incorporó. Estuvo a punto de preguntarle cómo supo eso, pero supuso que era obvio: nadie hace eso por alguien que no ama.
―Juntos. ―respondió. La palabra sonaba perfecta cuando la decía en voz alta.
Kirishima le sonrió, e Izuku confirmó cuanto le agradaba. Él no veía en Bakugo lo que el resto de personas veía, y eso le hacía pensar que sentían de forma similar.
―¿Estás listo?
Izuku asintió.
―No. ―fue su respuesta.
Kirishima resopló antes de volver a reír.
―De todos modos es hora, así que en marcha.
No podía ni siquiera dudarlo: ya estaba ahí. Y debía armarse de valor y volver con él, aunque eso significara, tal vez, no poder salvarlo. O no poder cumplir con la promesa que le hizo a su madre.
Inhaló hondo una última vez antes de abrir la puerta, y se dirigió a Kirishima:
―Estoy listo.
N.A.: Go home, Deku. You're drunk.
12/02/18
Cana
