¡Hola a todos una semana más! ¿Cómo lo lleváis? Yo poco a poco volviendo a la rutina, que ya me hacía falta la verdad xD. Me alegro que os gustara el capítulo de la semana pasada. Mientras lo escribía a mí también me divirtió bastante. Ahora toca ponerse algo más serios, ya me entendéis ;)


Amaneció un día nublado en Nueva York, quizá un preludio de lo que se avecinaba. Neil tomaba un café en la terraza de un restaurante de la Quinta Avenida. Aquel lugar ofrecía puntos de vista muy interesantes. Una zona llena de coches, de peatones… Algo parecido a Terragrigia pero a un nivel superior. Consultó su reloj mientas le daba un sorbo a su café. Las diez y veinticinco. Su contacto debía estar al caer.

Hoy tenía un día bastante tranquilo. Mucho papeleo y poca acción. Era una suerte que su otra ocupación le diera esa acción que necesitaba. No era un hombre de estar sentado y cruzarse de brazos. Lansdale le había dado el control, y siguiendo sus directrices, lograrían devolver a la F.B.C. al lugar que le correspondía.

Neil echaba de menos esos días, pero ya no había vuelta atrás. Ahora tocaba resurgir de las cenizas. Pensó en Claire, en cómo le gustaría que ella estuviera a su lado, apoyándolo en esta causa. El mundo necesitaba un líder que previniera esos ataques biológicos… La B.S.A.A. no era suficiente. Ya lo habían demostrado. Sonrió. Había leído en el periódico de esa mañana lo del ataque. Desde luego que eran más frágiles de lo que pensaba.

El plan iba a llevar un tiempo. Necesitaba armarse de paciencia. Aún estaban empezando, y no conocía lo suficiente a sus empleados. Había oído rumores de la existencia de un nuevo virus, aunque sólo eran eso, rumores. El último conocido era el T-Abyss, utilizado en el pánico de Terragrigia.

Una mujer con una gorra gris y unas gafas de sol se acercaba. Llevaba un maletín metálico en la mano. Lansdale no le había dicho absolutamente nada sobre quién era el contacto. Simplemente le había dicho que era una mujer que estaba a su servicio. Puede que fuera ella. Neil la observó detenidamente. Empezó a buscar a alguien con la mirada hasta que se detuvo en él.

Neil apuró los últimos sorbos del café mientras la joven se acercaba. Llevaba un vestido azul bastante ajustado y unos zapatos negros. Sonreía. A decir verdad, no estaba nada mal. Era un poco más joven que él, y tenía unos rasgos sumamente atractivos. Se detuvo delante de la mesa y se quitó las gafas. Tenía unos ojos verdes preciosos. Neil no podía dejar de mirarlos.

Vaya, vaya Morgan… Las eliges jovencitas…

-¿Eres Fisher? –le preguntó la mujer sosteniendo con ambas manos el maletín. El aludido asintió encantado.

-Pero puedes llamarme Neil –se levantó y le tendió la mano. La chica dudó unos instantes, pero finalmente se la estrechó -. Siéntate. Hay mucho de lo que hablar… ¿Te apetece algo?

-No, gracias, acabo de desayunar… -respondió dejando el maletín sobre la mesa -. Lansdale debe confiar mucho en ti si te ha dejado al cargo.

-Nos conocemos desde los comienzos de la F.B.C. –le informó el director de Terrasave con un deje de orgullo que no podía evitar. Reconstruir la F.B.C. era lo único que tenía en mente, pero sabía que eso llevaría un tiempo -. ¿También pertenecías a la F.B.C.?

-Sí… Estuve en Terragrigia intentando que la ciudad no se fuera a la mierda… -soltó una carcajada -. El viejo lo tenía todo bien atado, aunque le fallaron algunos cálculos. Pero ahora nosotros vamos a encargarnos de terminar la tarea.

Las personas que había por allí charlaban tranquilamente y no les prestaban atención. No parecía haber nadie sospechoso… ni de la B.S.A.A. Aún estarían muy liados arreglando los desperfectos que les habían causado.

-Yo también estuve allí de apoyo con Terrasave… Ahora soy el director.

La mujer volvió a soltar una carcajada. Aquello era sumamente divertido.

-Quién lo iba a decir… Sólo me falta que Redfield se pase a nuestro bando, y soy la más feliz del mundo. Es un complot en toda regla.

-¿Te gustó el espectáculo de ayer? –se interesó Neil apoyando las manos en la mesa.

-Muy divertido, demasiado… ¿Y qué hay de lo otro?

-Genial. Fue como matar dos pájaros de un tiro –ambos sonrieron. ¿Era normal que conectaran tan bien desde el principio?

-Pero aún queda mucho por recorrer… -la invitada abrió el maletín echando un vistazo a los alrededores. Seguían pasando desapercibidos. A ella le hubiera gustado hacer la entrega en un sitio más íntimo, pero Lansdale había decidido que fuera allí.

Dentro del maletín había varias muestras. Neil reconoció la mayoría de ellas al instante: T-Abyss, el mismo que había desatado el caos en Terragrigia… Pero había un par de ellas que no le sonaban. Cogió una de ellas y la observó de cerca. Tenía un color rojo oscuro. Era completamente líquido. Si alguien supiera lo que tenía entre las manos...

-Tienes buen gusto… -dijo la mujer sin dejar de sonreír -. Ésa es una nueva cepa que mi contacto ha conseguido… Es una variante del T-Abyss… Lo llaman T-Phobos.

-¿T-Phobos? –repitió Neil sin dejar de observar la cápsula -. ¿Ya está en el mercado?

-Aún no. Es una versión beta, por así decirlo… -se detuvo unos instantes -. Hablé con Lansdale, y quiere que lo probemos.

Neil continuó escuchándola sin dejar de observar el virus. Si el T-Abyss había causado graves problemas… ¿de qué sería capaz esa nueva cepa? Cada día salían al mercado nuevas armas, nuevos virus con los que sembrar el pánico y el caos… Terrasave estaba allí para evitar que eso ocurriera… y Neil pensaba todo lo contrario. El mundo debía estar preparado, y sólo aquellos que fueran dignos serían los elegidos.

-¿Esta tarde? –preguntó poniendo la muestra en su lugar. Su acompañante asintió. No había problema. Tenía la tarde libre… así que sería pan comido.

-Lansdale nos lo pagará bien. Ya sabes que el juicio se ha retrasado hasta nuevo aviso.

Sonrió. ¿Cómo olvidarlo? Lo que necesitaban precisamente era eso, tiempo. Y ahora disponían de un colchón que no debían desaprovechar. Desde el momento en el que juicio terminara, estarían completamente solos. Lansdale se pudriría en la cárcel con toda probabilidad, y sus visitas y llamadas estarían limitadas. Estaba considerado un terrorista potencialmente peligroso.

-Bien… En ese caso me encargaré de estar en el sitio adecuado… -anunció Neil pensando en posibles lugares donde llevar a cabo el ataque en Nueva York. Había muchos, y todos ellos muy vigilados o atestados. Se las apañaría. Siempre lo había hecho… y esta vez no iba a fallar a Lansdale -. ¿Y tú qué vas a hacer?

-¿Yo? –respondió la mujer cerrando el maletín. Se lo puso a Neil delante y éste lo cogió para ocultarlo bajo la mesa. Ya había estado mucho tiempo expuesto a miradas curiosas -. Voy a hacerle un regalito a alguien a quien quiero mucho… No lo va a olvidar. Créeme –consultó su reloj -. Debo irme. Mi vuelo sale dentro de un par de horas.

-¿Cómo puedo localizarte? –preguntó Neil levantándose de su asiento. Esa chica… le gustaba. Tenía cojones… como Claire.

-A través de Morgan… o algún intermediario. No te preocupes –y empezó a alejarse volviendo a ponerse las gafas de sol.

-¿Me puedes decir tu nombre?

La mujer se detuvo. Sonrió. Otro que quería pasar un buen rato. ¿Por qué ese capullo de Redfield no era igual? Estaba convencida de que lo iban a pasar muy pero que muy bien juntos. Aunque este Fisher… tenía su morbillo también. Los chicos malos la atraían mucho. Se quitó un poco las gafas y se giró.

-Puedes llamarme Jessica.

Leon tomaba un refresco sentado en el sofá de la sala de espera. El Presidente le había dado media hora de descanso, aunque a él la verdad que no le apetecía mucho estar sin hacer absolutamente nada. Con todo lo que había pasado en los últimos días lo último que quería era que ocurriera algo en su ausencia. La policía seguía sin llamar, y eso lo desconcertaba mucho. ¿Cómo era posible que no hubiera ninguna pista? Desde luego que los autores eran auténticos profesionales.

Dejó la lata sobre la mesa y cogió el periódico que había sobre la mesa. El New York Times. En la primera plana aparecía una foto de Samuel Lynch estrechando la mano del Presidente Graham con el siguiente titular: Hallan muerto a Samuel Lynch, juez del Senado. Leon suspiró. ¿Qué podían hacer para evitar que ese tipo de cosas continuaran sucediendo?

En un lateral, y con letras bastante pequeñas, había otra noticia referida al ataque que sufrió la B.S.A.A. "Los sistemas de la B.S.A.A. caen. Todos sus secretos al descubierto". No salían de un problema y ya tenían otro encima. Consultó el índice y fue primero a la noticia que ocupaba la mayor parte de los telediarios nacionales.

Hallan muerto a Samuel Lynch

La policía confirmó a primeras horas de la noche la muerte de Samuel Lynch, juez del Senado y que mantenía una estrecha relación con el Presidente Graham. Su cuerpo fue encontrado en un callejón entre Marble Street y Eagle Street. Aún no hay un informe oficial, pero todo parece indicar que el señor Lynch murió apuñalado. Su cuerpo presentaba leves signos de violencia por la parte superior de la espalda y el costado.

Según las primeras hipótesis, el señor Lynch fue atacado en Eagle Street, e intentando huir de sus agresores, se ocultó en Marble Street, donde encontró la muerte en un solitario callejón. Se desconoce el móvil del crimen, y de momento no parece haber ninguna pista que aclare el panorama según los oficiales con los que hemos podido hablar.

A lo largo del día de hoy se realizará la autopsia para dictaminar la causa real de la muerte. Cabe destacar que el señor Lynch era el juez principal en casos de terrorismo, y todos los juicios que tenía pendientes quedan pospuestos hasta nuevo aviso. Desde la cúpula presidencial nos han asegurado que están haciendo todo lo posible para agilizar el proceso y buscar un digno sucesor del señor Lynch.

El alcalde de Washington D.C., que conocía personalmente al fallecido, ha informado que se guardarán dos días de luto para honrar la memoria de un hombre que se dedicó en cuerpo y alma para velar por la justicia y la seguridad de todo el país. Entre algunos de sus hechos, recordamos la condena al asesino en serie Ronald Marshal, o su papel destacado en el juicio contra la corporación Umbrella.

Un largo e inmaculado historial que será recordado para la posteridad.

Suspiró resignado. ¿Qué hacía ese hombre a esa hora por ahí? ¿No se suponía que tendría que estar en casa con su familia? ¿Era posible que alguien le hubiera hecho ir hasta allí o era una simple casualidad? Fuera como fuese, las circunstancias eran muy sospechosas. Pasó la página y buscó el artículo de la B.S.A.A., que estaba un par de páginas adelante.

Las centrales de la B.S.A.A. quedaron bloqueadas durante horas

La conocida organización que lucha contra el bioterrorismo, la B.S.A.A., sufrió un ataque informático la pasada noche, alrededor de las once. Durante horas, según nos ha contado un portavoz, todos los agentes operativos estuvieron trabajando sin descanso hasta que consiguieron solucionar el problema pasadas las cinco de la mañana.

En palabras del mismo portavoz, se han perdido datos valiosos: planes de misiones, datos personales de los agentes, informes, cuentas bancarias e incluso los fondos que tenían para mantener a flote la organización. Por así decirlo, la B.S.A.A. ha entrado en bancarrota.

Leon se quedó boquiabierto. ¿Cómo era posible? ¿La B.S.A.A. estaba al borde del quiebre? Eso, desde luego, era lo último que quería. El mundo necesitaba gente como ellos, dispuestos a luchar sin descanso contra el bioterrorismo para hacer del mundo un lugar mejor. Necesitaba hablar con Chris o con Jill para que le confirmaran lo que decía el artículo, pero tenía muy mala pinta. Era una suerte que la prensa no se hubiera enterado del ataque a la Casa Blanca. Ellos, al menos, pudieron solventarlo en poco más de quince minutos, y no se perdió gran cosa. Continuó leyendo.

Aún se desconoce al autor, pero uno de sus dirigentes ha asegurado que sus hombres no pararán hasta dar con la persona que los ha arruinado, y que ha cometido un grave error metiéndose con la B.S.A.A. Recordemos que esta organización surgió a raíz de la caída de Umbrella allá por el año 2.003. Fue fundada como una alianza contra el bioterrorismo, ya que dos de sus fundadores fueron los encargados de llevar a la desaparecida corporación Umbrella ante la justicia.

Dos años después, a pesar de que aún no se ha dicho la última palabra, parece que la organización que tanto ha luchado por mantener el orden y el equilibrio se desvanece.

Leon dejó el periódico en su lugar atónito. Chris tendría que estar buscando una solución. Estaba convencido. Cogió la lata que estaba sobre la mesa y se bebió casi la mitad de un sorbo. Necesitaba salir de dudas. Tenía que aclarar este asunto.

El Presidente Graham estaba delante de su ordenador leyendo la aburrida acta de una reunión que había tenido con su equipo esa mañana. Quería salir pitando de allí y celebrar su cumpleaños con su familia. ¡Hasta el día que cumplía cincuenta años tenía que estar trabajando! Habían hablado básicamente de los presupuestos, de lo que cada departamento había gastado del fondo común que tenían.

Aún no se había recuperado del todo de la impresión del ataque de ayer. Si sus hombres no hubieran actuado rápido… ¿Quién sabe lo que habría ocurrido? Por mucho que Kennedy se empeñara en defender a sus amiguitos de la B.S.A.A. el examen preliminar demostraba que la intromisión se había producido desde uno de sus ordenadores.

Ahora tocaba determinar desde cuál. Habían prometido mandarle un informe esa misma tarde, y aún lo estaba esperando. Pero bueno, ya le diría a alguno de sus hombres que lo recogiera en su ausencia. No iba a estar eternamente esperando allí cuando su maravillosa esposa y su hija lo estaban preparadas para acudir a uno de los restaurantes más exclusivos de la capital.

Alguien pegó a la puerta. Frunció el ceño y miró su reloj. Qué raro. Kennedy aún tenía tiempo de descanso. Quizá tenía algo importante que decirle después de todo.

-Adelante –anunció sin apartar la mirada de la pantalla.

La puerta se abrió y entró su secretaria con algo bastante diminuto en la mano. Conforme se fue acercando a la mesa comprobó que se trataba de un regalo. Estaba envuelto en un papel gris. ¿Quién iba a mandarle un regalo a su despacho? Lo más seguro es que fuera su mujer. Todos sabían que hoy era su cumpleaños, pero sus hombres no iban a dejar entrar nada que fuera sospechoso o peligroso.

-Es de parte de su mujer –le informó la secretaria dejando el paquete a un lado de la mesa -. Todo parece estar en orden, señor.

-Gracias, Francesca. Puede retirarse.

La aludida asintió y se marchó del despacho cerrando la puerta. El Presidente observó el pequeño envoltorio con curiosidad. ¿Por qué no había esperado Rose a la cena? ¿Tal vez quería que lo llevara puesto? Dudó unos instantes, pero finalmente cogió el regalo. Quitó el papel y sonrió al comprobar que era una colonia. Era una de Ralph Lauren. Nunca había probado esa marca, pero si su mujer la había elegido era porque le gustaba.

El tarro era completamente azul, con el símbolo del hombre montado a caballo en la parte frontal. No podía ver absolutamente nada de lo que había dentro, pero se pondría la colonia para contentar a su mujer. Sí señor. Quitó el tapón y aspiró el olor… pero no olía a nada. Era completamente insípido. Qué raro… Dejó el tarro sobre la mesa pensativo.

Tal vez debería llamar a Rose. Tosió con fuerza, con tanta que el pecho le ardía. Mal momento había elegido para ponerse malo. Descolgó el auricular y volvió a toser… pero esta vez era sangre. Tenía las manos completamente empapadas. ¿Qué le estaba pasando? Soltó el teléfono asustado. Tenía que avisar a alguien.

El pecho le ardía. ¿Le estaba dando un ataque al corazón? Intentó pedir ayuda, pero de su boca no salía ningún sonido. ¡Era como si algo le impidiera comunicarse! Se estaba mareando. Se apoyó contra la mesa y se echó en ella notando que le faltaba la respiración. No podía pensar con claridad: ansias de sangre, de muerte, inundaron sus pensamientos. Era un servidor.

-Sí… lo entiendo perfectamente… -dijo Leon sintiéndose peor conforme pasaban los segundos. Las noticias que tenía Chris no eran nada alentadoras -. No sabes cuánto lo siento… ¿No hay nadie que pueda arreglarlo?

-Tenemos ahora una reunión… Pero la verdad no sé qué esperar –respondió el moreno caminando por un pasillo de la quinta planta, donde estaba la sala de reuniones. Casi todos los fundadores estaban por allí -. Te mantendré informado de todo… Gracias por llamar.

-Esto me preocupa tanto como… -lo que iba a decir quedó interrumpido por un grito. Leon se quedó en silencio. Algo estaba pasando -. Tengo que dejarte.

Guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y desenfundó su pistola. El grito había sonado al final del pasillo… donde estaba el despacho del Presidente. Corrió con los nervios a flor de piel. Pasó junto a la mesa de Francesca, la secretaria, pero no estaba allí. Pero había un rastro de sangre. Leon se detuvo.

Le quitó el seguro a su arma y dio unos pasos hacia la mesa conteniendo la respiración. Había manchas en la pared. ¿Qué diablos había pasado? Lentamente, dio la vuelta a la mesa… y vio el cadáver de la secretaria en el suelo.

-¡Dios mío! –exclamó agachándose a su lado. Tenía una herida muy fea en el pecho, de donde salía la sangre. Le puso dos dedos en el cuello. No tenía pulso -. Mierda… -se levantó rápidamente y miró hacia la puerta del despacho, que estaba medio abierta. Los terroristas estaban allí. ¿Qué hacía la maldita vigilancia que no acudía? -. ¡Señor Presidente!

Le dio una patada a la puerta, abriéndola completamente. Entró con la pistola por delante. Apretó los dientes. Contuvo la respiración. Allí no había nadie. El ordenador estaba encendido, el teléfono descolgado… pero ni rastro del Presidente. ¿Dónde estaba? Las ventanas estaban cerradas, todo en calma… y una sombra pasó por su lado.

Leon tuvo el tiempo suficiente para tirarse al suelo. Rodó sobre su costado y apuntó con la pistola a lo que le había atacado… Pero no podía reaccionar. El dedo en el gatillo parecía plomo. Ante sí tenía al Presidente con la camisa completamente roja, del color de la sangre. Sus ojos estaban inyectados en sangre, y llevaba un palo de madera en la mano. No tenía ni idea de dónde lo había sacado, pero era peligroso.

-¿Señor Graham? ¿Puede oírme?

Esto no puede estar pasando… ¡Infectado! ¡Y mi trabajo es precisamente evitar ese tipo de cosas!

El Presidente tenía los dientes apretados. No decía nada. Simplemente jadeaba y no le apartaba la mirada. Alzó el palo de madera con un gruñido. Leon no bajó la pistola… pero no podía disparar. ¡Qué era el Presidente, por el amor de Dios! Con un grito gutural corrió hacia él. Era muy rápido. El agente se echó a un lado, pero no lo suficiente.

Recibió un empujón que lo mandó directo contra la pared. Se chocó contra un cuadro que cayó al suelo. Empezó a dolerle el costado, pero no tenía tiempo para mirar sus heridas. Con una velocidad de vértigo el Presidente se situó a su lado y lo agarró del cuello. Leon quedó elevado en el aire intentando respirar. Aún tenía tiempo de elaborar un plan, aunque el tiempo se le estaba acabando.

Intentó mover la cabeza, pero le tenía bien sujeto. Aún tenía la pistola en la mano. Levantó la mano derecha y apuntó. Apretó el gatillo viendo cómo el Presidente Graham parecía haberle leído la mente. Se desplazó unos centímetros, los suficientes para que la bala impactara en el hombro en lugar de la cabeza. Leon salió despedido y aterrizó en la mesa, junto a un frasco de colonia abierto. El ordenador cayó al suelo, así como unos cuantos documentos.

Cogió grandes bocanadas de aire observando fijamente a su agresor. ¿Qué clase de virus era ése? No se parecía en absoluto a las Plagas, o a alguno de los virus conocidos. ¿Estaban tratando con una nueva variante?

-Quiero su lengua… y su hígado… -murmuró el Presidente con los ojos inyectados en sangre y caminando con lentitud hacia la mesa. Leon se quedó quieto, analizando lo que había salido en boca del infectado. Lo único que estaba claro es que quería matarle. Tenía que hacer algo… y rápido.

El Presidente se abalanzó sobre la mesa, pero Leon fue más rápido y rodó sobre su costado. Cayó al suelo y se dio la vuelta viendo cómo su atacante iba directo contra las ventanas. Los cristales se rompieron. La cabeza se le quedó enganchada. Hacía fuerza para intentar salir.

¡Ahora!

Apuntó a la cabeza y apretó el gatillo. El disparo se incrustó en la cabeza. El Presidente Graham se quedó quieto… y Leon sabía que estaba muerto. Sus brazos habían quedado extendidos mirando al suelo, y la cabeza seguía incrustada en el agujero que había abierto en el cristal. Pasaron unos segundos, y era incapaz de moverse o bajar el arma: el Presidente estaba muerto.

Se dejó caer en el suelo de rodillas. ¿Qué había pasado? Unos pasos se empezaron a acercar, e instantes después aparecieron tres miembros del equipo de seguridad.

-¡Alto! ¡Seguridad! –exclamó uno de los tipos apuntando a Leon, que era incapaz de apartar la mirada del cadáver del Presidente.

-Pero, ¿qué…? –gritó otro de los que había entrado acercándose con lentitud al cuerpo que estaba en la ventana. Le tomó el pulso, y comprobó que estaba muerto.

-¿Es…?

-Sí, el Presidente está muerto –anunció Leon levantándose lentamente del suelo -. Francesca también está muerta.

-¡Joder! –chilló el tercero de los guardaespaldas llevándose las manos a la cabeza -. Agente Kennedy, ¿qué diablos ha pasado? ¿Por qué has disparado al Presidente?

-Alguien le ha contagiado –respondió Leon caminando hacia la mesa -. Actuaba como esos Ganados que vi en España… Pero había algo diferente…

-Kennedy… ¡Estamos hablando de un puto asesinato! –exclamó el guarda que estaba más cerca de él dándole un empujón. Leon salió un poco despedido, pero se encaró cuando recuperó la compostura.

-¡Y podría haber más asesinatos si no hubiera actuado! –replicó completamente enfadado y taladrándolo con la mirada. Decidió apartarse. No tenía ganas de pelearse con esos gallitos llenos de testosterona. Él había superado esa etapa hacía un tiempo -. ¿Cómo demonios hemos permitido que el Presidente haya acabado así? ¿Ha entrado algo o alguien en los últimos minutos?

Los tres vigilantes se miraron. Se quedaron pensativos unos instantes hasta que uno de ellos se acordó de algo que quizá tenía algo que ver.

-Hace unos quince minutos llegó un paquete para el Presidente… -explicó intentando recordar todos los detalles -. Era de su mujer. Pasó todos los controles sin problemas… Podemos revisar las grabaciones, pero no ha entrado nadie en la última hora.

¿Un paquete? Leon volvió a mirar a la mesa… y de pronto sabía la respuesta. Ese frasco azul tenía algo que ver. Estaba completamente destapado. Era posible que el Presidente lo hubiera ingerido… o inhalado. Sin importarle lo que los demás estaban haciendo cogió el frasco y lo examinó. Era una colonia de Ralph Lauren. Estaba seguro de que tenía algo que ver.

-¿Y dicen que pasó los controles sin problemas? –se interesó Leon tapando la supuesta colonia. No quería tocar más allá de lo necesario; no tenía ni idea de qué contenía, pero visto lo que había hecho… no tenía ganas de volver a experimentarlo.

-Exacto… No hubo ningún problema –contestó el tipo que estaba más cerca de él -. ¿Qué hacemos ahora?

-Por lo pronto sacar a la familia del Presidente del edificio. No le digan de momento nada; invéntense alguna excusa –dictaminó Leon con la botella aún en la mano. Se la tendió a otro de los guardaespaldas -. Luego quiero que llamen al Vicepresidente y le pongan al corriente de lo sucedido. Debería convocar una reunión extraordinaria. Y habrá que hacer algo con los cadáveres… Habrá que ponerse en contacto con la familia de Francesca también…

-¿Y qué hago con esto? –preguntó de nuevo el guarda levantando un poco el frasco.

-Llévelo al laboratorio para analizar. Y bajo ningún concepto se le ocurra abrirlo o tocar lo que hay dentro.

-Entendido… ¿Y qué va a hacer, agente Kennedy?

Leon dudó. ¿Debería llamar él mismo al Vicepresidente y exponerle los hechos? ¿Debería ir al laboratorio para estar presente en el momento del análisis? Pero no. Sabía que en el fondo debía prevenir a los demás sobre lo que había pasado. Era un asunto muy pero que muy grave: habían quebrantado la seguridad de la Casa Blanca, y habían asesinado al Presidente en su cara. Lo primero sería llamar a Hunnigan.

-Voy a realizar unas llamadas. Estaré con ustedes cuando termine.

Los tipos salieron del despacho dejando solo a Leon, que se apoyó contra la mesa. Su pistola estaba a escasos centímetros, la misma que había puesto fin a la vida del señor Graham. ¡Dios mío! ¿Qué iban a decirle a la prensa? ¿Y a la familia? Estaba sumido en un completo caos… y necesitaba desesperadamente la ayuda de la B.S.A.A.


Ya conocemos el historial de Chris con sus hombres... ahora Leon también es la víctima pero con los Presidentes 0.0 Pero bueno! ¿Qué está pasando aquí? ¿Cómo han podido meterse en la Casa Blanca?

Xaori: Neil está jugando sus cartas muy bien. Se lo está pasando de lujo con nuestra querida Claire, y ya sabemos lo capullo que es. Y bueno Chris y Jill... ya sabemos que son un caso aparte. Están tan centrados en lo suyo, tan temerosos... que no sueltan prenda. Me está recordando a una situación propia xD. Y por supuesto, ¿qué historia no es buena sin algo de sexo caliente y morborso? (Mente calenturienta modo on) jajaja.

Stardust4: Neil no habría salido vivo del edificio. De eso podemos estar seguros jaja. Ya sabemos lo protector que es Chris con su hermana... y más si Neil no le entra por los ojos. Y Chris, a su manera, diciéndole a Jill lo mucho que la aprecia... Espabila que te la quitan!

Nicole Redfield: por aquí hay mucha tensión no resuelta... Parece que la única que sí la tiene resulta es Claire, que va por aquí y por allá estrenando sitios con Neil. Pero bueno, creo que en Revelations 2 se nos dejó insinuar que entre ellos había algo. Y creo que Chris y Jill ahora tienen un gran lío encima, y no parece que hayan a avanzar... A ver qué ocurre.

Esto es todo por hoy. La próxima semana más, más, más... y mejor. ¿Decidirán los fundadores empezar de cero? ¿Conseguirán recuperar todo lo que perdieron? O por el contrario... ¿se rendirán y decidirán... desaparecer? ¡Hasta la próxima semana!