Sus piernas temblaban, y la palmada que le dio Kirishima en la espalda sólo lo desestabilizó aún más. Su respiración era agitada y sudaba frío. Se sentía muy descompuesto.

Las calles las sentía cada vez más pequeñas, la gente hablaba de manera extraña, y pisar aquel suelo duro, luego de correr descalzo por la tierra húmeda y el pasto, era desconcertante.

―Mírame. ―Susurró Kirishima, mientras volteaba hacia él y se reía a carcajadas.

Y en un segundo su rostro volvió a la expresión alerta pero serena de antes, y envolvió sus hombros con su brazo para desviarse a un callejón.

―Bien, no debes dejar que te vean los guardias. Si ves a uno finge que te ríes de algo que dije, o yo lo haré. Pero no los mires. Llevas cara de susto; no es muy masculino. Ah, y te atraparían.

Izuku asintió.

―De acuerdo.

De todos modos, siguieron caminando por las calles pequeñas, provocándole un paro respiratorio a Izuku paso a paso.

―¡Kirishima!

Izuku por poco muere, pero Kirishima no pareció inmutarse.

―¡Mina! ―le respondió con la misma efusividad que puso ella en su nombre. ―¿Qué pasa?

Cuando volteó a verla, no podía creerlo. Su piel era completamente rosa, igual que su cabello, y sus ojos eran negros. Era muy hermosa.

―¿Dónde van? ¿Quién es? ―preguntó, refiriéndose a él.

―Oh, uhm … ―lo miró de reojo. Tampoco a Izuku se le ocurría nada que decir.

―Wow. De acuerdo. No importa. ―se rascó la cabeza. ―¿Vas a ir al centro?

―Si. Para allá íbamos.

―¿Puedo ir con ustedes? Quiero conocer al rey del bosque.

El corazón de Izuku dio un brinco al oír eso. Rey del boque. Qué bien sonaba. Imaginó la mirada de superioridad que pondría Bakugo si supiera que alguien más le llamaba así, y su corazón dolió al instante.

―Te cortaran la cabeza si te oyen decir algo así. ―Respondió Kirishima, ya aceptando que ella caminaría junto a ellos. Izuku sólo siguió caminando, escuchando atento cada palabra.

―Lo sé. Pero el rey debe aceptarlo: perdió ante el rey del bosque. ¡Ah! ¡Siempre quise salir y conocerlo en persona! ¡Igual Sero! ¿Has visto a Sero?

―No. Hoy no.

―¿Y en serio crees que lo quemen frente a la gente? ¿O primero le cortaran la cabeza? El rey estaba tan furioso que no me sorprendería si lo quisiera torturar antes de-

Fue todo. Su garganta se cerró completamente. No entraba aire, ni salía. Y sus manos presionando puntos en su cuello no hacían ninguna diferencia.

―¿Midoriya?

Sintió que se desplomaría, y se sujetó de la pared.

―¿Qué tiene? ―Mina se preocupó.

―Él tiene… debe ser un ataque de pánico. ―le atinó Kirishima, sin dejar de acariciar su espalda mientras Izuku luchaba por respirar correctamente. ―Debí habértelo dicho. Mina, este chico conoce al rey. Vino a buscarlo. Son… cercanos. Por favor no digas ese tipo de cosas.

La chica cubrió su boca con ambas manos y abrió mucho sus ojos.

―Lo lamento mucho.

―No lo sabías, así que está bien. ―Kirishima estaba confiando demasiado en ella, e Izuku decidió confiar en él. ―Midoriya, ¿Puedes seguir?

―Eso creo. ―dijo. Su pecho dolía mucho.

―Buena esa.

Se repitió mil veces en su mente que debía controlarse. No podía fallar. No ahora. No hoy. No a Bakugo.

Mina se mantuvo en silencio el resto del camino, intercambiando miradas con ambos de vez en cuando.

Izuku se concentró en que debía llegar a Bakugo de un modo u otro, y si tenía que conseguirse armas, lo haría.

La culpa que sentía por haberlo dejado, luego de que Bakugo le pidió por fin quedarse, nublaba su juicio.

Se sentía dispuesto a todo.

Pero obviamente eso no significaba que estuviera preparado para lo que vería a continuación.

―Esto ―Kirishima hizo una pausa dramática. ―es el centro.

Izuku parpadeó, sin dar crédito a sus ojos.

Era, en efecto, el centro de aquel lugar. Un espacio en el que todas las filas de casas alineadas acababan para dejar un amplio espacio circular. Y en el medio, una asta. Y amarrado a ella, con las manos en su espalda, estaba Bakugo.

Lucía exhausto. No levantaba su rostro y jadeaba, y un hilillo de sangre, presumiblemente de un puñetazo, caía por su boca. Por lo demás lucía sin heridas.

Sus ojos se nublaron, y no entendía al montón de personas acumuladas alrededor suyo, mirándolo, sin siquiera cuestionarse lo que pasaría o lo que había hecho para merecerlo.

Izuku titubeó. Nadie lo merecía realmente. Esa era su primera norma y lo tenía claro desde que puede recordarlo. No te puedes poner sobre otro, bajo ninguna circunstancia. Y ver aquel espectáculo que el rey ofrecía, exhibiéndolo como un trofeo, le provocó rabia.

Pero lo que logró sacarlo completamente de sus límites, definitivamente, fue ver que Bakugo había dejado de luchar. Se veía como si se hubiera rendido, e Izuku no podía aceptarlo. No de él.

―Tengo que-

Hizo ademán de salir corriendo, pero la mano de Kirishima se posó con fuerza sobre su hombro, y le obligó a volver al callejón.

―Cálmate. No tienes que lanzarte de ese modo. Podemos acercarnos.

Tenía razón. Podía pensar en algo aún. La gente alrededor de aquella tarima de madera lo cubrían casi por completo ahora que se habían acercado, e Izuku no era demasiado alto.

Entonces, el estruendo de metal contra metal reventó sus oídos, y todas las personas voltearon a ver a quien Izuku supuso era el rey.

Y a su lado: Todoroki. Esta vez llevaba un traje azul que si le hacía lucir como un príncipe, y su espada amarrada a su cintura. Izuku tuvo que apretar sus puños y pensar en la mano que Kirishima aún tenía sobre su hombro para no correr hacia él y hacerle daño.

Entonces el rey habló, y su voz hizo que sus vellos se erizaran.

―¡Quiero que todo el mundo recuerde la cara de este crío! ―a diferencia de su hijo, no llevaba ningún arma a la vista, y la gente volvió a fijarse en Bakugo luego de sus palabras. ―¡Quiero que vean el rostro de aquel cobarde que no pudo contra mi! ¡Que intentó pasar a llevar todo lo que construimos, y que hoy se encuentra arrodillado frente a mí para morir!

Estaba tan petrificado al escuchar sus palabras que era como ver todo a través de un cristal; como si fuera un reflejo.

Los hombros de Bakugo comenzaron a sacudirse, y cuando levantó su vista, la sonrisa ladeada que tenía y sus brillantes ojos rojos lograron sacudir a todas las personas alrededor, y a cada una de las que iba llegando.

Estaba riendo, de forma ronca, y el cabello caía sobre sus ojos, haciéndole lucir completamente fuera de sus cabales. Y seguramente eso era lo que intentaba.

―¡Tú! ¡¿Tú me vas a hablar de cobardía?! ¡Tú que te escondes detrás de la escoria junto a ti!

Lo amaba. Izuku lo amaba, y cada latido que aumentaba por segundo su corazón al escucharlo gritar se lo confirmaban.

Todoroki sujetó la empuñadura de su espada, pero el rey pareció aceptar el reto, y devolvió una sonrisa.

―Es agradable oírte decir eso. No estarás sorprendido al caer bajo el filo de su espada, entonces.―dicho eso, posó su mano en la espalda de Todoroki, y le dio el impulso hacia adelante que necesitaba como autorización para subir a la tarima.

La sangre de Izuku hervía; Bakugo lucía como si no le asustara en absoluto su situación, pero Izuku se daba cuenta de que era puro orgullo. Si bien era valiente, no estaba insultando y gritando sólo porque se veía encerrado. Su pecho dolía otra vez, esa presión que ya se le había hecho usual.

Entonces se descuidó, y al mirar hacia su dirección, los ojos de Bakugo encontraron los suyos. Y el pánico se apoderó de ellos.

Oh.

Oh no.

Izuku cubrió su boca con sus manos. Bakugo ahogó un grito y, en cambio, se lanzó hacia adelante con todas sus fuerzas. En sus brazos se marcaban las venas, y su rostro cada vez se ponía más rojo.

Entonces gritó, frustrado, y siguió tirando una y otra vez todo su peso hacia adelante, lastimado sus muñecas y la planta de los pies al arrastrarlas contra la madera.

Kirishima volteó a verlo; tampoco se esperaba esa reacción.

No entendía por qué ahora trataba con tanta ferocidad librarse, y cómo lo había gatillado él, pero le dolía verlo lastimarse de esa manera.

―Los animales acorralados muestran su verdadera naturaleza, ¿no?

Izuku estaba harto de escuchar su voz.

―Para quienes no hayan escuchado la basura que los campesinos contaban acerca de él, tienen que saber que es un vil ladrón, un salvaje y un huérfano, que no busca nada más que acabar con lo que construí con tanto esfuerzo. Lo que construimos todos.

Bakugo lo miró de reojo, y cerró sus ojos con fuerza al gritar. Encaró a Todoroki, y cuando este se acercó, Bakugo volvió a abalanzarse hacia adelante, enfrentándolo.

―Mátalo.

Fue la ultima palabra del rey.

El silencio fue inmediato. Todoroki desenvainando la espada, el sonido metálico que hizo al deslizarse de su funda, y el brillo que reflejó al estar en alto.

No lo haría.

No lo haría, ¿verdad?

Definitivamente lo haría.

Kirishima no alcanzó a reaccionar, cuando Izuku sintió el impulso violento que obligó a sus piernas a moverse tan rápido como nunca.

Subió a la tarima, corrió y cayó frente a él de rodillas. Lo abrazó, y todo lo demás se detuvo.

Los gritos de la multitud, los del rey y la espada de Todoroki sobre sus cabezas: todo estaba congelado. Nada importaba.

Sólo Izuku, cubriendo a Bakugo, aferrándose a él con tanta fuerza que le hacía sentir que el mundo entero volvía a estabilizarse.

Sus respiraciones estaban igual de agitadas, e Izuku no se sentía capaz de pensar en algo con claridad.

―Tienes que irte. ―le susurró. ―Ahora. Tienes que irte.

―No. No lo haré. Kacchan, no voy a-

―¡Vete!

―¡No voy a volver a dejarte!

Sus ojos brillaban de forma curiosa, y aquel momento pudo o no ser eterno.

―Te amo. Eres la fuerza más grande en mi corazón, y nada de esto va a importar, ni todo este tiempo, si no puedo salvarte. Deku, por favor, vete.

―¡Mátalos a ambos!

El grito del rey le obligó a voltear hacia ellos, sin levantarse, sin armas y sin dobles intenciones.

―Adelante. ―lo retó, viendo directo a sus ojos.

Se estaba jugando todo, pero si Todoroki había sido honesto con él, al menos en eso, entonces no lo haría.

Y en efecto, titubeó.

―¡Shouto!

La voz de su padre parecía bloquear su mente, pero no perdió contacto visual con Izuku.

―Hazlo. No te tenemos miedo, anda.

―Muévete. ―a pesar de que su voz tembló, su espada se mantuvo firme sobre ellos.

―No.

―Esto no tiene que ver contigo. Sabes que no es personal.

―¿No lo es? Entonces mátame primero.

Tenía fe en que no lo haría. No lo mataría, aunque eso significara tampoco matar a Bakugo, y que su padre los matara a los tres. Probablemente.

Y por un instante, la frente de Bakugo se apoyó en su espalda, e Izuku sintió que no le importaría morir. Ni le hacía ilusión el vivir sin él.

Y pudo observar cómo por un segundo Todoroki se quebraba, su labio temblaba, y suspiraba lentamente, antes de dejar caer su espada con fuerza, por encima de ellos, cortando por completo las cuerdas que sujetaban a Bakugo.

―Váyanse ahora. ―les dijo, y esta vez si miró a Bakugo antes de voltear.

Encaró a su padre, e Izuku no estaba interesado en aquella pelea por el momento.

Tomó su mano para levantarlo, y Kirishima y Mina los ayudaron a empujar guardias o bloquear sus ataques de espada lanzándoles lo que encontraran en el camino, abriéndoles así un camino para que pudieran salir de ahí.

Izuku no soltó su mano en todo el camino. No podía. Sentía que todo acabaría si lo soltaba.

Bakugo se reía mientras corría, y apretaba su mano con fuerza al momento de adelantarlo y dirigirlo por entre las grandes hojas. De seguro para el también era un momento demasiado fantástico como para pensárselo y dejarlo pasar.

Sentía que no podía correr más. Sus piernas dolían tanto que en cualquier momento podría caer de rodillas, pero no se detuvo.

Corrió junto a él hasta que atravesaron la primera cerca, y sólo se detuvo cuando llegaron a la segunda, la que tenían que saltar. Sólo entonces lo soltó.

―Eres un bastardo, ¿lo sabías? ―Bakugo seguía sonriendo cuando lo dijo, e Izuku entendió perfectamente a lo que se refería. ―Tenemos que ir río abajo, porque los dragones deben estar-

―Yo se donde están. ―Habló entrecortado, tratando de que su pecho dejara de golpear tan fuerte, sintiendo que sus pulmones dolían y no acababan de llenarse con aire. ―Los dejé escondidos en el bosque antes de venir.

Bakugo lo tomó de la quijada con fuerza para levantar su rostro, y lo besó.

Izuku le correspondió antes de reírse, y saltar a abrazarlo. Bakugo lo levantó del suelo cuando envolvió su cintura con sus brazos.

Estaba tan feliz en ese momento… sentía que había recuperado todo. Sentía que todo había valido la pena y nada podía arruinarlo.

Todoroki los había ayudado a liberarse, Mina los ayudó a escapar, Kirishima lo ayudó a llegar a Bakugo y Momo lo ayudó a entrar al reino. Y no podía estar más agradecido.

Y ahora, en brazos de Bakugo, mientras sus manos jugueteaban entre sus cabellos en punta y sus narices se rozaban con complicidad al sonreírse, se sintió imparable.


13/02/18

Santiago de Chile