¡Muy buenas a todos! Un poco más tarde la cuenta, pero aquí estoy. Entre que he estado toda la mañana liada de papeleo y que el ordenador estaba gracioso no he podido subirlo antes. Pero bueno, aquí está. ¡Dsifrutadlo!
En el despacho no había encontrado nada de utilidad. El ordenador personal del Presidente tenía unos códigos que hacían imposible el acceso, pero ya le pediría a alguien del equipo de mantenimiento que se ocupara de buscar cualquier cosa que les fuera útil. Los de las pompas fúnebres se habían ido hacía unos instantes. Había sido doloroso observar cómo se llevaban el cuerpo del Presidente y el de su secretaria.
En el suelo aún había manchas de sangre del palo de madera que había utilizado para agredirlo. No hacía falta ni analizarlo para saber que la sangre era de Francesca. Leon observó con curiosidad la estancia, y observó que el palo había sido arrancado de una silla que estaba cerca de la entrada. Era tan irreal todo lo que había pasado… que aún no era consciente de que las noticias empezarían a volar, y que pronto tendrían a toda una legión de periodistas indagando.
El Vicepresidente había cancelado una visita que tenía programada en Dakota del Norte, y venía de camino a la capital en un avión privado. Tendrían que tomar muchas decisiones… y a cuál más difícil. Esperaba que la B.S.A.A. se supiera manos a la obra cuanto antes a pesar de que ya estaban lidiando con sus propios problemas… Él se encargaría de buscar por su lado.
Los guardaespaldas se habían llevado a los Graham a casa de unos familiares en Maryland. Cuanto más lejos estuvieran, mejor… De momento, no sabían nada de lo que había pasado, pero no tardarían. No quería ni imaginar lo que debían estar pasando al ser desalojadas con tanta rapidez y sin explicaciones del que, hasta ahora, había sido su hogar.
Consultó su teléfono, pero no tenía ninguna llamada perdida ni ningún mensaje. Hunnigan se estaba encargando de transmitir a todos los altos cargos la noticia, y era raro que el móvil no hubiera empezado a estar petado de llamadas de diferentes alcaldes, jueces y demás políticos. En el despacho ya no le quedaba nada más por hacer, pero se sentía tan vacío que le costaba irse, como si algo se lo impidiera.
Este asunto los iba a salpicar, y mucho. Iban a poner en entredicho muchas cosas, como la seguridad, y Leon estaba seguro de que rodarían muchas cabezas… Esperaba que no fuera la suya. La seguridad siempre había sido un tema de gran preocupación para la nación tras lo sucedido hacía unos años en las Torres Gemelas. Todos los establecimientos públicos habían adoptado unas medidas de seguridad casi extremas para garantizar el bienestar de todos.
Dio unos pasos hacia la salida sin estar demasiado convencido. ¿Qué iban a hacer a partir de ahora? ¿Se encontraban ante una amenaza que era imposible de erradicar? Leon sabía que nada era imposible, pero les estaban poniendo las cosas muy complicadas, demasiadas. Eran muy buenos, unos profesionales, y estaban consiguiendo salir indemnes. Pero Leon no iba a detenerse… y sabía que la B.S.A.A. tampoco.
Era hora de hacer una visita al forense. Tal vez podía contarle algo interesante.
-De momento, no disponemos de muchos datos, pero nos confirman que el puente de Brooklyn ha quedado dividido literalmente en dos… -la noticia casi hizo que diera un volantazo. ¿También en Nueva York? Leon intentó volver a centrarse en la carretera, aunque estaba muy pendiente de la radio -. Se habla de una posible amenaza bioterrorista. Las autoridades se están acercando al lugar de los hechos para evaluar los daños, pero se habla de un centenar de heridos y una docena de muertos… -Leon no pudo evitar soltar un golpe de rabia al volante. Cómo odiaba sentirse ninguneado y ultrajado -. Les seguiremos manteniendo informados de todo cuanto suceda…
La B.S.A.A. ya estaría por allí intentando controlar la situación, aunque sabía que esto no era más que el comienzo de todo lo que estaba por venir. Se estaban enfrentando a alguien que sabía lo que hacía, y que no dejaba ninguna huella a su paso. Esperaba que la visita al forense y el resultado del frasco de colonia dieran algo más de resultados, porque estaba empezando a desesperarse.
Tardó cerca de cuarenta minutos en llegar a la sala de autopsias del departamento de policía de Washington. Aparcó el coche en una zona reservada para los agentes. Al trabajar para el Gobierno tenía la ventaja de que podía aparcar casi en cualquier lugar, sin importarle que algún poli con ganas de marcha le pusiera una multa. Esos días quedaron bastante atrás, afortunadamente.
Bajó de su vehículo y caminó hacia la entrada, con decisión. Ya tendrían algo nuevo sobre el caso de Samuel Lynch, y esperaba que tuvieran los primeros resultados del análisis del virus que había acabado con la vida del Presidente. Abrió la puerta y se acercó al mostrador. Todo estaba muy silencioso, demasiado, y sólo había un guarda detrás del mostrador haciendo crucigramas.
Leon arqueó una ceja sorprendido. ¿Cómo podía estar allí sentado, tan tranquilo, con todo lo que había pasado? Puso las manos de forma violenta en el escritorio, asustando al tipo, y al que se le cayó el bolígrafo que tenía en la mano.
-Disculpe… -murmuró el policía rascándose distraídamente el cabeza -. ¿En qué… puedo ayudarle?
Leon le mostró su identificación y se la volvió a guardar en la chaqueta.
-Agente Kennedy. Quiero ver al forense… ¡Ya!
El tipo balbuceó algo ininteligible, y asintió señalando la puerta marrón que estaba a la izquierda.
-Está en la sala de autopsias…
-Gracias –se despidió Leon caminando hacia la puerta en cuestión. El guarda no dejaba de observarle, y eso le incomodaba en gran medida. Agarró el pomo, y no pudo evitar girarse -. ¿Qué?
-Nada… Es sólo… Que me suena de algo…
Leon se quedó en silencio, meditando su respuesta. La verdad es que no disponía de mucho tiempo, pero la actitud tan pasota de este tipo de merecía una respuesta en condiciones.
-Tal vez me hayas visto en Gran Hermano… -Leon se encogió de hombros y abrió la puerta -. Participé en una de las ediciones.
Y abandonó la sala dejando al otro con la palabra en la boca. Contuvo las ganas de reírse mientras caminaba hacia la sala de autopsias. ¿De verdad que había dicho aquello? Se había pasado tres pueblos… ¡pero es que el tipo ése le estaba poniendo de los nervios con esa sangre gorda! Siguió caminando por el pasillo hasta llegar casi al final, donde vio una puerta entreabierta con el cartel que indicaba que era la sala de autopsias.
Pegó con suavidad en la puerta, y la respuesta no se hizo esperar.
-Adelante.
Una potente luz fluorescente iluminaba por completo la sala. Había tres armarios bastante grandes al fondo repleto de diferente instrumental. Había también una mesa de madera repleta de documentos y muestras metidas dentro de bolsas. Leon intentó no mirarlas demasiados; había visto un pulmón. Y lo más impresionante de todo eran las tres camillas metálicas alumbradas por unos potentes focos. Había sábanas blancas que cubrían los cuerpos que estaban tumbados en ellas. Uno podría ser el del Presidente…
Ante sí había un hombre de edad algo avanzada. Llevaba un inmaculado traje blanco, unos guantes de látex y una mascarilla que se bajó. También tenía unas gafas de montura con los filos rojos, y estaba completamente calvo. Se quitó los guantes, que arrojó a un lado, y le tendió la mano. Leon se la estrechó sin dudarlo. Desprendía una energía bastante positiva.
-Soy Andrew Holmes, el forense –se presentó soltando la mano del invitado -. ¿Qué puedo hacer por usted, señor…?
-Kennedy –volvió a sacar mi identificación y se la mostró. Al ver que pertenecía al Gobierno su gesto cambió por completo. Lo que hace un simple documento… -. Trabajo para el Gobierno, bajo la orden directa del Presidente…
¿O debería decir trabajaba?
-No sabe cuánto siento lo ocurrido… -se lamentó el forense con el gesto serio. Había sido un golpe de autoridad en toda regla que no les dejaba en muy lugar. Ahora todos tendrían el punto de mira puesto en los Estados Unidos -. Desde lo de John F. Kennedy no se ha visto nada parecido… Sólo dime que necesita saber y haré todo lo posible por ayudarle.
-Quisiera, en primer lugar, algunas aclaraciones sobre la muerte de Samuel Lynch –dijo Leon cruzándose de brazos, sin dejar de observar a su interlocutor -. Según el primer informe, el señor Lynch murió como consecuencia de las heridas producidas por un arma blanca… ¿Es eso cierto?
-Sí… -confirmó Andrew asintiendo levemente con la cabeza. Caminó hacia su mesa y empezó a buscar algo entre el montón que tenía allí. De pronto, se detuvo y sacó una carpeta que empezó a ojear -. Aquí está… -anunció caminando hacia el agente con la carpeta abierta -. Puede echarle un vistazo usted mismo…
Leon cogió el informe y empezó a leerlo.
INFORME DE AUTOPSIA MÉDICO FORENSE
1. ENCABEZAMIENTO
-Lugar: Washington D.C. 23 de abril de 2005.
-Hora: 1.55 A.M.
-Autoridad que lo solicita: Fiscal 3º de lo penal
2. INTRODUCCIÓN
Los casos de muerte por herida de arma blanca son en la actualidad los más frecuentes, debido al aumento del desempleo y la delincuencia de forma equilibrada en el medio actual. Las heridas por arma blanca son muy comunes y por lo general son causantes de muerte cuando son localizadas o comprometen órganos importantes del cuerpo humano.
El actual caso presenta heridas de tipo punto-corto-contundentes a diferentes niveles del lumbar, lugar que se halla muy vascularizado, donde pasan varias vías nerviosas importantes, motivo por el cual, la causa de muerte fue de tipo violenta, tipo agónico, que sobrellevo a shock hipovolémico, lo que ocasionó la muerte de la víctima.
3. EXAMEN EXTERNO DEL CADÁVER
3.1.- LUGAR Y POSICION DEL CADÁVER:
Cadáver que descansa sobre dos tablas improvisadas como mesa de autopsia en decúbito dorsal, las mismas q se encuentran localizadas en un cuarto de cuatro paredes dentro de un cementerio, improvisado como área de necropsia y que no ofrece las garantías para realizar dicho procedimiento de una forma segura, pero que no se cuenta con otras infraestructuras diseñadas para este propósito.
3.2.- VESTIDO O DESNUDO:
Cadáver que se encuentra en decúbito dorsal sobre dos tablas improvisadas como mesa de autopsia, se encuentra vestido con:
· Chaqueta negra y camisa blanca de algodón, talla 46, y que presenta áreas de sangre en la región posterior, la espalda alta, de tamaño regular; de forma irregular; otra área de sangrado localizado en la parte del torso izquierdo de la camisa.
· Pantalón color negro, talla 46, que presenta pequeñas manchas de sangre.
· Zapatos de color negro, talla 44, tipo casual, sin ningún resto.
· Accesorios: corbata negra, reloj de plata, un maletín marrón completamente cerrado, teléfono móvil, cartera con documentación y dinero y un juego de llaves.
3.3.- DATOS DE FILIZACION:
· Sexo: Varón
· Talla: 175 cm
· Peso: 80 kg.
· Edad: 42 años.
· Raza: Caucásica
3.4.- HORA DE LA MUERTE
La hora de la muerte se establece mediante la revisión de los signos mediatos de muerte (lividez, rigidez, temperatura corporal, deshidratación), estos signos de muerte se presentan por lo general hasta antes de los tres días después de fallecido la persona. Un análisis minucioso ha determinado que la hora de fallecimiento del señor S.L. fue aproximadamente a las 20.45 p.m., alrededor de quince minutos antes de que los cuerpos de seguridad lo hallaran.
4. DESCRIPCIÓN INTERNA DEL CADÁVER
-Cuello: se observa una luxación en la región de la columna cervical, que pudo provocar la inmovilidad del sujeto.
-Tórax: como consecuencia de las heridas internas, los pulmones estaban algo encharcados, lo que ocasionó diferentes derrames por la zona torácica.
-Abdomen: presencia de derrame (ascitis). El hígado y la vesícula quedaron ligeramente dañados por el impacto de bala, así como el riñón izquierdo dejó de funcionar correctamente.
5. DESCRIPCION DE ORIFICIOS NATURALES
· Boca: piezas dentales intactas, aunque la víctima debió vomitar sangre, ya que los colmillos y los muelas presentaban restos de sangre.
· Ojos: las pupilas estaban algo dilatadas y salidas de su órbita, como si el ataque le hubiera pillado completamente por sorpresa.
· Manos: completamente rígidas, cerradas, con restos de sangre procedentes dl abdomen.
· Piernas: leves arañazos en las rodillas.
·
6. CONCLUSIONES MÉDICOLEGALES
-Que se trata de una muerte violenta.
-Causa inmediata de la muerte: pérdida de sangre.
-Causa fundamental de la muerte: herida de bala y puñaladas.
-El sujeto recibió un impacto de bala en la zona abdominal, lugar donde ya antes había recibido la puñalada, y eso aceleró el proceso de defunción.
-Los servicios sanitarios no pudieron hacer nada por salvar la vida del individuo.
7. FIRMA DEL MÉDICO
A la disposición del señor juez para cualquier información adicional que considere pertinente.
Firma: Dr. Andrew Holmes.
-Un momento… -inquirió Leon al terminar de leer el informe -. ¿Dice que había también una bala?
-Exacto… -confirmó el médico volviendo a la mesa. Cogió una bolsa transparente de plástico, donde había una única bala, ensangrentada -. Pensamos que la muerte se había debido sólo a las heridas infligidas por el arma blanca, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que había algo más… -se detuvo unos instantes, sin dejar de observar la bolsa -. Es del calibre 50, bastante común entre los rifles de francotiradores…
-¿Está diciendo… qué hay más de una persona implicada en el asesinato? –preguntó el agente sin dejar de asombrarse. Iba descubriendo más y más cosas que le estaban dejando bastante de piedra.
-Eso me meto… Me aventuraría a decir que el señor Lynch recibió el disparo, intentó huir, quedó acorralado en el callejón y allí le asestaron las tres puñaladas… Dio la casualidad que una de ellas se produjo exactamente en el lugar donde estaba la herida producida por la bala… y eso despistó un poco al principio.
-E imagino que no se encontró el arma por ninguna parte…
- Ni rastro de ella… -Andrew le tendió la bolsa, y la cogió dudoso -. Sin embargo, ¿está muy familiarizado con balas de este calibre? –Leon negó. Lo suyo nunca habían sido los rifles de francotirador -. Pues estas balas… han sido modificadas…
-¿Modificadas? –repitió Leon con el ceño fruncido. Cada vez entendía menos.
-Si observa la punta, la mayoría de las balas del calibre 50 tienen una terminación puntiaguda, para atravesar mejor aquello contra lo que se dispara… Pero ésta es más algo más redondeada, para darle algo más de acierto al disparo, específica para un solo rifle…
De pronto empezaron a abrirse las puertas. Si eso era cierto había una posibilidad de coger a ese hijo de la gran puta antes de lo que pensaba.
-¿Qué modelo? –se interesó Leon con algo de nerviosismo.
-Una Cheytac M200… Uno de los mejores del mercado según tengo entendido…
Leon no podía sentirse más feliz. Por fin tenía una pista con la que empezar a investigar. Ahora sólo faltaba que los de laboratorio terminaran de analizar el contenido del frasco de colonia, y el día habría sido mucho mejor de lo que pensaba. Debería empezar investigando por las tiendas de armas de la ciudad… y eso era mucho decir, porque había más de quinientas.
-Gracias por la información. Volveré por aquí por si necesitara algo más.
-Por supuesto –y volvieron a estrecharse la mano -. Vuelva cuando quiera.
La música sonaba de manera escandalosa mientras abandonaba el local. Había dos chicas subidas a la barra deleitando a unos caballeros que movían la cabeza de un lado a otro, como si los movimientos de las chicas los tuvieran hipnotizados. Él ya había tenido su ración de sobra por esa noche. Llegaría a casa y se iría directo a la cama. Mañana tenía un día bastante ajetreado por delante.
Abrió la puerta con lentitud, respirando aire puro. El ambiente estaba cargado de olor a tabaco, a sudor… y a sexo. Embriagador en cierto modo, pero asfixiante. Soplaba una ligera brisa bastante agradable. Se abrochó los dos últimos botones de su chaqueta y sujetó el maletín con determinación. Metió la mano que tenía libre en el bolsillo y sacó su teléfono.
Tenía un mensaje del fiscal tercero del penal, un tipo bastante serio pero que en el fondo tenía un gran corazón. Le había sacado de más de un aprieto, y se conocían desde los tiempos de la universidad, aunque la suerte no había querido que trabajaran en la misma directriz. Mientras que Corey Swan se encargaba de juicios rápidos de cualquier índole, Samuel Lynch tenía una enorme responsable: juzgaba a criminales, terroristas y violadores. En definitiva, a los despojos de la sociedad, a gente que no se merecía ni que los miraran a la cara.
En los próximos días tenía uno de los juicios más importantes de los últimos años, desde la caída de Umbrella, y no estaba dispuesto a dejarse chantajear ni a guiarse por la opinión de los sectores más conservadores. Muchos creían hacer justicia, cuando en realidad lo que hacían era echarse piedras sobre su propio tejado y ponerse a la mayoría de la opinión pública en contra.
Pero algunos consideraban que todos merecían una segunda oportunidad, y proponían diferentes programas y ayudas para reinsertar a esos… canallas. Lynch ni se molestaba en leerlos. Tenía unas ideas muy claras, y sabía que esos tipos tenían que estar muy lejos de las calles, de los ciudadanos de a pie. Si por algo había conseguido ese puesto era por su mano de hierro.
No le había temblado el pulso cuando le presentaron pruebas de la culpabilidad de Umbrella en el incidente de Raccoon City, y no había tenido ningún tipo de duda de que las acciones de la empresa debían desaparecer, y ser puestas en el mercado para que otros pudieran adquirir las importantes acciones que tenía la corporación… aunque no había comprador que él supiera.
La imagen de Umbrella había quedado muy dañada, hasta tal punto que el negocio de los cosméticos había caído en picado en el último año, siendo la corporación uno de los sectores que más beneficios le aportaba… aunque ya se supo que la mayoría de su negocio no procedía de esa venta precisamente.
La calle estaba bastante solitaria a pesar de que aún era bastante temprano. Su coche estaba aparcado en la calle al lado. Era una suerte que hubiera encontrado aparcamiento tan cerca del local; los viernes y los sábados era una auténtica odisea ir por allí. De pronto, sintió un agudo dolor en el costado. Se llevó la mano a la derecha, y tiró el maletín al suelo sorprendido.
-¡Dios mío! –exclamó viendo la mano completamente llena de sangre. El dolor era cada vez más agudo, y entonces lo entendió: ¡le habían disparado!
¡Tengo que salir de aquí cuanto antes!
Cogió el maletín y echó a correr sin mirar atrás. La mano estaba cada vez más llena de sangre. Necesitaba ayuda. ¿Qué demonios estaba pasando? Avanzó sintiendo unos enormes pinchazos en el costado. Giró hacia la calle Eagle sin perder ni un segundo. Alguien quería matarlo.
-¡Socorro! –gritó intentando llamar la atención de alguien que pasara por allí, de algún coche, lo que fuera… pero no había nadie. ¿Dónde estaba todo el mundo cuando se le necesitaba?
Alguien lo empujó y cayó al suelo. Se dio un golpe en el codo derecho, y se había rasgado el pantalón por la rodilla. ¿Quién era esa gente? ¿Qué querían? El maletín estaba en el suelo, sin abrir. Tenía todos sus objetos personales en el abrigo. Tal vez era el momento de sacar el teléfono.
-Yo me quedaría muy quietecito… -anunció una voz masculina autoritaria, como si le hubiera leído del pensamiento. Lynch intentó darse la vuelta, pero al oír cómo le quitaban el seguro a una pistola decidió no mover ni un dedo. En el suelo se estaba formando un charco con su sangre.
-Necesito ayuda… Por favor… -logró decir con los nervios a flor de piel. Le temblaban ligeramente las piernas y los brazos. ¿Qué había hecho para merecer eso?
El atacante avanzó unos pasos y se situó delante. Llevaba un traje completamente negro y una máscara que impedía identificarlo. Tenía una pistola pequeña en la mano derecha con la que no dejaba de apuntar a su víctima, que respiraba con bastante dificultad y temblaba.
-Nunca me han gustado los peces gordos… -anunció el tipo sin dejar de fijar su atención en el juez -. Os creéis que por tener cargos importantes podéis hacer todo cuanto queráis… No… Eso tiene que acabar…
Y sacó un cuchillo que tenía guardado bajo la manga. Lynch sólo pudo observar con los ojos como platos cómo el tipo se abalanzaba contra él y se lo clavaba en el costado.
-¡Ah! –exclamó al sentir un dolor bastante agudo que empezó a extenderse hacia el centro. Se encontraba débil, casi sin fuerzas. La sangre salía con más abundancia… y sabía que su hora estaba cerca.
Levantó la pierna izquierda y le propinó una patada a su agresor, que cayó al suelo gritando y llevándose una mano a la entrepierna. Tal vez aún había una oportunidad. Sacando fuerzas de donde no las tenía, Samuel Lynch se levantó trastabillando un poco. Cojeaba ligeramente. Tenía que ganar algo de tiempo… Avanzó unos metros, alejándose poco a poco del extraño.
Se detuvo al ver que estaba ante un callejón trasero.
-Joder… -murmuró con la mano en el costado. La única opción que tenía era volver… y no era una opción demasiado buena precisamente.
De pronto, le agarraron por la cabeza. Le pusieron una mano en la boca amortiguando sus gritos y sintió que el filo del cuchillo se clavaba dos veces en su espalda. Le faltaba el aire. Lo tiraron al suelo y tosió. Escupió sangre. No tenía fuerzas para moverse. Se quedó tumbado en el suelo, intentando llenar de aire sus pulmones. Dolía… y todo se estaba nublando a su alrededor.
-Quien se interpone entre el bien y el mal… Debe pagar… -fue lo último que oyó antes de ver al tipo alejarse. Intentó gritar, pero de su boca no salía absolutamente nada. Su vista se iba nublando más conforme pasaban los segundos.
Sabía que había hecho algunas cosas de las que no se sentía orgulloso, pero no era algo tan grave como para acabar así. Era una cabronada morir, y hacerlo solo… era lo peor. Intentó levantar la mano, pero sus articulaciones no le respondían. Estaba hundido, sumido en la oscuridad.
Bueno, ya tenemos algunos detalles más sobre la muerte... Muy sospechoso que se lo encontraran solo, ¿no os parece?
Xaori: efectivamente, el que está detrás de todo es bueno, pero que muy bueno. Sinceramente no veo ni a Neil ni a Jessica realizando un ataque de tal calibre. ¿Habrá alguien más por ahí? ¿Quién sabe? Todo el mundo va a tener un papel importante, ya verás. Estoy deseando subir un capítulo que os va a dejar a todos patitiesos :o
Stardust4: S.D. Perry me sirvió de inspiración al principio. Aunque su estilo no es el mejor me encanta lo directa que es, y que no se para mucho en las descripciones, que creo que facilita mucho la labor de lectura. A Claire y a Leon deberíamos darles un buen palo, porque siempre se van con los peores... Algún día escarmentarán, o eso espero.
Y esto es todo por hoy. Muchas revelaciones parece ser. La próxima semana veremos qué ocurre con la actuación en el puente, y nuestra querida Claire y ese $¡* de Neil nos regalarán un buen momento ñ-ñ
