¡Hola a todos una semana más! Aquí, siempre fiel a mi cita, os dejo el siguiente capítulo. Prometo mucha acción... de todo tipo :D


Los vehículos, el armamento, el equipo… Todo estaba listo para plantar cara a esas B.O.W.S. que se habían instaurado en New York. ¿Contra quiénes luchaban? ¿Cómo habían sido capaces de pasar por todos sus sistemas de seguridad? Y lo más importante: ¿cómo demonios habían conseguido infiltrarse en la Casa Blanca? Eran tantas preguntas las que tenía en la cabeza que Chris creía que le iba a explotar.

Miraba de forma distraída por el convoy que conducía a toda velocidad hacia el puente de Brooklyn. Una vez más los habían pillado con los pantalones bajados, y muy posiblemente cuando llegaran ya sería demasiado tarde. Sabía que el director había hablado con el alcalde y habían decidido poner en marcha la Ley Morfeo, por la cual nadie podía salir o entrar en la ciudad.

El transporte público había dejado de funcionar, el aeropuerto estaba cerrado, y las principales carreteras de acceso cortadas. Así garantizarían que el capullo que había montado todo aquello no pudiera ir muy lejos. ¿Y cómo reconocerlo? Ésa era la cuestión. Había ordenado a los de inteligencia que enviaran fotos a la policía local y a los federales de los terroristas potencialmente sospechosos. Pero dudaba que anduvieran por allí.

Habían tardado poco en actuar, sí, a pesar de que alguno de los fundadores habían puesto muchas trabas para la intervención. De no ser por O'Brian, quizá no estarían allí. Se había encargado de entretener al resto mientras él y Jill organizaban todo lo necesario. Habían equipado dos convoys con todo tipo de armas, y habían coordinado a dos grupos para la intervención: uno se encargaría de eliminar las B.O.W.S., y el otro de buscar posibles supervivientes. Ya se encargaría de avisar a Terrasave cuando todo hubiera terminado.

Pasaron a toda velocidad por la quinta avenida. Los coches se echaban a un lado en cuanto veían que se acercaban. La policía los estaba escoltando para agilizar la campaña. De no ser por ellos posiblemente llegarían mucho más tarde. Chris miró a su alrededor: tres hombres y dos mujeres guardaban silencio, fijando la mirada en algún punto, completamente concentrados. Eso era exactamente lo que quería Chris; necesitaba gente que estuviera por y para la labor.

Jill iba en el otro vehículo. Habían decidido disponerlo así para poder explicar a cada uno lo que tenía que hacer. Por supuesto ellos se encargarían de las B.O.W.S.; por nada del mundo se perderían ese espectáculo. Había algo en todo aquel asunto que seguía sin gustarle lo más mínimo: la facilidad con la que estaban campando a sus anchas, cómo se reían delante de sus narices… Eso no podía quedar así.

Cogió su pistola y comprobó que estaba cargada. Sólo esperaba que no llegaran demasiado tarde. El vehículo empezó a reducir de pronto la velocidad, hasta que se detuvo completamente.

-Hemos llegado, señor –anunció el piloto mientras veía cómo el coche policial se dirigía hacia otra calle colindante. Esos capullos no querían meterse en líos… ¡Valientes gallinas!

-Todos fuera –ordenó el capitán abriendo la puerta trasera. Uno a uno, todos los miembros del pelotón cogieron sus armas y salieron a la calle. Chris fue el último en hacerlo; el piloto permaneció en su sitio, a la espera de recibir alguna orden.

El otro convoy estaba a pocos metros. Algunos de sus miembros ya estaban fuera, comprobando sus equipos. La mayoría eran especialistas de campo, rastreadores por así decirlo. Iban a ser los encargados de atender a los heridos. Las primeras cifras hablaban de al menos una centena… No era nada bueno. Enfundó su pistola en la pierna izquierda y cogió una escopeta de asalto que estaba colgada en la pared. También se hizo con algunas balas.

Por su experiencia sabía que contra esas bestias había que ir con todo el arsenal que tuvieras a mano, y cuanto más potente, mejor. A él, por así decirlo, le gustaba ir más a saco. En eso no se parecía en absolutamente nada a Jill; imaginaba que ya estaría con su pistola reglamentaria y su rifle de francotirador colgado del hombro. Comprobó que todo estaba en orden y salió del vehículo.

La radio de momento no había sonado, lo cual quería decir que no había novedades más allá de las que ya sabían. De todos modos, se aseguró de que el canal estaba abierto; no quería más sorpresas. Agarró con fuerza su escopeta y se dirigió a sus hombres, que estaban en círculo esperando las indicaciones.

-Bien… Hagan una exploración inicial –les explicó caminando hacia el centro del círculo -. No sabemos aún a qué nos enfrentamos, así que mantengan todos los sentidos bien alertas. Esas B.O.W.S. son duras de pelar, y necesitarán armarse de paciencia y valor para derrotarlas. La agente Valentine nos ofrecerá apoyo. Ya saben lo que tienen que hacer… -guardó silencio unos instantes. Le encantaba ver cómo todos estaban atentos a todo lo que estaba diciendo -. Ante cualquier actividad sospechosa no duden en apretar el gatillo. No vamos a dejar a nadie atrás, ¿entendido?

-Sí, señor –asintieron todos preparando sus armas. Chris les hizo una señal y todos empezaron a avanzar. Los observó perderse entre unos coches que había aparcados y unos escombros.

Se giró y caminó hacia donde estaba el otro grupo, que recibía las últimas instrucciones por parte de Jill. Tenía un mapa en la mano en el que iba señalando diferentes puntos.

-Bien, ¿alguna pregunta? –finalizó la morena una vez terminada la explicación. Había heridos por todo el puente, y con la brecha que se había abierto iba a ser bastante complicado llegar hasta todos. Pero tenían que hacerlo; era su trabajo -. ¡Adelante! La vida de muchas personas está en juego.

Los cinco miembros a los que dirigía asintieron y empezaron a trotar hacia el puente, que se encontraba a poco más de cien metros. Se cruzó de brazos y suspiró. ¿Cuánto duraría esto? ¿Estaría toda su vida luchando contra esta amenaza constante? Era las preguntas que se hacía todas las noches mientras intentaba dormir. Ningún miembro de la B.S.A.A. llevaba una vida fácil, y sobre todo ella.

Si no tenía tiempo ni para sí misma, ¿cómo iba a tenerlo para la persona que estuviera a su lado? No, desde luego que no sería nada agradable. Oyó unos pasos a su espalda. Se giró y vio a Chris con su uniforme y con una enorme escopeta en los brazos. A diferencia de su vestimenta, que era completamente azul, su compañero prefería el color verde. Llevaba una camisa blanca, un chaleco verde y unos pantalones grises. No sabía cómo lo hacía, pero pusiera lo que se pusiese siempre iba muy sexy.

-Nos toca entrar en acción –dijo Chris para romper el silencio que se había formado entre ellos. Jill hizo un leve gesto con la cabeza y comprobó el cargador de su rifle. No estaba atascado y estaba completo. Perfecto. Se echó el arma al hombro a pesar de que pesaba bastante -. Admiro la precisión que tienes con ese trasto en las manos.

Jill rio.

-¿Desde cuándo llamas a un arma trasto? –consiguió hablar cuando más o menos se recuperó de la risa. Chris se encogió de hombros sin saber muy bien qué decir -. Ya sabes que en la Delta Force era especialista en desactivación de explosivos, forzar cerraduras… y tiro a larga distancia. Sé que tú eres más de entrar a saco.

-¿Cuándo se trata de derrotar a B.O.W.S.? Por supuesto.

Caminaron unos metros en silencio, observando todo cuanto los rodeaba. Había mucho silencio. Demasiado. Deberían estar escuchando disparos, gritos, golpes… algo. Jill se detuvo y apuntó con el rifle al puente. Se puso la mirilla en el ojo derecho y observó. Acercó algo más el zoom para tener algo más de precisión… y lo que vio no le gustó ni un pelo. Había bastantes B.O.W.S. por la zona, muchos cuerpos tirados por el suelo, y alguna que otra persona encerrada en su coche mientras era asediada por esas criaturas. Esperaba que no hubieran llegado demasiado tarde.

-Chris… -lo llamó observando con atención lo que pasaba en el puente -. Deberías echar un vistazo.

Estaban a algo más de setenta metros del comienzo del puente de Brooklyn, y desde allí tenían una visión privilegiada de todo cuanto pasaba. Chris sacó los prismáticos de su chaleco y enfocó hacia el puente.

-Joder… -murmuró estando muy atento a todo cuanto pasaba.

Los dos equipos avanzan a buen ritmo hacia la entrada del puente, aunque se detuvieron al ver que la zona estaba plagada de B.O.W.S. Había unos peces de tamaño considerable con unos enormes dientes que podían desgarrar casi cualquier cosa. ¡Eran los mismos que habían visto en el Queen Zenobia! Esto era sin duda obra del T-Abyss. ¿Quién había conseguido una muestra? Todas se perdieron cuando el barco quedó destruido… Salvo que la hubieran conseguido antes.

-Jessica… -dijo casi sin pensarlo quitándose los prismáticos. Puso los brazos en jarra y refunfuñó.

-¿Crees que ella tiene algo que ver? –preguntó Jill a su lado sin dejar de observar la escena del puente. Los equipos se habían ocultado tras los coches, esperando el momento oportuno para atacar.

-No lo sé… ¿Pero quién podría tener acceso a ese virus?

Jill guardó silencio, meditando la respuesta. En parte tenía razón. Era la persona más sospechosa en ese momento, ya que posiblemente era la única que tenía acceso a esa cepa de virus. ¿Cómo lo había conseguido? Eso era un completo misterio, aunque tampoco tenían garantías de que fuera ella. En cierta medida tenía ganas de encontrarse con esa zorra y hacerle pagar por todo lo que les había hecho sufrir.

Además, tampoco se le había olvidado cómo había intentado filtrear una y otra vez con Chris, aunque afortunadamente él no parecía haberse dado cuenta. Menos mal, porque no soportaría que su amigo cayera en los brazos equivocados.

-Avisaremos luego a la central cuando tengamos más seguridad –anunció volviendo a coger los prismáticos. Había más B.O.W.S., y algunas como las que había visto en el crucero… y otras completamente desconocidas -. Hay algunas B.O.W.S. nuevas… ¿una nueva cepa?

-Espero que no –respondió Jill confirmando las sospechas de su amigo. Había una masa bastante grande, con forma humanoide, que no se parecía absolutamente nada a las que habían encontrado en las playas del Mediterráneo. También había algunos infectados, aunque no se parecían nada a lo que había visto. Apartó la mirada de la visión y suspiró. ¿Estarían siempre creando nuevos virus a partir de cepas anteriores? Era bastante difícil predecirlo -. Vamos. Echemos una mano al equipo.

Chris asintió. No podían perder más tiempo. La vida de muchas personas estaba en juego. Cogió al walkie –talkie, comprobando que el canal estaba abierto.

-Chris a central –anunció mientras empezaba a caminar junto a su compañera -. Hemos detectado actividad bioterrorista en el puente de Brooklyn. Hay numerosos heridos. Procedemos a evacuar a los heridos y a eliminar a las B.O.W.S.

-De acuerdo. Enviaremos apoyo aéreo. Manténganse alerta.

Chris cogió con decisión su escopeta e hizo los últimos metros a la carrera. Se ocultó detrás de un vehículo y esperó. Jill estaba en el de al lado. Contuvo la respiración… y de pronto se oyeron disparos. La lucha había empezado. Vio a Jill asomarse por el maletero. Apuntaba con el rifle. Hubo un grito. ¡No podía permitir que nadie cayera bajo su mando!

Salió de su escondite escuchando cómo un disparo pasaba por su lado e impactaba en un infectado que estaba vuelto de espaldas. Se tiró al suelo y se ocultó tras otro coche con el sonido de los disparos y los gritos en su cabeza. La B.S.A.A. se había esforzado mucho desde su creación para evitar este tipo de situaciones… y alguien parecía empeñado en evitarlo.

Un nuevo disparo. Éste impactó en la espalda de un humanoide que se dio la vuelta intentando identificar la procedencia del mismo. Emitió un gruñido escalofriante. Chris asomó un poco la cabeza. Su equipo estaba lidiando con los infectados mientras evitaban que las otras criaturas se acercaran al equipo de rescate. Necesitaban apoyo aéreo cuanto antes…

Chris volvió a avanzar vigilando de cerca a la B.O.W. que estaba siendo disparada por Jill. ¿Cuántos tiros se necesitarían para eliminar a ese bicho? Cada vez los virus eran más fuertes. Ya lo había comprobado en el aeropuerto finlandés, y en los cruceros de Veltro. Siempre conseguían la forma de hacerlos más temibles, más fuertes, más poderosos…

El equipo de rescate había conseguido poner a salvo a un par de niños que habían quedado atrapados en un autobús. Jill lo observó todo desde su posición, a la entrada del puente. Chris seguía avanzando poco a poco. La criatura a la que estaba disparando se estaba empezando a mosquear, porque no paraba de rastrearla y de emitir bufidos. No había visto nunca nada parecido, y mucho temía que estaban ante algo nuevo.

El equipo de asalto había conseguido deshacerse de esos molestos peces que les habían causado muchos problemas en el Queen Zenobia, pero los humanoides seguían en pie, y por mucho que les disparaban seguían corriendo y atacando. ¿Tendrían algún punto débil? Volvió a observar a través de la mirilla.

Le disparaban al cuerpo, a las piernas, a los brazos… y la criatura se regeneraba como si tal cosa. Tal vez debería probar a disparar a la cabeza. Eso nunca fallaba. Observó con atención. Puso la mira en la cabeza del ser. Cogió aire, puso el dedo en el gatillo, esperó… y lo apretó. La cabeza de la criatura salió volando… ¡y en su lugar quedó un bulto amarillo!

-¿Qué coño…? –exclamó dejando a medias la bala que estaba metiendo en la recámara. Eso sí que no lo esperaba. Pero su instinto le decía que esa parte era la más vulnerable. Abrió el canal de Chris -. Chris… ¡dispara a esa cosa amarilla!

-Entendido –cambió de canal y se dirigió al resto del equipo -. Presten atención todos. Esas cosas tienen un punto débil, una cosa amarilla que les sale de la cabeza… ¡disparen y no duden ni un segundo!

Volvieron a sonar más disparos. Chris decidió salir de su escondite agachado. Jill tenía razón. Esa cosa que tenía como cabeza era más que sospechosa. Apoyó la culata de la escopeta en su hombro, puso el dedo en el gatillo, esperó y lo apretó. La bala impactó de lleno en el centro de esa cosa, que se convulsionó unos instantes antes de caer al suelo y quedarse inerte.

Se empezó a descomponer, hasta que desapareció por completo… Eso no le gustaba ni un pelo. Quizá sería interesante coger alguna muestra para llevarla al laboratorio y analizarla. Puede que tuvieran suerte con otra criatura… aunque la suerte parecía que los había abandonado hacía bastante tiempo. Otro de esos seres golpeaba un coche amarillo que estaba aparcado bastante cerca. Era un taxi. Dentro había una mujer con dos niños, a los que abrazaba llorando.

-Señor, necesitamos que eliminen a todas las B.O.W.S. para rescatar a los heridos… Aún quedan bastantes por ahí… -anunció una voz femenina por el auricular. Lo sabía. Lo estaba viendo. No hacía falta que se lo recordara. Si había algo que odiaba de sus soldados era que a veces estaban ciegos; si aún no habían acabado con la amenaza era porque se estaban ocupando de otra.

En fin… Esperaba que con el tiempo entendieran que no todo se conseguía con tan sólo decir ven aquí y ayúdame. Alguno de los muchachos empezó a disparar a la cosa, que se giró como atraída por los disparos. Chris apuntó y disparó a la cabeza. Ésta salió volando por los aires, pero no salió ningún bulbo amarillo.

-¿Qué demonios…? –exclamó bajando poco a poco su arma. La criatura avanzaba sin cabeza, directa a su objetivo.

Golpeó con el brazo izquierdo a uno de los hombres, que salió despedido hasta chocarse contra un coche. Los demás salieron corriendo y se dispersaron. Un disparo impactó en el pecho de la criatura, que retrocedió un poco pero como si no le hubiera pasado nada. Miró hacia atrás y vio a Jill levantarse un poco la gorra. ¿Cada criatura tenía un punto débil diferente? ¡Pues estaban apañados!

-¡Chris, cuidado! –gritó su amiga en el momento en el que sentía que era elevado por los aires.

Emitió un grito de sorpresa al ver a otro de esos seres. Apretaba con fuerza la mano. Chris intentó forcejear, aunque sin demasiado éxito. Su escopeta cayó al suelo. Estaba completamente desarmado. Jill disparó al brazo, que se quedó completamente negro. Chris empezó a caer al suelo. Rodó sobre su costado y sacó el cuchillo que tenía en el chaleco.

Corrió a buen ritmo hacia la criatura. Estaba tan centrado en ella que no se dio cuenta de una enorme grieta que había en el suelo. Metió el pie derecho en ella y cayó al suelo estirando su brazo. Cortó el pie de la B.O.W.S., de donde salió un bulto amarillo enorme. Confirmado: cada una tenía una localización diferente. Eso dificultaba mucho las cosas.

Gruñó al comprobar que le dolía bastante el pie. Volvió a estirar el brazo y asestó una puñalada al bulto, que hizo que la criatura se retorciera de dolor hasta caer al suelo inerte. Pero esta vez no se esfumó ni desapareció. Aún quedaba otra por ahí… Un par de miembros de su equipo se acercaron a su posición.

-¡Capitán! –gritó uno de ellos colgándose el rifle al hombro -. ¿Se encuentra bien?

-¿Tú qué crees? –ironizó sintiéndose completamente ridículo. El tropiezo no había entrado en sus planes, ni mucho menos, y sobre todo que todos lo hubieran visto. ¿Por quién iban a tomarle?

-Sacadlo. Yo os cubro –ordenó Jill llegando a su lado observando por la mirilla cómo el equipo de rescate estaba sacando del taxi a los que se encontraban en el interior.

La otra B.O.W.S., al oír el ruido, se estaba acercando a ellos. La ex miembro de S.T.A.R.S. apuntó y disparó contra el brazo izquierdo de la criatura. Salió despedido… y la cosa siguió avanzando como si no hubiera pasado nada. Al menos la estaba alejando de los supervivientes. Era una auténtica putada tener que acertar dónde estaba ese bulto amarillo. Al menos a los zombis se les mataba disparándoles a la cabeza; nunca fallaba.

¿Acaso los echas de menos?

Ni por asomo. Constituían una de sus principales pesadillas. La mansión Spencer y Raccoon City habían hecho mucha mella en sus sentimientos y su mente. Puso rápidamente otra bala en la recámara. El ser estaba cada vez más cerca, y aún no habían conseguido sacar a Chris. Llevaba algunas granadas en la riñonera. Tal vez… era hora de utilizarlas. La abrió y sacó una asegurándose de que era la correcta. Sería de chiste que sacara por error una granada cegadora. No creía que hiciera demasiado efecto.

-¡Apartaos! –gritó quitándole la anilla. El equipo se tiró al suelo ocultándose donde podía. Chris se puso las manos en la cabeza. Jill arrojó la granada a los pies del ser, que no se detuvo.

La morena se dejó caer tras un vehículo en el momento en el que la explosión arrasaba con lo que había a su alrededor. Unos cascotes cayeron cerca de su posición, pero no lo suficientemente cerca. Esperaba que nadie hubiera resultado herido. Se levantó poco a poco… y lo que vio le heló la sangre. Un trozo de metal había golpeado de lleno a un miembro del equipo en la pierna, y la tenía de forma un tanto extraña. Posiblemente la tenía rota.

Chris tenía una enorme brecha en la mejilla. Le había caído un cascote. El resultado había sido nefasto… pero la criatura había caído. Estaba tirada en el suelo, sin los brazos y la cabeza. Lo único que había sobrevivido era el tronco y las piernas. Había sido un fallo garrafal, que podía haberles costado la vida a los del equipo. ¿Cómo había podido cometer un error de novata?

Quizá sean las ganas que tienes de acabar con toda esta pesadilla.

-¡Qué alguien del equipo médico se acerque a nuestra posición! –gritó sintiendo cómo las pulsaciones le subían. Corrió hacia donde estaba Chris. Otros se dirigieron hacia el otro herido. La sangre seguía saliendo de su mejilla en gran cantidad. ¿Por qué siempre era tan escandalosa? -. ¡Vamos a sacarlo de aquí!

Un par de soldados se acercaron al lugar donde Chris estaba atrapado. Jill lo sujetó por un brazo y los otros dos se encargaron del otro. Tiraron con fuerza hacia arriba. Chris consiguió liberar el pie un poco, aunque aún no era suficiente. Volvieron a insistir, y con fuerza empujón, el capitán consiguió sacar el pie del agujero. Todos cayeron al suelo jadeando.

Chris aguantó los gritos. Le dolía bastante el pie. Esperaba que no tuviera ninguna rotura. Volvieron a escucharse disparos. ¿Todavía seguía la fiesta? Jill se situó junto a él con una gasa en la mano. Se la pasó por la mejilla.

-¡Ah! –gritó Chris al sentir cómo escocía. Se retiró un poco sin dejar de ponerse la mano en la cara -. ¿Qué demonios es eso?

-Alcohol –respondió su compañera con total naturalidad -. Es para desinfectar la herida. No creo que tengan que cogerte puntos… -Chris, algo más aliviado, asintió con lentitud. Jill volvió a pasar la gasa por la herida -. Lo siento…

-¿Por qué? –preguntó el moreno frunciendo el ceño. La granada no había estado mal como recurso… aunque casi logra hacer que saltaran por los aires.

-Porque he cometido un error de novata… -se detuvo unos instantes terminando de limpiar la herida -. ¿En qué estaría pensando?

Chris guardó silencio. Nunca iba a dudar de Jill. Le había demostrado a lo largo de los años que era la mejor compañera que podía tener; siempre había estado a su lado, en las buenas y en las malas, y nunca le había fallado. Él también había cometido muchos errores, pero nunca existía una misión sin riesgo. Jill le tendió la mano. Observó su mirada decidida, ésa que tanto le atraía.

Aceptó la mano gustoso y se puso en pie. El pie le dolía bastante, pero podía caminar casi sin dificultad. Su escopeta estaba tirada al lado de la criatura. Se agachó y la cogió oyendo de fondo más disparos. Observó al ser. La mayoría de sus extremidades habían sido arrancadas, pero su torso y sus piernas estaban intactos. Podrían sacar algo de allí.

-Que alguien consiga una muestra de esta cosa –dijo el capitán volviendo a levantarse. La bota le apretaba un poco; tenía el pie un poco hinchado. Estaba deseando mandarla a tomar por saco.

Uno de los miembros del equipo se acercó a su posición y se agachó junto al cadáver. Esperaba que en laboratorio pudieran darles alguna buena noticia. El hecho de que hubiera un nuevo virus… era algo que habían esperado en cierto modo, pero no con tanta rapidez. El tiempo de actuación era cada vez menor, y los terroristas poco a poco les estaban pisando los talones.

En ese momento llegó un joven con un maletín. Chris lo reconoció como miembro del equipo médico.

-¿Alguien había pedido asistencia? –preguntó con algo de duda al ver que todos parecían estar bien, pero paró su mirada unos instantes en el soldado que estaba en el suelo, sin poder moverse. Su pierna estaba en un ángulo extraño.

-Atiéndalo –ordenó Chris señalando al herido y comprobando que la escopeta se encontraba en perfecto estado -. ¿Están todos los civiles a salvo?

-No, señor –respondió una voz femenina a través del auricular -. Aún quedan un par de ellos, atrapados entre los…

De pronto, todo el suelo tembló. Chris consiguió sujetarse a una farola que estaba medio caída. ¿Qué había sido eso?

-¿Qué demonios ha sido eso? –preguntó casi gritando. Un nuevo temblor azotó los cimientos. Se abrieron algunas grietas.

-¿Qué coño es eso? –exclamó alguien señalando hacia el otro lado del puente.

Chris miró hacia el lugar en cuestión. Se veía una masa gigante dirigirse a toda velocidad hacia ellos. ¿Otro regalito de los terroristas?

-¡Viene hacia aquí!

La advertencia pilló a todos desprevenidos. Muchos de los cuerpos que estaban en el suelo se desplazaron. El suelo volvió a ceder. Y un temblor mucho más fuerte hizo que la mayoría cayera al suelo. Chris tuvo por primera visión directa de la criatura: debía medir más de dos metros y medio, y debía pesar cientos de toneladas. ¿Qué clase de virus podía hacer algo así? Parecía indestructible.

El suelo terminó de ceder. La zona por la que estaba la criatura se vino abajo, y ésta se precipitó hacia el río. Era imposible moverse, y de pronto, la zona donde estaba Jill, también cedió. Tuvo el tiempo justo para agarrarse al borde, dejando caer su rifle al río.

-¡Jill! –gritó Chris al darse cuenta de lo que había pasado. Se levantó del suelo sin pensarlo a pesar de que el puente era bastante inestable. Tenían que salir de allí inmediatamente. Esa criatura había causado un daño irreparable.

Se deslizó por el suelo y cogió las manos de su compañera, que seguía aguantando como podía. Chris tiró de ella con fuerza, y consiguió subirla con una facilidad pasmosa. Se alegraba de machacarse tanto en el gimnasio. Ambos se quedaron tirados en el suelo recuperando el aliento. Las nubes habían tapado por completo el sol, quizá como si estuviera compadeciendo de todo lo que había pasado en la última hora.

-Últimos supervivientes rescatados, señor. Necesitamos evacuación rápida. Hay un herido que está perdiendo bastante sangre –anunció un miembro del equipo de rescate por el auricular. Chris no respondió al instante. Aún estaba demasiado ocupado recuperándose de la impresión.

Jill fue la primera en reaccionar. Se incorporó lentamente, viendo que tenía un arañazo en el codo, aunque no era muy profundo. Ni siquiera había echado sangre. Al mirar hacia el puente no puedo evitar sentir que las cosas no habían terminado ni mucho menos: el equipo de rescate no iba a poder regresar; el puente estaba completamente destruido.

-Chris… -lo llamó dando unos pasos lentos hacia el agujero por el que había caído la criatura -. El equipo de rescate no puede volver.

Chris se levantó de un salto al oír eso. Y comprobó que su compañera tenía razón: no había forma de cruzar el puente; ni a pie ni en coche, o en cualquier otro vehículo. Tenían que sacarlos de allí. Se oyeron numerosas sirenas que se acercaban a toda velocidad. Por la avenida aparecieron varios coches y furgones.

A buena hora…, pensó Chris amargamente.

Se detuvieron a pocos metros de sus propios vehículos. Un grupo de policías armados bajó apuntando con sus escopetas de asaltos. La B.S.A.A. se quedó quieta, observando atentamente cómo los tipos de iban acercando.

-¡Policía! –exclamó uno de los enmascarados sin bajar su arma -. ¡Qué nadie se mueva!

-¡B.S.A.A.! –gritó Chris levantando los brazos. Sacó de su chaleco su identificación y se la enseñó al policía que estaba más cerca. El tipo la observó mientras el equipo de asalto realizaba un reconocimiento a la zona -. Nos hemos encargado de la amenaza. El puente es seguro… pero hay miembros de mi equipo y rehenes atrapados. Necesitamos evacuarlos.

-Ramírez a central –dijo el policía hablando por el walkie -. Necesitamos que envíen varios helicópteros. Hay supervivientes a los que hay que atender de inmediato.

-Entendido. Están en camino.

Miró a Chris, que seguía a la expectativa. El resto del equipo seguía callado. Habían sufrido mucho. Había nuevos enemigos, más fuertes, más rápidos… y no estaban preparados para enfrentarse a ellos. ¿Contra qué clase de virus estaban tratando?

-La ayuda está en camino –afirmó el policía viendo cómo sus hombres se quedaban cerca de donde el puente estaba roto -. Sacaremos a los heridos y a sus hombres.

-Gracias –Chris asintió sintiéndose más aliviado. Los pocos supervivientes que habían podido pasar antes de que la estructura se viniera abajo estaban a un lado, siendo atendidos por los médicos, algunos con ataques de pánico y otros llorando sin parar. Desde luego que no eran situaciones agradables de ver -. Voy a llamar a Terrasave. Ya estarán al corriente de lo que ha pasado… pero necesitamos su ayuda.

-Adelante –lo animó Jill. Chris cogió su teléfono alejándose un poco. Esperaba que Claire no estuviera muy ocupada.

Las ventanas estaban abiertas. Entraba una ligera brisa. Se oían sirenas sin cesar que pasaban a toda velocidad. Era una suerte vivir en una decimoquinta planta. Todo el ruido que hicieras pasaba desapercibido siempre y cuando no pusieras la música o la televisión a todo trapo. Su cómoda cama de matrimonio había sido testigo de numerosas noches y días movidos.

Pero con Neil todo era diferente. Su manera de poseerla, de exigirle… La volvían loca. Le plantó un suave beso en los labios. Estaban a medio vestir, pero Claire no tenía prisa. Ninguna en absoluto. Su jefe le pasó una mano por el rostro, acariciándola. Era una auténtica locura perderse entre las sábanas con la pelirroja. Era tan provocativa, tan entregada, tan… dulce.

-No sé qué es lo que tienes, Claire Redfield, pero… eres como una droga que no puedes dejar –murmuró volviendo a acercar su boca a la de su compañera. Le chupó el labio inferior, y luego hizo lo mismo con el superior. Claire se movió nerviosa. Sabía cómo le gustaba que le hiciera eso -. Terrasave me tiene completamente absorbido, pero tú eres la única que consigue que haya algo de luz tras ese oscuro mundo que es el bioterrorismo.

Claire no supo qué responder a aquello. Hacía tanto que no le decían algo así… ¡Cómo deseaba a ese hombre! Estaba deseando quitarle lo poco que le quedaba y follárselo. Tenían la tarde libre, así que podían quedarse hasta que les apeteciera. Neil la atrajo hacia él, y la besó por el cuello. Claire lo agarró por el pelo, y tiró de la cabeza hacia atrás.

Le pasó la lengua por el cuello. Neil sintió un escalofrío… de excitación. ¡Cómo le ponía que jugara con él de esa forma! No aguantaba más. La cogió de las manos y la tumbó en la cama.

-Te tengo a mi merced… ¿Qué piensa hacer, señorita Redfield? –murmuró pasando su barba por los hombros desnudos de la pelirroja. Fue bajando hasta quedarse frente al sujetador. Cuánto deseaba arrancárselo.

-De momento… Inmovilizarlo –y con un movimiento de piernas aprisionó las de Neil contra las suyas.

Su cara quedó entre sus pechos. Sacó uno de ellos dejando al descubierto un más que interesante pezón. Lo lamió, lo degustó, y lo chupó con suavidad al principio. Claire gimió encantada. Neil continuó con su juego un poco más, notando que estaba cada vez más que preparado.

Claire dejó de hacer fuerzas con las piernas, y Neil empezó a bajar poco a poco por su cuerpo, regándolo de besos que plantaba aquí y allá. Pasó por su costillas, su ombligo… y se detuvo justo donde empezaba el tanga negro. Lo observó con curiosidad. Tenía muy buen gusto para elegir ropa interior; esto cada vez se estaba poniendo más interesante.

-¿Te gusta lo que ves? –preguntó Claire con picardía. Neil estaba en muy buena forma; tenía los músculos bastante marcados, una espalda fuerte… ¿y qué decir de su trasero y…? ¡Oh, Dios! Sólo con pensarlo su vagina se lubricaba con mayor rapidez.

-Interesante… -murmuró el aludido levantándose. Se quitó de un tirón el pantalón y los calzoncillos dejando su erección completamente expuesta -. ¿Y a ti? ¿Te gusta lo que ves?

-Me encanta… -susurró Claire acercándose. La agarró con la mano derecha y la masajeó con suavidad al principio. Neil cerró los ojos, imaginando lo que estaba por venir. Su pene empezó a moverse a buen ritmo. Gritó de placer. Esa mujer sabía cómo encontrarle el punto.

-Nena… me excitas una barbaridad… -y diciendo eso le dio un tortazo en el culo y le arrancó el tanga. Claire gritó sorprendida, dejando a medias la masturbación.

-Ése era de los más caros… -se quejó con tono pícaro. Aunque en cierta medida le encantaba que hubiera hecho eso; demostraba el ansía viva que tenía por ella.

-Te compraré todos los que quieras, preciosa… -le dijo Neil cerca de su oído. La besó por el cuello mientras le desabrochaba el sujetador, que cayó sobre la cama. Ahora estaban en igualdad de condiciones -. No sabes las enormes ganas que tengo de follarme esas excitantes tetas…

Claire enloqueció al oír aquello. Neil era tan morboso que nunca había lugar para el aburrimiento con él. Como si fuera un acto reflejo, se acercó de rodillas y situó la polla de Neil entre sus tetas. Neil se mordió el labio, y empezó a moverse a buen ritmo. Un móvil empezó a vibrar en la mesita de noche. No dejaba de sonar.

-Es el mío… -murmuró Claire echando un rápido vistazo, pero estaba tan centrada en lo que estaba ocurriendo que decidió dejar de prestarle atención.

-Si es algo importante… volverán a insistir… -susurró Neil sintiendo que estaba a punto de correrse con esos movimientos. Se sentía en la gloria entre las dos tetas de esa diosa. El teléfono dejó de vibrar poco después. Pero segundos después volvió a sonar.

-Voy a cogerlo…

Claire se apartó con bastante desgana. Neil resopló revolviéndose el pelo. ¿No podían tener ni un momento de tranquilidad? Sabía que en Terrasave había siempre mucho movimiento, y que siempre tenían que estar alertas. La pelirroja observó la pantalla con un gesto relajado y respondió a la llamada.

-¿Qué puedo hacer por mi querido hermano corta puntos? –lo saludó, aunque sabía que no iba a captar el significado de su indirecta. Esperaba que la llamada fuera por algo muy importante, porque le había cortado un buen polvo.

-Claire… Necesito que envíes a efectivos de Terrasave al puente de Brooklyn –su hermana se quedó sorprendida al oírlo, y se puso algo nerviosa. ¿Qué demonios había pasado?

-¿Qué ha pasado? –preguntó compartiendo una rápida mirada con Neil, que estaba de bajo cruzados al pie de la cama intentando escuchar atentamente la conversación.

-¿No te has enterado? –Chris parecía bastante sorprendido de que el ataque no hubiera llegado a sus oídos -. Ha habido un ataque terrorista. Hay varios muertos… y algunos muertos.

-¡Dios mío! –exclamó la pelirroja comprendiendo la gravedad del asunto. ¡A la mierda el polvo! ¡Tenían que actuar con rapidez! -. Voy a avisar a la central –se giró en busca de su ropa, que estaba toda tirada por el suelo -. Neil y yo vamos a ir para allá. Queremos saber en primera persona qué es lo que ha pasado y cómo podemos ayudar a los heridos…

-De acuerdo. Las B.O.W.S. ya están eliminadas… Hemos tomado algunas muestras para determinar qué clase de virus es… –guardó silencio unos instantes -. Me temo que nos enfrentamos a una nueva amenaza.

Claire se quedó sin palabras. ¿Estaban utilizando un nuevo virus? No sabía cómo tomarse aquello, la verdad. En el mercado ya circulaban bastantes virus, y si existía otro más potente, y de fácil acceso… Podría tener unas consecuencias catastróficas. Necesitaba ir al lugar del suceso para valorar la situación.

-En un rato estamos allí –dictaminó cogiendo su pantalón vaquero del suelo -. Mantenme informado por si se produce alguna novedad.

-Entendido. Aquí os esperamos.

Claire se quedó mirando la pantalla sin saber qué pensar. Últimamente Chris parecía bastante desanimado. Desde el asunto de Terragrigia no paraba de tener problemas, y siempre que intentaba quedar con él estaba ocupado con cosas de la B.S.A.A. Aunque era uno de los cabecillas y de los que más responsabilidades tomaban dentro de la organización, se tomaba las cosas demasiado en serio… motivo por el cual siempre terminaba triunfando.

Claire sabía que mientras su hermano estuviera ahí, esos terroristas caerían tarde o temprano, como lo hizo Umbrella.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Neil viendo cómo su compañera recogía sus cosas y se vestía a toda prisa.

-Ha habido un ataque en el puente de Brooklyn –Neil se hizo el sorprendido. Claire no pudo verlo porque se estaba poniendo los zapatos -. Hay muertos… y muchos heridos.

-¿Se sabe quién es el autor?

-De momento nada… La B.S.A.A. lo está investigando.

-Maldita sea… -murmuró levantándose y buscando también su ropa -. Está claro que estos terroristas no paran.

Claire asintió estando de acuerdo. No quería ni imaginarlo, pero tendría que haber sido un auténtico campo de batalla.


La cosa está calentita, muy calentita. Ay Claire... ¡que perdemos las bragas muy fácil!

Xaori: si tú supieras la que lié con el informe jajaja Madre mía. Me tiré, sin exagerarte, más de una hora buscando, leyendo, redactando... Creía que me iba a volver loca. Espero que disfrutes con este lemon aunque Neil sea un h... d... p...

Stardust4: espero que te encuentres bien y toda tu familia. Imagino que han debido ser momentos de mucho pánico con el terremoto. Esperemos que poco a poco podáis volver a la normalidad. Muchas gracias por tomarte tu tiempo para pasarte por aquí.

Amigos, esto es todo por hoy. La próxima semana habrá una reunión muy especial, y Lansdale seguirá rizando el rizo. ¡No digo más! Gracias a todos por vuestro apoyo.