¡Muy buenas a todos! Bienvenidos una semana más a otro capítulo de esta historia que, francamente, va tomando matices cada vez más inesperados. Nos habíamos quedado en que Chris, Jill y Leon iban a reunirse para poner en común lo que sabían sobre los ataques. Pues bien, ha llegado ese momento... aunque con algunas sorpresas.
Jill sostenía con una mano el auricular y con la otra tamborileaba los dedos en la mesa. En los últimos días había pasado más tiempo al teléfono que durmiendo, y su mente estaba completamente agotada. Sabía que tenía que descansar, que se avecinaba una buena tormenta y que tenía que estar preparada… pero era imposible. No podía dejar de pensar en todo lo que había ocurrido en las últimas horas, y las consecuencias que estaba teniendo.
Llevaba cerca de diez minutos intentando hablar con el laboratorio de Rebecca Chambers, su antigua compañera en Raccoon City. Trabajaba en Viena en una multinacional dedicada al estudio de la virología y sus componentes. Vamos, un trabajo que le venía como anillo al dedo. Chris se puso en contacto con ella ayer, y en cuanto le explicó la situación, le pidió una muestra para analizarla.
Necesitaban los resultados hoy mismo. El director estaba que se subía por las paredes, sobre todo después de saber que la organización por la que tanto habían peleado y luchado estaba a punto de desaparecer para siempre, dejando a los terroristas campar a sus anchas. Se le escaparon unas lágrimas mientras seguía esperando a que alguien la atendiera.
Tenía los ojos algo rojos. Desde que se había enterado de la noticia hacía poco más de una hora no podía dejar de hacer otra cosa prácticamente. Le había dicho a Chris que ella se encargaría de ponerse en contacto con Rebecca como una excusa para estar sola y desahogarse. Chris se había quedado en la sala de reuniones esperando a Leon, con el que se iban a reunir. Él tampoco lo estaba llevando nada bien.
Jill sabía que no debía rendirse, que debían pelear hasta el final, hasta que todo definitivamente estuviera perdido. Las habían pasado peores, y de todas las situaciones habían salido indemnes… ¿Qué iba a cambiar ahora?
Que no tenéis ni un puto duro ni el apoyo de nadie: el Gobierno os ha dado la espalda, Seguridad Nacional se lava las manos… Esto es un completo caos.
Cogió un kleenex que tenía sobre la mesa y se secó las lágrimas que le bajaban por las mejillas. Mira que las había pasado putas en la mansión Spencer, en Raccoon City, o incluso en el Queen Zenobia… pero siempre había tenido esa seguridad de que todo iba a salir bien… Ahora sólo podía ver cómo todo lo que habían construido se estaban desmoronando. Al castillo de naipes sólo le quedaban las últimas torres por caer.
-Laboratorios Barren. Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle? –dijo una voz masculina al otro lado. Jill dio un pequeño bote en su asiento. Casi había olvidado que estaba intentando ponerse en contacto con Rebecca.
-Buenas tardes. Mi nombre es Jill Valentine, agente de operaciones especiales de la B.S.A.A. Norteamérica –consiguió presentarse con la voz algo tomada -. Necesito hablar con Rebecca Chambers inmediatamente. Me dijo que estaría por ahí.
-Un momento. Le paso con su despacho… -y la comunicación volvió a cortarse. Pero pasaron sólo unos pocos segundos hasta que reconoció la voz de su antigua compañera.
-¿Con quién tengo el placer de hablar? –estaba claro que no le habían dicho que era ella quien llamaba.
-Rebecca, soy Jill.
-¡Ah, hola Jill! –su tono se volvió mucho más alegre. La morena intentó animarse al oír esa voz conocida a la que tanto cariño había cogido en el poco tiempo que habían trabajado juntas -. Espero que hayáis podido arreglar algo…
-Todo lo contrario… -y suspiró cansada. Seguía sin entender cómo se habían torcido tanto las cosas -. Mañana puedo estar de patitas en la calle.
-¿Qué? –exclamó Rebecca completamente sorprendida, tanto que casi se le cayó el auricular. La voz le empezó a temblar. ¡No podía ser verdad! -. Dios mío… Eso es… No sabes cuánto lamento oírlo. Y me temo que yo tampoco tengo buenas noticias…
-Me lo suponía… -ironizó Jill, que estuvo a punto de reírse. ¿Una mala noticia más? ¿Qué más daba? La cesta aún no estaba llena -. ¿Tienes el análisis?
-De eso era precisamente de lo que quería hablarte… -Rebecca se situó delante del ordenador que tenía en su despacho y abrió el documento donde tenía el resultado del análisis del tejido -. Te voy a enviar una copia a tu correo para que puedas cotejarla con el resto… No sé exactamente a qué nos enfrentamos, pero parece que van en serio… -se detuvo unos instantes -. La muestra que me pasasteis… No existe en ninguna base de datos.
Jill, en parte, se lo esperaba. Esas criaturas, la forma en la que actuaban, su fortaleza… Estaba claro que no podía ser un virus que ya conocieran… ¿Y ahora qué? Era imposible sintetizar una vacuna o un antídoto sin conocer exactamente la cepa a la que pertenecía. Ni siquiera aún existía del T-Abyss, y eso que las muestras llevaban en el laboratorio cerca de una semana.
-¿Es posible que sea una mejora de alguna existente? –preguntó sin demasiada esperanza. Creía conocer la respuesta.
-Hay una posibilidad… Pero nuestros sistemas la habrían detectado. Tenemos en la base de datos todo lo relativo a los virus que conocemos… Pero de éste… No hay nada.
-Había B.O.W.S. que eran resultado del T-Abyss… Eran las mismas del Queen Zenobia… Estoy segura de que han utilizado dos tipos de virus en el ataque.
-Es posible… -confirmó Rebecca abriendo otro documento que leyó por encima rápidamente -. En base a la descripción del informe, los síntomas, la composición… Es posible que usaran dos cepas distintas en el ataque… y puede que la desconocida esté en desarrollo.
-Yo también lo había pensado… Era como si estuvieran probándola o algo de eso. Querían utilizar… a civiles… como conejillos de indias…
-Jill –intentó animarla Rebecca al detectar que su amiga sonaba muy alicaída -. Escucha con atención. Chris y tú no le debéis nada a nadie. Habéis demostrado que solitos sois capaces de cargaros a toda una corporación, por no hablar de todo lo que hacéis diariamente para erradicar el uso de armas biológicas en todo el mundo. Siempre he pensado que vosotros dos estáis hechos de una pasta especial… y sé que si no os rendís podéis salir de ésta… Échale un vistazo al informe y consúltalo con el resto del equipo a ver si podéis arreglar algo…
-Gracias Rebecca. No… no sabes lo mucho que agradecemos tu ayuda… -y volvieron a caerle más lágrimas. Por más que intentaba ver el lado positivo de toda esa situación, no atinaba a ver la salida.
-Sé que saldréis de ésta. Siempre lo hacéis. Sólo ten paciencia. Cualquier cosa que necesitéis sólo tenéis que pedírmela.
-Gracias de nuevo. Cuídate.
Jill dejó el auricular en su sitio, suspirando. Encendió su ordenador para sacar una copia del análisis del virus. Las malas noticias no paraban de llegar. Siempre se había considerado una mujer fuerte, que no se dejaba achantar por nada… Pero todo esto la estaba superando. Por mucho que hicieran, por mucho que se esforzaran en buscar pistas, los terroristas iban un paso por delante.
Abrió su correo electrónico y encontró rápidamente el mensaje de Rebecca. Era un archivo adjunto. Lo descargó y lo mandó a imprimir. Su móvil vibró. Lo cogió mientras escuchaba cómo la impresora empezaba a trabajar. Era un mensaje de Chris.
Leon acaba de llegar. ¿Cómo vas?
Jill escribió rápidamente que iba de camino a la sala de reuniones. Cogió el papel de la bandeja y le echó un rápido vistazo. Todo parecía estar correcto. Chris le respondió con un escueto OK. Pobre… Estaban sufriendo mucho. Podía ver en su cara que apenas había podido conciliar el sueño, aunque no es que a ella le hubiera ido mucho mejor. Salió del despacho y caminó rápidamente hacia el ascensor, donde no había nadie esperando.
Había notado que la gente se les quedaba más de la cuenta esa mañana. Estaba segura de que las noticias habían corrido como la pólvora. A estas alturas casi todos sabrían que posiblemente mañana… sería su último día de trabajo. Se le formó un nudo en el estómago. ¿Cómo podían evitar que tanta gente se quedara en la calle? Era un auténtico misterio.
El ascensor llegó a su planta. Pulsó el botón de la quinta planta. Había un par de agentes que charlaban, y que se detuvieron cuando la vieron entrar. Parecían incómodos. ¿Pero qué había hecho ella para que todo el mundo le diera la espalda? Se cruzó de brazos con el papel aún en la mano e intentó mirar en otra dirección; no quería darle más vueltas al asunto.
El descenso tardó poco afortunadamente. Salió sin mirar atrás en cuanto las puertas se abrieron y marchó a buen ritmo hacia la sala de reuniones. Se remangó un poco los puños de la camisa blanca. Su tarjeta de identificación, que llevaba colgada al cuello, se movía sin cesar mientras caminaba. Sólo esperaba que Leon trajera alguna novedad, aunque visto lo visto…
La puerta estaba entreabierta. La empujó con suavidad y al primero que vio fue a Chris, que tenía las manos puestas en la mesa y escuchaba atentamente lo que Leon le decía. Ambos se giraron al oírla entrar. El agente se levantó y le tendió la mano. Jill se la estrechó sin dudarlo. Llevaba una camisa azul oscuro y unos pantalones grises. También había una chaqueta colgada en el respaldo de su silla.
-Me alegro de verte –la saludó sin sonreír. Jill lo agradecía. Leon también debería estar pasando por lo suyo.
-Ojalá nos viéramos en unas circunstancias menos… extremas –le respondió cogiendo la silla que estaba entre los dos hombres. Compartió una rápida mirada con Chris, que no dijo absolutamente nada -. Bien… Esperemos que esto no se alargue y podamos solucionarlo cuanto antes… ¿Qué tenemos por ahora?
-Poco –contestó Leon mirando alternativamente a los dos fundadores -. Todo empezó con el asesinato de Samuel Lynch, luego el ciberataque a vuestra sede, a la Casa Blanca… y por último la muerte del Presidente y el ataque en Nueva York… Creo que todo estaba claramente planificado. Llevaban varios días haciéndolo. De otro modo… ¿Cómo iba a salir todo tan… redondo?
-Vayamos por partes… -le interrumpió Chris acomodándose en su silla -. ¿Creéis que el asesinato de Samuel Lynch ha sido el desencadenante?
-Yo creo que está todo bastante relacionado… -opinó Leon pensativo -. Lynch era un gran amigo del Presidente, y uno de los jueces más reputados. Como sabéis, era la máxima autoridad en lo que se refiere juzgar a terroristas… -consultó uno de los documentos que tenía sobre la mesa -. Tenía en los próximos días un juicio contra… -se detuvo unos instantes. No había caído hasta ahora. Jill y Chris lo observaron con curiosidad -. Morgan Lansdale.
Los ex miembros de S.T.A.R.S. se miraron sorprendidos. ¡Las piezas del puzzle estaban empezando a encajar!
-Está moviendo los hilos desde la cárcel –murmuró Jill dándose cuenta de la gravedad del asunto. Tenía cómplices fuera que estaban haciendo el trabajo. Se levantó de su asiento con la respiración acelerada -. ¡Tenemos que advertir al alcaide!
Chris la cogió del brazo y la obligó a sentarse de nuevo.
-Necesitamos pruebas… Sin ellas, no podemos hacer nada…
-¡Leon acaba de darnos una! –exclamó completamente fuera de sus casillas. Chris se sorprendió. Nunca la había visto así -. ¡Ese hijo de puta ordenó matar a Lynch para aplazar el juicio! ¡Está tramando algo delante de nuestras malditas narices!
-Jill, tranquila… Sé que lo que estás diciendo es la pura verdad, pero no nos tomarán en serio si no presentamos pruebas que demuestren que Lansdale está tramando algo. Lo más importante ahora… es mantener la calma –miró a Leon -. Aparte de Lansdale, ¿tenía algún juicio más?
-No –respondió el agente consultando sus papeles -. El móvil parece claro. Además, la autopsia revela que fue asesinado de forma violenta: un disparo con un rifle de francotirador y tres puñaladas: una en el costado y dos en la espalda.
-¿Se ha encontrado alguna de las armas?
-No. He mandado a algunos hombres a todas las armerías de la ciudad… Según me dijo el forense, la bala encontrada en el cuerpo de Lynch había sido modificada…
-¿Modificada? –repitió Jill con el ceño fruncido.
-Sí… era algo más gruesa de lo normal, así que no creo que sea difícil encontrar el arma si se compró en esta ciudad…
-Cosa que dudo… -añadió Chris con la mano derecha puesta en la barbilla -. Entonces, estamos de acuerdo en que todo lo que está pasando últimamente tiene alguna relación con Lansdale, y que la muerte de Samuel Lynch fue provocada para retrasar el juicio…
Leon y Jill asintieron.
-Leon, ¿qué puedes decirnos de la... -Chris se detuvo unos instantes. Le costaba pronunciar esas palabras –. Muerte del Presidente?
-Bueno… hay muchas cosas que aún no están del todo claras –respondió sin poder evitar acordarse de cómo el Presidente acabó con la vida de su secretaria -. Llegó un paquete procedente supuestamente de su mujer. Pasó el control sin problemas. Era un frasco de colonia… aunque lo que había en su interior no era colonia precisamente. Parece que este virus se transmite por aire o por contacto directo… Es posible que el Presidente lo oliera o lo tocara… y eso… provocó… su cambio…
-¿Cómo pudo pasar desapercibido el virus? –preguntó Jill sin entender absolutamente nada. ¿Cómo habían sido capaces de introducir el maldito virus dentro de la mismísima Casa Blanca? -. ¡Cualquier análisis hubiera hecho saltar las alarmas!
-Aquí tenéis las respuestas –respondió el rubio pasándoles una hoja. Chris y Jill se acercaron para echarle un vistazo.
Permanecieron unos instantes en silencio, leyendo, mientras Leon los observaba. A él también le había sorprendido la forma en la que esos malnacidos les habían hecho quedar en ridículo delante de toda la opinión pública. Un truco casero pero muy efectivo y que les iba a servir en el futuro para detectar nuevos casos como ése. La primera en reaccionar fue Jill, que se quedó boquiabierta.
-¿Cloroformo? –dijo con un tono que no dejaba lugar a dudas de que esperaba cualquier cosa menos ésa. El gesto de Chris se ensombreció. Seguían llevándoles mucha ventaja.
-Exacto. Ya sabéis que el cloroformo tiene un uso principalmente doméstico. Los del laboratorio han hecho varias pruebas y simulaciones, y han descubierto que al mezclarlo con un virus éste no pierde su efecto, pero se vuelve completamente imperceptible al ojo humano, y por supuesto, a los controles rutinarios… Haría falta un examen más exhaustivo para determinar que su principal composición es un virus…
-Joder… -murmuró Chris apartando la mirada de la tabla donde se analizaba la composición del frasco de colonia que recibió el Presidente -. Un truco muy astuto y que lo ha puesto todo patas arriba… -observó de nuevo el documento, frunciendo el ceño al ver algo en lo que no había percatado antes -. ¿Virus desconocido? ¿Qué es esto?
Jill abrió los ojos como platos. ¡Era el mismo virus del que le había Rebecca! ¡Estaban tratando con la misma gente! Fue a decirlo, pero Leon se le adelantó. Se levantó de su silla y se situó delante del papel, con las manos apoyada en la mesa.
-En el laboratorio han comparado esa muestra con la base de datos existente… y no coincide con ningún virus conocido –los tres guardaron silencio, asimilando ese nuevo golpe que les habían asestado -. Nos enfrentamos a una nueva amenaza, y ahora mismo somos como ciegos: caminamos sin ver nada.
-Creo… -le interrumpió Jill mirando alternativamente a sus acompañantes -, o estoy casi segura, de que es el mismo virus –dejó sobre la mesa el informe que Rebecca le había pasado por correo -. Nosotros hemos analizado una muestra que se encontró en el ataque de ayer. Estamos seguros de que utilizaron el T-Abyss, por las características de algunas B.O.W.S., pero había otras nuevas. Cogimos una muestra… y éste es el resultado.
Volvieron a guardar silencio, absortos cada uno en su lectura. El gesto de cada uno se fue contrayendo conforme comprobaban que nada, absolutamente nada, coincidía. Leon tenía el rostro desencajado, Chris estaba pálido, y Jill se mordía el labio. De pronto, Chris dio un golpe en la mesa y empujó una silla.
-¿Qué demonios significa eso? –gritó completamente fuera de sí. ¡Si no tenían bastante con uno, ahora tenían dos! -. ¡Qué alguien me explique por qué coño los resultados no son los mismos!
-Pues… -murmuró Leon aún en shock. ¿Es que no tenían bastante? Se quedó callado. No sabía qué decir. Observó una vez más los datos. Jill se sentó en la silla que tenía al lado y se llevó las manos a la cabeza -. Parece que nos atacan por dos costados. Esto es algo… insólito.
-Es una cabronada –corroboró Jill con la cabeza entre las manos. ¿Qué habían hecho para soportar tanto? -. Unos terroristas jugando con nosotros con dos virus nuevos… Suena muy bien como guión de película…
Chris se apoyó contra la pared intentando recuperar el ritmo de su respiración. Tenía que encontrar a esos mamones fuera como fuese. No podía permitir que se siguieran cometiendo crímenes y atentados como los que estaban ocurriendo. La población mundial se merecía un lugar seguro, libre de amenazas terroristas. Y creía saber por dónde empezar…
Sacó su teléfono mientras sus compañeros seguían en silencio. Entró en la base de datos de la B.S.A.A. y buscó la carpeta donde estaban los perfiles de los terroristas más buscados. Fue buscando de uno en uno hasta que dio con la persona que buscaba: una mujer de unos veintitantos, de pelo negro largo, muy atractiva… y que los había engañado a todos.
-Ésta es Jessica Sherawat –le explicó a Leon mientras caminaba hacia su posición. Le pasó el teléfono y continuó hablando mientras el agente examinaba la fotografía y el expediente -. Trabaja para Lansdale. Perteneció a la F.B.C. hasta el pánico de Terragrigia. Luego pasó a formar parte la B.S.A.A., donde descubrimos que era un topo encubierto de Lansdale. Se nos escapó… y sigue pululando por ahí, siguiendo las órdenes de su jefe…
-Vaya… -murmuró Leon sin dejar de observar la fotografía -. La chica tiene su historial… ¿Y por qué piensas que ella puede estar detrás de todo esto?
-Es muy astuta –fue Jill la que respondió levantándose de su silla. Se situó a la derecha de Leon, cruzándose de brazos -. Lansdale sabía que haría su papel perfectamente. Le estuvo proporcionando información de todos nuestros movimientos durante el tiempo que estuvo a nuestro servicio… Conoce el T-Abyss, y es muy posible que consiguiera una muestra en el Queen Zenobia.
-Exacto –corroboró Chris recuperando su teléfono -. Deberíamos centrar nuestra investigación en capturarla. Estoy seguro de que tendrá cosas muy interesantes que contarnos.
-De acuerdo –asintió Leon viendo algo más de claridad en el asunto, aunque estaban lejos de solucionarlo -. Informaré a la Interpol y a las demás autoridades para que sea su principal objetivo… -su teléfono empezó a sonar -. Disculpad… -metió la mano en el bolsillo de su pantalón y al mirar la pantalla vio el nombre de Hunnigan.
El inspector jefe y cuatro ayudante del F.B.I. subieron a buen ritmo la escalinata que llevaba a la entrada principal de la B.S.A.A. Habían recibido hacía menos de una hora un soplo desde Washington D.C. Tenían una ligera pista de quién podía estar tras el asesinato del Presidente… y todo apuntaba a que esa persona estaba en esos momentos allí, dentro de la organización.
Las puertas se abrieron automáticamente. Adam Pavlov avanzó a buen ritmo hacia la recepción, pero unos tipos de seguridad les salieron al paso. Todo el plantel del F.B.I. se detuvo. No podían perder tiempo… o se les podía escapar.
-Lo siento, pero necesitamos comprobar sus credenciales –dijo el tipo que estaba más cerca de ellos. A la derecha había un dispositivo para detectar metales, y un arco por el que todo el que quisiera acceder al interior tenía que pasar.
-Soy Adam Pavlov, inspector jefe del F.B.I. Nueva York –se presentó enseñándole su placa a los presentes -. Tenemos una orden de registro del edificio. Creemos que hay un posible terrorista aquí.
-¿Aquí? –repitió el tipo como si no entendiera nada -. Todas las entradas y salidas de este edificio están vigiladas. Los jefes están ahora muy concienciados con la seguridad… Mis hombres no dejarían entrar a un terrorista así como así…
-¡Se nos acaba el tiempo! –gritó el inspector levantando un dedo acusador -. ¡Juro que si por su culpa se nos escapa…
-¿Ha visto a este tipo? –intervino uno de sus hombres enseñándole al vigilante una fotografía. La observó durante unos instantes, y no tardó en reconocerlo.
-Sí… Llegó hace menos de media hora…
-¡Es nuestro hombre! –gritó otro de los agentes del F.B.I. -. ¡Vamos!
-Pero…
-¿Dónde está?
-No… no lo sé… Venía de visita.
-Vayamos a la recepción –ordenó el líder haciéndole un gesto a sus hombres.
Los miembros del F.B.I. caminaron a buen ritmo hacia la solitaria recepción, donde una mujer tecleaba algo en su ordenador. Levantó la mirada al ver que un grupo de hombres caminaba hacia allí. Iban armados. Pensó en dar la alerta, pero lo descartó inmediatamente; si los de seguridad los habían dejado pasar no debían suponer ningún problema.
-Adam Pavlov, inspector jefe del F.B.I. –dijo enseñando su placa a la mujer, que se quedó algo sorprendida -. Estamos buscando a un sospechoso, y nos ha dicho que está en este edificio… -sacó la foto del sujeto y la dejó sobre el mostrador -. ¿Ha visto a este tipo?
La recepcionista se quedó boquiabierta, y casi palideció. ¡Claro que lo había visto! Había sido bastante simpático… ¿y ahora resultaba que era un criminal o algo de eso? ¿Cómo no se habían dado cuenta? Pero un nuevo temor la asaltó: Chris Redfield y Jill Valentine estaban con él… ¡Los jefes estaban en peligro!
-Está en la quinta planta, reunido con el señor Redfield y la señorita Valentine…
-¡Vamos! –gritó el líder mandando a unos hombres por las escaleras. Otros cogerían el ascensor para cerrarle el paso en caso de que decidiera huir -. Que nadie abandone este edificio hasta que la operación haya terminado.
-¿Qué ocurre, Hunnigan? –preguntó Leon con el rostro serio. Lo que habían descubierto no era nada alentador, y era inevitable darle vueltas. ¿Es que esos malditos terroristas no se cansaban de los virus?
-¿Dónde estás? –algo en su voz, su nerviosismo, le indicaba a Leon que estaba muy preocupada por algo.
-En el edificio de la B.S.A.A., en Nueva York. ¿Por?
-¡Sal de ahí!
Chris y Jill miraron hacia la puerta en el momento en el que ésta se abrió de golpe. Entraron tres tipos armados que los apuntaron.
-¡F.B.I.! ¡Las manos en alto! ¡Qué nadie se mueva! –exclamó el que había entrado en primer lugar. No entendían absolutamente nada. ¿Qué demonios hacían allí?
Los tres levantaron las manos despacio, sin dejar de observar a los agentes, que avanzaban hacia Leon. Le agarraron los brazos y lo tumbaron en la mesa. Uno de los federales llevaba unas esposas.
-¿Pero qué…? –logró decir Jill sin dar crédito a lo que estaba pasando, si es que lograba pillarlo.
-Silencio, señorita –le ordenó el que estaba más cerca de ella sin dejar de apuntarla.
-Creo que hay un malentendido… -intervino Chris mirando cómo le colocaban las esposas a Leon ante las protestas de éste. Sabían que no debían hacer ninguna estupidez si no querían tener a todo el F.B.I. detrás. ¿Por qué motivo? Aún era un completo misterio.
-No hay ningún malentendido, señor Redfield –respondió un tipo con una camisa blanca y una corbata negra. Algo en su forma de caminar, la forma en la que los miraba… demostraba superioridad. Sacó su placa y se la enseñó a los sorprendidos -. Adam Pavlov, inspector jefe del F.B.I. Nueva York. Éstos son mis hombres, y estamos involucrados en una operación muy importante –sacó un pequeño papel mecanografiado. Aunque no podía leer su contenido, Chris sabía que era alguna especie de orden oficial. Pavlov miró a Leon, que seguía echado contra la mesa -. Leon S. Kennedy, queda arrestado como principal sospechoso del asesinato del Presidente Graham…
-¿Qué? –gritó mientras lo levantaban. Las esposas se le estaban clavando en las muñecas, pero no iba a protestar. No iba a darle esa satisfacción a esos capullos. Lo agarraron por un brazo y le hicieron caminar hacia la puerta -. ¡Están cometiendo un gran error!
-En cuanto a vosotros dos… -continuó hablando Pavlov como si no le hubieran interrumpido. Chris y Jill observaban boquiabiertos cómo se llevaban a Leon. Lo que les hacía falta precisamente era un escándalo como ése -. Os llevaremos a una comisaría en calidad de cómplices…
-Si esto es una broma… Creo que ya se está pasando de castaño a oscuro –le interrumpió Chris con el rostro muy serio. ¿Cómo iba a estar Leon detrás del ataque? ¡Por el amor de Dios!
-Me temo que no es ninguna broma, señor Redfield –respondió el inspector caminando junto a la mesa, echando un vistazo a los documentos. Cogió uno de los ellos y empezó a leerlo con el ceño fruncido -. Vaya… ¿Planeaban un nuevo ataque? Aquí hay datos muy interesantes…
-¿Hola? ¡Somos la B.S.A.A.! –gritó Jill furiosa. ¿Cómo era posible que esos inútiles estuvieran tan ciegos? -. Nuestra misión es erradicar los virus y luchar contra el bioterrorismo… No causar una catástrofe.
Chris no pudo evitar sonreír ligeramente. Aquí, definitivamente, había algo que se les estaba escapando de las manos. ¿Una nueva jugada de sus queridos amigos? Posiblemente… ¿Pero cómo lo habían hecho? Ahí estaba el kit de la cuestión.
-Eso lo decidiremos… entre rejas… -Pavlov miró a sus hombres -. Esposadlos.
-¡Ni hablar! –exclamó dando un paso hacia atrás. Uno de los federales le quitó el seguro a su arma -. No pienso consentir que me pisoteen y me dejen en ridículo delante de mi gente… Si voy a algún sitio, lo haré por voluntad propia.
-¡Quítame las manos de encima! –se encaró Jill con otro de ellos que iba a esposarla. Sonó un disparo. Hubo gritos en el exterior. La bala se había incrustado en la pared del fondo, provocando una pequeña grieta. La ex miembro de S.T.A.R.S. miró al autor del disparo. La sangre le hervía -. ¿Te has vuelto loco?
-¿Quién nos pagará eso ahora? –intervino Chris deseando darle un puñetazo a ese cretino.
-¡Se acabó! –dictaminó el líder levantando una mano. En el pasillo el personal corría hacia el ascensor -. Redfield y Valentine. No lo digo más. Nos acompañarán sí o sí… a no ser que quieran que presente algunos cargos –volvió a mirar a sus hombres -. Escóltenlos.
-Sí, señor.
Chris y Jill avanzaron con lentitud, demasiado sorprendidos aún por todo lo que había pasado. La situación se estaba descontrolando. ¿Podía ocurrirles algo peor? Chris pensó que esa racha de mala suerte nunca terminaría. Cuando parecía que tenían algo con lo que empezar a investigar… unos capullos con ganas de fiesta habían decidido jugar a los polis malos.
Muy bien. Yo también puedo jugar sucio.
0.0 ¿Leon acusado de ser el causante del ataque? WTF? Parece que alguien está moviendo los hilos a su antojo, y le está saliendo redonda la jugada.
Xaori: ¿Te puedes creer que aún no he sacado tiempo para leer tu capítulo? Es desesperante, de verdad. Pero esta tarde, cuando termine con una clase que tengo, me voy a poner sí o sí, porque esto no puede ser vamos xD Pues aquí hay más de uno que necesita un abrazo me parece a mí. Alguien se lo está montando muy bien para que nuestros protagonistas siempre estén en el ojo del huracán. Hay que considerar la posibilidad de que esas fotos... hayan sido modificadas también. ¿Quién sabe?
Stardust4: Muchas gracias por tus felicitaciones ^^ Lansdale lo está consiguiendo, está desestabilizando de tal manera a nuestros protagonistas que es posible que tarde o temprano suceda una desgracia. Y ese rubio... pues sí, tiene pinta que es Leon, aunque esas fotos posiblemente hayan sido modificadas. No veo a Leon metiéndose en la Casa Blanca para asesinar al Presidente.
Pues esto es todo por esta semana, chicos. En la próxima veremos qué tal les va a nuestros amigos detenidos. ¡No os lo perdáis!
