¡Hola a todos una semana más! ¡Por fin viernes! Y con ello un nuevo capítulo. A partir de ahora se avecinan más curvas, si es que era imposible enreversarlo más... Veamos qué tal les va a Leon y los demás.


Estaba completamente solo. Un policía le había atado la mano izquierda la pata de la mesa, y lo había dejado allí sin darle ningún tipo de explicación. Nadie había pasado a interrogarle, y la verdad era que, en cierto modo, le preocupaba. ¿Estaban intentando, de algún modo, meterle presión? Necesitaba hablar con Hunnigan, interrogarla sobre esta encerrona. Ella sabía algo… Su tono de voz cuando lo llamó, nerviosa y algo ansiosa, no le hacía presagiar nada bueno.

Había intentado avisarlo… aunque quizá demasiado tarde. Estaba seguro de que era una de las pocas personas que creía en su inocencia. Ojalá alguien pudiera aclararle esta situación. Por lo poco que había oído, Chris y Jill también estaban por allí. No sabía en qué clase de lío los había involucrado, pero estaba claro que ahora todos estaban en el mismo bando.

La habitación era bastante simple: en el centro había una mesa metálica con seis sillas repartidas. Una luz fluorescente iluminaba bastante bien cada rincón, aunque tenía un ruido que ponía de los nervios a cualquiera. De vez en cuando parpadeaba, y se quedaba unos segundos sin alumbrar. Suerte que la puerta tenía una pequeña ventana por la que entraba más claridad. Se oía bastante ajetreo al otro lado, y algún que otro teléfono. Era una sala bastante sosa, que cumplía perfectamente con su cumplido: obligar al prisionero a pensar.

No sabía qué pistas tenía el F.B.I. para haber llegado a la conclusión de que él era el que estaba detrás de todo, pero el soplo debía haber sido bastante importante, tanto como para encontrar un cabeza de turco y exponerlo como si fuera un trofeo. Intentó soltarse, pero estaba bien sujeto. Las patas eran de acerco, y parecían bastante resistentes.

La puerta se abrió. Leon observó con atención, y lo último que esperaba era ver a la persona que cruzaba la puerta. Claire Redfield llevaba una cazadora vaquera, unos pantalones negros y unos botines del mismo color. También llevaba colgada al hombro una bandolera marrón. ¿Cómo se había enterado de lo que había pasado? Posiblemente por Chris, ¡y a él no le habían dejado hacer ni una sola llamada!

-¡Claire! –exclamó intentando levantarse… y casi tropezó. Se había olvidado por completo de que estaba esposado -. ¿Me puedes explicar qué demonios está pasando? –las palabras se le trataban. Era tanta el ansia que tenía por resolver ese misterio… -. El F.B.I. cree que estoy detrás del asesinato del Presidente. ¿Cómo pueden pensar algo semejante? Estarán arreglando las cosas con Hunnigan, ¿verdad?

La pelirroja no sabía si reírse o tomarse este asunto como lo que realmente era: una jugarreta para desestabilizarlos. Cuando Chris la había llamado para contarle todo lo que había pasado se creía que era una broma. ¿Cómo podía el F.B.I. culpar a Leon por el asesinato y recelar de las dos personas que más en serio se tomaban los ataques bioterroristas?

Pero cuando su hermano le relató sus sospechas, de quién creía que estaba tras todo ese tinglado, no lo dudó ni un instante: alguien iba a por ellos, y no parecía que fuera a parar hasta verlos fuera de combate. Pero lo que sin duda más le preocupaba era el hecho de que todo estaba afectando tan negativamente a la B.S.A.A., que ésta tenía las horas contadas… y no era bueno, nada bueno.

-Leon, tranquilízate –intentó calmarlo abrazándolo. Su amigo le pasó la única mano que tenía libre por los hombros. Claire se separó un poco y lo observó: no tenía muy buen aspecto, lo mismo que le pasaba a su hermano -. No tengo mucho tiempo, así que vayamos directos al grano… -se sentó en la silla que estaba enfrente del agente -. ¿Quién os ha hecho esto?

-Aún no lo sabemos. No dejan pistas por ningún lado, pero Chris parece tener una idea sobre quién puede estar detrás…

-¿Y bien? –insistió Claire atenta a todo cuanto escuchaba. El asunto se estaba volviendo cada más turbio. ¿Y si Terrasave era el próximo destino?

-Sospecha de una tal Jessica Sherawat –Claire se quedó pensativa. Había oído ese nombre, aunque no recordaba exactamente dónde -. Estuvo involucrada en el pánico de Terragrigia –el gesto de Claire cambió por completo. ¡Era la zorra que casi hunde a su hermano en el Mediterráneo! -. Se la relaciona con Morgan Lansdale…

-¿Lansdale? ¿El antiguo director de la F.B.C.? Si no recuerdo mal está en la cárcel, ¿no?

-Exacto. Pero, de algún modo, parece estar moviendo los hilos. Todos esos ataques y esos asesinatos… Estoy bastante convencido de que él está detrás.

-¿Y por qué tú? Entiendo que quiera hundir a Chris y a Jill, aunque sé que no lo va a conseguir… ¿Pero qué pintas tú en todo esto?

Buena pregunta. Leon también quería saber por qué lo habían señalado como cabeza de turco. Puede que su afinidad al Presidente, o el hecho de que se encontraba dentro del edificio en el momento del cambio. La rifa había concluido, y su número había salido premiado. Ojalá pudiera hablar con alguien de la Agencia para tener las ideas más claras.

-Lo más seguro es que quisiera desviar la atención… -respondió Leon encogiéndose de hombros. La muñeca que tenía esposada le dolía un poco -. Es lo que suelen hacer. Ponen un anzuelo, y el primero que pique se lleva el premio.

Claire sonrió a medias. Lamentaba mucho que las personas a las que más quería estuvieran metidas en semejante lío sin comerlo ni beberlo. Consultó su reloj rápidamente. Aún le quedaba algo de tiempo. Ya había charlado de forma distendida con Chris, aunque su hermano era un tsunami. No había parado de insultar y dar golpes a todo lo que tenía por delante.

-Voy a hacer todo lo posible desde Terrasave para investigar… Este asunto se está volviendo cada vez más peligroso, y si no damos rápido con la tecla… -guardó silencio. No, no quería pensar ahora en las consecuencias que podía tener -. Chris me ha hablado de la existencia de dos virus nuevos… ¿Es eso verdad?

Sólo con pensarlo creía desmayarse. No creía que estuvieran ni física ni mentalmente preparados para enfrentarse a algo semejante. Un virus ya era un asunto muy serio… ¿pero dos? ¿Acaso querían volverlos locos?

-Estábamos hablando precisamente de eso cuando estos queridos… patriotas nos interrumpieron –se calló. Tal vez Claire podría ayudarlos de algún modo… aunque no quería involucrarla -. Claire, creo que lo tengo… Intentaré hablar con alguien de la Casa Blanca para que te facilite la grabación de esa tarde… No sé si las han revisado, aunque me atrevería a decir que no. Puede ser nuestra salvación.

-Cuenta conmigo –asintió su compañera cogiéndole la mano que tenía libre. Ambos habían creado una relación muy especial. Raccoon City había sido un infierno, pero dentro de ese infierno siempre había algo que lo hacía más llevadero -. De todos modos creo que Chris y Jill van a salir pronto… Sólo querían que declararan… Creo que podrían conseguir una orden… -acarició con dulzura su mano -. No sabes cuánto lamento todo esto, Leon… Me duele veros así…

-Lo sé… Pero la seguridad de los que están ahí fuera es lo más importante ahora.

-¡Se acabó el tiempo! –los interrumpió un guardia desde el exterior abriendo la puerta. Claire separó la mano y se levantó de la silla. Leon, como pudo, hizo lo mismo -. Señorita Redfield, debe marcharse. El sospechoso va a ser interrogado.

-Vas a salir de ésta, Leon. Créeme.

Se acercó y le dio un beso en la mejilla. Se dirigió hacia la puerta sin mirar atrás, sabiendo que debía actuar con rapidez. Estaba convencida de que Neil le echaría un cable en cuanto le explicara todo lo que había pasado.

Leon observó con atención la puerta abierta. El guardia seguía allí, vigilándole. En otras circunstancias hubiera hecho todo lo posible para salir de allí… pero desarmado, sin ningún tipo de ayuda... era una locura. Vio por la ventana al inspector que lo había detenido. Éste se paró en el pasillo a hablar con otro policía y luego entró. Su cara no era precisamente la alegría de la huerta. Esperaba que Chris y Jill le hubieran puesto las cosas difíciles.

El tipo le hizo un gesto a su colega, que salió de la habitación cerrando la puerta. Leon no perdía detalle. Estaba acostumbrado a los interrogatorios y a la presión. No se iba a dejar amedrentar tan fácilmente. Pavlov cogió una silla y la arrastró hasta ponerla frente al rubio, situándose cara a cara. Permaneció en silencio, como si lo estuviera estudiando. Leon estaba haciendo lo propio.

Tenía la impresión de que era un tipo con el que había que andarse con ojo, pero había cientos como él, que pretendían aparentar algo que realmente no eran… Perro ladrador poco mordedor. Continuaron sin dirigirse la palabra, simplemente mirándose a la cara. Leon se estaba cansando de aquel juego, pero no debía ceder bajo ningún concepto. No podía caer en su juego.

-Espero que esto sea algo rápido por el bien de ambos… Mi tiempo es muy valioso, y no puedo perderlo –comenzó el inspector sin apartar ni un momento la mirada -. Señor Kennedy, sabe que está en el ojo del huracán. Es el principal sospechoso del asesinato del Presidente Graham. Hemos interrogado al personal que se encontraba en la Casa blanca en ese… momento. Todos afirman que usted estaba allí, trabajando… Algunos aseguran haber oído un disparo. Y, casualidades de la vida, el Presidente recibió un disparo… ¿Se le ocurre alguna explicación, agente Kennedy?

-Muchas… aunque sólo una es la verdadera –respondió Leon sin alterar lo más mínimo su gesto. No se iba a dejar intimidar por ese capullo -. El Presidente fue víctima de un ataque bioterrorista. Hice lo que tenía que hacer.

El tipo soltó una carcajada.

-¿Un ataque bioterrorista en la Casa Blanca? ¿Me está tomando el pelo?

-Usted y su querido… equipo han arruinado el plan de intervención. La B.S.A.A. iba a empezar una investigación.

El inspector se quedó pensativo. Los sospechosos habían declarado más o menos lo mismo, aunque no había estado demasiado habladores. Esos tipos tenían agallas, aunque tampoco era de extrañar: eran unos auténticos profesionales encargados de combatir el bioterrorismo a lo largo y ancho del mundo.

-Usted fue el que acabó con el Presidente… ¿Me equivoco?

Leon suspiró cansado. ¿Cuántas veces iba a tener que decirle a ese capullo que se estaba equivocando de cabo a rabo?

-Ya lo he dicho: el Presidente quedó infectado por un virus que aún desconocemos… Tuve que hacerlo antes de que hiciera daño a más gente. Antes de que lo encontrara, acabó con la vida de su secretaria…

-¿Se refiere al otro cadáver que se encontró en el escenario del crimen?

-Claro –contestó Leon poniendo los ojos en blanco. Estaba empezando a perder la paciencia -. ¿A quién iba a referirme?

Pavlov volvió a guardar silencio. Se cruzó de brazos y paseó de un lado a otro pensando que había algo que no tenía sentido. Era imposible que el edificio presidencial, que era el más seguro de todo el país, hubiera recibido semejante ataque. Tenía vigilancia continuamente, por no hablar de los sistemas de seguridad y el personal altamente cualificado que se encargaba de la protección del Presidente y su familia.

No, definitivamente ahí había gato encerrado. Tenía que hacer hablar a ese agente con cara de no haber roto un plato en su vida. Los otros dos lo estaban encubriendo; estaba seguro. ¿Y cómo podían jugarse su reputación y su puesto dos personas que eran consideradas un ejemplo a seguir por todo el mundo?

-Es una pena que haya puesto a Redfield en libertad hace unos minutos… Aunque Valentine sigue por aquí –se pasó una mano por el pelo, que aún estaba mojado -. Tuvo el descaro de tirarme un vaso de agua a la cara cuando insinué que no se tomaban muy en serio su trabajo si colaboraban con un tipo como usted…

Leon no pudo evitar sonreír.

-Cuánto me alegro… Lástima no tener un café a mano. Se lo tiraría con mucho gusto.

El inspector empezó a ponerse rojo. Apretó los labios y dio un puñetazo en la mesa acercando su cara a la de Leon, que seguía impasible. ¿Quién se creía que era ese chulo? ¿Se lo tenía muy subido sólo porque era protector del Presidente? Aunque bueno, eso podía cambiar en las últimas horas: si ese gilipollas empezaba a cantar todo lo que sabía y se declaraba culpable, iba a sufrir mucho, incluso la muerte.

-Odio a los cretinos como usted –le espetó Pavlov retirándose un poco -. Se creen los reyes del mambo por tener una vida llena de lujos y comodidades…

-Se equivoca en absoluto –negó en silencio varias veces -. Mi vida, y la de las personas que me rodean, ha sido un auténtico tormento desde hace siete años gracias a la corporación Umbrella. Nos la arruinaron.

El inspector había leído hacía tiempo algunos artículos e informes sobre la caída de Umbrella. Redfield y Valentine habían estado detrás de todo. Habían ayudado a desmantelar a una organización que se consideraba un negocio farmacéutico pero que, en realidad, comerciaban con armas biológicas. Y Kennedy llevaba muchos años sirviendo a su país, protegiendo al Presidente. Había sobrevivido a Raccoon City, y el año anterior había rescatado con éxito a la hija del difunto Presidente a manos de una secta religiosa en España.

¿Cómo estos tipos, que tienen brillantes logros, y mucho que perder y nada que ganar, pueden ir en contra de sus principios así como así?

En fin. Tendría que hacer uso de su as en la manga. Metió la mano en la chaqueta y puso sobre la mesa las fotografías que le habían pasado esa misma mañana desde la sede de Washington D.C. El detenido las observó con curiosidad. Pavlov volvió a sentarse y miró también las fotografías. No tenía ni idea de quién las había conseguido, pero había hecho un buen trabajo.

-¿Qué puede decirme de estas fotografías, agente Kennedy?

Leon las cogió con la mano que tenía libre y las examinó. Se quedó boquiabierto. En la primera estaba entrando en la Casa Blanca con un maletín gris en la mano. Frunció el ceño. ¿Cuándo había llevado él eso? Era el típico que solían llevar los terroristas para esconder mercancía. ¡Eso era claramente un montaje! En la segunda fotografía llevaba el mismo maletín, pero ahora estaba cerca de un río, mirando hacia un puente. Parecía el puente de Brooklyn.

Las dejó sobre la mesa. No quería ver nada más. No había ningún tipo de duda: se la estaba jugando.

-Es un buen montaje. Felicite al que lo haya hecho.

-¿Se está burlando? ¿Niega haber estado en esos lugares? ¿Y ese maletín? –dio un golpe sobre la mesa -. ¡Confiese!

-Trabajo en la Casa Blanca, así que es obvio que estoy allí todos los días –le entraron ganas de darle un puñetazo a ese incompetente -. Pero no tengo ni idea de qué hay en ese maletín. Nunca lo he visto. Y hace mucho que no voy por Brooklyn, desde el año pasado concretamente.

-No me lo creo…

-Pues es lo único que puedo decir… -su paciencia estaba llegando al límite. No podía consentir que ese inútil lo estuviera reteniendo mientras había miles de vidas en juego y terroristas dispuestos a seguir la fiesta -. Mire, inspector… Está cometiendo un error muy grave. Nunca, jamás, he tenido que ver con ningún acto bioterrorista. Umbrella ya me jodió bastante la vida, y desde entonces he dedicado mi vida en cuerpo y alma a luchar contra una amenaza que cada día se vuelve más peligrosa… ¡Tiene que soltarnos!

Pavlov se quedó en silencio, observándolo. Parecía estar considerando seriamente esa opción. Leon esperó pacientemente. Suspiró. Desde luego que todo aquello era sumamente desesperante.

-Aún no me ha dicho nada que no supiera… -Leon palideció al oírlo -. Así que… pasará un poco más aquí, reflexionando sobre si le conviene contar la verdad y librar a nuestro pueblo de la mentira, o seguir fiel a sus principios.

Leon apoyó la cabeza contra la mesa y cerró los ojos desesperado. El inspector caminó hacia la puerta. Esperaba que Valentine estuviera más charlatana y algo más pacífica. Agarró el pomo y fue a abrir la puerta cuando la voz de Leon sonó.

-¿Quién le ha dado esas fotos?

-¿Y eso qué importa? –preguntó Pavlov con la puerta a medio abrir.

-¿No se le ha ocurrido pensar… que quizá ese informante anónimo… está intentando desviar la atención?

Volvieron a quedarse en silencio. Hasta ahora no había sopesado esa opción. Lo cierto era que no tenía ni idea de quién había facilitado las fotografías. El F.B.I. de la capital simplemente se las había mandado para dar caza al tipo que aparecía en ellas como posible sospechoso de los ataques de los últimos días. No sabía si habían sido sus propios colegas o alguien externo.

-Tonterías… -murmuró abriendo del todo la puerta y abandonando la sala.

Leon levantó un poco la cabeza. Iba a costar más de lo que creía convencer a los federales. Suerte que podía confiar en gente tan experimentada como él en la lucha contra el bioterrorismo.

Jessica se acercó a la ventana de su habitación en un hotel de la barriada de Queens. Lansdale le había ordenado que permaneciera un tiempo fuera de la circulación. La B.S.A.A. y los líderes políticos tenían ahora otros asuntos más importantes que atender en esos momentos. Sonrió contemplando maravillada las vistas que había desde la décima planta.

Todo había salido a pedir de boca. Era increíble la facilidad con la que había sorteado la seguridad de la Casa Blanca. ¿Es que esos tipos no se tomaban en serio la protección de la figura más importante del país? Tenía su gracia y todo. Sólo estaría un par de días en Nueva York. Luego tocaba volver al ataque. Todo aquello se había convirtiendo en un juego para niños. No creía que fuera tan fácil.

Se alejó de la ventana y se acercó a la cama. Se dejó caer en ella cogiendo el mando de la televisión. La encendió y automáticamente saltó el canal de noticias. Lo dejaría ahí. Convenía saber qué estaba pasando al otro lado. El plan del viejo parecía estar saliendo a las mil maravillas, y eso que al principio había tenido sus dudas. ¿Asesinar al Presidente? ¿Un ataque a plena luz del día? ¡Sonaba muy rocambolesco!

Decidió hacer algo de ejercicio para matar el tiempo. Aún no tenía demasiada hambre. Esperaría un poco más para pedir la cena. Y luego… ya vería. Le apetecía mucho ir a algún lugar de intercambio. Todo lo que estaba pasando la había dejado muy excitada, y necesitaba desfogar con algún semental, el que fuera. Ese Fisher no estaba tan mal… aunque a saber dónde estaba. Pero Redfield era especial; ese hombre debía ser una auténtica máquina echando polvos.

Se levantó de la cama y dejó el mando de la televisión en la mesita de noche. Se quitó la sudadera gris, dejándola caer al suelo. Hizo lo mismo con los zapatos y el pantalón vaquero. Se quedó en sujetador y bragas. No había nada como sentirse libre. Un poco de estiramientos y yoga no vendría nada mal. Se sentó en el suelo oyendo de fondo cómo el presentador hablaba sobre unas inundaciones que habían tenido lugar en el estado de Luisiana.

El mundo estaba loco, y allí estaban ellos para cambiarlo. Sería muy divertido. La F.B.C. iba a resurgir de sus cenizas. Estaba muy convencida de ello. Juntó las plantas de los pies y estiró los brazos hacia delante. Mantuvo la posición varios segundos, y luego hizo lo mismo pero colocando los brazos hacia arriba. Cogió aire por la nariz y lo soltó lentamente por la boca. Repitió la operación y cerró los ojos, liberando su mente de todo pensamiento.

-Un tema que sigue sin ver luz es el asesinato del Presidente… -esas palabras activaron de nuevo su cerebro. Abrió los ojos y miró la pantalla, olvidándose por completo de su ejercicio -. Esta mañana se han detenido a tres personas en Nueva York como posibles sospechosos, pero todos han quedado en libertad al no haberse podido demostrar su implicación en el ataque… -Jessica abrió los ojos como platos, y no pudo evitar reírse. ¡Pues sí que la estaba liando el viejo desde la cárcel! La situación se estaba volviendo muy pero que muy interesante -. El F.B.I. no ha querido hacer públicos los nombres de los detenidos, pero todo parece indicar que son personas relacionadas con la lucha bioterrorista, lo cual es una auténtica sorpresa…

Cambió de posición. Se colocó de lado poniendo una pierna estirada hacia delante y otra hacia atrás. Había practicado gimnasia rítmica de pequeña, y tenía una agilidad asombrosa. Podía moverse tan sigilosamente y con tanta precisión que no había obstáculo que se le resistiera. Mantuvo la postura cerca de medio minuto y cambió. Le parecía increíble que nadie estuviera tras su pista todavía. ¿Tan incompetentes eran? Aunque mejor para ellos; más libertad de movimientos, más éxito.

Puso las dos piernas juntas y estiró los brazos hasta tocarse la punta de los pies. Esos ejercicios la ayudaban a relajarse; era de vital importancia reducir el estrés en el trabajo, y no es que el suyo fuera uno fácil precisamente. Cerró los ojos oyendo la televisión de fondo pero sin prestarle atención. Dejó su mente en blanco, concentrándose en su respiración.

Volvió a situarse de pie con lentitud moviendo de un lado a otro el cuello. Se puso en posición de combate. Iba a luchar contra un enemigo ficticio. Era una pena que en el hotel no hubiera un gimnasio, porque le hubiera venido a las mil maravillas un saco con el que poder practicar. Levantó los brazos y apretó los puños. Lanzó un derechazo contra el oponente imaginario y desplazó hacia la izquierda girando el cuerpo.

Se desplazó en círculos sin perder ni un momento su posición de referencia. Nunca se sabía a qué clase de persona ibas a enfrentarte: por norma general, y dada su constitución, iba a tener las de perder casi siempre. Aunque afortunadamente no todo era la fuerza en un combate. También entraba en juego la inteligencia, el saber interpretar los movimientos del otro y anticiparte a ellos.

Lanzó una patada alta y se movió hacia la derecha. Propinó un codazo y se situó detrás de su enemigo ficticio. En circunstancias normales ya estaría muerto. No era lo mismo que practicar con un objeto sólido, pero al menos le servía para mantener la concentración y no perder su estilo. Volvió a situarse en posición de ataque. Esta vez repetiría otra secuencia.

Su teléfono empezó a sonar. ¿Es que nadie era capaz de respetar la intimidad de una chica? Caminó lentamente hacia una mesa de madera donde había dejado un maletín y un bolso. El móvil estaba justo al lado. Lo cogió. Era un número desconocido. Frunció el ceño. Si era algo relacionado con Lansdale sabía que tenía que responder inmediato. Sólo esperaba que no fuera ninguna compañía telefónica pidiéndole que se cambiara de operador.

-¿Sí?

-¿Jessica? –preguntó una voz masculina bastante llamativa al otro. La reconoció al instante. No pudo evitar sonreír -. Soy Neil Fisher. No sé si te acordarás de mí…

¿Cómo no acordarse de ti, guapetón?

-Por supuesto –respondió acercándose a la ventana y apoyándose contra la pared -. ¿Qué te cuentas?

-Tengo algunas novedades, pero me gustaría felicitarte por el espectáculo que montaste… -parecía realmente impresionado -. ¿Cómo lo lograste?

-Bueno, moví unos cuantos de hilos por aquí y por allá… y la cosa salió a pedir de boca –soltó una carcajada -. Impresionante, ¿eh?

-Desde luego –contestó Neil de buen humor -. Lansdale no se equivocaba respecto a ti. Creo que podemos devolver a su lugar a la F.B.C. si seguimos en esta línea.

-Por lo que tengo entendido, nuestra querida B.S.A.A. tiene las horas contadas –rio -. Armaste una buena. Te felicito… ¿Qué te parecieron las muestras?

-Creo que ése T-Phobos tiene potencial, aunque es algo inestable… Muchas criaturas no lo soportaban, y se transformaban sin control o quedaban tan hechas papilla que no eran capaces de dar un paso.

-Ya veo… La persona que me lo suministró me advirtió de que esas cosas podían pasar. Pero donde realmente tengo esperanzas es en la otra rama… -dijo echando un vistazo al maletín que estaba sobre la mesa y que estaba completamente cerrado. Le había costado lo suyo dar con el vendedor, pero había merecido la pena.

-¿Te refieres a… otra clase… de virus?

-Cuando nos veamos te pondré al corriente de todo, guapetón –guardó silencio unos instantes -. No puedo contarte nada más de momento… ¿Qué eran esas novedades de las que querías hablarme?

-Esta mañana he recibido un mensaje cifrado de Lansdale –le contó Neil sin alterar lo más mínimo su tono de voz -. Quiero que lo hagamos ya.

Jessica se sorprendió al oírlo. Vaya, el viejo no se andaba con rodeos. Estaba emocionada. ¡El proyecto iba a llegar a su fase final! Y con la B.S.A.A. casi fuera de combate… La cosa no podía salir mejor. Sí, definitivamente esa noche se merecía un buen polvo. Ya encontraría a cualquier buen hombre que estuviera dispuesto a satisfacerla el tiempo suficiente.

-¿Mañana mismo? –preguntó bastante emocionada. Sintió cómo su vagina se lubricaba pensando en todo lo que estaba por venir.

-No, debemos esperar al menos un par de días. Luego nos encontramos en el punto acordado e iniciaremos la parte final del plan… -se quedaron el silencio unos segundos -. ¿Estás preparada?

-Más que preparada, cariño. Esto es lo mío. Sólo es cuestión de tiempo que Redfield y los suyos caigan, y con ello tendremos vía libre. No habrá nadie que nos detenga, y la F.B.C. volverá a ser como antes.

Neil sonrió.

-Así me gusta… Estamos en contacto. Cuídate.

-Tú también, guapetón.

Dejó el teléfono en su sitio sintiéndose muy feliz, como si estuviera en una nube. Lansdale había confiado en ella desde sus inicios en la F.B.C. Él había valorado sus capacidades más que cualquier otro, y la había compensado de gran manera: era sus ojos, la que le servía de visionaria en un mundo donde el equilibrio estaba cambiando. Siempre le había gustado ser la chica mala, y eso le ponía de sobremanera.

Muy bien. Dejaría que las cosas se relajaran un poco durante un par de días y se buscaría algo con lo que entretenerse hasta entonces. Apagó el televisor y decidió darse ducha. La noche prometía ser muy entretenida. Nadie, absolutamente nadie, iba a reconocerla. Lo tenía todo calculado, ¿y qué probabilidades había de que, en una ciudad tan grande como Nueva York, diera con alguien que la reconociera al instante?

Desde luego que no. La suerte estaba de su lado… y había que aprovechar esa racha. No todos los días uno tenía la sensación de sentirse el rey del mundo.


0.0 ¿Qué será ese plan que tienen entre manos? No suena nada bien desde luego...

Xaori: el FBI no se quiere comer mucho la cabeza, eso está claro. Y bueno, parece que la cosa ha quedado en un susto y poco más. Veremos a ver ahora en qué lío se meten. Y ni te imaginas lo que me gustan los viernes jajaja. Es que de no hacer nada a de pronto tener todo el día cogido pues como que choca un poco, y ya te digo, apenas tengo tiempo de escribir.

Stardust4: Exacto. Tienen un día más para evitar la quiebra... Veremos a ver si hay alguien que pueda sacarles del entuerto, porque de ser así... Lansdale tendría vía libre para hacer lo que le diera la gana.

Esto ha sido todo por esta semana. Os advierto: preparaos para la próxima, porque viene un capítulo muy pero que muy intenso (you know what I mean ñ_ñ).