¡Hola a todos! Aquí estamos una semana más para darle caña al asunto xD Me alegra ver que el capítulo de la semana pasada os gustara mucho (lo hice con todo mi cariño xD) Sin más preámbulos, aquí os dejo el próximo capítulo, mucho más light por supuesto.
Leon entró en su pequeño despacho bostezando. No había podido dormir prácticamente nada esa noche. El capullo del inspector no lo había soltado hasta cerca de las nueve de la noche, cuando, según su juicio, no habían podido encontrar ninguna prueba que lo inculpara, aunque por supuesto no había salido impune. Estaba en libertad vigilada, lo que quería decir que no podía abandonar el país hasta que la situación se aclarara.
Lo que hacía falta era un ataque biológico lejos de la frontera. Suerte que la B.S.A.A. estaba ahí… aunque a saber hasta cuándo. Que él supiera aún no había salido ningún comprador; habría salido en las noticias, o el propio Chris lo habría llamado para informarle. Colgó su chaqueta marrón en el respaldo de la silla y apoyó una mano sobre ella observando la pantalla vacía de su ordenador.
Ya habían elegido al nuevo Presidente, pero hasta dentro de dos días no se haría oficial el nombramiento. El Vicepresidente se estaba encargando de todos los trámites hasta el momento, y lo cierto era que estaba llevando bastante bien el asunto. El difunto Presidente Graham no lo había hecho tan mal, pero le faltaba liderazgo, algo esencial en alguien que quería dirigir un país; más de una vez Leon o alguno de sus hombres había tenido que sacarlo de un gran apuro.
Se sentó en la silla dejando sobre la mesa varios objetos personales, como su teléfono o su cartera. Esperaba impaciente la visita de Claire. Estuvieron hablando anoche hasta tarde, y le contó que había conseguido las grabaciones del día del ataque. Puede que no mostraran gran cosa, pero era un punto de partida. Hasta los más cuidadosos cometían fallos, y esperaba pillar de una vez por todas a los que estaban detrás.
Confiaba en el criterio de Chris, en sus sospechas sobre la implicación de Jessica Sherawat, pero hasta que no tuvieran algo con lo que empezar a trabajar no podrían en marcha la investigación. La Casa Blanca lo había decidido así, y así era como se debía hacer. Cogió su teléfono y le echó un vistazo. No había ninguna novedad, ni siquiera Hunnigan parecía querer molestarlo.
No había parado de dar vueltas en toda la noche. Aunque no quería admitirlo, el hecho de que lo hubieran llevado preso le había afectado bastante. Si esa gente tenía tanto poder para influir de esa forma en la policía, ¿qué no serían capaces de hacer? Pero todo volvía siempre a lo mismo: pruebas, pruebas y pruebas. Sólo esperaba que Claire no tardara demasiado. Habían quedado a eso de las once y media; aún eran y veinte.
Encendió su ordenador y se levantó para acercarse a la nevera portátil que tenía en el despacho. La abrió y sacó una botella de agua bastante fresca. Le quitó el tapón y le dio un sorbo echando un vistazo por la ventana. Desde su posición apenas se apreciaba gran cosa, pero al menos agradecía que la habitación estuviera bastante iluminada cuando le daba el sol.
Los coches pasaban por la avenida sin cesar, y a pesar de que no era una hora muy avanzada había bastante gente paseando por los alrededores. Eso era lo bueno que tenían las capitales: fuera la hora que fuese, siempre había alguien circulando. Volvió a su mesa y tomó asiento en el momento en el que el teléfono interno sonó. Descolgó el auricular y se lo llevó a la oreja.
-Su visita de las once treinta aquí… -le informó la nueva secretaria con un tono bastante alegre. Tras la muerte de Francesca habían tenido que indagar en las bases de datos y buscar al mejor candidato para el puesto. Laura, que era como se llamaba, había sido la elegida -. ¿La hago pasar?
-Sí, por supuesto –respondió Leon mientras introducía la contraseña para acceder al terminal -. No la haga esperar.
Dejó el auricular en su sitio y se frotó las manos ansioso. Ya estaba allí Claire. Daba la casualidad de que tenía una reunión con algunas directivos de Terrasave en la capital, y le iba a hacer el favor de pasarse para entregarle las grabaciones. Desde Raccoon City, su vida había sido un auténtico caos, pero siempre había personas que conseguían darle algo de esperanza. Claire era una de ellas.
Alguien tocó en la puerta. Sonrió. Le encantaba la puntualidad.
-Adelante –anunció soltando el ratón. La puerta se abrió, y por ella apareció su mejor amiga, la única que entendía a la perfección todo por lo que habían pasado y que comprendía la importancia de luchar continuamente contra las armas biológicas y los terroristas que las creaban. Se levantó y le estrechó la mano a la pelirroja -. Un placer verte de nuevo… Voy a tener que pedirle a los terroristas que ataquen más a menudo para que podarnos vernos - Claire rio, aunque sabía que Leon lo decía en broma -. Siéntate. Creo que tienes algo para mí…
-Bueno… -reconoció la menor de los Redfield abriendo su bolso y buscando algo en su interior. Sacó un disco completamente cerrado en una caja. Se lo enseñó al agente moviéndolo con gracia delante suya -. Es tuyo si me dices las palabras mágicas.
Leon arqueó una ceja sorprendido. Eso sí que no se lo esperaba.
-¡Venga ya! –soltó evitando reírse. Parecía que su colega estaba de buen humor… y Leon decidió no estropearle el día. Bastante tenían encima -. Por favor.
-¡Bingo para el caballero!
Y le tendió el disco. Leon lo cogió y lo observó detenidamente. No había nada escrito en él. Era de color amarillo, y parecía estar en perfecto estado. Abrió la caja y lo examinó por debajo; ni una mota de polvo ni un rayón; estaba impecable. Introdujo el CD en el portátil y esperó a que cargara. Lo hizo sin problemas. El vídeo no se reproduciría a menos que él le diera al inicio.
-¿Tienes prisa? –le preguntó esperanzado con que pudiera quedarse allí un poco más. Claire siempre era una gran ayuda -. Podrías echarme una mano… Cuatro ojos son mejor que dos.
Claire sonrió. Por supuesto que ayudaría. Ese asunto la concernía tanto como a cualquier otro. Aún recordaba cómo habían tenido que desalojar a cientos de personas del destruido puente de Brooklyn. Ese ataque los había pillado a todos por sorpresa. Y lo más curioso era que se habían producido dos al mismo tiempo… Lo tenían todo absolutamente planeado; el peligro era cada vez mayor.
No había tenido tiempo de hablar Chris. Lo había llamado hacía un rato, poco después de aterrizar, pero tenía el teléfono apagado. Pobre. Si hoy no encontraban a nadie que los financiara… se iba a la calle. ¿Y qué iba a hacer el mundo sin una organización que se dedicaba en cuerpo y alma a combatir el mal y el bioterrorismo? No entendía cómo las grandes multinacionales le daban la espalda.
-Acércate –le indicó el rubio haciéndole un gesto. Claire cogió su silla y la situó junto a la de Leon. El vídeo aún no estaba en reproducción. Se veía una entrada en blanco y negro donde había varias columnas y unos aparatos que imaginaba servían para detectar mercancías peligrosas -. Tenemos que estar preparados para la tormenta que se avecina. Si finalmente lo de la B.S.A.A. llega… a producirse… las únicas cartas que quedaremos somos nosotros. Lo único que sabemos hasta el momento es que todos los ataques de los últimos días parecen estar relacionados. Los guardas que se encargaron de recoger la supuesta colonia afirmaban que la entregó una mujer, y si las sospechas de tu hermano son correctas, sólo nos quedaría ver este vídeo para confirmar que es Jessica Sherawat… ¿Estás dispuesta a llegar hasta el fondo de este asunto?
-Terrasave se creó para ayudar a las víctimas de los ataques bioterroristas –asintió la pelirroja cruzándose de brazos -. Además, le están jodiendo la vida a mi hermano, así que… por supuesto que quiero desenmascarar a la persona que está detrás de todo.
Leon sonrió ligeramente y volvió a coger el ratón. Hizo click y la grabación comenzó. Reconoció al instante la entrada a la Casa Blanca: todo el mundo tenía que pasar por allí para someterse a los pertinentes controles de seguridad. La hora marcaba las seis y veintitrés; coincidía con la hora del asesinato. Un par de guardias de seguridad charlaban frente a los detectores de metal. Era una lástima que la grabación no tuviera sonido; hubiera sido muy útil para analizar la voz de la persona que había entregado el paquete, que estaba seguro que no tardaría en aparecer.
Todo siguió igual durante un par de minutos, hasta que de pronto Claire señaló la pantalla.
-Mira allí. Hay alguien acercándose.
Y efectivamente una figura fue caminando hacia los guardas, que dejaron de hablar. Por su complexión y estatura parecía una mujer. Llevaba una gorra, lo que dificultaba bastante su identificación. Leon apretó los dientes furioso. Si no se quitaba eso de la cabeza o levantaba la mirada… Conversaron durante unos instantes, y volvió a maldecir el hecho de que la grabación fuera insonorizada.
Uno de los de seguridad cogió el paquete y le pasó por el escáner. Tras unos instantes hizo un gesto afirmativo y el otro cogió un papel que le dio la supuesta repartidora. Firmó y puso un sello antes de entregárselo. Se tocó ligeramente la gorra y se marchó a buen ritmo. El que había cogido el regalo había desaparecido, probablemente para hacer entrega de esa trampa mortal.
La grabación concluyó, y Leon seguía tan perdido como al principio. No había absolutamente nada que mereciera la pena. La cámara, a pesar de estar en un ángulo muy bueno, no había enfocado ni un solo instante a esa misteriosa persona. Tal vez debería volver a interrogar a los de seguridad; quizá podría conseguir información sobre el vehículo que utilizó para acceder al edificio. Sí, definitivamente podría ser algo por lo que empezar. Echó un vistazo a Claire, que estaba pensativa mirando la pantalla.
-Vuelve a ponerla –le dijo sin mirarlo, completamente centrada en las imágenes -. Tiene que haber algo que se nos esté escapando.
Leon dudó. ¿Era posible que hubiese visto algo que les podría ayudar? No estaba seguro, pero no perdía nada. Tenía todo el día por delante para dedicarse en cuerpo y alma a ese vídeo. Volvió a reproducirlo y esta vez decidió estar más atento a todo lo que ocurría. Los de seguridad volvían a charlar hasta que la persona con el supuesto regalo los interrumpía.
Mientras uno de los guardas hacía los pertinentes controles, el otro charlaba con esa extraña tapada con la gorra. No lograba distinguir bien los colores de la ropa que llevaba, pero la camisa parecía blanca, y el pantalón negro o vaquero. El que tenía la colonia en la mano hizo un gesto afirmativo antes de marcharse.
-Retrocede un poco –le ordenó Claire sin apartar la mirada de la pantalla y levantando una mano -. Creo… que hay un instante en el que mira a la cámara…
Leon arqueó una ceja sorprendido. ¿Y él no se había dado cuenta de eso? Esperaba que su amiga tuviera razón, porque si no era así… volvían a estar como al principio. Retrocedió unos segundos la grabación, al instante en el que la colonia era sometida a diferentes pruebas. Luego el tipo hizo un gesto afirmativo antes de marcharse.
-¡Para! –gritó la pelirroja sobresaltándolo un poco, tanto que le dio al ratón sin querer y detuvo las imágenes. Leon fue a decirle algo, pero se le adelantó -. Está mirando a la cámara, ¿no la ves?
Y el agente miró por primera vez detenidamente la imagen. La de la gorra había levantado un poco al cabeza probablemente al oír que todo estaba en orden, lo suficiente para que gran parte de su cara quedara al descubierto. Leon se quedó boquiabierto, y miró a Claire, que sonreía ligeramente. ¿Cómo había logrado darse cuenta de ese detalle? Era bastante difícil de apreciar que estaba mirando a la cámara.
Hizo una captura de pantalla y la guardó. Se la enviaría al equipo de reconocimiento facial, y por supuesto también a Chris, que querría echarle el guante a esa terrorista sin dudarlo. Accedió a su correo electrónico y escribió un breve mensaje adjuntado la foto al departamento de reconocimiento facial. Les pidió que no tardaran mucho en darle los resultados.
-Voy a enviársela también a tu hermano –informó a Claire escribiendo un nuevo correo, esta vez al fundador de la B.S.A.A. -. Quizá él nos pueda confirmar más rápido la identidad de esa mujer.
-Claro. Adelante –asintió echando un rápido vistazo al mensaje. Cogió su teléfono. Tal vez debería avisar ella misma a Chris, que quizá tardaría bastante en consultar su correo electrónico -. Voy a llamarlo para decírselo. No tardo.
Leon asintió sin apartar la mirada de la pantalla mientras tecleaba a un buen ritmo. Claire salió del pequeño despacho llevándose el teléfono a la oreja. Pasaron tres tonos, y no hubo respuesta. No fue hasta el quinto cuando la cansada voz de su hermano respondió. Sabía que no lo estaba nada bien, y quizá la noticia de que podían tener una buena pista le levantara el ánimo… aunque era mucho decir. Chris era una bellísima persona, pero a veces su temperamento le jugaba malas pasadas.
-Hola, hermanita. ¿Cómo estás? –la saludó con un tono más frío de lo habitual. Se le notaba abatido. La pelirroja sabía que era un día crucial para él; la B.S.A.A. estaba al borde de la desaparición, y la cosa no pintaba nada bien.
-Estoy en Washington. Tengo una conferencia con Terrasave, pero estoy ahora con Leon –se detuvo unos instantes -. Creo que tenemos una pista bastante buena.
-¿Una pista? –repitió el moreno al otro lado con un leve deje de esperanza.
-Leon va a mandarte una captura de pantalla a tu correo. Échale un vistazo. Es de la tarde… del asesinato del Presidente.
Chris estaba en su despacho. Acababa prácticamente de llegar; sólo le había dado tiempo a dejar su chaqueta sobre el respaldo de la silla. No había ni rastro de Jill, y ya debería estar por allí. ¿Lo estaba evitando? Lo más seguro era que sí. Encendió su ordenador pegándose el teléfono al hombro. Esperaba que no tardara demasiado.
Si estaban en lo cierto era posible que tuvieran algo por dónde empezar… aunque en las circunstancias actuales… iba a ser difícil emprender alguna acción. Introdujo su contraseña sin hablar. Claire también estaba callada. A decir verdad odiaba esos silencios cuando ninguno de los dos tenía nada que decir, pero no tenía ánimos para poner a charlar, y mucho menos sobre lo sucedido la noche anterior.
Había estado prácticamente toda la noche sin pegar ojo, dándole vueltas a lo estúpido que había sido. Muy en el fondo sabía que tenía que contárselo a alguien, y Claire o Barry siempre eran las opciones predilectas. Barry podría servir de látigo castigador, mientras que su hermana podría ayudarlo a recuperar su relación con Jill, que parecía estar rota.
Le había mandado un mensaje antes de ir a la oficina. Incluso la había llamado un par de veces… y sin respuesta. No iba a insistir más; sabía que debía dejarle su espacio, poner algo de distancia para pensar. Pero lo cierto era que él quería disculparse, decirle lo gilipollas que había sido por no haberse dado cuenta de lo que ocurría. Pero parecía que, de momento, esa disculpa tendría que esperar.
Accedió a su correo y abrió el mensaje de Leon. La imagen estaba en primera plana. Apretó los puños y golpeó con los nudillos la silla, que cayó al suelo. ¡Era ella! No había ningún tipo de duda.
-¿Chris? –preguntó Claire al oír bastante ruido al otro lado -. ¿Va todo bien?
-Hay que buscar a esa mujer como sea… Jessica no puedo salirse con la suya… ¡Dile a Leon que ponga a todos sus contactos en ello! ¡No puede escaparse!
Claire se apartó un poco del móvil al oír las voces de su hermano. Estaba completamente fuera de sí. Ese asunto estaba afectándole más de lo que creía. Desde pequeño siempre había sido muy impulsivo, y si había algo que odiara más que nada era perder; nunca había aceptado la derrota. Ojalá pudiera estar a su lado para apoyarlo. Debía hablar con Leon para agilizar todo el proceso. Él, con la influencia que tenía dentro de la Casa Blanca, podría conseguir para buscar y capturar a esa criminal.
Chris parecía demasiado ansioso por capturarla, aunque en parte lo comprendía: esa mujer los había llevado prácticamente a la ruina, los había dejado completamente expuestos ante todo el mundo, demostrando que hasta los más grandes siempre tienen sus puntos débiles.
-Hablaré con Leon… Mantenme informada de todas las novedades que ocurran. Te quiero. No lo olvides.
-Yo también, hermanita… Cuídate.
Claire finalizó la llamada y se quedó observando la pantalla ceñuda. No sabía por qué, pero su instinto femenino le decía que su hermano parecía preocupado por algo más. No era que le gustase meterse en su vida, pero si había algo que le inquietara o le preocupase le gustaría saberlo. Él la había protegido desde que eran pequeños; siempre había velado por su bienestar, y ella quería hacer lo mismo.
El parque que había elegido para descansar no estaba nada mal. Tranquilo, nada ruidoso y con kilómetros de césped para disfrutar de un buen día. Había optado por sentarse en un banco cercano a la calzada principal. Bebía un café que había comprado en un puesto a la entrada. No era el mejor que había probado, pero tampoco era un desperdicio en absoluto. Tenía que hacer tiempo hasta que llegara el momento exacto.
Su contacto le había dicho que la llamaría sobre mediodía. Levantó un poco las gafas de sol y miró su reloj de pulsera: las once y cincuenta y cinco. Todavía le quedaban cinco minutos para disfrutar de un poco de paz y tranquilidad mientras se terminaba el café. No le gustaban mucho las ciudades grandes, y Chicago era una de ellas. Tanta gente, tantos misterios sin resolver y tantos sueños por cumplir…
Había una familia que paseaba a un bebé en un carro. Parecían felices, y los envidiaba enormemente; ¿una vida normal? Esa frase nunca había estado en su vocabulario desde hacía algunos años, desde que empezó a involucrarse en estos asuntos. No era fácil, pero había terminado por acostumbrarse. No había nadie que esperara al llegar a casa ni nada por lo que preocuparse salvo los negocios.
Dio un último sorbo a su café, que ya estaba prácticamente frío. A su lado había una papelera. Sonrió. Era hora de comprobar cómo estaba su puntería. Levantó los brazos y lanzó el vaso de plástico, que dio en el borde del cilindro y cayó al suelo. Bajó los brazos con lentitud sin dejar de sonreír. Tenía que calentar, aunque no era que fuera a entrar en el campo de batalla… por ahora.
Se levantó e introdujo el vaso en la papelera, que ya estaba bastante llena, como si llevaran días sin pasar por allí a vaciarla. A veces se sorprendía de lo mal que los gobernantes llevaban las cosas. ¿Tan difícil era dar ejemplo y llevar las cosas bien para tener a todos contentos? Parecía que no. Suspiró en el momento en el que su teléfono vibró en el bolsillo de su chaqueta roja.
Tal y como esperaba, puntualidad. Los negocios no se hacían esperar. Aceptó la llamada y la atendió echando un vistazo a los alrededores. No podía fiarse de nadie; sus años de experiencia eran un grado, y cualquiera de los que estaba allí podría estar intentando averiguar qué era lo que se traía entre manos. Una voz masculina autoritaria le respondió al otro lado.
-¿Cómo marcha la investigación?
-No tengo gran cosa de momento… -contestó ajustándose un poco las gafas de sol. Se inclinó un poco hacia delante para tener mejor visión de todo cuanto pasaba -. Parece que todos los ataques de los días anteriores están relacionados de algún modo. La B.S.A.A. está al borde del colapso, y no parecen tener nada importante…
-¿De verdad? –la otra persona parecía divertida por lo que estaba oyendo -. Bueno… eso nos da cierta ventaja… No imaginaba que el fin estuviera tan… cerca…
-No están acabados aún –le cortó adoptando un tono más serio. Sabía que no debía hacer eso ante su contacto, pero no quería dar lugar a errores -. Tienen hasta medianoche para encontrar a alguien que los financie… Puede que lo consigan.
-Redfield siempre se ha caracterizado por su suerte… Habrá que estar al tanto de los acontecimientos… ¿Qué hay de los virus?
-Las cepas utilizadas en el ataque de Nueva York son… peculiares –no tenía otra palabra para describirlo. Había alguien que había hecho los deberes bastante bien -. Una de ellas es la misma que se utilizó en el ataque de Terragrigia, el T-Abbys, mientras que la otra… Nadie ha conseguido ponerle nombre aún.
-Vaya… -guardaron silencio unos instantes -. Eso suena muy interesante… Habrá que averiguar quién está detrás de eso…
-Me pondré a ello, aunque no será fácil…
-¿Y qué hay sobre el ataque a la Casa Blanca?
-El Presidente recibió una dosis de otro virus desconocido, pero he tenido acceso al análisis… y coincide con una muestra del T-Veronica X.
La otra persona soltó una carcajada de satisfacción. Era su creación, su apuesta por el futuro. Había tardado más de la cuenta en dar con la fórmula, y aunque aún era pronto para sacar conclusiones, parecía estar funcionando a la perfección. No había nada como sentir que tenía el poder.
-Parece que alguien está poniendo a prueba su potencial… Esto se pone muy interesante… Hay que estar alerta. El plan puede ponerse marcha de un momento a otro, y necesitamos distraer la atención para hacernos con la muestra de ese virus desconocido…
-Por supuesto. Mantendré los ojos abiertos. Siempre se me ha dado bien.
-Y por cierto… -su tono sonaba tan amenazador como siempre -. Si algún superviviente de Raccoon City se mete en medio… No dudes en eliminarlo. Raccoon City casi nos cuesta la muestra del virus G, y casi nos quedamos sin las Plagas… No quiero distracciones, Wong. Entrar y coger. Algo limpio.
No hace falta que me lo recuerdes.
Y cortó la comunicación sin despedirse. Si había algo que odiaba era que le recordaran el fracaso. Bueno, realmente no había sido un fracaso; había salido victoriosa de todas y cada una de las batallas que había librado, pero sí era cierto que se había encariñado demasiado con Leon, y que eso casi le costó la vida. Había aprendido la lección, e intentaría mantener las distancias aunque fuera difícil.
Sabía que, de algún modo, Leon aparecía tarde o temprano. El asesinato del Presidente lo había convertido en candidato número uno a estar tras la investigación de lo sucedido, y por lo que había logrado averiguar, parecían estar estrechando el cerco de posibles sospechosos. Tal vez podría aprovechar eso a su favor, y dejar que los otros hicieran el trabajo sucio mientras ella conseguía la muestra.
Suspiró. No podía quitarse a Leon de la cabeza por mucho que lo intentara. Confiaba en él, sabía que su nuevo puesto como agente del Gobierno lo había endurecido, pero no podía evitar seguir viendo a veces a ese joven que arriesgó su vida por ella sin conocerla. España le había dado una perspectiva diferente de las cosas: intentaría no mezclarse demasiado en el asunto salvo que fuera estrictamente necesario, y jugaría sus cartas a conveniencia.
No iba a ser una marioneta, y no siempre iba a seguir las órdenes al pie de la letra. Ya lo había dejado claro cuando le ordenaron matar a Leon; sencillamente… no podía hacerlo… ni lo haría. Se había ganado un sitio en su corazón, y aunque sabía que tenía que ser fuerte, a veces los sentimientos jugaban malas pasadas. Las oportunidades estaban para aprovecharlas, y eso era exactamente lo que iba a hacer.
Xaori: me alegra ver que este capítulo te ha gustado (en el fondo lo sabía jaja). Y sí, Chris siempre está metido en todos los fregados. No sabes cómo lo hace pero siempre acaba en todos los líos. Y ese lemon... tendrá que esperar... por el momento... sobre todo apareciendo quien ha aparecido.
Stardust4: si es que los hombres a veces piensan demasiado con lo de abajo y no se dan cuenta de lo que está pasando a su alrededor. Y por supuesto, esto va a complicar mucho las relaciones en la BSAA, que ya de por sí la situación está complicada.
Esto es todo por esta semana. El próximo capítulo va a ser muy interesante, os lo aseguro!
