¡Muy buenas a todos! Aquí estamos una semana más, cargada de cosas por hacer xD. Tengo una mala noticia, y es que sólo voy a poder subir un par de capítulos más o tres, porque, de verdad, no encuentro tiempo material para dedicar aunque sea media hora a darle caña a la historia. De verdad que lo siento mucho, pero a partir de diciembre estaré algo más libre, e imagino que me podré poner más a fondo.


Jessica tecleaba nerviosa mientras observaba con atención las pantallas. Todo parecía estar en orden, aunque no podía quitarse la sensación de estar siendo observaba. El encontronazo de la noche anterior la había puesto en completa alerta, y no había sido un plato de muy buen gusto que digamos. Tenía la situación controlada… hasta que apareció esa indeseada. ¿Qué hacía allí? ¿Cómo había logrado identificarla?

Estaba siendo un polvo colosal, y se le había chafado. Sonrió introduciendo unas claves. Tal y como esperaba, Chris era una bomba: exigente, rudo, sensual… Lástima que no hubieran terminado; le hubiera encantado que se corriera en su interior. Pero lo peor había sido tener que huir del local completamente desnuda y andar por varias calles intentando que nadie la viera.

No iba a dejar que la capturaran; no podía fallarle a Morgan de esa forma después de todo lo que había hecho por ella y la forma en la que le había demostrado su confianza. Afortunadamente, el plan estaba listo, y dentro de unas horas se llevaría a cabo. Nadie conocía sus intenciones a pesar de que se había dejado algunas pertenencias en la sala que posiblemente ya estarían analizando.

No había nada de interés, nada que pudiera relacionar sus actuaciones, así que podía respirar tranquila un poco más. Eran algo más de las siete. Su vuelo a Salt Lake City salía a las diez, así que pronto tendría que ponerse en marcha para evitar las horas punta de tráfico. ¿Dónde demonios estaba Fisher cuando se le necesitaba? Sabía que tendría que ser bastante difícil para él jugar ese doble papel, y que debía hacer lo imposible para no levantar sospechas.

Habían quedado en que él sería su relevo para controlar la situación. Las instalaciones secretas de Lansdale seguían intactas; los federales no habían conseguido sonsacarle absolutamente sobre esas bases de Chicago y Salt Lake City. Desde allí, el antiguo director de la F.B.C. había observado cómo Terragrigia desaparecía de la faz de la Tierra, y al mismo tiempo, disponía de datos interesantes sobre los virus que tenían en posesión.

Esa muestra de T-Abyss que había conseguido recuperar había sido muy valiosa a pesar de que casi le costó la vida. El helicóptero que la rescató llegó por los pelos, justo cuando el crucero se estaba yendo a pique. La B.S.A.A., como siempre, tuvo suerte, y dio con el barco en el que Jack Norman estaba atrapado, consumido por la locura. Lansdale le había contado que era un tipo bastante inestable, y que sus ideales llevarían a la organización al quiebre.

Bueno, él había tenido algo que ver al respecto, y Norman lo había amenazado con filtrar unas grabaciones sobre los negocios que habían hecho. El cabrón lo tenía todo planeado, pero Lansdale había sido más inteligente, y había provocado el hundimiento del Queen Semiramis antes de que esa grabación llegara a manos de los federales o cualquier otro con poder para encerrarlo.

Y, como siempre, la B.S.A.A. aparecía en escena. Ya le había advertido a su jefe en numerosas ocasiones sobre la importancia de mantenerlos vigilados y no subestimarlos, sobre todo a Redfield y Valentine. Suspiró. Pensar en lo de anoche le ponía los vellos de punta. Hombres… Cuando se le ponía por delante un apetitoso plato no dudaban ni un instante en probar bocado.

La puerta que tenía detrás se abrió. Echó un vistazo a una pantalla en negro, y a través de ella vio entrar a Fisher. Llevaba una camisa gris y un pantalón vaquero oscuro. No sabía cómo lo hacía, pero ese hombre siempre hacía lo imposible para estar más que apetecible. Estaba convencida de que las tías se le tirarían en manada en cualquier evento.

-Llegas tarde –le recriminó con un tono de voz que pretendía ser amistoso, aunque sonó más acusador de lo que quería. Neil cerró la puerta y dejó una carpeta sobre la mesa. ¿Era posible tener tantas reuniones en un mismo día? Cogió una silla y se dejó caer en ella suspirando. Jessica lo observó divertida -. ¿Demasiado estrés? ¿Tan difícil es trabajar para los buenos?

-Es complicado… -respondió desabrochándose un botón de la camisa. Hacía un poco de calor allí; el aire estaba apagado, y posiblemente no funcionaba -. Aunque tú deberías saberlo bien. Trabajaste para la B.S.A.A.

La morena sonrió. Por supuesto todo era parte del plan de Lansdale, y había tenido que hacer algunas jugadas y sacrificios para que saliera a la perfección. Entre otras cosas engañar al que había sido su compañero durante años, Parker Luciani, y vigilado muy de cerca a Raymond, que aunque le había ayudado a adquirir la muestra, se había comportado de forma bastante sospechosa.

Hacía bastante que no sabía de él. Posiblemente estaría alejado de los problemas, escondiéndose. Se le daba muy bien manejar las apariencias.

-Hablando de la B.S.A.A. Ayer tuve un encontronazo con ellos... –Neil palideció un poco al oírlo. Bajo ningún concepto debían salir sus nombres a la luz, o todo lo que Lansdale estaba planeando se iría al traste -. Pero tranquilo, todo está bajo control. Logré esquivarlos.

-¿Dónde estabas?

Jessica guardó silencio. ¿Le decía la verdad o le contaba alguna mentira con la que salir al paso? La verdad era bastante tentadora, aunque podía sacar conclusiones erróneas sobre ella. Pero bueno, eran adultos, y podían hacer lo que les diera la gana. Además, no les había dejado ninguna pista de interés; todo estaba bajo control, y sólo eran cuestión de horas que la organización se fuera a la mierda.

-Echando un polvo maravilloso –contestó comprobando que los niveles de las cápsulas donde estaban las B.O.W.S. eran óptimos. Neil arqueó una ceja sorprendido -. Me dejaron a medias –se volvió y lo miró -. Y no hay nada que me moleste más que quedarme con el calentón…

El castaño tragó saliva con dificultad. ¿De verdad le estaba tirando los tejos? Le gustaban las mujeres que eran directas y que no se andaban con rodeos… y eso era precisamente lo que estaba pasando. Tenía pinta de ser una chica muy explosiva. Puede que le siguiera el juego para ver hasta dónde llegaban. El silencio era bastante intimidante, a decir verdad.

Con Claire no había nada serio. Sí era cierto que sus juegos le encantaban, y era una bomba en la cama, pero tampoco estaría tan mal aprovechar ahora que se le ponía un buen plato de comida por delante.

-Bien… Todo parece marchar según lo previsto –anunció dejando de teclear. Los niveles se habían mantenido durante un tiempo considerable, así que no había nada de lo que preocuparse. Caminó con lentitud hacia la mesa donde Neil estaba sentado. -. Me queda más o menos una hora antes de que salga mi vuelo… ¿Propones algún plan para matar el tiempo?

-Se me ocurren muchas cosas, sí… -murmuró Neil viendo cómo Jessica se desabrochaba la cazadora con lentitud, sin apartar la mirada. Le estaba empezando a entrar calor -. Joder…

La cazadora cayó al suelo con un ruido sordo. Jessica apoyó las manos sobre sus caderas con una sonrisa. Le hizo un gesto para que se acercara, a lo que el director de Terrasave no dudó ni un solo instante en acudir. Cogió los botones de la camisa y se los desabrochó mientras ella abría la bragueta de su pantalón. Iba a ser intenso, sí. Su miembro, que aún estaba entrando en calor, quedó liberado, sólo oculto por el bóxer negro que llevaba.

-Vamos a animar un poco la cosa… -susurró la morena pasando un dedo por su pene con lentitud. Se mordió el labio. A Neil le temblaban los dedos. Estaba empezando a excitarse. Su polla quedó completamente expuesta en el momento en el que terminó de desabrochar la camisa de Jessica -. Ahora estamos casi empate. Quítame el sujetador.

Esa orden lo animó aún más. Prometía sexo del bueno. Jessica se dio la vuelta con gracia, y poco después ya no tenía absolutamente nada arriba. Se giró con una amplia sonrisa. Volvió a agarrar el pene de Neil y lo masajeó con suavidad al principio.

-Veamos de qué eres capaz, hombretón… -sus movimientos eran cada vez más rápidos. Neil emitió un suspiro de placer; no había nada como una buena paja. Notaba cómo su miembro iba creciendo poco a poco. Cogió uno de los pechos de Jessica y le chupó un pezón. Los gemidos de ambos se mezclaron -. Eso es…

Cogió el otro pecho y lo masajeó con brío, sin detenerse, sin dudar. Le estaban entrando unas enormes ganas de follársela allí mismo, sobre la mesa. Pareció leerle el pensamiento. Jessica se separó y se echó sobre la mesa, con las piernas bien abiertas, todo lo que le permitía el pantalón que llevaba puesto. Neil se arrancó literalmente los suyos sin pensárselo.

-Te voy a dar lo tuyo aquí, ahora mismo –gruñó sintiéndose más y más excitado conforme pasaban los segundos. Se quitó los calzoncillos quedándose completamente desnudo de cintura para abajo. Jessica lo observaba con curiosidad.

-Una vista realmente interesante… ¿Te gustaría… follarte mi culo?

Neil resopló. Eso era demasiado. Dicho y hecho: no la defraudaría.

Jill observó con atención su objetivo. Le propinó un golpe de derecha con fuerza. Menos mal que llevaba los guantes, porque hoy estaba sacando fuerzas de no sabía dónde. El saco se movió con violencia de izquierda a derecha. Le propinó una patada con la izquierda y un nuevo derechazo. Gritó de rabia. Encadenó una serie de golpes seguidos apretando los dientes.

Necesitaba quemar su frustración de alguna manera, y no había encontrado una forma mejor que en el gimnasio. Ya era noche cerrada. Llevaba allí cerca de cuarenta y cinco minutos, y no quería ir a ninguna parte. Dio un nuevo golpe y se detuvo intentando recuperar la respiración, que por momentos era cada vez más agitada. Dentro de aproximadamente hora y media la B.S.A.A. desaparecería; no habían encontrado a nadie que los avalara.

Le propinó un golpe violento con la izquierda y dio una patada alta que rompió un poco la cuerda donde se sostenía el saco. Y para colmo estaba toda esa mierda de Chris. Prefería no pensar mucho en ello porque le hervía la sangre. No quería saber nada de él, y mucho menos iba a aceptar sus disculpas. La había traicionado, y no había nada que le doliera más que eso.

¿Cómo olvidar lo que vio? ¿Cómo olvidar a esa zorra encima suya, dándole un placer que ella nunca alcanzaría? La forma en la que lo besaba… Apretó los dientes y golpeó con la izquierda de forma violenta. Se detuvo aguantando las lágrimas. ¿Qué más le quedaba por soportar? ¿Por qué todas las rachas venían juntas? Cogió la botella de agua que tenía en el suelo y le dio un sorbo. Se echó la toalla a los hombros y se la pasó por la cara y los brazos. Estaba completamente sudando; no había dejado ni un instante de golpear desde que había llegado.

Sus brazos ya estaban empezando a agotarse, pero aún tenía fuerzas para seguir más tiempo. Ya había empaquetado todas sus cosas para que en el momento en el que llegaran las doce sólo tendría que cogerlas y cargarlas en su coche. Arrojó la toalla a un lado y volvió a situarse en posición de combate. Oyó que la puerta de la entrada se abría. Frunció el ceño. ¿Quién iría a molestarla a esas horas? Dio un golpe con la izquierda, otro con la derecha, se echó a un lado para cubrirse y dio una patada baja.

-Buenos reflejos… -murmuró una voz muy familiar. Se quedó completamente quieta.

No se atrevía a darse vuelta. No podía. Si lo hacía posiblemente haría algo de lo que se arrepentiría más tarde. Siguió golpeando el saco con fuerza, y de pronto, éste cayó al suelo, roto. Jill respiraba con dificultad, sin dejar de apretar los dientes. Si se atrevía a decirle algo le iba a dejar una bonita marca de la que le costaría trabajo olvidarse.

-Guau… Te has levantado hoy con energía… -volvió a exclamar la persona que había entrado. Jill se giró con lentitud, apretando los puños bajo los guantes. Tenía una pinta ridícula con su sujetador deportivo y las mallas ajustadas. Pero no importaba; sabía cómo imponerse.

-Vuelve a decir una palabra más y te juro que vas a acabar peor que ese saco –le advirtió con el tono más amenazante que se le ocurrió -. Si has venido a incordiar, lárgate, y si has venido para quedarte me voy.

Así de tajante tenía que mostrarse. Sabía que debía llevar el mango por la sartén en todo momento. Cogió su toalla y la botella de agua, a la que dio un sorbo. Se quitó los guantes y los arrojó al suelo con violencia. Chris se quedó en silencio, observándola. En su mirada había algo parecido a la decepción. Sabía que no iba a ser fácil hablar con Jill; parecía que le iba a costar mucho olvidar lo que había ocurrido. ¿Y a quién iba a engañar? Si hubiera sido al revés, que ella se hubiera acostado con un terrorista delante de sus narices, también le habría sentado como una patada en el culo.

Debía estar feliz, aliviado, pero lo cierto era que se sentía como una auténtica mierda. No había ido allí a incordiarla, por supuesto. Desde que la había llamado y le había escrito los mensajes sin respuesta había entendido que debía dejarle su espacio. Sin embargo, como fundadora, debía conocer las últimas novedades.

-La B.S.A.A. continúa su camino… -logró decir mientras veía cómo su mejor amiga recogía sus cosas. Parecía dispuesta a marcharse, pero se detuvo cuando analizó en profundidad la frase.

-Si es una jodida broma, muy buena… Pero yo me largo. Recojo mis cosas y me voy para siempre.

-¡Jill, espera! –echó a correr hacia la puerta y se interpuso en su camino apoyando los brazos en el quicio de la puerta.

-¡Apártate ahora mismo! –gritó furiosa intentando apartarlo. Pero Chris pesaba demasiado, y apenas consiguió desplazarlo. Sabía que con la fuerza no iba a poder hacer nada.

-Tricell nos ha financiado –y esas palabras parecieron calmarla.

Jill se quedó boquiabierta. ¿Qué finalmente habían encontrado a alguien que los apoyara? No supo qué decir. Esa sensación de furia se vio sustituida por una de alivio que casi la hizo marearse. Aunque no quería saber nada de Chris, estaba segura de que no iba a mentirle con algo tan importante.

No sabía mucho sobre Tricell: una empresa internacional que se estaba haciendo un hueco en la industria de la farmacología. En Estados Unidos había varias sedes repartidas a lo largo del país, y estaban expandiéndose por zonas más complicadas y de difícil acceso como África. Algo parecido a lo que ellos pretendían hasta que les jodieron.

-Eso es… fenomenal –logró decir aún muy sorprendida. Y al recordar con quién estaba sus nervios volvieron a salir a flote -. Y ahora, si te importa, me gustaría irme. Tengo que poner mis cosas al día.

-Jill, por favor… -murmuró el moreno casi suplicando. No estaba dispuesto a largarse de allí sin que lo escuchara. Le había dado tregua durante todo el día, y ya era hora de entrar en acción -. Necesito que me escuches.

-O te apartas por las buenas o te aparto por las malas… -lo amenazó elevando la voz más de la cuenta. Era una suerte que no hubiera nadie por allí; estaban montando un auténtico espectáculo, pero a Jill le daba igual -. Tú eliges.

-Lo que pasó…

-¡No estoy para historias ahora! –lo cortó con un tono de voz amenazador y chillón -. Apártate.

-Quiero que sepas que…

Y de pronto, le soltó un derechazo que fue directo a su pómulo. Chris se apartó llevándose una mano a su dolorida clara. Gritó de dolor. Jill se quedó observándolo. Tal vez se había pasado un poco de la raya, pero se lo merecía. Notó una sensación reconfortante, como si se sintiera más liberada. ¿Era eso lo que había querido hacer desde la noche anterior?

-Mira, dejemos las cosas claras –le dijo mientras observaba cómo el pómulo de su compañero se estaba poniendo cada vez más rojo -. No voy a poder quitarme de la cabeza cómo esa… esa… -y no pudo continuar. No, ahora no era momento de venirse abajo. No podía demostrarle que esa situación la había superado con creces.

Y se marchó a buen ritmo dejando a Chris apoyado contra la pared sujetándose el rostro. Aún seguía sin entender cómo había podido cagarla tanto. Para él era muy importante recuperar la confianza de una de las pocas personas que había estado siempre a su lado, en las buenas y en las malas. Tal vez podía aprovechar ahora que a la B.S.A.A. le habían dado una segunda oportunidad.

Pero no iba a ser fácil: estaba muy enfadada, y lo último que quería era perder a la mujer que amaba en secreto desde que se conocieron en Raccoon City.

Era una alegría comprobar cómo el ambiente había cambiado de un día para otro. Todo eran risas y alegría en la oficina. Chris pasó por los controles de seguridad sin problemas. Todo el mundo se quedaba mirando su hinchado pómulo. Había acudido a la enfermería del edificio poco después de su encontronazo con Jill. Le habían dado unos analgésicos y le habían aplicado algo de hielo.

Él había estado repitiendo el proceso toda la mañana, y aunque la hinchazón había bajado de tamaño, aún era bastante considerable. No quería contarle a nadie la verdad; no quería ser la comidilla de los empleados curiosos. Saludó a unos cuantos empleados y caminó hacia el ascensor desanimado. Había convocado una reunión con Leon y Claire; no le había nada a Jill, pero lo haría ahora. Sabía que no iban a darle autorización para llevar a cabo una operación.

Timothy Ryan aún estaba hablando con los dirigentes de Tricell sobre las condiciones, y aunque el pacto era inevitable, no sabía cuánto tiempo tardarían en tramitar una orden de busca y captura. Por eso había pasado prácticamente toda la noche en vela; tenían que actuar ya. Jessica podía estar planeando otro de sus maravillosos ataques.

Las puertas se abrieron y accedió al interior sin mirar a nadie en particular. Muchos, para variar, se le quedaban mirando. No tenía más ganas de fiesta, así que decidió pasar de ellos. Era muy incómodo ser el centro de atención, y no por algo bueno precisamente. Estaba acostumbrado a ser un líder, un referente para la mayoría de los que estaban allí, pero no por su pómulo.

El ascenso pareció durar más de lo normal, y no perdió tiempo en salir en cuanto llegaron a la quinta planta. Avanzó a buen ritmo por el pasillo saludando con la cabeza a algunos agentes que había por allí. Se detuvo al pasar junto a la sala de reuniones. Al mirar a través del cristal vio a Jill observar atentamente la pantalla de su ordenador. De vez en cuando echaba un vistazo a un papel que había sobre la mesa; no parecía demasiado contenta, aunque últimamente nunca lo estaba.

Chris suspiró. ¿Qué podía hacer para recuperar su confianza? De momento sabía que por mucho que intentara disculparse no iba a conseguir nada. Tal vez debería mantener la distancia, comportarse como un compañero más y dejar que las cosas fluyeran. Quizá así lo conseguiría. Se acercó a la puerta y agarró el pomo algo nervioso. No tenía ni idea de cómo iba a reaccionar hoy, pero parece que lo de la noche anterior había limado algunas asperezas entre ellos.

Sabía que se merecía el golpe por gilipollas, pero iba a pasar el resto del día muy dolorido. Abrió la puerta con lentitud sintiéndose más nervioso conforme veía con más claridad a Jill. Ésta levantó un poco la mirada, y al verlo siguió manteniendo el mismo gesto neutral y volvió a su tarea como si nada la hubiera interrumpido.

-Hola Jill –la saludó con algo de duda. Se detuvo a pocos metros de la mesa sin saber muy bien qué hacer -. Voy a reunirme con Leon y Claire ahora… Quiero que tú también estés presente.

La morena se quedó mirando fijamente la pantalla, sin levantar lo más mínimo la mirada. Toda esa situación era realmente desconcertante a decir verdad. Si algo le había gustado siempre era el buen rollo que se desprendía entre ellos.

-¿Algo que debería saber? –le preguntó con un tono de voz que, aunque no llegaba a ser del todo cortante, denotaba cierto enfado. No iba a ser nada fácil olvidar lo que había pasado a fin de cuentas.

-Nada de eso –se sentó a su lado viendo cómo no dejaba de observar un papel con unos números -. El acuerdo escrito con Tricell no se hará efectivo hasta dentro de unos días, y no podemos esperar tanto tiempo… Tenemos que actuar por nuestra cuenta.

Y por primera vez en muchas horas conseguía una reacción que no era un grito o un gesto de mala leche. Lo miró boquiabierta, como si estuviera tratando con un loco. Sabía de sobra todos los riesgos que conllevaba meterse en una operación sin ningún tipo de autorización: los federales podían arrestarlos y acusarlos de mil cosas, el equipo disponible sería muy limitado, por no decir en los líos a los que metería a la B.S.A.A.

Por eso necesitaba a Leon y a Claire; ellos, gracias a sus posiciones, podían ser una gran ayuda. No le hacía demasiada gracia meter a su hermana en el fregado, pero no tenía ningún tipo de dudas sobre sus cualidades.

-¿Se te ha ido aún más la cabeza con el golpe o qué te pasa? –le espetó su compañera elevando la voz. Bien, parecía que las cosas volvían a su cauce -. ¡Podríamos acabar en la cárcel o peor… muertos!

-Sé más que nadie todo lo que implica la operación, Jill. Por eso os necesito a todos.

-Pues no cuentes conmigo.

Chris apretó los puños intentando controlarse. Nunca la había visto comportarse de ese modo, y lo peor era que lo estaba contagiando. Tenía unas enormes ganas de soltarle cuatro cosas bien dichas, pero hizo todo lo posible por mantener el pico cerrado. Sin su apoyo iba a ser imposible llevar a cabo la operación; tenía que haber algún modo de hacerla entrar en razón.

-¿Qué es eso que tienes ahí? –le preguntó intentando desviar la atención. No respondió al instantes, sino que siguió tecleando algo en el ordenador refunfuñando. Chris se inclinó un poco para observar mejor los números. Era una combinación un tanto extraña, que no parecía seguir un patrón exacto. No tenía ni idea de dónde lo había sacado, pero parecía bastante importante, porque no paraba de consultar el ordenador y de observar el papel -. ¿Vas a contestarme?

-Pues mira, sí –lo espetó de forma cortante aunque sabía que dentro del edificio debía mantener las formas. Pero todo era tan difícil últimamente -. Es un papel que le quité a tu amante. ¿Contento?

Chris quiso obviar el comentario, pero no podía.

-No tengo nada con esa mujer –le dijo elevando la voz un poco más de la cuenta. Sabía que ésas no eran las formas, pero su paciencia se estaba agotando -. Ni lo tengo ni lo tendré jamás. ¿Y ahora quieres estar a la altura de la profesional que eres y explicarme qué demonios es eso?

Bien. Tal vez ese comentario la hiciera espabilar. Jill se quedó muda, sin saber qué decir. Por mucho que sus prejuicios la cegaran, sabía que Chris tenía razón. Dentro del edificio debía actuar con discreción, con el rigor que le otorgaba ser una de las fundadoras. Lo que iba a decir quedó interrumpido por un golpe en la puerta. Chris se levantó. Esperaba que quien quiera que fuera no hubiera escuchado la conversación.

Abrió la puerta y lo primero que vio fue a su hermana. Llevaba una chaqueta roja abrochada casi a la mitad y unos pantalones negros. No pudo evitar sonreír al verla. Ella era una de las pocas personas que conseguía alegrarle el día pasara lo que pasase. Le dio un fuerte abrazo.

-Gracias por venir –Claire lo observó boquiabierta, sin apartar la mirada de su pómulo ligeramente hinchado.

-¿Qué te ha pasado?

Chris miró de reojo a Jill, que levantó ligeramente la mirada de la pantalla. No estaba dispuesto a contar la verdad; eso sólo crearía más problemas.

-Me di un golpe… entrenando –se limitó a responder deseando que su hermana no hiciera más preguntas. Eso pareció convencerla, porque no dijo nada más y entró en la habitación para saludar a Jill, que cambió completamente el gesto al verla.

-Chris… -llamó su atención Leon tendiéndole una mano. El moreno se la estrechó sin prestar demasiada atención; estaba más pendiente de la conversación que estaban manteniendo las dos mujeres en las que más confiaba en el mundo.

-Gracias por acudir. No os habría llamado si no fuera sumamente importante –le agradeció soltándole la mano. Se hizo a un lado y el agente también entró en la sala. Se acercó a Jill y también la saludó. No hacía falta ser un adivino para saber que su humor había cambiado de un momento a otro.

-Me alegra ver que la B.S.A.A. vuelve a estar operativa –dijo Leon sentándose en una silla que había junto a Jill -. El mundo vuelve a respirar tranquilo.

-Bueno, aún no es oficial –le informó Chris sentándose a su derecha -. Hay que completar algunos trámites burocráticos, pero ya tenemos a alguien que nos ha salvado el culo.

-Contad con Terrasave para lo que necesitéis –la voz de Claire sonaba decidida. Chris le dedicó una amplia sonrisa -. Habéis hecho mucho por nosotros, y haremos todo lo que esté en nuestra mano para ayudaros.

-Eso es exactamente por lo que os he llamado –Chris apoyó las manos sobre la mesa mirando alternativamente a todos los que estaban reunidos. Jill seguía sin apartar la mirada del ordenador, aunque permanecía atenta a todo lo que se decía -. Se nos acaba el tiempo… y tenemos que actuar ya, sin… ayuda.

Claire y Leon se quedaron boquiabiertos. A Jill no le pilló por sorpresa, y no alteró su gesto. Lo que les estaba pidiendo era un riesgo muy grande: si ocurría algo, o si la operación no tenía el éxito que esperaban, podrían perder muchas cosas, entre ellas la vida. Eso de ir a un lugar desconocido sin ninguna clase de apoyo no sonaba nada bien.

-¿Estás insinuando que vayamos… por nuestra cuenta? –preguntó Leon a trompicones. No tenía por qué ser así; podría mover algunos hilos en el departamento y conseguir un mínimo refuerzo.

-Tricell no va a mancharse las manos de momento, y nosotros no tenemos los recursos suficientes para movilizar al equipo… Es por eso por lo que creo que vosotros podéis ser nuestras mejores opciones –se quedó callado durante unos instantes -. Además, este asunto os incumbe tanto como a nosotros…

Leon asintió estando de acuerdo. No había nada que deseara más que pillar a los que estaban detrás de todo y llevarlos ante la justicia. Claire se cruzó de brazos y frunció el ceño. No estaba segura de que Neil autorizara una operación de ese peligro: Terrasave no se dedicaba a perseguir a terroristas; ayudaba a las víctimas. Deseaba de todo corazón ayudar a su hermano, pero iba a ser muy complicado.

-No sé, Chris… No creo que mi jefe esté dispuesto a ofrecer ese apoyo. En Terrasave velamos por el bienestar de las víctimas.

-Creo que no me estáis entendiendo –le cortó su hermano levantando una mano -. Estoy hablando de una operación a cuatro, todos los que estamos aquí.

-Estoy con vosotros –intervino Jill por primera vez mirando a Leon y a Claire -. Pueden salir muchas cosas mal… y en nuestro actual estado no nos conviene arriesgarnos demasiado.

-El que no arriesga no gana –la interrumpió el moreno adoptando un gesto más serio. ¿Quería jugar a poli bueno y poli malo? Pues iba a entrar en el juego con los ojos cerrados -. Nadie tiene por qué enterarse de esta operación.

-¿Y cómo piensas cubrir nuestra ausencia? –la conversación iba adquiriendo un tono cada vez más cortante. Chris se levantó ligeramente de su silla -. Porque no creo que sea una excursión de un día.

-Los altos cargos tenemos días de permiso, por si lo has olvidado. Pediremos una excedencia, y nadie hará preguntas.

-¿Los dos a la vez? ¿Con todo lo que está pasando? ¡Eso no hay quien se lo trague!

Leon y Claire observaban con atención la discusión. Se sentían como unos invitados a un espectáculo no demasiado grato. ¿Desde cuándo esos dos discutían tanto? La pelirroja intuyó rápidamente que entre ellos había pasado algo muy grave. Jill no paraba de atacar a Chris, y no había mostrado una actitud demasiado colaboradora. ¿Lío de faldas? Era mucho presuponer viniendo de su hermano.

-Vale, ya nos ha quedado claro que aquí hay algunos puntos que aclarar –intervino Leon al ver que esos dos iban a continuar con la discusión. Se lo quedaron mirando con los dientes apretados. Pues sí que habían desayunado fuerte esos dos -. ¿De qué datos disponemos para empezar la búsqueda?

Chris sacó de su chaqueta un sobre blanco que dejó sobre la mesa. Lo abrió y sacó unas fotografías que pasó al resto. En ellas se veía a una mujer morena sentada en lo que parecía ser una sala de espera de un aeropuerto. Leon no tardó en reconocerla.

-Estas fotos me han llegado hace unas horas desde nuestros satélites espía. Ordené a todos mis hombres que vigilaran todos los aeropuertos, autopistas, puertos… Cualquier lugar por el que esa… -se detuvo apretando el puño izquierdo -. Estaba en Chicago, pero no sabemos qué hacía allí ni hacia dónde se dirigía. Mis hombres están comprobando todos los vuelos.

-Entonces nuestra primera pista podría encontrarse en Chicago… -murmuró Leon pasándole las fotos a Claire -. ¿Qué hay allí que le interese tanto?

-Lansdale tenía una sede secreta allí –respondió Jill dándole vueltas a un papel que tenía en la mano -. Eso podría explicar por qué estaba allí, aunque no entiendo por qué querría huir…

Esos malditos números le estaban dando dolor de cabeza. Llevaba toda la mañana probando numerosas combinaciones. No era un número de teléfono; había puesto en diferente orden todos y cada uno de esos números y no parecía corresponder a una línea telefónica. Podría tratarse también de una clave secreta. Si ése era el caso… estaban perdidos. Podría pertenecer a cualquier caja o a cualquier otro instrumento.

¿Y si… son unas coordenadas?

Era cierto que cabía una posibilidad de demostrarlo. Observó detenidamente los números y abrió una página para introducirlos. Esperaba que su corazonada fuera correcta. Movió los dedos con rapidez oyendo de fondo al resto hablar; no estaba muy metida en la conversación, y la verdad era que tampoco le interesaba mucho. Apareció un mapa de Estados Unidos, y de pronto apareció un punto rojo que señalaba una zona del noroeste.

-Salen miles de vuelos al día en Chicago, posiblemente varios al mismo tiempo –opinó Leon negando con la cabeza. Podrían conseguir una lista detallada de los vuelos que operaban sobre la hora en la que había sido tomada la fotografía, pero sería difícil averiguar en cuál estaba Jessica -. Podría estar en cualquiera…

-Confío en mis hombres –dictaminó Chris dirigiendo una rápida mirada a Jill, que miraba boquiabierta la pantalla. Frunció el ceño. ¿Qué habría descubierto?

-Chris, sabes perfectamente que… -empezó a decir Claire en el momento en el que la voz de Jill la cortó en seco.

-No va a ser tan difícil como pensábamos –giró el portátil para que todos pudieran ver la pantalla. En ella había un mapa de Estados Unidos señalando el estado de Utah, y concretamente la ciudad de Salt Lake City -. La tenemos enjaulada.

-¿Salt Lake City? –repitió el agente sin dejar de observar la pantalla frunciendo el ceño -. ¿Cómo sabes que está allí?

Jill le mostró el famoso papel y lo cogió sin dudarlo sin entender absolutamente nada. Chris y Claire también lo observaron con curiosidad.

-Son unas coordenadas –les explicó la morena sentándose en el filo de la mesa y cruzándose de brazos -. Llevo todo el maldito día intentando darle sentido, porque no eran un número teléfono. Y entonces se me ocurrió la posibilidad de que indicaran… un lugar.

-¿De dónde has sacado esto? –le preguntó Claire con un tono de voz bastante sorprendido. Si eso era cierto, tenían una pista muy importante por la que empezar a investigar.

Jill guardó silencio, dudando. ¿Debía contarles la verdad? Chris se merecía pagar con intereses su descuido, y aunque estaba enfadada con él hasta tal punto que no se atrevía ni a dirigirle la palabra, no le parecía demasiado profesional. Ya habían discutido bastante por ese día… pero eso no quería decir que fuera a perder la oportunidad de dejarle el balón sobre su tejado.

-Chris os puede poner al corriente…

Y si las miradas matasen la de él ya lo habría hecho. Jill sonrió mientras Leon y Claire miraban detenidamente al moreno, que se quedó sin palabras. ¿Cómo había podido jugársela así? Se estaba pasando de castaño a oscuro. Tendría una charla muy seria con ella en cuanto terminaran la reunión; pasara lo que pasase, tenían que ser unos auténticos profesionales.

-Bueno… la… encontramos… -logró decir con la garganta algo seca. Ojalá tuviera un vaso de agua cerca; eso no se le hacía ni al enemigo. Tenía la sensación de que Jill quería que todo aquello saliera a relucir… y eso no le gustaba ni un pelo -. Intentamos atraparla… -y por unos instantes le vino a la mente esos momentos en los que Jessica lo empalaba a buen ritmo. Sintió un escalofrío y continuó -. Se nos escapó, aún no sé cómo… Pero no nos fuimos con las manos vacías: conseguimos sustraerle este papel. Pensamos que podía ser algo importante… y parece que así es.

Claire observó detenidamente las expresiones de Chris y Jill: ella parecía disfrutar enormemente con el espectáculo que estaba viendo, mientras que su hermano tenía cara de estar sufriendo. Cada vez tenía más claro de que entre ellos dos había pasado algo realmente grave. Ojalá tuviera unos instantes para charlar tranquilamente con Chris sobre lo ocurrido, aunque sabía que le costaría horrores sacarle una palabra.

-Pues no perdamos el tiempo –dictaminó Leon rompiendo el silencio que se había formado -. Creo… que si nos lo montamos bien… podemos llegar hasta el final. Como agente del Gobierno es mi deber velar por la seguridad del Presidente, y haré lo que sea necesario para encontrar al culpable… aunque eso signifique actuar sin ningún tipo de respaldo.

Chris asintió agradecido. Parecía que Leon había entendido que no podían esperar más.

-Dos de nosotros podrían echar un vistazo a esa sede de Lansdale en Chicago –opinó poniendo las manos sobre la mesa algo más animado. Por fin parecía que tenían un plan de acción -. Y los otros irán a Salt Lake City siguiendo la pista de… -y se detuvo apretando de nuevo los puños. ¿Por qué le costaba tanto pronunciar su nombre?

-No te preocupes por ella –se encaró Jill poniéndose de pie y situándose a pocos metros de Chris -. Leon y yo nos encargaremos de Jessica –miró a Claire -. Vosotros echad un vistazo por Chicago a ver qué encontráis.

Todos se quedaron en silencio. El primero en reaccionar fue Chris, que se quedó boquiabierto cuando comprendió lo que había dicho la que consideraba su mejor amiga y la compañera más fiable que podía encontrar. ¿Se atrevía a abandonarlo, sin más? La noticia le había sentado como un jarro de agua fría. Por supuesto que confiaba en Claire; había demostrado de sobra que estaba capacitada para enfrentarse a lo que hiciera falta.

-¿Estás completamente segura? –le preguntó Leon percibiendo que entre esos dos había ocurrido algo muy gordo. No quería ser él quien se metiera en medio, pero no tenía ganas de estar aguantando más indirectas el tiempo que durara la operación.

-Sí… -asintió la ex miembro de S.T.A.R.S. sin ningún tipo de duda -. Cuantos más canales operativos tengamos, más posibilidades de darle caza habrá.

Pero lo cierto era que quería alejarse todo lo posible de allí… y encontrarse cara a cara con esa zorra. Estaba dispuesta a llegar hasta donde hiciera falta para encerrarla de por vida en la cárcel, aunque se le fuera la vida en ello. Les había causado muchos problemas, y no estaba dispuesta a consentir que siguiera toreándolos de esa manera siempre que se le antojara.

Chris le lanzó una mirada inquisidora a Jill, pero ésta no le hizo caso. No tenía más ganas de seguir discutiendo. Ya deberían estar diseñando un plan de ataque y preparando los equipos para partir.

-Bien… Será mejor que nos pongamos a elaborar un plan… -miró a Leon -. Tú y yo nos encargaremos –se dirigió principalmente a su hermana. Ni se atrevía a mirar a Jill -. Encargaos de que el equipo esté a punto sin que os vean. Recordad que vamos a actuar en contra de la ley y sin ningún tipo de autorización.

-Nosotras nos encargamos –respondió la pelirroja dándole un toque en el hombro a Jill, que asintió antes de seguirla.

Chris la observó marcharse. Suspiró. Sabía que estaban haciendo lo correcto… pero no podía dejar de pensar que había metido hasta el fondo la pata con Jill.


Bueno, bueno, bueno... La de cosas que han pasado en un momento. Jessica aprovechando la situación como siempre, y Chris y Jill con esa tensión latente.

Xaori: Claro, ahora que ya ha hecho la gracia, ¡pues la hacemos completa! Y me da a mí que esa reconciliación está lejos, bastante lejos, sobre todo ahora que cada uno va a ir por su lado. Por otro lado, Jessica y Neil no pierden el tiempo ñ_ñ. Tenía que incluir a Ada sí o sí, porque va a dar mucho juego... y peleas.

Stardust4: Ada tenía que aparecer sí o sí, además de por los virus, por Leon, una pareja inseparable. Y bueno, ya sabemos que lo de Raccoon City unió mucho a Leon y a Claire, y para mí es una de las parejas más equilibradas que hay, aunque a Leon se le vayan los ojos detrás de otra xD. Y ya has visto cómo ha reaccionado Jill en cuanto Chris se le ha acercado... Parece que esto va a estar lejos de arreglarse... De momento...

Pues esto es todo por esta semana. La próxima prometo acción de la buena ;)