¡Muy buenas a todos una semana más! Perdonad la demora, pero es que ando muy ocupada... Pero os prometo que la próxima semana me pongo a tope con todo, con la historia y con lecturas que tengo por ahí pendientes... Ya queda menos! Este capítulo tiene mucho que decir... Ya lo veréis!
Claire consultó por enésima vez su reloj de pulsera. Hacía más de cinco minutos que Chris había entrado en el servicio para comprobar las armas y aún no había vuelto. ¿Debería ir a echar un vistazo? Tal vez no era nada, pero estaba empezando a preocuparse. Nadie había entrado ni salido desde que lo había hecho su hermano, y eso era, en cierta medida, un alivio.
No dejaba de observar a todos los que pasaban por allí; cualquiera podía ser sospechoso. De pronto, se fijó en un joven que iba solo, caminando con lentitud mirando de un lado a otro… Había algo raro en él. Claire dio unos pasos hacia delante para observarlo más de cerca. El chico llevaba una camiseta blanca con un logotipo ovalado lleno de colores, unos pantalones de camuflaje y unas botas.
No parecía ser mayor que ella. Parecía perdido; no dejaba de mirar a los alrededores con desconfianza, como si temiera que algo o alguien lo estuviera siguiendo. Su mirada se quedó fija en ella… Y Claire se quedó boquiabierta. No… no podía ser… De ningún modo.
-¿Steve? –preguntó con la voz quebrada. Se quedó quieta. Era incapaz de moverse o de decir algo más. ¿Era de verdad Steve? Si no era él era su hermano gemelo. ¡Dios mío! ¡Tenía que hacer algo por él!
El joven siguió observándola, y frunció el ceño. Había algo en esa chica que le era sumamente familiar, aunque desconocía el qué. Algo en su mirada, en su expresión sorprendida le indicaba que lo conocía. Si situó delante de él, sin dejar de estar asombrada. Se interponía en su camino. Debía hacer algo con ella y continuar con la tarea que su salvador le había encomendado.
-¡Steve! –exclamó Claire con la voz bastante aguda -. ¿No… no te acuerdas de mí? ¡Soy Claire!
Así que la extraña tenía nombre y lo conocía. Que él supiera sólo había tenía contacto con su salvador. ¿Y esa mujer extraña, y al mismo tiempo familiar, decía que lo conocía? Todo era bastante confuso a decir verdad. Claire dio una vuelta a su alrededor completamente boquiabierta.
-No sé quién eres ni qué quieres, pero me estás retrasando. Debo irme –le soltó Steve con una voz monótona y carente de sentido. Claire no entendía absolutamente nada, pero sabía que habían experimentado con él, y que estaba bajo la influencia de algún virus. Tenía que detenerlo antes de que hiciera algo.
Steve la apartó con una facilidad pasmosa. Claire se trastabilló sin llegar a caer al suelo. Steve prosiguió su marcha, a la espera de que los acontecimientos sucedieran. Estaba allí de apoyo. Iba a ser los ojos del salvador allá fuera. La pelirroja echó de nuevo a correr sin creer absolutamente nada de lo que estaba pasando.
-¡Steve, para, por favor! –gritó volviendo a detenerse delante de él. La gente empezaba a mirar con curiosidad; estaba armando demasiado jaleo.
-¡Claire! –la llamó alguien a su espalda. Chris venía corriendo a toda velocidad hacia ella con la bolsa colgada al hombro izquierdo. Su hermana estaba parada delante de un tipo muy delgado. No podía verle la cara, pero Claire estaba completamente pálida -. ¿Qué estás haciendo? ¡Te largas sin más! ¡Me tenías completamente asustado! –se paró junto a ella y observó por primera vez al tipo que tenía delante. La bolsa se le cayó al suelo de la impresión. Lo último que hubiera imaginado era tener a Steve Burnside cara a cara -. No puede ser… ¿Es… es él?
De pronto, se empezaron a oír gritos, y la gente empezó a correr despavorida de un lado a otro. Se avecinaba algo malo, y tenían que estar preparados. Chris se agachó y abrió la bolsa escuchando gritos por todos lados. ¿Un nuevo ataque? ¡Aún no estaban preparados para él! Cogió una Beretta y la echó a un lado. Iba a necesitar algo más potente; no sabían qué estaba provocando ese pánico.
Le pasó una metralladora a Claire y él se quedó con una escopeta. Comprobó que estaba cargada. Tenían que hablar con Steve y aclarar la situación lo antes posible. El problema era que el condenado se había largado mientras buscaba las armas. Miró de un lado a otro, pero le perdió el rastro. Claire tampoco tenía mejor suerte.
-¡Joder! –exclamó el mayor de los Redfield dando una patada al suelo -. Tenemos que ir tras él. Estoy seguro de que sabe algo…
-Él… parecía perdido –le defendió Claire encarándose con su hermano -. No me reconoció. Es como si… le hubieran lavado el cerebro.
-Sea lo que sea… Es un peligro para sí mismo y para los demás –alguien se chocó contra su hombro y cayó al suelo. Chris se desplazó un poco hacia la derecha pero sin llegar a caerse. El pánico era cada vez mayor, y debían hacer algo para detenerlo. Su móvil vibró en el pantalón. Esperaba que fuera Barry. Lo cogió y se quedó helado al ver la pantalla.
-¿Qué ocurre? –se interesó Claire al ver que el gesto de Chris había cambiado completamente.
El moreno no respondió al instante. Había recibido una señal de la línea de emergencia… desde el teléfono de Jill. No sabía qué decir ni qué hacer. Por su culpa ella y Leon estaban en peligro. Eso confirmaba que Jessica posiblemente estaba en Salt Lake City provocando otro ataque.
-Jill y Leon tienen problemas –contestó completamente serio. Si le pasaba algo a Jill… -. Tengo que ponerme en contacto con la central y comprobar que también han recibido el aviso… Dios, esto se va a poner muy feo.
A estas alturas ya sabrían que estaban bastante lejos. Ya tendría tiempo de dar explicaciones ante el resto de fundadores cuando tuviera la ocasión.
-Tenemos que encontrar a Steve –le interrumpió con evidente preocupación. No sabía cómo sentirse: por una parte estaba aliviada porque sabía que Steve estaba vivo, un chaval que había hecho lo imposible para salir vivo de una isla que estaba condenada a la destrucción, pero por otra tenía muchas preguntas y muchas dudas sin resolver -. Él es el único que puede parar esto…
-Claire… -la detuvo Chris con un tono de voz decaído. Miró al suelo suspirando. No había caído hasta el momento en que tenían un problema más grave que ése -. Si Steve está aquí…
Y la menor de los Redfield lo entendió a la perfección. Si las sospechas de su hermano eran ciertas, no iban a tener un solo enemigo. Wesker se llevó a Steve para extraerle el virus T Verónica… ¿Y si era él que estaba detrás del ataque y había enviado a Steve como peón?
-¿Crees que deberíamos… buscar a Wesker? –preguntó Claire sin estar del todo convencida.
-No –respondió de inmediato Chris negando constantemente con la cabeza -. Él vendrá a buscarnos en cuanto se entere de que estamos aquí… Es su forma de actuar.
-Sé que tú lo conoces mejor que nadie… -se detuvo unos instantes, meditando -. Si fueras él… ¿qué harías?
-Llenaría la ciudad de B.O.W.S. y mantendría a todo el personal entretenido durante un tiempo… -se quedó en silencio unos instantes, pensativo. ¿Y si estaba buscando algo, un arma, un virus, lo que fuera para hacerse con él y potenciarlo? Los análisis habían demostrado que se encontraban ante tres cepas diferentes… Tenía mucho sentido -. Tenemos que averiguar qué es lo que está ocurriendo exactamente. Aunque me atrevería a decir que alguien ha decidido empezar la fiesta antes de tiempo.
Le quitó el seguro a la escopeta y avanzó con paso firme hacia la avenida principal. Había muchos vehículos aparcados, dejados de cualquier manera, que dificultaban el avance. Muchos, en un acto sensato, habían decidido dejarlo todo y echar a correr. La mayoría de los coches tenían las llaves puestas. Era interesante saberlo por si tenían que huir,
No había ni rastro de la policía. Lo más seguro era que estuvieran de camino, aunque lo único que harían sería estorbar. Dudaba que se hubieran enfrentado a una situación tan grave. Claire se situó a su espalda, apuntando con su arma en todas direcciones. Los gritos no cesaban, pero hubo algo que los hizo detenerse. Chris alzó una mano y le indicó un coche rojo que estaba aparcado en un lateral.
Corrieron hacia él y se escondieron detrás. Claire apoyó la espalda contra la puerta delantera y cogió aire. La situación no pintaba nada bien; habían llegado demasiado tarde.
-He calculado que hay seis de ellos –susurró Chris mientras asomaba ligeramente la cabeza. Y sí, eran seis. Eran exactamente igual a las criaturas que habían sembrado el pánico en el puente de Brooklyn hacía unos días. Sin duda estaban ante la misma cepa de virus -. No tengo ninguna clase de dudas. Están usando el mismo virus: uno es el T-Abyss, de los otros dos no tenemos datos…
-No sabes cómo me alivia oír eso –ironizó la pelirroja sin apartar la mirada de un escaparate que tenía enfrente. En él había varias personas encerradas que le hacían señas; estaba convencida de que estaban más seguros allí dentro que fuera -. Dentro de esa tienda hay supervivientes… ¿Los ayudamos?
Chris volvió a ocultarse y echó un vistazo a la tienda a la que se refería su hermana. Había siete u ocho personas dentro, que no paraban de dar golpes a los cristales intentando llamar su atención. Allí dentro estarían seguros, pero si seguían haciendo ese ruido atraerían a alguna de esas criaturas con toda probabilidad. De pronto, sonó un grito gutural cerca de su posición.
Claire le hizo un gesto a su hermano para que se desplazara hacia la izquierda, justo a tiempo para ver cómo una de esas criaturas iba directa hacia el escondite de los supervivientes.
-Mierda… -exclamó en voz baja la menor de los Redfield apuntando con su arma a esa cosa. Chris le puso una mano en el hombro negando constantemente.
-Si disparamos atraeremos a más de ellos…
-¡Tenemos que hacer algo para ayudarlos!
-Espera… -echó otro vistazo viendo cómo una sombra alargada se situaba tras ellos. Apenas tuvo tiempo a reaccionar -. ¡Cuidado!
Rodó sobre su costado empujando a Claire en el momento en el que una de esas criaturas, con un brazo lleno de pinchos, destrozaba el coche en el que habían estado escondidos hasta hacía unos segundos. Los otros seres que andaban por allí se sintieron atraídos por el ruido, y empezaron a dirigirse hacia ellos.
-Joder… -murmuró Chris levantándose del suelo a toda velocidad. Tenían que salir de allí cagando leches -. ¡Corre!
No hizo falta que se lo repitiera dos veces. Claire echó a correr viendo cómo las seis criaturas intentaban darles caza. Al menos los habían alejado de los supervivientes… aunque a un alto precio. Esquivaron como pudieron los coches que estaban aparcados por la calle, viendo cómo cada vez la distancia que los separaba de sus perseguidores se acortaba.
Todos los establecimientos parecían cerrados. Tenían que encontrar algún sitio en el que refugiarse e idear un plan. A estas alturas casi toda la ciudad estaría infectada de esas criaturas, y lo único que podían hacer era retirarse y pensar con frialdad el siguiente paso. Chris echó una rápida mirada hacia atrás, viendo cómo apenas los tenían a diez metros.
Volvió a mirar hacia delante. Justo en la parte derecha tenían un edificio bastante grande que parecía ser un centro comercial. Era la única oportunidad que tenían en ese momento. Si la puerta estaba cerrada… estaban acabados. Sólo le quedaba rezar para que, si había algún superviviente dentro, no hubiera tenido tiempo de bloquearla.
-¡Cúbreme! –le gritó a Claire en el momento en el que se dejaba caer contra la puerta de metal. El impacto, y el hecho de que la puerta estuviera abierta, le sorprendieron tanto que cayó de boca contra el suelo, golpeándose las palmas de las manos y las rodillas. Pero no tenía tiempo para examinar sus heridas -. ¡Entra!
La menor de los Redfield no tardó ni un segundo en obedecer la orden. Chris se levantó rápidamente y se apoyó contra la puerta aguantando como podía las acometidas de las criaturas, que sabían que estaban allí. Necesitaban bloquear con algo resistente la puerta; no iba a aguantar mucho más. Apretó los dientes comprobando que la puerta cedía unos centímetros.
-¡Busca algo para sellar la entrada! –chilló por encima del ruido de las acometidas de los seres -. ¡Rápido!
Claire sabía que su hermano estaba haciendo todo lo que podía para resistir, pero no iba a aguantar eternamente. Echó un rápido vistazo a su alrededor. No se veía casi nada a excepción de unos débiles rayos de luz que entraban por el techo. No parecía haber absolutamente nadie por allí, y era extraño. Ojalá tuviera a mano una linterna o algo para tener una mejor visión.
Vio que la mayoría de los establecimientos tenían las persianas completamente echadas, y que lo único que quedaban eran una máquina de palomitas y algún que otro banco; nada que pudiera evitar la entrada de las criaturas. Chris gritaba cada vez con más fuerza, y sabía que se les estaba acabando el tiempo.
En una esquina vio un fotomatón. Era bastante grande; quizá fuera suficiente para retener a esos bichos mientras se alejaban. Echó a correr hacia él. La máquina estaba enchufada, así que tiró del cable con fuerza para dejarla completamente desactivada, aunque dudaba que el edificio tuviera electricidad después de lo que estaba pasando.
-¡Claire, deprisa! –el grito de Chris llamó su atención. Parecía estar al límite -. No voy a aguantar… mucho más.
Se situó en un lateral y empujó con todas sus fuerzas. El aparato avanzó unos centímetros; tenía que darse más prisa. Volvió a intentarlo, y lo desplazó algo más. Los brazos le estaban empezando a doler, y aún le quedaba más de la mitad del camino. Chris se separó unos centímetros y se sentó en el suelo, presionando las piernas contra la puerta.
¿Es que esos bichos no iban a darse por vencido? Era posible que tuvieran alguna especie de nariz que los rastreaba, y en esos momentos estaban como locos sabiendo que allí detrás había carne bastante fresca y no podían cogerla. Por el rabillo del ojo vio cómo su hermana se estaba acercando con una máquina que parecía bastante pesada. Podría servir.
Esperó a que estuviera a su lado y entonces se levantó. Debía ser una maniobra rápida si quería evitar que esos seres entraran. Se levantó con rapidez y ayudó a la pelirroja a dejar apoyada la máquina contra la puerta en el momento en el que un brazo se colaba por una rendija que se había quedado abierta. Chris cogió su cuchillo y se lo clavó en la mano.
Con un grito potente el ser dejó de insistir y Chris y Claire pudieron terminar de colocar el aparato. Los golpes dejaron de sonar; todo se quedó en silencio a excepción de sus respiraciones. El mayor de los Redfield se quedó apoyado contra la pared intentando recuperar la normalidad, mientras que su acompañante se quedó tumbada en el suelo cogiendo grandes bocanadas de aire.
La ciudad se estaba yendo a la mierda, y no había podido hacer nada para evitarlo. Ahora sólo quedaba esperar a que la ayuda llegara… si es que lo hacía. No habían encontrado a ningún policía, ni siquiera a un vigilante, y eso le daba a qué pensar. Estaba convencido de que tendría que haber alguien vivo que pudiera ayudarles, que les sacara de dudas. La cuestión era encontrarlo.
El objetivo primordial era encontrar a Steve. Ese chaval que había huido con éxito junto a Claire de la isla Rockfort estaba milagrosamente vivo, y lo más seguro que bajo las órdenes de Wesker. Si ese maldito estaba por allí no quería ni imaginar qué macabros planes tendría en mente. Aunque bueno, ya había dejado una buena muestra.
-¿Todo bien? –murmuró Chris incorporándose con lentitud. Su escopeta estaba tirada en el suelo. La cogió y comprobó que estaba en perfecto estado. La bolsa con el resto de armas y munición estaba también por allí. Ni siquiera se había dado cuenta de que se había despojado de todo.
-Sí… Casi muero de un infarto, pero bien –respondió la pequeña de los Redfield levantándose con lentitud. Era una suerte que hubieran encontrado aquel lugar para esconderse. El problema era que necesitaban volver a exterior como fuera -. ¿Qué demonios eran esas cosas?
-Las mismas que atacaron a mi equipo hace unos días –contestó Chris comprobando que la bolsa estaba en perfecto estado. Menos mal. Lo único que les hacía falta era quedarse sin armas -. No tienen un punto débil concreto: siempre es alguna extremidad, aunque varía según la criatura.
-Pues estamos bien jodidos… -murmuró la pelirroja comprobando que su equipo estaba en perfecto estado -. Bien… ¿y ahora qué?
-Nuestra principal prioridad es volver al exterior –echó un rápido vistazo a la puerta bloqueada -. La entrada está descartada. Habrá que buscar alguna salida de emergencia o algún almacén. Vamos.
Steve se detuvo observándose en el escaparate de una tienda que estaba completamente cerrada. Tenía una enorme cicatriz en la parte izquierda de la cara que iba desde la frente hasta la mejilla, aunque sin atravesar el ojo. No recordaba habérsela hecho, aunque las heridas eran algo común en la guerra. No sabía a qué se había dedicado antes de despertar, pero de lo que estaba seguro era que no había sido soldado.
El encuentro con esa mujer le había dejado algo turbado. En su subconsciente algo le decía que la conocía, que había sido alguien importante en su vida, aunque no lograba entender absolutamente nada. Ella lo conocía muy bien, y no sabía si considerarla como un aliado o un enemigo. Había mencionado algo de ayudarlo, aunque quizá fuera una estrategia para distraerle.
No, debía hacer caso a su maestro. Él era la única persona en la que podía confiar en ese momento, la única persona que le había asignado una misión para la que se sentía más que preparado. Le había dicho que aparecía en el momento adecuado, y lo cierto era que no tenía ni idea de cuándo sería. Lo único que podía hacer era esperar, huir de los problemas y esconderse.
Su piel tenía un color verdoso bastante llamativo. Llegaba a darle miedo, y ahora entendía por qué todo el mundo huía cuando se encontraba con él… menos esa chica. Necesitaba preguntarle quién era, de qué lo conocía… Quizá el maestro supiera algo sobre ella; tenía que decírselo.
Las criaturas se estaban haciendo con mucha rapidez con el control de la ciudad. Era increíble la facilidad con la que se habían introducido sin ser detectadas; su dueño lo tenía todo pensado, y de momento estaba saliendo tal y como lo había planeado. Él era sólo un peón en esa partida, un peón que tenía la obligación de vigilar que nadie abandonara la ciudad.
Oyó movimiento a su derecha. Apartó la mirada del cristal y miró hacia un callejón que tenía al lado. El silencio era bastante llamativo; parecía que toda la ciudad se había ido a la mierda en apenas unos minutos. Su salvador tenía razón: algo tan potente y con tanto mercado debía ser mostrado y probado. Los resultados estaban siendo sorprendentes.
Dio unos dubitativos pasos hacia el callejón, temiendo encontrarse con algunas de esas criaturas. Sabía que no le harían nada: no sabía cómo, pero poseía… una especie de conexión con ellas. Mientras huía de la multitud había visto cómo uno de seres se dirigía hacia él, dispuesto a atacarlo. En su mente pensó que ojalá pudiera marcharse de allí… y la criatura se marchó, sin más.
¿Estarían hechas a partir de su sangre o algo de eso? La sola idea le asustaba, y no le apetecía tener otro encontronazo. Ojalá supiera utilizar uno de esos chismes como los que llevaba la pelirroja y el tipo con pinta de mandón. Tal vez podría conseguir uno y practicar. No vendría mal por si volvía a tener problemas. Se apoyó contra la pared cogiendo aire con lentitud y asomó ligeramente la cabeza. No había absolutamente nada, ni siquiera un asustadizo gato que se hubiera metido en una papelera por error.
¿Adónde iba? ¿Qué iba a hacer? estaba seguro de que su salvador aparecería tarde o temprano… y le preocupaba que no lo hiciera. Había demostrado ser alguien fuerte, frío en cierto modo, pero que parecía tener claro lo que hacía. Steve caminó con lentitud por el estrecho callejón, permaneciendo atento a todo cuanto sucedía a su alrededor. Era una sensación realmente… inquietante.
Él sabía que, en el pasado quizá, había tenido una familia, una casa, incluso hasta una mascota con la que pasar el rato y divertirse…. Lo mismo que toda esa gente que había desaparecido. Cada segundo que pasaba hacía que su confusión aumentara… Ojalá tuviera alguna respuesta.
De pronto, un sonido bastante suave, casi imperceptible, llamó su atención. Venía de atrás. Tragó saliva con dificultad. Pensó que quien quiera que estuviera allí se fuera… pero no ocurrió nada. No hubo ni grito ni temblor de tierra… ni siquiera pasos. Se giró con lentitud… y vio una figura en cuclillas en el suelo acomodándose las gafas de sol. Levantó la mirada y le sonrió.
-Soy yo… No hay nada de lo que preocuparse… -lo saludó incorporándose con lentitud, como si fuera algo que estuviera habituado a hacer -. ¿Cómo está la situación ahí fuera? Imagino que… un auténtico caos.
Steve guardó silencio, pero sin dejar de mirarle. Seguía habiendo algo que no le terminaba de convencer… ¿Su arrogancia? ¿Su frialdad? ¿La sensación de que, hiciera lo que hiciera, estaba bien? Sabía que era el momento de abrir el tarro de las esencias, y despejar algunas de sus dudas.
-¿Por qué puedo controlar a esas cosas? –preguntó sin alterar lo más mínimo su gesto y con un tono de voz gélido. Desde que había despertado era incapaz de despertar otra emoción que no fuera la confusión o la frialdad.
Su salvador volvió a sonreír, ésta vez de forma más amplia; parecía un tiburón. Dio unos pasos hacia Steve, que no le quitaba la mirada de encima. El chico había salido bastante desconfiado a fin de cuentas. ¿Debía decirle la verdad? Eso podría romperle el corazón. Se había asegurado de que no recordara prácticamente nada de su vida anterior.
-Sois… como hermanos, por así decirlo… -se limitó a responder encogiéndose de hombros. Sólo necesitaba saber lo estrictamente necesario -. Yo os he cuidado a todos… y es normal que sientas cierta… afinidad por ellos.
-¿Afinidad? –repitió Steve con incredulidad. No le estaba gustando absolutamente nada el giro que estaba dando la conversación -. ¿Esas cosas y yo… hemos sido creadas del mismo modo?
El tipo de las gafas guardó silencio, pensativo. El chaval era bastante testarudo, y si seguía así iba a acabar con su paciencia.
-No del todo… Pero tenéis muchas cosas en común… Ya lo has comprobado… -Steve asintió en silencio, de forma ausente. Si podía controlarlos… quería decir que su sangre o cualquier otro órgano eran comunes.
-Explícate mejor…
-Me gustaría hacerlo –y soltó una carcajada -. Pero aún es demasiado pronto para que… entiendas… ¿Has tenido algún problema?
-Ahora que lo mencionas… He tenido un encontronazo con dos personas… -su interlocutor arqueó una ceja sorprendido. Lo último que necesitaban era visitas… pero era algo que sucedería tarde o temprano. Las autoridades no iban a quedarse de brazos cruzados -. Un hombre y una mujer. Ella… me conoce –y eso sorprendió aún más al tipo de las gafas. No podía ser Ada; estaba bastante lejos -. Me llamó por mi nombre.
-¿Cómo eran? –se interesó adoptando una postura más cortante. Si los que andaban por allí era la B.S.A.A. no tardarían en descubrir todo el pastel.
-Él es alto, moreno, con cara de mala leche. Llevaba un uniforme que ponía B.S.A.A. o algo de eso –se detuvo unos instantes al ver que la expresión de su salvador cambiaba por completo. Lo que le estaba contando no le estaba gustando en absoluto -. La chica era pelirroja, bastante guapa, e iba vestida como una civil. Me dijo que se llamaba… Claire.
-Chris… Siempre en el ojo del huracán –murmuró el tipo de las gafas apretando los puños. Cuando parecía que la situación estaba controlada siempre aparecía algo que la ponía en peligro. Tal vez… podría sacar provecho de la situación. Steve estaba demostrando ser un sujeto más que interesante -. Quiero que te acerques a ellos. Descubre qué es lo que saben y a qué han venido.
Steve se quedó en silencio, asimilando todo lo que le había dicho. No le gustaba andar entre la gente, y mucho menos con desconocidos. Ese ímpetu que la chica había puesto al verlo, la forma en la que sus ojos habían brillado…
¡Para de una vez! Estás aquí para cumplir una misión, y eso es exactamente lo que vas a hacer.
No sabía por qué, pero no podía quitarse de la cabeza la idea de que era incapaz de hacerles daño… aunque se lo propusiera. Algo en su subconsciente le decía que eran buenas personas, que querían ayudarle… ¿Acaso el salvador no? No podía defraudarle; eso lo tenía claro.
-Sí, señor… Haré todo lo posible.
-Bien –sonrió el rubio tocando ligeramente las patillas de sus gafas -. Me volveré a reunir contigo cuando llegue el momento. Permanece alerta.
Y de un salto se situó en el tejado del edificio colindante. Steve lo observó boquiabierto. ¿Cómo demonios era capaz de hacer eso? Y sin saber por qué, tuvo unas enormes ganas de sentirse tan poderoso como su salvador.
¡Steve! 0.0 ¡Aquí se va a liar una buena! El pobre anda tan confundido...
Stardust4: Creo que aún tardaremos un poco en ver ese enfrentamiento cara a cara... Jessica es muy escurridiza, y estoy convencida de que encontrará la forma de esquivarla cuantas veces sea necesario. En el próximo capítulo sabremos cómo van a conseguir salir de esa... aunque no tiene muy buena pinta la verdad.
Esto es todo por esta semana queridos lectores. Lo más seguro es que el próximo capítulo lo suba el domingo o el lunes dentro de dos semanas porque lo tengo más o menos por la mitad, y hasta el sábado que viene no podré ponerme en serio con él. Así que nada, ¡a disfrutar!
