¡Hola a todos! Después de un tiempo ausente aquí vuelvo para continuar con esta historia que me alegra ver que está gustando tanto. Hace ya bastante tiempo que no tocaba la historia, y siento que la calidad ha podido verse ligeramente alterada. Si es así pido mis disculpas, y ahora que estoy libre hasta al menos febrero, podré ponerme a tope hasta terminarla.


Ada estaba apoyada contra la pared, al lado de una parada de autobús. Había algunas personas que estaban esperando, la mayoría leyendo el periódico o charlando. Ella estaba cruzada de brazos observando todo lo que sucedía. No debía perderse ningún detalle; era posible que en aquella ciudad se formara una gorda tarde o temprano. Los informes indicaban que Sherawat estaba por allí, y eso quería decir que estaba planeando algo.

Wesker era muy flexible cuando quería, pero era rara la vez que daba facilidades. Le había recriminado muchos errores, como el de casi dejar escapar la muestra del virus G. Pero si de algo estaba convencida Ada era que nunca fallaba; da igual lo que pasara, aunque estuviera medio moribunda, siempre conseguía su objetivo. Raccoon City había sido una auténtica prueba de fuego, y aunque la había superado con más pena que gloria, estaba orgullosa del resultado.

Y ahora estaba de nuevo metida en otro asunto turbio. No salía de uno cuando ya estaba embarcada en otra aventura. España no había sido un paseo precisamente, y no había pasado ni un año y ya estaban ante otra amenaza potencialmente peligrosa. Ella, por supuesto, siempre tenía un as bajo la manga. La experiencia era un grado, y no iba a cometer los mismos errores que casi le costaron la vida en Raccoon City.

Salt Lake City era una ciudad bastante interesante. Había llegado hacía unas horas, y lo cierto era que tenía pinta de ser un lugar en el que una familia podía vivir sin tener que estar constantemente vigilando sus espaldas. En otras circunstancias disfrutaría aún más su estancia, pero el trabajo era el trabajo… y Wesker no era una persona paciente precisamente.

Un autobús amarillo llegó, y la mayoría de los que estaban allí se montaron. Cuanta menos gente anduviera por allí, mejor. Había un coche que parecía de alquiler aparcado en una zona reservada para medios de comunicación y servicios de emergencia. Frunció el ceño. Salvo que se tratara de la policía secreta ese coche no debería estar por allí. Sentía curiosidad por saber qué hacía aquel vehículo allí.

¿Estaría Sherawat en su interior? La tentación de investigar era bastante grande… y no tenía nada mejor que hacer de momento. Se apartó de la pared y caminó sin perder de vista el coche. Parecía que en su interior había dos personas: un hombre y una mujer. Pero quería acercarse más para comprobarlo. Se detuvo ante un paso de cebras por el que aún no podía cruzar. El conductor era rubio o tenía el pelo castaño bastante claro. Parecía estar comiendo algo.

El semáforo se puso en verde, y todos los que estaban esperando empezaron a dirigirse hacia el otro lado. Iba por la mitad del paso de cebras cuando una explosión bastante fuerte sonó en una calle cercana. El suelo tembló, y estuvo a punto de caerse al suelo. No hacía falta ser un lumbreras para saber que eso significaban problemas. La cuestión era que no sabía a qué se iba a enfrentar.

Sacó su arma en el momento en el que la gente empezó a correr despavorida de un lado a otro. Se bajaban de los vehículos y los dejaban aparcados de cualquier manera, provocando más de un choque. El coche que estaba aparcado en la zona reservada emprendió la marcha, y Ada no pudo evitar sentir una sensación de alegría al ver quién estaba al volante.

-Leon… -murmuró viendo cómo el coche iba a toda velocidad por la avenida, esquivando a los que estaban parados y a algún que otro despistado que corría sin mirar hacia dónde iba -. Estaba segura de que si se podría algún ataque tú estarías por aquí.

Leon era un tipo con mucha suerte. No es que no es esforzara, pero ya no quedaba nada de aquel muchacho perdido e ingenuo. Ahora era un hombre hecho y derecho, que se había forjado a base de palos y lecciones. En España no había existido ninguna casualidad: Leon había acudido a rescatar a la hija del Presidente. ¿Y ahora? Era muy posible que estuviera tras la misma pista que ella.

Tal vez en el futuro podamos colaborar. Tenemos intereses comunes por lo que veo.

-Pero, ¿qué…? –murmuró al ver cómo la gente que estaba por allí empezaba a toser llevándose las manos al pecho, como si les costara respirar -. Apuesto a que el aire está contaminado… Debo salir de aquí y buscar un lugar donde ocultarme.

No sabía a qué velocidad se expandía lo que quiera que hubiera en el aire, ni siquiera cuánto tiempo estaría en apogeo. Observó los edificios colindantes. Había una tienda en la parte izquierda que tenía una puerta en la parte superior. Tal vez podría forzarla y ocultarse dentro… eso contando con que esa sustancia no atravesara paredes o puertas. Apuntó con el gancho hacia un poste de la luz y apretó el gatillo.

El gancho se quedó fijo. Soltó el gatillo y se desplazó a buena velocidad hasta llegar al tejado del edificio. Tosió un poco, y sabía que tenía que meterse dentro cuanto antes. Corrió hacia la puerta metálica y la empujó. Fue tal la fuerza con la que cargó que cayó rodando por las escaleras.

-¡Ah! –exclamó llevándose las manos a la cabeza. Le dolía un poco el brazo izquierdo, pero parecía que no tenía nada grave -. Será mejor que cierre la puerta. No conviene que eso entre aquí.

Tambaleándose un poco subió las escaleras y cerró de un tirón la puerta metálica. Se quedó apoyada en ella intentando recuperar la respiración. No quería ni imaginar qué podía estar pasándole a la gente en el exterior. ¿Se convertirían en zombies o en algo peor? No tenía tiempo para comprobarlo; eso estaba claro.

Estaba un poco mareada, pero era una sensación que desaparecería dentro de poco. Como era de esperar, toda la ciudad se estaba yendo a la mierda con rapidez. ¿Qué clase de virus estarían utilizando en esa ocasión? Sentía mucha curiosidad por saberlo, y sabía que debía ponerse en marcha lo antes posible si quería llegar al descubrir algo. Y por supuesto, Wesker no iba a ponerlo fácil. Era una suerte que le hubiera permitido quedarse con ese juguetito que la ayudó a salir de Raccoon City.

Se incorporó con lentitud, apoyando las manos contra la pared. Ya apenas estaba mareada; el golpe había sido bastante importante, pero no lo suficiente como para detenerla. Comprobó que su arma estaba cargada y empezó a bajar con lentitud por la escalera. Preparó su pistola esperando no encontrar ninguna sorpresa por el camino. Ojalá hubiera traído una linterna o algo por el estilo.

Una vez terminado el descenso vio que había una puerta de madera entreabierta, desde donde podía verse un pequeño mostrador. Todo estaba bastante oscuro, y apenas era incapaz de distinguir más allá de su sombra. Abrió la puerta por completo y asomó ligeramente la cabeza. No se oía absolutamente nada; eso quería decir que estaba completamente sola… o podía no significar absolutamente nada.

Las persianas estaban echadas por completo. Entraba algún que otro rayo de sol por las rendijas, pero no eran suficientes para tener una percepción completa de la estancia. No parecía ser un comercio demasiado grande. Tal vez hubiera alguna puerta trasera o una alcantarilla por la que pudiera huir. Cuanto más tiempo estuviera, mayores eran las probabilidades de quedar infectada.

Aunque si el aire estaba contaminado iba a necesitar una mascarilla o cualquier otro objeto que le permitiera caminar por las calles sin tener que preocuparse por aspirar esa mierda. Tal vez incluso hasta tendría la ocasión de observar cómo actuaba ese nuevo virus. Sería muy interesante para rellenar el informe. No había tenido demasiado tiempo para quedarse con la distribución de la ciudad, pero estaba segura de que en el hospital tendría que haber alguna mascarilla o algo que pudiera servirle. Incluso la comisaría podría ser un lugar.

Lo tenía decidido. Probaría a encontrar una salida alternativa e intentaría avanzar por el interior de los edificios siempre que pudiera hasta que diera con el hospital o la comisaría. Se acercó al mostrador y echó un rápido vistazo. Había un ordenador que estaba completamente apagado, y una caja registradora que estaba cerrada. Ada se agachó y vio bajo el mostrador diferentes objetos.

-Oh, tú te vienes conmigo –exclamó en voz alta al ver una linterna. Esperaba que estuviera cargada. Pulsó el interruptor y comprobó con alegría que la sala estaba mucho más iluminada -. Esto está mucho mejor.

Oyó un ruido a su espalda. Se giró con rapidez apuntando con su pistola, pero no logró ver nada. Si había algo que había aprendido durante las misiones era que cualquier ruido era susceptible de sospecha… Dio unos pasos decididos hacia la izquierda enfocando cada esquina de la pequeña sala. No parecía haber nada. De pronto, la agarraron del brazo.

Se tambaleó un poco pero logró recuperar el control. Quitó el seguro a su pistola en el momento en el que escuchó más pasos.

-¡No dispares! –gritó una voz masculina llevándose una mano a los ojos al verse iluminado por la linterna. Ada no pudo evitar quedarse sorprendida: ante ella había un hombre que no parecía estar infectado. De todos modos, y por si acaso, no bajó su pistola -. No sabes cuánto me alegro de encontrar a otra persona viva.

Esta vez no había lugar a dudas: ese tipo no parecía mostrar ningún signo de infección… lo cual era tranquilizante en cierto sentido. Era posible que hubiera más personas por allí escondidas, esperando a ser rescatadas por unos equipos de seguridad que posiblemente tardaran horas en localizarlos. Ada permaneció en silencio, sin dejar de alumbrar al extraño. Aparte de un cardenal en la parte izquierda la cara, no parecía tener nada más sospechoso.

-¿Eres el dueño de la tienda? –le preguntó bajando casi por completo la pistola. No convenía que la pillara con la guardia baja.

-Sí, me llamo Malcom –el tipo asintió cruzándose de brazos -. Estaba aquí cuando esa gente… -guardó silencio unos instantes, como si estuviera recordando algo especialmente doloroso -. Algo les ha pasado. No sé qué es, pero no es seguro salir al exterior.

Vaya, no me había dado cuenta. Ironizó Ada sabiendo que, en el fondo, ese tipo estaba haciéndolo por el bien de ambos.

-¿Hay más gente aquí? –se interesó la asiática. No entraba en sus planes ayudar a civiles, pero si podía echarles una mano… no estaba de más. Siempre y cuando no fueran un estorbo o interfirieran en sus planes.

-Sí, pude meter a unos cuantos clientes en la parte trasera. Lo cerré todo en cuanto vi que los que había fuera empezaban a golpear con violencia los cristales. Creo que un minuto más y no habríamos aguantado.

-Esto es muy importante –dijo Ada dando unos pasos hacia Malcom, que parecía bastante sorprendido con la tranquilidad con la que estaba llevando la situación. Si él supiera la mitad de la historia -. Creo que sé quién puede estar detrás de todo eso… Pero las calles ahora mismo son inaccesibles… ¿Hay alguna puerta trasera o algo que pueda utilizar para moverme entre los edificios?

El tipo asintió con lentitud. Esa mujer parecía estar escondiéndose un as bajo la manga, pero no le importaba mientras pudiera traer ayuda del exterior. Tal y como había dicho las calles no eran seguras, y sería un suicidio abandonar aquel refugio. Tal vez tampoco fuera una buena idea que saliera sola, a la aventura.

-Mi tienda conecta con el alcantarillado de la ciudad… Pero no creo que sea…

-Enséñamelo –le ordenó Ada sintiendo que por fin empezaba a tener un punto de referencia. Puede que incluso llegara antes de la cuenta a su destino.

Los trajes no eran lo más cómodo del mundo, pero al menos los mantendría a salvo. Las calles estaban completamente desiertas; era muy posible que la última resistencia hubiera caído. Sólo esperaban que los pocos que habían salido indemnes se encontraran bastante lejos de la ciudad. La policía local había intentado establecer contacto con el exterior para pedir refuerzos, pero no había señal.

Estaban solos ante el peligro. Jill se alegraba de haber podido enviar la señal de socorro; lo más seguro era que desde la sede ya se estuvieran movilizando para enviar apoyo. Tendría que dar muchas explicaciones a su vuelta, pero ya habría tiempo para pensar en eso. Lo más importante era localizar a Jessica, y encontrar alguna forma de detener esa locura que se había instaurado en la ciudad.

Lo único que se escuchaba en esos momentos era sus respiraciones. Habían comprobado todo el equipo antes de salir, y todo parecía estar en orden. Sus pistolas reglamentarias estaban cargadas, preparadas para disparar ante cualquier señal de peligro. Leon se detuvo al ver en el suelo un cadáver. Se agachó y lo examinó, observando con atención unas heridas que el individuo tenía en el hombro.

La ex miembro de S.T.A.R.S. también se detuvo. Había algo en todo aquello que no le gustaba ni un pelo. Se situó junto a su compañero sin dejar de observar todo cuanto los rodeaba.

-No parece una mordedura –dictaminó Leon pasando la mano por encima de la herida pero sin tocarla -. Parece una herida producida por un arma blanca.

-Sí… Ese virus provoca unos comportamientos más que preocupantes… -respondió Jill sin apreciar nada más llamativo -. Ojalá tuviéramos en nuestra base de datos más información… No tenemos ni idea de a qué nos enfrentamos, y no hay nada que odie más que eso.

-Lo único que podemos hacer es averiguar todo lo que podamos sobre esta nueva variante mientras llega la ayuda –se incorporó con lentitud poniendo los brazos en jarra. La situación no podía ser más jodida. De pronto, se escucharon voces procedentes de algún punto a la izquierda -. ¿Qué demonios ha sido eso?

Jill también lo había oído. Apuntó con la pistola intentado ver algo en la distancia. La máscara era una ayuda para no aspirar el virus, pero limitaba bastante la visión, sobre todo de lejos. En la bolsa llevaba armas más potentes, pero era preferible dejarlas para cuando realmente hiciera falta. Todo seguía estando en silencio, pero ese rumor se iba acercando cada vez más.

-Estate atenta –le advirtió el rubio sin bajar ni un centímetro su pistola. Jill asintió con lentitud. No hacía falta que se lo repitiera dos veces. A lo lejos empezó a distinguirse algo, como una gran multitud -. ¿Qué demonios…?

-Esto no me gusta nada…

Eran decenas, posiblemente cientos de ciudadanos que habían sido infectados. Jill bajó con lentitud su pistola, boquiabierta, aunque Leon no podía verla. Era imposible que salieran victoriosos enfrentándose a tantos. No tenía muchas opciones, y quizá la más inteligente sería echar a correr; aún no los habían visto, y no tardarían en hacerlo. Se quedó bloqueado, incapaz de reaccionar ante la enorme multitud que se acercaba a buen ritmo.

Echó un vistazo hacia atrás; si al menos pudieran coger un vehículo para desplazarse más rápido… Lamentaba haber dejado el coche de alquiler en la comisaría, aunque lo más seguro era que a los agentes que aún estaban escondidos allí les hiciera falta. Era una ventaja saber a qué se estaban enfrentando… Atrás quedaron aquellos días en los que iba preocupado porque llegaba tarde en su primer día por culpa del tráfico.

-Leon… -lo llamó su acompañante señalando a un grupo de coches aparcados en un lateral -. Si nos movemos rápido y nos escondemos allí, no nos verán. Es una locura enfrentarse a todos.

El rubio asintió con lentitud. No iba a discutir su plan ni mucho menos ahora que estaban en un aprieto bastante gordo. Volvió a echar una rápida mirada a la horda que venía hacia ellos. Le hizo un gesto rápido a su compañera y echaron a correr sin mirar a otro lado que no fuera su destino. Lo único que esperaba era que no se hubieran percatado de ese movimiento tan repentino.

Se tiró en plancha tras el primer coche que encontró y se quedó completamente pegado a la puerta intentando recuperar el aliento. La carrera no había sido tan larga, pero la tensión lo tenía con todos sus sentidos completamente alertas. Jill se situó a su lado con su pistola en la mano y pegándose todo lo posible a la otra puerta. Era una suerte que el coche fuera lo bastante grande para cubrirlos por completo.

Compartieron una rápida mirada en el momento en el que las pisadas sonaban demasiado cerca. También sonaban gemidos desgarradores, perfectamente audibles a través del casco. Leon cerró los ojos, aguantando la respiración. Sabía que era imposible que los vieran… pero sabía que esas personas habían sido infectadas con un virus muy potente… y no estaba del todo convencido de que no los hubieran visto. Se sentía bastante protegido con el traje y las armas; no había riesgo de quedar contagiado por una mordedura.

¿Acaso has olvidado que hay cientos de formas, algunas de ellas bastante estúpidas, de quedar infectados?

Abrió los ojos despacio, y giró la cabeza hacia la izquierda, donde Jill seguía inmóvil. Le hizo un gesto con la mano como indicándole que todo iba bien. Dios, ¿cuánto más iban a tener que estar así? no supo exactamente cuándo, pero de pronto dejaron de oírse pisadas y gruñidos. No, aún no era el momento de dejarse ver. Sabía que la paciencia era clave en todo.

Silencio y más silencio. Vio a la fundadora de la B.S.A.A. asomar ligeramente la cabeza a través del capó del coche. Se agachó rápidamente y comprobó su arma. Estaba cargada. Leon no sabía qué significaba aquello, pero apostaba una buena cantidad de dinero a que no era nada bueno. Permanecieron unos instantes más en silencio, hasta que Jill rompió el hielo.

-Despejado… -murmuró con una voz que sonaba entre aliviada y tranquila. El agente también notó como si se quitara un gran peso de encima. Se incorporó con lentitud comprobando que los infectados iban a una distancia prudencial calle abajo. Les habían dado esquinazo. Lo habían conseguido.

-Joder… Hacía tiempo que no sentía esta tensión… -logró decir una vez que se recuperó de la impresión. Por unos momentos se sintió como aquel novato de Raccoon City.

-Nos estamos haciendo mayores –bromeó Jill cogiendo la bolsa de armas que estaba tirada por el suelo. Era un milagro que no se hubiera caído nada. La ayudó a colgarse la bolsa al hombro y avanzaron hacia la calle. Ya no había rastro de la horda -. Está claro que no podemos volver atrás… No queda otra que seguir avanzando. Esa… -se detuvo unos instantes. Leon no sabía qué había pasado entre ellas, pero Jill mostraba un interés que alcanzaba casi lo absurdo por encontrarla -. Hay que seguir buscando. Estoy convencida de que este juego sólo ha sido un aperitivo.

-Pues yo ya estoy más que lleno… ¿Hacia dónde vamos ahora?

-Creo que podríamos acercarnos a uno de los puntos conflictivos e investigar un poco… -opinó la ex miembro de S.T.A.R.S. con una voz cargada de serenidad. Leon estaba de acuerdo; era posible que hubiera alguien que pudiera darles una pista sobre Sherawat -. Es una pena no haber traído un mapa… Pero creo que la universidad no queda muy lejos de aquí, o eso dijo uno de los policías… Vamos.

Se detuvo al ver a una figura enmascarada avanzar hacia ellos. Por su estatura debía ser una mujer… y a deducir por su atuendo estaba al tanto de lo que estaba pasando. Llevaba una máscara antigás y un traje negro que le quedaba completamente pegado al cuerpo. En la mano izquierda llevaba un maletín blanco completamente cerrado, y en la derecha una pistola que en ese momento apuntaba al suelo.

El silencio era absoluto; nadie se atrevía a dar un paso en falso. Su instinto le gritaba que aquella Jessica. Pareció leerle la mente. Se dio la vuelta y echó a correr.

-¡Mierda! –exclamó Jill en el momento en el que la terrorista disparaba contra ellos. Leon rodó sobre su costado y volvió a esconderse tras el coche, mientras que Jill se quedó oculta tras unos matorrales. Había estado tan cerca…

¿Pero qué demonios estoy haciendo? ¡Sal cagando leches detrás de ella!

Se incorporó con rapidez y echó a correr viendo cómo la persona que los había atacado se iba alejando cada vez más sin mirar atrás.

-¡Jill! –la llamó Leon al ver que echaba a correr como si estuviera poseída hacia el lugar por el que había aparecido la amenaza -. Creo que corremos un grave peligro si nos enfrentamos a ella sin ayuda… ¿Has visto la cantidad de infectados que hay por toda la ciudad?

-¡Eso es lo de menos! –gritó la morena perdiendo los nervios. ¡Estaba perdiendo unos segundos preciosos discutiendo! -. Hay que detenerla antes de que se le ocurra hacer otro de sus maravillosos jueguecitos…

-¿Es por Chris…?

Esas palabras tuvieron un efecto inmediato en Jill. Se quedó en silencio, apretando el puño con rabia. Sólo ella sabía lo que esa hija de puta les estaba haciendo sufrir desde Terragrigia; había sido una puta mosca cojonera desde el principio, y ya era hora de ponerla en su sitio. No, por supuesto que no tenía que ver sólo con Chris. Estaba tan enfadada con él que ni se le había pasado por la idea esa cabeza.

-Nos ha hecho mucho daño –dictaminó con un tono de voz serio, lleno de determinación -. No voy a parar hasta encontrarla… con tu ayuda o sin ella.

Vaya, eso pilló completamente por sorpresa a Leon. Sabía que, por mucho que insistiera, no iba a conseguir que cambiara de opinión. Si algo había aprendido en el poco tiempo que llevaban en la misión era que Jill era una mujer con principios, y que tenía las ideas muy claras. Además, ¿no habían venido precisamente a por Sherawat? Sí, tal vez tuviera razón.

-No pienso dejarte sola con todo lo que está pasando –Leon le quitó el seguro a su pistola y Jill asintió, dibujando una leve sonrisa bajo su máscara. Una vez que la encontraran… todo acabaría -. Se ha largado por allí –informó señalando el camino que tenían delante. No debía llevarle más de un minuto de ventaja -. Vamos.

La ex miembro de S.T.A.R.S. se situó en cabeza sin perder detalle de los alrededores. Habían tenido demasiadas sorpresas para lo que quedaba de año. Aumentó el ritmo dando unas zancadas más largas. Era una suerte que fuera una corredora bastante habitual; aunque no lo hacía todos los días, siempre que podía hacía dos o tres kilómetros sin parar.

Había calles a la derecha y a la izquierda, pero su intuición le decía que siguiera recto. ¿Dónde demonios habría conseguido Sherawat su traje? Posiblemente ya lo traía sabiendo lo que iba a pasar. Con los terroristas nunca se podía dar nada por sentado. Al fondo divisó una mancha que iba a buen ritmo. Tenía que ser ella. Echó un vistazo atrás, viendo cómo Leon la seguía a pocos metros de distancia.

-¡Jill, ciudado! –le advirtió deteniendo de pronto su carrera.

La morena chocó contra algo y cayó al suelo de espaldas. Leon disparó. Un infectado había aparecido de la nada sin que les diera tiempo a reaccionar. Esperaba que el disparo no atrajera a más de esas cosas… En silencio ayudó a Jill a levantarse del suelo. La bolsa con las armas había caído a unos metros de distancia. Leon se agachó para cogerla oyendo unos gritos de fondo.

-La leche… -murmuró la fundadora de la B.S.A.A. poniendo los ojos como platos bajo la máscara. Hacia ellos venían un grupo numeroso de infectados que empezaron a correr en cuanto los detectaron -. ¡Corre!

No hacía falta que se lo repitieran dos veces. Se echó la bolsa sobre el hombro y corrió hacia la calle de la izquierda, sin saber hacia dónde ir. Cada vez estaban más cerca, y lo último que quería era que lo cogieran. El problema era… que no veía a Jill por ningún lado. Se había largado por otro camino.

La situación era tan caótica como se la había imaginado. A estas alturas Salt Lake City había sido tomada por el T-Phobos… y pronto el T-Abyss entraría en acción. No se sentía demasiado segura con las posibilidades de ese nuevo virus que Neil le había pasado, pero estaban obteniendo unos datos la mar de interesantes que estaba deseando analizar en cuanto todo terminara.

La máscara era un puto coñazo. Su visión quedaba bastante limitada, y de vez en cuando le costaba respirar, pero no podía desprenderse de ella hasta que el virus desapareciera por completo… y eso podría ser hasta dentro de tres días. Aunque el T-Phobos tenía unos efectos muy rápidos y poderosos, aún no era muy estable. Muchos de sus portadores sucumbían ante él, quedando hechos pedazos.

El callejón desde el que lo estaba vigilando todo era un punto perfecto. Tenía total control de la avenida principal y podía vigilar las calles secundarias con total seguridad; podía prevenir los ataques con bastante antelación. Aprovechó ese momento de descanso para sacar su teléfono de su bolso. Esperaba que la cobertura fuera aceptable; debía estar localizable en todo momento.

Sólo tenía una línea de cobertura. Esperaba que fuera suficiente para estar en contacto con el exterior. Decidió probar. Llamó a Fisher. Introdujo el teléfono bajo la máscara con bastante dificultad, tanto que casi se le cae al suelo. Lo que le hacía falta era que le estropeara también.

-¿Jessica? ¿Hola? –escuchó de fondo la voz de ese hombre que estaba colaborando sumamente bien. Era un buen partido; lo tenía todo. Ese polvo que habían echado antes de que partiera hacia Salt Lake City le había dejado muy buen cuerpo.

-Sí… aquí estoy –respondió la aludida sintiéndose un tanto incómoda con la posición que había adoptado para hablar: la mano derecha bastante doblada metida bajo la máscara y el codo bastante inclinado -. Sólo quería saber cómo está la situación por allí. Yo aquí he terminado prácticamente. Estoy buscando una forma de salir sin que esas hordas me detecten.

-No hablan de otra cosa en las noticias –Jessica sonrió orgullosa al oírlo. Siempre había considerado que tenía un don especial para organizar follones, y ésa no había sido una excepción -. Calculo que estas alturas el virus debe estar en su máximo apogeo: no creo que hayan quedado muchos supervivientes.

-No me he encontrado con nadie… de momento –pero estaba totalmente convencida de que la B.S.A.A. estaría dando por culo tarde o temprano… Tal vez hasta podría tener otro encuentro caliente como el del bar de intercambios -. Permaneceré atenta.

-Hay algo más que deberías saber… -la voz de Fisher parecía curiosa, como si estuviera ocultando un secreto que se moría por contar. Jessica permaneció paciente a la espera… aunque tanta intriga le molestaba -. Ha habido un ataque en Chicago.

-¿En Chicago? –eso era lo último que esperaba oír. ¿Quién podía estar detrás de ese ataque? Sólo se le ocurría una posibilidad… aunque no creía que se arriesgara a mostrarse tanto en público. Tal vez podía pedirle a Raymond que investigara; siempre se había mostrado muy colaborativo -. Eso es realmente revelador… ¿Y qué es lo que ha pasado exactamente?

-Un virus está sembrando el pánico por toda la ciudad… Pero no es ni el T-Abyss ni el T-Phobos… -Jessica frunció el ceño sorprendida. Definitivamente alguien había planeado dar un toque de atención. Sus sospechas se estaban confirmando -. Tiene unos efectos más parecidos al virus T, y si me apuras al G.

-Enviaré a alguien de confianza para que haga un informe. Si hay alguien que ha decidido seguir nuestros pasos… deberíamos tenderle la mano… -guardó silencio durante unos instantes, echando un vistazo a los alrededores. El silencio era, en cierto modo inquietante, y sabía que tenía bajar el tono de voz si no quería atraer a los infectados -. ¿Has hablado con el viejo?

-No… -Jessica hizo una mueca de desagrado -. La policía ha cortado todas sus raíces con el exterior.

-Bueno, no todas… -lo interrumpió la morena sabiendo que la situación no pintaba demasiado bien si no podían establecer contacto con su flamante líder -. Mientras nosotros sigamos por aquí la victoria está asegurada. Le pediré a Raymond que investigue también a la B.S.A.A.

-Estoy intentando contactar con Claire Redfield… -le informó Neil con un tono de voz preocupado -. Tendría que haber vuelto al trabajo esta tarde, pero no ha aparecido… Espero que no se le haya ocurrido involucrarse en esto…

Jessica permaneció unos instantes en silencio aguantando la risa. Claire Redfield era la hermanísima, a la que Neil se había estado tirando sin descanso desde que entró en Terrasave. Era una situación muy cómica a decir verdad. No veía a Neil babear detrás de una chica que trabajaba en el otro bando. Lo mismo era una auténtica bomba en la cama y por eso le seguía el rollo.

Estos Redfield van a acabar con nosotros como sigan así… Tendría que haber eliminado a Chris cuando tuve la oportunidad en el crucero.

De pronto, empezó a oír revuelo. Gemidos, pisadas… No pintaba nada bien. Se apoyó contra la pared del negocio más cercano y asomó ligeramente la cabeza. Casi se le vuelve a caer el teléfono de la impresión: una enorme horda avanzaba a buen ritmo por la calle principal. Ahora sí que se estaba poniendo la situación más que interesante. Cortó la comunicación sin despedirse; no podía despistarse. Avanzó un poco hacia la derecha para seguir la trayectoria del grupo.

Necesitaba encontrar un lugar donde ocultarse hasta que pasaran de largo. Vio en la esquina superior un contenedor que parecía estar vacío. Si no lo estaba tendría muchos problemas. Echó a correr en silencio hacia el contenedor y abrió la tapa sintiéndose aliviada al descubrir que estaba complemente vacía. Se introdujo de un salto y cerró la tapa con cuidado, intentando hacer el menor ruido posible.

Si había algo bueno en ese virus era que mejoraba todos y cada uno de los sentidos, especialmente la vista y el oído. Era un incordio que no tuviera una visión directa de lo que estaba pasando… pero podría echar un vistazo rápido dentro de un rato. No se oía absolutamente nada fuera, y no había nada que la enfureciera más que no tener el control de la situación.

Respiró hondo intentando tranquilizarse. Menos mal que aquel sitio no olía demasiado mal, porque lo único que le hacía falta era ponerse a vomitar lo poco que había comido en las últimas horas. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero calculó que ya debía haber pasado al menos un minuto. Empujó con suavidad la tapa elevándola sólo unos centímetros, los suficientes para tener más o menos una visión clara del exterior.

No había ni rastro de esos seres. Pero por si acaso quería asegurarse. Lentamente, y controlando sus movimientos, salió del contenedor empuñando su pistola. Se pegó a la pared comprobando que la carretera estaba completamente despejada. Suspiró aliviada; había superado otra prueba. Estaba sufriendo más de lo que había imaginado. Bien. Era hora de poner tierra de por medio y ponerse en contacto con Raymond.

Tenía que coger hacia la izquierda, lo más lejos posible de los infectados. Sacó su teléfono mientras caminaba y empezó a buscar entre sus contactos a Raymond. No tenía ni idea de dónde podría andar ese idiota, pero nunca le había fallado a pesar de que no tenía muy clara su idea de lealtad. Había estado trabajando para O'Brian y Lansdale al mismo tiempo… ¿Qué idiota haría algo así?

Oyó unas voces que sonaban demasiado humanas. Sólo tardó unos segundos en procesar la información. Había supervivientes… y los tenía justo enfrente. Elevó lentamente la mirada… y vio a dos figuras equipadas con trajes parecidos al suyo. Se quedó observándolos unos segundos. Esa gente sabía que la ciudad había sido atacada por el virus, de lo contrario no irían vestidos así. Lo que quería decir…

O son polis o federales… O la B.S.A.A.

Mierda. Tenía que largarse de allí cuanto antes. Se dio la vuelta y esprintó como si no hubiera mañana. Disparó un par de veces para ganar unos segundos. Ya se pondría en contacto con Raymond más adelante. La principal prioridad ahora era huir de esos desconocidos. Continuó avanzando notando su respiración cada vez más acelerada. Echó un rápido vistazo atrás, pero no vio ni rastro de los desconocidos. Se introdujo en un callejón con la esperanza de darles esquinazo definitivamente.

Tenía que poner en marcha la siguiente parte del plan. Aún no había acabado del todo de mostrar sus cartas. Había un cadáver tirado en el suelo con señales de haber sido víctima de una agresión. Sonrió. El virus siempre sacaba lo peor de cada uno.


Bueno, bueno, esto huele a que pronto vamos a tener mucha más acción :D

Stardust4: jajaja eso sería un grandísimo honor. No que luego nos ponen a Paul Anderson y hay que tragarse sus bodrios... Digamos que más adelante vamos a descubrir cierta conexión entre Steve y las B.O.W.S. Pero claro, teniendo en cuenta que el T Verónica anda suelto no es de extrañar que sienta cierta fascinación por lo que ocurre.

Xaori: No te preocupes, la vida real es lo que tiene... A veces no tenemos tiempo para hacer absolutamente nada, pero sé que sigues fielmente mi trabajo (yo por fin pude leerme todos los capítulos que tenía atrasados de tu historia :D) En el próximo capítulo volveremos a tener nuestra ración Burnside-Wesker vs Redfield... La cosa promete. Sólo digo eso.

Esto es todo por hoy. La semana que viene volveré puntual con mi cita. See you!