Muy buenas a todos! ¿Cómo lleváis la Navidad? Espero que maravillosamente. Como ya os dije ahora tengo algo más de tiempo libre y puedo dedicar algo más a escribir. Gracias como siempre por vuestro apoyo. Nada de esto sería posible sin vosotros. Así que sin entretenerme más os dejo el siguiente capítulo, donde nos meteremos en la piel de los hermanos Redfield y alguna que otra persona más.
Chris y Claire avanzaron en silencio por un pasillo de la primera planta del centro comercial. Todo estaba en silencio, tal y como esperaban. No creían que esas criaturas fueran tan inteligentes como para forzar una puerta y campar a sus anchas por el interior del edificio… salvo que ya estuvieran allí de antes. El mayor de los Redfield se acomodó la bolsa con las armas sintiendo que por fin tenían un momento de respiro.
Wesker estaba siguiendo su plan, tal y como había previsto. Con el paso de los años se había vuelto bastante predecible seguir sus pasos. Allá donde hubiera un ataque terrorista él estaba presente de algún modo… salvo en Terragrigia. Claire se detuvo a examinar un escaparate alumbrando con su linterna buena parte del interior. Había cristales rotos por todas partes, y un montón de cajas y objetos tirados por el suelo.
-Vaya, parece que aquí también han tenido problemas… -comentó Chris echando también un vistazo con curiosidad. Parecía que no eran los únicos que estaban pasándolo mal, aunque no era para menos: la ciudad entera se había ido a la mierda -. ¿Hay algo que podamos utilizar?
-No lo creo… -respondió su hermana identificando algunas cajas de cartón, unos jarrones y unos cuadros por el suelo -. Parece una tienda de decoración…
El moreno asintió dándose cuenta de que tenían razón. Si encontraban algo de munición o cualquiera otra cosa que les hiciera el avío podía darse con un canto en los dientes, pero lo principal ahora mismo era buscar una salida de ese enorme edificio. Sabía que esas criaturas no iban a darse por vencidas, y que esas puertas que habían bloqueado no aguantarían demasiado.
-Sigamos… -murmuró Chris enfocando con la linterna un carro de perritos calientes. Lo último que pensaba ahora era en la comida -. Con un poco de suerte habrá una puerta trasera esperándonos al final del pasillo…
-Eso es demasiado pedir… -añadió la pelirroja sin alterar lo más mínimo su tono de voz.
Chris volvió a situarse en cabeza apuntando con la linterna y con la pistola a cualquier elemento sospechoso. De pronto, oyeron un ruido, como si se hubiera algo pesado. Chris se llevó un dedo a los labios e hizo un gesto a su hermana para que no avanzara. Permaneció en silencio unos segundos más, esperando oír de nuevo el ruido, pero no volvió a producirse más.
Alumbró con la linterna hacia delante, donde había una escalera mecánica parada que conducía hacia la segunda planta. No, definitivamente el ruido no venía de la parte superior; no había tanto eco. Miró a Claire y se señaló a sí mismo y a la escalera mecánica. Suerte que era una chica muy inteligente y pillaba las cosas a la primera. Dio unos decididos pasos hacia el frente sabiendo que su hermana intervendría en caso de que la situación se complicara.
Pasó junto a la escalera mecánica vigilando constantemente cada ángulo de visión. Algo se movió rápidamente a su izquierda. Se giró apuntando con la linterna y la pistola y vio a un tipo agachado tras el hueco dejado por la escalera mecánica. ¡Era un superviviente!
-Claire, ven aquí –le ordenó sin najar ni un milímetro ni la linterna ni su arma. No parecía ser una amenaza, pero nunca era aconsejable dejarse llevar por las primeras impresiones.
-¡No dispares, por favor! –exclamó el extraño llevándose las manos a la cara como si intentara protegerse. La pelirroja llegó justo a tiempo para ver cómo el tipo temblaba de arriba abajo. No parecía estar infectado -. ¡No soy una de esas cosas!
-¿Tienes alguna mordedura o algo de lo que debamos preocuparnos? –preguntó de forma autoritaria el mayor de los Redfield dando unos pasos firmes hacia el tipo, que estaba completamente asustado. Chris lo agarró de la chaqueta y lo elevó en el aire provocando que el tipo gritara más.
-¡Chris, para! –le espetó Claire sabiendo que podía llegar lejos y hacerle daño al tipo si se lo proponía. Le puso una mano en el hombro mientras el extraño seguía gimiendo intentando soltarse -. No es más que un superviviente… Déjale que respire un poco.
A regañadientes, su hermano le hizo caso. Soltó al extraño, que cayó al suelo con un golpe sordo, llevándose las manos a la garganta. Su respiración era bastante agitada, y tenía los ojos completamente salidos de sus órbitas. Claire sabía que Chris a veces podía ser demasiado brusco sin aparentes motivos, pero era su forma de demostrar quién estaba al mando; todos esos años luchando contra el bioterrorismo lo habían endurecido mucho.
-Déjame a mí… -se adelantó la pelirroja con un tono de voz algo más sereno. Chris sacudió la cabeza y enfundó su pistola al comprobar que no parecía haber ningún peligro. Pero estaría atento por si la cosa se complicaba. Su hermana se agachó poniéndose a la altura del superviviente -. ¿Cómo te llamas?
-Andrew… -contestó el tipo con la voz entrecortada. Desde luego que se había llevado un buen susto con la presencia de Chris. La chica parecía ser mucho más sensata -. ¿Sois del equipo de rescate?
Claire y Chris intercambiaron una rápida mirada. El extraño parecía realmente esperanzado por recibir una respuesta afirmativa… Pero nada más allá de la realidad.
-Lo siento Andrew, pero no somos del equipo de rescate… -intervino el mayor de los Redfield intentando sonar lo más convincente posible. Si había algo que había aprendido era que no podía mentir -. A estas alturas… no creo que llegue ninguna ayuda.
-Lamento oír eso… -cerró los ojos durante unos instantes y tragó saliva con dificultad -. Hay más gente atrapada aquí. Pensaba que…
-¿Cuántos sois? –le interrumpió Chris sabiendo que tenía que hacer algo para poner a salvo a todos esos supervivientes. No podía permitir que hubiera más víctimas. Las calles estarían llenas de cadáveres, por no mencionar todas esas criaturas que los perseguían sin descanso.
-Unos diez… Y un par de niños –respondió el tipo con un tono suplicante que sorprendió a Chris. Siempre que había intervenido en un ataque bioterrorista lo había hecho en compañía de su equipo, sin que hubiera civiles por medio. Sabía que siempre pagaban los platos rotos, y que no era justo, pero a esos terroristas no les importaba nada más que poner en práctica sus macabros planes.
-Llévanos hasta ellos –dictaminó el líder de la B.S.A.A. compartiendo de nuevo una rápida mirada con la pelirroja, que asintió lentamente.
Chris tenía razón. Tal vez podrían echarles una mano, dejarles los suministros suficientes para que aguanten hasta que llegue la ayuda. Por su experiencia sabía que sería una locura formar un grupo tan numeroso, sin ir todos armados y con niños… Raccoon City había sido una experiencia sumamente productiva en ese sentido, donde se había visto obligada no sólo a cuidar de sí mismo, si no de Sherry.
Andrew empezó a caminar a buen ritmo hacia el fondo del pasillo hasta que se detuvo a la entrada de una tienda que estaba completamente a oscuras. No había ninguna luz encendida. Posiblemente todos los supervivientes estaban allí escondidos.
-De vez en cuando salgo a hacer una ronda –les informó pegando en la puerta con los nudillos -. Cuantos más seamos… más posibilidades tendremos… de acabar con lo que sea que ha empezado esto –guardó silencio -. Soy yo. Abrid la puerta. Traigo ayuda.
Al otro lado se oyó un ruido como si estuvieran intentando apartar algo pesado. Tal vez tenían la puerta bloqueada en caso de que esas criaturas lograran acceder al interior. Era una buena idea… aunque también podría convertirse en una trampa. ¿Cuántos habrían muerto porque se habían quedado atrapados? Pero seguro que no era peor que quedarse atrapado en un ascensor, o eso pensaba Claire.
Las puertas de madera se abrieron de par en par y un tipo bastante joven les hizo una señal para que entraran. Accedieron al interior rápidamente y Chris ayudó a un hombre y a una mujer que estaban intentando colocar de nuevo un mueble sobre la puerta. Eso mantendría a esas cosas fuera de su alcance, aunque parecía poco probable que tuvieran la inteligente suficiente como para descifrar el mecanismo de apertura de una puerta.
Claire enfocó con su linterna a la pequeña estancia. Había un matrimonio sentado sobre una mesa que abrazaba a dos niños pequeños que temblaban, posiblemente asustados. Todo lo que habían presenciado en las últimas horas quedarían para siempre en sus memorias… si es que lograban salir con vida. También había un hombre con una cazadora vaquera que los observaba con atención, y dos chicas que no debían tener más de veintitantos años. Era un grupo bastante peculiar.
Chris también les echó un vistazo por encima. Debía asegurarse de que todas esas personas sobrevivieran el tiempo suficiente hasta que llegara la ayuda. La B.S.A.A. ya estaría al tanto a esas alturas de lo que estaba ocurriendo, y que dos de sus máximos dirigentes estaban completamente metidos en el asunto, sin autorización, sin plan de intervención… Jill y él podrían enfrentarse a una suspensión de por vida.
-Bien… -empezó a decir el capitán sin saber muy bien por dónde empezar. A pesar de todos sus años de experiencia jamás había tenido que liderar a un equipo de supervivientes. Siempre se había limitado a rescatarlos -. Me llamo Chris Redfield, y pertenezco a la B.S.A.A. Estamos aquí porque estamos siguiendo la pista de la persona que ha provocado este desastre… ¿Alguien tiene alguna información de utilidad?
Se hizo un completo silencio que, en parte, esperaba. Todo había sucedido tan rápido que todos se habían limitado a correr, a huir de la mayor zona de conflicto. Pero lo que realmente le sorprendió fue oír la voz de uno de los niños pequeños, que no debía tener más de siete u ocho años.
-Una vez vi a un hombre dar un salto muy grande, como si estuviera en un trampolín.
Definitivamente, esa descripción encaja a la perfección con su antiguo capitán en los S.T.A.R.S. Ya había comprobado en la base de la Antártida cómo sus poderes habían adquirido mayor consistencia, cómo esquivaba sus golpes, cómo se movía como si fuera alguien hecho de goma… Esos recuerdos le habían hecho tomarse muy en serio sus sesiones en el gimnasio, intensificarlas y tomar algún que otro producto para ganar más masa muscular.
-Lo que has dicho es realmente interesante… -intervino Claire con una sonrisa -. ¿Cómo te llamas, campeón?
-Kevin…
-Bonito nombre –y le guiñó un ojo. El chico seguía con la misma mirada asustada, aunque parecía estar algo más relajado -. Tendremos muy en cuenta todo lo que nos has contado…
-He solicitado ayuda a la B.S.A.A. –continuó hablando Chris como si no lo hubieran interrumpido -. No sé cuándo llegarán los refuerzos –hubo un murmullo general de decepción. Podía sentir lo desesperados que estaban con toda esa situación -. Pero os garantizo que en cuanto tenga noticias de ellos los enviaré aquí para que os evacuen…
-¿Os vais a largar sin más? –preguntó una de las mujeres jóvenes que tenía una expresión de no entender absolutamente nada.
-Como ya he dicho, tengo una misión que cumplir, y debo hacer todo lo posible para capturar al que está detrás de todo… ¿Disponéis de armamento y municiones?
-Sólo tenemos esta escopeta y un rifle –respondió Andrew caminando hacia el mostrador. Se agachó y dejó sobre la encimera las dos únicas armas que habían podido rescatar de una armería que estaba en llamas -. Tenemos como dos cajas de munición… No creo que sea un problema.
-Para mi tranquilidad os dejaré algo más con lo que podáis defenderos… -le hizo un gesto a Claire para que se acercara con la bolsa de armas. Sacó un par de pistolas y una escopeta de asalto algo más potente que la que tenían. Sacó también un par de cargadores y lo dejó junto al resto -. Con esto deberíais poder eliminar a cualquier cosa que se os ponga por delante…
-Gracias por la ayuda…
-¿Hay alguna forma de llegar al exterior que no sea por la entrada principal?
-Sí… Hay una puerta trasera al otro lado… Pero no creo que sea buena idea –Chris y Claire mirando a Andrew buscando explicaciones. Parecía que seguía sin entender la importancia de dar caza a ese monstruo -. Hay varios de esos seres rondando por allí.
-Nos las apañaremos –dictaminó el ex miembro de S.T.A.R.S. comprobando que su escopeta estaba completamente cargada. Le hizo un gesto a su hermana, que asintió de inmediato. Era hora de ponerse en marcha. Chris volvió a centrar su atención en Andrew -. Necesitamos que un par de vosotros vengan a echarnos una mano… Os garantizamos que ninguna de esas cosas va a entrar aquí. Vais a estar a salvo hasta que venga la ayuda.
Todos parecían dudar. Aunque era normal: no todos los días uno se encontraba cara a cara con el bioterrorismo. Andrew era el único que hasta ahora se había mostrado algo más colaborativo… Chris estaba decepcionado: pensaba que esa gente tenía más ganas de sobrevivir. No iba a dejarlos morir, ni mucho menos. Pero él había demostrado otra actitud cuando se había quedado encerrado en la mansión Spencer, o en la isla de Rockfort.
Cuando pensaba que iban a tener que apañárselas con un solo vigilante una de las chicas jóvenes dio un paso adelante sin apartar la mirada de Chris, cuyo rostro se relajó al comprobar que iban a tener la ayuda suficiente.
-Quizá os pueda ayudar. Estoy preparándome en la academia de policía.
El mayor de los Redfield sonrió ligeramente al recordar aquella época que parecía bastante lejana en la que él también había estado en la academia esperando con ansias poder hacer algo para ayudar a los ciudadanos de a pie. Pero sin comerlo ni beberlo Umbrella se había cruzado en su camino, y había borrado de un plumazo todas sus ilusiones. Afortunadamente, la corporación ya era historia, aunque había algunos que se empeñaban en continuar con su legado.
Y Spencer sigue en algún lugar. Sé que tarde o temprano daremos con él, pero hasta que no caiga, no se podrá decir que Umbrella ha desaparecido por completo.
-Bien… Coged vuestras armas –los dos asintieron y se acercaron al mostrador para equiparse con la munición, la escopeta y el rifle -. A los demás… No salgáis de aquí bajo ningún concepto. La ayuda llegará tarde o temprano.
Todo estaba preparado. Dos de los supervivientes se encargaron de quitar el mueble que bloqueaba la puerta y Chris salió en primer lugar apuntando a un lado y a otro con su arma. Tal y como suponía, no había nada de lo que preocuparse. Claire se situó a su derecha, con la mirada fija al frente y el rostro completamente concentrado. Si había algo que a Chris le gustaba de su hermana era la serenidad con la que abordaba cualquier situación.
Aunque ver a Steve la había trastornado un poco… ¿Qué había hecho Wesker con él? ¿Había obrado el virus un milagro reviviendo su cuerpo? Ojalá pudiera ponerse en contacto con Rebecca; ella podría responderle a cualquier pregunta. Lo que estaba claro era que uno de los virus desconocidos ya tenía nombre, y no era tan desconocido: T-Veronica, el horror desatado en Rockfort.
Andrew les hizo un gesto señalando una puerta metálica que estaba algo más adelante, algo oculta por las sombras. No tenía idea de qué hora era, pero aún era demasiado temprano como para que hubiera tanta oscuridad. Se pararon a pocos metros. Chris echó un vistazo a través de la ventana. El cielo estaba completamente nublado, de un color que hacía presagiar una buena tromba de agua en los próximos minutos. Si había algo que podía mejorar aún más su ánimo era eso.
La salida daba a una calle bastante amplia, donde había coches aparcados que les podían servir de mucha ayuda para pasar de largo sin ser vistos, y diez cazadores rondando por la zona. Abrió los ojos como platos. ¿Qué hacían esas cosas allí? Y volvió a recordar lo difícil que había sido derrotarlas en la mansión, incluso en el crucero… Era como una pesadilla que volvía para recordarle que seguía allí.
-¿Cómo está la situación fuera? –le preguntó la pelirroja dando unos pasos hacia él. Observó también a través de la ventana y su gesto se torció al descubrir el regalo que les esperaba fuera. Nunca había un respiro para los buenos -. Podemos utilizar los coches para distraerles… Pero son demasiados.
-Escuchad… -informó Chris retirándose de la ventana y acercándose a la puerta metálica -. Hay diez cazadores fuera, esperando que abramos las puertas para venir a por nosotros –Andrew y la chica palidecieron al oírlo -. Formaremos en avance lineal pero sin abandonar la zona de confort, que es la puerta.
-Es decir, disparamos desde la puerta pero sin avanzar –resumió la chica notando que las manos le empezaban a sudar. Nunca había visto nada parecido, y no creía que en la academia la hubieran preparado para algo semejante.
-Eso es –asintió el mayor de los Redfield volviendo a echar un vistazo por la ventana. Si al menos pudiera distraer a la mitad de ellos para avanzar… y entonces se le ocurrió -. Ya lo tengo…
-¿Qué ocurre? –se interesó su hermana al ver cómo se ponía a buscar algo en la bolsa de armas. Estaba seguro de que había metido dos o tres antes de salir del cuartel. Era un señuelo perfecto. Y entonces sacó una granada de mano con una sonrisa -. ¿Vas a lanzar una granada?
-Esto servirá para distraerles lo suficiente como para llevarnos por delante a unos cuantos de ellos y avanzar sin que nos detecten al principio –todo tenía que ser muy rápido, o podrían acabar heridos o… -. Voy a lanzar esta granada desde la ventana. Confío en que caiga lejos. Andrew, a mi señal abre la puerta. No os separéis ni un momento de ella, ¿entendido? –todos asintieron -. Claire, quédate detrás de Andrew y avanza hacia el primer coche en cuanto se abran las puertas.
Todos asintieron sabiendo de la importancia de ejecutar un plan perfecto. Esto era la vida real, y un movimiento en falso podría acabar con todas sus esperanzas. Chris le quitó la anilla a la granada y miró al exterior. Tenía aproximadamente diez segundos para lanzarla antes de que explotara. Lo ideal sería lanzarla junto a una papelera que estaba a mitad de distancia; la mayoría de los cazadores estaba rondando por aquella zona.
Debía calcular con exactitud la fuerza con la que iba a lanzar, porque podía quedarse corto, y eso acabaría con todas las opciones de ejecutar el plan. Cogió aire, dio unos pasos hacia atrás ante la atenta mirada del resto y lanzó el pequeño objeto. Atravesó el cristal a buena velocidad. Las criaturas que estaban por allí empezaron a girarse como locas intentando identificar la procedencia del ruido.
Chris observó con atención la trayectoria de la granada, que poco a poco iba acercándose a su destino. Cayó al suelo con un golpe sordo, bastante lejos del lugar donde tendría que estar… Chris maldijo en silencio. Realmente no estaba tan lejos, pero era el margen de error se había reducido considerablemente. Segundos después la explosión hizo vibrar todos los cristales.
Ésa era la señal. Andrew y la chica abrieron la puerta de inmediato mientras los cazadores se acercaban al lugar de la explosión, buscando con desesperación lo que quiera que hubiera originado ese ruido. Uno de ellos había caído; la granada le había dado de lleno. Claire avanzó semiagachada sin quitarle los ojos de encima a las B.O.W.S. Su hermano se unió a ella poco después.
Todo iba bien, demasiado bien. La pelirroja alcanzó el primer coche y se quedó escondida. Chris estaba a medio camino. De pronto, un grito gutural la puso en alerta. Asomó ligeramente la cabeza y vio a una de esas cosas empezar a correr hacia la salida del edificio. Tenía que hacer algo para ayudar a los supervivientes. Los disparos empezaron a sucederse. Gritos y golpes rompieron el silencio de la calle.
Chris se detuvo a mitad de camino y apuntó con su escopeta a un cazador que se acercaba agachado. El disparo le dio de lleno en la cara. Uno de sus ojos salió disparado, pero aún seguía en pie. ¿Cómo era posible? Andrew y la chica también empezaron a repartir aunque con un menos acierto. La mayoría de los disparos se iban lejos de su destino. Claire también se había unido y hacía lo que podía para dispersar a la manada.
El ex miembro de S.T.A.R.S. volvió a apretar el gatillo y esta vez acertó justo cuando la criatura daba un salto en el aire. Se quedó inmóvil en el suelo, con un charco de sangre manchando la carretera. Aún quedaban siete en pie. Chris rodó sobre su costado viendo cómo otro de esos seres intentaba arañarle con sus garras. Se quedó de rodillas, puso la culata de la escopeta en su hombro y disparó a quemarropa.
Sus sesos salieron disparados por todas partes, manchando una pared cercana. Vio en el suelo a otros dos cazadores. Tenían que marcharse ya. Necesitaban ahorrar munición ahora que les habían dejado a los supervivientes parte de ella. Se incorporó sin perder de vista a las dos criaturas que venían hacia él. Vistas de cerca daban incluso más miedo. Corrió hacia su izquierda esquivando a los que iban directo a por él, pero se detuvo al quedarse bloqueado por otro que había aparecido de la nada.
Joder…
Sin tiempo a reaccionar, la criatura lo empujó. Cayó al suelo llevándose por delante una papelera. Su escopeta se quedó tirada, a unos metros de distancia. Tenía que hacer algo para recuperarla. El problema era que el cazador estaba tan cerca que no iba a darle tiempo de dar siquiera un paso. El ser saltó y se situó encima suya. Chris forcejeó apretando los dientes. Esos bichos tenían una fuerza descomunal, y no creía que pudiera aguantar mucho más.
-¡Chris! –la voz de Claire le llegó bastante lejana. Sus fuerzas se estaban agotando, y ni siquiera podía utilizar el cuchillo que llevaba en el chaleco. Iba a ser hombre muerto.
De pronto, la criatura chilló y se desplomó encima de Chris, que intentaba recuperar la respiración. Unos enormes goterones le caían por la frente. Odiaba las armas biológicas con toda su arma, y no iba a parar hasta el día en el que dejaran de existir… aunque eso parecía que no iba a ocurrir nunca. Se quitó al ser de encima y se levantó buscando su arma. Estaba a sus pies.
En la puerta del edificio todo parecía estar controlado. Ya sólo quedaban tres de esos seres en pie. Disparó a uno por la espalda, que se retorció hasta quedar inmóvil en el suelo. Era hora de largarse. Miró a Claire, que disparaba a otro de los que aún quedaban en pie, y le hizo un gesto para avanzar. No hizo falta que se lo repitiera dos veces. La menor de los Redfield empezó a correr sin mirar atrás.
-¡La ayuda vendrá, os lo prometo! –gritó el capitán por encima del sonido de los disparos y los gritos. Se hizo el silencio, y eso le indicó que todo había terminado. Habían cumplido con su parte. Ahora tocaba seguir trabajando. Aumentó el ritmo de la carrera hasta situarse junto a su hermana, que estaba pendiente de todo lo que pasaba a su alrededor -. Bueno, hemos salvado la primera bola de partido… Ha sido más difícil de lo que pensaba…
-Siempre lo es –corroboró Claire con una ligera sonrisa, pero ésta se le borró de inmediato al pensar que Steve estaba detrás de todo. Había sido un gran mazazo emocional verle -. ¿Adónde vamos ahora? Pueden estar en cualquier parte.
-Seguiremos caminando –dictaminó Chris sujetando con firmeza la escopeta -. Sé que tarde o temprano vendrán a nuestro encuentro… -guardó silencio durante unos instantes -. Espero que Barry esté haciendo los deberes.
No había nada que le apeteciera más que estar en casa, darse una ducha y quedarse tumbado en la cama durante horas.
Como un espectador de lujo Wesker observaba la escena desde lo alto de un bloque de pisos. Sonrió ampliamente al ver cómo Redfield salía del edificio disparando a unos cazadores que se habían apostado delante de la puerta. Esas criaturas eran una auténtica muestra de poder. Aún había algunas cosas que mejorar, pero habían demostrado ser unos portadores perfectos del virus T-Veronica.
Había conseguido aumentar los reflejos y la fuerza de sus portadores después de años de investigación. Por supuesto que nada de eso hubiera sido posible sin Steve. Sonrió aún más. Había demostrado ser un sujeto realmente interesante, que no sólo había ayudado a alcanzar esos datos óptimos, si no que había demostrado unas cualidades muy interesantes de explotar.
Alexia Ashford había hecho un gran trabajo con los estudios de su antecesora, Veronica Ashford. Wesker había mantenido en un estado de letargo a Steve durante siete años. Sus constantes siempre se habían mantenido igual… pero lo que sí había notado era un incremento en su fuerza y agilidad. Aún estaba algo confuso, pero no creía que le llevara mucho tiempo acostumbrarse a esa nueva sensación.
A él le había pasado algo parecido. Cuando la fría garra del Tyrant le atravesó, sólo vio oscuridad. Pero tras esa oscuridad había una luz poderosa que lo absorbió. Todo lo veía desde una perspectiva muy diferente. Tenía el control de absolutamente todo, no había nada ni nadie que pudiera detenerlo… Ni siquiera Redfield y su querida B.S.A.A.
Chris… Espero con ansias nuestro próximo encuentro… Aunque no lo creas he seguido tus pasos muy de cerca. He visto cómo has surgido de la nada para alzarte como una de las esperanzas de este mundo que tarde o temprano conquistaré…
Rio con ganas. Sólo era cuestión de tiempo que todos los virus estuvieran a su alcance. Ya tenía a alguien detrás de esas nuevas variantes que tenían un gran potencial. El incidente de Terragrigia había sido una actuación sumamente memorable. Aunque él no había estado en el foco de la acción había disfrutado de lo lindo viendo cómo Veltro había utilizado armas biológicas para sembrar el caos.
Y quién iba a pensar que detrás de todo iba a estar una de las voces más autorizadas en la lucha contra el bioterrorismo: Morgan Lansdale. La vida daba muchas vueltas, y tan pronto estabas en la cima y poco después podías estar en la más absoluta miseria. Su intercomunicador sonó. Ya era hora de que Wong se pusiera en contacto con él. Tenía mucha curiosidad por saber cómo se estaba desarrollando todo en Salt Lake City. Esa ayudante de Lansdale seguro que había montado una buena.
-Me alegra ver que has sacado algo de tiempo para informar… -dijo sin dejar de observar el panorama. La menor de los Redfield también estaba por allí. Vaya. Eso sí que era una novedad. ¿Terrasave también estaba involucrada? Tendría que investigarlo a fondo.
-No hay mucho que contar –respondió Ada al otro lado con tono de voz que sonaba aburrido -. La ciudad está completamente infectada. El aire está contaminado, y casi todos los ciudadanos han caído. Calculo que la tasa de supervivencia no debe ser mayor del tres por cierto.
-Asombroso –contestó viendo cómo esos patéticos hermanos disparaban a las criaturas desde detrás de un coche -. Parece que van muy en serio. Eso me gusta. ¿Has localizado a la persona que ha provocado el ataque?
-Aún no. He estado muy ocupada buscando un equipo con el que protegerme… Me pondré con ello enseguida.
-Elimina a cualquier superviviente que veas –aún no había podido perdonarle cómo casi había echado a perder la misión de Raccoon City por culpa de Kennedy. Wong se había encaprichado de ese novato, y eso casi le cuesta la vida y la muestra del virus G. Y estaba convencido de que ella había tenido algo que ver con la supervivencia del agente en España. Ada era una agente que siempre cumplía… aunque a su manera… y eso no le gustaba. Aquí era él el que mandaba, y no había otras reglas que no fueran las que impusiera él -. No podemos consentir que las distracciones nos hagan fracasar. Avísame si tienes alguna novedad.
Cortó la comunicación y se inclinó un poco más. Era extraño que Valentine no estuviera por allí. ¿Tal vez estaba en Salt Lake City? La B.S.A.A. no había tardado en entrar en acción, y eso era algo que le preocupaba. Aunque por otra parte eso supondría un reto muy interesante: la fuerza y el empuje contra la causa imposible.
Llevaba casi una hora solo, desde la última vez que se había encontrado con su creador. ¿Dónde estaba toda esa gente que había visto en el parque al principio? ¿Estaban todos muertos? Se había cruzado con algunas criaturas que lo habían mirado de forma rara… aunque no le habían hecho nada. Tal vez su dueño tenía razón: tenía una especie de conexión con ellos.
Aún seguía sintiendo curiosidad por esa chica que le había hablado. Había algo en ella que le provocaba sentimientos contradictorios: sabía que no debía entrar en contacto con nadie que no fuera su señor, pero esa mujer… parecía diferente. Lo provocaba rechazo, pero al mismo tiempo atracción. Era repulsiva… pero también atrayente. No, definitivamente debía mantenerse lejos. No quería poner en peligro su vida, y mucho menos enfadar a su creador.
Algo en su interior empezó a fluir. Notaba algo diferente. Se sentía… poderoso, ansioso por poner a prueba todo lo que sabía. Tal vez debería ponerlo en práctica. Movió la cabeza de un lado a otro e inspiró. El cielo estaba completamente cerrado; parecía que iba a llover, pero él sabía que eso no tenía que ver con ningún fenómeno meteorológico.
Vio a un grupo de personas dirigirse hacia él. Tal vez ésa era la señal que estaba esperando. Dio unos pasos lentos hacia ellos. Sintió un escalofrío. Todos tenían heridas y los cuerpos llenos de sangre. Daban realmente miedo… pero sabía que eso no tenía que ser un impedimento. Cogió aire y echó a correr hacia el grupo. Serían unos instantes, una pequeña prueba.
Echó a correr hacia el primero que tenía más cerca. Le golpeó en el rostro con fuerza. Oyó cómo algo se rompía, posiblemente algún hueso de la cara. Le empezó a salir sangre por la nariz en grandes cantidades. Le dio una patada en la rodilla. El tipo se arrodilló ladeando la cabeza como si la tuviera rota. Le propinó otra patada en el rostro. Ésa iba a ser definitivo.
El cuerpo se quedó inmóvil en el suelo. Lo había conseguido. Sintió esa fuerza brotar de nuevo en su interior. Ahora estaba empezando a entender muchas cosas. Fijó su vista en otro infectado. Todos parecían respetarle, como si le tuvieran miedo. Flexionó las rodillas y dio un sprint. Golpeó con el codo las costillas del tipo. Escuchó otro crujido la mar de confortante. Con toda probabilidad le habría roto algunas costillas.
-¡Ah! –gritó empujando con la palma de su mano derecha al extraño. Salió disparado unos cuantos metros. Soltó el aire apretando los dientes. Sí… Era imparable. No sabía qué era, pero conforme pasaban los segundos se sentía un ser diferente, alguien superior.
Ahora estaba empezando a comprender todo lo que le había dicho su creador. Estaba allí por un motivo, por algo que él debía empezar y terminar… No era de los que se amedrentaban ni mucho menos. Su brazo izquierdo empezó a arder. Unos trozos de piel empezaron a caer al suelo. Algo nuevo estaba pasando. Sentía como si se estuviera quemando… aunque era una sensación gustosa.
-¡Oh! –exclamó al ver cómo su antebrazo estaba en llamas. Se quedó boquiabierto. ¿Qué demonios era eso? Pero algo le decía que podía hacer uso de esa nueva habilidad sin hacerse daño. Echó su brazo hacia atrás y gritó -. ¡Ah!
Una bola de fuego salió disparada hacia dos infectados que estaban distraídos. Quedaron calcinados al instante. No quedaron más que cenizas flotando en el aire. Era realmente asombroso todo lo que podía hacer. Sabía que, en alguna parte, su maestro estaría muy orgulloso de él. Ahora sabía que no debía tenerle miedo a absolutamente nada, ni siquiera a una pelirroja que intentaba mostrar algo de simpatía.
No muy lejos de allí, Wesker observaba los progresos de su pupilo. No se había equivocado lo más mínimo. Era un joven muy prometedor. Juntos podían hacer grandes cosas juntos. El T Veronica había cumplido muy bien su función. Tenía muchas esperanzas puestas en esta operación. No había margen de error; para él la palabra fracaso no existía.
Bueno, bueno, parece que Steve está empezando a experimentar con el virus... Eso no es bueno, nada bueno... (maldito Wesker) xD
Stardust4: Ada aparecerá tarde o temprano. Donde haya lío allí está ella, así que tiene pinta que ese encuentro se producirá tarde o temprano. Y ya has visto que Steve empieza a pasarse al lado oscuro... ¡Esto no pinta bien!
Xaori: Pues sí, ahora cada uno está completamente solo, buscándose las habichuelas como pueden... Desde luego que Jessica no va a quedarse quieta, y eso que ella también está en peligro inminente, porque vale que la tía lo valga, pero no creo que una B.O.W. diga oye a ti no te cojo que estás muy buena y aunque me hayas puesto aquí xDDDD Muchas gracias por tu incondicional apoyo amiga. ¡Eres un gran apoyo!
Esto es todo por esta semana. La próxima semana volveremos a meternos en la piel de ese dúo extraño que no está sabiendo llevar las cosas demasiado bien, sobre todo porque están separados. ¡Preparaos porque viene acción de la buena!
