¡Hola a todos! Disculpad el retraso, pero he tenido un fin de semana muy liado. Pero bueno, no os preocupéis, que el viernes tendréis el siguiente capítulo; la espera se hará más corta. Volvemos a Salt Lake City, donde la situación se ha complicado. Habrá un encuentro muy esperado...


El casco no era el mejor método para pasar desapercibido por la ciudad, pero no había encontrado otra cosa. Uno de los supervivientes se lo había prestado. A estas alturas todos los comercios habrían sido saqueados, y podrían pasar horas hasta que el virus perdiera su eficacia, por no mencionar el tiempo que perdería buscando una máscara. Ir a la comisaría no parecía ser una buena opción; no sabría si el cuerpo policial habría sobrevivido, y no tenía tiempo para comprobarlo.

El paseo por las alcantarillas no estaba siendo de lo más productivo. Estaba deseando volver a la superficie, donde podría tener un control absoluto de todo lo que estaba pasando. Le preocupaba el hecho de perder la concentración después de tanto tiempo vagando por las alcantarillas. Se detuvo unos instantes para quitarse unos mechones de pelo de la cara.

Echó hacia arriba la visera y se lo colocó. Era una suerte que allá abajo no hubiera peligro de quedar contagiado… Comprobó que su pistola estaba cargada y continuó andando. Tal vez debería buscar otra opción para salir de allí, aunque no parecía haber otro camino. Suspiró resignada.

Primera y última vez que cojo las alcantarillas. ¿No tuviste bastante en Raccoon City?

¡Cómo olvidarlo! Y lo peor había sido tener que lidiar con todas esas criaturas infectadas. Había descubierto que las ratas habían sido las portadoras del virus desde los laboratorios de Umbrella, que estaban ocultos en las alcantarillas. Así había sido imposible para la policía descubrir su ubicación. Volvió a detenerse y cogió la pequeña linterna que llevaba colgada en el lateral.

Apenas tenía pilas, y por eso debía cuidarla bien. Alumbró el oscuro túnel que tenía delante y no pudo evitar sonreír al ver al fondo una escalera de mano. Por fin parecía que encontraba la salida. Echó a correr por el pequeño pasillo hasta llegar a la altura de la escalerilla. Apagó la linterna y volvió a colocarla en su lugar agarrando con decisión el primer escalón.

Subió a buen ritmo hasta alcanzar la tapa metálica. Esperaba que no estuviera cerrada. Antes de tocarla comprobó que el casco estaba completamente ajustado y empujó la tapa. Ésta empezó a desplazarse. Suspiró aliviada. Menos mal que no tenía que volver para ponerse a buscar una palanca o algo con lo que forzar su única posible salida.

La desplazó lentamente. Si había algún infectado o algún superviviente por allí no tardarían en descubrirle. No le apetecía absolutamente enfrentarse a más criaturas, y no todos los supervivientes tenían por qué ser amistosos. En tiempo de crisis, el ser humano era capaz de sacar lo peor de sí mismo. Lo había comprobado muchas veces, sobre todo en la guerra.

La tapa ya la tenía abierta casi a la mitad. Cogió aire y asomó un poco la cabeza. No calculó bien y se dio de lleno en el casco. Cerró los ojos. ¿Desde cuándo era tan patosa? Ese descuido podría costarle muy caro si había infectados por allí. Permaneció en silencio a la expectativa, agudizando sus sentidos. No parecía haber nada raro… Pero tenía que echar un vistazo para asegurarse.

Asomó ligeramente la cabeza. La calle estaba completamente desierta; ni siquiera se escuchaba el viento soplar. Eso era buena señal… o mala. Parecía como si la ciudad entera hubiera sucumbido. Era una situación realmente preocupante. Algo en su interior le decía que debía poner fin a esta operación lo antes posible. El problema era que no tenía ni idea de dónde podía estar esa mujer que llevaba encima las muestras.

Estos terroristas eran muy imprevisibles, y tan pronto tenías su rastro como se esfumaban sin dejar señal. Luego, por supuesto, estaba Wesker. Siempre vigilando. Siempre ordenando, deseando que todo vaya según su plan. Pero con ella no había juegos que valieran. Le gustaba hacer las cosas a su manera, y sabía que eso traía problemas la mayoría de las veces, sobre todo a la hora de tratar con gente como Wesker.

Volvió a echar un rápido vistazo a los alrededores. Seguía tan solitario como antes. La situación era realmente preocupante. ¿Cómo se suponía que iba a encontrar a esa mujer en una ciudad tan grande que había sido tomada por el virus? Era una auténtica utopía que los virus siempre estuvieran atormentando su vida de esa forma. Pero en fin, era la vida que había elegido, y no había marcha atrás.

Subió con calma el último tramo, permaneciendo atenta a cualquier sonido que se produjera por los alrededores. Se descolgó la mochila y la deslizó por la carretera. No había elegido demasiado armamento para esa misión; sólo lo imprescindible: una pistola, una escopeta, munición y una linterna. Simple pero letal, como le gustaba decir. Soltó la pistola junto a la mochila y subió al exterior.

Estaba encantada de volver a respirar aire limpio. Aunque bueno, eso era un decir. El aire estaba completamente contaminado, y pasarían muchas horas hasta que los efectos se pasaran. Las autoridades no habían tenido siquiera una oportunidad de desalojar a los ciudadanos. Una lástima la pérdida de tantas vidas. Aunque sabía que no debía dejarse llevar por las circunstancias; ya había cometido algunos errores en el pasado por preocuparse demasiado por aspectos externos a la misión.

Leon… Él había sido el comienzo de todos sus problemas.

No había podido quitárselo de la cabeza desde Raccoon City. Lo había intentado desesperadamente, y cuando parecía que todo estaba casi olvidado, siempre había algo que los hacía coincidir, y volvía a abrir sus antiguas heridas de guerra. La última vez en España, cuando estaba intentando recuperar una muestra de las Plagas. Su carita al verla largarse en un helicóptero que le había mandado Wesker no había tenido desperdicio.

Había sobrevivido a ésa, aunque no había tenido ningún tipo de dudas. Leon era un luchador nato, e iba a hacer falta algo más que una ciudad infectada para derrotarlo. Así eran los grandes supervivientes: hombres y mujeres como ellos que, a pesar de las circunstancias, siempre conseguían salir indemnes. Raccoon City había sido un error que no debía repetir.

Se incorporó cogiendo la mochila. Se la colgó al hombro derecho y suspiró. Era una suerte que hubiera elegido una vestimenta cómoda: camisa blanca, pantalones negros y unas botas altas. No era su preferido, pero le ofrecía una comodidad sensacional. El casco no le pegaba demasiado, pero no tenía otra alternativa. Bien. Era hora de volver a concentrarse en la misión.

De pronto, el comunicador emitió un pitido. Frunció el ceño. Cuando la cosa no podía complicarse más… Aceptó la llamada. Le sorprendía tener señal; a estas alturas todos los sistemas de comunicación deberían estar caídos, pero allí estaba, recibiendo una llamada de su aliado… Por el momento.

-Me alegra ver que has sacado algo de tiempo para informar… -su voz sonaba tan fría y áspera como siempre. Siempre había tenido claro que Wesker era un hombre que vivía por y para sí. Un hombre que había traicionado a Umbrella y que se había alzado como una de las fuerzas más indomables.

-No hay mucho que contar –respondió Ada con tono de voz que sonaba aburrido. Ojalá hubiera algo de acción. Lo echaba de menos en parte -. La ciudad está completamente infectada. El aire está contaminado, y casi todos los ciudadanos han caído. Calculo que la tasa de supervivencia no debe ser mayor del tres por cierto.

-Asombroso –no le sorprendía que pareciera contento. Sabía que lo único que quería era una muestra de los virus… y si había algo de follón por medio mejor que mejor -. Parece que van muy en serio. Eso me gusta. ¿Has localizado a la persona que ha provocado el ataque?

-Aún no. He estado muy ocupada buscando un equipo con el que protegerme… -torció el gesto al pensar en el absurdo casco que llevaba encima -. Me pondré con ello enseguida.

-Elimina a cualquier superviviente que veas –su tono parecía acusador. Sabía que Wesker no era de los que olvidaba, y sabía que siempre la perdonaba porque conseguía cumplir con la misión, a veces con más problemas de los esperados pero con total garantía. Tendría que seguir investigando -. No podemos consentir que las distracciones nos hagan fracasar. Avísame si tienes alguna novedad.

Y la comunicación se cortó. Siempre hacía lo mismo, así que Ada ya estaba acostumbrada. Era un hombre con el que era bastante difícil tratar, pero le había llenado los bolsillos de dinero. Mientras ella cumpliera con su parte sabía que nunca le iba a sobrar el dinero. Ya tenía más del que podría haber imaginado hacía diez años, cuando empezó a trabajar como espía.

Tenía dos opciones: continuar recto por esa avenida o girar a la izquierda. Le parecía extraño que la B.S.A.A. no estuviera por allí poniendo un poco de orden. Siempre que había un ataque bioterrorista eran los primeros en aparecer, como una implacable fuerza decidida a terminar de una vez por todas con esa ardua tarea.

Iría hacia la izquierda. Si veía que era una calle sin salida o que no encontraba nada interesante volvería hasta allí. Le daba cierto aire deprimente observar esas calles vacías que hasta hacía unas horas había estado concurrida. Ojalá pudiera hacer algo para…

De pronto, oyó unos disparos al fondo de la calle. Se detuvo. ¿Qué debía hacer? No podía negarle la mano a quien la necesitara… aunque eso supondría dar un nuevo giro a su plan. Sabía que no debía entretenerse más. Negó en silencio. No tenía remedio. Echó a correr hacia la esquina y se quedó apoyada contra la pared. Comprobó que su pistola estaba cargada y echó un vistazo.

No pudo evitar quedarse boquiabierta. La calle estaba llena de B.O.W.S., y había una solitaria figura que disparaba a diestro y siniestro. Desde la distancia no conseguía distinguir mucho, pero no perdía nada por echar un vistazo… y así podría ayudar a alguien que estaba luchando desesperadamente por su vida. Se agachó y dio unos pasos sin perder de vista a las criaturas.

Se detuvo observando detenidamente al superviviente. Llevaba una máscara puesta. Eso quería decir que estaba al corriente de la infección. Tal vez era un policía que había logrado huir de toda esa parafernalia. Eso le dio a pensar que tal vez no era un superviviente cualquiera. ¿Y si ya había estado en otro ataque bioterrorista? Bueno, quizá no era una absoluta pérdida de tiempo.

Apuntó y disparó a un perro infectado que iba a toda velocidad hacia ella. El disparo impactó de lleno en el rostro. La criatura quedó inmóvil en el suelo; era gratificante comprobar cómo su puntería seguía siendo tan buena como antes.

Era una auténtica putada. Sabía que tendría que haber estado más atento. Se había separado de Jill, y ahora era imposible dar la vuelta. Una gran horda le perseguía. ¿Cómo había podido despistarse de esa forma? No tenían forma de volver a comunicarse, ni siquiera de enviar una señal. Tenía que dar la vuelta en cuanto pudiera. El problema era que, caminara por donde caminase, siempre había una amenaza esperando.

Echó un rápido vistazo atrás. Le perseguían de lejos. No había un peligro inminente. Giró a la derecha intentando recuperar el ritmo de su respiración y apuntó de un lado a otro viendo que la calle estaba completamente vacía. Una agradable novedad. Apoyó una mano en la pared y se llevó la otra al costado. Menos mal que hacía ejercicio diariamente, porque no sabía qué sería de él si no lo hiciera.

Sabía que no disponía de mucho tiempo para descansar, pero lo necesitaba. Necesitaba recuperar el aliento y aclarar sus ideas. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Hacia dónde iba a ir? Un ladrido llamó su atención. Giró la cabeza con lentitud. ¿Podría ponerse la cosa peor? Justo enfrente tenía un grupo de perros infectados que le miraban muy fijamente.

Cada vez tenía más claro que cuando todo aquello terminara iba a pedirse unas vacaciones bien merecidas… Eso si conseguía salir de allí de una pieza. Se separó de la pared y apuntó con su pistola a la criatura que tenía más cerca. Sabía que tenía que ser muy rápido, porque se les echarían encima enseguida.

Se llevó una mano al bolsillo. Sólo tenía un cargador. Jill se había quedado con la mochila, y con la mayoría de las municiones. Tenía que pensar en un plan, y rápido. Si se quitaba de en medio a los de la parte izquierda abriría un camino que le permitiría huir sin sufrir mayores problemas. Tenía que ser rápido, y eso era algo que se le daba realmente bien.

Apretó el gatillo y apuntó al primero que se acercaba caminando. La bala le reventó el ojo derecho, pero el ser continuó avanzando, ahora a un mayor ritmo. Estaba visto y comprobado que estas cosas eran cada vez más resistentes. ¿Qué harían esos terroristas con los virus para hacerlos más fuertes? Volvió a disparar, y esta vez el disparo impactó en el pecho. El perro se quedó en el suelo sobre un charco de sangre que era cada vez más abundante.

Pero eso pareció activar a los demás. Dio un paso atrás. La situación se estaba volviendo más crítica por segundos. Tal vez lo mejor sería retirarse. No le apetecía absolutamente nada tener un encontronazo con esas cosas. Debían quedarle unas siete balas en el cargador, así que debía aprovecharlas. Se tiró al suelo rodando sobre su costado cuando uno de los can saltó hacia él mordiendo el lugar en el que había estado segundos antes.

Sonó un disparo a su espalda. Frunció el ceño. ¿Había alguien que le estaba ayudando? Pensó inmediatamente en Jill, pero se dio cuenta de que era prácticamente imposible que lo hubiera encontrado tan pronto. ¿Habría algún superviviente? Si era así tenía que ayudarlo. Se incorporó viendo cómo una figura enmascarada disparaba. Tenía buena mano. Había eliminado a tres.

Eso hizo reaccionar a Leon. Se incorporó dando un salto y apuntó a la criatura que tenía más cerca. Un par de disparos fueron suficientes. Sin embargo, algo lo empujó haciéndole volver a caer al suelo, pero esta vez de espaldas. Se arrastró con los codos manteniendo las distancias y se giró en el momento en el que vio cómo la B.O.W. se dirigía hacia él.

Levantó una pierna y le propinó una patada en el hocico. El ser salió disparado y se chocó contra una farola. Sus sesos quedaron desperdigados por la carretera y el propio palo de la farola. Un solitario disparo de la otra figura y todo quedó en silencio. Se había acabado; esos perros habían sido eliminados. Sentía mucha curiosidad por conocer la identidad de su ayudante.

Se incorporó con lentitud sin perder de vista al extraño. Cada vez tenía más claro que esa persona pertenecía a algún cuerpo del Estado. Sus movimientos, su forma de disparar… Desde luego que no era una persona normal y corriente. Cogió su pistola, que estaba tirada en el suelo, y dio unos pasos sin saber muy bien cómo interactuar. ¿Debía mostrarse amable o dejar las cosas claras desde el primer momento?

Se le ocurrió por primera vez que podría tratarse de una trampa. ¿Y si era Sherawat la que estaba bajo esa máscara? Decidió que no guardaría la pistola por si acaso. Aunque si hubiera sido ella le hubiera disparado en cuanto hubiera tenido la ocasión. Bien. Mantendría las distancias por su bien.

-Gracias… -dijo deteniéndose a pocos metros del extraño. Ahora que lo observaba de cerca tenía una estatura más cercana a la de una mujer -. De no ser por tu ayuda ahora no sería más que pasto para esas criaturas.

La otra persona guardó silencio. Leon no tenía ni idea de qué podía estar pasando, pero aquello no le gustaba ni un pelo. Sabía que debía mantener la compostura y estar atento a cualquier señal extraña. Sí… muchos habían sido víctimas de emboscadas y sanguinarios crímenes tan sólo por el hecho de haber intentado echar una mano. No perdería esa idea de vista por si acaso.

-Leon… -y eso lo sorprendió aún más. ¡Esa persona lo conocía! Era una voz femenina, una voz demasiado… familiar. Aunque tenía la máscara que lo cubría no pudo evitar quedarse boquiabierto y poner los ojos como platos. Sabía quién era.

-Ada… -eso sí que era algo inesperado… aunque no tanto. Sabía que donde había un ataque bioterrorista ella estaba siempre pululando. Esa mujer era tan mezquina, inquietante y sexy… Era una combinación sumamente explosiva -. Apuesto mis extremidades a que estás buscando a Sherawat.

La espía guardó silencio. Leon ya conocía su juego demasiado bien. Posiblemente iría con evasivas y se largaría a la menos oportunidad dejándolo con la palabra en la boca. Hace unos años quizá se hubiera enfadado y hubiera puesto el grito en el cielo, como en Raccoon City, pero ahora ya estaba acostumbrado, y sabía que no podía esperar nada a cambio.

Siempre ayuda… aunque a su manera. Si está buscando a Sherawat tal vez pueda proponerle una especie de pacto para llegar hasta ella…

-Estaba dando un paseo por aquí hasta que la ciudad se fue a la mierda… -mintió la asiática dando unos pasos hacia él. El agente podía notar su cercanía. El pulso se le aceleró ligeramente. Esa mujer le provocaba sentimientos encontrados, pero siempre le había atraído hasta un punto inexplicable: muchos decían que no debía mezclarse con ella, pero siempre, de una forma u otra, le había ayudado a sobrevivir.

Leon sonrió bajo la máscara al escuchar la mentira tan grande que había soltado.

-Eso no te lo crees que ni tú… -respondió negando continuamente en silencio. ¿Hasta cuándo continuaría con ese juego? Nunca había sabido exactamente a qué bando pertenecía, pero lo que estaba claro era que siempre jugaba las cartas a su modo, como si fueran objetos de usar y tirar. ¿Quién no le decía que lo fuera a utilizar para llegar hasta Sherawat? -. Cuéntame todo lo que sepas… porque sé que no has venido aquí de turismo…

Ada guardó silencio. Si la presionaba quizá conseguiría algo de información. Sabía que lo más importante era encontrar a Jill antes de que resultara herida o algo peor… pero no podía dar de lado al hecho de que Ada podría ser una gran ayuda. No hacía falta más que ver cómo se había defendido de esas B.O.W.S. Raccoon City los había endurecido a todos; eso estaba claro.

La asiática siguió callada. ¿Tal vez estaba valorando qué iba a contarle? O puede que estuviera haciéndose la remolona. Lo único que tenía claro era que no estaba allí para perder el tiempo: su vida y la de su compañera estaba en juego, y cuanto más tardara en encontrarla, menos posibilidades tendrían de sobrevivir. Estuve a punto de decírselo cuando la espía habló.

-Oí que se iba a producir un ataque bioterrorista y decidí echar un vistazo para ver qué podía averiguar –le explicó encogiéndose ligeramente de hombros. Leon no se lo tragó. ¿Por qué siempre tenía que actuar con mentiras y evasivas? Era la tónica de siempre.

-Déjame adivinarlo… -la interrumpió cruzándose de brazos. Estaba empezando a cansarse un poco de toda esa historia -. Te manda Wesker. Sé que hay algún tipo de conexión.

-Vaya, veo que sigues haciendo los deberes… -ironizó Ada sin poder evitar sonreír. Nunca iba a cambiar, y siempre se adelantaba a sus movimientos. Había mejorado mucho desde su primer encontronazo. Trabajar para el gobierno le estaba sentando de maravilla -. ¿Qué sabes del ataque?

-Hasta ahora, poco. Sherawat y Lansdale siguen cooperando, y decidieron poner en marcha algún maquiavélico plan –se detuvo unos instantes. ¿Debía seguir contándole lo poco que sabía hasta ahora? -. Descubrimos que Lansdale tenía una base en Chicago desde la que operaba en secreto. Chris Redfield está encargándose de ello.

Ada volvió a quedarse en silencio, como si estuviera valorando todo lo que le había soltado. Aún no sabía si podía confiar en ella; siempre le provocaba esa duda. Nunca sabía si sus intenciones eran ayudar o utilizarlo para sus intereses.

-¿Está la B.S.A.A. por aquí? –preguntó con un deje de curiosidad que a Leon no le pasó por alto.

-No. Sólo me acompaña Jill Valentine.

-¿Y dónde está? –no era que se sintiera preocupada por su ausencia, pero en una situación tan caótica era un suicidio separarse.

-Nos perseguía una horda y nos vimos obligados a huir –guardó silencio. No sabía si decirle a Ada que estaba persiguiendo a Sherawat. Tal vez podía ser un gancho para que le echara una mano; podría ser una buena táctica para darle a probar de su propia medicina -. Vimos a Sherawat… Lo mismo va tras ella. Tenemos que evitar que esto se escape aún más de las manos…

Ada se quedó callada. Leon no sabía cómo interpretarlo. Siempre era un hueso duro de roer. Por unos instantes deseó poder verle el rostro, interpretar su expresión. Un ruido los alertó. No hacía falta mucho para darse cuenta de que se avecinaban problemas. Miró de un lado a otro. Necesitaba encontrar un lugar donde ocultarse. No había demasiado… salvo un pequeño habitáculo que era un baño.

-Allí… -murmuró tocándole ligeramente el hombro a la asiática, que asintió rápidamente al darse cuenta del plan.

El agente fue el primero en llegar. Giró el pomo y abrió la puerta de un tirón. Accedió al interior sin mirar atrás y esperó a que Ada cruzara. Cerró la puerta y se pegó todo lo posible a la pared. El espacio era bastante reducido, pero lo más importante en ese momento era pasar desapercibidos. El olor a orina era historia desagradable, pero no debía ponerse a pensar en ello; los gemidos se iban escuchando cada vez con más intensidad.

Ada se pegó a su cuerpo. Sintió como una especie de descarga eléctrica. No sabía qué tenía que le atraía como un imán. Podía sentir su cercanía con tan sólo mover un pie. En la calle se oía bastante alboroto, el suficiente para saber que, salvo que los hubieran visto, estarían a salvo. Sería un accidente demasiado casual que dieran con ellos estando allí ocultos.

Leon no tenía ni idea de cuántos eran, pero a juzgar por sus gritos y las pisadas, debían ser al menos quince. La idea de salir al exterior y enfrentarse a ellos estaba perdiendo cada vez más peso. Intentó encontrar alguna forma de echar un vistazo al exterior, pero todo estaba bien cubierto.

De pronto, se escuchó un golpe que hizo vibrar la puerta. Leon y Ada intercambiaron una rápida mirada aunque era imposible saber qué era lo que pensaba cada uno; aquello estaba completamente oscuro, y no podían quitarse las máscaras bajo ningún concepto. El ruido volvió a sucederse. La puerta cedió un poco. El agente se separó de la pared y se apoyó contra la puerta regañándose mentalmente por no haber echado el pestillo… si es que lo tenía.

La fuerza con la que la criatura que estaba al otro lado golpeaba no era soportable, así que imaginó que sólo se trataba de uno. Pareció desistir. La puerta no volvió a moverse, y cada vez los pasos se escuchaban más lejanos. ¿Pero cuántas hordas de ésas había en la ciudad? ¡Era una auténtica locura! Esperó pacientemente otros segundos por si había algún regazado.

No se oía absolutamente nada. El silencio era absoluto. Agarró el pomo y lo giró con lentitud, intentando hacer el menor ruido posible. Abrió la puerta dejándola sola unos centímetros abierta, los suficientes como para observar la calle de derecha a izquierda. A simple vista no consiguió ver nada. Abrió un poco más. Todo estaba despejado. Se habían largado.

-Vía libre –anunció en voz baja sin dejar de vigilar. Su pistola estaba bien preparada por si necesitaba usarla. Esos bichos tenían la manía de aparecer en los momentos más inoportunos. La asiática salió al exterior echando un vistazo también. Se fiaba de Leon, pero ya había tenido suficientes aventuras en el pasado -. Ha ido de un pelo.

-Y que lo digas… -asintió Ada sin dejar de apuntar a un lado y a otro. Desde luego que iba a ser difícil encontrar a Sherawat con toda la mierda que había montada en la ciudad -. Será mejor que cada uno continúe con su tarea antes de que esto se vuelva una auténtica locura…

Leon agarró a Ada del brazo. No podía dejar que se marchara así como así. Sabía que ambos podían salir ilesos de una situación que se estaba volviendo más y más complicada conforme pasaba el tiempo. Siempre había sentido que su deber era protegerla, pero ella no lo ponía nada fácil: era autosuficiente, arrogante… y le había salvado la vida dos veces.

-Creo que ambos buscamos lo mismo –fue lo único que logró decir para intentar convencerla. Siempre era un hueso duro, pero debía hacer lo imposible para hacerla entrar en razón -. Todo será más fácil si seguimos juntos.

-Leon… -Ada no sabía qué responder. Le apetecía mucho unir fuerzas con él. Era un gran hombre que se había forjado a sí mismo a base de palos y duro entrenamiento. Wesker siempre había insistido en la necesidad de eliminarlo, y ella sabía perfectamente por qué: era un superviviente de Raccoon City, un hombre hecho de una pasta especial que sobrevivía pasara lo que pasase… y un motivo de distracción. Nunca había intentado interponerse en su camino, pero habían tenido algún que otro rifirrafe por las muestras -. Lo siento, pero pueden vernos juntos…

Bajo la máscara, Leon arqueó una ceja sorprendido. ¿Tal era el control que ejercía Wesker sobre ella? Aunque nunca sabía de qué lado estaba, no había ningún tipo de duda de que nunca había intentado matarlo, eso sin contar aquella vez en España que lo apuntó cuando sostenía la única muestra de las Plagas que no había sido destruida.

-Ada… -no tenía ni idea de cómo decírselo, pero debía hacer todo lo necesario para que se quedara a su lado -. Nunca sé qué vas a decir o hacer para quitarte de en medio –tal vez era un poco brusco, pero quizá serviría como toque de atención -. No sé qué clase de negocio tienes con Wesker, pero lo que está claro es que nunca has querido utilizar el virus para hacer daño… Sé que no eres de esa clase de persona –guardó silencio intentando obtener alguna respuesta o reacción… pero seguía callada -. Ambos queremos evitar que esta catástrofe vaya a más: tú cogerás tu muestra y te largarás, como siempre, y yo intentaré junto a Jill minimizar los daños que ha producido Sherawat… aunque a estas alturas lo veo bastante complicado.

La espía se cruzó de brazos a la altura del pecho, pensativa. Sabía que no le hacía daño a nadie echando una mano, y eso le permitiría llegar a su objetivo fácilmente. Leon siempre le había caído bien: su forma de preocuparse por los demás, de querer ayudar pasara lo que pasase… Le había cautivado por mucho que se negara a pensarlo. Estaba en una encrucijada: ¿y si, de alguna forma, se veía obligada a abandonarlo a su suerte porque tenía la posibilidad de completar la misión?

Tenía que decidirse ya; los terroristas y los virus no esperaban eternamente. Y no debía olvidarse tampoco de Valentine, que estaba en algún lugar de la ciudad persiguiendo a Sherawat. Eso, sin saber por qué, la puso en alerta. No era tan imprudente y cabezona como Redfield, pero estaba segura de que si se le ofrecía la oportunidad no dudaría en disparar… y si la muestra no estaba por allí necesitaba a Sherawat viva.

-Está bien –dictaminó emitiendo luego un suspiro. Esperaba no arrepentirse -. Busquemos a esas dos antes de que se maten.

Leon asintió aliviado. Era imposible que consiguiera salir ileso sin su ayuda. Pero, por si acaso, no le quitaría el ojo de encima.

Jill no dejó de mirar atrás en ningún momento. Sabía que si lo hacía perdería unos segundos valiosísimos. La bolsa le pesaba bastante, pero no podía entretenerse ahora con eso. La horda se acercaba a una velocidad de vértigo, y si no aceleraba el ritmo era muy probable que la alcanzaran. Espera que Leon la estuviera siguiendo de cerca, porque ni siquiera había tenido tiempo para comprobarlo.

Venciendo a sus impulso echó un rápido vistazo… y no sabía si sentirse aliviada o preocupada. Los infectados habían quedado muy atrás, tanto que apenas eran visibles desde la distancia. Y Leon no estaba por ninguna parte. ¿Dónde demonios se había metido?

-¿Leon? –lo llamó elevando su preocupada voz. Silencio. Tragó saliva con dificultad. ¿Y qué iba a hacer ahora? Volvió sus pasos mirando a un lado y a otro, pero el agente no estaba por ninguna parte -. ¡Leon! ¿Me escuchas?

Esto se estaba poniendo feo, demasiado feo. Se apoyó contra la pared y respiró hondo. Leon se había quedado rezagado, la ayuda posiblemente tardaría bastantes horas en llegar, Jessica estaba sacándole cada vez más ventaja… y había muchas más criaturas conforme pasaba el tiempo. Cerró los ojos negando constantemente en silencio. Debía tranquilizarse. Si de algo se sentía orgullosa era de su capacidad para controlar la situación pasara lo que pasase. De no ser así no habría sobrevivido ni a la mansión Spencer o a Raccoon City por poner un ejemplo… aunque siempre había contado con ayuda.

Sostuvo con fuerza la pistola. Lo único que podía hacer era continuar con la misión. Jessica no le sacaba demasiada ventaja, tal vez un par de manzanas de ventaja. El problema era que había tantas calles que aquello se convertía en una auténtica ratonera. Sólo esperaba no equivocarse y acabar por accidente en un callejón sin salida o en una trampa preparada por esa hija de puta.

Volvió a echarse la mochila al hombro para colocarla en una posición más cómoda, y comenzó a andar alejándose todo lo posible del peligro. La ciudad era un peligro constante, así que no podía decirse que estuviera a salvo durante mucho tiempo. Siguió recto hasta una pequeña bifurcación. Echó un rápido vistazo a derecha y a izquierda, pero todo estaba desierto.

La cuestión ahora era decidir el camino correcto. Sherawat podría haber ido en cualquier dirección. Decidió buscar alguna pista que le ayudara algo en su búsqueda: unas balas, algún rastro de sangre, un cuerpo, lo que fuera. Observó detenidamente el asfalto: había algunos charcos de aguas que se habían formado a partir de una fuente que soltaba agua sin parar.

Pero no había nada de provecho. Miró por entre los coches, por debajo, en un parque infantil que tenía cerca, pero esa zorra se las estaba apañando muy bien para borrar todos sus rastros. Miró a la derecha. Había un pequeño callejón con una escalera metálica que subía a lo alto de lo que parecía ser un restaurante. Lo pensó durante unos instantes. Tal vez si subiera allí podría tener una mejor perspectiva de las calles venideras, y con un poco de suerte podría localizar a su objetivo.

Estaba decidido. Echó a correr hacia la escalerilla agarrando con fuerza la mochila. Subió los peldaños a buen ritmo hasta llegar arriba. Fue la primera vez en las horas anteriores que sintió que allí estaba a salvo momentáneamente. Dejó la mochila en el suelo y la abrió. Estaba convencida de haber cogido unos prismáticos del suministro del cuartel.

Echó a un lado todos los cargadores y las armas sin dar con los prismáticos. Lamentaba que Leon no llevara encima algo más que un par de cargadores y una pistola. Sabía que tenía que encontrarlo deprisa antes de que ocurriera una desgracia… pero Jessica estaba cerca. Lo presentía. Leon había demostrado numerosas veces que sabía cuidar de sí mismo muy bien.

Y entonces los encontró. Se acercó al borde que estaba más pegado a la carretera por la que había accedido y contempló a través del binocular el espacio que la rodeaba. La zona en la que se había separado de Leon estaba completamente llena de infectados. Tal y como había pensado, era un completo suicidio dar la vuelta. Al menos estaban bastante lejos.

Miró a la derecha. Había una enorme barricada que bloqueaba al acceso casi a un kilómetro de distancia. Suerte que no había optado por coger por allí, porque habría tenido que darse la vuelta; su sentido de la orientación seguía estando intacto como siempre. A la izquierda había un conjunto de edificios que dificultaba la visión. Apoyó un pie sobre el borde y se inclinó un poco más, pero era imposible distinguir algo.

En la parte trasera había una arboleda bastante espesa que cubría una extensión bastante considerable. No se apreciaba nada extraño por allí. Se apartó un poco los prismáticos resoplando. Le gustaría echar un vistazo en mayor profundidad a esa zona de edificios; puede que Sherawat estuviera por allí. El problema era llegar hasta allí; ir por carretera quizá era demasiado arriesgado.

El negocio que estaba al lado tenía una altura parecida a la superficie sobre la que estaba, y tampoco había mucha distancia entre uno y otro; unos dos metros quizá. Sólo se le ocurría una cosa: saltar de un edificio a otro. Sabía que era complicado, y que si se quedaba corta o cometía cualquier otro error podría ser fatal. Cogió la bolsa del suelo y se acercó al borde más cercano.

Movió la bolsa hacia delante y hacia atrás con la suficiente fuerza como para hacer un lanzamiento perfecto. Realizó los mismos movimientos durante unos instantes más y la lanzó. Vio cómo se elevaba en el aire y cómo poco a poco iba cayendo hasta dar en la superficie del otro edificio. Suspiró aliviada. Había pasado la primera prueba con bastante nota. Ahora quedaba lo más difícil: cruzar sin morir en el intento.

Observó fijamente su destino. Cogió aire lentamente y lo expulsó. Repitió la misma operación tres veces y dio unos pasos hacia atrás. Necesitaba dar una buena carrera para llegar al otro edificio sin sufrir ningún percance. Enfundó su arma en la pierna derecha, y levantó el brazo izquierdo sin apartar la mirada del borde. Dio una primera zancada corta y luego aumentó el ritmo conforme se iba acercando al precipicio.

Pisó con decisión y encogió ligeramente las piernas para ganar más impulso, como le habían enseñado en el entrenamiento básico de los S.T.A.R.S. hacía ya algunos años. Qué bien sentaba saber que las buenas nunca se iban. Se elevó bastantes metros, aunque tenía que no los suficientes. Estiró los brazos conforme se iba acercando al otro lado, y se agarró con fuerza con la mano izquierda.

Se tambaleó ligeramente, pero había sido un buen salto finalmente. Levantó el brazo derecho e intentó impulsarse, pero apenas tenía fuerzas.

-¡Ah! –exclamó en el momento en el que la pierna derecha se le resbalaba. Se golpeó contra la pared, y la pistola salió despedida hacia abajo -. ¡No!

No pudo hacer más que observar cómo su arma se perdía de vista hasta caer cerca de unas cajas de cartón. Necesitaba recuperarla como fuera, aunque tenía cosas más importantes de las que preocuparse. Volvió a mirar hacia arriba y se agarró con ambas manos al borde. Apoyó las piernas para hacer palanca y mantuvo la posición durante unos segundos intentando coger el mayor impulso posible.

Con las piernas como apoyo, apretó los dientes y esta vez consiguió pasar la rodilla izquierda por encima del borde. Segundos después ya estaba a salvo sobre el tejado del negocio. Se dejó caer junto a la mochila completamente agotada. Había sido un viajecito corto pero bastante intenso. Su respiración aún estaba bastante agitada, pero no era nada que pudiera arreglar unos segundos de descanso.

Se incorporó un poco y volvió a recuperar los prismáticos, que estaban en la parte superior del interior de la bolsa. Era una pena que hubiera dejado caer su pistola de esa forma. Tenía armamento de sobra, pero esa pistola la llevaba siguiendo desde que se había inaugurado la B.S.A.A. hacía un par de años. Era, por así decirlo, como una especie de amuleto de la suerte.

Además, había sido un regalo de Chris por haberle ayudado a fundar la organización de la que ambos eran accionistas y activos participantes en todas las misiones que se desarrollaban. Sabía que no debía pensar en él tal y como estaba la situación y lo que había hecho, pero no podía evitar tener la sensación de que tanto su compañero como su hermana también estarían pasando lo suyo en Chicago.

Tal y como había predicho, desde allí tenía una mejor visión de la zona que quedaba oculta por los edificios. Parecía desembocar a una avenida, una bastante larga y que estaba desierta. Se colocó mejor los prismáticos y decidió echar un vistazo para estar del todo segura. Había varios vehículos abandonados, alguna papelera echando humo y comercios destrozados por completo.

Parecía que por allí se había producido una buena movida. Tal vez no sería muy buena idea seguir en aquella dirección, aunque seguía teniendo la sensación de que Jessica estaba en algún lugar de allí. De pronto, se oyeron disparos. El corazón empezó a latirle con más fuerza. Tenía que ser ella. ¿Dónde demonios estaba? Movió la cabeza de un lado a otro con nerviosismo.

-¿Dónde estás, hija de puta? –murmuró echando un vistazo de derecha a izquierda, y de arriba abajo. Y entonces, vio algo que le heló la sangre -. Santo Dios…

Por la avenida había un grupo de criaturas, y todas ellas le eran muy conocidas: esos seres parecidos a unas masas que habían encontrado en la playa del Mediterráneo, y los Oozes, esas criaturas enormes con garras afiladas y dientes largos capaz de chupar y arrancar miembros del cuerpo. ¡Esa loca los había dejado sueltos!

¡Y allí estaba ella! Estaba en mitad de la calle con un rifle disparando a diestro y siniestro mientras intentaba huir sin demasiado éxito. Sabía que era peligroso internarse por esa zona plagada de infectados, pero era la oportunidad perfecta para atraparla. No podía perder más tiempo. Además, no estaba demasiado lejos, tal vez a un par de manzanas; en poco más de tres minutos estaría allí.

Encontraría una forma de llegar… y de recuperar su pistola.


Mmm... Ada como siempre apareciendo en el momento oportuno. ¿Cuáles serán sus intenciones? ¿Ayudará realmente a Leon?

Stardust4: aquí todos van a tener su oportunidad, aunque siempre haya alguien que lo observa todo desde las sombras y no se atreva a dar un paso en falso. Digamos que Steve está empezando a sufrir los efectos del virus que hay en su cuerpo, y eso me temo que no es nada bueno... Feliz año nuevo y que te vaya todo muy bien ;)

Xaori: yo también los odio, por eso los he incluido jajaja Recuerdo como si fuera ayer la vez que vuelves desde la casa de invitados a la mansión y te ataca el primer hunter... Qué mal lo pasé, y eso que iba con la escopeta xD Aún no quiero decir nada, pero me da que todo el tema de Steve tiene muy mala pinta... Ya lo verás en el próximo capítulo que estoy escribiendo. Feliz año amiga, por un año más escribiendo fics locos :D

Me despido por este año. Os deseo a todos un feliz año. See you in 2018!