¡Muy buenas a todos! Espero que hayáis empezado el año con buen pie. Tal y como os prometí aquí estoy con un nuevo capítulo. Esto cada vez pinta más a lucha a muerte ;)


El episodio del centro comercial había quedado atrás. Llevaban varios minutos de bastante calma, y eso era algo que, en cierto sentido, les preocupaba. ¿Quería decir eso que todo el mundo había sido pasto de las B.O.W.S.? Chris sabía por experiencia que la ciudad tardaría mucho tiempo en recuperarse, y no podía hacer otra cosa más que lamentar la mala suerte que habían corrido todos los ciudadanos.

Wesker aún no se había mostrado, y estaba seguro de que no tardaría en hacerlo; era su estilo: permanecer en las sombras y aparecer en el momento adecuado. Siempre lo había hecho. Debía reconocer que sin su ayuda Jill y él no habrían conseguido las pruebas necesarias para desmantelar a Umbrella. ¿Por qué lo había hecho? ¿Una especie de venganza personal contra Spencer?

Habían descubierto que sus intenciones no eran otras que robar todos los datos de la desaparecida corporación para hacerse con el absoluto control de todos sus datos y manejarlos a su antojo. Lo había conseguido en Rusia, a la sombra de todo, cuando Jill y él estaban peleando contra la última B.O.W. que Umbrella había creado antes de desaparecer.

Siempre los había estado observando desde la distancia, y sin saber cómo, conseguía ir siempre un paso por delante. Llevaban mucho tiempo dándole vueltas, y la única respuesta que se les ocurría era que, con todos esos datos, quería crear una nueva cepa superior, con la que infectar y esclavizar a todo el mundo. Estaba, por así decirlo, allanándose el camino y aprovechando que la B.S.A.A. hacía el trabajo sucio.

Oyó un grito lejano, como si alguien estuviera pidiendo ayuda. Chris levantó una mano indicándole a Claire que se detuviera. Quería estar seguro de todo lo que hacía antes de conducirlos por error a una trampa mortal. No había un enemigo solo, y por eso tenían que extremar mucho más las precauciones. La pelirroja también había oído algo, y permanecía atenta a cualquier movimiento sospechoso que se produjera; ya habían tenido suficientes sorpresas.

No podía dejar de pensar en Steve. ¿Qué demonios le había hecho Wesker? Ojalá pudiera volver a hablar con él, aunque lo cierto era que no parecía demasiado comunicativo. El virus lo había cambiado, lo había transformado en una cosa que ya no era ese chaval despreocupado que la ayudó a escapar de la isla de Rockfort. No sabía qué haría si llegaba el momento de tener que decidir… Steve no era malo; sólo era un esclavo más del virus.

Chris no se movió. El grito no volvió a repetirse. Bajó ligeramente la pistola, aunque sin dejar de estar atento a los alrededores. Tenía la sensación de estar siendo vigilado constantemente… y sabía que Wesker tenía algo que ver con ello. Estaba convencido de que no tardaría en aparecer, y quería estar preparado para recibirlo como se merecía. Unos arbustos se movieron a su izquierda.

-¡Ah! –exclamó su hermana al verlo por el rabillo del ojo. El mayor de los Redfield se llevó un dedo a los labios mientras con la otra mano apuntaba a un árbol bastante grande.

Dio unos decididos pasos hacia allí. Iba a hacer salir a lo que quiera que hubiera allí fuera como fuese. Claire observaba cómo su hermano se acercaba poco a poco a la zona donde se habían movido los arbustos. Apuntó también en esa dirección preparada para disparar a la primera cosa que saliera. Chris ya estaba a escasos metros del árbol. Se detuvo echando un rápido vistazo y continuó hasta llegar al tronco.

Apoyó una mano y echó un vistazo por la parte derecha sin dejar de apuntar. Allí no había absolutamente nada. Se separó un poco del tronco y dirigió sus pasos unos metros más al norte. Miró de un lado a otro, pero no conseguía ver nada. ¿Qué diablos había sido eso? Debía volver inmediatamente con Claire. No podía perderla de vista. Se giró, y de pronto, algo cayó sobre su espalda, derribándolo.

-¡Chris! –gritó la pelirroja viendo cómo un cazador había saltado desde una rama. La escopeta del ex miembro de S.T.A.R.S. había salido disparada varios metros a la izquierda, y era imposible que pudiera alcanzarla.

Claire levantó su arma dispuesta a disparar. De pronto, desde su derecha, vio cómo alguien corría hacia ellos a toda velocidad. Se quedó perpleja. ¡Esa persona parecía estar en llamas!

Steve llevaba un tiempo vagando por las calles sin encontrar absolutamente nada interesante. La forma en la que se había deshecho de esas criaturas aún estaba en su mente. Era poderoso; su maestro se lo había repetido varias veces, y lo único que tenía que hacer era poner a prueba sus habilidades. Ya no tenía miedo a nada, y sus dudas se habían disipado por completo: ahora obedecía a su maestro, y si él le había ordenado que destruyera todo lo que encontrara a su paso, eso haría.

Había una papelera ardiendo un poco más adelante. El fuego era un gran aliado, y le permitiría terminar la misión con éxito. ¿Desde cuándo un ser humano se había sentido como si estuviera en otra dimensión, más real, más tangible? Al principio había tenido sus dudas, mucho miedo y, sobre todo, desconocimiento. Ahora todo había cambiado, y no había nada ni nadie que pudiera detenerle.

De repente, un hombre vestido con ropas militares corría hacia él agarrándose el hombro izquierdo. En la otra mano llevaba un rifle que estaba algo manchado de sangre. ¿Era ésta otra prueba que tenía que superar? El tiempo lo diría. Se detuvo observando cómo el tipo se acercaba cada vez más sin haberse percatado de su presencia. No fue hasta que casi se le echa encima cuando el extraño abrió los ojos de par en par, tal vez sorprendido.

-¡Gracias a Dios que encuentro a alguien! –exclamó tras unos incómodos segundos de silencio. Steve no tenía intención de perder el tiempo con ese individuo, pero si le daba el coñazo no dudaría en quitárselo de en medio. El militar se quedó observándolo como si no hubiera visto nada igual nunca -. Esas personas… ¡están locas! No te acerques a ellas. ¡Me han arañado y mordido!

Y, efectivamente, Steve observó cómo la sangre procedía de una mordedura que tenía en el hombro que se sujetaba. Ese hombre estaba condenado, como todos los demás. No había ninguna posibilidad para él; no había sido elegido. Tenía que eliminarlo antes de que fuera un problema más gordo.

-Sólo actúan por necesidad, por sed de hambre… y rabia –le explicó con un tono de voz que sonaba aburrido. El militar se lo quedó mirando frunciendo el ceño. Era tan estúpido que ni siquiera entendía que el mundo estaba empezando a cambiar.

-¿De qué demonios estás hablando? ¡Tenemos que salir cagando leches de aquí!

-No puedo –respondió con una mirada que pretendía ser dura. Seguía allí perdiendo el tiempo, y eso que se había prometido que se encargaría de cualquier cosa que fuera un obstáculo -. Tengo una misión que cumplir, y no puedo irme hasta haberla terminado.

Y dio unos pasos intentando alejarse. No sabía cuánto tiempo tardaría en llegar la ayuda del exterior, pero todas las autoridades estarían advertidas, y el margen de maniobra era cada vez menor. De pronto, el extraño lo agarró del brazo izquierdo, y se retiró de inmediato gritando.

-¡Joder! ¿Pero qué demonios te pasa? –dejó caer el rifle moviendo la mano de arriba abajo como si con eso fuera a quitarse el dolor -. ¡Estás ardiendo!

Steve sonrió. Sentía que estaba cada vez más preparado para el desafío, aunque tal vez necesitara un pequeño empujón para hacer lo que iba a hacer. Agarró al tipo por el cuello ante la mirada de sorpresa de éste. Era fuerte, pero Steve le superaba con creces a pesar de que estaba bastante delgado; se le notaban todos los huesos. El militar intentó soltarse sin demasiado éxito; el aire estaba empezando a faltarle.

-¿Qué… quieres? –logró decir entre toses viendo cómo el extraño seguía sin aflojar. No entendía de dónde sacaba tanta fuerza con lo débil que se le veía. Tenía que estar contagiado o algo de eso; no encontraba otra explicación.

Steve tomó aire, y se preparó para lo que iba a hacer. Envió toda la fuerza a su brazo derecho, y de él empezaron a salir unas llamas débiles, pero que fueron ganando en intensidad. Observó detenidamente al hombre, que seguía luchando inútilmente. Quería comprobarlo, quería ser… como su maestro.

-¡Ah! –el grito le salió del alma. Las llamas fueron directas a la cara del tipo, que empezó a emitir chillidos de dolor y de angustia mientras su cuerpo se calcinaba.

Steve lo dejó caer al suelo sin apartar la mirada ni un instante. Todo se consumía tan rápidamente… En pocos segundos el militar se quedó inerte en el suelo, con todo el cuerpo carbonizado. ¿Qué había cambiado para que todas sus dudas se disiparan? Estaba seguro de que su creador tenía algo que ver. Observó detenidamente su nueva obra de arte. Lo tenía todo: fuerza, rapidez, poder… No podía pedir más.

Lo único que esperaba era que los gritos no hubieran alertado a algún otro superviviente perdido… sobre todo a cierta pelirroja con la que tenía muchas ganas de encontrarse. Quería seguir probándose y descubrir hasta dónde era capaz de llegar, así que decidió continuar no sin antes echar un vistazo al cadáver por si llevaba algo de utilidad.

El rifle podría ser un buen aliado. Siempre le habían gustado esos trastos, pero lo cierto era que no le hacía ninguna falta. ¿Sería capaz también de esquivar disparos? Sería algo muy interesante de ver. No creía que tuviera la suficiente velocidad, pero no perdía nada por probarlo.

Oh, querido Steve. Ese privilegio todavía no te ha sido concedido. Pero vas por el buen camino. Estás haciendo un trabajo formidable; estoy muy orgulloso de ti.

Steve miró de un lado a otro intentando descubrir la ubicación de la persona que se estaba dirigiendo a él. El maestro tenía que estar por allí cerca, pero no conseguía verlo. ¿Dónde demonios estaba? Dio una vuelta de un lado a otro de la calle, pero no logró encontrarlo. Había sonado muy cerca… como si estuviera dentro de su cabeza. ¿Era posible que pudiera leerle la mente?

Puedo leer parte de tus pensamientos y comunicarte contigo si es lo que te preocupa…

Definitivamente la voz de su señor sonaba en su cabeza. Tenía que haber una especie de conexión entre ambos que permitiera esa conexión. ¿Cómo lo había logrado? Tenía tantas preguntas que hacerle… pero no tenía del todo claro que las respondiera; siempre había sido un poco mezquino, o eso era lo poco que conocía de él. Decidió probar si él podía intentar comunicarse también.

¿Por qué puedo utilizar el fuego? ¿Qué es esa sensación de rabia que fluye en mi interior? Creo que puede ayudarme a responder a esas preguntas.

Claro que puedo… Sólo eres un joven perdido en buscar de un lugar en este mundo de hipócritas y locos… Me estoy asegurando de llevarte por el buen camino… Por el bien de los dos…

Sigue sin responder a mis preguntas…

Hubo una pequeña pausa. No sabía si estaba jugando con él, pero lo único que tenía claro era que no le hacía ninguna gracia. Si al menos tuviera un objetivo claro y entendiera algo más sobre su condición podría actuar en consecuencia.

En tu interior brota una energía que se está acoplando a tu cuerpo, proporcionándote unas habilidades fuera de lo común… Quiero probar si en este mundo, además de mí, hay alguien digno de ese poder… Tú por ahora estás respondiendo muy bien a las expectativas… Eres toda una promesa.

¿Y de dónde viene esa energía? ¿Nací con ella?

No… Pero se puede decir que has nacido por segunda vez… Más poderoso, más fuerte, más ágil… Eres una versión prototipo de mí…

Eso no era exactamente lo que esperaba oír, pero estaba algo más tranquilo. Esa fuerza que notaba en su interior era la que estaba produciendo ese calor que desprendía… Era una sensación bastante incómoda, pero ya se había acostumbrado a ella… Le hacía sentir bien, seguro de sí mismo y de lo que estaba haciendo.

Tengo más trabajo para ti, querido. Tengo a cierta pelirroja en el campo de visión. No está demasiado lejos de ti… Puedes ir a hacerle una visita y demostrarle tu gratitud por ofrecerse como conejillo de indias…

Eso sí que no lo esperaba. Steve se quedó boquiabierto. Esa chica… Estaba muy presente en su subconsciente, demasiado… Como si hubiera formado parte de su pasado o algo de eso. No tenía muy claro si estaba de su lado o contra él, pero debía obedecer las órdenes de su amo. Cerró los ojos, y se percató de que un par de calles más allá un cazador estaba rondando. Esa conexión que tenía con esos seres era bastante útil, pero le producía cierto malestar.

Debía seguirlo. Algo le decía que la pelirroja estaba por allí. Su creador no volvió a dirigirse a él, así que no le quedó más remedio que emprender el camino. Echó a correr sin sentir una pizca de cansancio ¿Esa fuerza también era capaz de reducir el cansancio? ¿Por qué su amo no había sido más preciso con las explicaciones? Era un auténtico misterio, y tal vez quería que lo descubriera por sí mismo.

Ya estaba cerca. Vio a la criatura saltar sobre la espalda de un tipo al que tiró al suelo. ¿Qué debía hacer? Los ayudaría… y luego podría encontrar algunas respuestas… o eso esperaba. Deseó con todas sus fuerzas lanzar fuego contra la criatura, y como si algo obedeciera su pensamiento, su brazo empezó a arder. Continuó corriendo. Ya podía sentir la sed de sangre del ser que estaba a punto de despedazar a ese pobre infeliz.

Dio un salto y elevó el brazo. Lo echó hacia atrás y golpeó con fuerza a la criatura en la espalda. Salió disparada hacia la izquierda completamente en llamas. Chillaba de dolor. Todas sus extremidades estaban quedando consumidas por el fuego. Con un gemido lastimero se quedó tumbada en el suelo, inerte, con un fuerte olor a carne quemada en el ambiente.

-¡Steve! –se dio la vuelta lentamente. Y allí estaba ella. Era hora de encontrar algunas respuestas.

Claire observó con los ojos como platos cómo una figura que echaba llamas le quitaba la B.O.W. de encima a Chris, que parecía no haberse dado cuenta de nada; todo había sucedido demasiado rápido. Había dado un salto tremendo… ¡y su brazo estaba ardiendo! ¿Qué demonios significaba eso? ¿Cómo lo hacía? Algo le decía que alguna clase de virus estaba actuando en su interior, y tenía toda la pinta que era el T-Veronica.

Se puso aún más alerta. Si Steve estaba por allí quería decir que Wesker estaría rondando por algún lugar cercano. Sin bajar su arma observó cómo Steve miraba con una mezcla de satisfacción y asco cómo el cadáver de la criatura se consumía. Chris aún estaba en el suelo contemplando boquiabierto la escena.

-¡Steve! –lo llamó la pelirroja con un deje de preocupación. El aludido se dio la vuelta despacio, con la mirada al frente. Claire tragó saliva con dificultad. No había esperado ese encuentro ni mucho menos, y lo cierto era que no sabía cómo afrontarlo.

El joven se quedó observando a los Redfield con una mirada vacía, como si estuviera decidiendo qué hacer con ellos. Chris se incorporó con lentitud buscando su escopeta; estaba a los pies de Steve. Se quedó quieto. Sabía que, con toda probabilidad, si daba un paso en falso, no se lo pensaría dos veces antes de hacerle lo mismo que al cazador.

-Steve, ¿serías tan amable de pasarme la escopeta, por favor? –le pidió con un tono de voz que intentaba que fuera conciliador. Era muy importante manejar el tacto en esta situación, algo que Claire le había estado intentando inculcar desde hacía tiempo pero del que carecía en absoluto. Era un hombre de acción, no de negocios. Si se ponía chulito no iba a dudar en plantarle cara.

-¿Quiénes sois? ¿Por qué me conocéis? ¿Cuáles son vuestras intenciones? –les preguntó casi de forma atropellada sin hacer caso del ruego del mayor de los Redfield, que había dejado de avanzar al detectar que no estaba demasiado dispuesto a cooperar. Los Redfield compartieron una rápida mirada, y esta vez fue Claire la que intervino.

-Steve, soy Claire… Estuvimos juntos en la isla de Rockfort, ¿no te acuerdas? Me ayudaste a escapar.

El joven frunció el ceño. ¿La isla de Rockfort? ¿Se supone que tenía que significar algo para él? Y entonces cayó en la cuenta de algo en lo que no había pensado hasta ahora: ¿y si todo era cuento para hacerle bajar la guardia y hacerle daño? Algo en su interior le decía que esa chica estaba en algún lugar de su pasado, pero era incapaz de recordar el dónde o el cómo.

-¿Debería sonarme? –contestó con un tono algo más duro. No estaba dispuesto a dejarse amedrentar. Ninguno dijo nada. La menor de los Redfield dio unos pasos hacia él, y se apartó con violencia. La chica se detuvo sorprendida -. ¡Atrás! Me habláis de cosas que no tienen ningún sentido para mí…

-No sé qué es lo que habrá pasado en tu cuerpo para… -Chris se detuvo intentando encontrar una buena explicación a lo que acababa de ver. Cada día los virus lo sorprendían más -. Estás bajo el poder de un virus, el T Veronica posiblemente, aunque bastante mejorado.

Steve volvió a fruncir el ceño. Le estaban comiendo la cabeza; no había otra explicación. Todo lo que estaban diciendo se lo estaban inventando; querían que bajara la guardia… y no estaba dispuesto a ceder lo más mínimo. Debía reunirse con su maestro lo antes posible; estaba seguro de que él podría decirle quiénes eran esas personas que estaban metiéndole tanta mierda en la cabeza.

-Umbrella nos capturó –volvió a intervenir la pelirroja con algo de desesperación en su voz -. Estuvimos encerrados meses en Rockfort… Luchamos contra los Ashford: Alexia, Alfred… ¡Tienes que recordarlo! Cogimos un hidroavión pensando que huíamos de la isla, y Alfred nos tendió una trampa y nos mandó a otra instalación de Umbrella en la Antártida… Allí… Nos separamos…

Y donde posiblemente dejaste de ser humano para siempre… Alexia experimentó con tu cuerpo, y te convertiste en una marioneta más del T Veronica… Algo que casi me cuesta la vida…

Steve se quedó pensativo, como si estuviera intentando darle sentido a todo lo que había escuchado. No sabía por qué, pero todos esos nombres le sonaban familiares; seguía sin ubicarlos. Le estaban empezando a doler bastante la cabeza de tanto pensar. Se llevó las manos a la sien notando cómo la furia y la rabia brotaba en su interior; si seguía así no dudaría en utilizar sus habilidades para zanjar ese asunto de una vez por todas.

-Necesitamos encontrar a Wesker… -le dijo Chris dando unos dubitativos pasos hacia él. Steve seguía con los ojos cerrados intentando llevar lo mejor posible el dolor -. Y sé que tú sabes dónde está. Tienes que llevarnos hacia él.

-¿Wesker? –y de nuevo otro nombre que venía a su mente como una especie de fantasma del pasado. Un tipo rubio, con gafas, vestido de negro.

El maestro… ¡Vienen a por él!

Eso era más de lo que necesitaba saber. Se apartó con lentitud las manos de la cara y los miró desafiante.

-No pienso dejar que os acerquéis a mi amo –dictaminó con un tono de voz amenazante. No, no podía permitir que esos dos echaran al traste los planes de su señor… y allí estaba él para servirle. Estaba seguro de que no tendrían nada que hacer contra sus habilidades. Tal vez era hora de volver a ponerlas en marcha.

-Steve, ¿de qué está hablando? –intentó hacerlo razonar la pelirroja dando unos decididos pasos hacia él. Intentó ponerle una mano en el brazo, pero éste se la apartó con violencia. Claire arqueó una ceja sorprendida. No había imaginado que el virus estuviera actuando de esa forma en su organismo.

-¿Cómo… te atreves… a tocarme? –gritó empezando a sentir que estaba fuera de sí. Le costaba respirar. Se llevó una mano al pecho y se alejó unos pasos sin saber muy bien qué hacer. ¿Qué diablos le estaba pasando? Esa fuerza… era cada vez más poderosa. Sentía que algo grande estaba a punto de pasar.

-¡Steve! –volvió a llamarlo Claire. Chris la agarró del brazo para evitar que fuera a su lado -. ¡Hay que ayudarle!

-Mucho me temo que ése no es el Steve que conociste… -dijo sin dejar de observar cómo el tipo se retorcía. Se quedó arrodillado en el suelo gritando. ¿Atraía tanto ruido a otras criaturas? Era lo último que necesitaban. Tal vez lo más sensato sería alejarse lo más lejos posible -. Hay que largarse… No sabemos qué puedo estar planeando Wesker…

-Chris… -su voz estaba prácticamente quebrada. Sabía que su hermana sufría mucho por no poder hacer nada para ayudar a alguien a quien conocía. Sospechaba que ése era uno de los motivos por los que se había alistado a Terrasave -. No… no podemos dejarlo así.

Chris le echó un vistazo rápido a Steve. Había vomitado sangre; estaba derramada por el suelo, y su camiseta estaba, literalmente, en llamas. Se hizo añicos y se quedó con el torso desnudo… ¡Pero no tenía quemaduras! ¿Qué demonios habían hecho con el virus? Volvió a agarrar a Claire sin apartar la mirada de Steve.

-Claire… -la menor de los Redfield también se quedó observando cómo el cuerpo de Steve empezaba a sufrir unos cambios que debían ser una señal de alerta para cualquiera que hubiera presenciado antes un ataque bioterrorista. Retrocedió unos pasos con la boca abierta: ¿qué le habían hecho? ¿Qué había pasado con ese muchacho con aires de autosuficiencia que había conocido en Rockfort? -. Tenemos que retirarnos… Si se transforma no tendremos nada que hacer contra él…

-Pero…

-¡Claire! –gritó su hermano con un tono que denotaba que estaba empezando a cansarse de toda esa historia. ¿Por qué las mujeres eran tan cabezonas a veces y había que hacer lo que ellas dijeran por narices? -. Nos retiraremos y pensaremos en un plan. Cuanto más tiempo nos quedemos aquí, menos posibilidades tendremos…

La pelirroja asintió con lentitud. Entendía lo que su hermano quería decir: sólo eran dos, y el arsenal del que disponían tampoco era para tirar cohetes. Si Steve se transformaba en un monstruo o algo peor dudarían menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Chris tenía razón. Debían retirarse, encontrar un lugar seguro y esperar a que la B.S.A.A. mandara la ayuda.

Steve seguía gritando cada vez más fuerte. Las llamas eran cada vez más numerosas. Sus pantalones también habían desaparecido, y su piel estaba empezando a adquirir un tono morado que no hacía presagiar nada bueno. Ésa era la señal que necesitaba Claire. Asintió a Chris, y ambos echaron a correr sin mirar atrás. De pronto, el mayor de los Redfield vio algo dirigirse hacia ellos por el rabillo del ojo.

Agarró a su hermana y ambos cayeron al suelo. Una enorme piedra había caído donde segundos antes habían estado corriendo. Lo que tenían enfrente les hizo quedarse boquiabiertos.

-¿Adónde creéis que vais? –su voz sonaba monstruosa, como salida de la ultratumba. Estaba claro que los problemas no hacían más que acudir a donde estaban ellos.

Wesker se ajustó satisfecho con lo que veía. Steve estaba resultando ser un aprendiz muy voraz. Era un privilegio observar cómo se desarrollaba tan rápido. Los ajustes que habían hecho en el T-Veronica estaban resultando ser un auténtico éxito. No era científico, pero sabía sacarle el máximo partido a un mercado que podría poner patas arriba el rumbo del mundo.

Él estaba allí para salvarlos a todos, o al menos a aquéllos que lo merecieran. Esto sólo iba a ser una prueba para comprobar el potencial que tenía este virus. En Sudamérica había causado algunos estragos por culpa de la incompetencia de Javier Higaldo. Había dudado mucho acerca de cerrar el trato. Sólo era un traficante que quería salvar la vida de su hija enferma.

Wesker le había explicado todo el proceso para que no hubiera ningún error. El tipo lo había hecho bien con su hija… Pero había descuidado por completo a su personal. No lo había hecho para ayudar a la niña, por supuesto; quería tener un banco de pruebas, y lo cierto era que le había agradado lo que había visto… Hasta cierto punto. Y aquí tenía ahora otra prueba, y ésta era gorda de verdad.

Manuela había quedado bajo la protección del Gobierno. Hubiera sido interesante comprobar qué hubiera pasado si Kennedy no se hubiera metido por medio. Podría haber sido un arma de lo más interesante. En palabras de Krauser, esa chica era capaz de controlar el virus a su antojo, sin sufrir mutaciones o desvaríos. No le había ocurrido lo mismo a él, claro. La tentación había ganado el pulso, y eso le había causado la muerte.

Steve se estaba transformando. Sonrió ligeramente. Estaba deseando comprobar qué era capaz de hacer con esos dones que había desarrollado. Si lograba controlarlos sería todo un éxito. Y si no tendría que volver a replantear el experimento. Al fin y al cabo, mentes pensantes como la suya siempre encontraban la solución a todo. Siempre.

Los Redfield huían. Se habían dado cuenta de que eran presa fácil. Pero Steve, que no podía dejar pasar esa oportunidad, dio un puñetazo al suelo, rompiendo buena parte de la calzada. Wesker frunció el ceño. Eso sí que no lo había esperado. Y lo que hizo a continuación menos todavía: extrajo un trozo bastante grande y lo lanzó. Casi les dio de lleno a los hermanos. Se quedó boquiabierto. ¿Desde cuándo tenía tanta fuerza? No deja de avanzar, y eso realmente increíble.

Volvió a sonreír, esta vez ampliamente. Estaba deseando ver una buena pelea donde los Redfield cayeran de una vez por todas. Algún día la racha de suerte tenía que acabarse, y puede que hoy fuera el día… No estaría mal que su pupilo recibiera algo de ayuda. Conociendo a esos dos, y con su suerte, lograrían escapar.

-¡Claire! ¿Estás bien? –el grito de Chris sonaba angustiado. Menos mal que aún seguía conservando sus buenos reflejos, porque esa roca los habría matado en el acto. Claire tosía, pero no parecía tener ninguna herida. Suspiró aliviado.

-¿Qué demonios… ha pasado? –logró decir Claire cuando más o menos recuperó la compostura. Aún no entendía cómo había acabado en el suelo, y entonces se fijó en la enorme roca que estaba a su izquierda -. ¿De dónde… ha salido eso?

-Steve – respondió su hermano señalándolo.

Claire se llevó las manos a la boca. No, eso no podía estar pasando… Era como revivir una vez más el horror de la Antártida. Ante ellos había una enorme criatura morada con unos dientes bastantes largos. Tenía cierto aspecto de reptil. Sus brazos eran enormes, con unos músculos bastante marcados. Ahora entendía de dónde había sacado la fuerza para lanzar la roca.

Tenía un cuello enorme, que debía llegar casi al metro. Su cabeza quedaba por encima de todo, con los rasgos de Steve aún marcados en ella. Claire sentía la boca seca y un nudo en la garganta al observar todo aquello. ¿De verdad que se merecían revivir esa pesadilla una segunda vez? ¿No había sido bastante con una? Steve los observaba detenidamente, con una sonrisa permanente y dos afilados dientes dispuestos a desagarrar todo lo que se les pusiera por delante.

Chris fue el primero en levantarse sin perder de vista a la nueva amenaza. ¿Es que la cosa se podía haber puesto peor? Le tendió una mano a Claire, que la aceptó sin dudar. Recuperaron sus armas sin perder de vista a Steve, que emitió un rugido que resonó en sus oídos.

-¡Ah! –exclamó Claire llevándose las manos a los oídos y cerrando los ojos. Eso no tenía buena pinta. ¿Qué iban a hacer? ¿Adónde iban a ir?

Chris observó los alrededores. Tenía que haber algo que les sirviera de vía de escape. Sería un suicidio enfrentarse a Steve con la poca munición y el armamento que tenían. Vio un edificio a la derecha con los cristales del escaparate. Casi todas las tiendas tenían una puerta trasera. Si conseguían llegar hasta allí, tal vez tendrían una oportunidad de reagruparse y elaborar un plan.

El problema era que había bastantes metros. No dudaba de su velocidad, y mucho menos de la de Claire, que era una corredora asidua. Dudaba que Steve no fueran tan rápido o más que ellos. Era complicado, pero no se le ocurría nada mejor en ese momento.

-¿Ves ese negocio con el escaparate roto? –murmuró sin mover muchos los labios por si Steve los escuchaba. Claire miró de reojo y lo vio. Asintió -. Tenemos que ir hacia allí. Hay que buscar una forma de distraerlo.

Volvió a echar un vistazo. No había traído ninguna granada de humo, y ahora se lamentaba. Les habría venido de perlas en esa situación. Había bastantes coches por allí. Tal vez podrían provocar una explosión… aunque era bastante arriesgado: podrían resultar heridos. Chris estaba hecho un lío. Siempre mantenía la cabeza fría en este tipo de situaciones… pero descubrir que Wesker y Steve estaban detrás de todo lo había desconcentrado.

No había nada más útil salvo que quisieran prenderle fuego a una papelera. Steve empezó a moverse. Sus pisadas hacían retumbar el suelo. Y cogió velocidad. Chris se desplazó a su izquierda, y Claire hizo lo propio hacia su derecha. Rodó sobre su costado sujetando con fuerza la escopeta y comprobó que la pelirroja estaba bien. Había un coche que tenía el depósito abierto. Tal vez si lo rompía y llenaba el suelo de gasolina tendrían una pequeña posibilidad.

Steve pareció fijarse en Claire. Eso le daría los segundos que necesitaba para manipular el aparato. Se arrodilló junto al depósito comprobando que estaba completamente lleno. Era justo lo que necesitaba. Volvió a comprobar que su hermana se encontraba bien y le propinó una patada. No consiguió nada. Claire venía hacia él.

-¡Distráelo! –le gritó cuando se disponía a darle otra patada -. ¡Tengo un plan que podría servir!

No hizo falta que se lo repitiera. Si algo admiraba de Claire era que no cuestionaba sus órdenes, y que cumplía a la perfección con su papel. El gen Redfield era innegable. Volvió a la carga y logró rajar una parte del depósito, pero no era suficiente. Se agachó al ver volar una papelera hacia él. La situación se estaba poniendo cada vez más peligrosa. Oyó disparos. Asomó ligeramente la cabeza y vio a Claire disparando al rostro de Steve, aunque sin demasiada efectividad.

Estaba claro que haría falta algo más para acabar con esa amenaza. De pronto, escuchó algo más a su espalda. Se giró, y lo que vio le hizo retroceder chocándose contra el capó del vehículo. Hacia ellos venían un grupo de infectados que debían rondar la centena. Y eso no era todo. ¡Cazadores! ¡Una veintena al menos! Comenzó a sudar. Esto se les estaba escapando de las manos. La necesidad de huir era cada vez mayor.

-¡Claire! –la llamó con la esperanza de que no se encontrara demasiado lejos -. ¡Más problemas! ¡Hay que largarse ya!

La miembro de Terrasave esquivó un golpe de Steve y se quedó de cuclillas observando cómo su hermano tenía razón: los problemas venían multiplicados por cien.


0.0 ¡Empieza lo bueno! ¿Y ahora qué se supone qué van a hacer? Esto no pinta nada bien desde luego.

Xaori: Leon nunca aprenderá por muchos palos que se lleve... Está en su naturaleza... Si es que tiran más dos tetas que dos carretas xD. Ya sabemos cómo es Jill, pero no va a ser un camino fácil. En el siguiente capítulo sabremos un poquito más, y habrá acción, mucha acción, a raudales. Gracias por seguir siempre ahí :D

Stardust4: Ya sabemos lo mezquina que puede ser Ada a veces. En RE6 vimos en ella un cambio notable; creo que Wesker ejercía una gran influencia en ella, y por así decirlo, ahí tuvo la oportunidad de salir del cascarón y mostrar sus verdaderas intenciones. Veremos si decide ayudar o actuar por su cuenta como siempre.

Esto es todo por esta semana. Me alegra ver la gran recepción que está teniendo la historia: decenas de visitas todos los días. De verdad, no sabéis lo que agradezco el esfuerzo que hacéis por dedicar vuestro tiempo a leer mi historia. ¡Nos vemos la próxima semana!