¡Hola a todos una semana más! Aquí os traigo el siguiente capítulo, esta vez desde la perspectiva Jill-Leon. Parece que esta vez vamos a tener enfrentamiento del bueno... ¡Ya lo veréis!


Jessica intentó una vez más ponerse en contacto con el exterior. No había señal; definitivamente la había perdido. Ahora sí que estaba metida en un buen lío. Tendría que confiar en Fisher. Sólo esperaba que se hubiera puesto en contacto con Raymond. ¿Podían ir más cosas mal? Por si fuera poco, tenía a dos desconocidos persiguiéndola. Estaba convencida de que eran polis, y de que no se andarían con rodeos. Necesitaba poner tierra de por medio.

Echó un rápido vistazo atrás y comprobó que nadie la perseguía. Quizá los había dejado atrás. Giró a la derecha y se quedó apoyada contra la pared. Se llevó una mano al pecho intentando recuperar el ritmo de su respiración. No había esperado encontrar supervivientes, aunque en todas estas catástrofes siempre había alguien que rompía la estadística.

Comprobó que su pistola estaba cargada y suspiró. Estaba tardando más de la cuenta en cumplir con los objetivos, y no había nada que la cabreara más que eso. El Zenobia había sido un paseo. Aunque también tenía que considerar la posibilidad de que allí actuaba como topo encubierto, y había podido actuar con libertad hasta que no le quedó más remedio que mostrar sus cartas.

Metió la mano en el bolsillo trasero y sacó un mapa. Lo había cogido nada más llegar a la ciudad, y había marcado en él el punto de extracción. La cuestión era localizar dónde se encontraba en ese momento. Se separó de la pared y caminó con lentitud mirando detenidamente cada muro, por si alguno de ellos contenía el nombre de la calle en la que estaba.

No podía quedarse demasiado tiempo allí. Tal vez sus perseguidores no se habían rendido y continuaban intentando darle caza. Caminó a una mayor velocidad hasta que se detuvo al llegar a otra bifurcación. La calle que estaba a su derecha tenía el nombre de Atom. Esperaba que fuera lo bastante importante como para aparecer en ese mapa. Volvió a echar un vistazo, pero siguió sin ver nada fuera de lo común.

Pasó un dedo por las diferentes partes del mapa sin encontrar la dichosa calle. Con la suerte que estaba teniendo últimamente, lo más seguro era que tuviera que seguir caminando hasta dar con otra que apareciera en el puto mapa. Por más que miraba, la palabra Atom no estaba escrita por ninguna parte.

-Genial… -murmuró doblando el mapa. ¿Qué iba a hacer ahora? Lo más sensato era quitarse de un lugar tan visible.

Continuó avanzando casi al trote hasta dar con el nombre de otra calle: Avenida General Morrison. Ésa tenía pinta de ser bastante importante. Era bastante larga, y había muchos comercios a un lado y a otro. Tal vez podría ocultarse en uno de ellos para observar con detenimiento el mapa. Sí, eso haría. A su izquierda había una pequeña tienda con muchas lavadoras en su interior. Era una lavandería. La puerta estaba tapiada, y si rompía el cristal el ruido podría atraer a los infectados y a sus perseguidores.

Probó con el siguiente. Era una cafetería. Se preguntó qué habría sido de las personas que habían estado con ella en el momento en el que se produjo el ataque. Negó en silencio intentando quitarse esa idea de la cabeza; debía mantener la serenidad y no dejarse llevar por mierdas como ésas. Intentó empujar la puerta, pero estaba cerrada. Parecía bastante resistente, y a menos que tuviera unas ganzúas encima no lograría avanzar mucho.

-La ciudad se va a la mierda, y lo primero en lo que se preocupan es en mantener los putos negocios cerrados –razonó en voz alta sin darse cuenta que podría llamar la atención -. ¿Esperaban ser saqueados o algo de eso?

Estaba empezando a perder la paciencia. Esperaba no tener que recorrer toda la calle buscando un puto lugar donde mirar el mapa. Con tanto revuelo era incluso bastante probable que se le olvidara el nombre de la calle. El siguiente comercio era una tintorería. Jessica se asomó al escaparate. Todo estaba manga por hombros: planchas tiradas por el suelo, sillas rotas, mesas volcadas… Allí se había liado una buena.

¿Sería buena idea entrar? La lucha parecía haberse producido hacía bastante tiempo. Además, no se escuchaba ni una mosca, y no sabía si interpretarlo como una buena o mala señal. No perdía nada por echar un vistazo… siempre y cuando la puerta no estuviera cerrada. Le propinó una patada y ésta se abrió de par en par. Sonrió. Una buena noticia al menos.

La cerró en cuanto cruzó el umbral y por primera vez en muchas horas sintió que se relajaba un poco. Aún no podía quitarse la máscara, y eso era un auténtico incordio. Se sentó sobre la única mesa que quedaba en pie y volvió a examinar el mapa. Esto era como un juego de niños: yo te pillo, tú me pillas. No había ningún problema mientras tuviera la situación controlada.

¿Estaría la B.S.A.A. enviando ayuda? Era algo que le preocupaba y en lo que no había caído hasta ese momento. Ya habían pasado algunas horas desde el ataque, y a oídos de los máximos mandatarios habrían llegado las noticias. Sabía muy bien cómo funcionaban, y estaba segura de que Redfield ya estaba de camino.

Qué ganas tengo de verle después del polvazo que nos montamos…

Rio sin poder evitarlo. Y lo mejor sería mirar a la cara a Valentine. También tenía ganas de destruirla… y ella tampoco pararía. Aquella noche en el club logró escapar de puro milagro, pero no se le había pasado inadvertida la mirada de furia y odio de esa mujer. La mayoría de las mujeres son bastante rencorosas, y estaba seguro de que ella no era de las que olvidaban…

Volvió a concentrarse en el mapa. Estaba perdiendo la concentración con mucha facilidad, y ahora no era precisamente el momento para dejarse llevar. Pasó el dedo detenidamente por todas y cada una de las calles que aparecían. A simple vista tampoco había ninguna calle con ese nombre. Estaba empezando a cabrearse de verdad; no podía permitirse el lujo de estar vagando sin un rumbo fijo.

Y entonces algo llamó su atención. Encontró en el mapa una serie de calles que parecían coincidir con el sitio en el que se encontraba en ese momento. Y allí estaba, como escondida, como si nadie quisiera que la hubiera: Avenida General Morrison. Era bastante larga: ella sólo estaba al principio. Pero lo que más la cabreó fue saber que estaba bastante lejos del punto de extracción.

Habían quedado en recogerla en unas naves que había cerca del aeropuerto… y éste estaba a tomar culo. Tenía que encontrar la forma de llegar allí lo antes posible; su misión allí había concluido hacía bastante tiempo. Ahora sólo quedaba que las B.O.W.S. hicieran su trabajo. Ya había puesto en marcha la segunda base, y esos bichos, hambrientos y sedientos de sangre, no tardarían en aparecer por allí.

Lo más rápido era que diera la vuelta por donde había venido… y eso no era bueno. Tenía que encontrar otra forma de pasar desapercibida hasta que estuviera a salvo. Dar un rodeo tampoco era que le apeteciera mucho, pero ahora mismo era la opción más factible si quería llegar con vida. Pasó el dedo por varios caminos que llevaban al aeropuerto. A estas alturas ninguno era seguro, pero lo que sí estaba claro era que tenía que evitar las calles principales como fuera.

No iba a ser tampoco una caminata sencilla: calculaba que debía haber más de treinta minutos andando, y eso si iba a buen ritmo. Podría intentar robar algún coche o algún otro vehículo, pero aún no estaba muy segura de sus habilidades como ladrona, y el ruido atraería a esas cosas. Quedaba descartado. ¿Y una bicicleta? No sería mala opción. El problema era encontrar una, y que ella recordara no había visto ninguna.

Suspiró. Lo mejor sería que se pusiera en marcha. Cuanto más tiempo permaneciera allí más posibilidades tenían esos extraños de darle caza. Sentía mucha curiosidad por saber quiénes eran. No habían dudado ni un instante en salir tras ella. Algo le decía que la conocían… y la idea de la B.S.A.A. empezó a cobrar fuerza. Ellos eran los únicos que tenían los medios suficientes para intervenir en una operación de este calibre.

Volvió a echar un rápido vistazo al mapa para memorizar el camino. Tardaría unos diez minutos más, pero estaba convencida de que merecía la pena. Dobló el papel con cuidado y volvió a guardarlo en el bolsillo. Siempre podía contar con él cuando lo necesitara. Abrió la puerta de entrada y volvió al exterior, el auténtico campo de batalla. Podía sentir la tensión y la muerte en el ambiente.

Trotó a buen ritmo hacia la calle por la que había venido. Su destino era un bloque de edificios que se veía a lo lejos. Desde allí tendría que dar toda la vuelta para evitar las avenidas principales… y no sería un trabajo fácil, por supuesto. Pero ya estaba acostumbrada. Además, los honorarios eran más que aceptables, y por nada del mundo iba a fracasar; esa palabra no estaba escrita en su diccionario.

En apenas un minuto ya había cruzado sin ver nada fuera de lo común. Esto sólo era el principio, y no podía dejar de estar alerta ni un segundo. Agarró con más fuerza su pistola mirando constantemente de un lado a otro. Unos goterones de sudor empezaron a bajarle por el rostro tras la máscara. Sin saber por qué, estaba nerviosa. Se estaba jugando mucho, y sabía que los errores se pagaban muy caros.

Lansdale había puesto todas sus esperanzas en ella, y no podía fallarle. Lo más sensato era que después de esta misión se retirara un tiempo lejos de Estados Unidos. Iba a conseguir el dinero suficiente como para estar fuera de la lucha durante una temporada. Pero ahora no quería pensar demasiado en ello. Necesitaba centrar todos sus esfuerzos en llegar hasta el punto de extracción sin sufrir ningún percance.

De pronto, se detuvo. Al fondo había algo que se acercaba. Giró a la izquierda y se escondió en un callejón. Cogió repetidamente aire por la boca y cerró los ojos. Si lo que había visto era lo que creía… Estaba perdida. ¡Era la única forma de acabar con el plan!

Asomó ligeramente la cabeza y volvió a esconderla.

-Joder… -murmuró apretando la mano que le quedaba libre.

Varias B.O.W.S. se acercaban a ella. Tenía que esconderse y esperar a que pasara el peligro; sería un suicidio enfrentarse a todas con una pistola y unos cuantos cargadores. Bueno, nadie había dicho que iba a ser fácil… Pero no esperaba complicaciones desde primera hora. Continuó apoyada contra la pared decidiendo qué iba a hacer a continuación.

Vale. Lo principal ahora era encontrar un lugar donde esconderse hasta que pasara el peligro… y luego podría continuar siempre vigilando su espalda. Con un poco de suerte hasta se las enviaría a sus perseguidores. Bien. Estaba decidido. Volvió a echar un vistazo. Cada vez estaban más cerca. Había una caja de madera bastante grande a su izquierda, lo suficientemente grande como para cubrirla.

Corrió hacia allí. Se pegó todo lo que pudo a la pared y esperó. Debía calcular el tiempo con exactitud; un segundo podía significar la diferencia entre vivir o morir. Por la distancia a la que estaban y el ritmo que llevaban, calculó que en un par de minutos el peligro habría pasado. Así que lo único que tenía que hacer era esperar. Cerró los ojos y empezó a contar mentalmente.

Los pasos y los gemidos se escuchaban cada vez más cerca. Sólo era cuestión de tener paciencia y esperar. El tiempo se le estaba haciendo eterno. Sonaban muy cerca, demasiado. Estaban pasando por el otro lado. Jessica preparó su pistola por si acaso, aunque dudaba de que la vieran; había elegido un buen escondite. Toda la ciudad había caído, y poca esperanza había para los pocos supervivientes.

Cada vez había más silencio, y eso quedaría decir que los enemigos se estaban alejando. Esperaría un poco más, por si acaso. Contó mentalmente hasta llegar a sesenta y abandonó su escondite con cuidado, vigilando constantemente a derecha y a izquierda; ya había tenido suficientes sorpresas por una temporada.

Libera a las B.O.W.S. por la ciudad. Será muy divertido decían. Ya me gustaría que alguno se pusiera en mi pellejo.

Las armas biológicas eran completamente impredecibles. Lo mismo te atacaban en cuanto te veía que se quedaban observándote, esperando el momento oportuno para asestar el golpe mortal. Lo cierto era que Veltro había hecho un gran trabajo en Terragrigia; ella misma lo había visto con sus propios ojos. Habían atacado la ciudad utilizando tres cruceros. Nadie había visto nada, ni habían podido prevenir el ataque hasta que fue demasiado tarde.

Tal vez tendría que haber utilizado algo parecido. Nadie se había dado cuenta de sus intenciones; ni siquiera la habían reconocido, y eso le tendría que haber bastado. Pero se estaba comiendo ella sola el marrón, y los demás estaban muy lejos limitándose a controlar el cotarro sin mover un dedo. Le pediría más dinero al viejo; estaba forrado, y siempre le había tenido en muy alta estima. Estaba segura de que si triunfaba no dudaría en aceptar su petición.

Llegó a la esquina y se pegó todo lo que pudo. Contuvo la respiración. Era hora de poner tierra de por medio. Echó a correr hacia la izquierda y de pronto se chocó con algo que la tiró al suelo. Era algo muy duro y que debía tener una fuerza descomunal. Cayó al suelo de culo. Su pistola salió disparada hacia la derecha. Levantó la mirada sin preocuparse siquiera por si estaba herida.

-Joder… -murmuró retrocediendo rápidamente al ver cómo un Oozie se daba la vuelta y empezaba a caminar hacia ella. Esos bichos habían sido un auténtico coñazo en el Zenobia, y había deseado con todas sus fuerzas no volver a tener que verles la cara.

Rodó sobre su costado cuando la criatura intentó golpearla con sus zarpas. Jessica se quedó a escasos metros de la pistola. Estiró el brazo y la asió con fuerza. El ser emitió un grito muy fuerte, y eso sólo podía significar problemas. ¿Estaría llamando a sus compañeros? No tenía tiempo para comprobarlo; tenía que salir de allí pitando. Se puso de pie de un salto y disparó al rostro del ser mientras corría en la dirección contraria.

El tiro se incrustó en la fosa nasal de la criatura, que se tambaleó ligeramente pero continuó en pie como si no hubiera ocurrido nada. Jessica siguió alejándose cada vez más. Si algo tenían esas cosas era que eran lentas de cojones; no la cogerían si se alejaba lo suficiente. Pero se vio obligada a detenerse de nuevo.

-¿Y ahora qué? –exclamó en voz alta al ver cómo más B.O.W.S. iban a su encuentro. ¿Se habían puesto todas de acuerdo en que ella era el objetivo? ¿Dónde estaban los supervivientes cuando se les necesitaba?

Y el problema era que apenas tenía munición. Debía elegir muy bien sus disparos. Comprobó rápidamente el cargador. Le quedaban siete balas en ése, y en el pantalón llevaba uno más. Tenía diecisiete balas en total. Serían suficientes si sabía dispararlas. Por detrás el Oozie seguía avanzando con lentitud, aunque tardaría un darle caza. Observó rápidamente los alrededores.

Necesitaba encontrar algún callejón para llegar a otra calle o bien esconderse en algún lugar hasta que pasar el peligro. Estaba cansada de esconderse, y la idea no le atraía demasiado que digamos. Delante tenía a cinco enemigos. Todos iban bastante juntos. Si conseguía dividirlos quizá tendría una oportunidad de huir. No podía perder más tiempo.

Echó a correr hacia ellos. Se fue ligeramente hacia la derecha. Tal y como esperaba, todos empezaron a girar torpemente en esa dirección. Cada vez estaba más cerca. Hizo un cambio que pilló por sorpresa a sus adversarios. Empezó a correr hacia la izquierda, consiguiendo que se quedara un hueco lo suficientemente grande como para pasar por entre las B.O.W.S.

Ésa era su oportunidad. Volvió a cambiar de dirección, esta vez yendo hacia el centro. Lo tenía. Podía pasar por el medio sin que la cogieran. De pronto, sonó un disparo. La criatura que estaba a su izquierda había recibido un balazo en una pierna y cayó al suelo entre espasmos. Se quedó quieta. Había alguien apuntando en su dirección.

Había una persona enmascarada que llevaba una escopeta. Jessica no se quedó boquiabierta. La habían encontrado. Si la situación ya estaba calentita ahora no había hecho más que empeorar.

Si su intuición no le fallaba el bloque de edificios estaba a la izquierda. Tenía que darse prisa; esa zorra tenía una habilidad pasmosa para librarse de los problemas. Aunque bueno, ahora estaba metido en uno bien gordo. La había visto huir de varias B.O.W.S. que ella misma había creado posiblemente. Sabía que la ayuda tendría que llegar tarde o temprano, pero por primera vez empezó a preocuparse: ¿y si Chris no había recibido la señal? ¿Y si no había forma de que los equipos consiguieran entrar en la ciudad?

A estas alturas lo más seguro era que las fuerzas especiales del ejército hubieran declarado la ley marcial. Quizá lo más sensato sería acercarse a un puesto fronterizo para pedir ayuda. Eso si lograban localizar uno. Siguió corriendo por la avenida sintiendo que la el hombro estaba empezando a dolerle de cargar con la escopeta. No había tenido tiempo de recuperar la pistola; no podía dejar que esa hija de puta se escapara ahora que la tenía a tiro.

Jamás entenderé cómo a Chris pueden gustarle estos trastos…

Sabía que no tenía que distraerse, pero no podía evitar pensar en cómo les estaría yendo a los Redfield. Ojalá tuviera alguna forma de ponerse en contacto con el exterior. Detuvo la carrera al ver que un grupo de Oozies estaba bastante cerca. Pero no iban en su dirección; iban hacia algo que estaba en medio. Sonó un disparo. Eso debía ser una señal de alerta… pero no era más que un recordatorio de todo por lo que tenían que pasar si querían sobrevivir.

En cierto modo, y dada la potencia que parecía tener el virus, le parecía extraño que aún hubiera alguien vivo… Salvo que llevara algo con lo que protegerse. Alguien como… Sherawat. Abrió los ojos como platos. La posición desde la que la había visto coincidía con el lugar. Era el momento que estaba esperando; tenía que ser ella. No podía dejarla marchar; ya iría tras Leon más adelante.

Volvió a apuntar hacia las criaturas. Disparó a la que estaba en el centro. Apretó el gatillo. La bala se quedó alojada en el gemelo de la cosa, que se quedó arrodillada en el suelo lanzando unos gritos. Y entonces, la vio. Con su máscara, su uniforme… ¡Era ella! Jugaba con una carta a favor, y no podía desperdiciarla. Se quedaron observándose durante unos instantes.

Dudaba que la reconociera, pero esa tía no era tan tonta. Siempre sabía aprovechar las circunstancias, y no sabía cómo, pero siempre lograba encontrar una vía de escape en el momento adecuado. Lo había hecho en el Zenobia, y en todos los meses que llevaban siguiéndole la pista; era como un gusano escurridizo. No podía consentir que volviera a ocurrir.

Ambas echaron a correr a la vez. Cada una en una dirección. Jill intentó bloquearle el paso desplazándose hacia la izquierda y sin perder de vista a los enemigos. Eran lentos, pero si te despistabas podían ponerte en un aprieto muy serio. Aumentó la velocidad. Se le iba a escapar. Se lanzó en plancha a la desesperada. La rozó con los dedos, pero no fue suficiente.

Desde el suelo, sólo pudo observar cómo iba hacia un callejón. Se levantó rápidamente. Aún podía darle caza. Echó a correr también hacia el callejón, y se detuvo al ver cómo Jessica estaba parada en la mitad, con la mirada fija en algo que había delante. Y Jill también lo vio: un par de perros. Si no se quitaban de en medio iban a acabar echas trizas.

No lo pensó. Corrió hacia el centro del estrecho callejón. Los perros aún seguían quietos, sin perder detalle de lo que ocurría. Ya estaba casi a la altura de Jessica, que no se estaba dado cuenta de nada de lo que estaba pasando. Uno de los perros ladró, y ésa fue la señal. Avanzaron a buen ritmo hacia ella. Uno de ellos pegó un salto con la boca abierta, dispuesto a desgarrar todo lo que tuviera por delante.

De pronto, alguien la agarró por la cintura. Gritó de sorpresa. ¿Qué demonios estaba ocurriendo? Iba directa contra el cristal de una tienda. Éste se partió en cuanto entró en contacto con él. El trayecto duró poco. Se golpeó contra una mesa de madera y rodó por el suelo hasta quedar cerca de una estantería. Aún seguía sin entender qué era lo que había pasado, pero estaba claro de que le habían salvado la vida.

Buscó la pistola desesperadamente, pero no la encontraba por ninguna parte. Lo más seguro era que hubiera salido despedida y se hubiera colado por debajo de alguno de los muebles de la habitación. Estaba bien jodida, y encima tenía que estar agradecida a ese imbécil por haber evitado que fuera la comida de esas cosas. No había algo que odiara más que estar en deuda con alguien.

Y por primera vez vio de cerca a la persona que la había persiguiendo sin descanso. Llevaba una máscara, así que estaba al corriente del ataque vírico. Cada vez tenía más claro que esa persona pertenecía a la B.S.A.A., Terrasave o cualquiera de esas organizaciones que luchaban contra ellos. ¿Redfield? ¿Valentine? Por su estatura parecía más una mujer.

Estaba tirada en el suelo agarrándose un hombro y gritando. Jessica se quedó boquiabierta. El hombro estaba en una posición muy extraña, como si estuviera salido hacia la izquierda. Con toda probabilidad se lo habría dislocado. ¡Era la oportunidad que estaba esperando!

-Como muevas un solo dedo no voy a dudar ni un segundo en apretar el gatillo –le advirtió una voz que sonaba angustiada. La apuntó con la escopeta. No sabía cómo pero había leído todos sus movimientos. Y ahora que la escuchaba hablar…

-Valentine… -la situación no podía haberse puesto peor. Ahora sí que no tenía ningún tipo de dudas de que la B.S.A.A. estaba allí. ¿Cómo no había pensado en eso antes? -. Tendría que haber imaginado que estaríais por aquí metiendo las narices.

Jill cerró los ojos durante unos instantes. Estaba segura de que se había roto algo. No podía mover el hombro; le costaba horrores mantener firme la escopeta con la otra mano. ¿Cómo demonios había podido perder su pistola cuando más la necesitaba? Aunque estuviera en ese estado no podía dejar que se escapara después de todo lo que había recorrido para encontrarla.

La B.S.A.A. había dado la orden hacía unos días de capturarla viva, pero ella tenía claro que si intentaba poner en peligro su vida o huir, sería la primera en apretar el gatillo aunque luego le cayeran palos por todos lados. Siempre había sido una persona con las ideas muy claras, y eso le había ocasionado alguna que otra pelea con sus colegas.

Intentó levantarse, pero le costaba horrores. Tal vez si utilizaba la escopeta como apoyo podría volver a ponerse bien. Maldijo en silencio. Menudo momento para lesionarse. Jessica aprovechó esos momentos de duda y dio un paso. Jill no lo dudó. Apretó el gatillo. La bala pasó rozando la pierna de Jessica, que se detuvo dando un grito.

Lo que era extraño era que los perros no habían ido detrás de ellas. El ruido posiblemente volvería a atraerlos.

-He fallado a propósito –le confesó intentando volver a ponerse de pie. Esta vez, aunque trastabillándose un par de veces, consiguió mantener el equilibrio. Alzó la mirada. Era una suerte que llevara la máscara: unas lágrimas empezaron a bajar por sus mejillas. No podía consentir que la viera en ese estado -. La próxima vez no tendrás tanta suerte. Me vas a contar ahora mismo qué es lo que estás haciendo aquí.

Jessica soltó una carcajada. Ahora iba de mandona y se creía que tenía la situación controlada. No, no estaba dispuesta a darle esa satisfacción.

-Como si te interesara a ti y a todos los que formáis ese maravilloso circo contra el bioterrorismo.

Jill sabía que no debía caer en su juego. Todo era pura provocación. Apretó los dientes y dio un paso para acercarse un poco más. Jessica no podía evitar sonreír. ¿De verdad era tan estúpida que era incapaz de ver la realidad? Tan sólo tendría que aprovechar el momento, distraerla de alguna forma y escapar.

-No te vas a ir a ninguna parte hasta que venga la ayuda –le advirtió la fundadora de la B.S.A.A. sin dejar de avanzar y de apuntarla. Había luchado tanto por llegar hasta allí que no podía permitir que se escapara. El dolor era cada vez más insoportable; ojalá pudiera encontrar algo con lo que mantener el hombro en una postura menos dolorosa.

Jessica soltó una carcajada. Ése era un chiste muy bueno.

-¿Crees que vas a poder conmigo tal y como estás? –se burló sin poder evitar tener la sensación de que poco a poco estaba ganando la partida. En el callejón no se apreciaba ningún movimiento. No tenía ni idea de hacia dónde habían ido los perros, pero tal vez estaba encontrando la solución a su problema -. Sería una pena que no puedas volver a reunirte con Redfield… -detectó que Jill se tensaba. Eso era exactamente lo que buscaba -. ¿Dónde está? Tengo muchas ganas de verle y decirle en persona lo mucho que me gustó ese polvo…

-Cállate… -murmuró la ex miembro de S.T.A.R.S. apretando aún más los dientes. ¿Cómo se atrevía a mentar eso en un momento como aquél? -. Sé lo que pretendes, y conmigo no lo vas a conseguir.

-¿De verdad? –su voz sonaba divertida, como si estuviera disfrutando de lo lindo con todo aquello -. En el fondo hasta siento pena por ti –se detuvo unos instantes. Jill frunció el ceño debajo de la máscara. ¿Qué quería decir con eso? -. Nunca podrás darle lo que se merece. Tan sosa, tan tonta, tan ocupada salvando el mundo… No eres nadie para él, sólo un peón más que utilizar en su lucha particular contra el mundo.

Jill apretó el puño, y tuvo que volver a obligarse a no gritar de dolor. Ya le estaba dando demasiadas satisfacciones a esa zorra. ¿Quién se creía que era?

-Mira, bonita –le soltó con un tono amenazante que hasta le sorprendió a ella misma -. Puedo pasar por alto tu encuentro con él… Pero lo que no puedo consentir es que me insultes. No eres más que la última mierda del mundo.

Jessica soltó una carcajada sonora. Si el plan A no funcionaba, tendría que recurrir al B: llevarla hasta la zona donde estaban todas las B.O.W.S. y dejarla allí atrapada. Pero el tiempo se agotaba, y esa hija de puta no parecía venirse abajo, o al menos no tanto como esperaba.

-Eso me ha dolido –se llevó las manos al pecho como si simulara un ataque al corazón -. Aunque no quieras reconocerlo, en el fondo estás celosa.

Esta vez fue a Jill la que le tocó reír. El maldito hombro no la dejaba actuar con naturalidad; sus facultades estaban muy mermadas, y sabía que en una batalla cuerpo a cuerpo tendría las de perder.

-¿Yo, celosa de una aprovechada y caradura? Para nada –hizo una pequeña pausa -. Vuelvo a repetirte que estás enfocando el asunto muy pero que muy mal.

Aunque en el fondo se moría por partirle la cara por oír de su boca muchas verdades: nunca se había atrevido a dar un paso más allá con Chris a pesar de que habían compartido infinidad de momentos a solas. El miedo al rechazo siempre había estado ahí, y a pesar de que se conocían desde hacía muchos años, no se había animado a contarle sus sentimientos.

Pero no podía dejar que esa fresca le restregara en la cara su cobardía en esos aspectos.

-Yo le he dado algo antes que tú… -o al menos pensaba ella. Conociendo lo inútiles que eran los dos dudaban que se hubieran acostado antes -. Piénsalo. ¿Y si le ha gustado y quiere volver a repetir…?

-¡Dios, cállate de una puta vez! –la interrumpió Jill con un grito que se tendría que haber escuchado a bastante distancia. Tenía unas ganas enormes de meterle un puñetazo -. Sigue con tu cháchara y atraerás a esas cosas…

Y entonces, lo comprendió tiempo. Antes de que le diera tiempo a apretar el gatillo Jessica se abalanzó contra ella. Ambas cayeron al suelo. El brazo izquierdo de Jill quedó en una posición extraña; no podía utilizarlo por mucho que lo intentara. Le propinó una patada en la espinilla derecha, pero Jessica seguía encima. Con una facilidad pasmosa le arrebató la escopeta.

Jill sólo pudo quedarse observando cómo la apuntaba mientras intentaba recuperar el aliento. Tendría que haberla visto venir. Había caído en su juego como una gilipollas, y ahora pagaría las consecuencias.

-Vamos, dispárame… -la animó consciente de que en cualquier momento una bala se alojaría en su cabeza. Lamentaba haber fracasado tan estrepitosamente -. Pero no dudes que mi gente no parará hasta darte caza.

Jessica permaneció en silencio. Parecía estar pensando muy seriamente las opciones que tenía. Si le disparaba y dejaba allí el cadáver nadie podría sospechar de ella hasta que estuviera fuera de circulación. Pero a ella le gustaban las cosas difíciles. No había nada como hacer sufrir al enemigo antes de verlo caer.

-Mírate. Estás hecha un puto desastre –le quitó el seguro a la escopeta sin dejar de apuntarla. Jill estaba semi incorporada, y estaba preparada para que todo se terminara. Lamentaba haber dejado a medias muchas cosas que tenía pendientes. Los errores se pegaban caros, y ella había cometido uno muy gordo, donde no parecía haber marcha atrás -. ¿Sabes? En el fondo hasta siento algo de empatía. No quiero ser la mano que te aniquile. Quedaría para siempre en mi consciencia.

Jill detectó cierta ironía en sus palabras. Si no iba a matarla, ¿qué diablos pensaba hacer con ella? La respuesta no tardaría en llegar.

-Voy a dejar que esas cosas se encarguen de ti… -dijo sin un ápice de duda. La agarró del brazo bueno y la puso en pie apuntándola con la escopeta -. Vas a servirme de escudo. Si te utilizo, y necesito huir, siempre puedes servirme de cebo… Sí, es un plan genial, ¿no te parece?

La ex miembro de S.T.A.R.S. no dijo nada. Podría decirles cientos de cosas, y nunca de ellas demasiado agradables. Pero por mucho que le costara reconocerlo, ahora estaba jugando su partida. Debía idear un plan, y rápido. El tiempo se estaba agotando, y dudaba que Leon estuviera por allí. Para colmo, Jessica tenía ahora todas sus armas y la munición.

-Camina –le ordenó Jessica poniendo el cañón de la escopeta en su espalda. El dolor del hombro era cada vez más insoportable, pero más le dolía saber que no podía hacer nada para evitar lo que iba a ocurrir -. ¿Estás asustada?

-En absoluto –logró decir intentando sonar lo más serena posible. No quería gritar a los cuatro vientos que temía por su vida. No porque esa inútil fuera a matarla, sino porque las B.O.W.S. les tendieran una emboscada.

-No pareces muy convencida… -guardó silencio durante unos instantes con una ligera sonrisa bajo la máscara. Ojalá no tuvieran que llevarlas puestas; le encantaría ver la cara de sufrimiento y frustración de Valentine -. No te preocupes. Voy a cuidar muy bien de ti hasta que me hagas realmente falta.

-Ya sabes lo que ocurrirá si muero… -tenía que ganar tiempo como fuera, aunque no tenía ni idea de qué hacer. Se estaban acercando a la calle donde estaban todas las criaturas.

-Oh, sí. Pobre de mí –y la muy gilipollas seguía burlándose -. Tus amiguitos no van a parar hasta dar conmigo, me querrán viva para meterme en la cárcel… Bla Bla Bla. Siempre es la misma historia.

Jill cogió aire y caminó con lentitud por la larga avenida donde había encontrado a Jessica hacía un rato. Aún no habían dado cuenta de ellas, pero sería cuestión de tiempo que las vieran y les dieran caza. El juego, muy lentamente, estaba llegando a su final, y las posibilidades de ganar eran casi inexistentes.

Leon no perdía de vista a Ada ni un segundo. No sabía realmente qué pensar: ¿debía confiar en ella y dejarla actuar con libertad? ¿Debía mantenerla vigilada porque sabía que su misión era completamente distinta a la suya? Estaba hecho un completo lío, y no tenía demasiado tiempo para valorar sus opciones; lo principal era encontrar a Jill. Temía que le pudiera pasar algo grave, y todo por culpa de un despiste.

Llevaban varios minutos caminando, y las calles estaban completamente desiertas. ¿Dónde estaban las B.O.W.S.? No era que quisiera tener un enfrentamiento con ellas cada dos por tres, pero si la ciudad estaba tan mal como pensaba, las calles tendrían que estar infectadas de criaturas. Sostuvo con determinación la pistola. Era lo único que le quedaba. Ada llevaba una metralleta, y no tenía ni idea de cuánta munición le quedaría.

Oyeron un solitario disparo lejano. Ambos se detuvieron. Se miraron, pero con la máscara era imposible ver la expresión del otro. Permanecieron en silencio durante unos instantes más. No se volvió a oír nada más. No sonaba demasiado lejos. ¿Deberían seguir en esa dirección y comprobarlo?

-Ha sido sólo uno… -dijo Ada con todos sus sentidos bien alertas. Quien quiera que hubiera disparado era muy probable que estuviera luchando por su vida. ¿Sherawat? ¿Valentine? No había forma de averiguarlo salvo que se internaran por esa senda peligrosa -. ¿Quieres echar un vistazo?

Leon se quedó en silencio. No sabía si esa pregunta era una excusa para quitarlo de en medio mientras ella huía, como había hecho alguna que otra vez, o simplemente estaba diciendo la verdad. Sea como fuera, no estaba del todo convencido. Seguir caminando por las calles podía ser muy peligroso, sobre todo teniendo en cuenta la poca munición de la que disponían.

Pero no podía evitar tener la sensación de que si no seguía ese disparo una persona más caería. Su deber moral era ayudar, y debía hacer todo lo posible para que todos los supervivientes que quedaran consiguieran salir de allí.

-Sé que es peligroso, pero no creo que tengamos nada mejor que hacer –observó el lugar detenidamente buscando algo fuera de lo común. Todo seguía en silencio -. No tenemos ni idea de dónde pueden estar Jill o Jessica… Y puede que ese disparo haya venido de alguna de las dos.

-Yo había pensado lo mismo –Ada asintió con lentitud y sosteniendo con firmeza su arma. Le quitó el seguro y comprobó que estaba cargada -. No sonaba demasiado lejos; tal vez a un par de manzanas.

Se puso en marcha. Leon la siguió de inmediato; no podía volver a quedarse atrás o esa sería su perdición. Permaneció atento al más mínimo ruido o movimiento. La ciudad había caído por completo, y no podía permitir que sufriera más daño. Se encargaría personalmente de eliminar una a una a esas criaturas si era necesario. Otro síntoma de que nada andaba bien era que la ayuda aún no había llegado. Jill había enviado una señal de socorro hacía unas horas, y estaba seguro de que la B.S.A.A. tenía cuarteles por todo el país. ¿Cómo era posible que tardaran tanto en enviar a un equipo de apoyo?

La operación era encubierta, sí, pero dudaba que dejaran a uno de sus líderes morir. No, tenía que haber algo que se le estaba escapando. ¿Y si les habían saboteado los sistemas de comunicación y el mensaje no se había enviado? Tenía tantas dudas que no sabía cómo iba a encontrar las respuestas. Sólo esperaba que a Chris y Claire les estuvieran yendo mejor las cosas en Chicago.

-Espera… -murmuró Ada levantando una mano y pegándose contra la pared. Leon hizo lo mismo. La calle giraba a la izquierda. Él también había oído algo, como gruñidos. Volvió a escucharlo. Sí, no había ningún tipo de duda: esa calle estaba llena de infectados -. Creo que va a ser algo complicado seguir en esa dirección…

Otro disparo. Leon miró de un lado a otro. Esa vez había sonado más cerca, tal vez una o dos calles a la izquierda… la dirección por la que estaban intentando ir. Cada vez estaba más convencido de que esos disparos tenían que ser de Jill. ¿Y si Jessica la había encontrado y…? Negó en silencio varias veces. No, sabía de sobra que no se dejaría sorprender tan fácilmente… salvo que estuviera herida… o muerta.

-Voy a echar un vistazo… -volvió a susurrar la asiática antes de asomar ligeramente la cabeza. La ocultó de inmediato. Su respiración se volvió más agitada. Leon se quedó observándola. Algo había visto que no le había hecho demasiada gracia -. Esto es peor de lo que pensaba.

-Déjame ver…

Leon repitió la misma operación, y le bastó un segundo para comprobar que los temores de Ada eran ciertos. Estaban en una larga avenida llena de B.O.W.S. que andaban sin rumbo fijo. Un vistazo rápido le había servido para calcular que debían ser al menos quince. Con el armamento que tenían sería un auténtico suicidio enfrentarse a todas. Morirían tarde o temprano por falta de munición.

El agente recuperó su posición. Tenía que idear un plan; el tiempo pasaba demasiado deprisa, y si se quedaban allí lo más seguro era que los sorprendieran. Ojalá hubiera cogido un mapa de la ciudad en el aeropuerto. Con una exacta distribución de las calles podría elaborar un plan más exacto. Se agachó y vio que por la acera había pequeñas piedras. Las cogió. Les servirían para trazar un plan rápido.

Ada lo observó frunciendo el ceño. ¿Qué diablos pensaba hacer con esas piedras? No tenían tiempo para ponerse a jugar al tirachinas. Empezó a colocar las piedras en el suelo de forma estratégica, y cuando terminó, le hizo una seña para que se acercara. Se puso de cuclillas a su lado sin dejar de observar el desolador panorama que tenía ante sí.

-Vale… Con un mapa sería mucho más fácil, pero nuestros recursos son limitados… -se detuvo unos segundos. Señaló las cuatro piedras que estaban en el centro -. Esto de aquí son las armas biológicas. Están por toda la calle, y van sin un rumbo fijo, aunque siempre se quedan por la misma zona, como si estuvieran esperando a algo…

-Lo más probable es que el sonido de los disparos los haya puesto en alerta.

-Sí, yo había pensado lo mismo –ahora señaló dos piedras que estaban más alejadas -. Estos somos nosotros. No tenemos mucha munición, y nuestras armas son bastante limitadas, así que el enfrentamiento directo está descartado. Tenemos que encontrar la forma de cruzar la calle sin ser vistos. Tal vez podamos utilizar contenedores y vehículos para ocultarnos.

Ada se quedó pensativa. Lo suyo no era eso de esconderse y esperar, aunque sabía que a veces era la opción más sensata… como en este caso. Leon tenía razón en prácticamente todo: si se enfrentaban a esas cosas no tardarían en rodearlos, y eso sería una muerte muy dolorosa. ¿Por qué cuando el plan empezaba a coger color había algo que lo estropeaba? ¡Sólo necesitaba encontrar a Sherawat y largarse de allí!

-¿Y si nos ven? Porque esas criaturas parecen estar muy atentas a todo lo que pasa. Necesitamos algo con lo que distraerlas… Una granada o un cóctel Molotov nos irían de vicio…

Leon estaba de acuerdo. El problema era que todas las granadas que habían cogido del cuartel estaban en el bolso que llevaba Jill, y no creía que tuviera mucho tiempo para buscar una botella, un trapo, alcohol y un mechero para fabricar el cóctel. No, definitivamente la idea quedaba descartada.

-Tenemos que pensar bien este asunto… -volvió a observar su plan. Ada tenía razón en el elemento de distracción. Tal vez él podría servir de señuelo mientras ella avanzaba… Aunque no le hacía demasiada gracia dejarla sola; aún no tenía demasiado claras sus intenciones -. Yo los distraeré. Tú intenta eliminar a todos los que pueda.

-¿Qué? –exclamó Ada en voz demasiado alta. Leon le hizo un gesto para que bajara el tono -. ¿Acaso quieres morir? No pienso dejar que te sacrifiques de esa manera, Leon…

Esas palabras le habían llegado al fondo. No por su contenido, si no por la forma en la que las había dicho. Parecía realmente preocupada por él. Tendría que volver a enfocar el asunto desde otra perspectiva. De pronto, oyeron una voz. Leon y Ada volvieron a pegarse contra la pared. La voz sonaba a apenas unos metros. Era una voz de mujer. Ada le hizo un gesto para que se quedara allí.

-Oh, sí. Pobre de mí. Tus amiguitos no van a parar hasta dar conmigo, me querrán viva para meterme en la cárcel… Bla Bla Bla. Siempre es la misma historia.

Esa voz…

-Sherawat… -susurró Ada antes de que le diera tiempo a decir algo. Y hubo algo en su tono que no le gustó absolutamente nada. La tenía a tiro; estaba convencido de que, en cualquier momento, saldría a por ella. Al fin y al cabo, ésa era su misión -. Está hablando con alguien… ¿Valentine?

Y ésa era la peor noticia que podía oír. Tenía que comprobarlo. Asomó un poco la cabeza. Vio a una figura de espaldas que caminaba hacia donde se encontraban las B.O.W.S. Apuntaba con una escopeta a alguien que iba andando delante. Y lo extraño era que esa escopeta le era sumamente familiar. Se quedó boquiabierto. Sólo tardó unos segundos en atar cabos.

-Jessica le ha tendido una emboscada a Jill… -murmuró sin apartar la mirada de la avenida. Estaban de espaldas; era imposible que lo vieran salvo que se giraran. Además, había algunas criaturas que tapaban su campo de visión, por lo que era prácticamente imposible que lo detectaran.

-¿Estás seguro? –preguntó Ada sintiendo curiosidad por ver cómo se desarrollaba todo. Lo mejor era que estaba bastante cerca de completar la misión. Sólo necesitaba aprovechar algún revuela para coger a Sherawat y quitarle las muestras que llevara encima. Parecía muy fácil, pero no era un trabajo para personas impacientes; se había hecho mucho de rogar.

-Sí… -observó a Jill. Algo le pasaba en el brazo izquierdo; estaba en una postura algo extraña, como si no estuviera en su sitio -. Algo le pasa al brazo de Jill… Es como si lo tuviera roto o algo de eso…

-¿De verdad? –la asiática se quedó pensativa. Tener un herido complicaría mucho las cosas, y sabía que Valentine podía ser una pieza importante; su sed de venganza podría ser muy bien aprovechada -. En ese caso… tenemos que ayudarla. No sabemos qué es lo que pretende Sherawat… Tal vez intenta que la maten.

-Eso parece… -asintió el agente viendo cómo cada vez estaban más cerca de los enemigos. Es como si estuviera utilizando a la ex miembro de los S.T.A.R.S. como escudo humano. ¿Sería capaz de arrojarla a una muerte segura con tal de escapar? Parecía bastante probable -. Hay que hacer algo ya. Se acaba el tiempo.

Estaban hablando algo, pero desde aquella posición no conseguía captar nada. La calle era bastante larga, y había varios vehículos y paredes que podían utilizar para esconderse. Si avanzaban a un ritmo lento pero constante podrían darles caza antes de que fuera demasiado tarde.

-Hagámoslo –dictaminó Leon comprobando su pistola -. Yo me encargaré del flanco derecho. Tú harás lo mismo por la izquierda. Avance sin pausa. Llegar y distraer, ¿entendido?

Ada asintió. Jugaría un rato más con sus reglas. Pero en el momento en el que Sherawat se pusiera a tiro esas reglas desaparecerían por completo; el trabajo era el trabajo… aunque no entraba en sus planes hacer daño a nadie. Se pusieron en marcha… cuando todo el terreno tembló de forma que casi los hace caer al suelo. Ada consiguió agarrarse a un buzón, mientras que Leon no había conseguido dar siquiera dos pasos; se sujetaba contra la pared.

El movimiento volvió a producirse, esta vez con algo menos de intensidad. ¿Qué demonios era eso? ¿Qué nueva sorpresa les tenía Sherawat reservada?


¿Pueden salir más cosas mal? ¡Yo creo que imposible!

Xaori: el pobre está tan obsesionado con Wesker que no ve otra cosa. En el próximo capítulo volveré a molestarlo un poquito (pobre xD). Y esto es sólo el principio. La cosa se va a complicar, y mucho :D

Stardust4: odio los cazadores yo también. Bichejos inmundos... Steve está asimilando el virus. Ha estado varios años sometido a un proceso de criogenización, y ahora está intentando averiguar si es capaz de dominarlo... Ya vemos que a medias.

Esto es todo por hoy mis queridos lectores. La próxima semana volveremos con los Redfield, con un posible desenlace de su historia. ¡A disfrutar!