¡Muy buenas a todos! Una semana más vengo cargada, y ésta vez de verdad xD Se me ha ido un poco la mano con este capítulo, lo reconozco, pero es que conforme iba escribiendo se me iban ocurriendo más y más cosas y no podía parar... Y aquí tenéis el resultado. Espero que os guste.
El cañón de la escopeta le hacía daño en los riñones. Era algo bastante soportable; el hombro era otro cantar. Notaba el brazo como si se le estuviera empezando a dormir, y temía que se hubiera roto alguna vena o un músculo. Jessica la obligaba a avanzar a un ritmo mayor del que podía. Estaba exhausta, y necesitaba un parón cuanto antes. ¿A quién demonios se le ocurría salvarle la vida a esa hija de puta?
Tras la operación de Terragrigia, la B.S.A.A. había mandado una orden de arresto contra Jessica Sherawat, que había desaparecido de la faz de la Tierra, como si se la hubiera tragado. La B.S.A.A. tenía cuartales en todos los continentes, aunque la expansión estaba empezando en África y Oceanía. Nadie había conseguido verle el pelo, aunque no había tardado en actuar después de lo de Terragrigia.
Lansdale seguía con sus jueguecitos desde la cárcel. No había nada que odiara más que no tener el control de la situación. ¿Cómo podían permitir que ese terrorista hiciera lo que le diera la gana estando vigilando constantemente? ¡Qué estaba en máxima seguridad, por el amor de Dios! Las criaturas estaban cada vez más cerca. Podía percibir la sensación de muerte y podredumbre.
-¡Vamos, camina! –le gritó Jessica dándole un fuerte empujón con la escopeta. Jill cayó al suelo apoyando las palmas de las manos. La derecha le funcionó a la perfección; con la izquierda fracasó estrepitosamente. Se quedó tumbada de lado, notando un dolor más intenso en el hombro. Apretó los dientes. ¿Hasta cuándo tenía que aguantar?
Hasta que a la B.S.A.A. le dé la gana de enviar la ayuda… Si es que lo hacen. Estarán bastante cabreados con Chris y con conmigo…
Pero no era su política dejar tirados a los suyos. Bueno, O'Brian casi lo había hecho con Parker y ella en el Zenobia, pero todo había sido culpa de Lansdale. Siempre aparecía, como si fuera una mosca cojonera.
-Levanta –le ordenó Jessica quitándole el seguro a la escopeta. Jill hizo un intento, pero con un solo brazo era bastante complicado. Se incorporó ligeramente e intentó ponerse en pie, pero perdió el equilibrio y volvió a caer, esta vez quedándose tumbada en el suelo -. ¡Por el amor de Dios! ¿Acaso ahora tengo cuidar de ti como una niña pequeña?
Jill se quedó pensativa. Era una suerte que llevara la máscara y no pudiera verle el rostro. Tal vez podría aprovechar ese momento para lanzar un ataque. No las tenía todas consigo, pero cuanto más tiempo estuviera en su poder, menos posibilidades tendría de contactar de Leon. Tenía que hacer algo para distraerla, tal vez hasta podría recuperar su escopeta.
-Ayúdame, ¿quieres? –le soltó con una voz indiferente. Ésa era la clave: no debía mostrar ninguna emoción en absoluto. Pero había algo en Jessica que no le gustaba: parecía estar alerta, como si esperara que algo ocurriera. Las B.O.W.S., con tanto jaleo, estaban empezando a sentir curiosidad, y se acercaban poco a poco.
Jessica dudó unos instantes. ¿Qué hacía ayudando a esa gilipollas? ¡Lo que tenía que hacer era salir corriendo y dejarla allí para que sus mascotas se alimentaran! ¿Pero y si la necesitaba más tarde? No, definitivamente no podía correr el riesgo. Le tendió una mano. Jill la agarró con algo de duda. Estaba a mitad de camino para actuar cuando el suelo tembló.
La ex miembro de S.T.A.R.S. cayó al suelo de nuevo, dándose un golpe en el codo derecho aunque sin demasiadas consecuencias. Jessica se tambaleaba de un lado a otro, y a punto estuvo de perder la escopeta. ¿Qué demonios había sido eso? Fuera lo que fuese estaba claro que no era un misil para destruir la ciudad. Lo pensó durante unos instantes. ¿Y si el Gobierno había decidido esterilizar la ciudad al no haber supervivientes?
No, hacía un par de años se había firmado una ley que ponía en marcha la ley marcial si la situación era irrevocable. La mayoría de los ciudadanos habían caído, pero la estructura de la ciudad estaba intacta. Con algo de tiempo y paciencia podría volver a ser habitable. Pero nunca había confiado demasiado en el Gobierno. Podían volver a utilizar las mismas artimañas que en Raccoon City, donde casi acaba consumida por un misil.
A lo lejos vio una nube de polvo que se acercaba a un ritmo bastante rápido. ¿Qué demonios era eso? Esperaba que no fuera otra sorpresita. Había estado tan cerca de sorprender a Jessica… Necesitaba levantarse y huir. Ahora era el momento que había estado esperando. Jessica no le prestaba atención; estaba mirando también la nube de polvo. Se arrastró impulsándose con las piernas. Era doloroso pero muy efectivo. Se estaba acercando a una farola.
Las criaturas gruñeron al oír tanto ruido. Ahora no había ninguna clase de duda de que iban a ir a por ellas. Tocó con la yema de los dedos el poste y se quedó agarrada a él sin perder de vista todo lo que ocurría. Apretó los dientes de nuevo e intentó impulsarse. No se movió ni un centímetro. Iba a costar más trabajo del que pensaba. Tal vez si utilizaba las piernas como impulso… ¡Lo había hecho miles de veces en el gimnasio mientras hacía sus ejercicios!
Jessica seguía ensimismada. Eso era buena señal. Se dio la vuelta y enroscó las piernas alrededor del poste. Con la mano derecha se impulsó hacia arriba y se elevó unos centímetros, los suficientes para ponerse en pie. Se descolgó con lentitud y suspiró aliviada. Había pasado con nota la prueba.
-¡Destrozar! ¡Despedazar! –era un grito que le puso la carne de gallina. Venía de la nube de polvo. Había algo en aquella voz diabólica que le era muy familiar, demasiado… Y entonces, se dio cuenta.
Era como el capitán del barco del Zenobia, que tenía la llave para acceder a la zona de los camarotes. Recordaba perfectamente que era una masa gorda rosa que tenía una sierra en uno de los brazos y que lanzaba unos cepos al suelo de una sustancia bastante viscosa. Jill había sido bastante cuidadosa al respecto, y no veía el momento de caer en la trampa.
Se acercaba a gran velocidad. Tenía que largarse de allí cuanto antes. ¿Y cómo se las apañaría sin armas? La bolsa la tenía Jessica. Si tan sólo pudiera aprovechar un momento de distracción…Se alejó unos pasos hasta colocarse junto a la pared más cercana. Un Oozie iba directo hacia ella. Tendría que ir en dirección de la nube de polvo, y era lo menos inteligente en ese momento.
Ni siquiera había caído en coger un cuchillo. Con él, aunque no era tan buena como Chris, podría defenderse medianamente bien. Avanzó unos pasos y se detuvo. Ya no sólo se escuchaba la sierra: se oían pasos, cientos de pasos, y gemidos. Volvió a pegarse todo lo posible a la pared. ¿También estaban por allí los infectados? Habían hecho bastante ruido, y lo más seguro era que se hubieran sentido atraídos.
¿Y qué iban a hacer ahora para enfrentarse a tantos? Se llevó la mano derecha al hombro. ¿Cómo demonios se suponía que iba a pelear así? Lo más sensato era huir, aunque no tenía ni idea de hacia dónde. Jessica pasó corriendo a su lado. Se detuvo al verla. La apuntó. Sólo tuvo un segundo para pensar. Se echó a un lado en el momento en el que la bala hacía añicos la pared sobre la que había estado apoyada segundos antes.
Por suerte no cayó al suelo. Entonces sí que hubiera estado completamente perdida. Jessica intentó volver a dispararle, pero se vio interrumpida por una sustancia viscosa que salió disparada hacia las dos. Se abrió con un ruido seco y se quedó fija en el suelo, como un cepo. Los Oozies seguían acercándose, acortando la distancia que los superaba a pasos agigantados.
Si no se movía iban a acorralarla. La nube de polvo había desaparecido, y eso era una ventaja. Pero el espectáculo que tenía ante sí era de pánico: por la izquierda se acercaba un grupo de Oozies que no debían estar a más de cien metros, y por el centro y por la izquierda se acercaban un grupo de infectados y esa masa rosa que también había estado en el Zenobia. Tenía que encontrar algún hueco.
Pero los espacios eran bastante pequeños, y se estaban cerrando cada vez más. Los infectados habían empezado a correr hacia ellas al verlas. Jessica disparó, y eso fue un error. Dio de lleno a uno de los infectados, que cayó rodando al suelo. El tiro se había alojado limpiamente en la cabeza. Los demás, al oír el ruido, apretaron el paso. Jill se movió un poco a la derecha al ver que de nuevo la estaban alcanzando.
La única posibilidad que tenía era pasar por debajo de la masa. Con suerte la pillaría desprevenida y no le daría tiempo a reaccionar. No debía perder de vista la sierra, por si acaso. Cogió aire bajo la máscara y volvió a sentir un dolor agudo en el hombro. ¿Cuánto terminaría toda la pesadilla, si es que alguna vez lo hacía?
Leon y Ada seguían agazapados, esperando el momento adecuado para entrar en acción. El problema era que ambos tenían unos objetivos bastante diferentes, o eso creía Leon. Había aprendido a no dar demasiada validez a lo que Ada decía. ¿Pero por qué entonces lo ayudaba siempre? Había tenido infinidad de oportunidades de matarlo, y nunca había apretado el gatillo.
¿Era posible que lo estuviera utilizando? Había bastantes posibilidades, pero ahora debía concentrarse en lo verdaderamente importante: tenía que sacar a Jill de allí costara lo que costase. Seguía preocupándole mucho el estado de su brazo. No iba a ser fácil luchar en ese estado, y por su experiencia sabía que los problemas no tardarían en llegar.
Tenían que poner en marcha el plan cuanto antes. Ada avanzaba por la derecha y él por la izquierda. No la perdería de vista ni un instante. Dio un paso cuando de pronto el suelo empezó a temblar. Se apoyó contra la pared intentando mantener el equilibrio. ¿Qué demonios era eso? Parecía un terremoto… aunque él sabía que no podía ser algo tan evidente. No. Allí había algo más.
Se dio la vuelta y vio una nube de polvo que se acercaba a gran velocidad hacia su posición. Arqueó una ceja. ¿Qué coño era eso? Lo único que tenía claro era que, fuera lo que fuese, debía mantenerse lejos. Se agachó y se quedó escondido detrás de un coche. Ahora no tenía una visión directa de Ada, y temía que se largara. Pero si iba tras Sherawat dudaba que se quitara de en medio.
Permaneció pegado a la puerta del copiloto conteniendo la respiración. Se oía mucho ruido, demasiado. ¿Cuántas cosas había tras ese nube de polvo? Si no tenían bastante con los enemigos que se acercaban por el otro lado, ahora tenían que lidiar también con una misteriosa nube de polvo que a saber qué traía consigo.
Le pareció oír de forma distorsionada como una sierra mecánica. ¿Una sierra? Cambió de postura intentando ver algo, pero no se atrevía. Además, también escuchaba muchos pasos, como si cientos de personas estuvieran caminando por la calle, siguiendo la misma dirección. Leon observó su pistola. Con eso no tenía ni para empezar. ¿Qué iba a hacer?
Se palpó el cuchillo que llevaba en el chaleco. Bueno, no era gran cosa, pero podía sacarle de un gran aprieto. Sí, lo utilizaría si se quedaba sin balas. Además, ahora era Sherawat la que llevaba la bolsa con las armas, y no sería fácil hacerse con ellas de nuevo. Sacó el cargador y comprobó que estaba entero. Quince balas. Tendría que emplearlas muy bien.
Se quedó quieto unos segundos más. Las pisadas y el ruido de la sierra se iban perdiendo. Estaban pasando de largo. Esperaría un poco más y se asomaría para ver cómo estaba la situación. Cerró los ojos. ¿Cómo era posible que el virus se hubiera expandido tan rápido? Los policías que habían encontrado en la comisaría habían comentado algo de que se habían producido explosiones en diferentes zonas de la ciudad. ¿Puntos estratégicos? Era muy posible; Sherawat lo tenía todo estudiado.
El rumor se iba perdiendo. Era hora de comprobar cómo estaba la situación. Asomó ligeramente la cabeza y volvió a esconderla obligándose a no maldecir en voz alta. Allí había, al menos, cincuenta infectados, y una masa rosa que tenía una sierra en la mano. ¿En qué nueva locura se habían visto involucrados? Con la poca munición de la que disponía iba a ser imposible hacerles frente uno a uno.
Ada seguramente ya se habría percatado de que la situación estaba bastante mal, y estaría agachada tras uno de los coches que estaba aparcado en la acera de enfrente. Sólo esperaba que no se hubiera largado. Tal vez debería volver y buscarla. Tal vez juntos tendrían más posibilidades de alcanzar a sus objetivos. Caminó con lentitud hacia la parte trasera del vehículo sin perder de vista lo que tenía delante.
Giró al llegar al maletero y se quedó pegado. La sierra sonaba bastante por aquella zona. ¿Qué posibilidades tendrían de salir vivos con lo poco que tenían? Contó mentalmente hasta tres y echó a correr agachado hacia el otro lado. Esperaba no cruzarse con nada hasta llegar. Afortunadamente, el trayecto fue más corto de lo que pensaba. Volvió a caminar agachado tras los coches hasta que vio a Ada mirando fijamente a la escena que tenía delante.
Jill estaba acorralada contra la pared por algunos infectados. Esos seres altos que parecían como extraterrestres también se acercaban peligrosamente. Tenía que hacer algo para salvarla. De pronto, Sherawat entró en acción. Se detuvo junto a Jill y la apuntó con la escopeta. Leon se quedó boquiabierto. ¡No! Pero la agente de la B.S.A.A. se echó a un lado y consiguió esquivar el disparo por poco.
El ruido no hacía más que atraer a los infectados. Tal vez debería disparar al aire para separar al grupo. Al menos así tendrían más posibilidades… aunque tuviera que vérselas contra esa masa rosa asquerosa. Se situó junto a Ada.
-Tenemos que hacer algo rápido –su voz sonaba urgente -. Las van a matar.
Ada asintió lentamente. Sherawat era más estúpida de lo que pensaba. ¿Por qué había arriesgado las balas y su vida de esa forma? El ruido siempre atraía a más de esas cosas; era una norma básica. El problema era que posiblemente tendrían que hacer más ruido si querían hacerles ganar algo de tiempo a esos dos. Valentine le importaba algo menos, pero no estaba en su código moral dejar morir a los buenos. Siempre que pudiera echaría una mano.
-Yo me encargaré de distraer a los infectados –dictaminó pensativa. Si se enfrentaba a ellos de uno en uno no sería un problema… siempre y cuando no vinieran cincuenta a la vez. Confiaba mucho en sus posibilidades y en su dominio de las artes marciales -. Tú asegúrate de que cuando acabe la fiesta siguen de una pieza.
-¿Estás segura de que no necesitas ayuda? –Leon parecía realmente preocupado. Era tan mono cuando quería… Pero Ada sabía, por mucho que le doliera, que no debía mezclar los negocios con el amor. No, esa etapa había quedado bien aparcada.
-Tranquilo. Esto será un paseo comparado con Raccoon City y España.
Leon asintió sin estar del todo convencido. Sus vidas siempre habían estado en constante peligro, y aunque habían salido ilesos la mayoría de las veces, la posibilidad de una muerte dolorosa e inesperada siempre estaba ahí. Le tocaba confiar en ella… al menos hasta que lograran salir de allí con vida. Luego, cada uno por su camino, como habían hecho siempre.
-De acuerdo –dijo el agente sin dejar de observar cómo Jill luchaba por su vida -. Me acercaré por el otro lado –le puso una mano en el hombro. Se sintió nervioso. Siempre le producía una sensación que no sabía muy bien cómo explicar -. Confío en ti.
Ada se quedó en silencio observando cómo se alejaba por la parte trasera. Le quitó el seguro a su arma y suspiró. Tocaba darles un poco de medicina a esas cosas y salvarles el culo a los buenos… Una vez más. Pero su misión estaba muy clara.
Jill propinó una patada alta a uno de los infectados que estuvo a punto de agarrarla. El cuerpo se tambaleó ligeramente hacia un lado, desorientado. No tenía tiempo para pensar en nada más. Se deslizó por debajo de esa cosa monstruosa en el momento en el que la sierra iba directa hacia el lugar en el que había estado un segundo antes. Pasó percibiendo un desagradable olor a podrido y a muerte. Era realmente asqueroso.
Rodó sobre su costado unos cuantos metros apoyando los codos. Era muy doloroso. Demasiado. El hombro izquierdo le daba unas punzadas enormes. No sabía cuánto más podría aguantar ese dolor. De pronto, oyó un disparo. Al principio pensó que era Jessica, pero no sonaba tan potente como el de una escopeta. Era de una pistola. ¿Leon? Dios, lo único que deseaba era encontrarse con un rostro conocido que no deseara matarla en cuanto la viera.
Intentó ponerse en pie como la vez anterior, pero el brazo seguía sin responderle. Esta vez ni siquiera fue capaz de apoyarlo. ¿Qué iba a hacer? Algunos infectados se alejaban hacia el lugar por donde había sonado el disparo, pero la mayoría iban hacia ella. Se arrastró por el suelo alejándose todo lo posible. De repente, chocó contra un cuerpo enorme que emitía un gruñido bronco.
Ni siquiera tuvo tiempo de levantar la mirada. Una sombra enorme se situó sobre ella. Levantó la pierna propinándole una patada al Oozie en el estómago. Ni siquiera se tambaleó. Empezó a agacharse acercando su boca cada vez más a su cuerpo. Jill cerró los ojos. En cualquier momento esperaba que le desgarraran el traje y empezaran a destriparla. ¿Cómo era posible que hubiera cometido semejante error?
Sólo esperaba que Leon consiguiera atrapar a esa hija de puta y encerrarla en prisión. Y Chris… Había tanto que quería decirle… Pero ya no había tiempo para lamentaciones. Podía sentir el aliento putrefacto de la criatura al otro de la máscara. Era realmente asqueroso. Volvió a oírse otro disparo, esta vez mucho más cercano. El Oozie gruñó y se tambaleó un poco antes de empezar a caer hacia Jill, que apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Quedó sepultada bajo esa masa asquerosa que no dejaba de tener espasmos. ¿Qué demonios había ocurrido? Se había quedado atrapada. Apenas podía moverse. Intentó empujar el cuerpo con las piernas, pero apenas consiguió desplazarlo unos centímetros. Pesaba demasiado. Lo único que tenía claro era que alguien acababa de salvarle la vida… y no era Jessica, eso seguro.
-¡Jill! ¿Estás bien? –la llamó una voz masculina que se acercaba a buena velocidad. Y de pronto, todas las preocupaciones y todos los temores se fueron de un plumazo. Podría vivir un poco más para contarlo.
-¡Leon! –exclamó casi sin voz. Sentía unas ganas enormes de llorar, pero sabía que debía mantenerse fuerte. Ya se derrumbaría más tarde, cuando estuviera bastante lejos metida en una bañera hasta arriba de agua caliente -. ¡Estoy atrapada!
Y lo vio por primera vez. Llevaba una pistola en la mano, la única que había conseguido sobrevivir al asalto de Jessica. No estaba muy segura de que tuviera mucha munición encima, pero eso era mejor que nada. No tenía ni idea de cómo había conseguido dar con ella, pero eso no importaba. Ahora era el momento de terminar con lo que habían empezado juntos.
Se agachó junto al cadáver del Oozie y lo empujó sin demasiado esfuerzo, como si se tratara de una caja de zapatos. Jill pudo respirar aliviada. El peso muerto de esa criatura le estaba aprisionando las piernas y los brazos. Leon le tendió una mano. Jill no dudó en aceptarla. Se puso en pie comprobando que podía sentirse muy afortunada de tener sólo algunos rasguños.
-Cuánto me alegro de que estés bien… -se limitó a decir sin perder de vista los alrededores. Las criaturas volvían a comerles terreno. La sierra sonaba bastante cerca, aunque no era un motivo para preocuparse de momento -. ¿Cómo me has encontrado?
-Decidí volver hacia el lugar donde nos separamos y tomé el camino por el que te marchaste… Luego vi signos de lucha y casquillos de bala, y supe que iba en la dirección correcta.
-Hay que detener a Jessica cuanto antes… -se giró mirando de un lado a otro. Si había conseguido escapar… No, no podía permitírselo. No iba a parar hasta salir de la ciudad con ella, viva o muerta.
-No te preocupes. Ya hay alguien que se está ocupando de ello…
Jill frunció el ceño. ¿Alguien? ¿Es que la B.S.A.A. había recibido el aviso y habían mandado a un equipo para sacarlos de allí? Si era así no podía más que pensar en la suerte que había tenido. Pero algo en el tono de su voz le indicaba que no eran sus colegas precisamente. Bueno, siempre había considerado que toda ayuda era buena, siempre y cuando no interfiriera en la misión principal.
-Pero no vendría mal echar una mano –continuó el agente echando un vistazo a la zona donde estaban concentrados la mayoría de los infectados. Ada y Jessica deberían estar haciendo lo imposible para intentar sobrevivir. Entonces se dio cuenta de que el hombro de su compañera estaba en un posición extraña, salido -. Tu hombro… No tiene muy buena pinta.
-Se me ha debido salir cuando he cogido a esa zorra –le explicó apretando los dientes. El dolor volvía como si le estuvieran asestando varias puñaladas -. No tengo armas. Pero tal vez pueda realizar algunos ataques cuerpo a cuerpo.
-Encárgate de Sherawat –dictaminó Leon quitándole el seguro a su pistola. Sabía perfectamente que Jill no estaba en condiciones de luchar, y mucho menos de meterse en una pelea. Pero si podía distraer a Sherawat el tiempo suficiente… Tal vez tendrían una posibilidad -. Yo intentaré alejar a todas esas cosas.
Jill asintió de forma ausente. Bien, era hora de confiar en sus técnicas y en sus movimientos. Sabía de sobra que Jessica no tendría nada que hacer contra ella en un enfrentamiento cuerpo a cuerpo, pero claro… El maldito hombro no le permitía jugar en igualdad de condiciones. Echaron a correr de vuelta a donde estaba toda la acción. Jill vio que había dos enmascarados.
Una de ellas era Jessica. Reconoció la escopeta que le había quitado. A pocos metros de distancia, había otra persona enmascarada que se enfrentaba a los infectados uno a uno. Se movía bastante bien. Tal vez era algún poli de los que habían encontrado en la comisaría, o algún otro ciudadano que había conseguido sobrevivir. De cualquier forma, si era una ayuda que podía ayudarlos a sobrevivir, bienvenida era. Ya habría tiempo de hacer preguntas.
Se fijó en Jessica. Leon empezó a disparar apuntando con bastante certeza. Jill sabía que podía morir; existía una alta posibilidad, pero lo único que tenía claro era que no iba a permitir que esa zorra volviera a salirse con la suya. Echó a correr hacia la zona en la que se encontraba combatiendo a un Oozie. Allí tenía también la maleta con las municiones. Si tan sólo pudiera distraerla para quitársela…
Un infectado salió a su paso. Le propinó una patada en la cabeza, lo que hizo que se desequilibrara. Era el momento de poner en práctica todo lo que había practicado en los últimos años. Dio un salto y se subió a los hombros del tipo. Con un ligero movimiento de cadera, giró la cabeza del infectado hacia la izquierda. No hacía falta decir que cayó al suelo al instante.
Jill dio una vuelta en el aire y cayó de rodillas. Esta vez no había tenido que apoyar las manos, lo cual era un auténtico alivio. Se puso en pie con menos trabajo de lo esperado y se acercó al siguiente. Le propinó una patada en la espinilla. El infectado cayó al suelo de rodillas, y Jill le golpeó en la cabeza. Cayó en redondo y no volvió a levantarse. Todo ese esfuerzo estaba provocándole que se agotara con bastante rapidez, y que el dolor fuera cada vez más intenso. Dios, ¿dónde había un ibuprofeno cuando se necesitaba?
Jessica estaba bastante cerca, a unos cincuenta metros escasos. Esquivaba como podía al de la sierra, que no había cejado en su empeño de seguirla. Leon seguía disparando por algún lugar a su derecha, y podía ver cómo la otra persona enmascarada se enfrentaba con un puñal a los infectados. No tenía ni idea de quién podía ser, pero lo que tenía claro era que tenía cierta formación.
-¡Eh tú! –gritó llamando la atención de Jesssica, que apuntaba con la escopeta a un Oozie que se le estaba acercando peligrosamente. No le hizo caso. Había demasiado ruido. Tendría que acercarse esquivando a las criaturas que había por el camino.
Echó a correr impulsándose con el único brazo que se lo permitía, yendo en zigzag, esquivando sin dificultades a las B.O.W.S. que le salían al paso. Empujó a una con su hombro bueno, haciéndola caer al suelo con gran estrépito. Tuvo que saltar por encima para esquivarla. La masa rosa olía asquerosamente mal, como si hubiera salido de las cloacas. No recordaba que en el Zenobia hubiera sido igual.
-¡Eh, capulla! –volvió a gritar, esta vez consiguiendo su objetivo. Jessica la observó durante unos instantes antes de dispararle. Jill volvió a esquivarlo por los pelos -. ¡Vas a gastar toda la munición, maldita sea! ¿Acaso quieres que te maten?
Centró su atención de nuevo en su enemigo, al que disparó a bocajarro en la boca. El ser retrocedió unos metros gritando de dolor. Pero Jill sabía que estaban muy lejos de acabar con ella; esas cosas eran duras de pelar. Tenía que llevarse a Jessica a otro lado y dejar que Leon y su misterioso ayudante se encargaran de poner algo de orden por aquí. ¿Podría hacerlo con el hombro doliéndole a rabiar?
Volvió a correr hacia su objetivo aprovechando que la amenaza más importante estaba desorientada. Jessica, tan centrada en comprobar si la criatura volvía a la carga, no se dio cuenta de que alguien se acercaba a gran velocidad hacia ella. La chocaron contra la pared, haciendo que su escopeta y la bolsa con las municiones cayeran al suelo. Se dio un golpe bastante fuerte en el costado. ¿Quién la había atacado?
Y entonces, vio que Valentine la tenía agarrada con su brazo bueno. Intentó soltarse, pero la condenada, a pesar de que no estaba del todo bien, tenía una fuerza descomunal. Intentó darle una patada, pero la falló. ¿Cómo podía estar decidiendo de esa forma ante una idiota a la que le quedaba poco para morir? Intentó quitarle la máscara, pero sus brazos no llegaban lo suficiente.
-Fuera armas –dijo Jill con un tono de voz serio, determinado. Jessica sabía que no podía dejarse llevar por sus juegos, pero había algo en su voz que no le gustaba un pelo; estaba muy cabreada. Bueno, en plazas peores había toreado, y siempre se había salido con la suya -. Tú y yo. Como tiene que ser.
-¿De verdad quieres que te parta esa bonita cara que tienes?
Jill no supo si reír o darle un puñetazo ya. Esa actitud chulesca no iba a llevarle a ninguna parte. Y de pronto sintió unas ganas enormes de destrozarla, de hacerle pagar por todo el daño que les había hecho desde Terragrigia. Jessica no iba a salir viva de Salt Lake City.
Leon vio cómo Jill se alejaba en dirección a Sherawat, que estaba disparando al que parecía ser el enemigo más fuerte de todos. Nunca había visto nada parecido, aunque en uno de los informes de la B.S.A.A. había leído la existencia de una criatura con una sierra. Estaba seguro de que la propia Jill había sido la que había escrito el informe. Ahora que lo pensaba, recordaba que había mencionado algo relacionado con Terragrigia. El mismo virus estaba actuando allí, y sabía que no era el único.
Los infectados estaban desapareciendo poco a poco. Estaban haciendo un gran trabajo conteniéndolos. El problema era que ya sólo le quedaban cinco balas. Echó un vistazo a Ada, que estaba al otro lado de la calle. Tenía un cuchillo en la mano. Ella sí que se había quedado sin munición. El ruido de la sierra volvió a ponerle alerta. La criatura estaba bastante lejos, aún no parecía haber reparado en él, pero no podía bajar la guardia.
Echó a correr hacia Ada, que le propinaba una patada lateral a un infectado. Leon pasó corriendo junto a la masa rosa sin que ésta se diera cuenta de que estaba allí. Estaba como aturdida. Por el rabillo del ojo vio cómo Jill tenía agarrada a Jessica por el cuello. Se detuvo en seco. Estaba convencido de que si seguía así iba a matarla tarde o temprano. Pero no fue eso lo que llamó más su atención. En el suelo, a pocos metros de ellas, estaba la bolsa que Jill había cargado con armas y municiones… ¡y la escopeta también estaba allí!
Tenía que pensarlo con calma. Si conseguía todo eso, Ada y él tendrían muchas posibilidades de derrotar a todos los infectados con mayor rapidez. Era exactamente lo que necesitaba. Lo único que tenía que hacer era ir rápido sin perder de vista a los enemigos que rondaban la zona. La masa parecía estar recuperándose de lo que quiera que le hubiera ocurrido.
Era ahora o nunca. Echó a correr hacia donde estaban Jessica y Jill. Estaban una la frente a la otra, sin dejar de mirarse; Jill con su hombro colocado en posición extraña, Jessica tocándose el pelo como quien no quiere la cosa. Posiblemente ni se darían cuenta de que iba hacia ellas.
-¡Muere! –el grito lo puso en alerta. Se echó a un lado en el momento en el que la sierra pasaba a escasos centímetros de su pierna derecha. Se tambaleó ligeramente, lo suficiente para caer al suelo. Puso las palmas de las manos justo a tiempo. Posiblemente se habría hecho algún arañazo, pero eso era lo de menos. Lo importante era que nadie había parecido darse cuenta de su cómica caída.
La masa siguió su camino inexpugnable. ¿Cómo era posible derrotarla? Estaba seguro de que con armas convenciones se podría, aunque ello supusiera gastar todas las reservas de las que disponían. Jessica y Jill se dieron cuenta en ese momento de que estaban en peligro. Echaron a correr perseguidas por esa cosa que no paraba de gritar. Era el momento. Leon se levantó con rapidez y echó a correr hacia la bolsa, que yacía a pocos metros.
Agarró el asa con determinación, y echó un rápido vistazo. Había un par de Oozies que se estaban acercando peligrosamente. Con la mano izquierda alcanzó la escopeta. La observó unos instantes. Parecía estar en buen estado, y si conservaba la mayoría de la munición, mejor que mejor. Era el momento de despejar el camino. Enfundó su pistola y comprobó que la escopeta estaba cargada. Sólo tenía dos balas. Tendría que haber algunas más en la bolsa.
Echó un rápido vistazo y encontró cinco más. Bueno, algo era algo. De repente, un grito llamó su atención. Venía de su izquierda. Al mirar en esa dirección vio cómo Ada estaba siendo atacada por un par de infectados que habían conseguido atraparla. Mierda. Leon echó a correr. Tenía que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde… y sólo tenía dos balas por el momento.
Apuntó deteniendo por completo la marcha. Apretó el gatillo dirigiendo el disparo al que estaba agarrando a Ada por el cuello. Le disparó en la pierna. El infectado cayó al suelo de rodilla. Ada, aprovechando ese momento de semi libertad, le propinó un puntapié que esparció los sesos de esa cosa por todos lados. Le dio un codazo al que la estaba agarrando por la espalda y lo hizo caer al suelo con un gran estruendo. Se llevó por delante una papelera y se chocó contra el capó de un coche.
Leon desenfundó su pistola dando unos pasos hacia el enemigo. Arrojó la escopeta hacia la asiática, que la cogió algo sorprendida. Apuntó a la cabeza de esa cosa que antes había sido humana y disparó la única bala que le quedaba en la recámara. Esperaba que en la bolsa hubiera algo más, porque lo iban a pasar realmente mal. Los infectados habían desaparecido casi todos. Algunos vagaban de un lado a otro, otros iban en dirección a ellos pero a un ritmo lento.
-Veo que no has perdido la forma –dijo Ada sujetando con decisión la escopeta. Sabía que podía contar con Leon pasara lo que pasase. Había demostrado tener una voluntad de hierro, y siempre, pasara lo que pasase, conseguía superar las adversidades. Era algo que admiraba profundamente de él, algo que le atraía muchísimo -. Aún queda mucho trabajo por hacer.
Y señaló el lío que tenían alrededor. Desde luego que aún había mucha tela que cortar. Leon asintió en silencio, dándose cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, se sentía como si volviera a estar atrapado en Raccoon City. Y entonces, por primera vez en muchas horas, le pareció oír el lejano sonido de un motor. Sonaba demasiado lejos para confirmarlo, pero no parecía ser sólo uno. ¿Tal vez se lo estaba imaginando?
Jessica rio, no sabía muy bien si porque se sentía superior o porque sabía que su rival no tenía ninguna posibilidad. ¿De dónde había sacado tanta arrogancia Valentine? Que ella supiera, las veces que había tratado con ella había demostrado ser una mujer muy correcta, demasiado. ¿De verdad creía que iba a salirse con la suya? De pronto, la agarró por el cuello y la estrelló contra la pared.
El golpe le dolió. ¿Cómo demonios lo había hecho? Forcejeó intentando soltarse, pero la tenía bien agarrada. ¿Cómo era posible que la estuviera dominando con sólo un brazo? Intentó darle una patada en la entrepierna, pero se quedó a escasos centímetros. La oía jadear bajo la máscara. El dolor debía estar matándola. Tarde o temprano la soltaría, y aprovecharía ese momento para darle su merecido.
-¡Muere! –ese grito sonaba muy cerca, demasiado. Era de nuevo esa maldita cosa. ¿Es que una chica no podía tener ni un momento de tranquilidad? De repente, Jill la soltó. La sierra sonaba demasiado cerca. Mierda. Jessica se tiró al suelo justo a tiempo de ver cómo la sierra pasaba rozándole la cabeza.
Buscó la escopeta por el suelo, pero había desaparecido, al igual que la bolsa. Se quedó perpleja. ¿Qué demonios había pasado? ¿Y si ese bicho lo había destruido todo? Si era así estaba bien jodida. Tendría que volver a utilizar a Valentine de escudo. Estaba a su derecha, sin apartar la mirada de su enemigo. Jessica se abalanzó contra ella. Ambas cayeron al suelo. Se oyó un disparo.
La retendría el tiempo suficiente para que esa masa se encargara de ella y así podría poner tierra de por medio antes de que alguien más se uniera a la fiesta. Estaba segura de que la B.S.A.A. estaba por allí, y que no tardaría en acudir a ayudar a uno de sus líderes. Jessica intentó quitarle la máscara, pero la cabrona se resistía como una auténtica campeona. ¿De dónde sacaba tanta fuerza?
Le dio un puñetazo en el rostro. No sabía si habría surtido mucho efecto con la máscara, pero tal lograría desorientarla un poco. Sólo necesitaba ganar un poco de tiempo. La agarró por el cuello oyendo la sierra cada vez más cerca.
Sí, cariño. Aquí tienes comida gratis. Vamos, está deseando que la pruebes.
Jill le dio una patada en el trasero. Dolió pero era un dolor soportable. Sabía que le estaba ganando. Podía notarlo en su respiración agitada y en sus débiles gemidos. Sólo necesitaba aguantar un poco más y sería completamente suya. Jill volvió a golpearle, esta vez con la rodilla. Jessica notó crujir un hueso. Soltó a su rival haciéndola caer al suelo con gran estruendo.
Volvió a darse en el hombro malherido. Gritó… pero sabía que no tiempo para lamentarse. La masa rosa reía sin parar; estaba a escasos metros de ellas. Jill rodó sobre su costado con bastante esfuerzo, alejándose un poco más. Jessica saltó hacia su izquierda, y cayó a escasos centímetros de la fundadora de la B.S.A.A., a la que volvió a atacar.
Los disparos seguían sonando. Jessica no tenía ni idea de quién podía ser, pero si eran de la B.S.A.A., ¿por qué no la habían cogido ya? No creía que permitieran que su líder estuviera tan expuesta al peligro. Volvió a darle un puñetazo con más fuerza. Eso tendría que haber bastante para haberla dejado fuera de combate durante un tiempo… ¡Pero seguía peleando! ¿Cómo era posible?
La sangre empezó a bajarle bajo la máscara. Jill apenas se dio cuenta. Estaba tan concentrada en sus movimientos y en oponer resistencia que apenas sentía el dolor. Era, por así decirlo, como parte de ella. Jessica dejó de hacer fuerza durante un instante, momento que aprovechó para darle un puñetazo. Su rival se llevó las manos al rostro gritando. Jill le dio una patada para quitársela de encima. Jessica cayó al suelo de culo, sintiendo de nuevo que le dolía todo.
Los enemigos se estaban aproximando. No podía permitir que esa hija puta cayera en sus manos. No, ella se merecía estar entre rejas haciendo compañía al cabrón de su jefe. Con su brazo bueno, la agarró del chaleco y la arrastró en el momento en el que la masa rosa atacaba con su sierra. Rasgó parte del uniforme de Jessica aunque sin llegar a producirle ningún corte.
Jill trotó sin dejar de arrastrar a Jessica, que intentaba poner algo de resistencia. Era suya; la tenía a su merced. Necesitaba llevarla hasta donde estaba Leon. De pronto, dos Oozies le cerraron el paso. Se detuvo. ¿Cómo era posible que aún siguieran en pie? Tendría que dar un rodeo. Sin embargo… no veía a Leon por ninguna parte. ¿Dónde demonios estaba?
Retrocedió. Jessica podría aprovechar ese momento de confusión para largarse. No, no podía permitirlo. Sin saber cómo, consiguió levantarla del suelo y la obligó a andar. Notaba el sabor de la sangre en la boca. Necesitaba escupir, pero con la máscara era imposible. Esa hija de puta le habría reventado el labio con toda probabilidad. Estaba molida, como si la hubieran sometido a un entrenamiento de cinco horas.
Los Oozies parecían leer sus intenciones. Giraron hacia la izquierda, cerrándoles cada vez más el paso. Jill volvió a detenerse. En ese momento, Jessica intentó propinarle un codazo, pero la ex miembro de S.T.A.R.S. adivinó sus intenciones y lo esquivó por poco. Cargó contra Jessica y ambas volvieron a caer al suelo. Le sujetó los brazos. Jessica empezó a reír.
-Éste es el fin, querida… -dijo con una voz tomada por la locura. Si ella iba a caer, iba a asegurarse de llevársela consigo -. Estamos atrapadas en esta pesadilla, y sólo queda rendirse y esperar lo inevitable.
-Si estás hablando por ti… Lo entiendo…
Unas sombras alargadas se iban acercando. Jill podía percibir el olor a muerte y descomposición. Estaban rodeadas. Sin armas, sin saber qué había pasado con Leon… Jessica parecía tener razón. Pero de repente vio por la parte izquierda cómo alguien se acercaba a toda velocidad. Cargó contra el Oozie, derribándolo y dejándolo tirado en el suelo. Con un disparo se encargó del otro. De su boca surgió una membrana. El Oozie se quedó quieto, como aturdido. Jill sabía lo que tenía que hacer.
-¡Destrúyelo!
No hizo falta que se lo repitiera dos veces. Leon Le propinó una patada fuerte. La criatura aulló de dolor y empezó a caer de rodillas al suelo. Un charco de sangre empezó a formarse en el suelo. El agente se quedó observándolo, sin darse cuenta de que el otro enemigo volvía a la carga. Jill no tuvo ni tiempo para advertirle. El ser elevó una garra y golpeó a Leon en la espalda.
-¡Leon! –gritó olvidándose por completo de que tenía prisionera a Jessica, que le dio una patada en el estómago y se arrastró alejándose unos metros. Se puso en pie dispuesta a largarse de allí. Había llegado el momento de poner tierra de por medio.
Jill observó boquiabierta cómo Leon se elevaba en el aire dando un par de vueltas. Cayó al suelo bocarriba, dándose un buen golpe en la espalda. Echó a correr, pero se sintió algo más aliviada al ver que su compañero se incorporaba un poco protestando. La parte de atrás del uniforme estaba rasgada, y tenía una herida que, aunque no parecía demasiado importante, podría hacerle perder bastante sangre.
Jill le tomó la pistola prestada. Era hora de ir poniendo punto y final a la historia.
Ada lo observó todo desde la distancia. Su parte de la misión estaba prácticamente cumplida. Aún quedaban algunos enemigos rondando, pero la mayoría habían sido eliminados. Ahora la cuestión era acercarse a Sherawat sin que Valentine opusiera demasiada resistencia, algo que parecía bastante difícil. Las dos chicas estaban en el suelo, peleando.
Sherawat forcejeaba, y por increíble que pareciera, Valentine, con un solo brazo, era capaz de dominarla. Estaba segura de que esa mujer estaba tan cabreada que hacía lo imposible para cumplir su misión. Necesitaba llamar su atención. Tal vez… Sí, atraería a los monstruos que quedaban hacia ellas. Eso la obligaría a huir.
Ada corrió hacia dos Oozies que andaban sin un rumbo fijo. Vio en el suelo una piedra. Se la arrojó a la cabeza al que estaba a la izquierda. Gruñó enfadado y se giró viendo a la asiática preparada para echar a correr. Las criaturas empezaron a seguirla de inmediato. Sólo necesitaba esconderse y dejar que hicieran su trabajo. Cuando Sherawat estuviera sola ya ajustaría cuentas con ella. Avanzó de espaldas echando un vistazo de vez en cuando a lo que había detrás.
Sólo esas cosas estaban prestándole atención. Bien. Tenía que encontrar algún sitio en el que esconderse hasta que decidieran que había otro plato más apetitoso delante. Ya estaba apenas a doscientos metros. No veía a Leon por ningún lado. Había echado a correr sin mediar palabra, posiblemente en ayuda de Valentine. Ada aminoró la marcha. ¿Por qué esas cosas eran tan condenadamente lentas?
A esa distancia ya tendrían visión directa de lo que ocurría. Bien. Era ahora de quitarse de en medio y dejar que hicieran su trabajo… aunque si la cosa se podía complicada tendría que intervenir. No le gustaba que los buenos salieran heridos, y mucho menos Leon… Ese hombre había despertado en ella sentimientos que nunca creía que tendría, pero la realidad era que podía dejarse llevar por ellos.
Se dio la vuelta y echó a correr hacia un coche verde que había aparcado. Se deslizó por el lateral izquierdo hasta quedar escondida debajo. Apoyó los codos buscando una postura que no fuera demasiado dolorosa y miró al frente. No veía demasiado, pero al menos tenía una acústica aceptable. Oía los gritos de las criaturas, que se habían dado cuenta de que habían perdido a su presa. España le había servido para conocer una nueva cara de los virus, y lo cierto era que no quería volver a pasar por ello.
Eran violentos, capaces de hablar y de lanzar armas. Si ya estaban consiguiendo todo eso, ¿qué les depararía el futuro? Umbrella había destruido muchas vidas, de eso no tenía ningún tipo de duda. Había abierto un camino peligroso del que ella había tenido consciencia desde prácticamente el principio. Todo ese juego de John, las instalaciones… había sido demasiado peligroso. Pero ella simplemente tenía que cumplir órdenes, y nunca fallaba.
Los pasos empezaron a perderse. Estaban formando mucho ruido. La sierra sonaba bastante cerca, pero era imposible que esa cosa la hubiera visto. Esperaría un poco más y aprovecharía el momento de confusión para tener unas palabras con Sherawat. Sólo tenía que observar y esperar. El tiempo pasaba demasiado lento. De pronto, oyó un grito que le heló la sangre. Sonó un golpe, y vio un cuerpo caer al suelo. Se retorcía. Le dolía… y supo que era Leon.
Se quedó petrificada. No… de ninguna manera Leon podía estar muerto. Tenía un instinto nato para la supervivencia; había pasado todas las pruebas con nota. Tenía… tenía que ayudarle. Se arrastró lo más rápido que pudo hasta llegar a la parte delantera. Se levantó casi de un salto. La masa rosa seguía atacando a los que se interponían en su camino. Había cortado por la mitad a uno de los Oozies. Valentine estaba arrodillada junto a Leon… y Sherawat venía hacia ella.
Era la oportunidad que estaba esperando. Había comprobado que Leon estaba bien atendido, aunque le preocupaba que esos dos estuvieran tan desprotegidos. Se puso en el camino de Sherawat. Estaba tan distraída mirando hacia atrás, pendiente de que nadie la siguiera, que se chocó contra Ada. El golpe hizo que ambas cayeran al suelo. Le había dolido bastante.
Jessica volvió a caer de culo, dándose con fuerza en el hueso que Valentine posiblemente le había fracturado. A ver cómo iba a hacer ahora sus cosas. Se había chocado con algo, aunque no parecía demasiado fuerte. Miró al frente, y vio a una persona enmascarada como ella. Un nuevo temor apareció; todo el dolor desapareció. Los refuerzos de la B.S.A.A. estaban allí. Tenía que huir.
Se puso en pie con rapidez, sin importarle las punzadas que le daba el trasero. Su rival también se levantó con una agilidad impresionante. Volvió a taparle todas las vías de escape. ¿Y ahora qué iba a hacer? Sólo le quedaba enfrentarse cara a cara con ella. Intentó darle un puñetazo, pero se lo esquivó casi sin moverse. Tal y como sospechaba, no se trataba de una persona normal y corriente.
-Oh, vamos, sé que puedes hacerlo mucho mejor –la animó su rival. Se detuvo en seco. ¡Era una mujer! Eso sí que no lo había esperado -. Hagamos esto de forma pacífica –se detuvo unos instantes, como si estuviera midiendo sus palabras -. Sólo quiero una cosa que tienes en tu poder. Si me lo das te dejaré marchar sin hacerte daño.
Jessica rio. ¿Cómo podía ser esa gilipollas tan hipócrita? ¿De verdad se creía que era tan inocente?
-Y voy yo y me lo creo… -respondió cuando la risa más o menos la abandonó. Lo cierto era que a veces se encontraba con situaciones bastante cómicas -. Será mejor que te apartes. Si eres de la B.S.A.A. no me quedará más remedio que matarte. Ya has visto lo que le ha pasado a tu líder…
-Ella no me preocupa. No soy de la B.S.A.A. Trabajo por mi cuenta –Ada volvió a quedarse callada. Vio cómo los músculos de Jessica se destensaron, aunque sólo un poco -. Sólo quiero una muestra del T-Abyss.
-¡Y un cuerno! –exclamó Jessica conteniendo la risa. ¿Pero qué se había creído esa inútil? -. Tendrás que pasar por encima de cadáver para conseguirla.
Y de pronto, echó a correr hacia ella, embistiéndola. Ada sintió un fuerte dolor en las costillas. Cayó al suelo dándose un fuerte golpe en la espalda. Jessica se trastabilló, pero consiguió mantener el equilibrio. Echó a correr como si le fuera la vida en ello. Necesitaba alejarse de allí. Estaba segura de que la B.S.A.A. no volvería a tardar en ir tras ella.
Jill ayudó a Leon a ponerse en pie. La herida no tenía muy buena pinta, pero tampoco parecía mortal. Echó un vistazo alrededor. ¿Dónde demonios se había metido Jessica? ¡No podía dejarla escapar! Y entonces, la vio. Estaba cara a cara con otra persona enmascarada. Era el ayudante de Leon. Echó a correr hacia allí. De pronto, sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago.
Jessica cargó contra la persona que le bloqueaba el paso, derribándola. Huía. Tardó más segundos de la cuenta en reaccionar. Sólo pudo observar cómo se alejaba. Estaba en estado de shock. ¿Cómo había podido dejarla escapar? Se perdía de vista, hacia su libertad… hacia su salvación. Dio unos pasos sin saber muy bien qué hacía. Todo lo que había sufrido, lo que había peleado… Todo para tirarlo por la borda en el último momento.
Su bota izquierda golpeó algo. Miró al suelo y vio una jeringuilla llena de un líquido oscuro. Frunció el ceño. ¿Qué demonios era eso? Pero apenas necesitó tres segundos para darse cuenta de que era una muestra de un virus. Se agachó y la examinó detenidamente. No tenía etiqueta, pero un vistazo rápido le sirvió para determinar que eran las mismas muestras que habían encontrado en las playas del Mediterráneo. El T-Abyss.
La sostuvo en la mano, pensativa. La sierra se oía bastante cerca, pero apenas era capaz de levantar la mirada. Con la muestra en la mano miró al frente. Había fracasado estrepitosamente, y lo sabía. Tendría que cargar con las consecuencias. De pronto, sintió el cañón de un arma en la cabeza. Abrió los ojos como platos. ¿Qué demonios estaba pasando?
-No quiero apretar el gatillo –anunció una voz femenina con una voz serena, sin titubeos. Quien quiera que fuera parecía estar acostumbrada a hacer ese tipo de cosas -. Sólo quiero la muestra. Nadie tiene por qué salir herido.
-¿Quién eres? –le preguntó Jill volviendo a notar el sabor de la sangre en la boca. ¿Por qué hoy todo estaba saliendo mal? -. Si eres otra de esos condenados terroristas puedes irte al infierno, porque no pienso darte nada.
-No soy exactamente una terrorista… Trabajo por mi cuenta –guardó silencio y le quitó el seguro a la pistola -. Valentine, no me obligues a hacerlo. La muestra.
-Por encima de mi cadáver…
-Ada, detente… -anunció una voz masculina autoritaria. Jill se sintió algo más aliviada al escuchar la voz de Leon. Oyó cómo le quitaba el seguro a su arma también -. Déjala. No es tu guerra.
-Leon… -murmuró la asiática temblándole ligeramente la mano. Por supuesto que era su guerra; tenía en su poder algo que quería. Era incapaz de matar a una persona inocente, pero si no le quedaba otra…
-No quiero disparar, pero si me obligas… -su voz sonaba temerosa. Unas gotas de sudor empezaron a bajar por su rostro. Había conseguido dejar atrapada a la masa entre dos coches. Podía oír cómo forcejeaba e intentaba escapar. Oyó la sierra trabajar. No le quedaba mucho tiempo.
De repente, se oyeron sirenas, todas demasiado cerca, quizá a una o dos manzanas. ¿Qué diablos estaba ocurriendo? Leon bajó la guardia un segundo, el suficiente para que Ada le arrebatara la muestra a Jill de la mano derecha. Dio un salto en el aire y echó a correr sin mirar atrás. No recordaba exactamente dónde estaba el punto de extracción, pero consultaría su PDA para comprobar que iba en la dirección correcta.
Leon sólo pudo observar con impotencia cómo Ada se alejaba con la muestra. Siempre jugaba a lo mismo. Aunque era incapaz de hacer daño, siempre conseguía llevarlo al límite. España había sido sólo otra muestra de lo que era capaz de hacer para conseguir una muestra para Wesker. Sabía que no habría matado a Jill aunque la situación se hubiera complicado bastante, pero siempre quedaba la duda.
La vio alejarse por la avenida mientras las sirenas seguían sonando cada vez más cerca.
-¿Estás bien? –le preguntó Jill poniéndose en pie y observando también cómo Ada se largaba con la muestra. Si había un día en el que todo podía salir mal era ése. Leon asintió con lentitud oyendo un gran estruendo a su espalda.
Ambos se giraron. La masa había conseguido liberarse. Gritaba. Levantó la sierra y lanzó al azar algunas trampas que cayeron de forma indiscriminada por el suelo. Leon levantó su arma, dispuesto a disparar. Y entonces, a lo lejos, divisó un conjunto de vehículos que se acercaban a toda velocidad. Llevaban luces encendidas, y el sonido de las sirenas era cada vez más estridente.
Miró a Jill, que también observaba cómo poco a poco los coches se acercaban. Le pareció distinguir el símbolo de la B.S.A.A. ¡Estaban salvados! La masa se giró en dirección a los vehículos. El ruido de las sirenas estaba llamando su atención. Ya tenía un nuevo objetivo al que atacar. Desde uno de los jeeps alguien empezó a disparar ráfagas que fueron penetrando en la piel de esa cosa.
Eran dos coches, ambos ocupados por dos equipos de intervención de la B.S.A.A. La masa empezó a retroceder, lo mismo que Leon y Jill, que veían cómo les iba comiendo terreno a pasos agigantados. Los vehículos se detuvieron. De ellos empezaron a bajar agentes enmascarados equipados con rifles y metralletas. Dos se quedaron en las torretas disparando.
-¡No os quitéis la máscara! ¡El aire está contaminado! –gritó Jill entre el ruido de los disparos y los gruñidos de la criatura, que era incapaz de atacar. Esperaba que alguien la hubiera escuchado.
-Entendido, señorita Valentine –respondió el que parecía ser el líder del grupo. Activó el comunicador y habló mientras disparaba -. ¡Que nadie se atreva a despojarse de la máscara! ¡El virus aún está activo!
Varios soldados respondieron. La B.O.W. se estaba debilitando por segundos. De repente, se quedó de rodillas y empezó a descomponerse. Una masa gelatinosa empezó a encharcar el suelo entre gritos. Era la cosa más asquerosa que había visto en su vida. Era una suerte que hubieran llegado a tiempo para salvar a la agente Valentine. Habían recorrido la ciudad de punta a punta, y cuando ya estaban dando la búsqueda por perdida, habían oídos los disparos.
-Encárguense de las B.O.W.S. restantes –ordenó del capitán observando cómo la mayor amenaza había desaparecido. Aún quedaba trabajo por terminar -. Que el equipo médico venga enseguida. Tenemos heridos.
Le hizo un gesto a Valentine y a su acompañante para que se metieran dentro del coche. Había algo en el brazo de la agente que no estaba bien; estaba en una posición muy extraña, como si lo tuviera roto o salido. La otra persona sangraba, aunque no parecía muy grave. De nuevo, era una suerte que hubieran llegado a tiempo para evitar una masacre.
¡Vaya forma de terminar! Esto es un completo caos. Desde luego que se ha liado una buena, y de no ser por la intervención de la B.S.A.A. a saber qué habría pasado.
Xaori: Les ha faltado poco, sí, y a los de este capítulo también. Pensaba cargarme a alguien pero digo mmm... me van a matar, aunque tus historias son una gran fuente de inspiración mujaajja. Respecto a Chris y Jill... la semana que viene es posible que se produzca el encuentro aunque veremos en qué condiciones porque a él lo han llevado al hospital de urgencia, y no sabemos cómo terminará la cosa... Espero que te hayan gustado los enfrentamientos de este capítulo :D
Stardust4: pues sí, los Redfield la verdad es que siempre están metidos en todas, pero bueno, esperemos a que los acontecimientos sigan su curso. Pero para eso habrá que esperar un poquito más jeje... a la semana que viene en concreto. Y Jill bueno... también lo ha pasado mal, muy mal, y encima con un hombro dislocado... La cosa no puede pintar peor... ¡Pero ya hemos visto que nuestros héroes están hechos de otra pasta! Y Wesker, por supuesto, a la sombra, observándolo todo y consiguiendo sus propósitos.
Pues nada queridos lectores esto es todo por esta semana. Poco a poco vamos llegando al final de la historia aunque, tranquilos, aún queda un poquito. ¡Qué disfrutéis!
