¡Hola a todos mis queridos lectores! ¿Qué tal todo? Aquí estamos una semana más para dejaros con lo que poco a poco, y lamentablemente, es el final de la historia. Pero tranquilos, aún queda un poquito :D
Hacía bastante que había caído la noche. Claire estaba sentada en una solitaria butaca en el pasillo donde estaba la habitación en la que Chris estaba intentando recuperarse de sus heridas. Pintaba mal, la verdad. Los médicos habían sido bastante francos en ese sentido, y aunque se mantenían cautos, la evolución iba a ser lenta, muy lenta. De momento no había mostrado signos de mejoría, aunque hacía poco más de una hora que habían terminado con la operación; era demasiado pronto.
Bebía con lentitud un café que había sacado de una máquina en la recepción. No estaba para tirar cohetes, pero ahora mismo cualquier cosa le parecía deliciosa. Con tal de tener algo con lo que distraerse mientras su hermano se debatía entre la vida y la muerte… Las lágrimas amagaron con brotar. ¿Era cierto que la racha de buena suerte se había terminado para siempre? Había tenido la aguda certeza de que, de alguna forma, Raccoon City los había vuelto a todos inmunes: Leon, Sherry, Jill, Barry, esa tal Ada… y por supuesto Chris y ella.
Dio un sorbo al vaso mirando fijamente al vacío. Los médicos se habían ocupado de ellos en cuanto cruzaron las puertas. Se habían llevado a Chris a toda prisa al quirófano, y a ella la habían llevado a una consulta para que un enfermero se encargara de curarle las heridas que tenía como consecuencia del enfrentamiento contra Steve. Steve… Se estremeció. ¿Qué había hecho ese pobre chaval para acabar de esa forma? Ese maldito Wesker…
Pensar en Steve era muy doloroso, así que decidió dejar sus pensamientos a un lado. Con un poco de suerte Barry llegaría pronto. Había ido a hablar con el doctor que había operado a Chris para enterarse mejor del proceso de recuperación. Era una suerte contar con amigos tan leales como el antiguo miembro de los S.T.A.R.S. Claire sólo había visto a sus hijas un par de veces, dos criaturas risueñas que adoraban a su padre por encima de todas las cosas.
Sin embargo, Claire sabía que había ocurrido algo con la hija mayor, Moira, y que Barry no tenía muy buena relación con ella. Chris le había contado algo, pero tampoco estaba muy al corriente de la situación. Las peleas entre padres e hijos… Un clásico. Lástima que ella no hubiera podido ser partícipe en ellas. Cuando tenía dos años sus padres fallecieron en un accidente de tráfico, y sus abuelos paternos se habían encargado de cuidarlos hasta que fallecieron años después.
Desde entonces, Chris se había asegurado de que nunca le faltara de nada, ni siquiera un maldito bolígrafo con el que poder escribir redacciones o los exámenes en el colegio y el instituto. Claire estaba en eterna duda con él, y ahora que lo veía así… No, él no querría verla en ese estado. Seguramente le estaría diciendo que era una estúpida por desconfiar en un Redfield…
Sonrió sin poder evitarlo. ¿Pero qué demonios le pasaba? No pudo evitar recordar todas las trastadas que se gastaban de niños, de cómo sus abuelos siempre estaban en pie de guerra con ellos. Claire sabía que todo lo hacía para que la ausencia de sus padres fuera menos dolorosa, aunque eso no quitaba que todos los días los echara de menos. Y había madurado con tanta rapidez que apenas se había dado cuenta.
La marcha de Chris a Raccoon City fue otro duro golpe, porque era la primera vez que iba a estar lejos de él, y lo más importante, la primera vez que iba a estar sola. No había sido tan malo como pensaba, y sobre todo gracias a que su hermano le enviaba una parte de su sueldo todos los meses para que pudiera cubrir gastos de manutención y los estudios. Había encontrado un trabajo como camarera a tiempo parcial, pero no le daba ni para comprarse unas suelas de unos zapatos.
Le debía tanto y lo quería tanto… Era imposible que todo acabara de esa manera.
-Hola Claire –lo saludó una voz masculina que interrumpió sus pensamientos. Se sentó a su lado. Era Barry. La pelirroja le dedicó una tímida sonrisa -. ¿Alguna novedad sobre nuestro enfermo favorito?
-Nada de momento… -respondió moviendo el vaso de café en círculos. Estaba casi vacío -. ¿Qué te ha dicho el médico?
Barry guardó silencio. No sabía por dónde empezar. Había sido tanta información y tan poco tiempo para asimilarla que todo daba vueltas en su cabeza sin parar. Conocía a Chris desde hacía muchísimos años, y siempre había tenido la sospecha de que había un ángel de la guardia que velaba por ellos. Habían podido morir infinidad de veces, todos y cada uno de ellos, y allí estaban, vivos y luchando contra una amenaza que era más poderosa cada día que pasaba.
-Bueno… Te lo puedo resumir en una frase, aunque creo que la explicación completa sea la más adecuada… -guardó silencio unos instantes decidiendo por dónde debía empezar -. Según las palabras del doctor, es un auténtico milagro que Chris siga vivo después de haber estado tanto tiempo desangrándose. Han hecho todo lo que han podido para limpiar la herida y tratarla como es debido… Sólo nos queda esperar a que el tratamiento surta efecto.
-Entonces hay posibilidades reales de que en cualquier momento pueda despertar… -la voz de Claire parecía algo más animada tras escuchar esas palabras. Barry siguió callado, sin dejar de observarla. El parecido con su hermano era asombroso.
-Es posible… -volvió a quedarse en silencio de nuevo -. Pero también hay posibilidades de que…
-¡No! –exclamó la menor de los Redfield llorando. Cogió un paquete de kleenex que tenía en el bolsillo de la chaqueta y se secó las lágrimas con un pañuelo que arrugó cerrando el puño. Esto no podía acabar de esa forma.
-Hay que confiar –se limitó a decir Barry dándole un apretón en el hombro. Sentía una gran debilidad por esos hermanos. Los conocía desde que eran prácticamente unos adolescentes, y los había considerado en muchas ocasiones como si fueran sus propios hijos -. Chris es un tipo duro. Estoy seguro de que saldrá adelante. Lo conozco lo suficiente para saber que no se va a dejar ir tan fácil –la miró y le sonrió ampliamente -. Además, ¿crees que sería capaz de dejarte? Para él no hay nada más importante que tú.
Claire no pudo evitar devolverle el gesto. Era increíble que siempre estuviera rodeada de gente tan maravillosa. ¿Qué había hecho para merecerlo? Barry, Leon, Jill, Neil… Todos se portaban con ella como si fuera una hermana. Y podía sentir que todos le tenían un gran respeto a Chris, aunque sospechaba que entre Jill y él había algo más. Nunca se lo diría; su hermano era muy hermético para ciertas cosas.
Consultó su teléfono para tener algo con lo que distraerse. Había llamado a Neil varias veces en los últimos minutos, pero no respondía. Tal vez estaría en alguna reunión, o puede que más adelante le dejara un mensaje. Estaba deseando verle, y no sólo para contarle todo lo que había ocurrido precisamente. Echaba de menos su exigencia, su posesión, su deseo…
Desechó esos pensamientos de inmediato. Por mucho que lo deseara… ahora tenía otras cosas más importantes en las que pensar. Pero sí era cierto que echaba la falta de alguien en quien apoyarse. Barry estaba haciendo lo que podía, y lo verdad era que estaba cumpliendo con creces, pero no era lo mismo.
El pasillo estaba en silencio, completamente vacío a excepción de ellos dos. Los pacientes estaban ya en sus habitaciones preparándose para descansar, acompañados de algún familiar que no se separaba en ningún momento. Sabía que ella debería estar dentro, esperando el momento en el que despertara, pero le dolía tanto verlo en ese estado, con tantos aparatos pitando y con la sensación de que el fin estaba cada vez más cerca.
De pronto, se oyeron unos pasos. No parecían demasiados. Tal vez una o dos personas. Sólo esperaba que fuera alguno de los doctores con buenas noticias. Pero lo que vio le aceleró el corazón. Leon venía acompañado de Jill. Pero su gesto se ensombreció al ver que él llevaba un aparatoso vendaje bajo la chaqueta negra, y ella llevaba el brazo escayolado desde el hombro hasta el codo. Sus caras reflejaban lo cansados que estaban; ella debía tener un aspecto similar.
Barry fue el primero en levantarse. Su gesto también se había vuelto más serio. Desde luego que nadie había tenido un viaje fácil. Se acercó primero a Leon al que estrechó la mano, y luego le dio un abrazo a Jill, que tuvo alguna que otra dificultad para corresponder con la escayola. Todos sabían que había estado de un pelo, y que de no ser por la oportuna intervención de la B.S.A.A. estarían todos muertos.
Claire estaba impactada, tanto que no se dio cuenta de que Leon se acercó y se sentó a su lado. Le dio un significativo abrazo al que respondió con gusto. Eso era exactamente lo que necesitaba. No hacían falta palabras; ellos sabían perfectamente por todo lo que habían pasado, y ahora era el momento de estar unidos.
-¿Cómo está? –le preguntó cuando se separó un poco. En ese momento se acercó Jill, a la que Claire dio un abrazo llorando. Le hizo un poco de daño, pero no importaba. En su mente ahora sólo había un nombre: Chris. Claire lloró sobre su hombro bueno durante unos instantes antes de separarse.
-El médico ha dicho que la operación ha sido un éxito –intervino Barry viendo que, evidentemente, la menor de los Redfield no estaba en condiciones de responder. Jill le daba palmadas amistosas en el brazo -. Ahora sólo podemos rezar… y esperar.
Leon asintió en silencio con el rostro serio. No podía imaginar un mundo sin Chris Redfield. Había hecho tanto por combatir el bioterrorismo y por sentar las bases de un mundo mejor que no concebía que hubiera sido atacado con tanta contundencia. Había sido una operación arriesgada, sin el apoyo de ninguna organización… y casi no lo cuentan. Ninguno de ellos.
-¿Puedo entrar a verle? –preguntó Jill con un tono de voz sereno. Durante el vuelo desde Salt Lake City a Milwaukee había tenido mucho tiempo para pensar, y había llegado a una conclusión clara: necesitaba volver a hablarle a Chris porque… iba a volverse loca.
Cuando el equipo médico de la B.S.A.A. se encargó de su herida y de la de Leon pidió un teléfono para ponerse en contacto con Barry. Necesitaba saber qué había ocurrido en Chicago, y estaba segura de que su antiguo compañero estaría al tanto. No se había equivocado. Chris se había puesto en contacto con él casi al principio de la misión, y también había puesto en sobre aviso sobre la situación en Salt Lake City.
Es decir, que de no ser por Chris, Leon y ella estarían a esas alturas más que muertos. Había recibido su mensaje de socorro y no había dudado ni un momento en poner en alerta a la central, con la que tendrían que rendir cuentas más adelante. Ya había tenido una pequeña charla con alguno de sus colegas, y todos estaban muy pero que muy enfadados.
Jill, en el fondo, también lo estaba. Había fracasado estrepitosamente: Jessica se había largado, y aunque estaba en busca y captura, dudaba que dieran con ella. Esa hija de puta era como un maldito gusano. Y para colmo, las muestras que llevaba del T-Abyss habían desaparecido. Ada Wong se las había llevado, y eso era lo de menos. Lo peor era que Wesker la tenía en su poder… Y a saber lo que pretendía hacer con eso.
Ya había hablado larga y tendidamente con algunos de los directivos sobre el asunto, pero necesitaba hablar con Chris, necesitaban planificar juntos el siguiente paso. Nadie dijo nada durante unos instantes, como si estuvieran asimilando lo que acababa de decir. ¿Tan mal estaba la situación como para que ni siquiera pudiera entrar en la habitación? Un frío helado la envolvió, y no tenía nada que ver con un descenso brusco de temperatura. ¿Qué demonios le había pasado a Chris?
-Sí, claro… -respondió la pelirroja con algo de timidez. Estaba convencida de que Jill quedaría tan impactada como ella. Pero la entendía perfectamente: necesitaba ese momento a solas, tal y como había hecho hacía casi una hora -. Imagino… que si estuviera despierto… se alegría mucho de verte.
Jill sonrió ligeramente. Si ella supiera todo lo que había pasado en los últimos cambiaría de opinión drásticamente. Pero sabía que tenía razón: ahora mismo el único sitio en el que quería estar era junto a Chris.
Claire observó cómo Jill entraba en la habitación con el gesto serio. Se les veía cansados. A todos. Sin excepción. Habían sufrido más de la cuenta. No había escuchado aún nada de lo que les había ocurrido a Leon y a Jill, pero no hacía falta ser un adivino para saber que lo habían pasado muy mal por las diversas heridas que tenían. Leon se sentó al otro lado. Alargó una mano y se la cogió. Claire no dijo nada. No hacían falta las palabras para saber que entre los dos había una conexión especial.
Todo había empezado en Raccoon City. Claire sabía que era una de las pocas personas en las que podía confiar de verdad. Leon siempre había estado a su lado, en las buenas y en las malas. De no ser por él, Sherry habría estado en posesión de un monstruo como Wesker o algo peor: convertida en una B.O.W. como Steve… Se estremeció ligeramente. El recuerdo aún dolía mucho.
-¿Estás bien? ¿Tienes frío? –le preguntó el agente al notar el ligero temblor del cuerpo de la menor de los Redfield. Barry los observaba en silencio.
-Sí… Es sólo… Que no puedo quitarme de la cabeza todo lo que he visto… -se calló tragando saliva con dificultad -. Ha sido como revivir una vieja pesadilla.
-Lo sé… -le quitó en mechón de pelos de la cara. Claire tenía cierto atractivo, pero nunca había pensado en ella como algo más allá de una buena amistad. No, definitivamente no pensaba en ella en el mismo modo que lo hacía con Ada. Esa mujer… lo volvía loco, y había vuelto para echar más pimienta -. No ha sido nada fácil. Ahora lo único que podemos hacer es esperar a tener buenas noticias de tu hermano… -Claire le dedicó una tímida sonrisa. Le dolía verla en ese estado. Ninguno de ellos se merecía estar así después de todas las putadas a las que Umbrella los había sometido -. ¿Puedo preguntarte algo?
Barry permanecía muy atento, aunque no intervenía. Sabía que debía dejar que esos dos se desahogaran. Entre ellos existía muy buena conexión; lo había notado desde el principio. No conocía demasiado a Kennedy, pero le bastaba con saber que estaba en el mismo barco que él. Claire asintió lentamente, sin apartarle la mirada.
-¿Wesker estaba allí?
Barry contuvo la respiración. No había oído una versión extendida de los hechos hasta ahora, sólo fragmentos sueltos que Claire le había contado. Pero esas palabras le habían revuelto el estómago, y eso que no había comido apenas. Si Wesker estaba involucrado la operación había sido mucho peor de lo que imaginaba. Aún recordaba como si fuera ayer cómo lo había engañado para que le ayudara destruir pruebas que incriminaban a Umbrella en relación a la mansión Spencer. Casi consigue que los maten a todos.
-No llegué a verlo en ningún momento –respondió Claire con un tono de voz serio, que no dejaba lugar a dudas de que entendía la problemática de la situación. Pertenecer a Terrasave la había curtido como mujer, y sobre todo, la había convertido en una luchadora aún mejor -. Pero estaba allí. Utilizó… a Steve para hacernos daño…
Barry y Leon compartieron una rápida mirada. No habían conocido a ese muchacho personalmente, por supuesto. Pero los Redfield les habían hablado de él en alguna que otra ocasión. Steve había sido un prisionero en la isla de Rockfort junto a Claire. Ambos se habían ayudado a escapar, pero el chico no tuvo tanta suerte. Alexia Ashford lo había cogido como conejillo de indias y había experimentado con él.
-¿Estaba… vivo? –le preguntó Barry con el ceño fruncido. Estaba seguro de que Wesker habría utilizado algún virus para hacer posible ese cambio. Había visto ya tantas cosas a sus más de cuarenta años que ya no se reía de las creencias más estrambóticas.
-Creo que utilizó el mismo proceso que Alexia –respondió la pelirroja con el gesto bastante serio -. El cuerpo de Steve ha estado en hibernación años, quizá no el tiempo suficiente para adquirir un dominio completo, pero sí lo suficiente como para convertirlo en algo letal y peligroso…
-¿Fue así como Chris…? –Leon no fue capaz de terminar la frase. Sabía perfectamente cómo debía sentirse Claire. No sabía exactamente qué relación había existido entre los dos, pero lo único que tenía claro era que le dolía, y mucho. La menor de los Redfield asintió con lentitud.
-Chris intentaba salvarme la vida. Steve me había cogido… -la voz se le quebraba. Unas lágrimas empezaron a brotar -. Me echó a un lado… y él se llevó la peor parte… ¡Podría haber sido yo! ¡Yo tendría que ser la que estuviera ahí debatiéndose entre la vida y la muerte! ¡O puede que ya ni siquiera estuviera aquí!
-Ni se te ocurra decir esas palabras, jovencita –el tono de Barry se había vuelto más tosco. Entendía la frustración de Claire, pero de ahí a desear la muerte había un paso enorme -. Chris tomó su decisión… y gracias a ella quizá os salvéis los dos.
Claire no podía hablar. Leon le pasó un brazo por encima y la atrajo hacia él. Ojalá pudiera pasar página tan rápido… pero era imposible. Uno tardaba bastante en volver a la normalidad, sobre todo después de quedar infectado con las Plagas. Era una suerte que Luis les hubiera dado esas cápsulas que retrasaban el avance del virus, y sobre todo, que hubieran encontrado la máquina para quitarse el parásito del cuerpo.
Había sido bastante doloroso, pero de no ser por la máquina ahora no sería más que otra marioneta de Saddler, o tal vez Ada se hubiera encargado de él. Ada… Pensar en ella le provocaban emociones encontradas. Una vez más lo había dejado abandonado a su suerte, sin siquiera despedirse, largándose con una muestra del T-Abyss que a estas alturas ya estaba en manos de Wesker. La verdad era que no sabía qué era peor.
-¿Y a vosotros qué os ha pasado? –le preguntó Barry inclinándose un poco más hacia ellos.
-Sherawat nos estaba esperando –Claire se apartó un poco al oírlo, y Barry permaneció en silencio, muy atento a todo lo que decía. No parecía demasiado sorprendido; con el paso del tiempo conocía cada vez más mejor el modus operandi de esos terroristas asquerosos -. La ciudad se sumió en el caos en segundos. Había colocado explosiones en diferentes puntos de la ciudad para que el virus se expandiera más rápido. Se transmitía por el aire, así que tuvimos que llevar todo el tiempo unas máscaras para evitar el contacto con esa cosa.
-Algo de eso he leído en el informe que ha hecho el equipo que se desplegó allí –corroboró Barry pensativo. Habían evitado que el virus se expandiera más allá de la ciudad, pero el precio había sido demasiado alto: Salt Lake City, al igual que Chicago, tardaría mucho tiempo en recuperar la normalidad -. Al parecer se han utilizado dos cepas de virus diferentes: una es el T-Abyss, pero la otra… Ni idea…
-Exacto –asintió el agente moviendo ligeramente la cabeza -. Había B.O.W.S. que ni Jill ni yo logramos identificar. No me extrañaría nada que hayan utilizado esas dos ciudades como campo de pruebas…
-El informe aún no es definitivo. Los equipos aún siguen limpiando la zona. Es sólo cuestión de tiempo que encuentren los laboratorios.
-Jessica… -los interrumpió la pelirroja con el ceño fruncido. Ese nombre le sonaba. Creía recordar que Chris le había hablado de ella en alguna ocasión. Y entonces, se acordó de aquella conversación que había mantenido con su hermano hacía algo más de una semana -. ¿No estaba compinchada con Lansdale? ¿Qué hace la policía que aún no lo ha interrogado?
-He dado una orden a la Casa Blanca para que autoricen un interrogatorio excepcional –respondió Leon sin cambiar de posición. Era de las primeras cosas que había hecho en cuanto había tenido un teléfono en la mano. Se había puesto en contacto con Hunnigan y ella se había encargado de transmitir la orden a los superiores. Aún estaba esperando confirmación, pero lo más seguro era que la concedieran dado que el caso estaba estrechamente ligado al antiguo líder de la F.B.C. -. Si no empieza a cantar, peor para él.
-¿En qué consiste ese interrogatorio excepcional? –se interesó Barry sin apartar la mirada.
-Bueno, en su caso hay poco que añadir. Tiene la perpetua si no me equivoco, pero se le pueden privar de todos los privilegios que tiene allí dentro: llamadas, actividades de tiempo libre, visitas… Por no decir que es bastante seguro que lo condenen a muerte si no cuenta nada interesante.
-Vaya… Eso suena hasta bien.
Leon sacó su teléfono de la chaqueta deseando tener alguna buena noticia para variar. Barry y Claire habían empezado a hablar, aunque no les prestaba atención. No tenía ninguna llamada, pero tenía un mensaje. Lo más seguro es que fuera de Hunnigan para ponerle al corriente de cómo estaba la situación. En la Casa Blanca no había sentado nada bien su ausencia, al igual que los miembros de la B.S.A.A. estaban que trinaban con sus dos líderes.
Pero era una acción necesaria. De no ser por ellos, a esta hora podríamos estar hablando de cientos de ciudades infectadas y con la población bajo mínimos. Se estimaba que la tasa de supervivencia en Salt Lake City y Chicago era inferior al dos por ciento, unos pocos afortunados que habían decidido ocultarse hasta que pasara todo el peligro y llegara la ayuda.
Abrió el mensaje. Era de un número desconocido. Frunció el ceño. Desde luego que no parecía ser nada relacionado con el caso. Y sus sospechas se confirmaron en cuanto empezó a leer las primeras líneas.
Leon,
Siento haber tenido que irme tan repentinamente. Me hubiera gustado ayudar más, de verdad, pero mi misión estaba terminada. Ya no me quedaba nada más por hacer… salvo rezar por tu supervivencia. Tal y como imaginaba, lo has conseguido, aunque se te ha escapado el objetivo principal.
Por la muestra no te preocupes. Está bien protegida. No se va a hacer uso de ella que yo sepa… de momento.
Me encantó verte y luchar contigo hombro a hombro. Hasta la próxima
XXX
El agente frunció el ceño. ¿A qué venía ese mensaje? Sólo había una persona que podía haberlo escrito, y no hacía falta pensar mucho para averiguarlo. ¿Debía contestarle? ¿Debía ignorarla? Lo mejor sería dejar que las cosas se tranquilizaran. Algo en su interior le decía que sus palabras sonaban sinceras, pero la forma en la que hacía las cosas… dictaban mucho de darle un voto de confianza.
Siempre hacía la misma jugada. Por una parte, le daba la sensación de que lo había utilizado para llegar hasta la muestra que Sherawat tenía en su poder, pero por otro lado, quería creer que sus intenciones de ayudar eran ciertas. ¿Acaso no había peleado contra las B.O.W.S. para ayudarles? Era cierto, pero había algo que seguía sin encajar. Su teléfono empezó a sonar. Esta vez sí era Hunnigan. Debía atender a la llamada; tal vez podía ser importante.
Barry observó cómo Leon hablaba por teléfono en el momento en el que su móvil sonaba también. Tal vez fuera su mujer para preguntarle por Chris, o por si los demás habían llegado sanos y salvos. Pero no. Se sorprendió al comprobar que era el número de la central de Nueva York. Puede que tuvieran algo con lo que empezar a trabajar, aunque le extrañaba que no se hubieran puesto en contacto con Jill.
-Burton al habla –respondió levantándose de su asiento y caminando hacia una de las ventanas que había en el pasillo. Desde allí podía verse parte de la ciudad, donde ya caía la noche desde hacía tiempo.
-Señor Burton, le habla el capitán McRoberts –Barry frunció el ceño. No tenía ni idea de quién era, pero lo más seguro es que fuera uno de los muchachos que había participado en la operación -. Estoy intentando ponerme en contacto con la señorita Valentine, pero no responde.
-Ahora mismo no puede atender llamadas –se limitó a responder con una leve sonrisa. Sí que estaba ocupada sí… -. Cualquier cosa que necesite saber me la puede comunicar a mí.
-Claro, señor… -parecía algo cortado, incluso molesto por ese giro de la conversación. Barry se había unido a la B.S.A.A. gracias a la insistencia de sus antiguos colegas, y aunque se movía más por la oficina que en el campo de batalla, su opinión siempre era bien considerada. Era uno de los asesores de la organización, y muchos de los planes pasaban por sus manos para que les diera el visto bueno. Una buena forma de contribuir al crecimiento de la organización -. Los equipos de limpieza han terminado con éxito su misión. Las ciudades han quedado completamente desinfectadas, aunque en Salt Lake City el virus aún sigue en estado latente –Barry torció el gesto. Leon había comentado algo al respecto, pero no creía que el virus tuviera tanta resistencia -. Los analistas dicen que se necesitarán unas horas más para poder caminar por la ciudad sin problemas… En Chicago han dado con la base de Lansdale… -eso puso en alerta a Barry. Si habían encontrado alguna prueba de su implicación, podría darse por hombre muerto. Ya caía sobre él una condena bastante grande -. No han encontrado gran cosa, aunque hay un par de documentos al que convendría echar un vistazo. También hemos hecho fotografías para dejar constancia de que ese hombre no es trigo limpio. Tenía un auténtico laboratorio montado allá abajo.
-Muy típico de los terroristas –respondió Barry sin mostrarse demasiado sorprendido. Lo cierto era que esperaba algo de eso. Se hubiera sentido muy decepcionado si no hubieran hallado un laboratorio o alguna sala de torturas. Si lo que ese agente decía era cierto, Lansdale tenía todas las de perder -. ¿Algo más que debería saber?
-Nada más de momento, señor. Les mantendré informados por si hay alguna novedad… ¿Cómo se encuentra el capitán?
-Aún no ha despertado. La operación ha sido un éxito. Los doctores dicen que ha sido complicado, pero… -se calló mirando de reojo a Claire, que miraba al vacío pensativa -. El capitán va a salir de ésta. Estoy absolutamente convencido.
-De acuerdo… Estamos en contacto.
-Gracias.
Barry guardó el teléfono en su chaqueta y apoyó la mano contra la pared volviendo a mirar por la ventana. Leon aún seguía hablando, posiblemente con alguien del Gobierno que estuviera poniéndole al corriente de las últimas novedades. Desde luego que cuando más jodidos estaban era cuando menos tranquilos los dejaban.
Jill abrió la puerta con la única mano que podía mover temblándole. Llevaba bastantes horas esperando ese momento… aunque no sabía muy bien qué iba a encontrarse. Todos estaban bastante pesimistas; se podía decir incluso que abatidos. Ella confiaba ciegamente en Chris, y estaba completamente convencida de que iba a salir de ésa.
Confianza… ¿Crees que confías tanto en él después de lo que hizo la otra noche?
Se conocían desde hacía muchos años. Habían pasado por tanto juntos que la última persona que pensaba que lo traicionaría era la que estaba tras esa puerta. Chris siempre había puesto la justicia por delante, sin importarle a cuántos malos tenía que llevarse por delante. Y ella lo había seguido sin discusión a todos los sitios a los que iba. ¿Por venganza contra Umbrella? ¿Por apoyo moral? ¿Por hacer el bien? ¿Por acompañar al único hombre… que había despertado en ella cosas diferentes? Puede que fuera por todo eso, sinceramente.
Su concepto de la justicia, el bien y el mal había cambiado mucho con el paso de los años. Desde la destrucción de Raccoon City sólo había tenido en mente una cosa: acabar con la corporación que tanto daño les había hecho a ellos y al mundo. Hacía poco más de un año que lo había conseguido, y el sentimiento de liberación había sido tal que había pensado que nada podría turbar su momento de felicidad.
Pero como siempre las alegrías no duraron demasiado. Ocurrió lo de Terragrigia, y el mundo volvió a ponerse patas arriba. Ese mundo en el que habían prometido que el bioterrorismo nunca volvería a estar. No salían de una para meter en otra. Cogió aire y abrió la puerta por completo. Decidió no mirar a la cama hasta que estuviera completamente dentro.
Se obligó a mirar hacia el techo mientras cerraba la puerta con lentitud. Tal vez estaba retrasando el momento, quizá para no sentirse peor de lo que ya estaba. El corazón empezó a latirle con más rapidez. Las manos empezaron a sudarle. Bajó la mirada con lentitud, tragando saliva con dificultad. Y entonces lo vio… y no supo qué decir ni qué hacer. Se quedó petrificada.
Chris yacía en la cama con los ojos cerrados. Tenía el pelo algo alborotado. Aún tenía la cara algo manchada de algo negro, como si fuera tizne. El brazo derecho salía de la manta blanca con la que estaba tapado. Tenía un gotero puesto, y algún que otro arañazo a lo largo del brazo. Tenía también unos tubos metidos en la nariz; era una máquina de oxígeno.
Verlo así, en ese estado… Le revolvió el estómago. Había comido muy poco, pero tenía ganas de echarlo. Se acercó con algo de duda a la cama, con el rostro blanco y sin saber muy bien qué hacer. Se quedó parada a escasos centímetros sin dejar de observarlo. Se sentía impotente. Si le llegaba a pasar algo… No, no podía pensar eso ahora. Chris era fuerte. Había sobrevivido a todo… y esto no iba a ser una excepción.
-¿Cómo hemos podido llegar a esto? –dijo en voz alta sin darse cuenta. Suspiró y vio que había una silla junto a un ropero que estaba vacío. No habían tenido tiempo de nada. Ya se encargaría de buscarle algo de ropa cuando se aseguraba de que estaba perfectamente. Cogió la silla con la única mano que tenía libre y la colocó junto a la cama -. Nos embarcamos en una misión que sabíamos que podría salir mal. No teníamos ninguna clase de apoyo… y mira dónde hemos acabado. Yo con el hombro dislocado… y tú… -se detuvo unos instantes tragando saliva con dificultad. No podía apartar la mirada a pesar de que le dolía todo -. Sé que vas a salir de ésta… Es sólo una batalla más que se ha complicado. Juntos… lo conseguiremos.
Pasó la mano bajo la manta y agarró con decisión la de Chris. Estaba caliente. Radiaba energía, una energía que posiblemente necesitaría para salir de allí. No supo cuánto tiempo permaneció en silencio, observando ese rostro con el que había hablado tantas y tantas veces y que la había acompañado incondicionalmente desde que se habían conocido. No, desde luego que ninguno de ellos se merecía lo que estaba pasando.
De repente, uno de los dedos de Chris se movió un poco. Jill le soltó la mano sorprendida. Se levantó con lentitud boquiabierta, sin dejar de mirar la camilla. ¡Había notado que se había movido!
-¿Chris? –murmuró inclinándose un poco más. Estaba apenas unos centímetros de su rostro. Si se acercaba un poco más… podría besarlo. Pero no. Ahora mismo no había lugar para los sentimientos. ¿Se estaría despertando? No tenía ni idea de cuándo lo habían subido a la habitación, pero era muy posible que los efectos de la anestesia se le estuvieran pasando.
Su compañero no dijo nada más. Sólo se oía el pitido de una máquina que controlaba su ritmo cardíaco, que parecía estable. Permaneció a la espera con el corazón en un puño. ¿Y si sólo se lo había imagino? No, había notado un ligero movimiento. ¿Un reflejo involuntario? Tal vez. No debía hacerse ilusiones. Pero entonces Chris parpadeó brevemente, confirmando sus sospechas.
-Chris… -volvió a susurrar conteniendo las lágrimas. Tenía ganas de abrazarlo. Pero no lo haría, no. No era el lugar ni el momento adecuados. ¡Se estaba despertando! Tenía que avisar a los demás enseguida.
El moreno volvió a parpadear, esta vez de forma más seguida. Lo primero que vieron sus ojos fue el techo de una habitación blanca. Bajó un poco la mirada y vio un televisor enfrente que estaba apagado. No tenía ni idea de dónde estaba o qué hacía allí. Era como si las últimas horas de su vida no hubieran existido. Necesitaba encontrar a alguien que le explicara qué era lo que estaba pasando. Necesita…
-¡Claire! –gritó al darse cuenta de que lo último que recordaba era que Steve la había cogido. ¡Tenía que salvarla! Se incorporó violentamente notando que tenía algo enganchado al brazo izquierdo. Era un gotero. ¿Un gotero? ¿Qué demonios estaba pasando? De repente, empezó a sentir un dolor muy agudo en el costado. Se llevó una mano hacia allí palpando unas vendas. ¿Unas vendas? ¿Es que acaso estaba herido? Entonces alguien le puso una mano en el hombro. Se sobresaltó echándose hacia atrás. Pero al mirar hacia su izquierda el corazón le dio un vuelco -. Jill…
Era la última persona que esperaba ver. ¿No se suponía que estaba en Salt Lake City con Leon tras la pista de Jessica? ¿Es que la misión había terminado y no se había enterado? ¿Habían conseguido detenerlos? ¿Habían fracasado? ¿Qué diablos había pasado? Se acordó de Steve, de todas esas B.O.W.S. que se habían encontrado por el camino. Si no estaban allí… es que habían sido eliminadas, o tal vez se lo había imaginado.
No seas gilipollas, Redfield… Todo lo que ha pasado es real, salvo por un pequeño detalle: no tienes ni puta idea de cómo has acabado allí. Parece… una habitación de hospital.
Entonces se fijó en que Jill tenía el brazo izquierdo en un cabestrillo. Eso le sorprendió. Necesitaba entenderlo todo, ansiaba conocer qué era lo que había pasado. La cabeza empezó a dolerle también, aunque era un dolor bastante soportable. Jill se sentó al pie de la cama con una ligera sonrisa. ¿Por qué parecía tan contenta? Si era una puta broma no tenía ninguna gracia.
-Tu brazo… -fue lo único que se le ocurrió decir mientras volvía a echarse contra la cama. Se sentía algo débil, cansado. Pero la presencia de Jill… era reconfortante. La ex miembro de S.T.A.R.S. hizo un gesto con la mano como si le quitara importancia.
-El hombro… Los médicos dicen que en un par de semanas estaré como nueva -lo corrigió cambiando de postura. Iba a necesitar otro calmante dentro de poco; el dolor estaba siendo cada vez más intenso -. Me lo disloqué persiguiendo a esa…
Pero no podía terminar la frase. No sabía qué era lo que pasaba, pero en presencia de Chris era incapaz de hablar de Jessica. ¿Tal vez porque todo lo que había sucedido esa noche seguía muy fresco, demasiado? Era posible, pero había pensado mucho en ello, y lo único que tenía claro es que era el momento de luchar juntos. Haría un intento por olvidarlo todo, por empezar de cero.
-¿Dónde estamos? ¿Qué… ha pasado? –preguntó Chris volviendo a incorporándose ligeramente. Jill le puso una mano en el hombro evitando que se levantara. Entendía su frustración. Haría un esfuerzo por contarle todo lo que sabía hasta el momento.
-Tómatelo con calma –sonrió ligeramente -. A este ritmo no vas a durar ni dos horas más –el moreno le devolvió la sonrisa sintiendo de nuevo una ligera punzada en el costado. Hasta el más mínimo gesto era un auténtico suplicio. Jill volvió a sentarse junto a la cama sin dejar de observarlo. Todo parecía tan irreal… -. Estamos en Milwaukee, en el hospital, tal y como imagino sospecharás…
-¿Milwaukee? –repitió su compañero con el ceño fruncido. Los tubos que tenían metidos en la nariz estaban empezando a incordiarle un poco. Podía notar que empezaba a respirar con naturalidad. Si nadie venía a quitárselos pronto se los arrancaría él mismo -. ¿Qué demonios…?
-Vamos, no me dejes con la miel en los labios… -bromeó la ex miembro de S.T.A.R.S. volviendo a sonreír. ¿Por qué ahora era todo sonrisas? ¿Qué tenía Chris que siempre la hacía sonreír? Pero sobre todo estaba aliviada porque parecía encontrarse perfectamente -. Chicago y Salt Lake City… Han quedado completamente deshabitadas –Chris se quedó boquiabierto. ¿No había habido supervivientes? ¿De verdad que no habían conseguido sacar aunque fuera a una puta persona? -. Los equipos de limpieza ya han terminado. Hay un total de diez supervivientes… entre las dos ciudades –eso ensombreció aún más el rostro del capitán, que no podía dar crédito a lo que estaba escuchando -. Todos parecen estar sanos. No hay signos de infección. Todas las B.O.W.S. han sido eliminadas. Podríamos decir que el virus ha sido erradicado –suspiró -, pero…
Chris arqueó una ceja. Ese pero no le gustaba lo más mínimo. No quería oír la palabra fracaso. No era algo que estuviera en su vocabulario. Esperó para que ver si Jill continuaba, pero estaba callada. Algo en su gesto no le hacía presagiar nada bueno. ¿Es que había muerto alguien? Le hizo un gesto con la mano para animarla a hablar. Tardó un poco en arrancar, pero finalmente lo hizo.
-Jessica escapó –esas palabras fueron como una buena patada en las pelotas. ¿Qué esa hija de puta había escapado? Los recuerdos aún estaban demasiado frescos en su mente. Pero lo que más le costaba olvidar era la cara de decepción de la persona que tenía enfrente -. Había muchas B.O.W.S. Yo tenía el hombro mal, Leon había resultado herido… y aprovechó esos momentos para escapar… Lo tenía todo planeado. Provocó explosiones en diferentes lugares de la ciudad para que todo el mundo se infectara… y lo consiguió. A mí me dejó algunos recaditos, pero yo se los devolví también…
Ahora que Chris se fijaba, no era sólo su brazo lo que estaba extraño. Su labio inferior estaba bastante hinchado, como si le hubieran dado un puñetazo. Era muy probable que esa zorra se hubiese ensañado con ella. La rabia que sentía por no haber podido hacer nada empezó a aumentar.
-Joder… -Chris no podía creer lo que estaba oyendo. ¿De verdad que la habían dejado escapar? -. ¿Y qué hay de los laboratorios de Lansdale?
-Los equipos están recogiendo pruebas. En cuanto tengan un informe detallado nos lo mandarán –consultó su reloj. Ya debería tener alguna noticia -. Pero todo hace indicar que lo cogeremos. Esta vez no va a poder eludir a la justicia. O'Brian hizo las cosas mal, pero nosotros no vamos a cometer el mismo error. Lo encerraremos con pruebas, y no nos dejaremos amedrentar por nada ni nadie…
Había algo en su voz que sonaba decidido. Estaba claro que todos habían sufrido mucho, y que no iban a permitir que volvieran a cogerlos por sorpresa. Pero aún había muchas cosas que necesitaba saber. Le dolía la cabeza bastante, pero podía aguantarlo. Necesitaba llegar al final del asunto.
-¿Y cómo he acabado aquí? ¿Dónde está Claire? –sentía la garganta seca. Si a su hermana le había pasado algo por su culpa… Miró a un lado a otro buscando una maldita botella de agua, una jarra, algo que pudiera beberse. Y antes de que se diera cuenta Jill le tendió un vaso lleno de agua de una mesita que tenía a la izquierda. Chris lo cogió rozando ligeramente los dedos de su amiga. Esos contactos eran pura adrenalina. Lo que daría por repetir… Pero descartó esos pensamientos de inmediato. Tenía cosas más importantes en las que pensar.
-Claire está bien, no te preocupes –se bebió el vaso casi de un trago sintiendo que se quitaba un gran peso de encima. Si Claire estaba a salvo, era más de lo que podía pedir. No tenía nada de lo que preocuparse. Los Redfield eran de una pasta especial -. Está fuera esperando. No se ha separado ni un momento de ti. Todos hemos estado realmente preocupados. Yo he venido lo antes posible… -se calló aguantando las lágrimas. Todo por lo que habían pasado… Prácticamente para nada -. Le salvaste a tu hermana la vida. No sé si lo sabes.
Eso lo sorprendió. ¿Qué le había salvado la vida a Claire? Y entonces volvió a recordar el momento en el que Steve la sostenía, dispuesto a matarla. Tal vez… hubiera llegado a tiempo para salvarla. Sí, tenía que ser eso. Y muy posiblemente las heridas que tenía fueran consecuencia de eso.
-La verdad es que no recuerdo nada de lo que pasó en las últimas horas –respondió Chris llevándose una mano a la cabeza. El dolor le estaba matando -. Lo último que recuerdo… era a Claire en peligro.
-Pues le salvaste la vida. Debes estar muy orgulloso.
Pues sí que lo estaba. Había evitado que su hermana muriera, aunque… tenía la sensación de que había algo que se le estaba escapando. Jill se levantó de la silla, como si estuviera dispuesta a marcharse. Chris no quería que se fuera. Tenía que decirle tantas cosas…
-Hay algo más que deberías saber –la voz de Jill no sonaba demasiado alentadora. ¿Qué más había ocurrido para añadir a la serie de desgracias que los habían casi derrotado? Guardó silencio, con su rostro lleno de preocupación. Pocas veces la había visto así, y quería decir que era bastante grave -. Ada Wong se presentó en Salt Lake City –eso, no sabía por qué, no lo sorprendía. Si Wesker había estado en Chicago era muy probable que estuviera al corriente de los planes de Lansdale. ¿Cómo? Ésa era la cuestión -. Se ha llevado una muestra del T-Abyss…
Y eso sí que no le gustó. Ahora Wesker tenía una muestra más con la que experimentar. Estaba planeando algo grande, lo intuía, pero no tenían pruebas. Conocía a su antiguo jefe suficientemente bien como para saber que era capaz de destruir el mundo si se lo proponía. ¿Y por qué tener tantas muestras? Lo más probable era que quisiera sacar una nueva variante a partir de los datos que tenía.
Además, no podían olvidar que había pirateado los informes de Umbrella de la última base que les quedó en pie en Rusia. Podía manejarlos a su antojo, y así tendría más tiempo para investigar mientras alguien hacía el trabajo sucio por él. Y ésa no era otra que Ada Wong. No sabía mucho de ella salvo por lo que Leon le había contado, y no parecía ser alguien de fiar.
Era una superviviente de Raccoon City, y eso la convertía en alguien valioso.
-Wesker estuvo en Chicago –dijo para romper el incómodo silencio que se había formado. Jill asintió con lentitud. Posiblemente Claire le habría contado algo -. No llegué a verlo, pero sé que estuvo allí. Iba dejando rastros de su actividad allá por donde iba.
-El tiempo se nos acaba, y por cada paso que avanzamos retrocedemos dos –hizo una pequeña pausa apoyándose en la pared junto a la puerta -. En la central no están demasiado contentos que digamos –sonrió ligeramente. Pero Chris sabía que no era una sonrisa de alegría. Se la notaba que estaban tan dolida como él -. Dicen que ya hablarán con nosotros personalmente cuando nos recuperemos.
-Estoy deseándolo –ironizó Chris con una mueca de desagrado -. Sé que hemos fracasado, pero podría haber sido mucho peor…
-En eso estoy de acuerdo… Pero no puedo evitar tener la sensación de que esto no es más que el principio de algo gordo… Puedo sentirlo… Como en Raccoon City.
Chris asintió con lentitud. Él también lo sabía; esto no era más que un aperitivo para lo que estaba por venir. La presencia de Wesker había alterado todos los esquemas. Lo primero que haría en cuanto volviera a la sede sería leer el informe sobre los laboratorios de Lansdale. Tal vez allí consiguieran alguna pista sobre el siguiente movimiento de Wesker. Era como una sombra que, aunque no la veías, siempre estaba ahí, acechando.
-Voy a decirle a los demás que estás bien –y esta vez la sonrisa de Jill era auténtica. Su rostro había adquirido otro color desde que lo había visto abrir los ojos.
-Jill, espera –lo dijo sin pensar, viendo cómo agarraba el pomo para salir al pasillo. Sabía que tenía una conversación pendiente con ella, o más bien, le debía una disculpa. Ella no se merecía que la tratara de esa forma. Lo había apoyado siempre incondicionalmente, sin importante que su vida estuviera en peligro. Tragó saliva con dificultad viendo cómo se le acercaba -. Yo… -se le secaba la boca a un ritmo alarmante. Ojalá no se hubiera bebido todo el vaso de agua -. Lo siento –fue lo único que se le ocurrió decir -. Quiero pedirte perdón por lo de la otra noche. No sé qué se me pasó por la cabeza…
El corazón le latía cada vez con más fuerza. Intentó volver a tragar saliva, pero tenía la boca tan seca que ni siquiera era capaz. Siempre había visto a Jill de una forma diferente. En el trabajo se llevaban de maravilla; muchos decían que era increíble que dos personas pudieran trabajar tan bien juntas. Pero en el fondo sentía que él quería algo más… y no sabía qué hacer. Llevaban unas vidas tan ajetreadas que mantener una relación de pareja parecía algo inalcanzable.
Jill no dijo nada al principio. Pero su gesto se relajó aún más, como si hubiera estado aguantando algo desde hacía mucho tiempo. Desde luego que él también se sentía más liberado. Estaba totalmente arrepentido de la actitud que había mostrado en los días anteriores, y sabía que posiblemente Jill no lo perdonaría tan fácil.
De repente, se acercó hasta quedarse junto a la cama y le tendió la mano. Chris no sabía muy bien cómo interpretar ese gesto, pero parecía estar dispuesta a ceder. Dudó durante unos instantes. ¿Por qué dudaba? Pero se la estrechó con gusto. Y debió hacerlo con más fuerza de la cuenta, porque su compañera compuso una mueca de dolor.
-Tranquilo, campeón –bromeó llevándose la mano a la escayola que ocupaba gran parte de su brazo izquierdo -. No quiero ser una lisiada más tiempo del necesario.
Chris no pudo evitar reír. Se sentía a gusto por muchos motivos, pero sobre todo, porque la barrera que se había alzado entre los dos parecía haberse demolido.
-Voy a ir a por el algo que me alivie este dolor. Les diré a los demás que entren.
Chris se limitó a asentir sin dejar de sonreír. Jill también lo hizo… y sentía unos deseos incontrolados de besarlo allí mismo. Pero sabía que no sería correcto. No debía dejarse llevar por las emociones de esa forma. Se dio la vuelta y salió en dirección al pasillo, donde los demás estaban sentados charlando, quizá esperándola. Cerró la puerta sin dejar de sonreír.
Claire fue la primera en levantarse. No entendía el buen humor de Jill. ¿Por qué demonios sonreía? A no ser…
-Está despierto –anunció sin poder evitar sonreír más ampliamente -. Está deseando veros a todos.
Los Redfield, no sabemos cómo, pero siempre consiguen salirse con la suya. Están hechos de otra pasta definitivamente. Sé que me vais a decir que el encuentro Chris-Jill ha sido un poco frío... ¡Pero ya sabemos cómo son! Tranquilos, tranquilos. Que al menos ya parecen haber fumado la pipa de la paz.
Xaori: Desde luego que en el capítulo anterior me lucí jajaja Pensaba que no iba a dar ni tiempo publicarlo para el viernes. Este capítulo por ejemplo acabo de terminarlo, así que imagina. Voy con el agua al cuello xD ¿Cuándo aprenderá Leon que Ada no es trigo limpio? Claire es la mejor para él, pero es tonto. Hombre, lo del polvo no hubiera estado mal jajaja Pero creo que no era plan con Chris despertándose y Jill con al cabestrillo. Un poco incómodo jajaja.
Stardust4: Jill estaba muy motivada a pesar de que las tenía todas para perder. No podía dejar que Jessica se saliera con la suya... Pero no pudo evitarlo. Aunque evitó que la cosa se pusiera peor. Les costará a todos un poco recuperarse de la impresión, pero bueno, ya sabemos que nuestros héroes no tienen ni un momento para descansar.
Esto es todo por esta semana. ¡Nos vemos la próxima!
