¡Muy buenas a todos! Una semana más, y ya no sé ni cuántas van, aquí seguimos aportando un granito de arena a esta comunidad que nos aporta grandes momentos con todas las historias que corren por aquí. Sencillamente, increíble. Tengo una buena noticia, y es que al final voy a hacer un capítulo más xD Es que si no lo hacía ibais a tener que esperar una semana más, y no me parece justo xD Así que nada, a leer, a leer que empieza lo bueno!


Tres meses después

Chris se quitó la cazadora nada más entrar en el imponente edificio de la B.S.A.A. Se quedó en una camiseta vaquera que le había regalado su hermana en su último cumpleaños. Le quedaba algo ajustada. Últimamente pasaba demasiado tiempo en el gimnasio, y con todas las proteínas que estaba tomando, sus brazos estaban cogiendo un volumen bastante aceptable.

Le gustaba estar en forma, y sobre todo, estar preparado para lo que pudiera avecinarse. Llevaban bastante tiempo sin tener conocimiento de actividades sospechosas en el país ni en el extranjero. Las delegaciones de los otros continentes estaban empezando a arrancar, y lo cierto era que lo estaban haciendo de maravilla. Las acciones de la empresa habían subido más de un sesenta por cierto en los últimos meses con las creaciones de dos nuevas sedes en Tokio y Buenos Aires.

Todos lo saludaban. Chris les devolvía el saludo moviendo la cabeza y sonriendo ligeramente. No podía evitar sentir que las mujeres se le quedaban mirando más tiempo de la cuenta. Últimamente todas parecían tener especial interés en él. Le habían hecho cientos de proposiciones. Algunas las había aceptado sólo por el mero hecho de pasar el rato. Pero lo cierto era que su corazón se sentía vacío. No hacía las cosas porque quería: lo hacía por necesidad.

Ninguna de esas mujeres le despertaba el más mínimo interés más allá de un furtivo escarceo. Claire le había insistido una y otra vez que ya tenía una edad para asentar la cabeza y echarse novia. A él le parecía divertido cuando sabía que su hermana estaba revolcándose con su jefe todo el día. Ese tío no le hacía ni pizca de gracia, pero tenía que aguantarlo por ella. No había coincidido con él demasiado, pero una vez había sido suficiente para saber que había algo que no le terminaba de cuadrar.

Claire siempre le había dicho que tenía un sexto sentido para las cosas, y lo cierto era que no se equivocaba. La mayoría de las veces veía venir el peligro antes de que apareciera. Eso le había salvado la vida en más de una ocasión, sobre todo en la mansión de Spencer.

Y hablando de Spencer…

Habían pasado dos años desde que Umbrella había desaparecido para siempre. Alguien, y tenía la sospecha de saber quién era, se había apoderado de todos los datos de la compañía y había filtrado información a las autoridades que habían puesto en marcha la investigación contra la corporación. Habían ordenado capturar a Spencer para interrogarlo y celebrar un juicio contra él al ser considerado como el principal autor de todos los crímenes que se cometieron aquel verano en Raccoon City.

Los jueguecitos de espías nunca traían nada bueno, y la verdad salía a la luz mucho antes de lo que uno imaginaba. Chris se acercó al ascensor con la chaqueta aún en la mano y esperó. El habitáculo tardó poco en llegar. Todos los que estaban en su interior se bajaron, y Chris entró acompañado de cinco empleados más. Todos pulsaron el botón de la planta a la que se dirigían. El ex miembro de S.T.A.R.S. pulsó la planta ocho, donde estaba su despacho, y donde con toda seguridad ya estaría Jill.

Tenían que organizar unos presupuestos que esperaban dejar listos para esa misma tarde. El papeleo era la parte que más odiaba de su trabajo, pero también era parte de él. En cierto modo, se sentía extraño de que hubiera tanta tranquilidad en la oficina últimamente. Dos chicas que iban dentro del ascensor no paraban de mirarle. Lo hacían de reojo. Pero él se daba cuenta.

Desde su etapa en los S.T.A.R.S. había desarrollado un extraño sexto sentido que le había salvado la vida en más de una ocasión. La mayoría de las veces resultaba una bendición, pero otras… Bueno… Nadie era perfecto. Una de ellas rio en silencio. Chris decidió observarla a través del cristal. Ser uno de los fundadores tenía ventajas y, por supuesto, inconvenientes. Uno de ellos era que siempre estaba en el ojo del huracán, tanto si lo hacía bien como si lo hacía mal.

No le sonaban ninguna de las dos chicas. Tal vez eran reclutas, o puede que fueran nuevas. Todos los días iba tanta gente por allí que era imposible tener el control de todo. Para eso estaban los vigilantes. El ascensor hizo su primera parada en la tercera planta. Tres personas bajaron. Nadie entró. Continuó el ascenso. Lo cierto era que estaba deseando ver a Jill.

La noche anterior habían estado cenando en un bonito restaurante de la quinta avenida. Había sido una velada realmente amena. El precio un poco desorbitado, pero había merecido la pena. Parecía que todo lo que había ocurrido hacía unos meses había quedado en el olvido. Bueno, él sabía que Jill era de las que perdonaba pero no olvidaba. Pero su actitud era completamente distinta; era ella, de nuevo.

Habían hablado un poco de todo. Literalmente. Sobre todo de aquella noche en la que se habían encontrado en el local. Se sorprendió al descubrir que su amiga llevaba desde entonces sin practicar sexo. Pensaba que era mujer con una vida mucho más activa dado su carácter. Había estado a punto de meter la pata al abrir la boca para decirle que cuando quisiera él podía ayudarla a acabar con esa sequía.

Sonrió sin poder evitarlo. ¿En qué demonios estaría pensando? Jill era su mejor amiga; por nada del mundo iba a estropear la excelente relación que mantenían desde hacía un montón de años por un calentón. Aunque tenía que reconocer que una parte de él se moría de ganas. Le había visto varias veces en ropa interior, y lo cierto era que tenía un cuerpo bastante apetecible.

Su miembro estuvo de acuerdo con esos pensamientos. Se metió las manos en los bolsillos y estiró un poco los pantalones para disimular su ligera erección. Miró al techo deseando llegar a la maldita octava planta. ¿Por qué tardaba tanto? El ascensor volvió a pararse en la quinta planta. Bajaron un par de personas y subieron tres. Cada vez había menos espacio, y como alguien se acercara demasiado a él se llevaría una sorpresa.

Volvieron a detenerse en la siguiente planta. Las chicas se bajaron allí no sin antes dedicarle una mirada. Estaba seguro de que querían decirle algo, pero todavía no dominaba demasiado el lenguaje de las mujeres. Para eso tenía a su hermana para que se lo explicara. Apartó la mirada sin prestar más atención de la debida y sintiéndose bastante incómodo.

Tal vez debería pensar en algo bastante desagradable para ver si su amigo conseguía controlarse un poco. Pero apenas le dio tiempo. Cuando quiso darse cuenta ya estaba en la octava planta. Salió rápidamente del habitáculo y caminó a buen ritmo hacia su despacho, el que compartía con Jill. Sólo esperaba que no estuviera por allí. Pasó junto a la mesa donde la secretaria miraba algo en su ordenador.

-Buenos días, señor Redfield –lo saludó obligándolo a detenerse. Suerte que llevaba las manos en los bolsillos y su pantalón parecía más grande. Tenía algo en la mano. Parecía un sobre -. Ha llegado esto hace un momento. Va dirigido a usted y a la señorita Valentine.

-Gracias –sacó la mano izquierda del bolsillo y se hizo con la carta. Se dio la vuelta rápidamente y abrió la puerta de su despacho. Jill no estaba allí. Pero sus pertenencias sí. Con un poco de suerte habría ido al servicio y tardaría un rato en volver.

Dentro pudo respirar por fin tranquilo desde lo que le había parecido una eternidad. Se apoyó contra la puerta y se retiró las manos de los bolsillos contemplando que su erección había bajado ligeramente. Menos mal. Necesitaba sentarse tras el escritorio y esperar. Se acercó a su mesa y se dejó caer sobre la silla emitiendo un suspiro. Eso le servía para recordarle que no se podía desvariar en el trabajo.

Dejó la carta junto al ordenador. Frunció el ceño. Ni siquiera se había molestado en mirarla. Volvió a cogerla y la observó detenidamente. Su nombre estaba escrito con una letra bastante pulcra que no le sonaba en absoluto. Le dio la vuelta al sobre. No tenía remitente. Era de lo más extraño. ¿Y si era una carta bomba o algo de eso? Desechó la idea de inmediato. Todo lo que entraba en el edificio pasaba exhaustivos controles para garantizar la seguridad de todos los que estaban allí.

Además, pesaba muy poco. Prácticamente nada. Como si contuviera un trozo de papel. ¿Qué debía hacer? ¿Debía esperar a Jill? La carta estaba a nombre de los dos. Lo mejor sería esperarla, aunque sentía bastante curiosidad por conocer su contenido. Se quedó observándola detenidamente. Que él supiera no esperaba recibir nada. Ahora no estaban llevando a cabo ninguna operación. Sabía que en otras delegaciones sí estaban actuando, pero no tenía ningún sentido que le informaran.

Sí era cierto que los fundadores debían tener conocimiento de todos los protocolos y operaciones que se estaban realizaban en todo el mundo. Pero para informar ya estaban los capitanes de los diferentes cuarteles. Decidió llamar a Jill para ver dónde se encontraba. Su teléfono empezó a sonar a escasos metros. Chris colgó decepcionado. Ni siquiera se había llevado el móvil. No debía estar demasiado lejos.

Volvió a observar el sobre con curiosidad. En la parte trasera no hay ningún remitente. Frunció el ceño. Eso aumentó aún más sus sospechas. Miró hacia la puerta. Seguro que Jill no le diría nada si empezaba a mirar el contenido sin ella; no era de las que se cogían pataletas por tonterías. Retiró la tapa con cuidado y vació el contenido sobre la mesa.

Cayeron un par de fotografías y una nota escrita a mano.

-¿Qué demonios es esto? –murmuró sin apartar la mirada de las fotografías. Cogió una de ellas con algo de duda.

Era una fotografía tomada de día. Mostraba una enorme mansión que debía tener bastantes años. Estaba rodeada por un bosque. Sintió un escalofrío. Le recordaba mucho, demasiado, a la mansión Spencer. Observó detenidamente todos los detalles que aparecían, pero no logró divisar nada fuera de lo común. Había muchas ventanas y una enorme puerta de madera cerrada.

Le dio la vuelta a la fotografía, pero no había nada escrito. Volvió a dejarla sobre la mesa algo decepcionado. ¿Qué demonios significaba esa casa? ¿Por qué la enviaban? ¿Quién? Resopló pasándose la mano por el pelo, algo que solía hacer cuando estaba nervioso. Apoyó las manos sobre la mesa y echó un vistazo a la otra foto. Enfocaba una de las ventanas de la planta superior.

Chris casi dio un salto. Allí había una cara que miraba a través de la ventana. Un rostro que conocía perfectamente. Le temblaban las manos. La fotografía se le cayó al suelo. ¿Cómo habían conseguido esas pruebas? ¿Quién? Se agachó aún temblando y recuperó la foto dándole la vuelta. El corazón volvió a latirle con fuerza. Allí había escritos unos números.

Pero no era la misma letra que el sobre. Volvió a fruncir el ceño. ¿Qué diablos estaba pasando? Y, por supuesto, estaba la carta. Seguro que allí encontraría algo sobre el remitente. Volvió a dejar la fotografía en su sitio para enseñársela a Jill en cuanto volviera y decidió echar un vistazo al escrito.

Estimados Chris y Jill:

Esta información llegó anoche a mi oficina. Su remitente era anónimo. Sólo contenía una nota pidiéndome que os hiciera llegar esas fotografías. He estado investigando un poco, y parece que las cifras que vienen escritas son unas coordenadas situadas en el centro de Europa. No sé por qué no os ha hecho llegar a vosotros en persona el contenido de esta carta, pero estoy seguro de que para vosotros tendrá un mayor valor.

La guerra está lejos de terminar. Me alegra saber que estáis bien y que seguís pateando el culo a esos malditos terroristas empeñados en alterar el bien del mundo.

Cualquier cosa que necesitéis sólo contactad conmigo.

Un abrazo y un cordial saludo,

Parker Luciani, B.S.A.A. Europa

La puerta del despacho se abrió. Por ella entró Jill sujetándose el brazo derecho. Llevaba un algodón apretado contra su antebrazo. Chris se la quedó mirando con cara de circunstancias. Su compañera apenas se dio cuenta; estaba centrada colocando bien el algodón.

-¿Qué tal Chris? –y cerró la puerta -. Aquí vengo de realizar mi donación semestral para la ciencia –la broma ni siquiera hizo reír a su colega, que seguía mirándola muy serio -. Rebecca dice que tendrá los resultados en unos… -y fue entonces cuando reparó en que algo grave pasaba; rara vez se veía a Chris tan serio. Se le cayó hasta el algodón. Pero ya apenas salía sangre del lugar por el que le habían extraído la sangre -. ¿Qué ocurre?

-Echa un vistazo a esto… -y le señaló las fotografías que estaba en la mesa. Su amiga no dudó ni un segundo. Se hizo con ellas y las observó con el ceño fruncido, sobre todo la primera. En la segunda soltó una exclamación que casi consigue que se le caiga todo al suelo -. No te preocupes… Yo he reaccionado igual o peor.

-¿Quién demonios ha enviado esto? –le preguntó recuperando las fotografías y sentándose en la silla que estaba frente a la mesa de Chris.

-Parker.

-¿Parker? –repitió en el momento en el que le tendía una carta. La leyó por encima. Su cara de asombro iba en aumento. De pronto, volvió a recuperar la segunda foto y le dio la vuelta comprobando que allí estaban las coordenadas -. ¿Cómo ha conseguido esto? Es…

-Alguien le ha dado un soplo –guardó silencio unos instantes -. Y debe ser alguien que busca lo mismo que nosotros…

Jill apartó la mirada de la fotografía y lo miró con inquietud. Sabía perfectamente a qué se refería… y la idea no le gustaba lo más mínimo. Estaba más que preparada. Ya no era una maldita novata con un entrenamiento de mierda. Era una mujer hecha y derecha con una formación envidiable y unas credenciales asombrosas.

-Wesker –pronunció su nombre con algo de miedo. Sintió un ligero escalofrío. Siempre tenía que salir de algún modo. Chris asintió lentamente, sin alterar lo más mínimo su gesto.

-Tenemos que conseguir la autorización para llevar a cabo la operación. Spencer tiene que ser nuestro.

Jill se levantó casi de un salto.

-Voy a convocar una videoconferencia para dentro de una hora –dijo mientras se acercaba a su mesa y encendía su ordenador. Apartó todas sus cosas dejándolas a un lado -. Estoy segura de que esta vez será nuestro.

Chris se quedó callado. Estaba seguro de que esa autorización no tardaría en llegar a sus manos en cuanto expusieran la situación al resto de fundadores. Spencer era el bioterrorismo más buscado del mundo. Desde lo de Raccoon City había desaparecido del mapa, y nadie lo había visto desde entonces. Muchos pensaban que había muerto en alguno de sus escondites, y otros que seguía escondido a la espera de que Umbrella volviera a surgir.

Chris no lo permitiría mientras siguiera al mando de la B.S.A.A. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que iba a ocurrir algo malo.

La autorización había llegado por parte de la embajada hacía algo más de una hora. Habrían comprobado que Parker tenía razón: las coordenadas indicaban un punto situado en el centro europeo. Partían dentro de una hora. Las opciones de coger a Spencer eran más reales que nunca. Por fin su mente y su corazón podrían descansar en paz. La caída de Umbrella había sido un golpe casi mortal, pero capturar al artífice que estaba detrás de todo… Eso era lo que llevaba esperando años.

Condujo con lentitud por la zona residencial por la que vivía Claire. Se había mudado allí hacía un par de años gracias a su recomendación. Había visto un anuncio en el periódico sobre las casas que construían allí, y sabiendo que su hermana estaba buscando un lugar en el que asentarse, le comentó la posibilidad de echar un vistazo. Bastó decir que quedó más que encantada con lo que vio.

Incluso a él le hubiera gustado buscarse algo por allí. Pero con su piso se las apañaba. Tal vez si tuviera una familia… Suspiró sin apartar las manos del volante. Tenía la radio apagada. No le apetecía hablar con nadie, y mucho menos escuchar música. Pero necesitaba ver a Claire. Siempre que partía en una misión importante iba a visitarla. Luego llamaría a Barry y le pondría al corriente de la situación. Su viejo amigo era la persona en la que más podía confiar.

Vio el coche de Claire aparcado en un lateral de la calle. Él encontró aparcamiento un poco más adelante. Detuvo el motor y suspiró. Se quedó mirando fijamente el volante. Aunque no quería reconocerlo estaba bastante nervioso. Era una misión complicada; a decir verdad, todas lo eran, pero ésta tenía el añadido de que tenían que capturar a un psicópata que había convertido Raccoon City en un infierno. Y por supuesto Wesker.

¿Estaba realmente preparado para enfrentarse a él? Su último encuentro, hace bastante años en la base de Umbrella en la Antártida, había conseguido sacarlo más por suerte que habilidad. Había aprendido la lección, y se había estado machando duro para que no le volviera a ocurrir. Abrió la puerta y salió a la soleada calle. Hacía bastante calor. Se notaba que era verano.

Había elegido una camisa verde de botones manga corta y unos pantalones beige que le quedaban un poco ajustados. Caminó con decisión hacia la puerta de la casa de Claire sintiendo que la boca se le quedaba seca. ¿Dese cuándo se había puesto tan nervioso? Posiblemente en sus comienzos en las fuerzas armadas o en sus primeras misiones con los S.T.A.R.S.

Tocó el timbre y esperó con impaciencia. Necesitaba decirle a su hermana que todo iba a salir bien, y que volvería sano y salvo junto a Jill con el premio gordo. Claire tardaba demasiado. Frunció el ceño. Tal vez no estaba. Tendría que haberla llamado antes de venir para no hacer el viaje en balde. Sabía que hoy no trabajaba, y quizá por eso había decidido pasar el día fuera.

Volvió a llamar. Y de pronto la puerta se abrió. Allí estaba Claire. Estaba recogiéndose el pelo apresuradamente. Tenía la camiseta ligeramente levantada. Chris arqueó una ceja. No quería ni imaginar lo que su hermana había estado haciendo. Lo más seguro era que el cabrón de su jefe estuviera por allí.

-Chris… que… que sorpresa… -lo saludó su hermana mientras se colocaba bien unos pelos que se le habían salido de la improvisada coleta -. ¿Qué te cuentas?

-¿Está Fisher contigo? –aunque estaba convencido de que no hacía ni que hiciera la pregunta. No sabía qué juegos se traían entre esos dos, pero lo único que tenía claro era lo que le gustaba lo más mínimo. Ese hombre… no era legal. No sabía cómo explicarlo, pero algo le decía que no era trigo limpio.

-¿Por qué piensas eso?

-¡Claire! ¿Va todo bien? –preguntó una voz masculina que sonaba bastante lejana, de la planta superior. Chris se cruzó de brazos con el rostro serio. Claire sonrió ligeramente sonrojándose ligeramente.

-No te conviene mezclar el trabajo con el amor –fue lo único que logró decirle. Los nervios se le habían pasado por completo. Habían sido sustituidos por el enfado. ¿Qué veía Claire en ese gilipollas? La aludida soltó una carcajada bastante forzada.

-Mira quién fue a hablar… Si no recuerdo mal, mi querido hermano ha mantenido algún que otro encuentro con ciertas empleadas de la B.S.A.A. en sus ratos libres… -Chris se quedó bastante sorprendido al oírlo. ¿Cómo lo sabía? ¿Quién se lo había contado? -. Además, ¿qué me dices de Jill?

Al oír su nombre su gesto cambió por completo. Claire lo notó de inmediato, porque sonrió más ampliamente.

-¿Qué pasa con ella?

-No te hagas el tonto –se oyeron unos pasos procedentes de la escalera. Chris asomó ligeramente la cabeza y vio aparecer a Fisher, que se estaba retocando el pelo. Qué manía tenían todos de ponerse bien el pelo después de follar o a saber qué estaban haciendo -. Neil, creo que ya conoces a mi hermano Chris.

-Oh, sí. Nos vimos en aquella fiesta que organizó la B.S.A.A. hace unos meses –le tendió la mano, pero Chris hizo caso omiso. La retiró con lentitud al ver que no obtenía respuesta -. Encantado de volver a verte.

-Fisher –e hizo un movimiento seco con la cabeza a modo de saludo -. ¿Te importaría dejarme a solas con mi hermana? Tengo algo importante que decirle.

-Eh… Claro… Por supuesto… -y miró a la pelirroja -. Te espero en el salón.

Los Redfield lo observaron marcharse cada uno con una mirada diferente.

-¿Se puede saber qué te pasa con él? –le preguntó Claire en cuanto se perdió de vista.

-Ya te dije que ese tipo no me cae bien… Pero es tu vida y tú haces con ella lo que quieres. Sabes que en esas cosas nunca me meto…

-Bueno, ¿qué es eso tan importante que tienes que decirme? –Claire se apoyó sobre el quicio de la puerta sin apartar la mirada de su hermano, que estaba bastante serio. No tenía ni idea de qué podía pasarle, pero debía ser algo muy importante para haber acudido en mitad de la tarde.

-Me marcho en unas horas a Europa –logró decir notando la boca cada vez más seca. Claire se quedó boquiabierta. ¡Se largaba! Sabía que Chris cada vez que partía hacia una misión pasaba por su casa o por la oficina para despedirse -. Hemos encontrado una pista bastante buena que nos ha llevado a Spencer.

-¡Spencer! –exclamó la menor de los Redfield llevándose las manos a la cara -. ¿Cómo lo habéis encontrado? No me lo puedo creer…

-Hemos recibido un soplo que parece bastante fiable. La B.S.A.A. ha dado luz verde a la operación, así que tengo que ir a por él... Cueste lo que cueste…

-Dios, Chris… -y lo abrazó notando que su hermano estaba bastante tenso. Pero respondió al abrazo poco después. Claire se apartó un poco poniéndole las manos sobre los hombros -. ¿Quién va contigo?

-Jill. Esto es algo que debemos resolver los antiguos miembros de S.T.A.R.S. Hemos decidido dejar fuera a Barry; no es más útil como enlace en el cuartel. Además, la B.S.A.A. Europa va a ofrecernos un equipo de apoyo, así que estamos bastante bien cubiertos.

-Tened mucho cuidado, por favor… -murmuró la pelirroja volviendo a abrazarlo. La angustia que sentía cada vez que Chris se iba era indescriptible. Había pasado muchos años sola, mientras él estaba en Raccoon City trabajando para sacarlos a ambos adelante, y aún recuerda como si fuera ayer la sensación de vacío que se apoderó de ella cuando no le respondía a sus llamadas ni a los mensajes -. Sé que lo conseguiréis… Pero sed cuidadosos.

-Todo está en las mejores manos posibles –le sonrió dándole una palmada cariñosa en la mejilla -. Tendré el teléfono encima todo el tiempo hasta que empiece la operación por si quieres hablar conmigo. ¿Tienes el número de Jill?

Claire asintió con lentitud aguantando las lágrimas. Ella también se marchaba muchas veces cuando había que atender a alguna población que había sido víctima de algún ataque bioterrorista. El riesgo siempre existía, por supuesto, pero no tenía ni punto de comparación con lo de su hermano.

-Cuídate, pequeña. Volveremos. Te lo prometo.

Y se marchó antes de ponerse a llorar. Se sentía fatal cada vez que tenía que despedirse, y más sabiendo lo complicada que era esta misión. Se montó en el vehículo sin mirar atrás. Pasaría el resto de la tarde haciendo el equipaje y se pasaría por la central para recoger algunas cosas. Y, por supuesto, hablaría con Barry. Jill ya estaría con él a estas alturas, pero no podía largarse sin despedirse. Era su mejor amigo, siempre le había apoyado en todo y le había ayudado cuando más lo necesitaba.

Puso el coche en marcha y se alejó de la zona residencial viendo cómo Claire lo observaba sin perder detalle. Era lo único que odiaba de su trabajo: no saber si volvería a ver a las personas que más quería.

Jill caminaba nerviosa por uno de los pasillos de la décima planta. El tiempo se le echaba encima. Aún tenía que ir a casa a hacer la maleta y volver a la central para salir hacia Europa. Algún encargado de seguridad los llevaría hasta el aeropuerto dentro de aproximadamente dos horas. Cogería el metro para ir y volver; si iba en coche no le iba a dar tiempo ni de coña.

No sabía cómo se las apañaba para ir siempre tarde a todos los sitios. Era un auténtico misterio. Esperaba que Barry estuviera por allí, porque no podía perder más tiempo. Pero no podía irse sin contarle a uno de sus mejores amigos lo que les avecinaba. Chris había ido a despedirse de su hermana, así que ella iba a encargarse de informar a Barry del plan.

Giró a la derecha en el pasillo y se sintió algo más aliviada al ver a su viejo amigo junto a una máquina de café. Aceleró el paso para que no se les escapara.

-Barry –lo llamó llegando a su lado. El aludido se giró y le dedicó una amplia sonrisa.

-Hola, Jill. No se te suele ver mucho por aquí –la saludó cogiendo un vaso lleno de café -. ¿Cómo estás?

-Necesito hablar contigo –el gesto de su amigo se volvió más serio. Su tono no es que hubiera sido el más conciliador precisamente -. Es algo muy importante.

-Claro… -Barry se había quedado petrificado. Parecía ser algo realmente urgente -. La sala de reuniones está vacía.

Ambos caminaron en silencio hacia la sala, que estaba en ese mismo pasillo. No había demasiada actividad en esa planta. Jill lo agradecía. No le apetecía derrumbarse delante de decenas de empleados curiosos. Barry abrió la puerta y ambos accedieron al interior sin intercambiar palabras. Cogieron los primeros asientos que vieron. Barry dejó el vaso de café sobre la mesa.

-Bueno, tú dirás… ¿Qué ocurre?

-Tenemos a Spencer… -Barry se quedó boquiabierto y casi da un salto de su silla -. Hemos recibido una información de una fuente bastante fiable. Hemos contrastado los datos… y todo parece ser cierto.

-¿Quién ha sido el benefactor? Dios mío… ¿De verdad que sabéis dónde está ese hijo de puta?

-Parker Luciani. Es un compañero de la B.S.A.A. Europa que estuvo en la operación de Terragrigia. Chris y yo partimos esta noche –aunque Barry la escuchaba atentamente, su expresión seguía dominada por la sorpresa -. No hemos querido involucrarte porque creemos que eres más útil aquí. Además, tienes a una mujer y a dos niñas encantadoras que están esperándote en casa.

Le sonrió intentando quitarle hierro al asunto. Pero su amigo seguía asimilando todo lo que le había contado.

-Es una operación de enorme riesgo… -puso las manos sobre el vaso de café y lo movió distraídamente -. Pero hay que capturar a ese cabrón a toda costa. Ya ha estado ocultado demasiado tiempo. Tiene que pagar por todo el daño que ha hecho… ¿De verdad que no hace falta que os acompañe? No me hace ninguna gracia estar aquí de brazos cruzados mientras os jugáis el tipo ahí fuera…

Jill volvió a sonreír.

-¿No eras tú el que quería dejar la acción por un tiempo para tener algo más de paz y tranquilidad?

Barry le devolvió el gesto con complicidad. Le puso en la mano en el hombro y la observó detenidamente. Para él, Chris y Jill eran casi como sus hijos. Los había visto crecer, derrotar a la mismísima Umbrella y convertirse en dos personas de éxito. Si les pasara algo no sabría qué hacer… Se habían convertido en dos de las personas más importantes de su vida.

-Os he visto crecer a los dos… Sé desde hace tiempo que estáis hechos el uno para el otro –Jill arqueó una ceja sorprendida -. No hace falta más que veros para saber que entre vosotros hay algo especial… Juntos habéis pasado por todo tipo de tragedias… y por supuesto buenos momentos que he tenido el placer de contemplar.

Jill estaba boquiabierta. ¿Qué estaba intentando decirle Barry? En el fondo creía saberlo, pero no quería hacerle demasiado caso. De pronto, le dio un abrazo. La morena respondió algo aturdida. Se quedaron en silencio, sin decir nada. Tras unos instantes Jill se separó y buscó su bolso. Había algo muy importante que debía hacer antes de marcharse.

Cogió un sobre del interior y se lo dio a Barry, que lo observó ceñudo.

-Quiero… que le des esto a Chris… -titubeó durante unos instantes notando que las pulsaciones le subían a un ritmo acelerado -. Por si no regreso...

Su compañero siguió mirándola ceñudo. Siempre había tenido la sensación de que, al ser un superviviente de Raccoon City, serían inmortales y que superarían todos los peligros. Pero la muerte siempre estaba ahí, acechando, incansablemente. Lo cierto era que a lo largo de los años habían tenido siempre mucha suerte, y habían sabido resolver todas las situaciones sin demasiados percances.

Pero estaban hablando de capturar a uno de los mayores hijos de puta que había dado la humanidad, y que estaba escondido en algún lugar escapando de la justicia. Si el lugar en el que estaba era un lugar parecido a la mansión, cosa que Barry no dudaba lo más mínimo, podían considerarse jodidos hasta el fondo. No sabía qué decir. No tenía ni idea de qué había en esa carta, pero se aseguraría de que llegara a Chris… aunque esperaba que eso nunca pasara.

-Lo haré. No te preocupes.

Y volvió a darle otro abrazo, esta vez más corto.

-Gracias, Barry. Sé que siempre puedo confiar en ti –lo miró por última vez sintiendo una amarga sensación. No sabía por qué, pero desde la aparición de esas fotos no había podido estar ni un momento tranquila. Llevaban mucho esperando ese momento, y lo más seguro era que Wesker estuviera detrás de todo. Todas las precauciones que tomaran eran pocas -. Chris se pasará dentro de una hora más o menos por aquí. Me dijo que quería hablar contigo antes de irnos.

-Aquí lo esperaré…

Con un último apretón de manos, Jill se alejó rumbo al ascensor. Tenía muchas cosas que preparar, y sobre todo, muchas cosas en las que pensar antes de enfrentarse a un destino que parecía tener cada vez más sorpresas.


Bueno, bueno, ¡que nos vamos a por Spencer! Esto, tal y como veis, es una especie de conexión con los hechos de RE5. Pobre Chris... la que le espera...

Xaori: jajajaja take it easy! Estoy dejando lo mejor para el final. Aquí, de momento, no hay nada de nada (si podemos considerar ese interruptus de Claire-Neil). Lo cierto es que al principio no tenía ni idea de qué fin darle a Jessica, porque no quería que se saliera de rositas, pero tampoco que llegara a un extremo mortal... Pero al final me decanté por lo segundo. Creo que le da más emoción jajaj. Ya sabemos que el fuerte de Chris no es precisamente seguir órdenes, y su temperamento... bueno... ahí está. ¿Y qué vamos a hacer con Leon? ¿Lo volvemos gay? ¿Lo matamos? Porque el pobre es que no tiene remedio... Con lo bien que estaría con Claire... Y ve preparándote para la semana que viene que vienen curvas :D

Stardust4: la idea se me ocurrió mientras escribía. Pensé ¿por qué no darle un giro aún más dramático a todo? Yo y mi mente retorcida jaja. Chris y Jill siempre han tenido problemas con todos por ir siempre un paso por delante. Siempre necesario, por supuesto, pero todo, efectivamente, se rige por leyes, y si te las saltas... bueno... Como ya ves nos vamos acercando al final. El capítulo de la próxima semana va a ser bomba, lo prometo.

Nicole Redfield: Bienvenida de nuevo ^^ Hacía mucho que no pasabas por aquí, sí. Espero que te vaya todo genial. La verdad es que tienes bastante para leer jeje. Ya ves que estoy llegando al final de la historia, así que imagina... ¡Saludos!

Pues eso es todo por esta semana. Espero, si el tiempo me lo permite, seguir con mi calendario estipulado y poder colgar el siguiente capítulo la próxima semana. Haré un gran esfuerzo. Lo prometo. See you! Muchas gracias a todos los que dedicáis semana a semana algo de vuestro de tiempo a pasar por mi historia.