Hola a todos una semana más. Me da pena, pero nos vamos acercando al final de mi historia :( El capítulo de hoy prometo que no va a dejar indiferente a nadie.
El vuelo había transcurrido sin problemas. Casi diez horas encerrados volando a veces sobre el mar y otras sobre ciudades y zonas montañosas. Desde Nueva York, habían volado hasta Londres, y allí habían tenido que hacer escala para coger otro vuelo hasta Budapest. Las coordenadas situaban esa misión en centro Europa, en algún lugar cercano a la capital de Hungría.
Habían cogido un taxi desde el aeropuerto hasta el hotel donde iban a alojarse por dos días. Habían elegido habitaciones separadas, por supuesto, pero eran colindantes. Necesitaban estar cerca en caso de que ocurriera alguna emergencia. Lo que le tenía absolutamente mosqueado era que la maldita autorización del gobierno húngaro no llegaba.
Chris estaba dispuesto a actuar por su cuenta si mañana por la mañana no habían recibido el visto bueno de las autoridades locales. Ya lo había hecho más veces, aunque no quería poner tampoco en peligro a la organización: no estaba en Estados Unidos, y por tanto, no podía jugar en casa. En ese momento estaba en la barra del restaurante del hotel tomándose una copa.
Necesitaba despejarse un poco antes de enfrentarse a todo lo que estaba por venir. No había demasiada gente por allí, y lo agradecía. Esos momentos eran necesarios para reflexionar, para tener las ideas claras y completamente preparado para la dura tarea que tenía por delante. Su teléfono estaba sobre la barra, pero no había sonado en ningún momento.
Debería haberle dicho a Jill que lo acompañara. Ni siquiera se la había pasado por la cabeza. Desde luego que no era un buen amigo. Tenía la sensación de estar como perdido, como si su mente estuviera en otra parte. Tampoco era de extrañar: apenas había podido conciliar el sueño desde que sabía que Spencer estaba a tiro de piedra.
¿Cuántos días llevaba esperando ese momento? ¿Cuántas pesadillas había tenido por culpa de ese cabrón? ¿Cuántas vidas se habían perdido? Cogió su vaso de Martini que estaba casi a la mitad fijando la mirada en una ventana que estaba a su derecha. Sonaba música bastante suave por unos altavoces que estaba colocados en la pared. Parecía música tradicional.
Era una suerte que hasta ahora todas las personas con las que se habían topado habían entendido perfectamente el inglés. Había tenido bastantes dudas al respecto, pero parecía que en Europa la mayoría de los países se estaban preocupando por comunicarse globalmente. Cogió su teléfono en el momento en el que alguien se sentaba a su lado. Pusieron un trozo de papel delante de él.
Se giró y vio a Jill. Llevaba una camisa blanca y unos pantalones vaqueros que le quedaban bastante ajustados. Aquella visión estaba distrayendo a Chris de todo, como si no hubiera nada más en ese momento. ¿Pero por qué se sentía así cada vez que estaba cerca? Y lo que más temía era que fuera tensión sexual no resuelta. Se obligó a mirar el papel con desganas.
-Acaba de llegar la autorización del gobierno húngaro –informó la ex miembro de S.T.A.R.S. con una amplia sonrisa. Chris cambió su gesto. ¡Por fin! Los malditos cabrones se habían hecho de rogar, pero por fin podían actuar sin que las autoridades se metieran por medio -. Sólo queda avisar al equipo para que sepan cuándo vamos a actuar.
-Mañana por la noche –dictaminó Chris volviendo a dar un sorbo a su bebida -. Sé que Spencer no va a moverse de allí. Piensa que está lejos y fuera de peligro. Pero lo que no sabe es que lo tenemos pillado. No sabes las ganas que tengo de acabar con todo esto…
-Sí… Es como despertar de una pesadilla que parece haber durado años.
-Siento no haberte avisado –se disculpó Chris con una ligera sonrisa -. Pero necesitaba estar unos instantes solo para pensar. Además, no sabía si te apetecía tomar algo.
-Ahora mismo, aunque lo intentara, no me entraría nada –respondió la ex miembro de S.T.A.R.S. provocando que ambos sonrieran -. Fui a tu habitación. Pegué varias veces pero no estabas, así que pensé que estarías por aquí.
-Cierto. Tendría que habértelo dicho… Sabía que la autorización llegaría tarde o temprano –y con un último trago se bebió todo el contenido -. Será mejor que nos marchemos ya. Debemos estar preparados para el gran día de mañana.
Dejó un billete sobre el mostrador, cogió su teléfono y se levantó ante la atenta mirada de Jill, que consultó su reloj de pulsera con el ceño fruncido.
-Pero si son sólo las diez… Yo aún tengo un poco de Jet Lag, así que creo que me costará bastante coger el sueño… -y no pudo contener un bostezo. El viaje había sido muy agotador, y aunque estaba realmente cansada, no tenía ni pizca de sueño. Tal vez un baño relajante y hacer unos estiramientos en la habitación la ayudarían a espabilarse un poco. Chris no pudo evitar sonreír -. Vale, esto no es de sueño, que lo sepas. Me siento como si me hubieran estado dando palos durante horas.
Y esta vez ambos rieron. No habría podido explicarlo mejor aunque quisiera.
-Sí… Demasiadas horas en avión… -y Chris le guiñó un ojo -. Vamos.
Caminaron en silencio hacia el ascensor y Jill, que fue la primera en llegar, pulsó el botón. La recepción estaba vacía. Sólo había una mujer sentada frente a un ordenador mirando algo detenidamente en la pantalla. El hotel no estaba nada mal: no tenía demasiado lujo pero tampoco es que fuera lo peor de la ciudad. Habían buscado un balance entre lo económico y la calidad del lugar.
El ascensor llegó poco después. Chris le hizo un gesto a su compañera para que entrara en primer lugar. Le sonrió. Cómo se alegraba de que hubieran arreglado las cosas entre ellos. Jill siempre había estado ahí, sin dudarlo. Había puesto en riesgo su vida, sus esperanzas, sus expectativas, absolutamente todo por seguirlo. Siempre lo había sospechado, pero cada vez tenía más claro que esa mujer era exactamente lo que necesitaba en su vida.
Inteligente, valiente, decidida… y por supuesto, muy pero que muy atractiva. Lo cierto era que se habían sentido ligeramente celoso cuando en las fiestas y reuniones que organizaba la B.S.A.A. casi todos los hombres se paraban a hablar con ella y se reían como gilipollas. Por más que lo intentaba no podía quitárselo de la cabeza. Tal vez Claire tenía razón: dejarse de rodeos y lanzarse, porque nunca se sabía lo que podía pasar.
En Chicago había faltado un pelo para que no lo contara nunca más, y a Jill tampoco le había ido demasiado bien en Salt Lake City. Había estado un par de semanas con el hombro dislocado, y según le había contado, el proceso había sido bastante doloroso. A él habían tenido que operarle de urgencia por las heridas internas que le había provocado el monstruo en el que se había convertido Steve.
Entró en el ascensor y las puertas se cerraron. Estaban en la quinta planta, en dos habitaciones colindantes para poder estar en contacto siempre que lo necesitaran. Comenzó el ascenso. Sin saber por qué, se puso nervioso. Notaba algo en el ambiente que le hacía estar alerta. Tal y como decía Jill tal vez fuera el Jet Lag. Y la observó; se sorprendió que al comprobar que también lo estaba mirando.
Parecía estar tan nerviosa como él. ¿Tan tensos los tenía la misión que ni siquiera podían actuar con normalidad? Estaban hablando de enfrentarse a un fantasma que llevaba persiguiéndolos años, y que siempre había encontrado la forma de ocultarse y escapar de la justicia. Desde luego que iba a ser una noche muy larga. Una parte de él estaba deseando terminar con todo ese asunto, y por otra tenía pánico. Sí, no le daba miedo reconocerlo.
De repente, Jill se acercó a él y lo besó. Se quedó sorprendido, tanto que ni siquiera reaccionó. Fue muy corto, demasiado, pero joder… Las pulsaciones debían haberle subido a más de doscientos. Se quedó observándola. Estaba ligeramente sonrojada. No sabía si era más por vergüenza que por excitación. Él aún seguía intentando asimilar qué era lo que había pasado.
Las puertas del ascensor se abrieron. Ambos seguían sin apartar la mirada. Había algo en ella que le encantaba. Deseo. Lo deseaba. Y él la había deseado durante mucho tiempo, demasiado. Prácticamente desde que se conocieron en Raccoon City. ¿Era esto a lo que se refería Claire? Era bastante probable, y lo cierto era que el rechazo y el miedo casi siempre lo habían echado para atrás.
Pero ahora había recibido una señal, y era todo lo que necesitaba saber. Se acabó el pensar que su vida estaba condenada al fracaso sentimental por dedicarle tanto tiempo al trabajo. Había abierto los ojos. Ahora lo tenía más claro que nunca.
-A la mierda… -murmuró agarrando a Jill de la mano y saliendo del ascensor. Caminaron a buen ritmo hacia las habitaciones. La de Jill era la que estaba más cerca. Se pararon frente a la puerta. Jill buscó la llave en el bolsillo trasero de su pantalón. Sólo se había marchado con la llave de la habitación y el teléfono. Chris detectó que en ningún momento parecía echarse atrás, y eso le gustaba.
La llave era en realidad una tarjeta. Había una ranura en la puerta de madera para introducirla. Con un suave click la puerta se abrió. Jill agarró el pomo y empujó hacia el interior. Chris entró después algo dubitativo. Cerró la puerta con lentitud, observando atentamente la habitación. Era bastante parecida a la suya, con la diferencia de que en la de su compañera había un balcón con una mesa de cristal y un par de sillas.
Se miraron. Ambos parecían estar bastante nerviosos. Era curioso cómo ahora no pensaban en Spencer. Chris dio un paso hacia ella y le acarició el rostro, esa cara que lo había cautivado desde el primer momento.
-Jill… de verdad que me encantas… -murmuró sin apartar la mirada. Dios, ¡cuánto la deseaba! Llevaba tanto tiempo esperando ese momento… -. Desde que te vi sentí algo especial… Sabía que tú y yo estábamos destinados a hacer grandes cosas juntos… -la boca se le secaba a un ritmo alarmante. ¿Desde cuándo se ponía tan nervioso al hablar con una mujer? Bueno, una muy guapa y que le había robado el corazón desde el principio -. Eres mi mejor amiga, y no… quiero estropearlo…
-¿Estropear el qué? –repitió la morena posando una mano en el brazo de su compañero. Podía notar que estaba un poco tenso, y no sabía muy bien por qué. Le había seguido el juego. Sabía que había sido un poco impulsiva al lanzarle aquel beso, pero necesitaba hacerlo. Sus vidas estaban constantemente en peligro, y no sabía si tendría alguna oportunidad de decirle todo lo que pasaba por su cabeza.
-Lo nuestro… ¿O acaso no te acuerdas de aquella noche de la caída de Umbrella?
Jill sonrió ligeramente. Cómo olvidarlo… o mejor dicho, cómo intentar recordarlo, porque lo cierto era que ninguno de los dos se acordaba de qué era exactamente lo que había pasado. Tras recibir la noticia de que Umbrella había sido llevada a juicio y de que habían perdido, y por tanto, desaparecido, ambos habían pasado la noche bebiendo en casa de Chris.
Se habían emborrachado hasta tal punto que ni siquiera recordaban qué era lo que había ocurrido. Lo único que sabían era que habían amanecido los dos desnudos en la cama de Chris, y que había un condón usado en el suelo. No hacía falta ser demasiado inteligente para interpretar qué era lo que había ocurrido. Ambos habían decidido dejar el tema aparcado y continuar con sus vidas y su trabajo como si no hubiera ocurrido nada.
Pero lo cierto era que ambos no habían podido dejar de pensar en ello. No tenían ni idea de si les había gustado, de cómo habían llegado a tal extremo. Una vez más, se habían cerrado en banda y habían puesto una barrera por medio. Pero ambos sabían que aquél era el momento de hablar con claridad.
-Lo sé, Chris… -admitió la ex miembro de S.T.A.R.S. asintiendo lentamente con la cabeza -. Pero yo no puedo aguantar más. Llevamos mucho tiempo juntos luchando contra el bioterrorismo. Sabes que iría contigo hasta el fin del mundo si me lo pidieras, y sé que tú harías lo mismo por mí… -Chris estaba cada vez más sorprendido. Todo lo que decía era absolutamente verdad, y no tenía nada que reprocharle -. Y deseo estar contigo de un modo diferente, y sé que a ti te pasa lo mismo… Puedo notarlo en tu mirada…
Chris seguía sin saber muy bien qué decir. ¿Tanto se le notaba que estaba loco por ella? Siempre había oído decir que las mujeres tenían un sexto sentido para detectar cosas que a los hombres se les escapaba. Tal vez ella había estado emitiendo algunas señales y él no se había dado cuenta de absolutamente nada. Lo cogió de una mano y se la apretó. Chris no vaciló. Le devolvió el gesto.
-¿Estás completamente… segura? –Jill asintió con seguridad, sin vacilar ni un instante. Si había algo que le gustaba de ella era que siempre tenía las cosas muy claras, y que era sincera consigo misma y con los demás. Estaba empezando a sentir mariposas en el estómago, como un maldito adolescente al que le llega el amor por primera vez -. Yo sólo quiero que las cosas entre nosotros estén bien. Para mí es lo más importante… Quiero hacerte feliz.
La confesión la pilló desprevenida. Nunca había visto a Chris tan sincero, tan sentimental… ¿De verdad que estaban hablando de todo aquello con total naturalidad? ¿Era cierto que a él le ocurría lo mismo y que estaba dispuesto a iniciar una relación? No sabía si llorar, darle un beso o lanzarse a sus brazos. Optó por eso último. Se fundieron en un intenso abrazo.
Era, como si en cierto modo hubieran cerrado una especie de acuerdo. Sus brazos eran fuertes, seguros, y Jill sabía desde ese momento que las cosas entre los dos iban a ir a mejor. Ambos notaban como si se hubieran quitado un gran peso de encima. Habían tenido relaciones esporádicas con otras personas desde que se conocían, pero en las mentes de ambos siempre habían estado presentes.
Chris le puso las manos en las mejillas y la besó. Cerró los ojos disfrutando de su sabor, de su contacto. Cuánto había deseado aquello. Sus lenguas se encontraron y jugaron ansiosas. Jill empezó a notar la creciente erección de Chris contra su muslo. Eso la activó aún más. Le pasó las manos por la espalda atrayéndolo aún más. Aún no podía creer que todo eso estuviera pasando.
Estaba completamente loca por ese hombre. Lo había sabido desde que se vieron por primera vez. Y siempre, por miedo o por la opinión pública, había decidido ocultar todo lo que sentía. Pero había decidido que era el momento de poner las cartas sobre la mesa. Las operaciones eran cada vez más complicadas. La suerte no siempre iba a estar de su parte… Y por supuesto estaba Wesker, acechando en las sombras.
Chris se apartó un poco y la cogió de la mano. Llevaba mucho tiempo deseando ese momento. Lo cierto era que estaba empezando a sentirse bastante incómodo. Se desabrochó la bragueta dejando su erección prácticamente liberada. Jill la observó con curiosidad. Lo que veía le resultaba realmente interesante. Agarró el pene a través del calzoncillo. Lo masajeó con mimo al principio y aumentó el ritmo poco a poco.
Chris cerró los ojos y sintiendo cómo su miembro iba creciendo con los juegos que hacía Jill. Temía emocionarse demasiado y echar a perder lo que prometía ser una noche maravillosa. Le puso las manos en los hombros y gruñó sintiéndose cada vez más excitado. Tenía todos los vellos de punta, y lo cierto era que ninguna mujer le había provocado tal sensación.
-Más despacio… -murmuró con los dientes apretados. Abrió los ojos y se apartó un poco -. No quiero emocionarme tan pronto…
Volvió a acercarse y empezó a desabrocharle la camisa. Sintió que los vellos de Jill también se ponían de punta… y eso que sólo había puesto las manos en los botones. Empezó de arriba abajo. Su respiración se iba volviendo más agitada conforme avanzaba. Eso le gustó. Sus pechos quedaron cubiertos sólo por un sujetador blanco. Chris tiró la camisa al suelo observando detenidamente el magnífico espectáculo que tenía delante.
No hizo falta que dijeran nada más. Jill se lo desabrochó sin apartarle la mirada. No necesitaban palabras para saber lo que el otro necesitaba. Chris la cogió de una mano y la llevó a la cama. Se agachó y se puso de rodillas frente a ella. Lamió primero su pezón izquierdo, y luego el derecho. Jill se inclinó un poco más para darle mayor acceso. Cómo le gustaban las mujeres inteligentes…
Empezó a gemir de placer. Eso era todo lo que necesitaba oír. Le dio pequeños mordiscos aumentando aún más su placer. De pronto, Chris se levantó y se despojó de su camiseta. Estaba empezando a sentir un calor atroz. Volvieron a abrazarse. Sus bocas se encontraron con ansias. Se dejaron caer sobre la cama sin separarse, sin dejar ni un instante de disfrutar el uno del otro.
Jill, que estaba encima, se echó a un lado llevándose la mano al botón de su pantalón. Chris se quedó observándola fascinado. Estaba deseando introducirse en ella, sentirla como nunca antes lo había hecho. Aquella vez de hace dos años no tenía ningún valor; ninguno se acordaba exactamente de qué era lo que había pasado. La morena se quitó los zapatos y el pantalón tirándolos al suelo. Se quedó con unas bragas negras bastante ajustadas.
Chris ya no aguantaba más. Se deshizo de su pantalón y de los calzoncillos sintiéndose más que preparado. Todas las dudas que habían tenido se habían disipado de un plumazo. Todo lo que habían vivido hasta ese momento, todo por lo que habían luchado, lo que habían sufrido… Todo había merecido la pena. Y por supuesto compartir esos momentos con la persona que más amaba.
Se quedó completamente desnudo observando a su musa, que se quitaba las bragas con lentitud, sin apartarle la mirada. Si había algo que le encantaba era el deseo que había en su mirada. Otras mujeres con las que se había acostado simplemente querían hacerlo y ya está. Pero ella parecía desearlo, y a él le ocurría lo mismo, por supuesto. No había mujer que deseara más que Jill Valentine.
Las bragas también volaron cayendo sobre una silla que había cerca de la ventana. Chris le hizo un gesto para que se acercara. Jill no tardó ni un segundo en responder. Era como una especie de hechizo que la tenía cautiva. Si él le pedía que le diera todo su dinero, lo haría. Si le pedía que diera la vida por él… por supuesto que lo haría.
-No sabes cuánto llevo esperando esto… -murmuró la ex miembro de S.T.A.R.S. abrazándose a su torso desnudo. Le pasó el brazo por los hombros y la atrajo aún más contra él.
-Pues ya somos dos –se limitó a responder cerca de su oído. Cada vez tenía más claro de que había tomado la decisión correcta. Estar allí con Jill era como un sueño hecho realidad. A partir de ahora no iban a esconderse. Le diría a todos que mantenían una relación, y que pasara lo que pasase, iba a protegerla siempre.
Le acarició el rostro ante la amplia sonrisa de su compañera, que le hacía cosquillas con un dedo por el brazo. Esos momentos de calma le estaban viniendo bien para no emocionarse más de lo que estaba. La besó. Ella le respondió atrapando sus piernas con las suyas, pegándose a su cuerpo. Sus lenguas volvieron a encontrarse. Chris cerró los ojos sintiendo cada movimiento como un soplo de aire fresco.
Se separó y se situó encima de ella. Le pasó la mano con lentitud con el muslo derecho. Jill dio un ligero respingón. Chris no pudo evitar sonreír. La tenía completamente en su terreno. Posó sus labios en la parte inferior de su pierna derecha y fue subiendo con lentitud, oyendo cómo de nuevo la respiración de Jill se volvía más agitada.
Continuó hasta llegar a la parte interna del muslo, cerca de su sexo.
-Chris… -susurró la morena agarrando con fuerza las sábanas de la cama. Era una maldita tortura que le encantaba. Nunca en su vida había estado tan excitada, y eso que había estado con bastantes hombres. Pero siempre era para desahogarse. Nunca había sentido el más mínimo interés más allá de lo estrictamente sexual. Pero con Chris era diferente. Sentía que quería algo más que siempre encuentros sexuales.
El aludido no dijo nada. Y de pronto introdujo dos dedos en su interior. Era una sensación un tanto incómoda al principio, pero se fue adaptando con el paso de los segundos.
-Estás completamente mojada… -murmuró el mayor de los Redfield satisfecho. Aún le costaba creer que estuviera allí con la mujer que había llenado la mayoría de sus sueños nocturnos. Era como estar en el paraíso. Empezó a mover los dedos con lentitud, adaptándose al ritmo que le marcaba Jill, y fue aumentando poco a poco. La morena gemía cada vez más -. No voy a parar hasta que te corras… Luego lo haremos juntos.
Había algo en su tono de voz que a Jill la volvía loca. Tal vez era ese deseo, esa posesión con la que hablaba. ¿De verdad estaban haciendo todo aquello? Era una maldita suerte que hubiera traído una caja de preservativos; siempre le gustaba ir preparada, pero estaba segura de que Chris también tendría alguno. Cerró los ojos agarrando cada vez con más fuerza las sábanas mientras su compañero seguía haciéndola disfrutar.
El ritmo era cada vez más rápido, y estaba empezando a sentir que se dejaba llevar. Adoraba aquello; la volvía completamente loca. Y de repente, con un sonoro orgasmo, perdió la noción del tiempo durante unos instantes. Su respiración se volvió más agitada, y lo primero que observó fue la sonriente cara de Chris, que había sacado la mano de su interior y la tenía llena de fluidos.
-¿Tienes por ahí algún preservativo? Y kleenex. No quiero que me involucren en la escena del crimen –le preguntó sin dejar a un lado el buen humor. Jill no pudo hacer otra cosa que sonreír ampliamente. Se incorporó con lentitud y se acercó a la cómoda donde estaba su maleta.
Chris observó cómo Jill se agachaba y abría su maleta. Era un espectáculo sumamente encantador. ¿Cómo no habían hecho antes aquello? Era increíble la rapidez con la que todas sus dudas se habían disipado. Era la mujer a la que siempre había amado en secreto desde que se habían conocido, y el miedo y el rechazo siempre se habían puesto por medio.
Pero ahora todo era diferente. Jill se acercó a la cama con un paquete de kleenex y un preservativo. Lo dejo todo a su lado. Chris se hizo con un pañuelo y se limpió los dedos completamente satisfecho. Tal vez necesitarían más de un preservativo esa noche… aunque era cierto que debían descansar y prepararse para lo que se les avecinaba al día siguiente.
-¿Estás preparado? –le preguntó Jill sentándose a su lado. Le cogió una mano. Chris se la apretó levemente. No tenía ni idea si se refería a la misión o a lo que estaban a punto de hacer. Pero estaba bastante seguro de que se refería a lo segundo.
-Más que preparado –respondió con total seguridad y sin ningún tipo de duda. Quería y deseaba hacerlo. Cogió el preservativo y rasgó el envoltorio. Les quedaban muchos días y noches maravillosos, se entendían a la perfección. Se colocó el condón sintiéndose cada vez más excitado. Todo ese juego lo había fascinado.
-Ven aquí –lo animó la ex miembro de S.T.A.R.S. abriendo los brazos. No hacía falta ni que se lo dijera dos veces. Cayeron a la cama tirando al suelo un par de cojines. Chris se quedó debajo. Se quedó observando maravillado todas y cada una de las curvas de esa mujer que lo estaba volviendo loco -. Allá vamos…
Y gruñó al sentir cómo su miembro entraba perfectamente. Cerró los ojos. Era una sensación muy reconfortante. Era como si de repente hubieran sellado una especie de acuerdo. Él era suyo y ella ahora formaba parte de él. Jill empezó a moverse con lentitud. Sus gemidos empezaron a sonar cada vez con más intensidad. Chris se agarró a sus caderas buscando más profundidad.
Y lo notó. Vaya que si lo notó. Jill tembló ligeramente, pero sólo fue un espejismo. Aún estaba intentando acostumbrarse a esa sensación, una que se estaba convirtiendo en algo muy placentero. Aumentó el ritmo poco a poco notando cómo ambos se exigiendo cada vez más. Ambos estaban completamente entregados el uno al otro. Entraba y salía a un buen ritmo, casi dando pequeños saltos.
-Eres espectacular… -murmuró Chris apretando los dientes. Aún le quedaba algo de cuerda. Pero si seguía a ese ritmo no tardaría en sucumbir. Y quería disfrutar mucho más de esa relación -. Cambiemos de postura. Quiero disfrutarte de todas las formas posibles…
-Qué halagador… -bromeó Jill deteniéndose. Unas gotas de sudor empezaron a bajar por su rostro. Quién iba a decirle a ella hace unas horas mientras viajaba que esa misma noche iba a acabar en una cama con el hombre al que había amado durante años. Se tumbó bocarriba mirando a Chris, que le cogió las piernas y se las puso sobre las rodillas -. Vas a por nota…
-Esto no ha hecho más que empezar… -y de una fuerte embestida se introdujo en su interior. Ambos gritaron. En el pasillo deberían estar escuchándolos todo el mundo. Pero no le importaba; estaba disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía. Su pene entraba y salía cada vez a más velocidad -. ¿Te gusta?
-Ni te imaginas… -respondió su compañera entre los gemidos de ambos. Después de unos instantes Chris bajó la intensidad. Estaba empezando a notar que si seguía así se correría pronto. Se observaron durante unos instantes antes de besarse.
Chris se echó sobre ella con cuidado de no hacerle daño. Le cogió las manos y ella se las apretó. Volvió a introducirse en su interior con lentitud. Tenía las piernas completamente cerradas, y eso hacía que el estar dentro fuera más placentero. Se movió con lentitud, notando que entraba hasta el fondo. Volvió a besarla amortiguando los gemidos de ambos. Quería llevarla hasta el mismísimo cielo. Y entonces, empezó a notar que era él el que estaba cediendo.
Volvió a penetrarla dos o tres veces y se dejó ir con un gruñido bronco. Y también sintió que Jill sufría un ligero espasmo bajo él. Era increíble. Hasta para tener orgasmos se sincronizaban. Tenía la espalda chorreando, pero no le importaba. Ya se daría una ducha más adelante. Se apartó con desganas del cuerpo de Jill y se echó a su lado. Ella lo abrazó y él no dudó en atraerla contra su cuerpo.
-¿Estás bien? –le preguntó rompiendo el silencio que se había formado. Sus respiraciones iban volviendo a la normalidad poco a poco.
-Mejor que nunca –respondió la morena mirando distraídamente por la ventana del balcón. Era un auténtico sueño hecho realidad estar allí abrazando al hombre que había despertado en ella toda clase de sentimientos. ¿Por qué no había hecho esto antes?
-Yo también… -y se giró para mirarla. Le quitó unos pelos de la cara y la besó -. Te quiero, Jill. Haré todo lo que esté en mi mano para seguir protegiéndote.
Jill se quedó boquiabierta. ¿De verdad que lo había dicho? Se quedó tan impresionada que apenas fue capaz de abrir la boca. Sabía que Chris era un hombre que actuaba con los puños y nunca con palabras. Oírle decir eso la había dejado en fuera de juego. Seguía observándola, tal vez esperando la misma respuesta. ¿Sería capaz de hacerlo?
-¿Qué has hecho con Chris y quién eres tú? –se limitó a bromear intentando ganar tiempo. Su compañero sonrió sin apartarle la mirada. ¿Tanto le costaba decir esas malditas palabras? -. Yo también te quiero. Demasiado.
Volvieron a besarse. Chris se levantó y cogió el paquete de kleenex que estaba en el suelo. Cogió un par de ellos y le pasó lo que quedaba del paquete a Jill. Se quitó el condón con uno de ellos haciéndolo una bola que tiró a la papelera que estaba bajo la mesa, y con el otro se limpió. Tal vez lo mejor era darse una ducha. Se acercó al cuarto de baño y cerró la puerta.
Jill se quedó observando cómo se perdía de vista. Suspiró. No sabía muy bien si era de alivio o de preocupación. La cruda realidad volvió a caer sobre ella. La razón por la que estaban allí le había caído de repente como un jarro de agua fría. A esta hora mañana estarían buscando a Spencer. Siempre habían salido airosos de todas y cada una de las situaciones a las que se habían enfrentado.
Aunque sus vidas siempre habían estado en constante peligro se las habían ingeniado para salir victoriosos y cumplir con los objetivos de la misión. Siempre era un orgullo que les reconocieran como los mejores agentes de la B.S.A.A., pero a cambio el precio era demasiado alto.
Tanto que temía que alguna vez las cosas no salieran como estaban previstas. Ahora que tenía una nueva motivación para continuar no iba a permitirse el lujo de cometer errores, esos mismos que casi le cuestan la vida en Salt Lake City. Pero estaban hablando de Spencer… y Wesker, que posiblemente estaría al acecho. Si había sido él el que había mandado las fotos a Parker casi podían darse por muertos.
Negó en silencio. No. No lo permitiría. Oyó el agua correr a través de la puerta cerrada del cuarto de baño. Haría lo que fuera necesario para proteger a Chris… aunque tuviera que dar su vida a cambio. Se lo debía todo.
Sé que después de los parrafazos que me he metido en anteriores capítulos éste os va a parecer demasiado corto, pero qué capítulo... ¡Por fin los tenemos juntos! Un buen polvo antes de coger a Spencer, sí señor...
Xaori: Leon está en otros menesteres... Es tonto el pobre. No tiene remedio. Y Claire otra cortada por la misma tijera. Que decepción se va a llevar con su querido Fisher... De la carta sabremos algo más la próxima semana, que es el último capítulo, pero bueno, aquí ya hemos visto que lo mismo no hace falta ni carta xD Espero que hayas disfrutado de este capítulo, que ya pegaba algo de acción :D
Stardust4: Jill parecía intuir que iba a ocurrir algo malo, y por eso fue previsora y decidió dejarle a Chris una especie de regalo de despedida... aunque ya hemos visto en este capítulo que se han despedido a lo grande. Se lo merecían. Ya había demasiada tensión sexual sin resolver.
Nicole Redfield: Creo que es lo mejor que puedes hacer jeje. Además, ya sólo queda el último capítulo, así que podrás leer toda la historia sin tener que estar esperando una semana para el siguiente capítulo. Espero que lo estés disfrutando.
Pues nada queridos lectores, la semana que viene nos despedimos de Frágiles T_T Intentaré que sea una despedida por todo lo alto.
