Muy buenas a todos. Como os venía advirtiendo, nos encontramos ante el desenlace de la historia. Como habéis podido comprobar, esta historia ha sido como una especie de nexo entre Revelations y RE5. Así que nada, espero que disfrutéis de este capítulo. Lo cierto era que tenía una idea más o menos clara de cómo quería acabarla, pero conforme iba escribiendo se me iban ocurriendo pequeños detalles.


El día en la Casa Blanca estaba siendo bastante tranquilo. Ningún curioso había querido colarse en las zonas restringidas, no había ninguna amenaza de bomba, el sol brillaba… Vamos, lo que podía considerarse un día normal para alguien al que el bioterrorismo no estuviera llamando a su puerta cada dos por tres. Para Leon, aquella tranquilidad era realmente extraña.

Habían pasado más de tres meses desde la última vez que se había visto involucrado en una gran operación. No había salido todo lo bien que hubiera querido, pero al menos podía considerarse afortunado de seguir con vida. Ada se había llevado la única muestra que parecía haber quedado del T-Abyss, y a estas alturas Wesker ya estaría investigando alguna fórmula para hacer el virus más poderoso, si es que no lo había hecho ya.

Se encontraba en la sala de descanso mirando la televisión. Las noticias no tenían demasiado interés: deportes, economía, crisis en Oriente Medio… Lo típico de todos los días. Sabía que debía agradecer aquella paz que lo había acompañado en los últimos meses, pero una parte de sí echaba de menos esa adrenalina de enfrentarse a lo desconocido.

Cogió la taza de café que estaba sobre la mesa y le dio un sorbo. Estaba empezando a enfriarse. El camarero seguía sin enterarse que le gustaba el café templado para poder tomárselo con tranquilidad. Consultó su teléfono, pero no tenía ninguna llamada. La puerta que daba acceso a la habitación se abrió. Levantó la mirada y vio a Hunnigan. Frunció el ceño. Era extraño verla por allí.

-Me pregunto que trae a una mujer tan guapa por aquí… -bromeó dejando su teléfono de nuevo sobre la mesa, junto a la taza de café. La joven se limitó a sonreír ligeramente y se sentó en el sofá que estaba al otro lado.

-Venía para recordarte que el Presidente tiene una cita con su dentista a las siete.

Leon asintió. Como para olvidarlo. Su teléfono no paraba de recordarle mediante avisos todos los eventos que tenía el Presidente a lo largo del día. La mayoría de ellos, por supuesto, vigilados por Leon y algún que otro guardaespaldas. La seguridad desde lo ocurrido con el anterior Presidente había aumentado considerablemente.

-Espero que no le pongan anestesia, porque se pone insoportable hasta que no se le pasan los efectos.

Hunnigan volvió a sonreír. Sabía que Leon tenía en buena estima al nuevo Presidente. Pero eso no quitaba que de vez en cuando bromearan sobre lo que hacía, para bien o para mal. Se quedaron en silencio. El agente volvió a coger la taza de café y se bebió lo que quedaba de un sorbo. Ya le cantaría las cuarenta al que se lo había traído.

-Pareces cansado… -le dijo Hunnigan por encima del sonido de la televisión. Leon le dedicó una media sonrisa.

-Más bien aburrido… -respondió echándose hacia atrás en el sillón -. Aunque no lo creas… Echo de menos la acción –su contacto con el Gobierno la miró sorprendida -. Desde lo ocurrido en Raccoon City no he parado de luchar… Y ahora que parece haber algo de calma… Es como si no fuera real…

Desde que había entrado a formar parte del Gobierno de su país no había tenido ni un segundo para descansar. En parte lo agradecía, porque lo suyo no era estarse quieto. En ese sentido se parecía mucho a Chris Redfield… Ahora que se acordaba de él, lo llamaría más tarde. Claire le había contado que Jill y él habían encontrado una pista bastante fiable sobre la ubicación de Spencer.

Acabar con la última pieza de Umbrella… Eso sí que era un auténtico regalo. A él también le hubiera encantado echarle el guante, pero no le parecía justo: los S.T.A.R.S. habían sido de los primeros afectados por las barbaries de la corporación; él simplemente había estado en el lugar equivocado en el momento inadecuado.

-Los héroes también necesitan descansar de vez en cuando… No te lo tomes demasiado a pecho o podrías llevarte un disgusto.

Esta vez le tocó a Leon sonreír. Ya se había llevado suficientes disgustos para toda su vida… o eso pensaba. Raccoon City, Krauser, Salt Lake City… Todo estaba demasiado fresco, y estaba completamente seguro de que nunca lo olvidaría por mucho que lo intentara.

-Interrumpimos nuestro programa habitual para darles una noticia de última hora… -Leon frunció el ceño y volvió a centrar su atención en la televisión. Hunnigan también estaba atenta -. Nos ha llegado ahora mismo a la redacción una información pendiente de confirmar pero que, de hacerlo, supone un duro varapalo para el mundo del bioterrorismo… -fue oír esas palabras y todos sus mecanismos se activaron.

-Dale voz, Hunnigan –le ordenó sin dejar de prestar atención a la pantalla. El presentador tenía una mano puesta en la oreja, donde tenía un pinganillo por el que le estarían contando la noticia. Hunnigan cogió el mando, que estaba a su lado en la mesa, y subió un poco el volumen.

-Fuentes no oficiales están confirmando que la fundadora y agente de operaciones secretas de la B.S.A.A., Jill Valentine, habría fallecido la pasada madrugada durante una misión de reconocimiento… -Leon y Hunnigan se miraron boquiabiertos -. Repito. Fuentes no oficales…

-¡Dios mío! –exclamó la joven llevándose las manos a la cabeza -. Hay que ponerse en contacto con la B.S.A.A.

-Voy a llamar a Chris ahora mismo… -dictaminó Leon sacando su teléfono de su chaqueta. Le temblaban las manos. ¿Jill muerta? Eso era lo peor que les podía pasar ahora mismo. Ellos eran los pilares del futuro, los que garantizaban la seguridad y la tranquilidad a un mundo que sufría casi a diario por culpa de las armas biológicas.

Salió de la habitación sintiendo que le costaba respirar. ¿Qué demonios había pasado? ¿Y si era mentira? La ansiedad era cada vez mayor. Se apoyó contra la pared y se llevó el teléfono al oído despojándose de la chaqueta y tirándola al suelo. Dio cinco o seis tonos de llamada y saltó el buzón de voz. Leon colgó mordiéndose el labio. No tenía autorización para ponerse él mismo en contacto con la B.S.A.A., pero Hunnigan sí…

-Claire… -la idea le vino de repente. Estaba seguro de que ella tendría que saber algo. Habría hablado con su hermano, o se habría tenido noticias de alguien de la B.S.A.A. Incluso hasta era probable que Chris aún estuviera en Europa. Volvió a llevarse el móvil a la oreja y esperó. No hizo falta demasiado. Claire parecía estar llorando.

-Leon… Dios mío… ¿Te has enterado?

-Acabo de verlo en las noticias… He llamado a Chris, pero no me lo coge… -su voz parecía realmente preocupada. Se sonó la nariz. Leon sentía un nudo en la garganta.

-Voy ahora mismo para su casa… Sé que llegó esta mañana… He llamado a Barry, y me dijo que iba hacia allí… -hizo una pausa -. ¡No me lo puedo creer! Jill muerta… Esto es lo peor que nos podía pasar en este momento… Pobre Chris… No quiero ni imaginar cómo debe sentirse…

-Seguiré insistiendo a ver si me coge el teléfono… Voy a llamar a la B.S.A.A. para confirmar la noticia…

-No hace falta, Leon… -Claire seguía llorando al otro lado. Esperaba que cogiera un taxi o algo de eso, porque conducir en ese estado no era precisamente recomendable -. He llamado y me lo ha confirmado uno de los fundadores… Yo tampoco me lo creía…

-Joder…

-Te mantendré informado.

Y la comunicación se cortó. Leon se quedó observando la pantalla con gesto preocupado. Siguió apoyado contra la pared intentando asimilar todo lo que había pasado. Hunnigan llegó al pasillo. Miró al agente, que le asintió lentamente. Sabía que iba a preguntarle si la muerte de Jill era cierta. Se llevó las manos a la boca alarmada y se alejó por el pasillo.

Leon permaneció allí unos instantes más, lamentándose. Los buenos siempre tenían que pagar los platos rotos, y no había excepciones.

Un rayo de sol entraba a través de la ventana. Tal vez en otros tiempos hubiera tenido otro significado. Ahora no era nada, un reflejo más de que todos, absolutamente todos, estaban allí de paso. La vida a veces era muy injusta. Buenas personas eran despojadas de sus vidas por malditas casualidades, mientras que los verdaderos criminales campaban a sus anchas como si la cosa no fuera con ellos.

¿Por qué? ¿Por qué la justicia siempre se cebaba con los más pobres y los mejores? Era algo que le había estado comiendo la cabeza en las últimas horas mientras volvía completamente vacío a su casa. Era la única vez desde que llevaba enfrentándose al bioterrorismo que no tenía ganas de regresar. Su corazón le decía que debía volver, recorrer a nado si hiciera falta el río y buscar a Jill.

No había podido quitarse esa maldita imagen de cómo caía cientos de metros agarrada a Wesker. Le había salvado la maldita vida. Y él no había podido hacer nada para impedir ese desenlace. Se había mostrado débil, patético. Unas lágrimas volvieron a bajar por su rostro. Había jurado protegerla… y había fracasado estrepitosamente. Dejó su vaso de whisky sobre la mesa que tenía al lado y se llevó las manos a la cabeza.

Se había bebido casi la mitad de la botella y aún no sentía el efecto del alcohol. Se enjuagó las lágrimas, que fueron sustituidas por otras. ¿Cómo había permitido que ocurriera? ¿Por qué demonios no había estado más atento? Desde que se habían adentrado en la mansión había indicios de que había alguien más allí. Los guardaespaldas estaban todos muertos, con unos enormes agujeros en los pechos, como si los estuvieran atravesado con una espada o algún objeto afilado.

Y luego estaba Spencer, al que habían encontrado muerto del mismo modo. Y el autor no había sido otro que Wesker. Pelearon contra él, lucharon sin descanso hasta que llegó ese fatídico momento. Su antiguo capitán lo atrapó. Lo elevó en el aire con una facilidad pasmosa. Parecía que el virus era cada vez más fuerte en su interior. Estaba preparado para matarlo cuando vio de reojo cómo Jill se lanzaba contra ambos.

Volvió a llorar. Una parte de él quería pensar que aún seguía viva. Había ordenado al equipo europeo que los había apoyado que rastrearan el río de arriba abajo, que mandaran buzos o lo que fuera necesario para encontrar el cuerpo. Si estaba muerta, que era lo más probable, su cuerpo aparecería tarde o temprano. Había que ser algo más que un humano para sobrevivir a semejante caída. Con un poco de suerte hasta Wesker habría caído.

Considerando la suerte que siempre los había acompañado podría considerarse demasiado afortunado si eso ocurría. ¿Por qué Jill se había sacrificado de ese modo por él? Ambos se amaban, lo sabía. ¿Acaso él no hubiera hecho lo mismo si la situación fuera al revés? Sin ningún tipo de duda. Jill siempre lo había acompañado en las buenas y en las malas. Había demostrado ser la compañera perfecta.

Lloró desconsoladamente. ¿Por qué había tenido que pasar ahora que precisamente la situación entre ellos se había aclarado? Su teléfono empezó a vibrar en la mesa. Llevaban todo el maldito día intentando ponerse en contacto con él. Pero no le apetecía absolutamente nada hablar con nadie, ni siquiera con Claire, a la que ni siquiera había dicho que había vuelto al país.

Seguramente era ella para preguntarle por lo ocurrido. La B.S.A.A. iba a lanzar un comunicado a la prensa para explicar lo sucedido. Él aún no estaba preparado para enfrentarse a los medios. Quería primero una confirmación de que habían encontrado el cuerpo de Jill, y entonces ya decidiría qué hacer. Volvió a echar mano del vaso de whisky, ése que llevaba acompañándolo en las últimas horas.

¿Qué iba a hacer ahora? ¿Cómo iba a seguir trabajando en la B.S.A.A. sabiendo que posiblemente nunca más iba a ver a Jill? Cuando habían decidido invertir en la organización ella había sido la que más interesada se había mostrado, y la que lo había animado a que pusieran su granito de arena. Y lo cierto era que no se habían equivocado. La compañía seguía prosperando día a día, con cada vez más integrantes, mejores equipos y más sedes a lo largo y ancho del mundo.

Su teléfono seguía sonando. Estaba por apagarlo y mandarlo a tomar por culo. Necesitaba estar solo, pensar en muchas cosas, en lo feliz que se había sentido hacía dos noches mientras hacían el amor o simplemente charlaban abrazados en la cama. Algo que con toda probabilidad no volvería a repetirse nunca más.

De pronto, sonó el timbre de su casa. Frunció el ceño. ¿Tan insistente era su hermana que hasta había decidido ir hasta allí? ¿La habría avisado alguien de la sede de que ya había vuelto? O tal vez es que la B.S.A.A. había lanzado el comunicado y lo había escuchado. De ser así, estaba seguro de que no pararía hasta echar la puerta abajo. Si algo tenía su hermana es que era realmente cabezona. Más o menos como él. Empezaron a aporrear la puerta, y cada vez estaba más convencido de que era ella.

Barry estaba bastante nervioso. La noticia le había sentado como si le hubieran dicho que se había muerto una hija. Conocía a Jill desde que era joven aún bastante inmadura pero que había sobrevivido con coraje y valor a la mansión Spencer. Y ahora se había ido. ¿Cómo era posible? ¿Qué demonios había ocurrido? Lo había oído nada más llegar a la sede. En la prensa y en la organización no se hablaba de otra cosa, tanto que había decidido darse la vuelta y volver a su coche.

A la mierda ese día de trabajo. Chris necesitaba a alguien que estuviera a su lado para apoyarlo en este momento tan difícil. Lo más seguro es que Claire estuviera por allí, pero Chris era su mejor amigo, y por supuesto Jill, y no podía fallarle a ninguno de los dos. Mientras conducía se sentía vacío, como si una parte de él se hubiera ido. No había encendido la radie, ni siquiera había encendido el aire del coche, y eso que hacía bastante calor.

No le había nada a Kate aún. No quería asustarla. Bastante tenía ya con verlo marchar todos los días sin saber si volvería. Aunque había dejado claro que no quería ser agente de campo, si se presentaba una buena ocasión de colaborar en una misión importante, no iba a dejarla pasar. ¿Tendría que haberlos acompañado? Era difícil saberlo; lo mismo Chris había escapado por los pelos.

Sentía el estómago revuelto. Lo único que tenía ganas era de llegar a la casa de su compañero y acompañarlo. Su mente no lo asimilaba, no quería. Afortunadamente, ya estaba llegando. Pasó por la avenida mirando de un lado a otro buscando algún sitio en el que aparcar. Chris había elegido una buena zona para vivir; no hacía falta más que ver los coches que había aparcados en la puerta y lo grandes que eran las casas.

Encontró un aparcamiento cerca de la casa de Chris. Apagó el motor, abrió la guantera y sacó la carta que le había dado Jill hacía dos días. No la había abierto, por supuesto, y estaba dispuesto a cumplir su voluntad. Bajó rápidamente de su coche. Echó el seguro y casi corrió hacia la puerta. Las rodillas estaban empezando a molestarle de nuevo. Tal vez tendría que hacer caso a su médico y operarse cuando antes, aunque eso significase tener que estar de baja durante un tiempo, y era algo que no podía permitirse de momento.

Había llamado a Chris varias veces desde la sede, pero no le había cogido el teléfono. Estando en su pellejo, él tampoco querría aceptar la llamada de nadie. Pero Barry sabía que necesitaba apoyo, y que debía sentirse como la última mierda del mundo. Se acercó a la puerta y tocó el timbre. ¿Y si no estaba en casa? ¿O si…? No, tenía que estar allí. ¿Adónde demonios iba a ir?

Y decidió aporrear la puerta. Si no quería abrirle a nadie, estaba seguro de que si oía su voz no dudaría un instante en dejarle entrar.

-¡Chris! ¡Sé que estás ahí! –gritó por encima de los golpes para dejarse oír. Claire también estaba de camino. Había estado hablando con ella poco antes de la salir de la base -. Abre la maldita puerta. No puedes llevar esto solo.

Volvió a insistir, pero no había respuesta. Tocó el timbre por segunda vez, pero en el interior no se oía absolutamente nada. Y empezó a asustarse por primera vez. ¿Y si había decidido quitarse la vida? Conocía a Chris desde hace muchísimos años, y sabía que lo último que se le ocurriría era hacer algo de eso. Pero nunca podías prever cómo iban a salir de las cosas.

-¡Chris, por favor! –volvió a insistir con los ojos llenos de lágrimas. Si no quería hablar con nadie podía entenderlo, pero llevar toda esa situación solo era una auténtica cabronada. Y de repente, oyó que el seguro de la puerta. Se quitó las lágrimas de los ojos, aunque amenazaban con volver a salir.

La puerta se abrió con lentitud, y allí estaba Chris, vestido con una sencilla camiseta blanca y unos pantalones vaqueros. Su gesto denotaba lo cansado y triste que se encontraba. Tenía unas ojeras bastante marcadas, y los ojos rojos de haber estado llorando. Barry no pudo aguantarlo. Se echó a llorar y corrió a abrazar a su mejor amigo. Olía bastante a alcohol. Seguro que había estado bebiendo para olvidar. No lo culpaba.

Chris permaneció quieto, como si fuera una estatua. En ese momento ni sentía ni padecía, pero ver así a su colega le partía el alma. Todos habían querido muchísimo a Jill, sin excepciones.

-Dios mío, Chris… -murmuró Barry sin dejar de abrazarlo y llorando sin parar -. No me lo puedo creer… Jill…

Y no pudo terminar porque se le quebraba la voz. Y Chris ya no pudo aguantar más y se unió al llanto. Lloró sobre el hombro de su amigo sin importarle que todos los curiosos que pasaban por allí se les quedaran mirando. Acababa de perder a alguien muy importante en su vida, alguien que siempre había estado a su lado y que lo amaba. ¿Por qué cuando las cosas parecían empezar a funcionar siempre había algo que las jodía?

-Entremos… -lo invitó el moreno una vez que se separó. No le apetecía seguir tan expuesto al público. Le extrañaba que los medios de comunicación no estuvieran por allí intentando conseguir una primicia. Pero estaba seguro de que la B.S.A.A. estaba detrás de aquello. Sin decir nada, Barry accedió al interior de la casa cogiendo un pañuelo que tenía en el bolsillo y sonándose la nariz.

Chris cerró la puerta con lentitud y se dejó caer contra ella hasta quedarse sentado en el suelo. Se llevó las manos a la cabeza y siguió llorando. El hecho de que Barry tampoco parara no ayudaba demasiado.

-La he perdido Barry… -susurró con una voz casi inaudible. Levantó un poco la mirada hasta encontrarse con la de su colega, que se quitaba unas lágrimas que le bajaban por las mejillas con la mano -. No… no me lo puedo creer. No… hice nada por evitarlo…

-Ven… vayamos al salón o a la cocina… -Barry lo cogió de un brazo y lo levantó con algo de trabajo. Chris se había puesto bastante fuerte en los últimos meses, y había ganado bastante masa muscular. Ambos caminaron con lentitud hacia la cocina. Vio que había una botella de whisky por la mitad y un vaso de cristal a su lado -. Deberías parar de beber. ¿Quieres que Claire te vea en ese estado? ¿Qué pensaría Jill si te viera ahora?

Lo cierto era que no tenía ni idea, pero era lo único que había conseguido calmarlo en cierto modo. Claire lo desaprobaría con toda probabilidad, y le tiraría la botella a la basura o vaciaría el contenido por el fregadero. Y Jill posiblemente se sentiría decepcionada, demostrándole que era más débil de lo que pensaba. Se quedó mirando a Barry durante unos instantes sin saber qué decir.

Su amigo cogió la botella y la tiró a la papelera que estaba puesta junto a la nevera. Volvió a sentarse enfrente, no con una mirada acusadora, sino con compasión. Sabía que no iba a preguntarle sobre lo sucedido, que estaba esperando que él se lo contara. ¿Tenía las fuerzas suficientes para hacerlo? No lo tenía del todo claro, pero lo único que sabía con certeza era que tarde o temprano tenía que enfrentarse a la realidad… y Barry lo escucharía atentamente y no lo juzgaría.

A él también se le veía muy afectado. Tenía la mirada perdida, los ojos rojos y un rostro muy triste, uno de lo que más recordar haber visto. Lo observó durante unos instantes y abrió la boca para hablar, pero de allí no salió ningún sonido. Notaba la garganta seca, y no tenía nada que ver con el whisky. Aún podía notar su gusto en el paladar, pero no; estaba nervioso.

-Wesker estaba allí, esperándonos… -fue lo único que consiguió seguir para romper el silencio. Barry lo miró con atención, y se acercó un poco más para no perderse ningún detalle -. Debíamos haberlo imaginado… Estoy totalmente convencido de que fue él el que envió las fotos a Parker…

-Si conocía el paradero de Spencer… ¿Por qué no fue antes a capturarlo él mismo? ¿No crees que esperó demasiado tiempo?

Chris frunció el ceño. Barry tenía parte de razón. Si hacía tiempo que lo sabía, ¿por qué no había ido a matarlo antes de que la B.S.A.A. lo encontrara? No había pensado en ello hasta ahora, pero siempre había un nexo en común: lugar en el que estuvieran ellos, Wesker aparecía de una forma u otra: la Antártida, Chicago, Rusia, la mansión europea de Spencer… Era como si estuviera vigilando sus movimientos.

-Quería tener espectadores… -dictaminó mientras enlazaba todos los hechos. Les seguía la pista con demasiada facilidad, y actuaba en las sombras, lo que le daba libertad total de movimientos -. ¿Y quién mejor que nosotros? Llevo tiempo pensando que, aparte de Jessica, tenemos otro infiltrado en la organización… Siempre logra encontrarnos y anticiparse a nuestros movimientos.

-Es posible que tenga nuestras líneas intervenidas… -opinó Barry pensativo. Chris asintió con lentitud aunque sin prestar demasiada atención -. Salvo, claro, que tenga un topo.

-Le pediré a Quint que lo investigue… cuando regrese –y esas palabras dolorosas volvieron a hacerle brotas las lágrimas. ¿Cómo iba a volver a su despacho sabiendo que a partir de ahora iba a estar siempre solo entre aquellas cuatro paredes? Barry le puso una mano en la rodilla.

-Sé que es difícil lo que voy a pedirnos a ambos… -se detuvo unos instantes -. Pero tenemos que ser fuertes. Por Jill.

Chris volvió a llorar. No recordaba haber llorado tanto nunca, ni siquiera cuando se enteró de que sus padres habían muerto. Aunque bueno, sólo tenía nueve años, y no era demasiado consciente de lo que ocurría. Barry le dio unas palmadas en el hombro y se le cayeron unas lágrimas también. Siempre había pensado que serían eternos, que nada ni nadie los frenaría.

-Nos acostamos Barry… -le confesó sin saber muy bien por qué lo hacía. Ambos habían prometido hablar con sus allegados para contarles la noticia en cuanto volvieran de la misión, victoriosos tras haber capturado a Spencer. Pero no habían conseguido absolutamente nada. Su amigo volvió a mirarlo con curiosidad -. Pasamos la noche juntos antes… -se le quebraba la voz. Se enjuagó las lágrimas con la mano -. Antes de ir en busca de Spencer… -volvió a quedarse en silencio -. Fui tan feliz… Y ella estaba tan radiante…

-No sabes cuánto lo siento… Sé que podríais haber sido muy felices…

-Se tiró por una ventana con Wesker… -le confesó tragando saliva con dificultad. Esa imagen nunca iba a abandonar su mente por mucho que lo intentara. Verla caer agarrada al cuerpo de Wesker hacia una muerte segura… -. Me tenía cogido, estaba dispuesto a matarme… y entonces… -se quedó en silencio. La boca se le estaba quedando cada vez más seca -. Me salvó la vida, Barry. Se sacrificó por mí…

-Joder… -murmuró su amigo sin dejar de observarlo y negando constantemente con la cabeza. Sabían que Wesker aparecería de un momento a otro, y enfrentarse a él era sinónimo de lucha hasta la muerte -. Le importabas mucho. Lo sé. Sé que ella haría cualquier cosa por ti…

-¡Pero no dar su vida por la mía! –gritó el mayor de los Redfield dando un puñetazo en la mesa -. ¿Cómo voy a vivir con eso? He perdido a un pilar importante en mi vida…

Barry no supo qué decir mientras veía a su amigo llorar de nuevo. Siempre había pensado que esos dos tarde o temprano acabarían liados. Y lo cierto era que esperaba que lo hubieran hecho antes, porque se notaba que entre los dos había mucha química. Habían pasado muchas cosas juntos, se apoyaban, se seguían incondicionalmente. Y oír aquello le partía el alma. Nunca había hablado con ellos personalmente del tema, principalmente porque no le gustaba meterse en esos asuntos, pero a veces le hubiera gustado cantarle las cuarenta a los dos.

Eran tan triste que lo prometía ser una buena noticia para todos se habían convertido en un maldito desastre. Ambos habían estado tan centrados en sus trabajos que habían dejado sus sentimientos a un lado. Se llevó la mano a la chaqueta y extrajo el sobre que le había dado Jill. Lo dejó sobre la mesa frente a Chris, que levantó la mirada observándolo.

-Jill me dejó esto… antes de que os fuerais… -tragó saliva con dificultad. Qué difícil era pensar que posiblemente nunca más iba a ver a la autora de esa carta -. Me pidió que te lo diera… si… -y no pudo continuar. Él también se puso a llorar. Chris cogió el sobre con dedos temblorosos y lo abrió.

Dentro había una carta. La letra muy clara, completamente legible. Se quedó observándolo con las lágrimas amenazando con volver a salir. ¿Tan convencida había estado de que no lo conseguiría? Barry se marchó de la cocina llorando a lágrima viva, dejando a Chris solo en la cocina. Las manos le temblaban. Tenía que leer lo último que le había escrito Jill.

Chris,

Si Barry te ha entregado esto quiere decir que no lo he conseguido. Desde el momento en el que esas fotos aparecieron en el despacho, tuvo la sensación de que no iba a ser una misión fácil. Nuestro mayor reto en estos instantes es encontrar a Spencer de una vez por todas y hacerle pagar por todos los malditos crímenes que ha cometido. Pero tú y yo sabemos perfectamente que hay alguien más que lo busca, no sabemos si por venganza o por conseguir algunas respuestas.

En fin, la vida nunca no os ha puesto fácil. Juntos hemos pasado tantas cosas… que me ha hecho ver que el tiempo pasa demasiado deprisa. Y hay algo que me gustaría decirte porque sé que no tendré el valor suficiente para decírtelo a la cara. Siempre me ha costado, y puede que cuando quiera hacerlo, sea demasiado tarde.

Desde que nos conocimos en Raccoon City me enamoré completamente de ti. Pasara lo que pasase, no dudaba ni un instante en seguirte, aún a sabiendas de que podía resultar herida o morir. Pero lo hacía porque sabía que era lo correcto, y porque era lo que mi corazón quería.

Espero que esto nunca llegue a tus manos, porque realmente me gustaría decirte tantas cosas que no creo que tenga espacio en un trozo de papel. He hecho testamento, y quiero que sepas que os he dejado a Barry y a ti todas mis pertenencias. Sois las únicas personas en las que puedo confiar, y sé que con vosotros todo mi legado estará en buenas manos.

Siempre hemos estado alertas, luchando contra el bioterrorismo, y nunca hemos dejado lugar a los sentimientos. Adoro mi trabajo, no lo cambiaría por nada del mundo, pero el estar cerca de ti y no poder hacerlo de la forma que me gustaría, me mata. Tan valiente para unas cosas y tan cobarde para otras…

Sólo deseo que si llega el momento en el que no esté nunca más me recuerdes como una fiel amiga, y como alguien que te ama incondicionalmente aunque nunca te lo haya dicho.

Siempre tuya,

Jill Valentine

Chris se quedó observando la carta con las lágrimas saltadas de nuevo. Barry tenía razón. Los dos habían sido tan estúpidos por no haber hablado sobre lo que sentían… No sabía si eso les afectaría en el trabajo, pero ambos habían demostrado ser unos auténticos profesionales, y estaba seguro de que sabrían separar la vida laboral de la personal.

Arrugó el papel con el puño y cerró los ojos aguantando las lágrimas. Oyó cómo la puerta de la calle se abría, y luego más llanto. Claire había llegado. Abrió los ojos y dejó la carta sobre la mesa. Poco después su hermana apareció por la puerta alzando los brazos. Chris se levantó y le dio un abrazo. Todos se estaban portando demasiado bien con él.

No se dijeron nada. No hacía falta. La pelirroja lloraba desconsoladamente sobre su hombro mientras su hermano le daba unas palmadas en la espalda. Barry permaneció a un segundo plano. No quería meterse en los asuntos de los Redfield. Tal vez debería llamar a su mujer y contarle lo sucedido antes de que se enterara por las noticias.

Claire se separó un poco y cogió el rostro de su hermano con ambas manos. Tenía barba de varios días, y los ojos rojos y cansados. Siempre lo había considerado como una persona fuerte, con una voluntad de hierro y que no se achicaba ante nada. Pero lo que había sucedido le había afectado mucho, demasiado. No era el Chris que estaba acostumbrada a ver.

-Chris… No digas nada… Sólo abrázame –no tenía ni idea de cómo había muerto Jill, pero sabía que no era el momento de preguntarlo. Ya hablaría con él cuando la situación estuviera algo más tranquilo. Lo que más necesitaba ahora era apoyo y cariño.

-Hoy he perdido una parte de mí, Claire… -murmuró el mayor de los Redfield abrazando de nuevo a su hermana -. Lo que ha pasado… No creo que pueda recuperarme tan fácilmente de este golpe…

Claire no dijo nada. Entendía perfectamente por lo que tenía que estar pasando su hermano. Aunque nunca habían hablado de ello, se le notaba que estaba loco por Jill. Le extrañaba que esos dos no hubieran tenido ningún encuentro, aunque su hermano no es que fuera de palabras fáciles precisamente. Nunca le gustaba contar nada relacionado con su vida privada.

-Y nadie ha dicho que sea fácil… Pero quiero que sepas que Barry y yo, entre otros, estamos aquí para lo que necesites… A Jill no le gustaría verte así.

-No voy a parar hasta encontrar su cuerpo… -dictaminó Chris separándose de su hermana -. Hasta que no se confirme su muerte nadie va a conseguir detenerme.

Claire lo observó durante unos instantes. Su hermano era muy cabezón cuando quería. Sabía que las posibilidades de que Jill estuviera vida eran tan remotas que no quería desanimarlo. Iban a ser tiempos muy difíciles para todos, pero mientras estuvieran juntos, conseguirían salir adelante. Poco a poco.

Chris caminaba por una de las principales avenidas de Nueva York. Tenía el día libre y había decidido salir a dar un paseo para que le diera el aire. No llevaba una buena racha. Eso estaba claro. La B.S.A.A. Europa llevaba tres meses rastreando el río en el que habían desaparecido Jill y Wesker. Habían enviado también un equipo de buzos para registrar las profundidades, pero no habían encontrado absolutamente nada.

Al haber pasado tres meses desde su desaparición, la B.S.A.A. había declarado a Jill muerta en servicio. La noticia había sido un auténtico jarro de agua fría para la B.S.A.A., y especialmente para aquéllos que tenían más contacto con ella. Chris estaba algo confuso. ¿Dónde demonios estaba su cuerpo? ¿Y Wesker? ¿Se habían esfumado sin más?

Si ambos estaban muertos, lo más lógico era que los cuerpos hubieran aparecido flotando en algún punto del río. Pero ni siquiera habían encontrado objetos personales, y eso era lo que más le preocupaba. Era como si se hubieran esfumado de la tierra. ¿Qué demonios había ocurrido? ¿Dónde estaba Jill? Pasó junto a una floristería. En la puerta había un hombre colocando en un cubo unas rosas.

Chris se detuvo, pensativo. Nunca había muy romántico, y eso de estar regalando flores y bombones no era lo suyo. Pero tal vez fuera ésta la ocasión para cambiarlo. Dio unos dubitativos hacia el dependiente, que lo vio a través del cristal de la entrada. Se giró con una sonrisa y se quitó unos guantes que llevaba en las manos.

-Buenos días, señor. ¿En qué puedo ayudarlo?

-Querría un ramo de rosas –respondió pensativo. Las rosas siempre triunfaban, aunque no sabía si serían demasiado adecuadas. Como ya sabía, esas cosas no iban con él.

-¿De qué color? –el hombre se quedó esperando, y volvió a hablar al ver que el cliente miraba todas las flores que tenía allí como si no se decidiera -. Las tengo rojas, amarillas y blancas.

-Creo que las blancas son lo que busco –contestó viendo que eran las rosas más discretas que podía encontrar. Justo lo que buscaba. El vendedor volvió a sonreírle mientras se acercaba al cubo donde estaban las rosas blancas.

-Es una buena elección. No son tan elegantes como las rojas, pero tienen un gran significado de amor y amistad –Chris lo escuchaba a medias. Le había tocado un maldito charlatán. Hacía meses que no hacía ninguna intervención público, y cada vez le apetecía menos mantener una conversación larga con alguien -. ¿Son para su novia? Puede incluirle alguna nota si lo desea.

-No, así está bien. Gracias.

Si él supiera toda la verdad… ¿Enviarle una nota a una persona muerta? Aunque también pudiera ser que no estuviera muerta… Pasaba el día entero dándole vueltas a la cabeza, y no llegaba a una conclusión clara. La B.S.A.A. ya había tomado cartas en el asunto. En su testamento, Jill había ordenado que Chris se encargara de organizar toda la ceremonia.

Pero él se había negado rotundamente. ¿Cómo demonios iban a oficiarle una despedida sin un cuerpo? Chris no estaba para escuchar y dejarse llevar por tantas mentiras. Sin embargo, y por petición de los otros fundadores, habían aceptado poner una tumba para que todo el que quisiera pudiera ir a despedirse de Jill. Él no lo había visto con demasiados buenos ojos, pero finalmente había aceptado.

Y allí era donde se dirigía. Eso, en cierto modo, le permitiría estar más cerca de Jill. El tipo se acercó con un precioso ramo de rosas blancas que estaban adornado con un lazo rojo. Chris lo observó complacido. Nunca se había sentido tan idiota, pero es que por Jill haría cualquier cosa… Ahora que la había perdido, se había dado cuenta de que todos esos años habían estado perdiendo el tiempo.

-Son veinte dólares, caballero –Chris sacó la cartera de su chaqueta y le entregó un billete mientras cogía el ramo. Se sorprendió al comprobar que era bastante ligero -. Muchas gracias. Que pase un buen día.

-Hasta luego.

Y se alejó en busca de su coche, que lo había dejado en un parking a unas cinco manzanas de distancia. Se ajustó las gafas de sol mientras caminaba entre la gente. Muchos se quedaban mirando el ramo y murmuraban. Pero Chris no les hizo caso. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para descubrir la verdad.

El trayecto hasta el cementerio había sido bastante tranquilo. Había algo de tráfico, pero avanzaba a buen ritmo. Un trayecto que tendría que haber durado unos quince minutos duró casi el doble. Dejó su coche en el desierto aparcamiento del cementerio. No se veía demasiado movimiento por allí. Cogió el ramo, que iba en el asiento del copiloto, y salió al exterior.

No tenía ni idea de dónde habrían podido colocar la tumba de Jill, pero estaba seguro de que había una zona dedicada a las personas que habían fallecido en servicio: soldados, policías, bomberos… Una larga lista de personas valientes a las que no les importaba jugarse el pellejo por los demás. Como Jill.

Había algunas personas que limpiaban los nichos de sus familiares. Otros simplemente los contemplaban con pesar. Chris se acercó a un panel que indicaba la distribución de las tumbas. La zona de los caídos en servicio se encontraba en el ala norte, en la fila dieciséis. Tardó casi cinco minutos en encontrar lo que buscaba, pero allí estaba.

Su respiración se volvió más agitada. Las lágrimas amenazaron con salir. Le parecía una maldita pesadilla tener que estar viviendo aquello. Era una tumba gris, con una sencilla inscripción.

Jill Valentine. 1975-2005. Una inspiración para todos en la lucha contra el bioterrorismo.

Chris frunció el ceño. No tenía ni idea de quién había elegido la inscripción, pero no le gustaba nada. Parecía tan soso, tan carente de sentido… Por supuesto que era una inspiración para muchas personas, pero ellos no la conocían tan bien como él. Se sorprendió al descubrir que sobre la tumba había mensajes y alguna que otra fotografía. Se arrodilló dejando el ramo pegado casi a la inscripción y se quedó observando la lápida con un par de lágrimas bajando por sus mejillas.

No puedo creer que esté aquí para despedirme de ti. Desde que te has ido nada tiene sentido. Intento mantenerme ocupado, participando en todas las misiones que salen y entrenando sin parar. Sé que tú habrías querido que mi vida fuera lo más normal posible… y eso es lo que intento. Pero no puedo dejar en pensar en lo felices que podríamos ser ahora juntos… Porque tú eres la única mujer que me ha interesado más allá de una noche.

Te prometo que no voy a parar hasta saber qué ha sido de ti. Seguiré participando en todas las misiones, y puede que en alguna de ellas encuentre alguna pista sobre tu paradero. Es lo menos que puedo hacer por ti. Te lo debo todo.

Cogió una de las fotografías y no pudo evitar sonreír. En ella se veía a Jill abrazando a un niño que habían rescatado hacía un par de años en un ataque que se produjo en un centro comercial en Memphis. El niño había quedado sepultado bajo los escombros, y de no ser por Jill, habría muerto. Sus padres no habían tenido la misma suerte. Lo habían llevado a un orfanato con la esperanza de que una familia se hiciera cargo de él.

Recordaba perfectamente cómo el niño, que debía tener cinco o seis años, se abrazaba llorando a Jill mientras lo sacaba de los escombros. Tenía una herida en la mejilla, y unos cuantos cardenales que le dolerían al día siguiente. Le dio la vuelta a la fotografía y no pudo evitar que unas lágrimas brotaran.

Siempre serás mi ángel de la guarda.

Y ésa sí era Jill. Una persona que se sacrificaba por los demás. Volvió a dejar la fotografía sobre la tumba y se levantó sin poder apartar la mirada del nombre que había escrito en ella. Sintió un escalofrío. La vida estaba volviendo a ponerle una dolorosa prueba por delante, y se aseguraría de superarla para descubrir la maldita verdad.


Bueno... poco más que decir. Chris decidido a luchar contra el bioterrorismo sí o sí y a hacer todo lo posible por encontrar a Jill. Me ha resultado demasiado mono en este capítulo ^^

Xaori: desde luego que lo van a recordar siempre, para bien o para mal. Algo tenía que hacer, porque mi conciencia y vosotros no me lo ibais a perdonar jajaja. Ya sabes que cuando nos emborrachamos hacemos cosas de las que después ni nos acordamos. ¿Quién sabe? Lo mismo aún estaban un poco lúcidos para acordarse de: ostras, baby no. Muchas gracias por estar siempre ahí. De verdad. Eres la mejor.

Stardust4: conociéndolos esperarían hasta el lecho de muerte xD Pero bueno, algo tenía que hacer porque la historia estaba llegando a un punto en el que ahora o nunca. Es una pena que esto acabe así, porque lo cierto es que ahora que parecía que lo habían aclarado todo, se va todo al traste. Muchas gracias por haber estado siempre comentando.

Pues bueno amigos, aquí se termina otra gran aventura de la que estoy tremenda orgullosa. Ha sido un placer compartir estos ratos con vosotros, que sois los que me animáis a continuar. Lo cierto es que ahora mismo no tengo ningún proyecto en mente. Sé que siempre, aunque he estado muy liada, he sacado tiempo para pasarme por aquí y escribir o subir algún capítulo, pero ahora mismo lo cierto es que no encuentro nada en lo que basarme, y mi tiempo es bastante limitado también. Empecé a escribir un par de capítulos de la continuación de mi triología, pero hace bastante tiempo de eso y tendría que volver a ponerme a pensar en cómo voy a rehacerlo. Pero no os preocupéis, que seguiré por aquí echando un vistazo a las miles de historias que circulan por aquí.

Quiero dar las gracias a todos los que os habéis pasado semanalmente a leer o comentar mi historia. Especialmente a Xaori y a Stardust4, que me llevan siguiendo muchísimo tiempo y no sabéis lo que agradezco vuestros comentarios y vuestro apoyo. Sois geniales.

Esto no es un hasta siempre, sino un hasta luego. Muchas gracias de nuevo.