Claim: Davos Seaworth, Stannis Baratheon.
Notas: Pre-series.
Rating: T.
Género: Friendship
Tabla de retos: Drabblethon.
Tema: Mi señor.


Pasos apresurados invaden el silencio monótono de Rocadragón y al escucharlos, Stannis comienza a rechinar los dientes. Espera que sea algo que valga la pena, como para molestarlo mientras lee un buen libro. No ha sucedido nada de particular interés en Poniente y es esa calma extraña y particular la que le gusta disfrutar a solas, sin la presencia de sus sirvientes o esposa, siempre preparados para incordiarlo. Tras varios segundos de espera, los pasos se terminan y Stannis deduce que se han detenido frente a su puerta, quienquiera que sea, en una prudente espera antes de tocar. Sin embargo, el suave golpeteo de la puerta se produce después de una larga pausa, como si la persona del otro lado estuviese pensando o esperando algo en particular, por lo cual Stannis pierde aún más de su valioso tiempo. Sus dientes siguen rechinando y tiene la vista fija en la superficie de madera de su puerta, olvidado ya el libro entre sus manos. Más vale que valga la pena. Se repite a sí mismo mientras da la instrucción de que pase la persona que se ha atrevido a molestarlo.

No es nadie más que Davos, con el semblante descompuesto por una emoción desconocida y apretando entre los dedos de su mano mutilada un trozo de papel. ¿Malas noticias de Desembarco del Rey? Stannis se queda quieto sopesando la posibilidad mientras observa al caballero arrodillándose ante él, aunque sin perder su rostro descompuesto en una sonrisa y los ojos brillantes, enfebrecidos.

—Mi señor —murmura el contrabandista, alzando la vista hacia él.

—¿Qué sucede, Davos? —la ira se ha desvanecido de pronto, pues sabe que Davos nunca se atrevería a importunarlo si no fuera por algo importante—. ¿Ha llegado una carta importante? Habla.

—Mi señor —parece ser lo único que puede decir, pero tras un segundo se recompone, todavía exaltado, extraño a los ojos de su señor—. Marya... He tenido un hijo.

Stannis siente que su rostro se recrudece aunque trata de forzar una sonrisa y el peso de la noticia, que de nuevo es como un golpe hacia su orgullo al saberse sólo padre de una niña enfermiza, le hace olvidar lo intrascendente del asunto y que, si hubiera sido otro de sus vasallos el portador de la noticia, lo habría despedido con palabras hostiles, entre las cuales sin duda figurarían las de -pérdida de tiempo-.

—Felicidades —dice con frialdad, antes de agregar—: ¿Es eso lo que te ha traído aquí?

—Sí, mi señor —Davos sigue hincado frente a él, mirándolo con un gesto mudo de súplica. ¿Qué quiere este hombre? ¿Más tierras? ¿Dinero?—. Quiero pedirle un favor.

—Habla.

—¿Me permitiría el honor de llamar a mi hijo como vos? —tiene la prudencia de bajar los ojos al suelo, esperando una respuesta. Aunque no pueda saberlo del todo, Stannis se imagina que tiene el corazón acelerado y los nervios a flor de piel, sin duda creyente de la idea de que lo ha ofendido con su petición.

El señor de Rocadragón sopesa la petición mientras escruta a su hombre más fiel, en el suelo frente a él, semi-oculto por la mesa de caoba llena de libros y mapas de Poniente. Nunca le ha pedido demasiado, más bien, nunca le ha pedido nada salvo eso. Y en su lugar, le ha dado consejo y compañía siempre que lo requiere, también cuando no. ¿Qué pequeño precio es un nombre por lo que le parece una vida de servicio a su lado?

—Puedes, Davos.

—Gracias, mi señor —se da la vuelta para marcharse, sin duda en busca de uno de sus hijos, alguien que pueda escribir una carta por él, dado que nunca ha aprendido ese arte, pero antes de marcharse le dirige una sonrisa temblorosa a Stannis, vacilante al saber que de cierta manera le ha hecho daño—. Será un honor para nosotros.

Stannis le pide que se retire con un movimiento de su mano y cuando la puerta queda cerrada nuevamente, cuando los pasos se alejan y regresa esa extraña calma al lugar, el hombre piensa que el honor es suyo. Porque para Davos él es más que un señor, y para él, Davos es más que un sirviente. Es un amigo.