Claim: Davos Seaworth, Melisandre.
Notas: Pre-series.
Rating: T.
Género: Friendship.
Tabla de retos: Drabblethon.
Tema: Rojo.
A veces, cuando cierra los ojos, todavía puede verlo. La silueta nítida de un fantasma, una sombra, alzándose en medio de una cueva en el mar. Davos siempre ha sido un hombre práctico, no demasiado interesado en cuestiones espirituales, salvo por la oración recitada antes de partir en un nuevo viaje, por eso, el recuerdo de esa sombra, el conocimiento de que hay cosas difíciles de explicar, tan lejos y a la vez tan cerca del alcance de sus manos, logran robarle el sueño la mayoría de las noches, en donde sólo sus atormentados pensamientos y una solitaria vela al lado de su cama, son toda su compañía.
Ah, todo cambió desde que conoció a esa sacerdotiza roja, epítome de lo misterioso, lo extraño, lo lejano. Incluso ella en sí misma, con su piel pálida y su cabello besado por el fuego, es algo difícil de descifrar. ¿Por qué ha elegido a Stannis? ¿De verdad busca sólo el bien, o detrás de sus ojos azules se esconde la traición? A Davos le intriga no saberlo y sobretodo le molesta darse cuenta de que poco a poco esa mujer se ha ido infiltrando en sus pensamientos, arrasando como un incendio toda su racionalidad y vida tranquila. A veces, cuando cierra los ojos, también puede verla a ella, dando vida a las sombras, dando luz a la caverna olvidada por los hombres, un producto digno de sus peores pesadillas.
También puede escuchar sus palabras, susurros indeseables cuando menos se los espera, aunque siempre prevalecientes en la noche, en la calma de Rocadragón, como llamadas espectrales de los antiguos Targaryen. ¿Me deseas? Le preguntó esa noche, antes de bajar del bote para cumplir con su siniestra tarea. ¿Me deseas? En sus ojos, implícito el resto de la oración, el resto de sus palabras cautivadoras, que incluso han penetrado en el corazón de Stannis. ¿Deseas la Luz, la salvación de R'hllor?
La luz es buena, eso lo sabe cualquiera y Davos además no deja de asociarla con su vida hogareña, altamente añorable después de tantos años separados. No deja de asociarla con sus arribos a casa, donde Marya lo esperaba con un buen fuego y un plato de sopa, los niños revoloteando a su alrededor como mariposas, ansiosos de escuchar sus anécdotas, sus viajes y aventuras.
La luz es buena, pero aún así... No puede confiar en esa mujer, no cuando todo su ser entra en contradicción al pensarla, no cuando aún le tiemblan un poco las piernas al recordar el nacimiento de aquél monstruo asesino. Quizás la noche es oscura y está llena de terrores, pero él la prefiere mil veces así.
Davos se da la vuelta en su cama, recuerda las palabras de la sacerdotiza por última vez y sin dudarlo, apaga la única vela de la habitación con un soplido, quedándose a oscuras y en silencio con sus pensamientos.
