2. EL HÉROE MISTERIOSO

Cuando Hermione ya lo creía todo perdido, una grave e imponente voz retumbó en las paredes del callejón.

- ¡SOLTADLA DE INMEDIATO!

Los tres carroñeros se quedaron paralizados en el acto al verse sorprendidos. ¿Quién osaba entrometerse en sus asuntos?

Jack, el cabecilla del grupo fue el más rápido en reaccionar y soltando a Hermione comenzó a avanzar hacia la voz, buscando de donde provenía esa molesta interrupción, mientras los otros dos la mantenían firmemente sujeta.

- Parece ser... que no me he explicado con suficiente claridad. Os sugiero montón de escoria que soltéis ahora mismo a la señorita. - Repitió la voz con un tono mucho más bajo y calmado pero no por ello menos intimidante.- Si no... os aseguro que seréis vosotros los que lo sentiréis.- Amenazó.

Durante un par de minutos nadie se movió y después todo sucedió muy deprisa.

En la entrada del callejón vieron como aparecía la silueta de un hombre al que no podían verle el rostro, ya que su figura se perfilaba al contraluz de las farolas que había en la calle principal.

El hombre misterioso empezó a caminar lentamente pero con paso firme hacia su posición.

Precavidos los tres sacaron sus varitas antes de que se aproximara más. ¿Ese loco pretendía hacerse el héroe y luchar? ¡Eran tres contra uno!

Que tipo más estúpido...

No habían terminado de pensar eso cuando el desconocido levantó bruscamente ambas manos en su dirección y una luz roja que iluminó el lugar salió despedida de sus manos, en el acto los dos carroñeros que sujetan a Hermione cayeron al suelo inconscientes, dejándola libre.

Aliviada y asustada ella retrocedió en la penumbra intentando pasar desapercibida. Buscó con la mirada al misterioso mago cuya heroica intervención le había salvado de ese terrible intento de agresión, pero el ya había desaparecido de nuevo entre las sombras.

- Se lo advertí... Les dije que la soltaran de inmediato.- Repitió, acechando desde la oscuridad al único carroñero consciente. - No me gusta tener que repetirme y menos cuando doy una orden tan sencilla. - Explicó con prepotencia mientras seguía acercándose lentamente hasta el.

- ¿Orden?, ¡¿Pero quien cojones te crees que eres para ordenarnos nada?!, ¿De donde coño sales tú?, ¡¿EH?!, ¡Capullo!, ¿Cómo has hecho eso…? - Preguntó fuera de si el tal Jack ,entornando los ojos como un miope en dirección a la voz, intentando ver así a través de la densa oscuridad para poder atacarle. - Magia no verbal... Sin una varita... ¡Joder! No es posible... - Murmuró desconcertado. Asimilando su nueva situación retrocedió un par de pasos con cautela. Ese tipo sin duda va a ser un problema. Pensó. El no era un cobarde pero por algo los carroñeros siempre atacaban en grupo, (aunque no eran magos muy diestros siempre ganaban porque tenían ventaja sobre sus victimas) y ahora esa ventaja se había esfumado. Entonces una idea cruzó por su mente. ¡Ese tipo estaba desarmado! Pensó empuñando con más fuerza su propia varita. Quizás ese cabrón no necesita una varita una para lanzar un par de simples desmaius pero en un duelo rápido sin una perderá... Se dijo sonriendo mentalmente.

- Si yo fuera tú... no iría tan rápido en mis conjeturas. - Le advirtió la grave voz del hombre, cortando así el hilo de sus pensamientos.

- ¡Lumos Maxima! - Exclamó el carroñero. Ya que si quería matar a ese tipo lo primero que necesitaba era poder verle pero sorprendido vio que ya estaba a escasos dos metros de su posicion y aunque todavía no podía verle la cara porque parecía estar cubierta por una especie de máscara de reluciente plata blanca (similar a las negras y grises que usaban los mortífagos) supo que el enmascarado estaba sonriendo. Sabe moverse con sigilo, es demasiado rápido. Pensó el carroñero retrocediendo de nuevo. Necesitaba pensar, distraerle para ganar tiempo. - ¿Quién eres? Hace mucho que nadie logra hacer magia no verbal y mucho menos sin varita... ¡Únicamente el Señor Oscuro y unos pocos mortífagos pueden!

- Si, tal vez... Pero no puedes basar tu futuro movimiento en suposiciones, debes basarlo en hechos. - Le aconsejó con superioridad. - Y el hecho es que yo si que tengo una varita.- Indicó, enseñando su antebrazo derecho para mostrarle una especie de funda de cuero de cuyo interior saco una fina y oscura varita. - Aunque yo a diferencia de ti no siempre la necesite para usar mi magia. - Concluyó adoptando una postura de duelo amenazante y elegante.

Sorprendido el carroñero notó que no podía moverse y vio como su varita salía disparada de su mano hasta la de aquel tipo que dejó escapar una risa burlona.

- Demasiado fácil. - Se mofó, acercándose hasta el. - Es una lástima que esos inmundos no aguantaran ni un simple desmaius, quería divertirme un poco más... En fin, supongo que es lo mejor. - Comentó aburrido. - Tendré que conformarme contigo. ¿Jack verdad? Bien, Jacky, como te decía tus amigos han sido muy maleducados y estúpidos al ignorar mi advertencia pero no tiene importancia.- Dijo haciendo un leve gesto con su mano como quien espanta una molesta mosca. - Porque al parecer todo esto... ha sido idea tuya. - Acusó en voz muy baja y cargada de ira, situándose frente a el y deteniéndose. - ¿No es así? Solo los animales y los cobardes atacan en grupo. - Le gruño entre dientes con desprecio, inclinándose a escasos centímetros de su cara. - Aunque aún no tengo claro en que categoría encajas tu.- Añadió con sarcasmo, alejándose un poco.

Rabioso el carroñero (que casi no podía mover los labios) masculló entre dientes.- No creo que tú seas mucho mejor que yo. Inmovilizarme y desarmarme para que no pueda ni defenderme no es mucho más honrado... ¿No, tipo duro? - Preguntó desafiante.

Tras un par de segundos el enmascarado dejo escapar una fría risa.

- De acuerdo, te soltare pero no te daré la varita. Yo no usare la mía, así que estaremos en igualdad de condiciones, uno contra uno. Es más te daré una ligera ventaja. - Le aseguró.

- Pretendes que luche... ¿Sin varita?

- No la necesitaras. - Le cortó con aspereza, haciéndole callar como un profesor molesto por las continuas interrupciones de su alumno más torpe, lanzando la varita lejos de ellos.

- ¡Devuélvemela!

- ¿Para que puedas atacar o otra victima inocente? No... No lo creo.

- Yo no manejo la magia como tu, no será un duelo justo.

- ¿Como te atreves a hablarme de justicia...? - Siseó peligrosamente, tratando de contener la furia que sentía. - ¿Acaso tú ibas a ser justo con la chica? - Preguntó con enojo a escasos centímetros de su rostro, dejando fluir parte de su magia. - ¿Qué te hace pensar que habrá un duelo? Se lo que pensabais hacer con ella... - Murmuró en voz baja, para que solo el pudiera oírlo. - Lo he visto en tu mente. - Gruñó taladrándole con su negra mirada, aplastándole con su magia.

El carroñero aterrorizado entendió al fin lo que sucedía. Ese enmascarado no solo era un mago muy diestro, también era un experto legeramente. Podía leerle la mente, percibir todas sus emociones y pensamientos y ni siquiera había necesitado lanzarle el hechizo legeremens*en voz alta. Sabía exactamente lo que estaba pensando, lo que había pensado y lo que pensaba hacer. No habría notado esa intrusión en su mente de no ser porque el se lo había confesado. No tenía ninguna oportunidad contra el, se anticiparía a todos sus ataques y además estaba armado. Jack supo que iba a morir.

- Al fin lo entiendes. - Murmuro con regocijo. - ¿Notas el miedo? Saboréalo. Sabes que no tienes escapatoria y que probablemente serás torturado antes de desaparecer de este mundo para siempre. Eres más consciente que nunca de los latidos de tu corazón, de la sangre fluyendo por tus venas, el aire entrando en tus pulmones... porque sabes que estos son los últimos segundos de tu patética existencia y darías lo que fuera por tener una oportunidad... ¿Verdad? Pues eso es exactamente lo que tus victimas han sentido.

- No... por favor... no lo hagas. Lo siento. Perdóname, me iré lejos, no volveré a hacerlo. - Empezó a suplicar el carroñero incapaz de contener el miedo por más tiempo. Gimoteando bajo la oscura mirada del mago.

- Esta bien. Creo que has captado el mensaje. Ahora retiraré el hechizo inmovilizador y te daré diez segundos de ventaja para que desaparezcas de mi vista y corras a esconderte en la cloaca de la que has salido. Con suerte lograras huir antes de que cambie de opinión y te mate. ¿Entendido? - Preguntó sin esperar respuesta. - Corre. - Ordenó, dejándole libre y empezando la cuenta atrás. - Diez...

El carroñero se quedo inmóvil sin saber que hacer.

- Nueve...

Miró hacia la salida, calculando las posibilidades de intentar escapar.

- Ocho... Creo que estoy siendo muy generoso teniendo encuentra las circunstancias. Será mejor que empieces a correr, mi paciencia tiene limites. - Advirtió de nuevo el enmascarado.

Tal vez existía una mínima posibilidad de sobrevivir... Ahora si, el carroñero echó a correr.

- Siete...

Tenía que huir, alejarse de ese tipo como fuera.

- Seis...

Iba a conseguirlo, estaba llegando a la salida del callejón. Podía ver la luz de las farolas de la calle principal.

- Cinco...

Solo un par de pasos más y llegaría... ¡Si! Iba a lograrlo. ¡Saldría con vida de ese callejón! Y entonces se iría... pero no muy lejos.

- Cuatro...

Iría a una de las calles del barrio vecino y volvería con refuerzos para acabar con ese cabrón. Volvería y entre todos le torturarían hasta la muerte pero antes... violarían a esa chica delante de el. Pensó Jack, planeando su venganza con maquiavélica diversión, solo porque podía hacerlo, porque ese tipo no era nadie comparados con ellos, los siervos del mago oscuro más poderoso de la historia. De repente fue consciente... el silencio.

El legeremante había dejado de contar y en lo que dura un parpadeo le había alanzado. ¡Había llegado hasta el volando! Envuelto en una especie de humo negro, como se decía que volaba el Señor Oscuro...

- Tiempo. - Le susurró con frialdad, cogiéndole por el cuello y levantándole a pulso varios palmos del suelo para estamparle después contra la pared de ladrillo que se agrieto por el golpe.

Jack intentaba soltarse de su agarre por todos los medios posibles pero el era más fuerte y le estaba estrangulando, no podía respirar, se ahogaba... Con un brusco movimiento le dio un puñetazo en plena cara al enmascarado, pero fue el quien dejó escapar un nuevo gritó de dolor. Al parecer solo había logrado romperse la mano al colisionar contra la máscara que cubría su rostro y con esto solo logró enfurecer más al legeremante, que sin soltarle le apuntó con la varita que llevaba en la otra mano.

- No has debido intentar algo tan estúpido como eso. Es una mala noche para cruzarte en mi camino y peor aún para hacerme enfadar... ¿Sabes por que?

- No, yo… no lo se. Por favor... no me mates. - Balbuceó histérico entre sollozos al notar la varita pegada a su cuello y ser consciente de que había desperdiciado su última oportunidad. Rogando como Hermione había hecho minutos antes.

Ella que desde su posición había podido seguir la lucha no sabía que pensar de su misterioso héroe salvador. Por un lado estaba impresionada, sin duda era muy fuerte, ágil y poderoso pero había algo oscuro en su manera de jugar con su agresor que también le asustaba. También lo hacía lo que estaba empezando a sentir en su interior, al ver a ese tal Jack llorando como un niño. Se sentía... ¿Feliz?

- Ssshh cálmate. Tranquilo Jacky... - Pidió, en un tono que dejaba lugar a todo menos a mantener la calma. - Eres un imbécil mentiroso y ambos sabemos que ya he perdido demasiado tiempo contigo esta noche, tratando de enseñarte algo que no quieres entender, pero una vez mas seré generoso y te lo explicaré. Veras, desde esta noche esa ley del Señor Oscuro que tanto predicáis y defendéis tú y los de tu calaña, empezará a cambiar, y el mundo que conocéis y que habéis creado a vuestro antojo, desaparecerá. Y tú desecho de mago... Tendrás el honor de inaugurar ese cambio, incluso podrás ser el primer privilegiado en sentirlo.

- Te lo suplico... ¡No! No lo hagas... - Rogó de nuevo, empezando a llorar, suplicando por su vida.

- Crucio. - Murmuró el mago impasible, dejando salir toda su ira junto con su magia a través de la varita pegada a la piel del carroñero, que dejó escapar un grito estrangulado de dolor ante la maldición Cruciatus.

- Pagarás por esto. ¡TE MATARE CABRÓN! - Gritó fuera de si cuando se detuvo la maldición, ante el intenso dolor que aun recorría su cuerpo.

Durante un momento ambos se callaron. Entonces de manera inesperada el legeremante dejó escapar una risa irónica, vacía y sin ningún tipo de alegría o emoción. - Yo ya estoy muerto. - Repuso con frialdad. - ¡Incaendium!

El carroñero cayó a sus pies gritando como si estuviera quemándose vivo pero el se mostró indiferente ante el sufrimiento que le estaba provocando su maldición.

Hermione se tapó los oídos tratando de callar los gritos, horrorizada e incapaz de cerrar los ojos ante los bruscos espasmos y convulsiones del carroñero. Parecía querer arrancarse la piel por el dolor de la potente y desconocida maldición, sin duda oscura. No quería reconocerlo pero la parte de ella que clamaba venganza se sentía complacida ante ese castigo y sin embargo la otra solo deseaba que se detuviese. Desvío sus ojos hacia el misterioso mago que había recuperando toda la calma perdida unos segundos antes de lanzar las maldiciones y no por ello sus efectos habían sido menos potentes. Debía ser muy poderoso si había lanzado la maldición Cruciatus con tanta fuerza sin casi elevar la voz. Todos sabían que esas maldiciones imperdonables eran más efectivas cuando se "sentían" de verdad, tenías que canalizar todo el poder desde el fondo de tu alma. No quería ni pensar en lo que haría si estaba furioso de verdad...

Tras un par de minutos y varias convulsiones más el carroñero finalmente se desmayó.

El enmascarado alzó su varita ciego de ira, dispuesto a lanzar la maldición asesina... pero un ruido en la oscuridad del callejón le distrajo. Saliendo de ese trance cegador fue consciente de la presencia de la joven asustada que había sido testigo de todo.

Hermione trataba de enfocar su mirada. Arrastrándose había empezado a buscar nerviosa su varita por el suelto del callejón. Cuando la encontró la tomó y se aferró a ella pegándose más al sucio muro de ladrillo, rogando para que aquel hombre se olvidara de que ella estaba allí. Si, la había salvado, pero quizás el fuera un peligro mayor. Podía ser un mortífago que simplemente quisiera divertirse un rato. ¡Llevaba una máscara similar a la de ellos! Aunque las suyas eran negras y además el no lo parecía... ¡Pero había usado una maldición imperdonable sin titubear! Y en esos tiempo no podías fiarte de nadie, aun recordaba una de las valiosas enseñanzas que recibió en Hogwarts: ¡Alerta permanente! Así que con su mano temblorosa alzó la varita apuntándole, atenta a cualquier movimiento de ataque y dispuesta a defenderse aunque tuviera pocas posibilidades de ganarle.

El mago todavía le daba la espalda, miraba a los tres hombres inconscientes a sus pies y les lanzaba varios obliviates. Seguramente despertarían a la mañana siguiente aturdidos y doloridos, pensando que se pasaron con la bebida y no recordarían nada de lo sucedido.

Entonces se concentro en la presencia de la joven a su espalda y al instante se apoderó de el una extraña sensación de protección hacia ella. Lamentó profundamente que la chica hubiera visto ese espectáculo. La notaba muy alterada y a la defensiva, algo completamente normal tras lo que acababa de suceder. De hecho le sorprendía que no se hubiese desmayado por el shock. Debía de ser una chica valiente. Solo de pensar el lo que esos inmundos iban a hacerle... le daban asco, los mataría allí mismo si no fuera porque no quería alterar más a la muchacha. Aún no le había visto el rostro pero había algo en ella… algo que le resultaba familiar.

- Le garantizo señorita que no le haré daño. Puede usted bajar su varita.- Dijo aún de espaldas a ella tan tranquilo y sincero que Hermione se relajó al instante, confiando por completo y sin entenderlo en un desconocido.

Poco a poco el empezó a darse la vuelta hacia ella, (sin duda sabía donde estaba por mucho que se hubiese escondido) pero por primera vez en muchos años Hermione Granger no tenía miedo.

oOo


*Sobre el hechizo Legeremens: La legeremancia es una rama de la magia que según palabras del propio Severus Snape ''Permite entrar en la mente y saber hasta el más mínimo detalle del pensamiento y sentimiento de otras personas'', no es solo '' leer la mente'' en el presente (como fallidamente interpreta Harry) si no que con esta habilidad puedes acceder a los recuerdos y sentimientos más profundos de la gente. Para practicarlo es muy importante establecer contacto visual con la persona y se supone que también es necesario formular el hechizo Legeremens, aunque pueden darse algunas excepciones ya que pese a no controlar la Legeremancia, Harry pudo leer los pensamientos de Snape mediante el hechizo Protego.


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