3. RECUERDOS Y PREGUNTAS
Hermione se levantó y salió de las sombras dejándose ver. Confiaba en el y además quería dejar de esconderse como una cobarde, aunque tampoco tenía mucho sentido seguir escondiéndose del hombre que la había salvado y que además sabía perfectamente donde estaba.
Ambos mantuvieron las distancias, conectando sus miradas, analizándose.
Ella quedó impactada por esos fríos ojos negros que le devolvían la observaban a través de las aberturas de la máscara. Aunque no podía verle el rostro, si pudo apreciar que su pelo era negro y lacio, largo hasta los hombros. En cuanto a su físico, era un hombre alto y delgado pero atlético y en forma, sus músculos fuertes y fibrosos se marcaban sobre sus ropas. Iba totalmente vestido de negro, muy sobrio y elegante, con una capa del mismo color, tan larga que casi rozaba el suelo. Realmente parecía un mortífago, pero algo en su mirada le dijo que se equivocaba.
Durante todo su escrutinio el mantuvo sus ojos negros clavados sobre ella. Unos ojos en los que a Hermione, al volver a mirarle, le pareció ver durante unos segundos un brillo familiar pero que al tratar de descifrar volvieron a ser fríos e inescrutables.
Inevitablemente y casi al instante, por su mente pasó la imagen fugaz de cierto profesor de pociones que conoció en su época de estudiante en Hogwarts. Un hombre enigmático, complejo y distante, que la humillaba o simplemente la ignoraba y la retaba continuamente a superarse mental y psicológicamente a si misma, al que siempre admiró pero que también la intrigó profundamente, un hombre de blancos y negros pero sobretodo valiente. Su recuerdo de vez en cuando aún invadía sus sueños. Lamentablemente el murió seis años atrás, junto con muchos de sus seres queridos, en esa odiosa batalla de Hogwarts durante la madrugada del 2 de Mayo en 1998. Podría decirse que Severus Snape murió justo cuando ella empezaba a conocer su historia. Seguramente su profesor...
Snape habría estado de acuerdo con la indumentaria de este enmascarado. Pensó, sonriendo mentalmente con cierto cariño y nostalgia.
El legeremante a su vez, sonrió en el acto tras su máscara.
¡Es ella! Granger... ¿Como no? Pensó con ironía. Ya que sus caminos siempre se habían cruzado pero nunca habían llegado a entrelazarse. Ella siempre había estado ahí, frente a el, pero de una manera lejana e inalcanzable... Siempre ella.
Hermione (o como el siempre se había dirigido a ella en voz alta: La señorita Granger) había sobrevivido. El nunca supo que fue de ella tras la batalla. Imaginó que estaba escondida y a salvo en algún lugar pero tuvo que huir de Inglaterra antes de poder comprobarlo, aunque siempre confió en que así fuera. Claro, ella era la bruja más inteligente de su generación, siempre tuvo un gran instinto de supervivencia y una mente despierta. Era valiente y brillante pero además era bondadosa con todos, incluso con quien no lo merecía... incluido con el mismo. Lástima que en su momento no pudo regalarle un cumplido, aunque a decir verdad dudaba que lo hubiera hecho, (ya que no era un hombre de hacer cumplidos) tenía que lograr hacerles fuertes, a ella y a sus compañeros, prepararles para lo que Albus y el mismo, sabían que les esperaba.
Y aún asi no fue suficiente. Albus, viejo estúpido... ¡Ellos eran demasiado jóvenes! Solo unos niños forzados a crecer demasiado rápido para defender un futuro incierto. Pensó con amargura, centrando toda su atención en su antigua alumna.
Por muchos años que pasaran, nunca lograría olvidar esa vocecita de sabelotodo insufrible dentro de su cabeza. Por supuesto, el estaba leyendo todos y cada uno de sus atolondrados pero acertados pensamientos. ¿Quién lo diría? Después de seis largos años... La joven Gryffindor aún recordaba que existió un tal Severus Snape. Y saber que ella le recordaba con cariño de su etapa escolar (a pesar de sus múltiples ataques e insultos) le sorprendió enormemente y pocas cosas lo hacían. Durante todo ese tiempo viviendo exiliado en el extranjero, pasó varias de sus largas y solitarias noches "especialmente malas" abrazado a una botella de Whiskey de fuego, pensando si debía enviarlo todo al demonio y preguntándose si algo de todo aquello valió la pena y si su muerte le habría importado a alguien... A lo que solía responderse: No. ¡No idiota, no sirvió para nada y a nadie le importó!
Ahora sabía que había estado equivocado.
Granger... Ella lamentaba su muerte. Y oír esa revelación le reconfortó más de lo que se esperaba y mucho más de lo que reconocería en voz alta. No lo merezco... Se dijo Snape, sintiendo como una minúscula pero imparable y peligrosa grieta se abría en la dura y protectora pared que envolvía su corazón.
Apenas quedaba en ella algo de la presumida y cargante niña de once años que llegó a sus clases hablando demasiado y pensando muy poco para su gusto, como el mismo le hizo saber con sus múltiples desplantes, (ya que no debía ser tan lista, cuando prácticamente desde su llegada a Hogwarts se había juntado con Potter) pero ella nunca se rindió. Estaba dispuesta a demostrarle al mundo y a el mismo (una vez más) que a pesar de ser hija de muggles, la procedencia y la sangre no tenían nada que ver con la valía y el poder de una bruja o mago. Desde entonces había estado secretamente protegida y vigilada por el, (como también lo habían estado Potter y Weasley, por orden de Dumbledore). El había estado observándola en la distancia durante casi toda su vida, molesto cuando la veía envuelta en alguna arriesgada aventura sin preocuparse por su seguridad o ayudando a todos los alumnos y defendiendo como una pequeña leona a los más torpes, como Potter, aquel pobre de Longbottom o ese estúpido pelirrojo de Weasley, que solo se aprovechaban de sus cualidades y no la merecían ni como amiga. Si, el la había visto crecer y evolucionar hasta convertirse en una poderosa bruja que con solo diecinueve años se transformó en un pilar fundamental de los planes de Dumbledore. Destinada sin saberlo desde su infancia, a luchar junto a Potter para salvar el mundo.
" La niña es débil, tiene un corazón demasiado bondadoso para la misión que pretendes que desempeñe Albus, la guerra que se avecina la destruirá. Solía decirle el al viejo director. Entonces Albus le miraba, sonreía enigmáticamente y le respondía: "La señorita Granger es más fuerte de lo que crees Severus. No solo pretendo que guie y apoyé a Harry hasta el final. Si lo logran su ayuda habrá sido crucial sin duda pero incluso si todo falla... Tal vez ella sea la única capaz de salvar a más de uno..."
Snape todavía hoy no entendía que significaba aquella enigmática frase pero tras media vida al servicio de Albus Dumbledore se acostumbró a actuar sin entender. Lo que si sabía es que, al fin el había logrado ayudar a Granger y aunque cuando intervino en los planes de esos tipos no supo que era ella, agradecía enormemente al destino el haberse cruzado de nuevo en su camino, justo a tiempo para rescatarla.
Recordó la última vez que la vio, entonces debía de tener unos dieciocho o diecinueve años pero ahora ese difuso recuerdo de la Hermione adolescente quedaba opacado por la mujer en la que se había convertido y que tenía ante el. Debía tener unos veinticinco y por supuesto notaba en ella ciertos cambios evidente. Su cuerpo se había desarrollado por completo, definiendo mejor sus curvas y juraría que había crecido un par de centímetros más o tal vez era su cuello el que se había alargado ligeramente. Su cara se había vuelto más ovalada, perdiendo esa redondez infantil y sus mejillas ahora era pómulos tersos, pero el brillo de sus cálidos ojos rodeados por densas pestañas y sus pequeños y carnosos labios seguían siendo exactamente como los recordaba. En resumen estaba preciosa. Los años le habían sentado mucho mejor que a el. Incluso había logrado domar su salvaje melena y ahora suaves rizos enmarcaban una bonita cara, magullada por la pelea... Al recordarlo Snape sintió como la ira crecía de nuevo en su interior pero trató de dominarla enfocándose solo en Hermione. Ella siempre tuvo algo... algo especial. Pero nunca la vio como lo hacia ahora. En esa época el seguía aferrado al recuerdo de su adorada e idolatrada Lily y aunque Hermione era bastante más madura e inteligente que ella a su edad, era muy joven como para pensar en ella de esa forma.
Bueno esta bien, lo admitía. ¡SI! Quizás se fijó más en ella en su última época juntos...
¡Pero solo porque ella estaba creciendo de manera alarmante y además el estaba acostumbrado a mirarla de manera casi inconsciente! Tras años de estricta y rigurosa vigilancia era normal fijarse en ella. ¡¿No?! A veces simplemente era inevitable. Como cuando acudía al cuartel general de la Orden del Fénix para alguna reunión y se cruzaba con ella en el estrecho pasillo de Grimmaule Place y su perfume le embotaba los sentidos... O como cuando durante los desayunos en el gran comedor el la sorprendía mirándolo y ella se sonrojaba sin razón. Aunque puestos a ser sincero consigo mismo... Tal vez la curiosidad hacia ella empezó un par de años antes, cuando le sorprendió descubrir que pese a su vigilancia no conocía tan bien a Granger como pensaba. Admitía que no entendía como su alumna más respondona e impertinente, la que temblaba como una hoja cuando el la miraba de repente se había convertido en una guapa adolescente que entraba en el baile del Torneo de los tres magos del brazo de ese alcornoque búlgaro de Viktor Krum, un tipo varios años mayor que ella y que seguramente era un aficionado a las artes oscuras, (como la mayoría de los alumnos del instituto Dumstrang) lo cual le convertía en un tipo peligroso que desde luego no era bueno para ella. ¡No seas cínico! Tu podrías ser mi padre y no hablemos de artes oscuras... ¡Eres un mortífago! Le acusaba entonces una voz en su cabeza, que curiosamente sonaba como la de Granger. Pero más le sorprendió enterarse de que al parecer ella había dejado a Potter por Krum, como leyó por casualidad en un artículo de Rita Skeeter, publicado en Corazón de bruja que le incautó a la Gryffindor durante la clase de pociones. Aún recordaba la furia que sintió al leer lo que decía: "La señorita Granger parece sentir debilidad por los magos famosos... algo que ni siquiera Harry Potter ha podido satisfacer. Al parecer desde la llegada a Hogwarts del famoso buscador búlgaro y héroe de los mundiales de Quidditch Viktor Krum, la señorita Granger ha estado jugando con los afectos de ambos muchachos...", "Las admiradoras de Harry Potter tendremos que conformarnos con esperar que LA PRÓXIMA VEZ le entregue su corazón a una candidata más digna." El como castigo leyó algunos pasajes en voz alta para avergonzarla, pero ella se mostró indiferente (a diferencia de Potter que estaba rojo de vergüenza) y eso solo le enfureció más, así que restó varios puntos a los tres Gryffindors y les separó, enviando a Granger lejos de Potter y Weasey. ¿Cómo no? Famosos, buscadores, aficionados al Quidditch e idiotas y presumidos como James. Pensó con desprecio. Al menos el búlgaro parecía no ser tan zopenco como el pelirrojo, ya que había demostrando tener más luces que este fijando su atención en Hermione solo unos meses después de su llegada a Hogwarts, mientras que Weasley pasaba por alto (día tras día) sus sentimientos hacia el. ¡Vale, de acuerdo! Lo admitía, si. Quizás me detuve más de lo que debía a analizar la vida amorosa de la chica, pero era simple curiosidad y aburrimiento, producido por los largos meses escolares encerrado en el castillo. Se dijo intentando justificarse a si mismo. Al fin y al cabo siempre fueron solo eso, visiones fugaces de ella y de su vida, creciendo y riendo junto a Potter y Weasley, convirtiéndose en un bella bruja que nunca lo vería como nada más que su viejo profesor de pociones. Igualmente era una completa locura pensar en ella más allá de lo estrictamente académico y peligroso para ambos por varios motivos. Además el jamás tendría ninguna posibilidad de acercarse a ella. ¿No...? ¡No! Con un amor imposible por vida me basta, gracias. Se respondió, reprendiéndose por las absurdas ideas que empezaban a surgir en su cabeza.
- Disculpé pero... ¿Quién es usted?- Preguntó con curiosidad Hermione, sacándole así de sus pensamientos tras varios minutos en silencio.
El arqueó sus cejas. Solo ella haría preguntas en vez de desmayarse tras lo que acaba de suceder. Siempre curiosa, siempre buscando respuestas, aún era la ''sabelotodo insufrible'' que conoció. Eso nunca cambiará. Pensó, esbozando una vaga sonrisa.
- Es obvio, un hombre con una máscara.- Le respondió con burla. Alzando las manos señalando lo evidente.
Siempre le gustó molestar un poco a la joven y ponerla a prueba. Hacía tiempo que no hablaba con ningún conocido de su pasado y menos con alguien que al parecer tenía un buen recuerdo suyo, (a pesar de todo) así que decidió relajarse un poco y ser el mismo, dejando salir su parte más Slytherin por los viejos tiempos.
- Si, gracias. Eso ya lo veo.- Contestó ella con fastidio, desviando la mirada.
Como no parecía tener intención de volver a preguntar nada el se concentró en su mente donde detectó que aumentaba su nerviosismo, así que continuó hablando tranquilamente mientras recogía del suelo la identificación de ella (que seguramente había perdido cuando la arrastraban esos indeseables) y se la devolvía.
- Naturalmente, señorita… ¿Granger? No me cuestiono su capacidad de observación e inteligencia...- Siempre destacó en ambas, pensó. - Simplemente señalo lo irónico y absurdo que resulta el preguntarle a un hombre enmascarado, quien es. ¿No cree? - Finalizó, concentrándose en leer su mente. Esperando alguna reacción tras referirse a ella con aquel tono tan típico suyo.
- Si... cierto.- Cedió esta quedándose de nuevo en silencio. Estúpida. Se dijo. ¿Qué le hacía pensar que aquel hombre que claramente no quería ser identificado le diría su nombre? Era tonto creer algo así. Pero la había salvado... Y esa voz al decir su apellido... ¡Habría jurado que no le había dado tiempo de leer su identificación! Había algo en el que ciertamente le resultaba familiar, en su manera de mirarla y esa su voz grave…
De nuevo la imagen de su profesor ondulando su capa por los pasillos de las mazmorras en el viejo castillo invadió su mente y también recordó claramente el tono de su voz, esa voz grave e imponente que tanto le atraía y la intimidaba durante sus explicaciones de pociones. '' No sé si lo has notado, Lupin, pero Neville Longbottom está aquí. No sería bueno darle un trabajo demasiado difícil, a menos que la señorita Granger esté dándole instrucciones al oído.'', o ''¿Cree usted señorita Granger que será capaz de contenerse por una vez y permitir que el joven Weasley realice su poción como es debido sin su maldita ayuda?'' o sus ''¡Cinco puntos menos para Gryffindor! Por ser una sabelotodo insufrible, señorita Granger.''. Esa voz... Esa manera de llamarla con sus molestos... '' Señorita Granger'' ¡Oh dios! No puede ser, el murió en la última guerra. Ella lo vio. ¿No? Su mente iba a mil por hora. ¿Y si era una trampa? El no podía ser su salvador...
Snape sonrió.
Sin duda esa era Hermione Granger en todo su esplendor, rápida uniendo ideas y recuerdos, resolviendo enigmas como nadie. Aún no se había olvidado de cómo ella, en su primer año en el colegio de magia, resolvió su acertijo con las botellas que protegían la piedra filosofal sin ningún esfuerzo. Anduvo molesto varias semanas pensando en como una mocosa como ella había resuelto su acertijo sin problemas...
Se sorprendió a sí mismo al verse encantado de que ella llegara tan rápido a esas conclusiones. Su recuerdo parecía estar muy presente en ella y estaba sacando las conclusiones adecuadas con mucha rapidez. Pero, ¡Se suponía que no debían reconocerle! El tenía una misión muy importante que cumplir esa noche y no podía distraerse. Sin embargo ahí estaba, esperando ver más reacciones y recuerdos de la joven, de hecho casi había obligado al subconsciente de la chica a que le reconociera pero es que descubrir los sentimientos que fluían por su mente lo habían descolocado. Quizás podría darle una oportunidad... Solo por curiosidad. Es normal, después de tanto tiempo aislado... Se dijo. Una última prueba más para su pequeña ex alumna le ayudaría a decidir si mostrarle su identidad (por muy peligroso que fuera) o lanzarle un obliviate para que nunca recordara ese encuentro y devolverla a su hogar. Aunque siempre podría hacer ambas cosas primero revelar quien era y ver su reacción para saciar su curiosidad y luego hacerle olvidarlo, sin correr ningún riesgo si la situación se torcía, un Slytherin siempre conseguía lo que quería.
- Bien, veamos ''señorita Granger''...- Repitió, mientras levantaba con un rápido movimiento los brazos, echando hacia atrás su capa mostrando su torso y sus manos, como cuando se preparaba para impartir sus lecciones.- Le daré unas cuantas pistas: Soy un humilde veterano, en el papel de víctima y villano, soy el vestigio del hombre que fui en un pasado ya olvidado y qué gracias al destino, esta noche ha vuelto para cambiar el presente, pero sobretodo el futuro.- Recitó, prendiéndole fuego con un conjuro Flagrate no verbal a un cartel de propaganda del nuevo régimen.
- Juumm... ¿Un humilde veterano? Vestigio de un pasado ya olvidado... La guerra sin duda. - Repitió entre susurros Hermione empezando a sonreír. Aunque ella era muy buena resolviendo misterios ese era cada vez más evidente. La pista que el enmascarado le había dado parecía querer guiar claramente su mente hacia el hombre que creyó ver morir y no había podido sacarse de la cabeza. Victima y villano, héroe y mortífago. Es el. Pensó mientras su pulso se aceleraba , temiendo la punzada de dolor que atravesaría su corazón si estaba equivocada. - ¿Profesor Snape...? - Susurró.
El saliendo de su mente se dirigió hacia ella con suaves y lentos movimientos, avisándole de que se aproximaba para no asustarla.
- En efecto. Es un verdadero placer haber vuelto a encontrarla señorita Granger.- Dijo realizando una elegante reverencia ante ella, mientras sus labios se estrechaban al formarse en ellos una pequeña sonrisa que ella lamentablemente no pudo ver.- Aunque por el momento sería preferible que usted se refiera a mi como '' Príncipe mestizo'' y no profesor, será lo más seguro para ambos.- Pidió.
- ¿Usted es...? Pero eso no puede ser. ¡Usted murió hace seis años delante de mí en la guerra! Si es usted realmente, ¿Como sobrevivió?- Preguntó ansiosa mientras el corazón amenazaba con salirse de su pecho. Miles de preguntas sin respuesta empezaron a llenar su mente ¿Como había vuelto? ¿Realmente murió o solo fingió?
- Naturalmente, estaba seguro de que diría algo así señorita Granger, por ello he creido oportuno darle el nombre con el que fue de las pocas que me conoció. ¿No es así? Piénselo, creo recordar que usted y sus ''amiguitos'' tuvieron varios meses un libro de mi propiedad en su poder. Consiguiendo sin duda así sus altas calificaciones en pociones, las cuales por supuesto no habrían sido capaces de obtener si este...- Dejó caer con desprecio conteniendo la risa. Sabía que ella no había usado el libro pero echaba de menos ponerla en evidencia y hacer que se sonrojara.- He demostrado ser quien soy y usted lo sabe, no tengo porque dar más explicaciones.- Zanjó cortante.
- ¡Yo jamás necesité hacer trampas!- Contraatacó dolida Hermione. - Además ese libro pasó muchos años en Hogwarts, quien sabe… Le haré una pregunta que me confirmará totalmente que usted es quien dice ser, ya que no parece estar dispuesto a mostrar su rostro y descubrir su identidad, lo cual haría todo esto mucho mas sencillo.- Dijo rápidamente, poniéndose con los brazos en jarra y elevando su nariz, como solía hacer cuando se enfadaba. El no sería el único que haría preguntas esa noche. Ya no se dejaría impresionar o someter, ya no estaban en el colegio y ella quería saber muchas cosas.
- Ilumíneme pues.- Cedió el con tedio, como si dudara de que algo así pudiera suceder algún día. Aunque en el fondo, el ya estaba expectante y asombrado por la osadía que demostraba Hermione, que sin darle tiempo a entrar de nuevo en su mente, le preguntó.
- Muy poca gente sabía que el hombre que conocí y que usted dice ser podía convocar un Patronus corpóreo, pero menos aún saben que forma tenía este. Dígame, ¿qué forma tenía su Patronus? - Preguntó sonrojada por lo personal de la pregunta pero orgullosa por su ingenio. Sabía que la pregunta le había sorprendido y que había dado en el blanco. ¡Al fin pillaba desprevenido a su ex profesor! Pero la respuesta a esa pregunta sería más significativa que de valor. Si el decía la verdad dejaría claro quien era y además abriría un camino hacia posibles preguntas y respuestas. Si le mentía... nunca sabría quien era realmente ese hombre. Pues ella ya conocía la respuesta, aunque se suponía que ella no podía saber eso ya que solo Harry había sido el destinatario de algo tan personal pero este le permitió entrar con el en el pensadero para ver los recuerdos de ese ''maldito traidor'', sabiendo que Hermione entendería lo que hubiese de valor en ellos. A los pocos minutos quedó claro para ambos lo sencillo que era todo, y porque Dumbledore siempre confió en el: Snape amaba a Lily Evans, la madre de Harry. Amor una vez más. Sin duda el amor era el arma más poderosa.
Tras varios años la fría máscara de indiferencia que Snape había mantenido se removió, meditando si decir o no la verdad. Aunque Hermione no podía ver su expresión supo que había ganado cuando el dejó caer los hombros en señal de rendición.
Si Granger hacía esa pregunta... es que lo sabía. Sabía más de lo que el creía y más de lo que el quería que supiera. ¿Sabría también porque tenía esa forma su Patronus en aquella época? Si, sin duda el último pensamiento que captó en la mente de la joven le dejó claro que así era. "El amor era el arma más poderosa." Ella sabía toda su historia.
Tras varios segundos interminables respondió sincero en voz baja. - Era... era una cierva.
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