4. VIEJOS SENTIMIENTOS NUEVAS SENSACIONES
Ahora estaban muy cerca el uno del otro. Ambos se miraban fijamente, sumidos en sus recuerdos mutuos, sin saber muy bien como reaccionar o que decir. Al fin y al cabo eran viejos ''¿des... conocidos?''.
Hermione se quedó callada ante su respuesta y lentamente sonrió: Una cierva. Severus Snape, el ''Principe mestizo'', el profesor mas temible de Hogwarts, había cedido y le había dado al fin una respuesta sincera. Estaba muy feliz por ello, pero ahora tenía miles de preguntas más que hacerle. Era obvio que el también había sobrevivido, pero ¿dónde había estado? ¿por que se tapaba el rostro? ¿qué ocultaba?
¡Ella quería verle la cara! No sabía que hacer, quería avanzar los escasos centímetros que les separaban y abrazarle. El era de las pocas personas importantes de su pasado que no había perdido. Aquel hombre tan valiente que sacrificó tanto por ellos... estaba ahí frente a ella, observándola sin moverse a la espera de alguna reacción por su parte y ella solo quería recorrer la escasa distancia que les separaba decirle que se alegraba enormemente de que siguiese con vida y abrazarle. Pero sabia que el no se lo permitiría. Nunca fue un hombre dado a los abrazos, que recordara más bien era frío y distante, así que se quedo donde estaba, observándole.
Sin duda los años le habían sentado bien, pensó Hermione comenzando a analizarle de nuevo, ahora que sabia quien era recorrió con más detenimiento la figura del hombre, notando que estaba más en forma. Ella sabía de lo que hablaba porque conocía muy bien su fisionomía. El siempre le atrajo intelectualmente pero en su última etapa escolar también empezó a despertar en ella una innegable atracción física. Durante algunas clases Hermione se sorprendía a si misma mirando demasiado a su profesor de pociones. Se imaginaba que haría el si ella.. La "mojigata de Granger", la "insufrible sabelotodo" se levantara de su pupitre y empezara a desabrochar la infinita hilera de botones de su levita... perdiendo así el hilo de sus lecciones. Lo reconocía, empezó a verle de forma diferente tras los escasos momentos que compartió con el fuera del colegio, en el cuartel general de la orden, junto con el resto de miembros. Por absurdo que parezca siempre le vio como su profesor y eso hacia que una especie de muro invisible lo situara en otro mundo, pero tras compartir esos escasos momentos y verle fuera del ámbito escolar entendió que solo era un hombre, uno muy atractivo... tras lo que siempre estuvo un poco atraída por su el. Ya se me pasará. Solo es la "típica fantasía adolescente''. Solía decirse. Ahora al saber que el estaba allí frente a ella y notar como esas sensaciones empezaban a despertarse de nuevo supo que estaba equivocada, no era solo una fase. ¡Controlate! Pensó sonrojándose, ocultando de inmediato su rostro entre sus bucles al notarlo. Realmente lo admiraba por su inteligencia, siempre tan por encima del resto, tan elegante, pero sin duda no solo había despertado la admiración en ella y ahora que sabía quien era su salvador, le parecía mucho más interesante...
El mientras tanto ahora que la veía más de cerca podía apreciar un cambio sutil. Su cuerpo había cambiado pero también su rostro había experimentado un cambio que a simple vista no se apreciaba, ella seguía siendo bella, (más de lo que recordaba) pero ahora su rostro era más maduro y serio y aunque era evidente que se esforzaba por no mostrar ninguna expresión el vio la tristeza camuflada en sus facciones. Se preguntó con pesar que era lo que había llevado a Granger a perder esa continua sonrisa y ese aire de fortaleza y de sabionda empedernida, aunque le alegró comprobar que sus dulces ojos castaños todavía mantenían ese brillo de inocencia y pureza infantil.
Snape al ver que ella se sonrojaba pensó que estaba cohibida bajo su intenso escrutinio pero observo que ella parecía estar perdida en sus propios pensamientos (como siempre delataba una pequeña arruguita que se le formaba entre las cejas) rápidamente se concentró de nuevo en su mente.
Atónito escuchó hacia donde se dirigían sus pensamientos. ¡Disparatadas y absurdas ideas cruzaban por la mente de esa temperamental y sentimental Gryffindor!
¿Abrazarle?, ¡¿A él?!, "Desabrochar la infinita hilera de botones de su levita...", ¿Atractivo... ?
¡Por Merlín! Sin duda Granger lo tenía idealizado por algún ridículo sueño adolescente o aún estaba en shock por lo ocurrido hace unos minutos. Se dijo a si mismo, pero aún así Snape empezó a sentir calor ante la simple idea y descabellada idea de despertar en ella algo más que pena o incluso llegar a interesarle mínimamente en un sentido físico...
Inmediatamente se recompuso y bajo a la realidad- Habían pasado muchos años, la guerra había cambiado muchas cosas pero él seguía teniendo el mismo aspecto y el mismo carácter, no había mejorado nada, en todo caso había empeorado. En su juventud no fue agraciado y con el pasar de los años fue a peor, pero hacía tiempo que había dejado de importarle, aunque ahora por una extraña razón volvía a hacerlo. Desde luego si se quitaba la máscara que le tapaba la cara de vejestorio la pobre saldría huyendo, pensó con amargura. No quería alejarla, aún no. No había duda de lo bonita que era ella y el cuerpo que había adquirido, pero la idea de que no le guardara ningún desprecio o rencor si no más bien cariño aún sabiendo todo su historia... le volvía loco de alegría, una alegría que no sentía desde que era un chiquillo. Lo había decidido no le lanzaría un obliviate ni ahora ni nunca, quería que ella lo recordara, que supiera que el había vuelto y la protegería. Ambos tenían un pasado en común y unos recuerdos que mantendría en su sitio, al fin y al cabo para eso había vuelto, ¿No? El mundo debía recordar.
- Gracias por ayudarme. Eh... Príncipe...- Empezó a decir una valiente pero mucho más sonrojada Hermione.
Estaba deseando romper ese denso silencio agradeciéndole su intervención, dispuesta a seguir con una retahíla de preguntas... pero ante la idea de haber llamado príncipe a su antiguo profesor la vergüenza se había apoderado de ella dejándola muda. Recordó irónicamente como en los cuentos muggles que le leía su madre cuando era pequeña, las tontas princesas eran rescatadas por sus enamorados príncipes y entonces ambos se besaban y cabalgaban hacia una bella puesta de sol, rumbo a su castillo dispuestos a vivir felices y comer perdices... Ahora ella también había sido rescatada por uno: El príncipe mestizo. Evidentemente ella solo debía llamarle así por su seguridad. ¡No quiere decir que por haberte rescatado vaya a besarte apasionadamente y llevarte con el a su castillo, tonta! Se dijo, regañándose mentalmente, tratando de contener la peligrosa fantasia que estaba formándose en su mente. Por suerte sabia que en el mundo mágico estos cuentos no existían y que para su profesor no iba mas allá de un simple pseudónimo aunque igualmente le resultaba muy gracioso y vergonzoso al mismo tiempo. Por si fuera poco en el último segundo había decidido omitir lo de "mestizo" ya que le sonaba un poco ofensivo. Resoplando decidió tratar de mantenerse dignamente en el mutismo.
- De nada… Hermione.- Respondió Snape.
Era la primera vez que se dirigía a ella por su nombre en voz alta.
Ella estaba impactada al oír su nombre salir de sus labios pero Snape lo había hecho de manera inconsciente, se había dejado llevar ante los desconcertantes pensamientos de ella que lo tenían completamente asombrado.
Granger realmente parecía no tener ninguna prisa por alejarse de el, estaba ahí en mitad del oscuro callejón, mirándose frente a frente e incluso pensando en el de una manera... ¿Romántica?
Severus Snape daba gracias por haber aprendido Legeremancia y poder leer los pensamientos de la joven, (nunca tuvo la oportunidad de hacerlo en Hogwarts, estaba prohibido invadir la privacidad de los alumnos, aunque alguna vez se había saltado las normas, solo en casos extremos cuando los malditos hacían alguna trastada, pero nunca con ella) de otra manera no habría averiguado tan rápido lo que ésta sentía hacia él... Eso era peligroso, se estaba dejando llevar y ella estaba destruyendo todos sus escudos pero el tiempo corría en su contra. Sabía que debía dejar de invadir la mente de la chica antes de que lo notara, no era correcto invadir más su intimidad, además ya había aprendido a leer ese sonrojo que delataba sus pensamientos, pensó divertido. Dejaría de entrar en su mente, ahora no había ningún peligro, ella sabia quien era el y no huiría.
- ¿Está herida? - Preguntó pasando su mano por el rostro de la joven preocupado, observando los cortes de la frente, Esos malditos… pensó con odio, mirando los cuerpo al fondo del callejón aún inconscientes.
Un escalofrió recorrió el cuerpo de Hermione y el retiró su mano de inmediato pensando que tal vez se debía a ese mínimo contacto.
- No, estoy bien. Gracias a usted. - Respondió esta regalándole una preciosa y enorme sonrisa, lamentaba haberse estremecido justo en ese momento ante el recuerdo de ella sola con los carroñeros.
Sonrojada bajó la mirada incomoda, alisándose el vestido y colocándose bien la gabardina.
Severus aturdido por esa sonrisa que le había dedicado empezó a preguntarse si seria tal malo que por una vez se dejase llevar... Eran los supervivientes de una guerra donde ya nadie iba a juzgarle, era más libre que nunca, ya no estaba bajo las ordenes de Voldemort ni de Dumbledore. Ahora era libre y eran iguales ya no eran ''profesor y alumna'' ya no había reglas ya no tenía que ser tan cruel y mezquino, ni tenía una historia que ocultar.
Notaba como el sonrojo de Hermione iba en aumento ante su proximidad mientras que a el le recorría un hormigueo desde la punta de los dedos a la columna, deseando volver a acariciarla. Saber lo que había estado pensando la joven no le ayudaba en absoluto a controlarse. Tras años de letargo, viejos sentimientos y nuevas sensaciones parecían fluir libremente desde su echo a cada fibra de su ser.
El mundo había cambiado, el había muerto y vuelto a nacer, ahora tenía una segunda oportunidad, una segunda vida... ¡Y pensaba aprovecharla durara lo que durará! No había nada de malo el querer pasar un rato más junto a ella. Solo por esa noche. Eso no podía suponer ningún peligro para ella. Serían solo un par de horas... Sonrió al recordar su anterior pensamiento '' ¡No! Con un amor imposible por vida me basta, gracias... '' ¡Al diablo con todo! Quizás Hermione podría ser su amor imposible en esta nueva vida y ella no tendría ni que enterase.
- Solo hice lo que debía señorita Granger. Dígame ¿Le gusta la música verdad?- Preguntó nervioso, volviendo a dirigirse a ella por el apellido. Necesitaba guardar las distancias o terminaría besándola allí mismo.
¿Que le pasaba? ¡Parecía un maldito crío! Tenía tantos planes en mente... Y en la mayor parte de ellos podía acabar muerto. Ahora esa mujer había irrumpido de nuevo en su vida, despertando mil cosas en el, tras tanto tiempo sin sentir nada. Estaba eufórico pero no quería invadir la mente de la joven, tenía que controlarse y prolongar lo máximo que pudiera ese reencuentro, quien sabe si no sería el último.
- Si, supongo… - Respondió ella dudosa. Hacía años que no escuchaba nada, la música muggle estaba prohibida y en el mundo mágico ya no se hacían canciones.
- Verá antes de este pequeño incidente...- Empezó a explicar molesto, intentando evitar recordarle lo ocurrido- ...me dirigía hacia un concierto de ''música'', uno muy especial y sería un placer para mi que me acompañara señorita Granger.- Ya estaba. Lo había hecho, la había invitado a irse con el, pensó volviendo a entrar en su mente sin poder ni querer evitarlo.
- ¡Oh! Pues vera... Yo… ya es tarde, le agradezco mucho lo que hizo por mi, pero debería volver a casa, es peligroso.- Una parte de ella le preguntaba si era idiota y le gritaba que se quedara con el, que no le pasaría nada, que quizás nunca volvería a verle y eso la apenaba terriblemente, pero el recuerdo de lo sucedido hacia unos minutos la atemorizaba y tampoco tenía garantías de que el no fuera a desaparecer igualmente de su vida. Además sería tentar mucho a su suerte esa noche deambular por las calles hasta a saber qué hora.
- Le prometo señorita Granger que...- Empezó a decirle el, acercándose más a ella desesperado. Ya que leía en su mente que ella tampoco quería separase aún de su lado, lo que le daba valor para insistir. La conocía, sabía que su curiosidad podría más que el miedo, así que se lanzó de cabeza jugando su última carta- No habrás visto nada igual en toda tu vida... Hermione.- Dijo, volviendo a pronunciar su nombre por segunda vez durante esa noche. Descubriendo el placer que le causaba hacerlo y sabiendo el efecto que esto había causado en ella la primera vez. - Después te devolveré a tu casa, sana y salva. ¿De acuerdo? - Preguntó tendiéndole suavemente su mano.
Hermione le miró dudosa durante unos segundos, que a el le parecieron horas. El destino les había vuelto a juntar y sabía que con el estaría segura. Sentía como después de muchos años algo en su interior empezaba a despertar, volvía a sentirse viva y quizás solo tendría esa noche para conocer al hombre que creyó muerto... Olvidando todos sus temores, sabiendo que al menos por esa noche sería libre de ir donde quisiera, sin miedo junto a el. Asintiendo con la cabeza tomó al fin su mano entre la suya completamente decidida. Viva por una noche.
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